Me gusta mucho saber que vuelvo a publicar, quizás en el peor momento de mi vida, pero más que nada me siento dispuesto a seguir con este fic sin importar cuánto tiempo me lleve o si me tarde años.
Agradezco a los lectores de varios lugares por leer mi historia, que es un relato sin un público que quiera disfrutar de sus nudos y sensaciones.
Muchas gracias por darle una oportunidad a mi fic, sin más, disfruten el siguiente capítulo que yo espero empieza a nacer algo entre Draco y Hermione. Los quiere.


X.

Testigos y algo más

Fue el jueves en la clase de encantamientos, había mucha gente y no había podido evitarlo. Simplemente comprobar una teoría, una patética sospecha. Fue en cuestión de segundos perecederos, todos tomaban del estante los objetos para la clase, Slytherin y Gryffindor se amontonaban unos contra otros peleando por tomar las mejores cosas. Lo que ella necesitaba era una pluma de pavo real, la más bonita entre todas, su brazo hizo el esfuerzo de alcanzarla pues su altura femenina impedía que sus piernas llegaran más alto. Primero pensó en arrebatarle la pluma y después…

–¿Qué...? - alcanzó a susurrar Hermione cuando sintió que unas manos la alzaban lentamente para alcanzar la pluma del estante.

Sus ojos se encontraron con los de la chica, confundidos y atónitos. El rostro de Hermione volteó a los lados comprobando si alguien se había dado cuenta de aquel gesto proveniente de Malfoy. Mientras, a Draco no le importó si eso había pasado o no, pero pudo comprobar algo, la respuesta era un sí. Se alejó de Hermione hasta su mesa, recomponiéndose por completo, regresando a la clase.

De repente, una sensación temerosa abordó a Draco Malfoy, no podía ser que sintiera una inseguridad en estos momentos, una nueva idea, un nuevo sentimiento. Ni siquiera quiere preguntarse qué es ni por qué. La mera respuesta le vuela los sesos, una revelación de sus oscuros temores. Recordó las últimas semanas, las veces en que decidió acercarse, cuando volvía a verla, pensar en ella.

Lunes en la mañana, tres días después de navidad. La vida en Hogwarts era eufórica en los alumnos de primero, los deberes de las vacaciones cayeron en los hombros de todos. Grupos de alumnos decidieron reunirse en la biblioteca, parecía el gran comedor con tantas personas en ella. Él había decido ir también junto con Pansy y Zabini, obviamente era una excusa pues sus ensayos los había terminado incluso días antes de navidad. Pero mientras Blaise y su novia no lo supieran…

–No entiendo porque todo mundo deja todo al último y se viene a la biblioteca, es inútil estudiar cuando hay tanta gente aquí.

–Y eres tú quien lo dice Parkinson.

–Deja el sarcasmo Blaise, no creí que este lugar estaría a reventar de sudor humano. ¿Quieres quedarte Draco?

–Acaba tus deberes y nos vamos.

La verdad es que no quería irse hasta encontrar a su razón de estar ahí, aún no entendía porqué en esto debía irse por las ramas, era mejor si al final del curso sólo…

–Oye - Blaise interrumpe sus pensamientos aprovechando que Pansy sale a buscar un libro. - ¿cómo va el plan?

–Andando. - se limita a contestar y Zabini resopla.

–¿Sí? pues te veo lento. - alzó sus pobladas cejas en dirección a una imagen literalmente increíble.

Después de que él buscara por las mesas con la mirada, Blaise la encontró a unas pocas mesas de la entrada, con Hans Hoover.

–Ese no importa. - inquirió Draco.

–¿Seguro? porque el ambiente que hay entre ellos dos parece incorruptible, parece algo más. - resonó la voz ácida de Blaise.

Draco puso los ojos en blanco.

–Me vale un carajo si parece algo más o no, lo importante es que mi objetivo lo voy a lograr y ya.

–Está bien, no te pongas de mal humor.

