Amor Inesperado

By Tsuki No Hana

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"Los sentimientos de la princesa"

—¿Crees lograrlo?

—¡Tengo que hacerlo! —se levantó de su asiento y caminó pausadamente hacia la ventana más cercana, viendo el paisaje nevado de su país—. Mi abuelo le dio esa responsabilidad a mi padre, quien desperdició todas sus fuerzas y su vida en un vago objetivo. ¡Bah! Revivir al amor de su vida —gruñó al recordar a esa mujer.

—¿Te refieres a la emperatriz Ámber del país de Valeria?

—¡No me la recuerdes!

El aludido rio un poco, su amigo sí que se enfurecía con sólo escuchar ese nombre.

—Por su culpa mi padre perdió la vida...

—Es una lástima que muriera justo después de descifrar lo que decía la tabla...

El otro apretó los puños.

—Lo es... pero la historia no se repetirá, no moriré hasta completar mi objetivo.

—¿No te importa que se trate de tu primo? Además... ¿Cómo te acercarás a él sin que sospeche?

—No me interesa en lo más mínimo —rio—. Y sobre lo otro... es muy fácil, aunque por lo pronto no me conviene hacerlo. Quizá me lleve meses, incluso años, pero valdrá la pena. Estoy seguro de ello, Kyle.

El aludido suspiró pesadamente, su amigo sí que podía ser un maniaco cuando se lo proponía. Se quejaba de su padre, quien desperdició su vida buscando una manera de revivir a su gran amor, pero él mismo desperdiciaba la suya en algo aún peor... en fría venganza. Siendo tan joven, apuesto y con mayor razón al ser emperador de su país debería buscar con quién casarse y tener descendientes. O al menos eso es lo que haría cualquier monarca normal.

OoOoOoOoOoO

Después de pensar un rato en el pasillo, Kurogane decidió entrar a la recamara. Se sorprendió al ver que el mago trataba de levantarse.

—Ni se te ocurra levantarte de ahí —lo tomó de los hombros y lo recostó bruscamente en la cama.

—¡Eso dolió! — se quejó con voz débil.

—No te dolería si no trataras de levantarte a cada rato —cruzó los brazos, estaba molesto.

— ¿Quién más sabe lo que sucedió?

—Sólo el hermano de la princesa, el sacerdote y yo —se sentó en una silla al lado de la cama—. Ahora dime: ¿Por qué demonios estabas así?

Fye desvió la mirada a algún punto perdido de su cuarto y procedió a hablar.

—Cuando desperté... fui a ver a Sakura, pero antes de entrar a la habitación donde estaba escuché la conversación que tenía con los clones —cerró los ojos. Se sentía muy débil.

— ¿Y qué pasó? —se sorprendió un poco al ver la tristeza en sus ojos cuando los abrió.

—Ella les dijo que nunca me vería como algo más que un amigo. Lo dijo con otras palabras, pero eso fue lo que dio a entender —apretó las sábanas entre sus manos.

— ¿Y por eso te provocas tales heridas? ¿Acaso eres un masoquista? —preguntó en tono de burla. No le gustaba ver a su amigo en ese estado de ánimo, así que hizo algo muy raro en él: trató de hacerlo reír, aunque fuera una pequeña sonrisa sería suficiente.

—Ja — sonrió de lado, pero aún con esa expresión triste—. No lo soy. El castillo es muy grande ¿sabes? y es fácil perderse en él —hizo una mueca de dolor.

— ¿Te duele mucho? —preguntó con su tono serio pero a la vez preocupado.

—Un poco —se recargó más en la cama, tratando de relajarse un poco para que el dolor cesara.

—Será mejor que descanses, más tarde te traeré la cena y no me digas que no, porque ya tienes tiempo sin comer y eso no te ayudará a mejorar —dijo antes de salir de la habitación.

Fye no tuvo tiempo para negarse, ya que se quedó dormido antes de poder hacerlo.

—Gracias... —fue lo único que alcanzo a susurrar antes de quedar dormido. Kurogane sonrió de lado al escucharlo.

Después de ese día el mago ya no se volvió a parar de la cama, quería sanar cuanto antes, ya estaba harto de estar acostado y sin hacer nada. Pasó casi una semana desde el incidente en las escaleras, semana en la que sucedieron muchas cosas, entre ellas: Sakura lo había ido a ver un día después del incidente y se preocupó demasiado al verlo tan pálido y débil; y más al ver esa tristeza en sus ojos, le preguntó muchas veces qué le sucedía pero éste sólo le respondía que estaba bien, usando una sonrisa muy falsa, la cual Sakura notaba. Sentía que últimamente Fye se ponía muy triste cuando ella estaba cerca y no le agradaba eso, ya que ella lo quiere mucho y no le gustaba verlo sufrir. Aunque él asegure mil veces que se encuentra bien y que nada sucede, ella está segura de que algo le pasó a su amigo, pero no quiere decirle.

Durante esa semana también sucedieron otras cosas como la partida de los clones. Ellos tuvieron que irse del país de Clow porque no podían convivir en el mismo mundo que sus otras partes, claro que antes de irse se despidieron infinidad de veces de todos. Pero antes de irse a otro país, Sakura y Syaoran tuvieron una conversación con el rubio.

FLASH BACK

—¿Se puede? — preguntaronSakura y Syaoran al asomarse por la puerta de la habitación del mago.

—Por supuesto —sonrió mientras se sentaba con cuidado en la cama.

—Mejor quédate recostado, para que sigas descansando— pidió Sakura con una sonrisa.

—¿Cómo sigues? — preguntó Syaoran mientras ambos se sentaban en una orilla de la cama, cerca de él.

—Estoy mejor, además ya casi pasó una semana de eso y...—el rubio se dio cuenta de que habló de más. Los únicos que sabían del incidente de las escaleras eran Touya, Yukito y Kurogane.

—¿Y...? —cuestionó Syaoran, con una leve sonrisa bailando en sus labios.

—Fye, sabemos lo que pasó —Sakura le tomó la mano.

—Y sabemos también lo que sientes por ella —agregó el otro.

—¿Pero... cómo? —preguntó, muy sorprendido.

—Eso no importa ahora. Y sobre tus sentimientos... es más que obvio, Fye —rio un poquito la castaña.

El aludido soltó un fuerte suspiro.

—Fye... te conozco desde hace ya muchos años y estoy seguro de nunca haber notado tanta felicidad en tus ojos como cuando ves a Sakura-chan —alzó ambas cejas sugestivamente.

—Y vaya que yo estuve mucho tiempo cerca de ti y nunca me miraste como la miras a ella —agregó Sakura.

—Ella tiene razón —agregó el castaño—. Tus sentimientos por ella van más allá de la simple atracción física. Hay una conexión especial que... no sé cómo explicar —se llevó una mano a la barbilla, pensando.

—Estás enamorado —simplificó la castaña.

Los dos clones soltaron una risilla tierna al ver cómo su amigo estaba completamente ruborizado, nunca, durante todo el viaje, habían tenido la oportunidad de verlo así.

—Fye —Sakura tomó su mano—. Hemos pasado por cosas muy difíciles, todos lo hemos hecho ¿No crees que nos merecemos un poco de felicidad?

Los ojos azules temblaron ante esas palabras.

—Ya sólo nos faltaría encontrarle pareja a Kurogane —agregó Syaoran.

—Creo que eso estará difícil —agregó el mago con una risilla contenida, pero se detuvo abruptamente al pensar en algo muy importante—. Pero... falta Syaoran. Él ama a Sakura.

El ambiente se puso repentinamente tenso.

—Pero ellos no pueden estar juntos —se entristeció la castaña—. Por culpa nuestra... —susurró. El castaño entendió a la perfección esas palabras y el peso que tenían. Abrazó a la ojiverde con cariño reconfortante.

Ambos recordaron el momento en el que se reencontraron con Syaoran, éste había corrido rápidamente hacia ellos hasta atraparlos en un fuerte abrazo, después de todo ellos habían sido sus padres en otra dimensión. Ese día tuvieron una larga charla donde llegaron a la conclusión de que sólo una de las parejas de castaños podría estar felizmente unida; o los clones, o los verdaderos. En caso de que ambas parejas decidieran quedarse con su respectiva pareja, el tiempo y espacio sufriría un daño ahora sí irremediable, la historia se repetiría una y otra vez, Syaoran volvería a ser hijo de los clones, los clones emprenderían un largo viaje y así sucesivamente, como un ciclo sin fin.

Pero no todo estaba perdido, si una de las parejas decidía desistir, los otros dos podrían ser plenamente felices, aunque eso sí, deberían comenzar una vida nueva lejos de sus otros "yo".

Con mucha madurez y amor, Syaoran desistió en su relación con Sakura para que sus "padres" pudieran tener una vida feliz, después de todo habían sido ellos los que más sufrieron en todos esos años.

—Syaoran es un buen muchacho —el mago sacó de sus pensamientos a la pareja, quienes asintieron en completo acuerdo—. Por eso no mismo no tengo derecho a enamorarme de la persona que él más ama. Es mi amigo, casi hermano. No puedo hacerle eso... —apretó las sábanas bajo sus manos.

