Gente el saludo es corto porque...tengo sueño y no quiero hacer un saludo jaja. Besos! El cap está SUPER largo, así que, vayan al baño, busquen algo de comer y luego lean jajaja.


Capítulo 9: De desencuentros.

Los vientos de otoño estaban a la vuelta de la esquina. Septiembre había llegado y con ello el inicio de un nuevo año de clases, lo cual en la casa, no influía a nadie más que a Leo. Éste estaba despierto desde hacía una hora dándose vueltas por la habitación sin poder dormir más. Los últimos dos meses habían sido una tortura. Todo había comenzado cuando Piper había terminado con él de una forma más o menos inesperada. Más o menos porque habían estado perfectamente bien durante mucho tiempo y, de repente, todo se ponía patas arriba en un lapso de una semana en donde la relación se acababa. Y no habían vuelto a hablar de eso, de hecho, ni siquiera se habían vuelto a hablar, en absoluto.

― Leo. ―susurró Paola abriendo la puerta de la habitación del chico, encontrándolo despierto― Venía a despertarte, el desayuno está listo. ―le sonrió maternalmente.

Él asintió. Esa mujer había sido como su madre, así como Víctor su padre, durante su estadía en San Francisco lejos de todo lo que conocía solamente por estar con Piper. Ahora que la tenía, no sabía qué seguía haciendo ahí, ¿La esperanza de recuperarla?, ¿El miedo a que algo le pasara y él no estuviera cerca? Entre otras cosas, porque también estaba la familia de ella. Sentía cariño tanto por Paige como por Prue, aunque no pasaba mucho tiempo con ellas como con Alex, Sophia, Matthew y Phoebe. La última era su mejor amiga, su hija era su ahijada y su hermano menor, alguien como su hermanito adoptivo: había estado en cada paso de ese muchachito al compartir el techo con él.

Pero sin duda, la razón por la que esas personas significaban algo para él era porque al quedarse ahí para Piper había tenido la oportunidad de conocerlos y hacerlos su familia. Porque Piper era su corazón, no importaba la forma en que lo tratara ni la manera en que se escapara de él fingiendo que nada le pasaba. Él la amaba desde el primer minuto en que la había visto. Aún recordaba su primer día de escuela en la Golden School.

Ese día había pasado toda la hora de exposición de biologia siguiendo al guía. Leo Wyatt era una persona tímida, bastante, y encontrarse en un país en el que hacía años no estaba y con gente que no conocía lo ponía aún más nervioso; pero ya era hora de una nueva clase, lo que significaba que iban a presentarlo y tendría que, sí o sí, hablar un poco. Iba por el pasillo caminando parsimoniosamente, haciendo su mejor esfuerzo para llegar temprano y pasar desapercibido, pero al mismo tiempo no llegar mucho antes para no tener que entablar conversación con nadie, cuando sintió que algo o alguien daba de lleno contra su pecho.

― ¡Cuidado!

― ¡Perdón!

― ¿Estás bien?

― Sí, sí, lo siento debo, debo irme. ―comenzó a trastabillar sin haberlo mirado a la cara hasta ese entonces, y olvidándose de su prisa para detenerse a observar al guapo joven que tenía en frente― Phoebe Halliwell. ―se presentó, tendiéndole la mano sin poder evitar sonreírle de forma coqueta, algo que puso al joven un poco incómodo, pero al mismo tiempo le hizo gracia.

― Leo, Leo Wyatt. ―respondió aceptando su mano con una sonrisa cálida.

Phoebe se quedó contemplándolo sin disimular, en su pose más seductora y naturalmente poco tímida cuando se trataba de chicos por conquistar. Él en tanto esperaba a que dejara de mirarlo así, fijándose en el piercing que tenía en la nariz, el flequillo que casi le taba toda la cara y lo transparente que parecía su blusa.

― ¿Eres nuevo aquí?, Nunca te había visto.

― Eh...sí, o sea, llegué hoy. ―respondió, mirandosu reloj y un poco confundido con las intenciones de la bonita, pero alzada niña, que tenía en frente― De verdad me gustaría conversar más contigo pero, ya es tarde y tengo clases con el señor Branham; dicen que es estricto.

― Sí, lo es. Pero...si eres un buen chico, ―agregó, poniendo una de sus manos sobre el pecho de Leo, como tigre sobre su presa, permitiéndole a él ver la pintura negra de sus uñas― No tendrás problemas...Adiós, Leo. ―finalizó a modo de despedida, sonriendo con cierta picardía y guiñándole un ojo antes de voltear, hacer que su mini falda amenazara con enseñar de más y salir de ahí sin dejarlo responder.

Él se quedó un tanto desencajado, sin entender demasiado qué había ocurrido hace pocos segundos con la tal Phoebe Halliwell.

― Qué chica. ―murmuró un tanto avergonzado, siguiendo su camino por el pasillo en busca del salón cinco.

Leo sonrió ampliamente al recordar eso, ¿Lo haría Phoebe también? Era difícil imaginársela como su novia o siquiera en una cita como quizás pretendió ella en el pasado ¡Esa Phoebe!, sí que había cambiado, pero lo que más le había marcado aparte de conocer a la que era su confidente ese día, era haber visto la cara de Piper por primera vez...

― Buenos días chicos, hoy les quiero presentar a un alumno nuevo. Algunos ya lo divisaron en la clase de biología, pero al haber exposición, el maestro Carter no alcanzó a presentarlo, por lo que deberé hacerlo yo. Bueno, quiero que le den la bienvenida al señor Leo Wyatt, ―anunció, mientras le indicaba con una señal que pasara al frente― El chico tiene 16 años y viene de España, ¿Desea decir algo, señorita Moore?

― Sí señor Carter, ―dijo Michelle, con aire de suficiencia― ¿El señor Wyatt, tiene novia?

El maestro rodó los ojos y se encogió de hombros, cediéndole la palabra a Leo.

― No, y no estoy interesado. ―respondió con una sonrisa dulce y sin intención de sonar grosero o humillante, pero bajando a Michelle de su nube a una velocidad vertiginosa.

― Ah, bueno. ―respondió ofendida y humillada por su propio ego― ¿Qué se podía obtener de un Español que no ostenta el glamour y la frescura para vislumbrar nada acerca de una prodigiosa chica de California? me parece bastante lamentable por lo demás, ya que está disipando de una gran aliada, señor Wyatt. ―dijo, tratando de hablar en inglés de la forma más rebuscada y difícil para poner a Leo en vergüenza, lo cual no le funcionó demasiado, ya que su vocabulario no era muy bueno y no hizo más que autohumillarse otra vez.

Leo estuvo a punto de interferir, o más bien, de ir a sentarse; no le llamaba la atención discutir, pero justo en ese momento una voz captó su mirada y la del resto. La dulce voz de Piper, la cual oía por primera vez y nunca en su vida podría olvidar.

― Más lamentable es que te burles de Wyatt de esa forma, ―interrumpió, sorprendida de sí misma al hablar en público, y por sobretodo, al estar desafiando a una de las chicas más poderosas del colegio― Me parece vergonzoso que le hables de esa manera a propósito, sólo para que no entienda y dejarlo en vergüenza por no interesarse en ti. No entiendo cómo puedes ser tan cruel e insoportable, no te ha hecho nada y te estás encargando de juzgarlo por no hablar inglés. ―se quejó, notando la cara de sorpresa en otros que oían su voz por casi primera vez, y también en Michelle, quien jamás había cruzado un monosílabo con ella en toda su vida.

Cuando Michelle estaba preparándose para contestarle algo increíblemente ofensivo, vengativo e hiriente a la "nerd" que se había atrevido a hablarle en ese tono, Leo interrumpi: le debía eso a la jovencita que lo había defendido, y quizás así podría, más tarde, intercalar un par de palabras con ella.

― Muchas gracias, señorita. ―interfirió, con un perfecto inglés― Pero si entiendo, he vivido en España muchos años, pero soy estadounidense. Entendí cada palabra de la señorita, también su intención. ―dijo, terminando lo que tenía que decir y volviendo a su asiento, enviándole una dulce sonrisa a Piper desde su posición, la cual la hizo suspirar de manera mental y a Michelle, retorcerse de la envidia.