Odiaba admitirlo, pero Blaise tenía razón, nunca vio venir al joven Hoover. ¿Quién era y porqué estaba con ella? se supone que estos improvistos no existirían, nadie quiere a ella. Así es como debe ser.

Hermione tiene puesto su brazalete esmeralda, la joya parece aferrarse a su piel, brillando con intensidad al reflejo de la luz del sol. Suele girar el cucharón de su caldero pocas veces y cuando lo hace el brazalete sube y luego vuelve a bajar, acariciando los bellos de su brazo. Él no se pierde de ningún movimiento, el cabello cobrizo de Hermione resbala por su oreja hasta llegar el hombro, casi cae en la poción, no quiere que se arruine con el líquido del caldero. Sigue cuidadosamente la mirada de Hermione, intentando que ella no se de cuenta. Vuelve el rostro a ella cuando se distrae, ella mira al pelirrojo junto a Potter. No ha querido comentar si quiera lo que pasó en la cabaña, la última vez que habló con ella estaba tan desarmada. Seguramente ella no quiere ni recordar lo que dijo ni lo que hizo, es lo más prudente. Aunque es satisfactoriamente placentero que él haya sido el único en verla en el estado en que sus amigos nunca la pudieron ver, ebria y cálida. Capaz de olvidarse de su compostura con unos sorbitos de brandy, patético. Se moja el labio, lo hace todo el tiempo, hace una mueca de desaprobación ¿a quién? ¿al pelirrojo o a su poción? Draco sonríe, la chica le recuerda a una pintura infantil, una pintura en tonos cálidos y suaves. Por un momento ella atrapa sus grises ojos pero los ignora y vuelve a concentrarse en su trabajo. No es la primera vez en que la mira durante pociones.

"Has pensado mucho en eso ¿lo sabes no?" acusa su subconsciente, sabe como se siente, no hay emoción que Draco Malfoy no pueda controlar, aún. Draco no es bueno para esto -él debió elegir a alguien más para esta tarea- sin embargo sabe en el fondo que no es coincidencia, es un castigo para Draco y para su familia. Han pasado dos semanas desde la última vez que hablaron y no ha conseguido nada, maldita sea no supo aprovechar el tiempo que tuvo con ella durante sus noches rutinarias de días anteriores. Ni por Pansy tuve que hacer esto piensa, y Hans Hoover aparece como un obstáculo más. Camina a zancadas, molesto e irritado en camino a la enfermería.

–Vengo por los medicamentos de Pansy Parkinson. - anuncia esperando a que la señora Pomfrey salga de donde esté.

–¿Sucede algo? - sale la señora de una camilla con cortinas.

–Sí, vengo por los medicamentos de Pansy Parkinson. - repite cortante.

–Espera un minuto. - vuelve donde las cortinas.

Pone los ojos en blanco, no le gusta estar a lado de las camillas.

–Muy bien, eso es todo por hoy. Hasta el jueves. - escucha la voz de la señora Pomfrey detrás de las cortinas.

Una figura femenina salta de la camilla y toma su túnica de Gryffindor colgándola sobre su hombro. Su mirada recelosa examina la de Draco imaginándose cosas que el chico no puede saber. Mientras camina a la salida, Draco no aparta la vista de ella, no hasta que sale por ambas puertas abiertas.

–Aquí tienes lo necesario para la señorita Parkinson. - él regresa su atención a la señora Pomfrey. - Debe de tomar tres dosis en el día durante cuatro días, adviértele que sea constante en el tratamiento sino no servirá de nada.

–¿Es todo? - pregunta el muchacho y ella asiente.

Es ahora o nunca, debe alcanzarla antes de que huya a su sala común. Tiene los frascos de su novia y se siente como un traidor al buscar a la persona que no los necesita. ¿En dónde se metió?

–¿Qué es lo que te traes eh? - una voz muy conocida sale del eco de los pasillos.

Mira encima del hombro y allí está ella, sentada en una esquina de piedra, un rincón oculto tan cómodo para los amantes.

–Granger tengo prisa. - miente.

