¡Bonjour Kalos! ¿La Región del Amour?


Pasaron dos semanas antes de llegar a Ciudad Olivine, el camino resultó más peligroso de lo que recordaba de la primera vez que viaje por Johto, seis años antes. La cantidad de Pokémon salvajes agresivos me dejó impactado, hasta para acampar me vi en la necesidad de hacerlo con todos mis Pokémon fuera de su recinto. Los que más riesgo significaron, para mí y mi equipo, fueron los Growlithe, que pasada Ciudad Ecruteak, se empezaron a hacer más recurrentes. Una manada de esos perros de fuego nos persiguió hasta sacarnos de su territorio a base de Ascuas y Mordisco. Definitivamente no se comportaban como las mansas bestias que solían ser de antes de la crisis; algo debió haberlos impulsado a tomar esa actitud, y no tengo dudas que sea referente a las personas.

Luego de los Growlithe, la situación empeoró cuando un grupo de Murkrow, que por suerte no estaba conformado por ningún espécimen de su fase evolutiva, se dedicó a molestarnos, picotearnos y buscar maneras de extraviarnos. En un par de ocasiones me robaron la comida e intentaron guiarme a riscos o zonas del bosque bastante peligrosas. Fue hasta que salimos de la ruta treinta y nueve, que pudimos descansar de verdad. Pikachu estaba agotado por usar Atactrueno en repetidas ocasiones, y el resto de mi equipo se encontraba lleno de raspones, moretones y cortes. Al llegar a la ciudad portuaria, una sonrisa se dibujó en mi rostro, y pude agradecer que no nos topáramos con ninguna manada de Houndour o Houndoom, ambos son conocidos por matar sin mucha dificultad, y no creo haber podido salido ileso de haber ocurrido un encuentro con ellos.

Ya en la ciudad, no tardé mucho en hallar la embajada de Kalos, se encontraba justo donde antes lo hacía la sucursal del Club de Fans de Pokémon de Johto, su ubicación recordaba a la del mismo lugar en Ciudad Vermilion. Por su puesto, una institución como esa no tardó mucho en ser desmantelada durante la Gran Crisis, cada vez menos gente realmente quiere o aprecia a los Pokémon, eso está muy claro. Claro que el lugar estaba quedando vacante, y visto lo visto, Johto no esperó en hacer tratados diplomáticos con Kalos para colocar su embajada en territorio johtonés.

Entré al edificio e inmediatamente sentí el cambio de un lugar a otro; mientras que afuera, el clima caluroso de la costa era bañado por los vientos alisios, dentro del edificio se sentía un frío nada natural. Busqué la fuente de aquel viento helado, y me encontré con Pokémon pequeño, parecía un cubo de hielo andante, usé mi Pokédex, que había actualizado hace tiempo en caso de toparme con algún entrenador de Kalos. La criatura resultó ser un Bergmite, un Pokémon tipo Hielo completamente endémico de Kalos, probablemente por eso nunca en mi vida había llegado a ver uno.

Además del Bergmite siendo usado como acondicionador de aire, el lugar se notaba bastante lujoso. El suelo estaba tapizado con una alfombra de terciopelo de color rojo, además el salón tenía dos candelabros antiguos, dando la ambientación de un hermoso castillo de Unova; aunque esa era mi impresión, probablemente estuviera imitando algún castillo de Kalos. Me acerqué a la recepción, que estaba formada por una amplia pantalla moderna con transmisión exclusiva de Kalos, un mueble de roble y varios objetos de oficina bastante sofisticados a mi parecer. Detrás del mueble de roble, se encontraba una mujer de pelo color azul, anteojos rojos y vestido negro de oficinista, estaba leyendo una especie de libro de portada verde.

En primera instancia, la recepcionista pareció no haberse dado cuenta de mi presencia, aun a pesar de que me detuve justo frente a ella, pasaron los segundos y yo me empecé a exasperar. Dado que la mujer seguía sin atenderme, soné mi garganta un par de veces, pero la situación fue la misma, finalmente la llamé por el apelativo de "señorita", y aun así hizo falta que insistiera con el llamado un par de veces más, para que al fin levantara su vista del libro, y con tono monótono me indicara que debía esperar mi turno.