La sonrisa de Leo se disvolvió. Se preguntaba si ahora Piper sería capaz de mover un dedo por él, se preguntaba por qué ya no lo quería, ¿Qué había pasado? Antes, cuando cosas así pasaban él sabía que era por una cosa entre ella y su propia enfermedad, por peleas con Michelle, por la situación en la casa, ¿Pero y a hora?, ¿Qué era lo que estaba entre medio de ambos ahora?, ¿Qué había pasado con la dulce chica que seguía sonrojándose hasta en el más sútil de los besos?

Al final del día, Piper y Leo habían conversado muy poco, ya que cada maestro se había dedicado a darles diez mil cosas que hacer, pero cuando estaban preparándose para irse a sus casas, él encontró la oportunidad de acercarse a ella para conocerla un poco más.

― Eh, ¡Piper! ―dijo, notando que había tenido la suerte de que su casillero se encontrara a tres más del de la chica.

― ¡Hola! ―respondió devolviéndole el saludo, algo tímida y sonrojada, sin saber cómo seguir la conversación, menos con un chico y menos con uno en el que Michelle había puesto el ojo encima― Eh...lo siento por, por Michelle ella, ella es así y...

Él se sonrió al ver lo nerviosa que estaba al hablarle y le pareció increíblemente tierno que estuviese a punto de ponerse a tartamudear, así que intervino antes de que le diese un colapso.

― No te preocupes. Muchas gracias por defenderme ―expresó, con una encantadora sonrisa que puso más nerviosa a Piper― Quisiera saber cuándo vamos a juntarnos para hacer el informe de español ―continuó, tratando de buscar un tema que no hiciera que su compañera enrojeciera al hablar; parecía no ser muy sociable.

Ella dejó caer uno de sus cuadernos entre su torpeza producto de la conversación con Leo, y mientras lo intentaba recoger, se le caía otro, y otro, hasta que él intervino y los tomó todos para dejarlos nuevamente sobre sus brazos.

― Cuando...cuando tengas, un, algún minuto libre...sólo, sólo dímelo ―respondió, volteándose de inmediato a fingir que tenía algo en su casillero para ocultar la cara de vergüenza que sabía que tenía, la cual le hacía sentir más avergonzada.

― ¿Te parece el jueves en la tarde?, Aún tengo cosas que arreglar en casa, y bueno, ese día no tengo nada que hacer.

― El jueves entonces.

Leo la vio esconder su cara en el casillero para no dejarle ver lo rosadas que estaban sus mejillas, y sonriendo débilmente se fue de ahí pensando en ella.

Se sacudió el cabello, ¡Cuánto daría porque Piper volviese a tirar todo lo que tuviera a su alcance cuando lo veía pasar!, cuánto daría por dejar de pensar en su relación con ella como un recuerdo...por oír su voz hablándole con dulzura, por verla cruzar la puerta casi a diario solamente para darle un beso y no decir nada más, disfrutando del simple hecho de estar a solas. Cuánto daría porque el famoso Dan jamás se hubiese mudado al frente. Piper y él no estaban juntos hasta donde él sabía, y quizás jamás lo estuvieran, pero él tenía perfectamente claro que el tipo tenía sus ojos fijos en ella y que ella, parecía no molestarse por eso.

Suspiró y le dio un golpe a la almohada. Odiaba despertarse así de frustrado, odiaba sentirse así de perdido, ¿Por qué siempre tenían que terminar mal las cosas entre ella y él cuando parecían estar perfectas?

Abajo, Víctor revolvía su café mientras alimentaba a Alex en tanto Paola armaba la bandeja para su suegra, cuando vieron la figura de Dorothy aparecer.

― Buenos días. ―les saludó sentándose a la mesa.

Marido y mujer se miraron antes de responder, en tanto Alex aplaudía ante la presencia de su amada abuela; la madre de Víctor podía ser un dolor de cabeza cuando quería, pero también la persona más dulce de la tierra y así era con el único a quien consideraba su nieto.

― Hola. ―saludó Víctor― ¿Qué haces en pie mamá?, ¿No deberías guardar reposo?

― Ya me cansé de estar arriba, dos meses es suficiente tiempo. ―le dijo tomando una tostada.

― Si se siente bien para mi no hay ningún problema. ―le dijo Paola a Víctor, quien parecía un poco nervioso al saber que ahora su madre desfilaría por la casa libremente, ¿Y si se encontraba con Leo?

― Buenos días. ―dijo el susodicho trotando escaleras abajo antes de acercarse a la mesa y tomar un pastelito, sin fijarse en la persona extra.

― Saca una servilleta, no seas maleducado. ―le reprendió Dorothy, haciéndolo notar que también estaba ahí.

― Oh, buenos días señora Dorothy. ―le saludó atragantándose un poco.

― Cariño, ¿Por qué estás tan apurado? ―le preguntó Paola dándole unas palmaditas en la espalda.

― Le dije a Phoebe que iría por ella esta mañana, no tenía con quien dejar a los niños y los cuidaré hasta que terminen sus clases.

― No vas a traerlos aquí, ¿Verdad? ―le dijo la anciana, mirándolo con cara de pocos amigos.

― Ese era el plan, siempre cuido de Alex cuando Paola tiene pacientes y sus vacaciones terminaron la semana pasada. ―le dijo sin inmutarse, o haciendo lo máximo posible para no hacerlo.

― A mi nieto lo cuido yo, querido. ―le dijo con tono despectivo.

― No puedo dejarla sola con tres niños. ―insistió Leo.

― Dije a mi nieto. Los otros no tienen nada que ver conmigo. ―se defendió.

― Si tienen. Phoebe es su nieta, ellos sus bisnietos. ―discutió Leo.

― Entre más lejos se encuentren de mí, mejor. ―resolvió la mujer levantándose de la mesa camino a su cuarto.

Leo y Paola le dirigieron una mirada a Víctor, quien decidió hacerse el desentendido mientras terminaba de darle desayuno a su hijo menor. Había tratado de convencer a su madre apenas un par de veces porque cada vez que intentaba hablarle del tema, se enojaba y dejaba de hablar. O fingía que estaba sorda, o gritaba, o...siempre terminaban en nada. Era por eso que hacia casi ocho semans que no se relacionaba con sus hijas. La situación era tensa entre ambas casas, primero por la presencia de Dorothy y su profundo desprecio hacia Prue, Paige, Phoebe y los niños (ya que por Piper solos sentía indiferencia) como por la ruptura entre Leo y esta última, algo de lo que nadie había conversado por lo incómoda de la situación. Pero ese día los horarios cambiaban, las niñas volvían a la escuela, Leo también y Phoebe necesitaba más ayuda que nunca ahora que la universidad le quedaba muy lejos de la Golden School como para dejar ahí a los niños, ya que había decidido que no quería cargarle a Paige ninguna responsabilidad de ir a dejarlos o a buscarlos, menos ahora que la odiaba.

― ¿Por qué siempre se me pierden los calcetines? ―se quejó Phoebe mirando para todas partes a ver en dónde había dejado el calcetín derecho de Matthew.

― Porque estás histérica. ―le dijo Piper revolviendo los huevos antes de acercarse al tarro de espátulas en donde estaba la prenda colgando― Toma.

―No estoy histérica. ―le respondió a modo de gracias― Hija, con cuchara. ―le pidió a Sophia, entregándole una, quien estaba tomando las frutas con las manos y se acababa de manchar su blusita― ¡Pero si te la acabo de poner! ―se quejó.

― Yo me encargo. ―dijo Piper mucho más relajada que su hermana, apagando el sartén y tomando a su sobrina en brazos para ir en busca de algo nuevo que ponerle.

Phoebe siguió tratando de ponerle los zapatos a Matthew, sin notar que estaba poniéndolos en el pie equivocado y que esa era la razón por la que el niño se los sacaba. Sintió que alguien le quitaba las dos zapatillas de las manos y vio a Paige ponérselas a su sobrino antes de darle un beso en la frente y salir de la cocina, pasando de largo cualquier saludo o despedida. Lo único que se pudo oír fue un portazo, y luego, un comentario de Piper.

― Se tomó muy en serio su amenaza. ―dijo sentando a Sophia en su sillita, junto a su hermano.