–Oh si ya veo, vas a servir de enfermero a tu amor.

Draco suelta una risita al escuchar el calificativo de su novia, nunca lo había pensado de ese modo.

–Qué ácida Granger. Supongo que tu humor no es lo que te llevó a la enfermería.

–No, pero sí fue el resfriado que me di en navidad, el clima estuvo terrible.

¿Es enserio que me está hablando del clima? y de pronto cae en la cuenta que ella se refiere a la cabaña, tiene razón, hacía demasiado frío ese día y si mal no recuerda, no tenía la ropa adecuada para el helado amanecer.

–Tuviste suficiente ese día ¿no Granger? basta decir que casi pierdes la poca cordura que te quedaba.

Para su sorpresa, Hermione se encoge de hombros, como si no le importara lo que hubiese hecho.

–Tenía que suceder algún día. - responde indiferente.

–¿Tu drama o que Weasley estuviera con alguien que no fueres tú?

Eso fue suficiente, Draco supo que no debió haberlo dicho, pero necesitaba ver la reacción de la chica (nada favorable por supuesto), por su lado Hermione se retiró sin decir más que; "nos vemos Malfoy."

"Sólo pierdes el tiempo Malfoy" protesta Blaise, no lo diría si alguna vez hablara con Hermione. Clase de defensa contra las artes oscuras y ella no para de hablar de algo denominado P.E.D.D.O. suena a una tontería inventada por ella, cosa que no le interesa. ¿Por qué tiene que ser tan diferente? Es Hermione Granger, la señorita que se cree perfecta pero no lo es, es muy exasperante en todos los sentidos. La clase acabó a la una treinta y todos hacen revuelo para salir como perros en jauría, si Draco quiere ser una especie de bravucón golpearía a Neville, pero prefiere chocar con el frágil cuerpo de Hermione. Cínicamente le dirige una sonrisa mientras sale del salón, apenas si escucha las contestaciones de Potter en defensa de su amiga.

Miércoles en la biblioteca, todo vacío, una ráfaga débil se filtra en las grietas de los vitrales. El silencio es desesperadamente ruidoso, como un chirrido irritante en los tímpanos. El hojear lo distrae por ratos, y también el Marquis de Sade. Cuanta placentera perversión.

–Vaya, me sorprende lo que lees para divertirte. - El rubio alza la mirada y al darse cuenta de quien se trata cierra tranquilamente el libro, intentando cubrir con sus brazos la portada del libro. - Supongo que tenemos cosas en común Malfoy. - terminó por decir Nott.

Malfoy lo mira expectativo, esperando a que Nott tenga lo que tenga que decir. ¿O a qué vino?

–¿Ahora te vas a meter en mi vida? - Theodore guarda silencio y se siente en la silla frente a él. - ¿Sabes? si no te conociera pensaría que te gusto por la forma en que me buscas.

Draco provocó risas en Theodore, lo pensaría si no fuera porque la atracción de este hacia la chica rubia de Ravenclaw es evidente.

–Qué asertivo Malfoy, pero no es por esa razón por la que estoy aquí. Tú tienes un problema.

–No me digas… - el rubio pone en blanco los ojos. - ¿Y qué? ¿piensas ayudarme? ni siquiera sabes de que trata.

–No pero, te diré algo. Una de las razones por las que me ordenaron estar con ustedes fue por ayudarte en lo que sea que estés metido, en lo personal es completamente irritante y me vale un comino. Si no fuera porque tu madre tuvo una relación muy allegada con mi abuelo; digamos que estoy complaciendo la memoria de mi abuelo.

–¿Ah sí? - respondió Draco con correspondida frialdad. - Pues no me importan tus intereses no quiero ayuda de tu parte, ni para revelarte en lo que estoy metido. Esto sólo me corresponde a mí.

–Como sea Malfoy, mi deber era ofrecer ayuda, la rechazaste y yo cumplí con mi deber. - contestó sin importancia. Se retiró sin la molestia de acomodar la silla en su lugar. - Por cierto, Pansy está como loca porque no fuiste a comer con ella, es mejor que no descuides a esa mujer.

