Hace doce años

La tenue luz de la habitación apenas eran visibles los rostros de aquellos que estaban dentro de ella. Lo que sí era notable era la figura de una mujer vestida con una camiseta negra que se encontraba sentada en una silla con una pose de aburrimiento mientras que dos hombres estaban de pie mirándola fijamente. La mujer era de cabello negro azabache corto con dos pequeños mechones a cada lado, no tenía que tener más que unos treinta años y el fuerte color negro en sus orbes la hacían terriblemente hermosa.

Ross, un Ross algo más joven pero exactamente el mismo bastardo. Era uno de los hombres que se encontraba de pie y el estar de pie lo hacía parecer más intimidante pero a pesar de eso y de que en ese momento estaba sosteniendo una especie de funda de espada, con ella aún dentro, la mujer no poseía ningún tipo de importancia hacia él sino que empezó a jugar con su propio cuerpo al inclinar su cabeza hacia tras de la silla.

-¿Esto es algo al estilo Roy Orbison o qué?-Le preguntó Ross a la mujer sin recibir ninguna respuesta de ella.-Sabes, mi padre me dijo que Roy llevaba esas gafas para superar el pánico escénico. Vale, una pregunta… Respondo sí y te dejaremos libre con la espada.

-¿Quién coño es Roy Orbinson?-Preguntó sin miramientos la mujer al mismo tiempo que ponía un sonrisa en su rostro joven dejando notar que había una tirita en su mejilla izquierda que seguramente estaría ahí por la misma razón que los vendajes de su brazo derecho.

-Responde no, y adiós a la espada. Iras a la cárcel y seguirás siendo esa niña tonta que le gusta jugar con espadas samuráis.-Ross trató de controlar su enojo al ver que su prisionera no mostraba ningún signo de importancia hacia el tema.-Mira, ¿eres de SHIELD? Sí. ¿Te has metido en medio de mi operación sin tener autorización? Sí. Se te va a tratar como un problema gubernamental. Sí. El conjunto de los hechos de deja distintas opciones. ¡Para mí eres un soldado enemigo! Implica rendición… Guantánamo si me cabreas. A menos que…

-¿Vas a ir al grano de de una vez? Lo digo porque en unas hoy mi hijo va a cumplir cinco años y la verdad, no quiero perdérmelo.

-De acuerdo agente Ackerman, le dejaré irse a ver como su hijo apaga las velas si me metes en SHIELD. Dame sus técnicas y acceso a tu escuadrón entero. Eres mi puerta de entrada.-Empezó a explicar Ross con cierto nerviosismo e impaciencia en su voz.

-Oye tú. A mi niño le gusta el tema de las caricaturas japonesas, ¿crees que haría bien en regalarle unas figuras de su serie favorita?-Le preguntó la agente Ackerman al soldado que había permanecido todo el tiempo en silencio.-Oye, gilipollas que te estoy hablando.

-Joder…Mira, ahora mismo tengo poder absoluto. Dame algo, señala en la dirección correcta. Nombres, ubicaciones…Te lo puedo asegurar Anna, te conviene tenerme de tu lado.-En ese instante el teléfono que Ross tenía en el bolsillo fue encendido y el hombre lo sacó para responder la llamada.-¿Sí? Sí, soy yo…Sí la tengo aquí, no está por la favor de colaborar…Iba a…¿Qué? ¿Por qué? Esta mujer se puso en medio de una operación mía y…Claro que sé quién es…P-Pero…¿De verdad? De acuerdo…Sí, ahora mismo.

Ross finalmente cogió el teléfono y lo volvió a guardar mientras mostraba una cara que expresaba resignación pero al mismo tiempo que estaba preocupado por algo.

Anna se levantó de la silla sin que nadie dijera nada y se limitó a arreglarse la camiseta para salir por la puerta.

-Supongo que ese es el tipo de cosas que pasan cuando un simple general se enfrenta a una mayor. Pasad una buena noche, chicos.-Dijo Anna antes de dejar a Ross y a su soldado solos en la sala.

Una vez fuera del centro de comando, Anna se encontró en medio de un desierto de asfalto sin ningún tipo de vista de civilización a la legua, sin dinero y apenas abrigada para la noche que era. Por suerte para ella, su jefe siempre estaba allí.

-Hay que ver qué aspecto tienes, parece que acabas de venir de la guerra. ¿Vas a ir a ver a tu esposo y a tu hijo así?-Preguntó Nick mientras arrojaba una chaqueta de cuero a las manos de la mujer.

-Por ellos soy capaz de hacer lo que sea, incluso de ir a Nueva York andando.-Respondió Anna mientras se ponía la chaqueta y dejaba ver en ella el símbolo de un lobo.