― No me hace gracia. Esto es culpa mía. ―le respondió angustiada, olvidándose de su prisa o nerviosismo.

― No es que lo hagas para lastimarla. ―le dijo Piper, sentándose e invitándola a hacer lo mismo― Quieres protegerla, eso es todo.

― ¿Qué pasa si por protegerla terminamos haciéndole más daño? ―preguntó masajeándose las sienes― Piper, esto se está saliendo de control. ¿Recuerdas hace cuánto tiempo no visita a Prue?, ¿Cuándo fue la última vez que se sentó a comer con nosotras? Está convencida de que esto es una guerra entre nosotras y ella, y si es así nos está ganando.

― Quizás Prue tenía razón y no estoy lista para lidiar con su crianza...

― O quizás Paige tenga razón y debamos contarle todo. ―dijo Phoebe mirándola a los ojos con temor, mordiéndose los labios.

― ¿Serías capaz de hacerlo? ―le preguntó Piper― ¿Crees que puedas lograrlo, Phoebe?

Su hermana se quedó en silencio. No, no se sentía capaz. Aún le costaba hablar del tema de manera abierta con la gente que lo sabía, no se imaginaba conversándolo con Paige. No podía destruir la poca fe que le quedaba en el mundo, no quería hacerlo.

― No es tu culpa. ―le repitió Piper.

Phoebe asintió de mala gana y tomó una taza de café.

― ¿Por qué estás tan nerviosa? ―le preguntó Piper, cambiando de tema.

― Por nada. ―mintió, sin querer decirle que era porque estaba casi ciento por ciento segura de que iba a terminar encontrándose con Cole esa mañana. Y prometía que no tenía idea qué iba a hacer al respecto, durante los últimos días él la había estado evitando...bueno, decir evitando era darse demasiada importancia ya que si no lo había visto era porque estaba afuera de la ciudad todavía, pendiente de su caso.

― Claro. ―le dijo sin creerle― Es tu primer día de universidad, aún no encuentras una guardería que no odies sin haber siquiera entrado a ella y vas a dejar a los niños a cargo de Leo en la misma casa en donde está la bruja de nuestra abuela.

― Me siento más tranquila, gracias. ―respondió dejando su taza de lado.

― Todo saldrá bien. ―le aseguró Piper abrazándola tiernamente― Vas a ver. Sabes que dejarlos con Leo es como dejarlo con cualquiera de nosotras, ha estado ahí desde que nacieron y antes. En mejores manos no van a estar.

― Y todavía no entiendo por qué lo dejaste entonces. ―le recriminó, haciendo que su hermana se soltara de ella de inmediato y se devolviera hasta la mesa.

― Te dije que no importaba. ―respondió cambiando de humor.

― Claro que importa. ―insistió Phoebe― Porque si tú no lo quieres, aprovecho el espacio vacío. Se parece a los niños, la gente nunca sabría que no es su verdadero padre. ―dijo con malicia, solamente para ver a Piepr reaccionar.

― Ja, ja, ja. ―respondió con algo de amargura.

― Oye, si te estoy preguntando no es de chismosa. Me preocupo por ustedes. Tú eres mi hermana y él mi mejor amigo, necesito saber que los dos están bien.

― Lo estamos, o lo estaremos. ―le sonrió con dulzura― Ahora come algo que no te haga vomitar con la agitación, yo termino de preparar a los niños. Entro a las tres, tengo más tiempo que tu.

― De acuerdo. Pero sólo me calmaste por las siguientes veinticuatro horas. ―le advirtió sentándose a masticar su comida.

― Yo voy. ―dijo Piper al oír el timbre de la puerta, cruzándo rápidamente a ver si es que era Paige, aunque pensándolo bien, ella tenía llaves, ¿para qué tocaría?

Al abrir se encuentro con Leo, quien al darse cuenta de que era ella cambió su expresión a una más seria.

― Buenos días.

― Buenos días. ―respondió tosiendo despacio. Hacía mucho que no cruzaban palabra, de hecho, para su cumpleaños él no había ido y para de Paige, el que celebraron sin ella porque no quiso estar, no se habían saludado, simplemente habían pasado de largo el uno del otro.

― ¿Phoebe? ―le preguntó tratando de cortar el momento tenso.

― En la cocina, pasa.

Ambos emprendieron rumbo sin mirarse o decirse nada, encontrándose con el único punto en común que tenían en ese momento.

― Todavía no estoy lista. ―le dijo Phoebe, mirándolos a ambos con cara de circustancia.

― Te espero. ―dijo Leo sentándose a su lado.

― Terminemos de comernos esto...―murmuró Piper, dándole las últimas cucharadas de ensalada de frutas a Sophia.

En la casa de Prue y Andy, las cosas continuaba con la misma armonía con la que habían comenzado. No habían tenido más que una o dos discusiones tontas, nada importante. Habían estado visitando la vieja mansión bastante seguido, ya que aún les faltaban cosas que comprar para su departamento y además la nostalgia que Prue sentía era demasiada como para pasarla por alto. Había sido así como se había enterado de la discusión entre Paige y Phoebe, y por mucho que le doliera tener que "elegir" entre una hermana u otra, apoyaba la decisión de mantener el secreto vigente, a pesar de que eso pudiese significar ganarse el odio de las más pequeña de todas, al menos mientras encontrara alguna solución al respecto.

― ¿Lista para el primer día de clases? ―le preguntó Andy, solamente por el gusto de molestarla ya que él se encontraba trabajando con su carrera ya completa.

― Gracioso. ―resongó Prue, demorándose en la toma de su tercer café― lo único bueno de esto es que podré ver a Piper y Phoebe más seguido.

― Lo que por supuesto no soluciona lo de Paige y eso te sigue trayendo estresada.

― Adivinas. ―respondió quitándose la taza de la boca solamente para responder, luego bebió otro sorbo.

― Prue, preocupándote y tomándote toda la cafetera no va a solucionar nada, lo único que causa es que tenga que hacerme otra para mí. ―se quejó bromeando― Contigo adentro o fuera de la casa la situación sería la misma. Piper está haciendo lo mejor que puede, pero la única que realmente puede cambiar las cosas es Phoebe.

― Pero no va a hablar. Ya lo decidimos.

― Creo, sinceramente, que deberían dejar de participar en comunidad en este tema. Dejen a Phoebe decidir qué hacer.

― Eso no va a pasar Andy. Es una niña todavía, las dos lo son. Nos costó esfuerzo, sangre y lágrimas llevarla a donde está para que ahora todo se desmorone de nuevo, ¿No has pensando en la cantidad de recuerdos que pueden volver a aflorar?, Paige tiene que entender que su vida con la de Phoebe no están relacionadas y que si su hermana le está diciendo que no sabe quién es el imbécil del padre, es porque no sabe.

― Pero si sabe.

― Pero Paige no.

― Si Paige no sospechara de algo o tuviese una idea, aunque fuera incorrecta, no estaría haciendo el escándalo que está armando. ―le advirtió.

― Paige no puede sospechar nada porque no hay ningún tipo de prueba. Todos los papeles desaparecieron, él no aparece en el registro de los mellizos ni en el de nadie. Está muerto, seco.

― En libertad en alguna calle del mundo que no sea en Estados Unidos. Algún día van a tener que reabirr esa herida Prue, ya sea por el bien de Paige o de los mismos niños.

― Pareciera que hablaras de una persona a la que no conoces, Andrew. Estamos hablando de mi hermana menor, de Phoebe. ¿Acaso no recuerdas cómo lo dejó ese imbécil?, ¿Se te olvida lo que intentó hacerme a mí?, ¿La presión sobre Piper?, ¿Relamente quieres que abramos esa puerta Andy? No voy a permitir que ni Paige, Matthew o Piper tengan que enfrentarse a lo que nosotras si tuvimos. Ni ahora ni nunca.

Ambos se quedaron en silencio, hasta que Prue hizo otro comentario.

― Me hace sentir extraña saber que es el primer día de clases de Paige y yo no fui a dejarla...

― Sigues siendo su apoderada, ¿No?

― Sí, pero Paige no es del clase de niña que se la pasa acampando en la oficina de la directora.

― No, no lo es.