Después de irse Draco hizo una mueca al rastro desaparecido de Nott y volvió a su pervertida lectura. No pasaron más de cinco minutos cuando percibió su ambiente corrompido de nuevo.

–¿Ahora qué es lo que quieres Nott? - replicó sin separar la mirada del libro.

–Que me mires cuando te hablo Malfoy.

Sintió un patético respingo de sorpresa cuando se encontró con la mirada de Hermione frente a él.

–Hablarte en estos momentos Granger es como hablarle al profesor Binns, estoy concentrado en estos momentos, así que si no te molesta.

–Como sea, sólo vine a dejarte esto.

Sacó una hoja de un libro y se la dio a Draco. Eran las notas finales del profesor Binns y los agregados por el castigo que les había asignado. "Extraordinario" sobresalía a mitad del documento.

–¿Y no me lo pudiste haber dado entre clases? - respondió Malfoy.

–Oh sí Malfoy, de nada por haberte entregado tus notas finales mientras tu olvidas que nuestra última clase de Historia de la magia avanzada terminó antes de navidad.

–En cualquier clase pudo haber sido, como si no compartiéramos ya suficientes asignaturas.

–¿Sabes qué ingrato? me largo.

–¿Por qué?

Es la primera vez que quiere que ella se quede un rato más.

–Si piensas que disfruto estando aquí estas equivocado, ya tuve bastante en este trimestre de ti.

–Bueno Granger como dices que ya tuviste bastante de mí, ahora necesito estudiar para mi Éxtasis, así que…

–Sí claro, como si Justina te diera todas las respuestas que necesitas para aprobar ese examen.

–No, para eso estás tú.

Hermione quedó perpleja por el comentario del muchacho. ¿Para qué estaba ella precisamente? Draco se arrepintió de lo que dijo inmediatamente, probablemente era la excitación de la lectura lo que lo llevó a decir aquello. Hermione se retiró de la silla sin decir nada, sin dejar de mirar al muchacho que volvía su concentración a Justina.

La misma noche del miércoles no puede dormir, tiene pensamientos pendientes que no puede resolver. Cayó dormido por una hora, pero seguía teniendo pesadillas. Su casa, su madre, la sangre, el tiempo que corre, no hay tiempo, debe apresurarse. Sale inmediatamente del cuarto, de la sala común y como no lo había hecho en mucho tiempo desaparece de Hogwarts hasta llegar al polvoriento lugar que encontró hace meses. La oscuridad es tan gratificante en momentos como esto, las sombras que lo dejan en la tranquilidad. Se vuelve para recostarse en el ruidoso sofá de la cabaña, no está en su lugar, pues ha sido remplazado por una especie de cama en donde ahora hay un bulto muy acomodado en ella.

–No puedo creerlo. - susurra para no despertar a la persona dormida ahí.

Esto no puede ser coincidencia, esta cabaña solo vino a mejorarle sus planes. Por fin tiene sueño, ya ha dormido a su lado una vez. Sin permiso, se recostó al lado del bulto en sábanas y relajó su peso en el colchón mal fabricado. ¿De dónde sacó esta chica una cama? pensó. Aspiró el aroma de la relajación que sólo las sábanas limpias y ella emanaban, pudo dormir en paz.

A mitad del sueño sintió un leve cosquilleo en su mejilla, abrió los enormes ojos grises y despertó con la imagen más vulnerable de Hermione Granger, labios entre abiertos y un brazo que caía elegantemente sobre su rostro. Hasta podía ser bonita. De repente una descarga saltó en su estómago, o sólo fue el roce de sus dedos con los labios de Hermione. La sintió tan real, que pudo jurar que la chica también pudo sentirla. Pero ella seguía impasible, perdida en un coma de los sueños. Miró su reloj de bolsillo; apuntando las dos con veinte, Draco se acurrucó en su propio calor sin acercarse a Hermione y cerró los ojos.