Volteé mi mirada, ya bastante exasperado por la actitud de la mujer, y miré alrededor, confirmando lo que ya sabía: era el único en ese lugar. Cuando pensaba volver a reclamar al respecto, la mujer levantó su mano y señaló a una máquina color naranja, esta vez no apartó su vista del libro. Me acerqué a la máquina y vi que mostraba una especie de número digital, toqué el número, y la pantalla plana, que estaba mostrando el clima de Kalos y Johto, cambió para mostrar varios dígitos; el número que se veía en la pantalla era un par de cifras menor al mío. Algo hizo la mujer y los números de la pantalla empezaron a cambiar, al quedar estáticos, el número de la pantalla coincidía con el que se me asignó. Suspiré cansado ante tal burocracia innecesaria y me acerqué de nuevo a la recepción.

Finalmente, la mujer me dejó pasar. Ahora me encontraba en una oficina no menos lujosa que la recepción, tenía varias estatuas de Pokémon legendarios, entre ellos Ho-Oh, Lugia, Yveltal, Xerneas, Zygarde, y, por último, y probablemente debido la estrecha relación interregional existente entre Unova y Kalos, Zekrom y Reshiram. El lugar tenía una atmosfera imponente y de clase alta, y en el centro, tras un increíble escritorio de mármol, estaba un sujeto de apariencia seria, de traje y con un bigote que se enroscaba a los lados, sobre él estaba colocado un hermoso escudo rojo con un Talonflame en medio; sí, yo conozco varios Pokémon de Kalos.

–Buenos días, soy el embajador de Kalos en Johto, Pierre Bourbon. ¿A qué debo su visita? –Me dijo de manera extremadamente educada el sujeto, pero con tintes de egocentrismo increíblemente fuertes.

–Buenos días. Soy Ash Ketchum, soy de Pueblo Paleta, Kanto. Y deseo obtener el pasaporte de acceso a Kalos. –Respondí hallándome muy nervioso, el sudor empapo mi frente y mis manos se empezaron a humedecer. No entendía porque mi cuerpo reaccionaba de esa forma, ya cumplía el requisito para entrar a la región como entrenador. Y, aun así, la atmosfera del lugar era muy pesada.

–Entiendo. Hace un tiempo muchos venían a mí para obtener el pasaporte kalosiano, pero muy pocos realmente fueron considerados dignos de entrar a mi amada región. ¿Que lo hace a usted digno de entrar? –Me dijo, mientras acomodaba su postura en el escritorio, y me miraba directo a los ojos, al alma misma.

–Yo… Yo… –Englutí la saliva que se estaba acumulando en mi boca por los nervios, y continué. –Yo quiero ingresar como entrenador profesional. Y estoy seguro que cumplo con los requisitos, vengo de haber ganado la Liga Johto. –Añadí con más seguridad.

–Me parece perfecto. Pero ese no es el único requisito. Tal vez cumpla todo lo necesario para ingresar como entrenador, pero no estoy seguro si cumple el perfil psicológico. Para estarlo, necesito que responda algunas preguntas. –Volví a englutir y me preparé para un engañoso cuestionario.

Fue una larga hora, cargada de preguntas como: ¿Cuánto tiempo piensa quedarse? ¿Cuáles son sus ingresos mensuales? ¿Cuántas regiones ha visitado? ¿Cuánto sabe de Kalos? E incluso finalizada la entrevista, me vi en la necesidad de escuchar un largo discurso sobre las leyes, normas y modales que todo visitante de Kalos debe poseer; fue agobiante. Pero eventualmente logré sobrepasar todo ello, y recibí una especie de libreta, donde estaba impresa toda mi información, desde datos personales hasta logros e historial laboral, incluso traía información sobre mis Pokémon con foto adjuntada y ficha de datos básicos de la especie.

Con los papeles en orden, aproveché para comprar un boleto mediante la misma recepcionista fría, que me apartó un asiento en el vuelo a Kalos más próximo a partir hacia allá. La mujer me entregó un váucher con el que podría reclamar el boleto en el aeropuerto de Olivine. Miré el horario del vuelo, saldría de Johto en un par de horas. Me despedí agradeciendo a la peli azul, y emprendí un rápido camino al aeropuerto, ubicado justo al lado del puerto naval de Ciudad Olivine.

Dado que la embajada está ubicada cerca de ambos puertos, no tardé mucho en llegar a la sala de abordaje del aeropuerto. El lugar era bastante amplio, estaba pintado de blanco, y tenía varias tiendas de suvenires para los turistas. Yo caminé directo a los sillones y me permití el descansar un rato, Pikachu, que por reglas de la embajada se tuvo que meter a su Poké Ball, se recostó en mi regazo y se durmió un rato. Eventualmente pasaron las dos horas y empezaron llamar a la gente a bordo, Pikachu volvió a su Poké Ball debido a las normas de vuelo, y yo me senté en mi asiento.