Cruzando la calle Prescott, una vez que había terminado de alimentar a Sophia, Piper había casi escapado de la casa. Estar en presencia de Leo la ponía algo nerviosa, o más bien, incómoda. Todavía no entendía muy bien qué había pasado entre ambos ni por qué habían terminado, solamente que había sentido que debía hacerlo, lo que no quería decir que no le doliese. Habían estado juntos mucho tiempo y pasado por cosas realmente difíciles, para terminar así de simple, de un día a otro, ¿Por qué?

― Las Halliwell no estamos hechas para el amor...―se susurró, pensando en el fracaso matrimonial de su madre y en los tres intentos fallidos de su abuela luego de la muerte de su abuelo. Y sin darse cuenta, estaba de pie con su dedo sobre el timbre de la casa de al frente.

Miró para todos lados, ¿En qué momento había tocado?, ¿En qué pensaba? Y decidió voltear para irse, fingir que no había sido ella, pero Dan parecía estar saliendo a esa hora y antes de poder reaccionar, lo tenía cara a cara.

― Buenos días. ―le dijo con algo de sorpresa, pero visiblemente contento.

Piper carraspeó algo sonrojada y devolvió el saludo casi inaudiblemente, aún con la mano apoyada en la puerta. Dan la observó retirar su brazo descubierto, fijándose en algo que nunca había visto antes.

― ¿Qué te pasó ahí? ―le preguntó de inmediato.

Piper frunció el ceño sin entender, y él le tomó la muñeca del brazo izquierdo para enseñarle una cicatriz que se marcaba en ella. La chica comprendió; para ella no era nada fuera de lo común ya que estaba acostumbrada a vivir con ese recuerdo de su intento de suicidio, incluso no solía notarlo en su vida diaria excepto cuando algo le hacía recordar esa triste etapa de su vida y se sentaba a observar la marca de guerra, de la guerra que había ganado.

― Cuando era niña, Phoebe y yo nos escapamos a jugar y me tropecé. Me rasguñé con unas rejas que estaban rotas, y me quedó eso. ―mintió rápidamente, tenía esa mentira preparada hace mucho para quien fuera que le preguntara qué significaba esa línea cruzando su piel. No pretendía contarle a nadie sobre su enfermedad ni colapso, porque no quería que eso fuera foco de llamado de atención ni tema de conversación. Le bastaba con su familia.

Dan soltó su mano y se descubrió un poco la camisa para mostrarle una que tenía él.

― Por jugar a tirarme de un cerro hasta abajo en la bicicleta. Sin manos. ―se rió― Dolió mucho.

Piper le sonrió y se contagió con su risa. Se sentía bien con él, y le había gustado que no hubiera hecho más comentarios acerca de su cicatriz.

― Tengo que irme a trabajar...―dijo Dan con algo de decepción― Pero, ¿Te gustaría pasar más tarde? Cole y yo vamos a comprarle lasaña a Jenny para felicitarla por su primer día de clases. Es difícil para ella, sabes, estar lejos de su casa y de sus padres...

― Me encantaría pasar. ―asintió enternecida― pero, ¿Qué te parece si mejor van a mi casa? Yo podría preparar la lasaña y así aprovechamos de conocernos un poco más. Para Paige también son muchos cambios, no solamente este año sino los últimos tres y a lo mejor sería buena idea tratar de animarla un poco...aunque es posible que ni siquiera quiera estar en la misma mesa que nosotras...―suspiró con desgano.

― ¿Por qué?

― Problemas familiares, nada que podamos hacer. ―se encogió de hombros― ¿Qué dices, vienen?

― No quiero molestar, en serio...

― Al contrario. ―sonrió Piper dándole confianza― Prometí a Prue que mantendría equilibrio en la casa, y esta es una forma de hacerlo. Además, hacerse amiga de los vecinos siempre es buena idea, sino, ¿Quién me va a prestar sal cuando me haga falta?

Dan le sonrió y Piper se retiró el flequillo, escondiendo un poco tras su oreja. Ambos se miraron a los ojos detenidamente durante unos segundos, hasta que sin aviso, cortaron la conexión visual que tan cómodos los había hecho sentir.

― Nos vemos en la noche. ―se despidió Dan.

― Nos vemos en la noche. ―le dijo Piper, inclinándose para plantarle un suave y tímido beso en la mejilla antes de trotar a su auto en dirección al supermercado.

Dan se quedó de pie en la puerta de su casa mirándola desaparecer del barrio. Sintió una mano sobre su hombro.

― ¿Nos vemos esta noche? ―le preguntó Cole.

― ¿De qué te quejas? ―contraatacó Dan― Tienes más ganas de estar en esa casa que ninguno de nosotros. ―le dijo con tono pícaro.

Cole cambió la expresión de su cara, de divertida a seria, y se subió al auto.

― Dile a Jenny que si no se sube ahora, me voy sin ella. ―advirtió de mala gana mientras Dan se reía de él en su cara.

Paige apoyó sus pies a unos cuantos metros de distancia desde la escuela. Se había ido caminando. No tenía auto como sus hermanas, por lo general ellas la iban a dejar a todos lados pero ahora que Phoebe ya no estaba con ella, había perdido su medio de transporte y, a pesar de que la hubieran ido a dejar sin problemas y con mucho gusto, ella no quería nada con ninguna de las dos hermanas con las que viviía. La verdad no quería nada con ninguna de las tres. Suspiró y se sacudió el cabello. Las cosas habían cambiado mucho, demasiado en muy poco tiempo. Aún recordaba su primer día de clases de la mano de su abuela, no tenía más de cinco años y todo parecía nuevo y excitante...solía mirar a las figuras de Prue, Piper y Phoebe y desear ser tan buenas como ellas en las áeras en las que cada una destacaba: liderazgo, intelecto, deportes.

Hoy agradecía no compartir su apellido, cosa que había deseado casi toda su vida. Por fin había entendido por qué no lo hacía: porque no era como ellas y jamás iba a a serlo.

Nunca.

El timbre sonó. Sabía que tenía que entrar, pero no tenía ganas. Los nuevos populares, en los cuales no había nadie de la época de Prue y ahora eran dirigidos por los que en ese entonces eran los "nuevos" estaban saludando a todo el mundo con sus trajecitos de porristas y deportistas connotados. De los nerds de la era de Piper quedaban pocos, pero aún algunos; de los que más quedaban eran de las voleybolistas de Phoebe, y a pesar de que los rebeldes solían repetir cursos y cursos, de los que solían salir con su hermana ya no quedaba nadie. Ni siquiera John. Veía a todo el mundo revolotear y hastiada, dio un paso adelante con un deje de esperanza: ahora ese lugar era suyo. No había nadie con quien pudieran compararla en vida real, quizá en recuerdo, pero al menos no tendría que soportar la presencia de sus hermanas invadiendo su metro cuadrado desde las ocho hasta las cinco de la tarde.

No todo era tan malo después de todo.

Pasó de largo a donde debería estar su nuevo casillero según la hoja en donde tenía anotadas sus clases, profesores y más detalles que en realidad no le importaban. Caminó tan lento como pudo, si llegaba tarde a la clase era mejor para ella: corría suerte de irse a castigo durante unas horas, lo que la haría feliz al no tener que escuchar a nadie ni comunicarse con Glen; últimamente se le hacía terriblemente difícil hablar con él. No era culpa del muchaco, él era magnífico, ¡Un ángel!, Su mejor amigo...pero ella, ella si había cambiado.

Odiaba muchos aspectos de la persona que era hoy, no de la Paige que era con sus hermanas porque se lo merecían, sino de la Paige que era con gente como Glenn y la estúpida mosca muerta de Jenny, ¿Qué culpa tenían ellos? Ninguna, pero ella tampoco tenía la culpa de nada y tenía una vida miserable.

La vida no era justa.

Ella tampoco tenía que serlo. Estaba cansada de que le pidieran más de lo que podía dar, más de lo que los demás estaban diespuestos a darle a ella.

― Química. ―refunfuñó― pasé todo un año esforzándome con biología para que este año me la cambien por química.
No hizo ningún esfuerzo en ordenar su casillero y se dio una vuelta entera por el colegio antes de entrar a su salón. Al hacerlo, el maestro ya hablaba y algunas personas estaban cambiándose de asiento.