El eco de sus sueños azotaban las paredes cartilaginosas de sus oídos; unos murmullos, unos alaridos, unos gritos.

–¡¿Qué rayos haces aquí?! - es su voz, un sobresalto lo invade. - ¡Malfoy!

Hermione arrebata bruscamente las cobijas de la cama y deja tumbado lo que queda de Draco sobre la cama, él se remueve como un niño pequeño. Tiene la ropa común puesta.

–¡Respóndeme!

–¿Qué carajo quieres Granger? ¡Déjame dormir! - responde molesto. - Ya cálmate.

–¿Qué me calme? - ella deja salir un resoplido. - ¡Invades mi privacidad! dime en qué momento llegaste.

De mala gana Draco saca su reloj de bolsillo y se pone de pie; mirando a Hermione por primera vez.

–Hace tres horas que llevo dormido aquí, si no hubiera sido por tus escándalos hubiese dormido mis ocho.

–Estás loco, ¡Ahora mismo te vas! - apuntó su brazo hacia la salida como lo había hecho antes.

–Granger eres una amargada, no me sorprende que nadie quiera dormir contigo. - contestó con énfasis en la palabras dormir.

Hermione tomó su almohada y la votó hacia la cabeza del chico, ahora sí estaba furiosa, más de lo que había estado alguna vez con él. Es tan fácil lastimar el orgullo de las mujeres.

–Bien, bien, ya me voy. - dijo Draco. - No sabes disfrutar nada Granger.

Ella se llevó las manos a la cabeza.

–¡¿Quieres irte ya?!

–No, no quiero.

–¡¿Qué?!

–Tú me lo preguntaste. No quiero irme. - Draco reía en sus adentros, la chica estaba más que rubicunda. - La verdad es que quiero recuperar el sueño que me robaste.

–Por eso tienes un cuarto.

–Pero aquí hay una cama. - Ella parecía estallar.

–No voy a compartir el mismo lugar que tú. Si tú no te vas yo me iré entonces.

Draco soltó una risita; acto que hizo enfurecer más a Hermione.

–Te enojas mucho Granger, te vas a hacer daño.

–Mira quien lo dice… - contestó la castaña mientras buscaba entre las sábanas el libro de regreso.

Y eso pasó anoche fue el de pensamiento Draco. Todavía sentado en la clase encantamientos, esperando la nada. Orando por la aparición de un milagro. Echó una mirada fugaz a Hermione quien recargaba su cabeza sobre su mano izquierda, también ella se aburría a veces. Intentó recordar su aspecto de ayer, sólo llega a su memoria esos labios carnoso en vez de la suavidad de las telas con las que durmió. Ni siquiera recuerda haber visto su pijama.

Por fin la clase termina, dos horas de encantamientos de transformación avanzada, ojalá y pudiera convertir a Hermione en otro reloj de bolsillo para después entregarla…

Hermione esperó a que casi toda la clase saliera, era costumbre del rubio esperarse a que la muchedumbre saliera y no estar dentro de los empujones.

–Adelántate. - avisó a Harry, éste hizo caso sin titubear.

Hasta el final se acercó al único chico de Slytherin con quien cruza palabra.

–¿Por qué hiciste eso? - susurró a Draco quien sabía perfectamente a lo que se refería.

–Y las mujeres se quejan de que la caballerosidad ha muerto…

–Deja tus comentarios y respóndeme.

–Mandona como siempre... - Draco terminó de guardar sus libros y colgó su bolso sobre su hombro. Hermione seguía esperando una respuesta. - Nos vemos después Granger.

Sostuvo levemente la barbilla de la muchacha y le descargó una sonrisa coqueta. Volvió a quedarse sorprendida, Draco Malfoy no estaba actuando como él mismo. Sus miraditas, sus actos, sus respuestas; algo se trae pensó Hermione. Pero también pensó en ir detrás de él ¿QUÉ? ¿Cómo sería posible? no señor. Estuvo a punto de cometer la contradicción de sus decisiones, por si fuera poco, sentía que le ardía la muñeca, su brazalete podía causarle irritación en ocasiones. Miró su reloj, hora de ir a trabajar ante sus nuevas noticias en navidad: "un privilegio irremplazable" lo definió la profesora McGonagall y "algo de que celebrar" dijo Harry. Ser relevada de prefecta a delegada. Quiso tomarlo como un exitoso logro, pero estos no eran tiempos para celebrar.

