Gracias a ti, Lost por leerme ;)
Y a todos los que le dedicáis tiempo a esto.
CAPÍTULO 10
La vida parecía ir en su contra. Cuando parecía que era posible un acercamiento, cuando la sintió temblar entre sus brazos, se veía obligado a actuar de un modo que provocaba de nuevo el rechazo. Tuvo que mentir. No quería que ella se preocupase por la amenaza que suponía el rey. Tenía suficientes problemas con sacar adelante una cosecha que podría salvarle el pellejo durante al menos un año.
Tener a Sayid allí era una garantía para él. Tenía la seguridad de que no le sucedería nada a su lado, pero ella pensaba que la estaba vigilando. Y eso provocó de nuevo el recelo y la distancia entre ellos. Era el mal menor. Era necesario.
Quizás no fuera la vida la que fuera en su contra, quizás era James el que se empeñaba en ir contra la vida persiguiendo algo que no le estaba destinado. Persiguiendo a una mujer que era libre, que no tendría nunca dueño.
Iba sumido en sus pensamientos, cada vez más pesimistas, cuando vio a dos hombres ataviados con el uniforme de las tropas del rey frente a él. Supo de inmediato lo que venían a hacer. Detuvo su caballo y observó su retaguardia. Tres hombres más. Iba a ser complicado salir de ésta con vida, pero debía intentarlo. Si no lo lograba ella quedaría a merced del rey sin nadie que la protegiese.
Minutos después James yacía en el suelo. Magullado, golpeado y con una herida abierta en su pecho. Alrededor de él había cinco cadáveres.
Intentó levantarse cubriéndose el pecho para impedir que la sangre siguiera saliendo. Su caballo se acercaba a él golpeándole levemente en la cabeza, pero no tenía fuerzas. Iba a morir allí, desangrado, tras una lucha encarnizada.
Consiguió agarrarse a las riendas del su caballo, y sujetándose del fiel animal fue capaz de subirse a él. Una vez arriba, se dejó vencer abrazado al cuello de su amigo. Su compañero de batallas sabía perfectamente lo que había que hacer. Y se dirigió hacia las tierras del barón.
Sayid estaba resultando ser un verdadero incordio. No la dejaba sola ni un minuto. La seguía si acudía a los campos, si trabajaba en el castillo, si iba a la villa a por provisiones... Permanecía de pie en la puerta de sus aposentos mientras descansaba, y Kate ya empezaba a cansarse de aquella situación. Se sentía prisionera en su propia casa, y todo por culpa de aquel maldito arrogante.
James no había vuelto a aparecer desde aquel día. Y a Kate le parecía extraño, ya que dijo que acudiría a diario para comprobar que todo estaba en orden. Sin duda habría encontrado algo que lo distraía de su propósito. Algo con nombre de mujer, imaginaba Kate. De todos modos sabía que él estaba al tanto de todo porque Ben Linus acudía todas las mañanas y conversaba con Sayid.
Aquella mañana Kate estaba terminando de desayunar y miró con descaro a Sayid que la contemplaba desde la puerta.
Ocurre algo, señora?- dijo él empezando a sentirse intimidado
Cuánto os paga?- preguntó ella con seriedad
Estoy más que satisfecho con mi salario, señora- contestó Sayid
Y con vuestro trabajo también?- dijo ella con curiosidad- Porque espiar a una dama en su propia casa debería resultaros al menos incómodo.
Hay ocasiones en las que no comparto los métodos del barón- dijo Sayid con franqueza- pero la manera que tiene de hacer las cosas no es asunto mío.
Así que hacéis lo que os pida sin más- dijo ella resignada
Exacto- dijo Sayid con seriedad
Aunque sea ruin y mezquino. Mientras os pague…- añadió ella
Si me permitís, marquesa. Os contaré algo- dijo Sayid con firmeza- Le debo la vida a ese hombre. Me rescató de una muerte segura. Mi esposa estaba prometida a un hombre que no amaba, y nos fugamos juntos. Fuimos apresados y mi condena fue a muerte. El barón me salvó la vida. Así que no permanezco a su servicio por dinero. Y dejadme que os diga que nunca le he visto hacer nada ruin ni mezquino.
Kate escuchó esas palabras sin hacer ningún gesto. Le conmovió la historia, pero no podía imaginarse al barón haciendo algo altruista, sin esperar nada a cambio.
Os salvó la vida y os convertisteis en su esclavo- dijo ella
No soy su esclavo- sonrió Sayid- Soy su amigo y su fiel servidor.
John interrumpió la escena. Tenía un gesto de disgusto y preocupación en su rostro fuera de lo común.
Señora, ha llegado esto- dijo entregando una misiva con el sello real
Gracias, John- dijo ella contrayendo el gesto. Cualquier cosa que viniera de manos del rey no podía ser más que malas noticias.
Kate se acercó a la ventana y abrió el sobre con cuidado. Las manos le temblaban. Sentía pánico al tener que enfrentarse a aquello.
Leyó con cuidado y cuando finalizó, apretó el papel con fuerza entre sus manos.
Señora, que ocurre?- dijo Sayid preocupado
Nada de vuestra incumbencia- dijo ella fulminándolo con la mirada
Marquesa, tengo órdenes de comunicar cualquier hecho a mi señor- dijo Sayid disculpándose
No os apenéis- dijo mirándolo con dureza- Yo misma hablaré con vuestro señor de esto.