—No pienses eso —Sakura puso una mano sobre una de él—. Estoy segura que aceptará tus sentimientos de la mejor manera. Le dolerá, estoy segura —entristeció—. Pero él también llegará a experimentar esos sentimientos por alguien más, te lo prometo —le aseguró con una sonrisa muy convincente. El rubio la miró suavemente con su ceño un poco fruncido, se veía algo cómico.

—De todas formas... si lo que siento por ella no es recíproco, no le veo mucho el caso a todo esto —suspiró.

La risita de la ojiverde se escuchó muy cantarina y traviesa.

—¿Por qué estás tan inseguro de ti mismo? Ese no es el Fye-san que conocí en el viaje. ¡Ánimo! Y si ella no siente lo mismo por ti, entonces dedícate a conquistarla —le guiñó un ojo.

—Además, no sabes lo que puede pasar si le dices lo que sientes, quizá ocurra algo que no esperabas...

—¿Por qué lo dices, Syaoran? —preguntó con una gran curiosidad. Sentía que ellos sabían algo que él no.

—No podemos decirte más, así que no insistas. Del resto tienes que darte cuenta tú mismo y la única forma de hacerlo es arriesgándote ¿De acuerdo? — lo animó Sakura con una sonrisa. Él como respuesta les infló las mejillas en una acción un poco infantil.

—Sólo debes arriesgarte a que ocurra lo inesperado e inevitable —sonrió al decir esto, miró a su pareja y sonrió aún más. La castaña se sonrojó mucho al sentir la mirada café sobre ella.

Flowrigth miró a los dos jóvenes que ahora se encontraban frente a él. Se distrajo un momento viendo cómo se querían y no se molestaban en demostrárselo con tiernos actos como esas miradas o el suave tacto en sus manos entrelazadas, o en el tierno sonrojo que adornaba sus mejillas cada que se miraban directo a los ojos. Era tan conmovedor poder ver una escena así después de tanto sufrimiento, después del largo camino que tuvieron que recorren en la vida para llegar a este punto. Esto definitivamente hacía que todo valiera la pena: los viajes, las malas caídas cada que llegaban a un mundo nuevo, las malas comidas o incluso las veces que pasaron hambre. Todo eso cobró sentido al tener un resultado como este. Y así sin proponérselo se puso a pensar en cómo se verían él y su Sakura en esa misma situación.

Mi Sakura... —pensó con una boba sonrisa.

—¿Todo bien? — preguntó Syaoran al notar como el rubio los miraba con una sonrisa nostálgica.

—Sí, es sólo que aún no me acostumbro a verlos de esta forma. Todavía recuerdo como eran cuando viajábamos, eran apenas unos adolescentes y ahora... —sonrió — ...son todos unos adultos y... —dudó en decirlo. Su semblante cambió a uno de tristeza—. Y no puedo evitar pensar en que, de no ser por lo que ha pasado, Syaoran y Sakura podrían estar juntos, y en un futuro verse así como ustedes, juntos.

—Pero de ser así, probablemente cuando Sakura y yo... —miró a su amada a los ojos y se sonrojó por lo que estaba a punto de decir—... si nosotros tuviéramos un hijo, sería Syaoran y de nuevo todos los sucesos ya vividos se recapitularían. Su pareja se sonrojó igualmente o más al ponerse a pensar en cómo serían sus vidas de ahora en adelante—. Pero gracias a la decisión que tomaron Sakura y Syaoran, nosotros podremos permanecer juntos. Es una de las cosas por las que les estaré eternamente agradecido —y sin importarle nada, atrapó entre sus brazos a la castaña, abrazándola con fuerza y respirando su aroma. Había desperdiciado mucho tiempo cuando fue adolescente, nunca le dijo sus sentimientos hacia ella, pero ahora ya no perdería más el tiempo.

—Sya-Syaoran —se sonrojó mucho al sentirse en ese abrazo tan cálido, pero casi le sale humo por los oídos al sentir un tierno beso sobre sus labios. No había sido el primero, pues cuando recién se despertaron, él había corrido junto a ella, robándole un beso muy profundo y cargado de amor—. ¡Syaoran! ¡Estamos frente a Fye! —se sofocó y él sonrió un poco sonrojado.

—¡Hyuu! ¡Hyuu! —canturreó el rubio con entusiasmo, feliz de ver al fin una escena así entre los siempre tímidos castaños—. Me da gusto verlos así, pero lo mejor es que veo que tienen planes de formar una familia ¿No es así?

—Así es —el castaño abrazó a su princesa mientras pensaba en lo felices que serían de ahora en adelante.Sakura se sonrojó ferozmente ante la seguridad de su amado.

—¿Cuánto tiempo más se quedarán con nosotros? —preguntó el rubio con una sonrisa al verlos tan felices.

—Precisamente venimos a despedirnos. Yukito nos dijo que no debemos quedarnos más días ya que podemos alterar la corriente del tiempo —respondió Syaoran.

—¿Y a dónde van a ir?

—Al mismo país donde vive Yuuko—respondió Sakura, siendo abrazada por su gran amor.

Sakura, Syaoran ¿ya están listos? — preguntó Yukito asomándose por la puerta medio abierta del cuarto.

—Sí, sólo pasamos a despedirnos de Fye.

—Entonces vamos, quiero acompañarlos —el rubio intentó ponerse de pie, pero los tres ahí presentes se lo impidieron.

—No, no, no. No te levantes —lo detuvo Sakura.

—Por eso vinimos a despedirnos aquí de ti, para que no te levantes —agregó Syaoran.

—Lo mejor es que te quedes en reposo —sugirió Yukito. El aludido sólo chasqueó la lengua.

—Está bien... —suspiró Fye—. Pero prométanme que cuando tengan su primer hijo nos avisarán y no importa qué es lo que tenga que hacer, iré hasta donde estén para conocerlo —pidió con una enorme y pícara sonrisa.

—Claro que sí, así será —aseguró el castaño mientras que Sakura se sonrojaba enormemente.

—Adiós Fye —Sakura se acercó al rubio y lo abrazó con fuerza, pero sin lastimarlo—. Te extrañaré, mi mejor amigo —le susurró en el oído, sin soltarlo del abrazo—. De nuevo gracias por lo que hiciste por nosotros, si no fuera por ti y Syaoran, nosotros no estaríamos aquí. Muchas gracias —depositó un tierno beso en su mejilla y suspiró un poco triste por no volver a verlo en un muy buen tiempo.

—Yo también te extrañaré mucho, a ambos —vio también a Syaoran—. Que tengan un buen viaje y una muy feliz vida juntos —les sonrió sinceramente.

—Lo mismo deseamos para ti. Y recuerda: si realmente la amas... arriésgate a todo por ella —Syaoran le guiñó un ojo al mago.

Después, ambos jóvenes salieron por la puerta y se dirigieron a donde estaban los demás para despedirlos y así empezar una nueva vida juntos, formar una familia y amarse hasta que ambos sean ancianos.

FIN FLASH BACK

—Tomaré en cuenta el consejo de Syaoran. ¿Qué puedo perder al decirle lo que siento? Si nunca me arriesgo viviré con el remordimiento de ni siquiera haberlo intentarlo —en su mirada se notaba la determinación. Le diría a Sakura lo que siente por ella y con mayor razón ahora, porque ya no podía resistirlo. Ella iba todas las mañanas a desayunar con él para hacerle compañía, también acostumbraba ir al atardecer para conversar con él y pasar un agradable momento juntos, viendo cómo el sol se ocultaba por el desierto de Clow.

OoOoOoOoOoO

La princesa de Clow miraba el atardecer desde el balcón de su recámara, se le veía lago triste y pensativa, quizá tenía qué ver cierto mago de ojos azules. Últimamente pasaban mucho tiempo juntos, se han estado conociendo mejor y a decir verdad, ella ha encontrado en él a un gran hombre y amigo, pero... hay algo que está perturbando su mente en estos últimos días, pues ambos se han tomado gran confianza al contarse secretos uno del otro y Fye le había confesado que estaba enamorado. Ella sencillamente no supo cómo reaccionar en el momento, pero a pesar de que a ella le doliera esa noticia, no podía evitar sentirse feliz por su amigo, al fin tenía un poco de paz en medio de su tormentosa vida. Pero la duda la carcomía por dentro ¿Quién sería esa chica tan afortunada?

FLASH BACK

—¿Todo bien? —inquirió la castaña al ver a su amigo demasiado ensimismado en el atardecer ante sus ojos. En pocos minutos la oscuridad reinaría en Clow, podrían apreciarlo desde el balcón del mago.

—Mhm —fue su única respuesta, de nuevo sin apartar la vista del horizonte.

—Estás muy serio ¿Qué pasa? —se le acercó un poco y esto alteró los nervios del mago/vampiro—. ¿O es que ya no confías en mí?

—¡No! Claro que no es eso—se apresuró a aclarar—. Lo que pasa es que... hay una chica —suspiró al mismo tiempo que se llevaba una mano a la nuca, estaba nervioso y cohibido, una combinación muy extraña en el siempre extrovertido mago.

—¿Una chica? —preguntó muy quedito, casi sin poder creerlo. Se sintió extraña al saber eso ¿Celos? Tal vez...