Cuando caminaba por los pasillos solitarios recordaba la música muggles, la de Londres muggle, escuchaba los rasgueos de "Please, please, please, let me get what I want." Sería la primera vez si obtuviera algo que quisiera, no quiso ser prefecta, tampoco pidió ser nombrada delegada, ni mucho menos todo lo que le sucedió durante el curso escolar. Un corazón roto, las noches de insomnio con Malfoy, las preocupaciones de Harry y su desconcierto a la vulnerabilidad en la que se encontraban.

En momentos como estos creía que su única compañía era la soledad, la paradoja de una existencia deprimente. Ya ni duerme en su habitación cuando escucha las conversaciones de sus compañeras todas gritaban al mismo tiempo "Hermione no está." "Nunca está." "Creo que tiene un novio." "Su novio es la biblioteca." Murmullos y chismes de las chicas de la habitación 23, ruido insaciable que sólo sirven para causar un dolor de cabeza. Rara vez llega a dormir ¿qué excusa? "estaba en la biblioteca." Ninguna chica se lo cree del todo, pero prefieren no inmiscuir en la vida de Hermione.

Incluso Alicia Spinnet llegó a decir que se veía a escondidas con Hans Hoover "el bombón de Ravenclaw" según dijo y Hermione al escucharla se echó a reír, no sólo porque la idea de que Hans fuese un bombón era ridículo y porque esa relación no sería real. Por incontables motivos que sería inaudito mencionarlos y porque Hermione no llevaría una relación en secreto, nunca. Pero recordó a Ron y la pregunta en su mente fue si con él estaría dispuesta a tener una relación en secreto. "Una estupidez, él quiere a Lavender y ya". Recordó también su discusión, a pelea más dolorosa que ha tenido con el pelirrojo.

–No puedes venir a reclamarme como si tú y yo fuéramos algo. - había expresado Ron.

–Claro que no, pero sí soy tu amiga. No estoy reclamando ni nada, sólo fue un comentario sobre tu NOVIA.

–Que estés celosa no te da derecho a insultarla.

–No la insulté. - replicó Hermione. - Además con quién estés no me importa, ¡haz lo que quieras con quién quieras! ¡me da igual!

Le dolió lo que había dicho, en primera no le daba igual ¿cómo es que soportaría mirarlo con alguien sin que él supiera que moría por dentro y que habiéndole confesado la verdad él había arrojado su corazón a la oscuridad? La cosa no era olvidarse de Ron, si no de su amor por él, de las esperanzas alimentadas con ilusiones engañosas.

La dos horas de ronda se fueron y llegó la cita en la enfermería, cabizbaja se dirigió donde la señora Pomfrey.

Escuchó voces familiares dentro del establecimiento de la señora Pomfrey, su concentración se dirigió del suelo frío a la pareja de alumnos que estaban siendo atendidos por la enfermera. Una pareja de Slytherin, el chico tomaba a la chica por los hombros y mientras ella escuchaba atenta a la señora Pomfrey, él dirigió su mirada gris a Hermione. Observándola a lo lejos, satisfecho por verla.

–Señorita Granger en un momento la atiendo.

Hermione asintió sin dejar de mirarlos.

Pansy protestaba por querer irse ya, había sido convencida por Draco para revisarse personalmente, la mentira fue que para él sólo era una excusa. Por fin, los dos se retiraron de sus lugares y caminaron a la salida. La chica de Slytherin sólo miró con desprecio a Hermione. No bromeaba cuando desconfiaba enormemente de Draco Malfoy, sobretodo cuando le guiñaba un ojo sin que su novia se diera cuenta, era un descarado sin escrúpulos.