-Hay seis horas desde Wyoming hasta Nueva York, por suerte para ti te he traído el coche.-Habló el director de SHIELD cuando le dio a Anna las llaves de un jeep.-Cuídate. Y dales mis recuerdos a Michael y a Joe.

-¡Es Joel, Nick! Siendo el director de absolutamente todo deberías al menos saber cómo se llama mi hijo.-Corrigió la mujer desde la lejanía del vehículo.

Era una enorme habitación decoraba como si fuera el salón para que acudiera un rey o un emperador. Pero en cambio de eso albergaba a un grupo de seis chicos comiendo mientras que un adulto de pelo castaño y ojos azules les acompañaba en una mesa cercana a la suya. Mark no pudo ignorar este hecho y quiso hacer algo al respecto.

-Chicos, creo que no hemos agradecido a nuestro anfitrión como es debido.-Habló el joven de pelo marró a sus camaradas.

-¡Sí! ¡Por usted, doctor! ¡Por él, hurra!-Alabó Elías mientras que levantaba su vaso como el resto de sus compañeros.

-¡HURRA!-Gritaron todos al unísono.

Cuando el doctor Helios también correspondió al brindis, uno de los participantes adoptó una actitud seria y decidió que ya había sido suficiente celebración por hoy.

-¿Cuándo tiene pensado contarnos qué carajo hacemos aquí, doc?-Preguntó de forma seria Jamie.

-Jamie, hoy no es momento para hablar de eso.-Contestó Mark al sentir que el ambiente de la velada acababa de cambiar.

-Pero…es para eso que nos han traído aquí, ¿no? Para darnos las respuestas a las preguntas que siempre nos han negado. A abrir nuestras mentes. Y llegamos aquí y aparecen este tío con un ejército que se arrodilla ante nosotros. ¿Por qué?

Mark estaba a punto de volver a reaccionar pero entonces el chico sintió una mano en su espalda que le indicaba que se sentase en su silla. Helios se puso enfrente de todos y cogió fuerza en la voz para que le oyeran bien.

-Es comprensible, yo también tendría preguntas si estuviera en vuestra situación. Os lo diré todo. Os hemos traído aquí porque vosotros fuisteis seleccionados. Todos vosotros. Vuestros poderes, vuestras habilidades, vuestros ideales…Eso os hacía perfectos para la tarea que tenéis por delante. Podéis ayudar a la gente de verdad, enseñarles…Abrid sus mentes a la verdad oculta.

-¿A qué se refiere con abrid sus mente, doc?-Cuestionó Adrian debido a la poca comprensión que obtuvo del discurso.

-A mostrarles la verdad de aquellos que los controlan.-Helios pudo notar la confusión en los ojos de sus invitados.-¿Qué ocurre? ¿Creías que SHIELD os lo había enseñado todo?

Nuestra historia tiene que llevarnos ahora a un lugar en el que nuestros héroes ya habían estado hace bastante poco. Japón, Tokio. El atentado en la mansión Yashida había sido realmente trágico pero un efecto positivo tuvo, al menos para la policía de allí. La tragedia hizo que todos los criminales entraran en pánico e hizo que varios se volvieran bastante descuidados durante sus huidas. En cuestión de unas pocas horas la mayor parte de la escoria de Japón ya se había movilizado pero hubo unos cuantos que se quedaron atrás.

Unos agentes entraron en la comisaría con un prisionero esposado. Se trataba de un chico en sus diecinueve, bastante atlético con los ojos de un color negro rojizo que le hace imponer respeto, su peinado era uno medio desordenado y con color castaño tirando al negro. Llevaba puesta una camiseta de manga corta roja con una cazadora de cuero negro con detalles blancos y un estampado de un dragón occidental peleando con uno oriental en la espalda, también tenía unos jeans azul oscuro y unas converse all star de cuero de color rojo y negro con blanco su piel es ligeramente clara no mucho y con un tatuaje tribal en el brazo izquierdo llegando al cuello. Aquel joven estaba muy sudado y parecía bastante agotado, la parte de debajo de sus ropas estaban mojadas en algo que parecía ser aceita a juzgar de cómo olía, también eran visibles algunos ligeros cortes en su cara.

El muchacho fue colocado en un silla delante de un oficial, para que le tomaran declaración.

-Apellido y nombre. Y si puedes hacerme el favor en ese mismo orden.-Exigió el oficial.

-Yumiya. Takeo. Me lo puso mi madre.-Trató de reir el joven de ojos marrón rojizos.

-¿En serio te crees que puedes bromear ahora, chico? Espionaje industrial, falsificación industrial, actividades ilegales…No hay narco, mafioso o déspota en Tokio con el que tú no hayas tratado. A sido tu amigo, tu amigo del alma, el que nos ha llevado hasta ti. Y no por él, es más fácil seguirlo que a ti.