—Sí, esa chica... bueno, yo la quiero mucho, a decir verdad he descubierto que la amo —confesó con una enorme sonrisa sincera mientras veía fijamente a esos ojos verdes.

Esas palabras fueron como un balde de agua fría sobre ella. La pobre entristeció un poco al escucharlo decir eso, y no pudo evitar ponerse muy nerviosa al sentir ese par de zafiros tan hermosos sobre ella. Pero lo que más aceleró su corazón fue ver esa sonrisa, de la cual no había tenido suerte de ver en mucho tiempo. Desde aquella tarde en que hicieron el hechizo en las ruinas, desde entonces que no veía una sonrisa tan pura y sincera como esa en él.

—Veo que estás muy enamorado —sonrió—. Y... ¿Quién es la chica? —ya no soportó la mirada del rubio, tuvo que apartarla con nerviosismo.

—Es secreto —le sacó la lengua en un gesto muy infantil y divertido, pero se sorprendió al ver que no causó ningún efecto en ella más que una triste expresión.

—¿Y por qué estas triste? —preguntó ella.

—Eso debería preguntártelo yo —alzó una ceja, pero ella se desentendió de la pregunta, no iba a responder, él lo sabía, así que continuó después de un suspiro—. Ella es alguien inalcanzable para mí, es alguien muy importante en su país, es una chica pura e inocente y a decir verdad no creo que sienta algo por mí —desvió su mirada hacia el horizonte sin borrar una casi imperceptible sonrisa cargada de resignación.

—¿Y por qué crees que no te quiere? —se asombró.

Él soltó un bufido como diciendo: "¿No es obvio?"

—No soy alguien de quien una chica se pueda enamorar fácilmente. Para empezar, tengo un pasado de los mil demonios; el país que me correspondía gobernar se desintegró por completo, no tengo familia ni pertenencias importantes.

—Todo eso que acabas de decir no tiene sentido —frunció el ceño, sorprendida de que Fye se subestimara tanto—. Ninguna de las cosas que dijiste tiene importancia. La mujer que te ame no será por lo que tengas ni por lo que hayas sido o pudieras ser. Te amará por el simple hecho de que eres tú, te amará por tus sonrisas sinceras, por tu mirar, por esas risas que muy pocas veces dejas que los demás escuchen; por todo eso y más ella te amará. Dices que es alguien muy importante en su país, pero si no sabe apreciarte, no le veo lo importante por ningún lado —se cruzó de brazos y giró la cabeza hacia otro lado, algo malhumorada.

El aludido parpadeó unas cuantas veces, estaba asombrado y perplejo. ¿Tan buen concepto tenía ella de él?

—Sakura... —un calor muy agradable inundó todo su pecho, escucharla decir todo eso de él, lo hacía sentir alguien verdaderamente especial—. Oye... —le picó la mejilla al ver que no volteaba—. Gracias por tus palabras —sonrió.

La castaña se quedó un poco embobada por la bella sonrisa que presenció, ¡De esas sonrisas es de las que hablaba! No pudo evitar contagiarse un poco.

—Disculpa si me enojé, es sólo que no entiendo cómo una mujer no pudiera quererte, es decir...—se sonrojó—. Eres un buen hombre —lo miró a los ojos sin poder ocultar ese leve rubor en sus mejillas. Los zafiros de Fye brillaron con esplendor—. ¿Y qué vas a hacer?

—Ya tomé una decisión. Me arriesgaré a decírselo, no me importa que me rechace, después de todo tengo quién me defienda en caso de que eso ocurra —subió y bajó una ceja repetidas veces, refiriéndose a ella—. ¿Lo harías?

—¡Oh! Claro —alzó su puño "amenazadoramente" Fye simplemente estalló en carcajadas—. En ese caso mejor le digo a Kurogane, no creo que seas muy intimidante que digamos —se burló un poquito mientras apoyaba el codo sobre la barda y la barbilla sobre la palma de su mano.

—¡Oye! —infló las mejillas, ofendida. Pero poco le duró al volver a escuchar la risa tan refrescante del mago. Reía a sus anchas sin dejar de observarla con esos ojos azules tan profundos e hipnotizantes, eso, más la suave expresión de su rostro, indicaban que estaba relajado y feliz, como pocas veces. Ahora fue ella la que quedó bajo sus encantos de príncipe.

Una fresca brisa acarició la piel de ambos, haciendo que sintieran la cercana noche fría del desierto. Al fin había anochecido y la luz de la luna llena los bañaba por completo y ni qué decir del montón de estrellas que brillaban felices en el cielo. Ambos permanecieron en su posición, observándose con toda la clama del mundo hasta que una llamativa estrella fugaz cruzó el cielo sobre sus cabezas.

—¡Hay que pedir un deseo! —de inmediato la princesa cerró los ojos y sonriente pidió el anhelo más grande de su corazón. A diferencia del mago, quien parpadeó confundido, sin dejar de mirarla con curiosidad—. ¿No pediste un deseo? —inquirió ella al verlo en la misma posición de hace rato.

—¿Por qué habría de pedirlo?

—¡Es una estrella fugaz! Es lo que se supone que hacen las personas cuando ven una, las estrellas pueden cumplir tus deseos más profundos —sonrió ampliamente—. ¡¿No lo sabías?! —se asombró.

—A decir verdad... no —sonrió con suavidad y miró hacia el cielo nocturno mientras cambiaba a una posición un poco más cómoda—. En Celes nunca significaron algo —se encogió de hombros y luego la miró profundamente—. ¿Qué pediste? —no se aguantó la curiosidad.

La castaña sonrió ampliamente, saboreó la venganza y...

—Es secreto —le sacó la lengua en un gesto muy parecido al que tuvo él hace un rato.

—Oh, eso no es digno de una princesa. La venganza no es para las señoritas —fingió indignación. En respuesta obtuvo otra mueca chistosa por parte de ella—. Bueno... ¿Me dirías cuál fue tu deseo si yo te digo quién es la mujer que amo? —hizo una mueca chistosa, como si estuviera ofreciéndole el mejor trato del mundo.

Sakura se llevó un dedo a la barbilla, pensándoselo bien antes de responder.

—No.

—Oh, vamos —rio.

—No —sonrió angelicalmente.

—¿Tan secreto es tu deseo que ni yo puedo saberlo? —dramatizó y ella sólo asintió. El pobre tuvo que darse por vencido. Y es que ella prefería quedarse sin saber de quién se trataba –aunque ya tenía una idea- a decirle que su deseo había sido tener una posibilidad con él.

FIN FLASH BACK

Sakura soltó un pesado suspiro soñador al recordar esos bellos momentos a su lado. Qué no daría por estar en el lugar de esa afortunada mujer dueña de su corazón. Finalmente terminó de arreglarse un poco y salió de su cuarto directo a la habitación del hombre con quien pasaba casi todas las horas del día. Ya se había recuperado bastante, en parte gracias a la sangre de vampiro que aún corría por sus venas, eso lo ayudó a tener una pronta recuperación y el doctor le había recomendado que saliera un poco de las cuatro paredes de su habitación, le recetó un poco de sol y buena compañía, lo que no sabía el médico, era que el rubio odiaba el calor.

La castaña soltó una risilla ante esos pensamientos y retomó el paso hacia donde estaba su amigo, habían quedado en desayunar muy temprano y salir a caminar al pueblo. Quisieron que fuera muy temprano para que no hiciera demasiado calor. Y sí, era muy temprano porque aún no veía a nadie por los pasillos del castillo.

—Adelante —dijo el rubio al escuchar que tocaban a su puerta.

—¡Buenos días! —una princesa muy animada entró a la recámara.

—Buenos días, princesa —sonrió al verla con tanta energía, muy diferente que él. Sonrió al ver cómo inflaba sus cachetes.

—Ya te he dicho que no me llames "princesa" sólo Sakura ¿Si?

—De acuerdo, de acuerdo —rio un poco.

—¿Qué haces? —inquirió con curiosidad al verlo sentado frente al pequeño tocador que había en su cuarto.

—Intentaba peinarme un poco, pero... —suspiró con fastidio, sus heridas aún no le permitían tanta movilidad y Sakura lo notó al instante.

—Te ayudo —caminó hacia él y le pidió que se enderezara un poco en la silla, tomó el peine y con dedicación y cariño peinó los cabellos de su amigo. Se asombró mucho ante la suavidad de esas rubias hebras, era envidiable.

—Gracias —sonrió con algo de vergüenza—. Es el inconveniente al tener el cabello tan largo —se rascó la mejilla tímidamente.

—Me lo hubieras dicho antes, yo puedo ayudarte siempre que quieras —sonrió suavemente sin dejar de peinar su cabello, era realmente hermoso y nada rebelde—. ¡Listo! —sonrió victoriosa. El rubio se miró al espejo.

—¿Estás bromeando? —la miró con una cara de pocos amigos.

—Pero si te ves lindo —puso cara de corderito.

—Sakura... ¡Me hiciste dos trencitas! —se sonrojó hasta las orejas, tratando de quitárselas inmediatamente mientras la princesa se reía con ganas.

—Pero te ves adorable.

—N-no digas eso.