― Buenos días señorita Matthew, un gusto verla. ―le dijo un profesor que nunca le había hecho clases, pero si a Piper.

― Buenas. ―dijo con cara de pocos amigos pasando de largo.

― Trabajo en parejas, elija a algún compañero y comience a trabajar en la página 12. ―le pidió el profesor aún amable― Su hermana Piper era brillante en esta clase, la mejor alumna que he tenido en años. Tengo grandes expectativas para con usted, Paige.

La chica lo miró y alzó una ceja, sin saber si reír o llorar: error, siempre estarían las demás en todo lo que ella intase hacer, un paso adelante y en mejor calidad.

― Loco. ―se quejó sentándose en la primera silla, pasando a llevar a la chica de al lado.

― Patético. ―le respondió ésta― ¿Electrólisis? ―se burló― Hay cosas más interesantes que hacer que jugar con un poquito de agua en una pecera.

Paige no le respondió, no tenía ganas de hablar con nadie, menos con la confianzuda de la chica de cabello castaño junto a ella.

― Conozco al tipo, siempre se distrae. Si nos movemos rápido, nos escapamos de aquí antes de que se de cuenta. La verdad, aunque lo hiciéramos en su cara no se daría cuenta. ―resolvió mirándose las uñas.

Paige lo pensó, pero no alcanzó a decir nada al ver a una figura de cabello rubio, ojos azules y cara pecosa conversando con su mejor amigo, ambos acercándose a ella desde el fondo del salón.

― Te sigo. ―le dijo tomando sus cosas.

Ambas se hicieron espacio entre la gente buscando pareja para salir del salón. Una vez en la puerta, se echaron a correr hasta las famosas gradas de la escuela para poder esconderse sin que nadie las viera ni las hiciera regresar a clases.

― Me agradas. ―le dijo la creadora del plan de escape.

― ¿Qué tienes ahí? ―preguntó viéndola rebuscar algo en su mochila.

― Cerveza, ¿Quieres? Hace calor. ―dijo destapándola de un solo movimiento antes de ofrecérsela.

Paige titubeó. La joven tenía razón: hacía mucho calor. Además estaba aburrida...y, ¿No era parte de las maldades y travesuras beber un poco?

― No seas niñita, Matthews. ―le alentó, bebiendo un sorbo.

― Salud. ―dijo quitándole la botella, esperando a que dijera su nombre.

― Por Michelle. ―se presentó.

― Salud por ti, Michelle. ―dijo dando un sorbo antes de devolvérsela.

― Salud por ti, Paige Matthews.

Phoebe iba por el campus con su mochila en la espalda y el teléfono en la mano. Era la décima vez que llamaba a Leo en el día, sólo para confirmar que todo iba en órden. Le costaba mucho separarse de sus hijos, ya había sido un drama cambiarse a la habitación de Prue y dejarlos solos en la que alguna vez fue suya, esto de tenerlos lejos geográficamente también era un dolor de cabeza. Pro su parte, los niños habían estado bajo su cuidado y la compañía de Alex, por mucho que a Dorothy le pesara, claro que ésta no se había metido a la habitación de su hermanito menor en donde estaban los juegos ni menos salido al patio cuando Leo los sacó a los columpios.

― No te olvides de darles la medicina para la alergia. ―le recordó.

― Phoebe, tengo la lista de instrucciones pegada en la pared de mi cuarto. No es primera vez que hago esto ni será la última. ―le recordó, tratando de no estresarse.

― No quiero que se te olvide, eso es todo.

― Si hubiera tenido esperanzas de hacerlo, me hubiera acordado con el recordatorio de la llamada número uno, cuatro, seis, nueve y ésta.

― Lo siento, lo siento. ―dijo algo avergonzada, tratando de encontrar su salón― Te debo una.

― Solamente relájate, ¿A qué hora dijiste que salías?

― A las doce tengo una ventana, pero no alcanzo a ir y volver. A las cuatro estoy desocupada.

― A esa hora te espero, con los niños. Ahora corta la llamada y adiós, te quiero.

― Y yo. ―refunfuñó― Leo, gracias por todo. Sé que no estás en tu mejor momento y lamento mucho lo que está pasando entre...

― Ni lo digas. ―le interrumpió― Ve a clase, después me cuentas cómo te fue.

Phoebe asintió y lo siguiente que escuchó fue el tono de llamada finalizada. Guardó su teléfono y entró al salón con el nombre que le indicaba su horario de clases. Habían muchas personas, todas de distintas edades aparentemente, quizás por ser el curso electivo.

― Disculpa, ¿Está libre este asiento? ―preguntó ocupando un puesto cerca de la tarima, cosa de estar cerca de quien fuera a dar la clase.

― Sí. ―respondió la chica a su lado, sin tomarle más asunto.

El salón comenzó a llenarse más de lo que estaba y en poco tiempo, el profesor apareció en la parte de adelante seguido de una cara familiar.

― Cole. ―dijo respirando por la boca, tapándose la cara con un cuaderno intentando irse al asiento de más atrás, pero las luces se apagaron y el proyector comenzó a mostrar imágenes en la pantalla blanca, por lo que tuvo que quedarse en donde estaba― "Al menos no puede verme" ―se dijo a sí misma, esperando a que la hora se terminara.

Más tarde, cuando las luces volvieron a encenderse y fueron libres de retirarse, se puso de pie para salir. Miró para adelante y no vio ni al profesor ni a Turner, para su buena suerte Cole no había dicho nada en toda la clase, lo más probable era que no fuera más que un ayudante o algo por el estilo.

― Permiso, permiso. ―pidió tratando de pasar por entre la gente parloteando al rededor, y cuando al fin logró salir, lo encontró detenido en la puerta.

Cole, quien estaba conversando con una compañera no sabía si acercarse o no. Por educación debía hacerlo, pero por alguna razón le cohibía un poco. Una razón fuerte: ella era técnicamente un problema. Él tenía grandes planes a futuro, enormes, y si llegaba a casarse tendría que ser con una mujer tan importante como él pretendía llegar a ser...sino era para casarse, no le interesaba tener una relación estable con ninguna mujer que lo distrajera de sus metas. Pero ésta estaba poniendo en riesgo todos sus planes.

― Hola. ―le dijo sin pensar, haciendo que Phoebe se detuviera y se girara un poco.

― Hola. ―le sonrió con nerviosismo― Interesante clase.

― Sí, algo. ―comentó tosiendo un poco.

Se quedaron callados mirándose las manos ella, los pies él.

― Creo que ya tengo que irme. ―le dijo Phoebe.

― Es hora de comer, ¿Vas a casa? ―preguntó recordando a los niños por un instante.

― No alcanzo a ir y volver...―le explicó sin saber por qué― Por lo general lo hago, ya sabes, para pasar tiempo con los niños...

Cole asintió, guardándose las manos en los bolsillos.

― ¿Cuántos años dijiste que tenían? ―preguntó sin subir el tono de su voz.

― Dos años y medio. ―respondió empezando a caminar despacio mientras él la seguía― Cumplen tres el 30 de marzo.

― ¿Y tu...?

― ¿Quieres sacar la cuenta? ―preguntó alzando una ceja.

― No, no, era curiosidad. ―se disculpó al verla saltar tan rápido de lo pasivo a lo defensivo.

― Te las ahorro: catorce. Tenía catorce. ―respondió intentando visualizar algún lugar en donde comer, sintiéndose apuntada, pero no dejaría que eso la intimidara: lo que más orgullo le daba en la vida eran su par de parásitos y nada iba a cambiar eso.

― Si me permites, me parece valiente que hayas decidido venir a la universidad y, seguir con tu vida en general. ―dijo algo perdido, mordiéndose la lengua, ¿Qué se suponía qué tenía que decir? Nunca en su vida había conocido a una madre soltera que le llamara la atención más allá que como amiga, menos una con ese carácter.

― Gracias. ―sonrió sin que la viera, sintiéndose bien por el cumplido― Si me permites, me parece admirable que hayas decidido seguir estudiando.