-Disculpe, ¿cómo es aquí el servicio de lavandería? Es que creo que mi ropa necesita un buen repaso.

-Niño…¿Te estás enterando o has perdido la cabeza? Aparte de todo esto, has estado involucrado en más de trescientos casos de carreras ilegales, hay suficientes pruebas para condenarte a variar cadenas perpetuas. ¡Vas a pasar los próximos diez años de tu vida yendo de una celda a los tribunales antes de que siquiera empieces a cumplir la condena!

Takeo ni siquiera se dignó en responder sino que mantuvo su semblante cómico en su rostro para que luego el oficial le dijera a los dos agentes que se lo llevaran a la celda más cercana. Una vez ahí dentro, el joven Yumiya se apoyó contra una de las paredes de hormigón y se limitó a hacer un repaso de qué era lo que había pasado. ¿Qué había salido mal.

-¡AHHH!-Gritó Joel al tiempo que se levantaba de la cama de hospital.

En ese momento entró a toda prisa una mujer de aspecto asiático que rápidamente fue a ver qué le ocurría al azabache.

-Joel, soy la doctora Helen Cho, necesitas más sedantes. Voy a administrártelos.-Habló la experta en biología ignorando que le muchacho se encontraba completamente ciego.

-¡Doctora! ¡Doctora Cho, no puedo ver! ¿Dónde está?-Joel se esforzó para buscar algún signo de vida hasta que su mano se encontró con otra que no era la suya. Era una mano suave y femenina.-Por favor, no me deje solo.

Helen dejó su mano izquierda socorriendo a la del chico mientras que su derecha administraba los calmantes necesarios para que Joel se calmase. Una vez que el miedo abandonó al muchacho, este entendió la situación en la que estaba y soltó, algo avergonzado, la mano de la doctora.

-Eh…Perdón, es que…Tenía mucho miedo. Creo que tenía una pesadilla.-Trató de explicarse el chico.

-Bueno, ya está todo bien. La próxima vez que le vayas a agarrar la mano a una chica deberías hacerlo con algo más de delicadeza.-Quiso burlarse la mujer de lo que acababa de pasar.-En realidad venía a hacerte un chequeo cuando he oído el grito. ¿Con qué has soñado?

-Ha…Ha sido con mi madre.-Respondió Joel volviendo a poner nervioso al recordar lo que había visto en su sueño.

-Tranquilo…¿Qué te ocurre? ¿Acaso la echas de menos?-Preguntó Helen de forma más cariñosa y receptiva.

-¿Qué? ¡No! Es decir…Ella…Se largó cuando yo tenía ocho años. No he vuelto a saber de ella.-Joel quiso abandonar rápidamente ese tema por lo que decidió recordarle a la doctora Cho el trabajo que había venido a hacer.-Bueno…empezamos a hacer ese chequeo del que decía?

Acto seguido, Helen empezó a analizar las partes que habían sido golpeadas o dañadas durante su pelea. Joel mientras tanto trataba de ocultar su sonrojo ya que no estaba tan acostumbrado a que una mujer que no fuera Diana le inspeccionar o simplemente le tocara. La última parte que Helen se esforzó en revisar fueran los ojos del chico.

-Como yo pensaba. Las córneas están absolutamente quemadas pero el ojo en sí está bien.-Explicó la doctora mientras volvía a meter su linterna en su bata.

-Menos mal, el ojo derecho lo perdí el año pasado absolutamente. Fue gracias al Extremis 2.0 que lo pude regenerar junto con varias partes más.-Añadió Joel.

-De hecho es lo que te está ayudando ahora. El Extremis está haciendo que las zonas golpeadas se curen el doble de rápido. Tu cuerpo estará como nuevo en cuestión de horas y tus ojos pueden ser sanados por mi Cuna de Regeneración.

-Genial. Necesito que mi cuerpo normal para que hagamos el trabajo de verdad.-El silencio le indicó a Joel que Helen no debía de haber captado muy bien lo que acababa de decir.-Doctora, tengo una tarea muy grande entre manos, y para llevarla a cabo necesito ser algo más…Necesito tener algo más dentro de mí. Tengo que actualizarme.

-Joel…Yo…No sé…Tu cuerpo normal está en perfectas condiciones y seguramente con un poco de entrenamiento VR…

-Doctora. Usted ha visto mis heridas y sabe que yo no he sido suficiente. La próxima vez que me las vea con el tío que me ha hecho esto, algo me dice que su cuna tendrá mucho que regenerar. Si es que todavía queda algo de mí. Usted y yo sabemos que el Extremis no es lo más avanzado en biotecnología. En eso usted es la pionera, Helen. Por favor, mejóreme. Ayúdame, para que yo pueda ayudarles.

La asiática dudó durante un momento pero al final miró de frente al muchacho y le respondió.

-Está bien, ¿qué tenías en mente?