Sakura rio un poco más y lo ayudó a quitárselas.

—Lo siento, pero no pude resistirme —se disculpó—. Ahora sí lo haré bien, lo prometo —tomó el peine y con ayuda también de sus dedos, deshizo por completo las trencitas y desenredó todo el cabello para terminar acomodándolo en una coleta baja.

El rubio soltó un pesado suspiro cargado de satisfacción al sentir las caricias en su pelo y también en el cuero cabelludo, era sumamente relajante.

—Listo —sonrió al ver el buen trabajo que hizo—. ¿Fye? —inquirió al no escuchar respuesta, se asomó hacia adelante para ver su cara. Oh sorpresa. Estaba quedándose dormido.

La princesa soltó una risilla.

—Fye —susurró en su oído, causándole cosquillas por accidente y eso fue el detonante para que un rubio exaltado brincara de la silla, con el corazón en una mano y el rostro a mil colores—. Oye ¿Estás bien?

—N-no hagas eso de nuevo —pidió, aún agitado.

—¿Qué cosa? —se extrañó.

—Eso... en mi oído —se sonrojó notablemente.

—Oh, lo siento, no quería asustarte —se disculpó.

El mago tragó en seco, no quiso corregirla, pues sería incómodo explicar que esas cosquillas en su oreja le habían causado un escalofrío de pies a cabeza, pero en vez de asustarlo, le había gustado...

—Vayamos a desayunar —la tomó de la mano y salieron así de su habitación. El pobre no dejó que le viera la cara hasta que llegaron al comedor, no quería que lo viera tan acalorado—. Y todo por un simple roce —se regañó a sí mismo por calenturiento.

Momentos más tarde los dos ya se encontraban camino al pueblo del reino, a pesar de que era muy temprano, ya había gente atendiendo los locales y las pequeñas tiendas del lugar, las plazas ya tenían a personas caminando y disfrutando de la fresca mañana.

—¿Seguro que puedes caminar? —se preocupó un poco.

—Sí, sólo... vayamos despacio —respiró profundo, sentía un poco de molestia y debilidad. No había caminado tanto en semanas.

La princesa asintió y caminó al ritmo de su amigo durante todo el camino. Anduvieron paseando por los alrededores del castillo y también por el bello y pintoresco pueblo. Mientras caminaban a través de un mercado concurrido, la princesa vislumbró un puesto donde vendían sus manzanas favoritas.

—¡Mira! —corrió, adelantándose hasta llegar al puesto y ver las manzanas doradas.

Pronto Fye la alcanzó y sonrió al verla tan feliz.

—Llevemos algunas—sugirió el mago.

—¡Oh! ¡Princesa! Es un honor verla por aquí —sonrió la dueña del establecimiento—. Pero pase, vamos, pase y lleve lo que guste —la amable señora vio al mago e hizo una expresión de asombro—. ¡Oh! Príncipe Fye, también es un honor, vamos, tomen las manzanas que gusten.

El aludido se quedó como estatua en su sitio. Tenía años de no escuchar esa frase: "Príncipe Fye"

—¿Cómo... —iba a preguntar cómo es que sabían que él era príncipe, pero en ese momento una "estampida" de chicas jóvenes pasó corriendo al lado de ellos—. ¡Sakura! —tuvo que pegarla a su cuerpo para evitar que ese tumulto de mujeres apresuradas la aplastaran.

La castaña se quedó quieta y con la respiración algo agitada por el susto, pero... no pudo mover ni un musculo para separarse, tenía pecho del rubio pegado a su rostro, de esta manera le llegaba su agradable aroma, además de que aún estaba en shock por cómo la había llamado: "Sakura"

Una tímida y linda sonrisa se formó en sus labios, acompañada de un sonrojo al sentir su suave agarre, aun apretándola un poco hacia su pecho.

—¡Príncipe Fye! —exclamaron las chicas a coro, todas estaban rodeando el puesto de manzanas, viendo al rubio y a la castaña.

Al aludido le tembló na ceja ¿Por qué lo llamaban príncipe Fye? ¿Y cómo rayos sabían sobre él?

—¡Es un gusto conocerlo! —dijo una de las chicas, la más escandalosa de todas—. Por el pueblo se corrió la noticia de la llegada de dos príncipes, y por la descripción que nos dieron, estamos seguras de que usted es el príncipe Fye de Celes ¿No es así?

—Eh... —parpadeó confundido—. Sí, soy yo, pero... —se espantó al escuchar el gritillo que soltaron todas.

—¡Lo sabíamos! —canturreó victoriosa—. ¿Se va a quedar un tiempo en Clow?

—Supongo, pero en poco tiempo tendré que irme —el pobre seguía un poco asustado por la actitud de las chicas, Sakura estaba en la misma posición.

Se escuchó una exclamación de desánimo por parte de todas.

—Es una lástima que no se quede permanentemente aquí —se percató de que el príncipe no soltó en ningún segundo a la princesa—. Disculpe... ¿Usted vino a Clow para pedir la mano de nuestra princesa Sakura? —sus ojos brillaron en esperanza, pidiendo al cielo que el rubio hubiera llegado al país buscando una esposa y no precisamente a la princesa. Esperaba que el príncipe que se quedara con la castaña fuera el otro que llegó al país también.

—¡¿Qué?! —exclamaron los dos príncipes al mismo tiempo, separándose al fin de su "abrazo"

—No, yo... —miró a la castaña y no pudo evitar sonreír al ver su enorme sonrojo—. Yo sólo vine de visita —contuvo una risilla y luego recordó algo que le llamó la atención—. Disculpa... ¿Quién es el otro príncipe al que te refieres?

—¡Kurogane Suwa! —exclamaron a coro y el rubio no pudo contener una risilla traviesa y a decir verdad, Sakura tampoco.

—Muchachas, dejen de hostigar a los príncipes ¿No ven que vinieron a dar un paseo tranquilo? —les regañó la señora.

—Oh, lo sentimos mucho —dijeron las aludidas al unísono mientras hacían una pequeña reverencia.

—Nos retiramos, con permiso y... esperamos verlos pronto —se despidió la chica en nombre de todas las demás también. Y así como aparecieron, se fueron.

—Eso fue... —murmuró Fye.

—...muy extraño —completó Sakura.

La risa suave de la señora del puesto los distrajo.

—Siento mucho lo que ocurrió, es sólo que hay muchas chicas solteras en estos momentos y... se emocionaron al escuchar que venían dos príncipes de visita al país.

—Vaya... cómo corren las noticias —murmuró Fye con una sonrisa incómoda en los labios.

—Pero venga, tomen estas manzanas —tomó las mejores que tenía y se las regaló con una gran sonrisa amable en el rostro.

—Muchas gracias —dijeron los dos al unísono antes de partir de ese lugar.

Los dos caminaron tranquilamente por el resto del mercado, hasta que llegaron a las afueras de la ciudad, justo a unas escaleras que daban hacia el desierto, muchas, pero muchas escaleras.

—¿Quieres bajar? —preguntó ella.

—Sí, vamos.

—¿Estás seguro?

—Lo estoy —sonrió ampliamente, no quería que ese paseo terminara.

Así fue como comenzaron a bajar las escaleras rumbo al desierto de Clow, pero lo que Sakura nunca se esperó, fue sentir el suave roce de la mano del rubio contra la suya; empezó casi como el roce del viento y terminó en un suave apretón de manos que no desistió hasta que ambos llegaron al borde de la gran roca sobre la que caminaban. Fye la soltó y caminó hasta el filo de la roca.

—¡Fye! —exclamó al verlo tan cerca del límite—. No te acerques tanto o podrías caer.

El aludido la miró y sonrió para después poner su mano sobre los cabellos castaños, logrando que se sonrojara mucho.

—No te preocupes, princesa —se lo dijo como cariño, no porque fuera princesa, pero ella no lo notó—. Es sólo que la vista desde aquí es... impresionante —aspiró y suspiró con fuerza mientras que al mismo tiempo extendía sus brazos al cielo y estiraba sus músculos un poco.

—¡Verdad que sí! —se emocionó al ver que también le gustaba aquello—. De pequeña solía venir mucho aquí con Syaoran —suspiró con algo de nostalgia, él lo notó y se sintió un poco triste por ella.

—Es un bonito lugar —se sentó en la orilla, con los pies balanceándose al aire, justo en ese precipicio de más de cien metros de altura.

—¡Oh por Dios! ¡Fye, aléjate de la orilla! —se puso muy nerviosa.

—No pasa nada, ven —palmeó el espacio a su lado—. Siéntate e mi lado, te prometo que nada pasará.

La princesa tragó en seco y asintió con la cabeza, no muy segura de aquello, pero finalmente se sentó a su lado, contemplando esa bella mañana y sintiendo cómo la brisa matutina hacía bailar sus cabellos. Ambos estaban en un cómodo silencio.

—¿Es cierto eso que dijiste? —preguntó con la voz un poco apagada y sin atreverse a mirarlo a los ojos.

—¿Qué cosa? —la miró y sonrió suavemente, y es que simplemente observarla le causaba una gran ternura y ganas de aplastarla contra su cuerpo.

—Que te irás pronto del país —dijo cabizbaja.