El piloto dio un resumen de las normas de vuelo y se explicaron los protocolos de seguridad, tras esto los motores de la nave se encendieron, recorrimos la pista y despegamos del suelo. Miré por la ventana, que se encontraba a mi lado izquierdo, y vi por última vez el mar de Johto. Me maravillé mirando los Tentacool flotar en la superficie y a los Corsola agrupándose cerca de las rocas; también pude apreciar varios Magikarp y Goldeen nadando en cardúmenes, y un par de Mantine acompañados de un grupo de Remoraid; toda la escena era como ver un cuadro. Una figura plateada y esbelta pasó por debajo del agua bajo la aeronave, pero fui incapaz de reconocerla, en lo más profundo de mis sueños me imaginé al poderoso Lugia despidiéndose de mí.

Pronto lo que era una costa bañada en hermosas aguas turquesa, se convirtió en un interminable océano de color azul oscuro, que conforme avanzó el tiempo, se fue tiñendo de un hermoso color naranja, al igual que los cielos. Sonreí emocionado al ver varios Wingull sobrevolando cerca del avión, eso solo podía significar que estábamos cerca de algún grupo de islas, pertenecientes a Hoenn lo más seguro. El celaje desapareció, dando paso a un hermoso lienzo de color negro azulado, que se empezó a pintar de estrellas. Miré mi maleta. "Seguro Pikachu la ha de estar pasando mal", pensé. Finalmente dejé que mis ojos guardaran aquel hermoso escenario en mi mente, y me dormí.

La voz del piloto me despertó, ya estaban dando las instrucciones para el aterrizaje. Con las emociones surcando por mi cuerpo, miré por la ventana; ya no había un enorme océano, sino más bien mares de árboles, era un extenso bosque de coníferas. El verde pronto se trasformó en café, ahora sobrevolábamos algunas villas de Kalos, por lo que noté, estábamos llegando desde el suroeste, así que lo más seguro, según lo que leí en una guía del avión, era que las casas pertenecieran a los pueblos de Vaniville y Aquacorde.

Después el verde volvió a reinar, estábamos sobre el bosque de Santalune, rato después finalmente sobrevolamos una ciudad un poco más grande que las villas anteriores, Ciudad Santalune. Al ver un hermoso campo de flores, supe que estábamos a pocos minutos de la capital, Ciudad Lumiose, donde se encuentra el aeropuerto principal de Kalos, y mi destino. La azafata confirmó aquello al anunciar que estábamos a cinco minutos del aeropuerto de Lumiose.

Finalmente, tras un viaje de ocho horas, el avión tocó suelo, y la compuerta de salida se abrió, dejando a los pasajeros emerger del vehículo. Al bajarme y entrar en la termal, me dieron ganas de gritar por la emociona, pero buscando evitar una escena vergonzosa, me contuve. El ambiente del aeropuerto, en contraste con su impecable estado y perfecta arquitectura, era bastante tenso, muchas personas hacían fila en el área de denegados, supongo que los sacarían inmediatamente de la región, lo más seguro es que fueran mochileros o viajeros casuales, y no supieran de la necesidad de un pasaporte.

Además, los protocolos de ingreso a la región eran increíblemente estrictos, yo por poco no puedo dejar pasar a mis Pokémon, pero mi pasaporte de clase entrenador me evitó montones de problemas. Así que después de una mañana bastante atareada, sí, mañana, debido al cambio de región horaria, al fin pude salir del aeropuerto, y así oficialmente ingresé a Kalos. Apenas crucé la puerta de salida, dejé salir a mi ratón eléctrico, que no se veía muy contento que digamos.

–Los siento amiguito, esta gente de Kalos es bastante estricta con sus protocolos de seguridad. Pero ya importa, ya empezamos oficialmente nuestra nueva aventura, así que es hora de realizar nuestro sueño. –Le dije a Pikachu, que estaba en el suelo frente a mí, ignorándome. Al escucharme se mostró emocionado, e inmediatamente ocupó su lugar en mi hombro.

–¡Pika!

–Tienes razón, deberíamos buscar a algún líder de gimnasio. –Respondí ante lo dicho por mi amigo. La verdad no sé qué me suele hablar ninguno de mis Pokémon, pero dado a mi tiempo con ellos, aprendí a interpretar sus sonidos.

–¡Pi, Pikachu!

–¡Genial! Según lo que leí en un catálogo del avión, la Torre Prisma no solo es un símbolo de cultura, tradición y modernidad de la ciudad, también es la fachada del gimnasio de Lumiose. Creo que deberíamos ir a ver qué tal.