Eso no es posible- dijo Sayid nervioso- El señor barón no desea veros.
Ni yo a él tampoco- dijo ella enfadada- Pero debo tratar este asunto con él.
Dejadme a mi- dijo Sayid- Yo le pondré al corriente
De ningún modo- dijo ella
Señora…- dijo él al ver que ella se dirigía a los establos
Si tenéis que seguidme hacerlo, pero no podréis detenerme- dijo ella con firmeza subiendo a su caballo.
Realmente era terca, pensó Sayid. James se enfadaría si ella aparecía en su castillo. No quería que ella se enterase del asalto que sufrió. De todos modos, supo que no podría retenerla.
Kate no entendía nada de lo que ponía en aquella misiva. En ella el rey le pedía que se entrevistase con él para hablar de algo relacionado con su cosecha y con la actitud terca y obstinada del barón Ford.
Qué quería decir su majestad con esa frase? Sabía el rey que James tenía algo preparado para malograr su cosecha y así conseguir su propósito? O por el contrario todo era una treta del rey para lograr el suyo? No sabía qué pensar. Estaba completamente desconcertada. Sabía que James era capaz de cualquier cosa para conseguir lo que quería, pero tanto como para perder esa altísima suma de dinero que había invertido?
Ella no valía tanto. No valía nada en realidad. Y James podía tener a las mujeres que quisiera. No comprendía esa obstinación.
Cuando llegó al castillo Ben se negó a dejarla pasar. El barón estaba descansando decía, pero aquel hombre no iba a ser un obstáculo. De modo que lo empujó y se dirigió hacia los aposentos del barón.
Al abrir las puertas lo vio. Estaba en su lecho, con la mirada perdida hacia la ventana de la estancia. Su torso desnudo dejaba ver una herida cubierta con una venda. Al volverse y mirarla a los ojos vio que frunció el ceño molesto. Pero pudo percibir el cansancio y el dolor en su mirada, y eso la alarmó.
Señor, que os ha sucedido?- dijo Kate preocupada
Qué hacéis aquí?- dijo él con dureza
Contestadme- dijo insistente
Nada importante- dijo él fingiendo- Fue una pelea en la taberna
Acabaréis encontrando la muerte en esos lugares- dijo ella gruñendo
Eso no es asunto vuestro- dijo James enfadado- Y ahora decidme, qué habéis venido a hacer aquí?
He recibido una carta del rey- dijo ella tendiéndole el papel arrugado- Y necesito que me expliquéis qué significa todo esto.
James se incorporó en la cama con gesto preocupado. Y leyó la misiva con atención.
No se a qué se debe todo esto- dijo con franqueza
No lo sabéis?- dijo ella extrañada
No, no lo se- dijo él insistiendo
Entonces acudiré a ver si su majestad es más que capaz que vos de aclararme la situación- dijo ella con firmeza
James la agarró de la muñeca con furia.
Os lo prohíbo- dijo enfadado
Vos no sois nadie para prohibirme nada- dijo ella mirándolo a los ojos desconcertada por su actitud
James se volvió a reclinar con un gesto de dolor. Puso su mano sobre la herida. Se había hecho daño.
Kate sintió una punzada en el corazón.
Entonces os lo suplico, no vayáis- dijo él sin mirarla a los ojos
James, necesito saber que puedo confiar en vos- dijo ella con la voz quebrada- Necesito hacerlo.
Él la miró a los ojos. Sabía lo que ella estaba pensando. Era lo que pretendía el rey. Que ella pensara que James iba a dañar su cosecha para obligarla a contraer matrimonio.
Os doy mi palabra de que podéis hacerlo- dijo él mirándola a los ojos- Pero os ruego que no acudáis a palacio. No al menos hasta que me reponga y pueda acompañaros.
Ella le sostuvo la mirada durante unos segundos. Esos hermosos ojos azules decían la verdad. Y le creyó.
Está bien. Esperaré a que os recuperéis- dijo ella
Gracias- dijo él retirando la mirada- Y ahora marchaos. Y no volváis. Seré yo quien se ponga en contacto con vos.
Ella se retiró de los aposentos herida. La había echado de allí de malos modos. No deseaba su presencia, y sintió una punzada de dolor en su corazón.
Cuando salió al exterior entendió la actitud del barón. La duquesa Burke estaba allí y ella no era bien recibida. Aquella mujer ocupaba la vida y el lecho de James.
James volvía a leer la misiva del rey. Ese maldito cabrón quería lograr su propósito a toda costa y estaba dispuesto a cualquier cosa.
Se sintió atrapado, sin salida alguna posible. Lo lógico sería subir a uno de sus barcos y salir de Inglaterra cuanto antes. Su vida estaba en juego. Pero eso significaría dejarla a ella allí, abandonada en manos de ese mal nacido. Había contemplado la posibilidad incluso de raptarla, pero sabía que ella escaparía en cuanto fuera posible. Debía esperar. Y confiar en que el plan que tenían los hombres de Richard Alpert diera sus frutos.
Se odió a si mismo por haberla echado de su casa, pero no podía consentir que permaneciera a su lado. Eso la pondría en peligro. Y se odió por sentir lo que sentía. En algo llevaba razón su majestad. Amarla iba a ser su perdición.