El rubio soltó un pesado suspiro, desabrochó su capa hasta dejar que cayera al piso y en seguida se tumbó sobre ella cómodamente para ver las nubes pasar. Sakura se le quedó mirando unos momentos, esperando una respuesta.

—Sí, en poco tiempo tendré que irme. Pero necesito recuperarme del todo antes de hacer ese viaje —puso ambos brazos tras su cabeza, como si fueran almohada.

La castaña sacó la manzana de entre sus ropas y empezó a jugar nerviosamente con sus manos.

—¿Kurogane, Syaoran y Mokona te acompañarán?

—No lo creo. A decir verdad, quisiera no involucrarlos mucho. Ya han hecho mucho por mí y esto... esto debo hacerlo por mi cuenta —murmuró, sus palabras se las llevó el suave viento.

—Ya veo... —estaba nerviosa, quería saber de qué se trataba eso, pero no quería parecer una entrometida. Se dio ánimos a sí misma y decidió que debía dejar de ser tan penosa, giró el rostro lentamente y su corazón latió un poco más fuerte al ver su rostro de perfil, tan tranquilo, tan sereno y pacífico con sus hermosos ojos cerrados y una muy pequeña sonrisa asomándose en sus labios. Era la completa representación de la paz.

Continuó mirándolo por un buen rato hasta que él entreabrió los ojos un poco y la miró de reojo, atrapándola en su travesura de mirarlo a escondidas. La pobre giró la cabeza hacia otro lado de inmediato. El mago entendió todo y casi soltó una risilla cantarina, pero lo evitó para no ponerla más nerviosa, era adorable.

—Sakura-chan ¿Por qué no te recuestas un rato? Está muy agradable el clima y las nubes desde aquí se ven grandiosas —la animó.

La aludida desabrochó su capa y la dejó caer al piso, igual como hizo Fye momentos antes. Se recostó sobre el piso y soltó un suspiro acompañado de una sonrisa. De nuevo los dos permanecieron en un agradable silencio, pero la duda que carcomía la mente de la princesa tuvo que salir a flote.

—Fye-san —dijo de pronto y la voz modorra del rubio le respondió de inmediato:

—No me llames "Fye-san" —hizo puchero—. Me haces sentir viejo, Sakura-chan.

La princesa soltó una risilla cargada de diversión.

—De acuerdo, Fye. Dime, ¿Irás al mundo donde vive esa chica a la que amas? —preguntó con suavidad.

Esa pregunta hizo que el rubio se incorporara sobre sus codos, mirándola con una gran sorpresa.

—¿Por qué lo preguntas?

—Curiosidad —se encogió de hombros y vio cómo Fye se tumbaba de nuevo sobre el suelo, suspirando.

—No... —frunció un poco el ceño.

—Lo siento, te he puesto triste —se disculpó con algo de vergüenza.

—Para nada, Sakura-chan —le sonrió—. La estoy pasando muy bien, aunque... ya hace algo de sol —se llevó una mano frente a la cara, tratando de que el sol no le diera directo en los ojos.

—Tienes razón —y de pronto comenzó a reír, lo que llamó mucho la atención del mago.

—¿Qué es tan gracioso? —giró su cabeza para verla mejor.

—¿En Celes tenías tantas fans como aquí? —rio un poco más al ver el tierno sonrojo en su amigo, quien de inmediato giró su rostro de nuevo hacia el cielo.

—Umm... a decir verdad, no.

—¿No? —se asombró.

—Es que no salía mucho del castillo. Siempre estaba practicando algún hechizo, tomando el té con Chii o bebiendo con Ashura-ou —entristeció un poco al recordar su antigua vida en Celes, antes de que el rey enloqueciera todo iba tan bien—. Lo que sí me sorprendió fue ver que Kuro-wan wan también tiene muchas fans —rio, acompañado por la princesa.

—Creo que es mejor que regresemos, el sol está sintiéndose más fuerte —sugirió mientras se levantaba. El príncipe refunfuñó un poquito, pero terminó levantándose también—. ¡Fye! —se puso de puntillas y alargó una mano hasta tocar la frente del rubio—. ¡Estás muy rojo! ¿Te sientes bien?

—Sí —sonrió—. No te preocupes, es sólo que me quemé un poco con el sol ¿Se nota mucho? —se rascó una mejilla, sintiendo el ardor al instante.

—Pues... —miró su nariz, mejillas y frente enrojecidas—. Un poco —rio—. Vaya... no estuvimos más de media hora y el sol ya te hizo daño.

—Es porque no estoy acostumbrado a climas desérticos, el país donde nacía tenía sol muy pocos días al año, y Celes era completamente de clima gélido —se encogió de hombros—. Afortunadamente al mundo al que me dirijo es también de clima frío —murmuró muy bajito, pero Sakura lo escuchó y se entristeció notablemente—. No te preocupes, me quedaré un poco más si así lo quieres —acarició su mejilla, mirándola intensamente.

Pum, pum, pum.

El corazón de la princesa se quería salir de su lugar.

—¿E-estás seguro de que puedes subir todos escalones? —cambió el tema, señalando la infinita escalera mientras se ponía de nuevo su capa.

—¿Y quién dice que regresaremos por ahí?

—Pues... es el único camino —parpadeó, confundida.

El rubio negó suavemente con la cabeza y le extendió caballerosamente una mano. Sakura la tomó y luego escuchó cómo Fye soltaba un armonioso silbido, seguido de unas luces celestes que los rodearon como en un tipo de esfera. La pobre se aferró del brazo del mago al sentir que sus pies dejaban el suelo. ¡Estaban flotando! Pronto, esa esfera cruzó el cielo hasta llegar a la entrada del castillo. La princesa no soltó al príncipe en ningún momento.

—¿Qué... qué fue eso? —sus pies ya tocaban el suelo, pero ni así soltó a su amigo.

—Fue magia con silbido ¿No la recuerdas?

—Umm... —se puso a pensar y sí, recordó lo que vio a través Sakura, cuando todo el grupo estaba en el mundo de Lecourt—. Sí, es sólo que aún no me acostumbro a verte usar magia, Oh, lo siento —se soltó de inmediato de su brazo, pero la mirada del rubio le pedía a gritos que no lo soltara nunca.

—¿Tienes hambre? —preguntó con una gran sonrisa.

—Mmm... acabamos de desayunar —alzó una ceja.

—Pero fue hace ya varias horas —hizo un puchero muy tierno—. ¿Qué te parece si cocinamos algo delicioso? Un postre quizá, ¡Un fondant de chocolate!

—¡Sí! Y acompañado de crema, como los que hacías en Outo ¡Siempre he querido probarlo!

—Debió ser duro verlo a través de Sakura y no poder comerlo.

—¡Lo fue! —juntó ambos puños bajo su barbilla, en una pose tierna de enfado.

—Toda una tortura —exageró—. No sabes de lo que te has perdido. ¡Nunca has probado mis postres!

Sakura rio ante su "modestia" y en seguida lo jaló de la mano, directo hacia las escaleras para subir al castillo. El rubio se dejó guiar, gustoso del suave contacto entre sus manos, pero cuando comenzaron a subir las escaleras, un punzante dolor lo atacó en su herida, ya estaba terminando de cerrar, pero aún tenía molestias de vez en cuando. Aguantó el dolor y no dejó que la princesa se diera cuenta, así que siguieron subiendo las escaleras, pero para su mala fortuna la castaña iba muy rápido y su cuerpo aún maltrecho no soportaba mucho. Estaban a pocos escalones de llegar cuando su vista se empezó a nublar y de un momento a otro sus músculos dejaron de responderle.

Maldición —pensó al momento de sentir que sus piernas ya no le respondieron, había caído de rodillas en un escalón y la pobre de la princesa se espantó, casi cayéndose al no soltar su mano.

—¡Fye! —se asustó mucho al verlo tan pálido—. ¿Qué ocurre? ¿Te duele algo? ¿Estás bien?

—Tranquila —murmuró, adolorido pero aun así con una sonrisa—. Sólo... sólo descansemos un poco —se giró hasta darle la espalda al escalón de más arriba, recargándose así unos momentos.

En ese momento todo fue muy claro para la princesa. Durante todo el camino sólo habían bajado escaleras tranquilamente y habían caminado por todo el pueblo sin ninguna prisa, pero después de varias horas se volvió cansado para él, por eso mismo había preferido usar su magia antes de tener que subir todas esas escaleras.

—Oh Fye... —se angustió mucho—. Llamaré a Yukito o a mi hermano —se puso de pie, pero el rubio la detuvo de inmediato, negando con la cabeza.

—Sólo... dame unos segundos... para recuperar el aliento —alzó la mirada, estaba un poco apenado y al mismo tiempo divertido—. Parezco todo un anciano... —rio, pero una tos lo invadió.

—Toma —le extendió una pequeña botella con agua fresca dentro, pero antes, sacó un pañuelo y lo remojó un poco con esa agua.

—Gracias —tomó el recipiente y bebió con tranquilidad, pero enseguida sintió cómo la princesa acariciaba suavemente su rostro con ese pañuelo húmedo. Suspiró. Se sentía tan refrescante.