Mi roedor y yo empezamos a movilizarnos por la ciudad, pero no tardamos en darnos cuenta que estábamos completamente perdidos, y preguntar a la gente tampoco ayudó. Las explicaciones solían o ser muy vagas o simplemente inútiles; algunas personas al escuchar mi acento y notar que soy extranjero, se alejaron de mí, viéndome mal. Eventualmente una joven, que poseía un Pokémon que antes había visto en Alola, un Furfrou, me indicó que lo mejor para alguien como yo era que fuera al laboratorio del profesor regional, de apellido Sycamore.

Siguiendo las indicaciones de la joven y un mapa de la zona que descargué en el Pokégear, que pude leer gracias a dichas instrucciones, llegué a un edificio con una arquitectura a la antigua, parecía más un museo que un laboratorio. Pensaba que ese lugar no sería mi destino, hasta que leí un letrero que rezaba "Laboratorio Sycamore, de la Ciudad Lumiose", que estaba colocado en el portón de entrada. Habiendo confirmado que era donde debía estar, pulsé el botón del timbre y esperé; después de unos segundos una chica de pelo castaño rojizo, bajita, apareció en la puerta.

–Buenas. ¿Qué se le ofrece? –Preguntó la joven desde la puerta del edificio.

–Soy un entrenador de otra región, acabo de llegar desde Johto. Me dijeron que antes de empezar a retar gimnasios lo mejor sería que viniera a hablar con el profesor. –Contesté desde el otro lado del portón. La joven me miró unos segundos antes de tocar algo detrás de la puerta, provocando que el portón se abriera.

–Sígame. –Sintiéndome un poco incómodo por la forma fría en que me han tratado casi todos en la región, decidí seguir a la chica sin decir nada.

Al entrar en el edificio me topé primeramente con unas hermosas escaleras blancas, el lugar entero irradiaba lujo, desde los cuadros en las paredes al candelabro que colgaba sobre la entrada. Con eso pude corroborar que lo dicho sobre el estatus en Kalos era cierto, y que la embajada demostraba exactamente eso a la perfección. Al notar que me detuve, la chica se me acercó.

–Muchos de los extranjeros que llegan al laboratorio se maravillan por esta sala, pero solo es una fachada para mantener apariencias, el resto si está compuesto por lo que normalmente se ve en un laboratorio. –La miré, aun procesando lo que me dijo. Supongo que no es tan fría como pensé. –Por cierto, mi nombre es Cosette, soy ayudante del profesor Sycamore.

–Un gusto, Cosette. Mi nombre es Ash Ketchum, soy de Kanto. Y este es mi Pikachu. –Nos presenté a mí y a mi compañero, que permanecía en su puesto.

–Oh… Sabía que me tu cara me sonaba de algo. Nosotros solemos ver las batallas de las ligas de otras regiones para estudiar el desempeño de la mega-evolución fuera de Kalos. Tu nivel fue bastante alto, eliminar a ese Mega-Mawile sin usar ninguna mega-evolución, objeto de batalla o potenciador, fue bastante increíble.

–Sí… La verdad no me gusta el efecto que tiene eso sobre los Pokémon, me consta que les provoca dolor y los daña a largo plazo. Solo hay que ver lo que pasó con el Zangoose para notar a que me refiero. –Al decir eso, miré al suelo, recordando lo que pasó con aquel Pokémon de mi rival.

–Por tu expresión puedo suponer que eres Pokémonista. Y la verdad no me sorprende, se notó mucho el cariño que tienes por tus Pokémon. Y sobre el Zangoose, hiciste lo que debías hacer. Mientras la Liga Pokémon permita el uso de las drogas de batalla vas a necesitar hacer lo que sea necesario para lidiar con esa desventaja.

–Lo sé. –Dije mirando de nuevo al frente.

–Por cierto, nuestros estudios han demostrado que la mega-evolución, aunque si causa dolor en los Pokémon al forzarlos a obtener una fase evolutiva a la que no tienen acceso normalmente, no siempre es el caso.

–¿Cómo es eso? –Pegunté mirándola directamente a su cara, tenía unos ojos ámbar bastante bonitos.