― Gracias. ―sonrió él también, sintiendo que estaban rompiendo el hielo con éxito― Oye, también tengo que almorzar, ¿Qué te parece si vamos un par de cuadras más allá? Hay un restaurante de comida italiana bastante bueno.

Phoebe se detuvo y lo miró. Quería ir, pero una parte de sí le decía que no lo hiciera, hasta que recordó la promesa que le había hecho a Katrina y había tenido que renovar antes de que se fuera: si el escenario se presentaba, tendría que ceder. Y ahora estaba presente, y como la misma Katrina había dicho "Ni siquiera sabes si está interesado en ti" Quizás solamente quería un almuerzo por amibilidad, algo de vecino a vecino. De amigos a lo más.

― De acuerdo. ―accedió sonriéndole― Pero tu invitas.

Cole se rió con alivio y decidió no decirle nada sobre la cena de la noche; prefería tantear terreno ahora como dos cosas separadas. Ella se sonrojó sin quererlo antes de aceptar subirse a su auto y que la llevara al famoso restaurante.

― ¡Turner! ―oyeron gritar a un grupo de tres personas más, todas de distintas edades, acercándose al auto.

― Hola. ―saludó éste― ¿Qué tal Chris? ―preguntó saludando al tipo que lo había llamado.

― Oye, ¿Vas al ristorante Italiano? ―le preguntó mirando a las dos chicas que iban con él.

Cole asintió mirando a Phoebe: ambos sabían a qué iba eso.

― No te molesta si los acompañamos, ¿Verdad? ―preguntó abriendo la puerta del auto para sentarse de copiloto, dejando a las otras chicas abajo y a Cole a punto de gritar de impotencia.

― Claro que no. ―respondió entre dientes.

― Vamos, se hace tarde. ―refunfuñó Phoebe abriendo la puerta del asiento de atrás, cuando las otras dos chicas se le pasaron por delante dejándola al último.

― Te debo una. ―le dijo Cole cuando ambos estaban abajo.

― Pensé que no era más que un almuerzo...esto sigue cumpliendo el objetivo, ¿No? ―preguntó fingiendo que le daba lo mismo que sus planes se hubiesen aguado, esperando a que él le dijera algo que fuera a darle algún tipo de respuesta con respecto a sus intenciones.

― Lo cumple. ―respondió Cole, algo decepcionado, sintiendo su declaración como un claro rechazo. Dan tenía razón, lo más posible era que ella ya tuviese una pareja o siguiera relacionada con su ex. Él estaba sobrando en una historia que había empezado hace mucho tiempo. No encajaba en el mundo de Phoebe, y quizás nunca estuvo hecho para hacerlo.

Debido a que a esa hora todos tenían hambre, y ni Prue ni su grupo eran excepción a esa regla de las dos de la tarde, los cuatro amigos se encontraban almorzando en el departamento nuevo.

― Salimos campeones el domingo s o s, no hay dudas. ―asegur Sam, pasndole la lechuga a Prue que tena cara de signo de interrogacin.

― Claro que no, vers: nosotros ganamos los tres prximos encuentros, ustedes pierden algunos puntos en el camino, y entonces...

― Te despiertas. ―lo interrumpi Sam― Deja ya de soar, tontito.

Gabriel la miró con malicia, algo sentido por lo que había dicho y ella para evitar entrar en discusiones se le acercó y dio un corto beso en los labios.

― Te vendes fácil, amigo. ―se burló Andy.

― ¿Tu no, señor camisa rosada? ―se burló Sam de regreso.

― Oye, es de marca. ―lo defendi Prue, o ms bien a ella, sus gustos y el regalo que le haba hecho a su novio y de paso, obligado a usar.

― No me hagas recordarte del episodio...―le dijo Andy amenazadoramente.

― ¿Qué episodio? ―preguntó Prue, sacándose el tenedor de la boca.

― ¿Recuerdo vergonzoso amor? ―preguntó Sam.

― Te doy la posibilidad de mantener tu honor al permitirte contarlo. ―le dijo Andy, mientras Gabriel se reía y comenzaba a contar su historia.

A medida de que el chico hablaba, Sam no paraba de mirarlo con dulzura. Prue sonreía disimuladamente: hacia mucho que no veía a su mejor amiga tan feliz con alguien, sin duda, había sido un gran acierto presentarle a Gabriel. Llevaban saliendo casi un mes y a pesar de tener discusiones tontas y momentos de tensión fingida, se llevaban tan bien y mejor que nadie, incluso mejor que ella y Andy, con quien había tenido una que otras dicusiones últimamente acerca del destino que llevaría su relación y los tiempos que se iban a tomar para concretarlos. La cosa era clara: él quería una familia, hijos y un árbol, mientras que ella no quería nada de nada.

Más tarde, cuando la escuela había terminado y las familias se juntaban para cenar, Piper corría de un lado a otro para tener la lasaña lista. O más bien, para tenerse ella lista: la comida estaba preparada, la mesa puesta, todo en perfecto orden y ella se había cambiado de blusa por lo menos tres veces.

― ¡Tía Piper! ―escuchó gritar de abajo, por lo que se apresuró en llegar al primer piso a ver qué pasaba con Matthew.

― No seas llorón. ―le dijo Phoebe mientras lo veía esconderse de ella y de Leo, quienes buscaban atraparlo en el juego.

― No seas abusiva. ―le defendió Piper con fingida molestia, atrapándolo entre sus brazos.

Leo tosió algo incómodo y se alejó hasta donde Sophia se había escondido. Estaba cansado después de tener que correr detrás de ellos todo el día, pero era lo menos que podía hacer para ayudar, considerando que dentro de tres días empezarían sus clases y ya no podría cooperar como ahora.

― No soy abusiva.

― ¿Se va a quedar a cenar? ―le susurró Piper, refiriéndose a Leo. No quería que se encontrara con Dan.

― Supongo, ¿Te molesta? ―le preguntó comprensivamente.

― No...―dijo complicada― Bueno, un poco...invité a los vecinos a cenar y no quiero que se encuentre con...

― ¿Con? ―preguntó algo nerviosa― ¿Vecinos?, ¿Los tres?

― Sí, ¿Te molesta? ―preguntó con curiosidad.

― No, para nada. ―mintió rápido. La verdad no le molestaba, pero sí la ponía algo incómoda después de la totalmente fallida reunión con Cole esa tarde, en la cual no habían podido cruzar una sola palabra por obra de los invitados no deseados.

― No puedo pedirle que se vaya. ―se mordió los labios.

― No sería educado...―comentó Phoebe, pensando en que se sentía mucho más segura si él se quedaba en la casa en lugar de irse. De paso algo patética al tener que depender de su presencia.

― Lo que él decida. ―resolvió Piper, justo en el momento en que sonó el timbre de la casa.

― ¿A qué hora vuelve Paige?

― No sé, dijo que estaba con Glenn. Siempre la vienen a dejar. ―comentó sin preocuparse demasiado al respecto.

Mientras Piper iba a abrir la puerta, Leo se acercó a Phoebe.

― No tienes que quedarte si no quieres...―le dijo con algo de tristeza ante la situación que se vivía entre él y su hermana― Tampoco tienes que irte si no quieres.

Ambos sintieron los pasos de la gente ingresar a la casa, y antes de que se pudiera decir algo más, la imagen de Dan se puso frente a los ojos de Leo.

La tensión estaba en el aire. Tanto que mientras Jenny y Cole saludaban, y la pequeña Sophia corría a los brazos del último bajo una preocupada mirada de su madre, ambos rubios de ojos azules no dejaban de mirarse fijamente.

Leo no podía creer que fuera por ese tipo que las cosas se hubieran terminado, ¿O venían mal de antes?, ¡Leo no podía entender cómo ni por qué habían terminado! Lo peor de todo es que tanto él como Piper actuaban como niños y no se había dignado a conversar...¿Y si las cosas tenían arreglo? Si las cosas tenían arreglo y ese idiota andaba dando vueltas por la casa con claras intenciones de querer quedarse con ella, ¿No debería hacer algo para evitarlo?, ¿O simplemente aceptar el deseo de Piper y permitirle salir con quien quisiera?, ¿Hacer lo que se le diera la gana? La cabeza le estaba empezando a doler y no se creía capaz de pasar un minuto más ahí.