—Creo que la próxima vez que salgamos, esperaremos a que sea de noche —rio un poco y él no la contradijo—. Al parecer no te hace nada bien el sol.

—Es lo que le dije al médico, pero no me entendió —se encogió de hombros, dramatizando un poco—. Ya estoy mejor, vayamos adentro.

—¿No quieres que llame a Kurogane? —le impidió ponerse de pie, preocupada.

—¿Para que me cargue? —alzó una ceja—. No, gracias. Ya pasé suficientes vergüenzas de ese tipo.

—Fye ¡Eres muy terco! —lo ayudó a incorporarse.

—Lo... siento —rio un poco y con la ayuda de ella, subieron los pocos escalones y entraron al castillo. Él había intentado ir directo a la cocina, quería preparar el postre junto con Sakura, pero ésta lo mandó directito a su habitación a reposar, le dijo que ya habría tiempo de preparar aquel postre. Fye no tuvo otra opción más que aceptar, aunque poco después la castaña le llevó a escondidas algunos postres que recién habían preparado en la cocina. El rubio se emocionó mucho, tenía hambre. Pero lo mejor de todo fue que ella se quedó a disfrutarlos con él, pasando más tiempo juntos—. Va a ser muy difícil irme de nuevo a Valeria y no extrañarla... —pensó con tristeza mientras admiraba a la princesa, sus ojos verdes tan brillantes, su cabello castaño cayendo despreocupadamente por su nuca y su cuello, sus labios rosas que no dejaban de moverse...

—¡Fye! No me estás poniendo atención —se quejó, haciendo un puchero.

El aludido casi se atraganta con el panecillo que estaba masticando. Se había quedado tan embelesado viéndola hablar, que se desconectó del mundo por unos instantes.

—Lo siento —rio—. ¿Qué me decías?

—Que nunca he salido de mi país, me gustaría conocer otros mundos, otras dimensiones, pero... mis padres nunca me dejarían hacerlo. Sólo me queda esperar a cumplir veinte años.

—¿Por qué veinte? —inquirió con curiosidad mientras mordisqueaba una galleta, sin darse cuenta de que la comisura de sus labios quedaba llena de pequeñas moronas.

—Es la edad en la que debo casarme.

El pobre se atragantó de nuevo con lo que comía, pero ahora mucho más dramáticamente. Se había asustado con esa respuesta ¡Casarse! ¡Casarse a los veinte! ¡¿Pues qué costumbres raras tenían en este país?!

—¡¿Pero cómo?! —seguía espantado. Tuvo que tomar un poco de té para evitar asfixiarse con la galleta. Ahora sí, toda su hambre se escapó quién sabe a dónde.

—¿No lo sabías? —parpadeó, confundida. El rubio negó enfáticamente—. Es una costumbre en Clow, aunque mi caso es diferente porque mi hermano será quien asuma el derecho al trono cuando mi padre se retire, pero yo como princesa debo casarme apenas cumpliendo los veinte años, se dice que si una mujer no se ha casado después de esa edad, está destinada a permanecer soltera el resto de su vida —rio un poco—. Yo no creo en esas cosas, pero con costumbres muy distinguidas en este país —suspiró—. Lo único malo es que yo no me quedaré soltera.

—¿Y por qué es eso malo? —preguntó con total interés, estaba aún impactado por toda esta nueva información.

—Es una desventaja de pertenecer a la realeza. Si fuera una chica normal, me quedaría soltera o encontraría al amor de mi vida.

—Pero... ¿Y si eres una princesa?

—Debo casarme con algún príncipe o algún hombre que pertenezca a la realeza, ya sea que esté enamorada o no —respondió, cabizbaja—. No tengo elección.

Fye frunció el ceño. ¡Qué reglas tan estúpidas! Aunque... ahora que lo pensaba, en Celes ocurría algo similar.

FLASH BACK

Dio la vuelta en una esquina y se metió al último pasillo de la enorme biblioteca. Tomó la escalera desplazable y subió casi hasta sus últimos peldaños para acomodar varios libros en una de las repisas más altas. Aunque había elegido un mal momento para hacerlo, la cabeza aún le palpitaba debido a la resaca por la borrachera de la noche anterior.

Suspiró.

Debía recordar tomar un poco menos a la próxima.

—Buenos días, Fye —saludó amablemente, como siempre—. ¡Oh! Cuidado —le detuvo la escalera antes de que perdiera el equilibrio y cayera.

—¡Ashura-ou! Me dio un gran susto —suspiró aliviado, sosteniéndose con una mano de la repisa y con la otra unos cuantos tomos de mil páginas cada uno.

—Lo siento —rio un poco—. ¿Por qué no simplemente los acomodas con magia? —con un movimiento de su dedo pudo quitarle los libros al rubio y luego acomodarlos sobre esa repisa casi inalcanzable.

—Eso le quita lo divertido —infló sus mejillas al mismo tiempo que bajaba la escalera.

—¿Y es más divertido arriesgarte a una caída mortal? —se burló.

—Quizá... —murmuró muy bajo.

Ashura dejó de reír abruptamente al escucharlo. Lo conocía bien y conocía sus pocas ganas de vivir la vida, también su gran entusiasmo por arriesgarse a hacer cosas innecesariamente peligrosas y por supuesto que también su cercana meta de arruinarse el hígado con tanto sake.

Ambos duraron en silencio algunos minutos, hasta que...

—Fye ¿No has considerado salir un poco? Te la pasas encerrado en el castillo, particularmente en esta biblioteca. Ya te aprendiste todos los libros de memoria —dijo orgulloso—. Así que no entiendo qué haces aquí todavía. ¡Tienes diecinueve años! ¡Sal a divertirte un poco!

—¿Para qué? Estoy bien aquí —sonrió, pero el rey no le creyó esa sonrisa—. Y me divierto mucho en el castillo.

—Beber sake hasta que amanece no es una sana diversión y creo que te he consentido mucho al permitir eso —puso ambas manos sobre sus caderas, en un gesto de "Padre gruñón" Fye sonrió de verdad ante eso.

—Lo siento mucho, es sólo que de verdad me gusta el sake —se rascó una mejilla.

—Hijo —puso una mano sobre su hombro. El rubio sonrió, como todas las veces que el rey le llamaba así, no se lo decía, pero le agradaba que lo hiciera—. Deberías considerar buscar una esposa, porque cuando yo ya no pueda gobernar más este país, tú te encargarás de él como rey.

Los ojos del rubio temblaron ante el peso de esas palabras. Nunca antes le había dicho algo así.

—¿Y-yo?

—¡Por supuesto que sí! Pensé que ya lo habían considerado, digo, no tengo hijos ni familiares cercanos —rio un poco—. Tú eres como mi hijo, Fye —sus ojos brillaron con nostalgia.

—Vaya... —se quedó sin palabras.

—Por eso es necesario que encuentres a una buena mujer con quién compartir tus días y no sólo porque tengas que hacerlo, sino porque te enamoraste profundamente de ella.

—No necesito una esposa para gobernar el país, usted no la tiene y mire qué bien lo hace —se cruzó de brazos—. Además, creo que aún soy muy joven para casarme.

—Tú lo has dicho: para casarte, pero estás en una edad perfecta para enamorarte —se recargó sobre una repisa cercana y suspiró soñadoramente.

Fye rio.

—Nunca me he enamorado ¿Cómo podría saber cuándo lo esté? Eso no lo explica ningún libro.

—Y jamás habrá uno que te lo explique porque... cada historia es diferente. Y sabrás que estás enamorado cuando mires a esa persona a los ojos y sientas que no puedes vivir si no es a su lado, cuando no quieres dormir por la noche porque tu vida real supera tus sueños, sabrás que estás enamorado cuando no puedas apartar los ojos de ella y cuando sea ella lo último que quieras ver por la noche antes de dormir y lo primero en la mañana al despertar. Una definición de enamoramiento es muy compleja, pues el amor es irracional... cuanto más quieres a esa persona, menos lógica tiene todo, pero estás tan feliz viviendo en ese mundo ilógico que ya nada te importa, sólo permanecer a su lado.

—Wow.

El rey soltó una risita sutil mientras que sus ojos se volvían más nostálgicos.

—Está de más la pregunta, pero... ¿Usted estuvo enamorado?

—Lo estoy.

—Oh ¿Y quién es ella? —preguntó con la curiosidad de un niño brillando en sus ojos.

—Ella... ella falleció hace muchos años —su mirada entristeció, pero esa suave sonrisa nunca se borró de su rostro.

—Lo siento tanto. Se ve que la amó de verdad —se sintió triste por él—. Por cómo describe sus sentimientos... me da a pensar que era una mujer muy valiosa y especial.

—¡Oh, lo era! —aseguró con una gran sonrisa.

—¿Por eso nunca se casó?

El rey asintió mudamente.

—Si no te casas por amor... mejor no te cases. Pero si encuentras al amor de tu vida... —caminó unos pasos hacia Fye y lo miró fijamente a los ojos—... haz lo que sea necesario, pero no dejes que se escape de tus manos.

El rubio asintió suavemente, sintiendo el peso de todos esos sentimientos.