–Como oyes. Mira, yo acompaño al Profesor en sus estudios desde hace unos diez años, cuando tenía seis, y venía con mi hermana, que también es su ayudante. Antes de que la mega-evolución se hiciera famosa, muy pocos tenían acceso a ella, en esa época los mega-aros no se producían en masa, y casi no había acceso a las megapiedras y piedras llave. En ese entonces solo las personas con un lazo emocional muy fuerte conseguían alcanzar tal estado evolutivo, y por dicho lazo, la energía se dividía entre el entrenador y el Pokémon. Pero eso cambio cuando la empresa Silph Co. patentó un mega-aro que no solo obliga al Pokémon a mega-evolucionar sin la necesidad de dicho lazo, sino que además recarga toda la energía solo en el Pokémon. Por eso sufren tanto ahora.

Miré a la chica sorprendido. La verdad no tenía idea que las cosas fueran así. Eso explica porque de pronto, y tras la Gran Crisis, la cantidad de mega-evoluciones creció exponencialmente, ahora es imposible ver una liga en la que no haya al menos un entrenador que las use. Por un momento me permití pensar en mega-evolucionar a alguno de mis Pokémon, a futuro podría hacerlo después de que Pupitar y Metang evolucionen. Cuando pensaba seguir la conversación con la chica, apareció otra joven, mayor que la peli castaña que resultó ser de mi edad, aparentaba unos veinticinco años.

–Cosette, aquí estabas. Necesito que… Oh, no sabía que teníamos visitas. –Dijo la joven, primero viendo a la castaña, y luego viéndome a mí. Esta chica tenía anteojos de marco negro, pelo de igual color, pero un toque azulado, y una bata blanca cubría su cuerpo.

–Sophie, este es Ash Ketchum. Ash, ella es mi hermana, de la que te hablé antes. Hermana, Ash es un entrenador de Kanto que vino para viajar por la región y poder retar la liga. –Respondió Cosette.

–¡Oh! Sabía que me sonabas de algo. ¿Eres el chico que venció al Mega-Mawile en la final de la Liga Johto? –Me preguntó ahora la pelinegra.

–Sí, ese era yo. Verás, me dijeron que el profesor Sycamore podría darme información de valor sobre la Liga Pokémon acá en Kalos. ¿Podría hablar con él? –Pregunté empezando a sentirme desesperado por ser retenido de empezar mi viaje, por su parte Pikachu se mostraba bastante cansado de tanto rodeo.

–Claro, pero en este momento está haciendo un estudio relacionado con la comparación de los mega-aros y las piedras llave comunes y corrientes. –Me respondió la chica de anteojos. –Pero si no tienes problema, puedes venir con nosotras para que puedas hablar con el Profesor apenas termine.

Asentí con la cabeza y las seguí a través de varias puertas, al final llegamos a una especie de invernadero, donde un sujeto joven de pelo negro medio despeinado, vestido también con una bata blanca, estaba parado frente a un Mega-Garchomp, al verlo capté que era lo que pasaba. El hombre estaba usando un mega-aro de la Silph Co., el sufrimiento era claro en la criatura. Iba a preguntar algo, pero ambas chicas salieron al lugar, y la castaña me indicó que lo mejor era que me quedara fuera del invernadero, ahora llevaba una bata también, acepté y me mantuve tras la puerta de cristal.

Las chicas pasaron algunas máquinas alrededor del Pokémon, y el sujeto, que claramente era el profesor, sacó una especie de roca redonda de la bolsa de su bata. El Profesor tocó un botón en el mega-aro y el tipo Dragón/Tierra volvió a su estado natural, pero sin esperar mucho más, el hombre presionó la roca que había sacado de su bata. Al presionar dicha roca, una especie de aura magenta o rosa rodeó al Garchomp, y varios halos de luz conectaron el aura con la roca que estaba en las manos del profesor, al acabar el brillo, de nuevo apareció su forma mega-evolucionada. Pero al observar detalladamente, noté que ese dolor y sufrimiento de antes ya no estaba, y el Pokémon se notaba tranquilo, relajado y atento; todo lo contrario, a las megas que he llegado a ver en batalla.

Las dos ayudantes repitieron el proceso con las máquinas y la mega-evolución se acabó. Tras esto, las chicas usaron una última vez las máquinas, y el Profesor indicó al dragón de tierra que podía retirarse. Las tres personas con bata se reunieron un momento y discutieron algo que no pude llegar a escuchar. Terminada aquella reunión, Cosette me señaló, y finalmente el Profesor se percató de mi presencia. Ver a un hombre tan joven como profesor fue extraño, pero tomando en cuenta que sería de la misma edad que la profesora Juniper de Unova, tampoco resultaba algo de otro mundo. El sujeto se me acercó y extendió su brazo sonriendo.

–Bienvenido a Kalos, la región del amor. Soy el profesor regional, Augustine Sycamore. Es un gusto conocerlo, campeón de la Liga Johto.