Dan, en tanto, observaba a su contricante. O ex contrincante. No podía negar de que se sentía un poco mal por el tipo, pero por otra parte, la guerra era guerra. En el amor cada táctica era válida y si él había perdido, no era su culpa; no le deseaba mal, pero él quería a Piper y para él, su fracaso era su oportunidad más grande. Tan sólo esperaba a que se fuera y no compartiera la cena con ellos, aunque mirando desde afuera, el chico solía pasar demasiado tiempo al rededor de la casa debido a Phoebe y sus mellizos, y el hecho de que viviese en la casa del padre de las Halliwell no le hacía ni la más mínima gracia.

Piper no dejaba de mirar la escena acongojada. Odiaba ver a Leo así, con esa mirada triste y herida que conocía muy bien; muchas veces había sido la causante de ella y esta vez, también lo era, ¿Cómo se las arreglaba siempre para hacerle daño? También lamentaba hacer pasar a Dan por esa situación, a todos en general. Lo único que quería era encontrar un lugar, una tabla rota en el suelo en donde esconderse hasta que uno de los dos se fuera de la casa, Leo de preferencia. Le costaba creer que en realidad sintiera que prefería que se quedara Dan, un extraño, antes que Leo.

― Tío Dan, creo que le agradamos. ―le hizo notar Jenny con Matthew en los brazos, quien se veía bastante cómodo con ella.

Las palabras de la adolescente los volvió a la realidad de inmediato, como un balde de agua fría sobre la cabeza.

― La cena está lista. ―fue lo único que logró decir Piper, dirigiéndole una mirada a Phoebe para que los guiara hasta el comedor.

― Eh, por aquí...―dijo entre un balbuceo, sin despegar su mirada de la cara de Leo, pretendiendo que Cole no estaba en la casa, algo que sin duda, él notó de inmediato― ¿Vamos? ―preguntó a su amigo.

― Creo que paso, Pheebs. ―dijo fingiendo un bostezo― estoy muy cansado y mañana será otro día pesado. Pero gracias. Buenas noches. ―se despidió besándola en la mejilla antes de decirle adiós a los niños con un gesto de manos― Adiós. ―dijo en general, tanto para Piper como para los nuevos en la casa.

El golpe suave de la puerta, el golpe decepcionado de la puerta, marcó el comienzo de la cena. Todos se acomodaron al rededor en tanto Piper servía los platos con seriedad. La incomodidad seguía pesando en el ambiente, cada uno con sentimientos encontrados.

― ¿Dónde está Paige? ―preguntó Jenny, buscando romper el hielo.

― Está con Glenn, lo conociste en la fiesta. ―le explicó Piper― Gracias por preguntar.

Cole se veía bastante entre divertido e incómodo en donde estaba. Le había tocado sentarse junto a las sillitas de los mellizos y Sophia no paraba de intentar llamar su atención; él se había ganado su aprobación el día en que le había cargado en la universidad, y parecía que la niña jamás iba a olvidarlo.

― Lo lamento, parece que le caes bien. ―le dijo Phoebe, intentando sacarla de su silla para sentarla sobre su regazo y que lo dejara comer, algo que le molestó bastante a la más pequeña, quien aún así no hizo escándalo.

― Se ve tan tierna cuando está enojada. ―comentó Jenny.

― No la has visto realmente enojada. ―rodó los ojos Phoebe― Y no quieres verlo.

― Estaba pensando, ¿No necesitas ayuda de una niñera, Phoebe? ―preguntó Dan con dos intenciones muy claras: la primera, evitar que fuera Leo el que estuviera en la casa, y la segunda, que al ser Jenny se asegurara un contacto más frecuente con Piper.

― Eh...la verdad no. ―mintió.

― Sí, la necesita, pero es terca. ―le corrigió Piper― No le gusta que nadie que sea ajeno se quede con los niños.

― ¿Qué tal Jenny? ―insisitó― Hace unos días decía que necesitaba dinero, y no tengo problemas en darle, pero quería trabajar. A lo mejor podría ayudarte un par de horas a la semana, ¿Qué les parece?

Phoebe se llevó el vaso a la boca, pensando en eso. A lo mejor no era una mala idea, pero era tan jóven...no la creía capaz de lidiar con sus dos terremotos sola, aunque quizás podría servirle de apoyo y así dejar al pobre Leo tranquilo y no cargarle cosas a sus hermanas, ¿Y quién sabía si tener a Jenny en la casa hacía que se convirtiese en amiga de Paige? Se veía como una influencia bastante buena.

― Sé que la recomendación viene de cerca. ―intervino Cole― pero es metódica y muy responsable, además, te vi muy preocupada toda la mañana y con las montañas de cosas que hacer que les van a mandar...creo que sí necesitarás de una mano.

― ¿En la mañana? ―le preguntó Dan, alzando una ceja.

― Misma clase. ―dijeron al mismo tiempo.

― ¿Te parece la idea? ―preguntó Jenny― No tienes que decir que sí si no quieres.

― Creo que no sería capaz de dejarte sola con ellos. ―respondió con siceridad― No se trata de ti, se trata de mí. No se los dejo a nadie, somos muy unidos y me cuesta mucho ceder el cargo. Pero sí me sería de mucha ayuda que trabajáramos juntas, quiero decir, ambas en la casa, ¿Te parece?

Jenny sonrió alegre ante eso, provocando un cambio de humor general en la mesa. Cole le susurró un suave e inaudible "gracias" a Phoebe, de la misma forma en que ella se sonrojó.

Paige venía arrastrando los pies a la casa. Había pasado todo el día afuera con Michelle. La chica era nueva en la escuela y venía de otra de la cual había sido expulsada por haber armado un parque acuático en el baño del colegio echando agua para todas partes. Habían tomado el resto de sus clases pero hecho nada durante ellos, excepto evitar a los melosos de Glenn y Jenny, ¡Cuán insoportables eran! Eran incluso, peores que la estúpida de Camille Moore y la tarada de su amiguita que la seguía para todas partes. Las mismas idiotas que le habían hecho la vida imposible a Phoebe y a Piper por culpa de la loca de Michelle.

― Mosca muerta. ―murmuró de mala gana, pateando una piedra con rabia.

No soportaba a la famosa Jennifer Harris. No soportaba a nadie. Su casa era un infierno, la casa de Víctor era un infierno, y ahora por culpa de Jenny, la escuela era más infernal que antes. Incluso la casa de Glenn y todo lo que tuviera que ver con él comenzaba a apestar. No tenía a nada ni a nadie, hasta Prue era insoportable para ella, y la extrañaba, ¡La odiaba porque se había ido y la hacía extrañarla!, ¡Las odiaba por ser unas mentirosas!, ¡Las odiaba por haberla alejado!, ¡Las odiaba porque lo único que quería era estar con ellas pero le enfermaba mirarlas a la cara!

― Imbéciles. ―se quejó abriendo la puerta de golpe. Ojalá se hubiera podido quedar con Michelle toda la noche, en su casa o en la calle, donde fuera menos en la mansión.

Por un momento se acordó de su abuela, si Penny estuviese viva, ¿Las cosas estarían así? Los mellizos habían aparecido antes de que falleciera, pero, ¿Y lo demás?, ¿Hubiese enfermado Piper?, ¿Se hubiera ido Prue? Sí, lo más probable es que Prue se hubiese ido de todas formas pero no se hubiera quedado sola...su abuela siempre hubiese estado ahí para ella, siempre, mientras que las demás...las demás armaban sus vidas y se olvidaban de ella. Primero Phoebe, luego Prue, la única que quedaba era Piper y antes de que pudiera decir "soledad" ya no habría nadie.

Al entrar escuchó risas y conversaciones: había gente en la casa. Pudo reconocer varias voces, pero no todas, y su corazón dio un brinquito de emoción al escuchar entre la gente a su hermana mayor: Prue estaba en la casa. La echaba mucho de menos, aunque jamás fuese a reconocerlo, y lo mejor de todo es que también tendrían que estar Andy y Sam. Se acercó fingiendo desinterés, hasta lograr dar con la vista del comedor: Sam, Prue, Andy y Gabriel estaban recién comenzando a comer, no habían llegado mucho antes que ella, mientras que los demás iban terminando el plato. Su estómago se revolvió cuando notó la presencia de Jenny, pero si algo le dolió más que eso, fue verla con Matthew sobre sus rodillas, a quien ayudaba a alimentar: ese niño era SU sobrino, llevaba de nombre SU apellido, era hijo de SU hermana...¡Eso era el colmo!