FIN FLASH BACK

—"Si no te casas por amor... mejor no te cases. Pero si encuentras al amor de tu vida has lo que sea necesario, pero no dejes que se escape de tus manos" —murmuró Fye de pronto, al salir por fin de sus recuerdos—. Son las palabras que me dijo un buen hombre, hace ya muchos años...

—Tiene toda la razón —suspiró con algo de tristeza—. Es una lástima que no siempre se puedan aplicar a la vida de todos. Algunos se casan sin amor y otros, en cambio, se quedan solteros de por vida. ¿Por qué crees que las chicas del mercado estaban tan emocionadas por la llegada de dos príncipes al país? —el rubio alzó una ceja, extrañado—. Porque están por llegar a esa edad y temen quedarse solteras —suspiró—. Kurogane y tú deben tener cuidado —le dijo con algo de miedo, el mago estuvo por reír un poco, pero se contuvo y mejor preguntó:

—Sakura-chan... Tú ya estuviste enamorada, dime ¿Cómo se siente?

—Bueno... —lo pensó unos segundos y una ancha sonrisa se formó en sus labios—... yo creo que hay una gran diferencia entre estar enamorado y amar a alguien —los ojos de Fye se abrieron grandemente. Tenía razón y estaba muy interesado en escuchar el resto de su peculiar respuesta—. Estar enamorado es un sentimiento pasajero, pero... cuando amas a alguien se te nota en los ojos, en el cuerpo y en el alma, te sientes flotando todo el tiempo en el aire. Ya nada es como antes, todo tiene otro color, el cielo tiene un nuevo sol. Cuando de verdad amas, ya no esperas nada a cambio, sientes que darlo todo es poco... —suspiró con los ojos cerrados, describiendo todo lo que ha experimentado.

Las palabras de Ashura-ou volvieron a su mente y de inmediato las comparó con las de Sakura. El rey tenía razón: cada historia es diferente, así como cada definición de amor siempre va a ser distinta, pero algo si había en común con esos dos conceptos de "amor" y era que ahora mismo él estaba experimentando todos y cada uno de esos sentimientos, y todos dirigidos a esa hermosa princesa de ojos esmeraldas. Pero su corazón se apachurró al pensar que esos sentimientos de la castaña iban dirigidos a otra persona.

—¿Lo dices por Syaoran-kun?

—No.

Pum, pum, pum, pum. Su ritmo cardiaco nunca se había presentado de tal forma tan irregular e intensa.

—¿Entonces...? —estaba ansioso por la respuesta, sintió que tenía una oportunidad de que ella lo amara.

—¿Recuerdas al hombre de mis sueños?

El rubio volvió a tener los pies dolorosamente bien plantados sobre la tierra y se repitió mentalmente: "idiota, idiota, idiota" infinidad de veces.

—Oh... sí, lo recuerdo —no pudo evitar poner cara de poco interés.

—Aún sigo soñando con él, es extraño, pero... tiene unos ojos iguales a los tuyos. Son hermosamente azules. Es extraño, pero no puedo recordar nada más de él, sólo sus ojos.

—Y cuando cumplas veinte... ¿Con quién te casarás? Supongo que antes pensaban en Syaoran como candidato, pero debido a todo lo que ha sucedido...

—Lo sé, es imposible —entristeció—. No sé con quién, pero tendrá que ser alguien de la realeza, algún príncipe del país vecino o de algún otro mundo —suspiró con algo de fastidio.

—Espera... Syaoran no es príncipe —dijo de pronto, no quería sonar discriminatorio, sólo estaba confundido.

—No —sonrió—. Pero es hijo de Sakura y Syaoran, ella era princesa. Por lo tanto se supone que Syaoran debe tener sangre "azul" —le guiñó un ojo y rio un poco.

—Oh, es verdad.

—Pero ahora, en estas circunstancias, realmente no sé qué pasará... —suspiró con preocupación—. No he querido pensar mucho en ello, pero me temo que terminaré casándome con un extraño.

—¿Y no pueden cambiar las reglas? —se arriesgó a preguntar, aun conociendo la respuesta.

—Me temo que no. Es una manera de asegurar la descendencia... —se desparramó sobre su silla, suspirando y viendo por la ventana. El rubio había sido tan terco que no quiso permanecer más en su habitación, así que los postres se los estaban comiendo en un pequeño y acogedor salón que se encontraba en el mismo piso de las habitaciones, con un gran ventanal que tenía una vista casi tan esplendorosa como la de aquella gran roca. La princesa dirigió la mirada a su compañero y notó lo pensativo que se encontraba, no se había movido de su posición: con la espalda algo encorvada, el codo sobre una rodilla y el mentón sobre la palma de su mano. Tenía el ceño algo fruncido, pero lo que hizo que la princesa soltara una risa traviesa, fue ver esos restos de galleta en la comisura izquierda de sus labios.

—¿Eh? —parpadeó confundido ante la repentina risa que lo sacó de sus pensamientos.

—Tienes algo de... —extendió su mano y con suavidad le retiró las moronas—... listo —sonrió victoriosa y volvió a reír al ver la expresión ruborizada de su amigo, pues se veía como un niño crecido.

—Qué vergüenza —se rascó la nuca y ambos rieron, ajenos a que alguien que pasaba por ahí los escuchó e inevitablemente se asomó con sigilo al salón, viéndolos tan felices.

OoOoOoOoO

—¿Qué hay ahí? —inquirió el ninja al verlo tan interesado en lo que había dentro de aquel salón.

—No es nada —cerró lentamente la puerta y siguió andando junto a su amigo, a medio camino se le formó una media sonrisa cargada de nostalgia—. Tenía tanto de no escucharte reír así, Sakura... al parecer estás encontrando tu felicidad —pensó con nostalgia y un poco de tristeza.

—Mocoso ¿No es por acá? —señaló hacia la salida, ambos iban a salir a comprar unas cuantas cosas que pidió la reina Nadeshiko, al parecer eran unos ingredientes para un postre que no quiso decir cuál sería.

—Oh, sí —sonrió con algo de diversión por su despiste y salió del castillo con el ninja.

OoOoOoOoO

—Tengo una idea —dijo de pronto, con su pulso un poco más acelerado de lo normal y con un brilló especial en sus ojos. Sus manos temblaban, sentía que le faltaba la respiración y pronto un muy leve mareo lo atacó, pero cada síntoma tenía una simple explicación: nervios extremos—. Dices que tendrás que casarte antes de cumplir los veintiún años, pero por el momento no sientes algo por nadie más que por ese hombre en tus sueños.

—S-sí —se sonrojó un poco y lo invitó a proseguir—. Pero... ni siquiera sé si existe —se abochornó un poco, se sentía una completa niña al soñar con su "príncipe azul"

—Así que podrías terminar casada con algún desconocido. En ese caso yo te sugeriría que sea con alguien conocido, tal vez no lo ames, pero sería mejor que fuese con un amigo y no con alguien que no sabes cómo podría llegar a tratarte.

—Eso es verdad —se llevó ambas manos a la boca—. No lo había pensado, pero... aun así, no conozco a alguien que sea príncipe y esté dispuesto a casarse conmigo aunque no me ame y...

—¿Y por qué no yo?

—¿¡QUÉ?! —hasta dio un pequeño brinco. Lo había dicho con tanta seguridad y simpleza que... fue imposible no sorprenderse.

—Claro, sólo sería en caso de que no encuentres a nadie de aquí a entonces —se encogió de hombros, mostrando una actitud suave y relajada, no dejándole ver a la castaña lo muy nervioso que se encontraba por dentro.

Una sonrisa sincera y amplia se formó en los labios del rubio.

—Sé que suena algo descabellado, pero creo que cumplo con los requisitos: soy príncipe –o al menos en algún tiempo lo fui-, también soy joven ¡Y no soy un desconocido! —lo dijo en un tono de comercial, Sakura no pudo evitar soltar una risita aún en medio de su asombro.

—Pero Fye... ¿Tú serías capaz de hacer algo así por mí? —se llevó ambas manos al pecho, impactada todavía. El mago tomó una de sus pequeñas manos y la estiró hasta acercarla a sus propios labios, depositando un dulce y casto beso en el dorso.

—Sería todo un honor, princesa Sakura.

A la princesa casi le salía humo por los oídos. Si fuera un avestruz, ya habría metido la cabeza en un hoyo en el suelo.

—P-pero... tú perderías la oportunidad de casarte con alguien a quien realmente ames.

—No te preocupes por eso —le guiñó un ojo—. ¡Eres tú a quien amo! —quería gritarle, pero algo fuerte se lo impedía—. Hagamos una promesa: si para antes de que cumplas los veintiún años, no encuentras a tu "príncipe azul" tú y yo nos casaremos —extendió su brazo y le mostró su dedo meñique, la aludida seguía igual de sonrojada y cohibida, pero una sonrisa tímida se asomó a sus labios—. ¿Es una promesa?

—Prometido —extendió su brazo y entrelazó su meñique con el de él. Ambos se miraron a los ojos fija y largamente. Y sonrieron, sonrieron de una manera tierna, pura, como solía pasar en esos amores a la antigua.

Sakura no sabía definir bien lo que sentía en ese momento y menos después de la propuesta de su amigo, pero de algo sí se dio cuenta y es que no le molestaría en lo absoluto estar casada con Fye, sería algo lindo. Cuando ambos se soltaron, ella de inmediato se llevó una mano al pecho, tratando de calmar a su desbocado corazón ¿Qué era ese nuevo sentimiento que le quemaba por dentro? No estaba segura, pero lo que no dudaba era que no quería dejar de sentirlo.

—Trato hecho, Sakura-chan —le sonrió amigablemente—. Y ahora... ¿Por qué no vamos a la cocina? ¡Vayamos a preparar el fondant de chocolate! —se puso bruscamente de pie, eso, sumado a las olas de emociones que había experimentado en esta última hora, inevitablemente provocaron un corto circuito en su sistema.

—¡FYE! —se arrodilló junto al cuerpo que yacía en el suelo. El mago había caído inconsciente, su cuerpo ya no daba para más en un día.

Días después...

El rubio había sido confinado a permanecer en su habitación un par de días más, sólo para asegurar su recuperación, pues temían que se fuera a desmayar nuevamente. Este tiempo fue suficiente para que el mago reflexionara sobre sus últimas acciones y decisiones precipitadas. Sabía que había hecho mal al no decirle a Sakura que la amaba, fue un cobarde al proponerle matrimonio de esa manera, pero es que no podía hacerlo de otra forma, no tenía el valor...

Unos leves golpecitos a la puerta llamaron su atención.

—Adelante —se acomodó mejor sobre el colchón y sonrió un poco al ver quién entraba en estos momentos a su habitación—. Buenos días Hikari-chan.

—¡Buenos días príncipe Fye!

El rubio suspiró con algo de fastidio ante esa forma de llamarlo, no le gustaba que le dijeran "príncipe" además, Hikari pertenecía a ese grupo de fans que casi atropellan a Sakura en el mercado hace unos días. Había conseguido (Quién sabe cómo) trabajo en el castillo y ahora se encargaba personalmente de llevarle el desayuno, comida y cena a la cama, sí, a la cama, porque el muy necio siempre quería salirse de la habitación a escondidas, así que ahora lo tenían bien vigilado todo el día.

—Le traje su desayuno, yo misma lo preparé.

El rubio entornó los ojos, molesto.

Mentira, Sakura-chan lo preparó —dijo en su mente, estaba seguro de ello porque la castaña le había dicho una noche antes que no podría acompañarlo a desayunar debido a algunos asuntos que debía atender junto con su familia, algo con relación a una audiencia con los gobernantes del país vecino. Así que en vez de acompañarlo, le había prometido prepararle el desayuno y mandárselo con alguna empleada del castillo.

—Espero que le guste —puso la bandeja sobre la mesita de noche y comenzó a desdoblar la servilleta cuando de repente el rubio se sentó en la orilla de la cama—. P-príncipe Fye ¿Pero qué hace? —se sonrojó de pies a cabeza al verlo bien y notar que su bata del pijama (La que se ponía siempre antes de que Sakura llegara a visitarlo) estaba completamente abierta, mostrando la característica pijama favorita del mago: sólo ropa interior.

—Puedo desayunar con los demás, ya no necesito que me traigas el desayuno todas las mañanas —explicó con seriedad. Sakura ya le había dicho que tuviera cuidado con esa chica, todas las pertenecientes al grupo de fans estaban completamente locas.

—Pero no se arriesgue, por favor —puso ambas manos sobre los hombros masculinos, empujándolo un poco hacia la cama para que volviera a acostarse. Aunque más que un empujón, parecía que le acariciaba los brazos.

—Estoy bien —frunció el ceño—. ¿Me permites...

—¡No debe ponerse de pie! —hizo un mohín y al mismo tiempo lo empujó con cuidado hacia atrás. Mal momento, pues el mago se había hecho un poco hacia atrás para tomar impulso y levantarse, así que todo esa suma de fuerzas terminó en un mago semidesnudo, de espaldas al colchón y con una chica a horcajadas sobre él, con sus rostros demasiado cerca el uno del otro—. Oh... príncipe Fye... —suspiró, y en vez de ponerse de pie, se le acercó más, restregando todo su cuerpo contra el de él.

—Hikari, ¿Podrías por favor... —pero su tono autoritario fue interrumpido.

—¡Buenos días Fye! Me desocupé temprano y pude venir a acompañarte, ¿Ya desayu... —se quedó a medias cuando abrió completamente la puerta y los vio—. Oh... yo... lo siento, creo que mejor me voy —bajó la cabeza, ya no podía ver más esa escena frente a sus ojos—. Lamento interrumpir —y salió casi corriendo de ahí.

—¡Espera! ¡Sakura! ¡No es lo que crees! —se quitó a la chica de encima y salió corriendo de ahí (Sí es que a eso se le podía llamar correr)

La princesa ya había bajado las escaleras, para ese entonces la pobre ya iba corriendo. Ni si quiera se había detenido a analizar sus sentimientos, sólo reaccionó y se dejó llevar por la decepción y tristeza que la inundaron. Ni siquiera se percató de que había pasado justo al lado de su hermano y de Yukito.

—¡Sakura! —quiso ir tras ella, pero Yukito lo detuvo al notar que muy detrás venía Fye corriendo tras ella.

—No vayas con ella —le pidió el sacerdote. El príncipe de Clow frunció mucho el ceño, pero esa expresión fue rápidamente sustituida por una mueca de asombro muy chistosa al ver que cierto mago corría medio desnudo por los pasillos del castillo.

—Tranquilo, Touya —se adelantó a detener a su amigo, quien al ver cómo iba el rubio, estuvo a punto de perseguirlo para exigirle que se vistiera decente.

—¡Ese...! ¡Ese mago! —gruñó con los puños apretados.

OoOoOoOoO

La princesa se cansó de correr, sus pulmones no daban para más. Ni siquiera se había dado cuenta de que Fye la había seguido, simplemente había querido huir de allí, quería borrar esa imagen de su mente.

Después de esa larga carrera, había terminado en el bello jardín del castillo, justo ahora se recargaba en el tronco de un enorme sauce llorón. Resultó un buen lugar para sentarse, abrazar sus rodillas y despejar un poco su mente, aunque en esos momentos le era imposible, sentía cómo un nudo se apretaba cada vez más en su garganta. Algo húmedo de pronto cayó sobre su rodilla, venía de su rostro. Se llevó una mano a la mejilla y lo notó: estaba llorando, muchas lágrimas salían si fin de sus ojos.

—¿Por qué...? —abrió enormemente sus ojos—. ¿Por qué me siento así? —no soportó más ese cúmulo de sentimientos que se aglomeraban en su pecho y se echó a llorar en silencio, con ambas manos sobre su rostro. ¿Era justo decir que lo amaba? Si no era ese el sentimiento que le quemaba las entrañas y la empujaba a reaccionar como en ese momento que los vio juntos... ¿Entonces cuál otra podría ser la razón de esos profundo celos que la atacaron como nunca antes?

Sakura se enjuagó las lágrimas con el dorso de una mano y negó enfáticamente con la cabeza. No... ella no podía admitir que estaba enamorada de un chico que despreocupadamente le propone una promesa de matrimonio y a los días ya se está revolcando con otra. Aunque... Fye no era ese tipo de hombre, tal vez sí, había visto a través de la otra Sakura que Fye coqueteó una vez con aquella chica llamada Primera, pero nunca más había hecho algo similar y mucho menos algo tan fuerte como esto, o al menos nunca se dio cuenta.

—Qué tonta fui... —se limpió inútilmente las lágrimas, pues siguieron saliendo más y más.

No entendía por qué se estaba revolcando con Hikari, si la chica que dice amar está en otra dimensión, y esa propuesta de matrimonio... todo era una vil farsa. Fye era un mujeriego sin remedio y sin respeto por nada ni nadie. Lo peor del caso era que verlo con alguien más, había causado un fuerte impacto en la princesa, logrando así que se percatara del gran sentimiento que siempre albergó en su corazón. Ella lo amaba, sí, por eso le dolía tanto esta realidad. Tristemente se dio cuenta de su verdadera naturaleza, justo ahora que estaba tan feliz e ilusionada, incluso deseando no conocer a ningún hombre para que ambos terminaran casados.

Vaya ilusa.

Continuará...

N/A: ¡HOLA!
Esta edición la acabo de terminar, estoy retomando el trabajo de reeditar toda la historia, es por eso que apenas va en el capítulo 10 cuando en ya está terminada con 43 caps. (No los lean, son un asco jaja) Dupliqué la cantidad de palabras en este capítulo, agregué escenas que de verdad me parecen adorables y otras muy graciosas, como hacer que el rubio corra desesperado por los pasillos con sólo ropa interior y una bata JAJAJAJA eso fue lo que más me gustó, sin mencionar esa loca idea que tuvo Fye sobre casarse con Sakura ¿Fue lindo no?

De verdad, de verdad, de verdad espero saber sus comentarios acerca de esta historia, pues está totalmente cambiada (La trama es la misma, pero hay mejorías)

Si les gustó el capítulo, no duden en dejarme un comentario o incluso un mensajito, se los agradecería bastante y a decir verdad eso me da ánimos para escribir más rápido.

Saludos!