― ¡Paige! ―saludó Sam con alegría― Llegaste, ven, ven, siéntate aquí. ―le invitó atrayendo una silla para poner a su lado.

La adolescente de cabello negro, largo y liso la quedó mirando como si le estuviese hablando en otro idioma. Dio una mirada general, reparando en cada una de las caras presentes desde Sam siguiendo el camino a la izquierda encontrándose con Prue, Andy, Jenny con Matthew, Phoebe con Sophia, Cole pasando las sillitas, Dan, Piper y Gabriel antes de volver a Samantha. La imagen se veía encantadora, tanto que llegaba a molestarle. Pensó en qué hacer, ¿Debía irse o quedarse? La verdad estaba cansada y ni siquiera tenía hambre, estaba muy confundida con respecto a todo.

― ¿No trajiste a Glen? ―le preguntó Prue, intentando hacerla conversar.

Paige se alarmó un instante: no había estado con Glenn, y sabía que Jenny lo tenía claro, pero...no decía nada. No la iba a delatar, lo podía ver en sus ojos, en su mirada de hacerse la estúpida.

― No tengo hambre, la nana de Glen hizo pasteles y no, no vino. ―respondió seca, mirando fijamente a Matthew con las manos embedurnadas en no sabía qué cosa, mientras Jenny le limpiaba las manitas.

Jenny.

Jenny trabajando con Glenn. Jenny en casa de Glenn. Jenny en su casa. Jenny con su sobrino.

Jenny.

― Aún así puedes acompañarnos, vamos, ¡quédate! ―le pidió Andy sabiendo que tanto para Prue como para las demás era muy importante la presencia de su hermana, y que era posible que se quedara ya que parecía odiarlas sólo a ellas.

Paige decidió tomar la silla que Sam le había ofrecido, solamente para demostrar el punto de Andy sin siquiera quererlo: quería que las demás notaran que el problema era con ellas, que con los demás, podía ser quien quisiera, pero con ellas ya no.

Prue, Piper y Phoebe evitaron hacer comentarios o caras, simplemente fingieron naturalidad. Otra que hizo lo mismo fue Jenny, pero ésta no tenía miedo: sabía que Paige no movería un dedo contra ella por temor a que la delatara, cosa que ella no haría aunque Paige le tirara una enciclopedia en la cabeza para echarla de la casa. No entendía por qué la chica le tenía tanto odio, la verdad ni Glenn comprendía nada; habían estado hablando todo el día, más bien él, sobre Paige, mientras ella lo miraba con tristeza al ver lo dolido que estaba al estar perdiendo a su mejor amiga y chica de sus sueños, de paso.

Se dio cuenta de que su compañera de clases la estaba mirando detenidamente, o más bien a Matthew, y comprendió de inmediato que se estaba metiendo en terreno peligroso. Pero no iba a ceder, quería el trabajo y nadie se iba a meter en sus metas, menos cuando era algo tan inocente como ayudar a cuidar a dos niños.

― La lasaña de supermercado queda cada vez peor. ―comentó Paige mirando a los platos de los recién llegados.

Piper no dijo nada al respecto, parecía haber sido un error invitar a los vecinos y a Paige al mismo tiempo.

― ¿Así que van en la misma clase? ―continuó Prue, recién enterándose de eso intentando cambiar el ambiente.

― No tanto como clase, él tiene un cargo más alto. ―respondió Phoebe.

― Y un número de cédula de identidad más alta también. ―comentó Paige, empezando a disfrutar el momento.

Phoebe se mordió la lengua para no responder, estaba empezando a enojarse pero no tenía derecho a hacerlo, ya que esa actitud era culpa de ella. Cole empezó a sentir la tensión en la mesa y las miradas penetrantes de Prue y Andy sobre su cuello, sin duda no les había gustado para nada el comentario de Paige.

― Nunca te había visto en la univesidad, ¿Cuántos años tienes? ―le preguntó Prudence.

― Es un segundo curso. ―respondió indiferente― Veinticinco.

Prue miró a Phoebe con una expresión clara de "ni se te ocurra" y ésta la ignoró; Paige estaba metiéndole ideas en la cabeza a los comensales que no tenían nada que ver con la realidad. O eso quería creer. Su hermana menor en tanto, disfrutaba para sus adentros el pequeño caos que estaba causando en aquél vaso de agua.

― No creo que tengas tiempo de andar mirando gente, si estás comprometida. ―añadió tomando un vaso vacío― Aunque la última vez no tuviste problemas para andar con Hackett y Andy al mismo tiempo, al contrario, tuviste la desfachatez de sentirte ofendida por el pobre Alemán antes de que se fuera.

― ¿Cómo te fue en la escuela? ―le preguntó Sam intentando contener a la pequeña bomba de veneno que era la hermana de su mejor amiga, mientras la última hacía sus esfuerzos para no gritarle y mandarla castigada a su habitación.

― Bien. Aburrido. Aunque prefiero quedarme dormida en la mesa antes de buscar diversión bajo las bancas, no como otras. ―comentó mirando a Prue y Phoebe, pero finalmente a esta última― Mi futuro todavía tiene esperanzas como para amarrarme a cascabeles bulluciosos sin acordarme después con quién la pasé tan bien.

Y eso, fue la gota que revalsó el vaso en opinión de Prue. La cara de Phoebe se puso roja de vergüenza, sabía que desde afuera así se veían las cosas y de que era muy posible que todos los desconocidos en la mesa pensaran lo mismo que Paige, y eso era algo que le dolía muchísimo. Piper no podía creer que Paige hubiese dicho algo así, menos delante de extraños, mientras que los vecinos y Gabriel no sabían en dónde meterse para escaparse de la incómoda situación que se estaba viviendo en el comedor de la casa. Tanto Sam como Andy intentaron detener a Prue antes de que se pusiera de pie, pero fue imposible.

― Que ya no viva aquí no significa que te voy a dejar faltarle el respeto a tu hermana. ―le gritó a punto de salirse de control, lo que había oído le había dolido incluso a ella.

― ¿Y tú no me lo faltas a mi gritandome así? ―le respondió poniéndose de pie también.

― No me hables en ese tono. Soy tu hermana mayor y me debes respeto...―intentó decirle, pero Paige la cortó.

― ¿No te suena parecido? ―preguntó mirando a Phoebe, quien no quiso mirarla de vuelta― Es lo mismo que te decía a ti, ¡Mira que bien te funcionó! ―se rió irónica― No tienes control sobre nada, nunca lo has tenido. Tu familia es un asco, esto, todo esto, dulce gente; ―dijo dirigiéndose a los invitados― es una farsa. Una asquerosa falsa, una mentira compulsiva tras otra...

― Paige vete a tu cuarto ahora. ―le exigió Piper intentando mediar, y de paso mostrarle a Prue que podía hacerlo.

― ¿Sino qué? ―preguntó poniendo cara de fingido espanto― ¿Qué vas a hacer si no lo hago, Piper?, ¿Correr al baño como cuando te superan los problemas? ―preguntó sabiendo que aunque los que no fueran parte de la familia entendían, ella lo hacía perfectamente.

― Paige, por última vez si no quieres que esto termine mal: vete a tu habitación. ―le pidió Piper de nuevo, con un nudo en la garganta que se hacía más y más tenso al escuchar a Phoebe ahogar un sollozo para no llorar y a Prue empujar una silla para acercarse a Paige y obligarla a salir a la fuerza.

― ¡Deja de intentar fingir que te importa!, ¡Te vas a ir como sea! ―le gritó dando golpes fuertes hasta la escalera― ¡Te vas a ir y esto va a seguir así de mal!, No entiendo como puedes confiarnos a Piper, ¿No te diste cuenta como se deshizo de Leo apenas se le aparecieron otros ojos azules en la puerta? Así son ustedes, básicas y estúpidas. No me pidan que sea igual.

El portazo de la habitación de Paige retumbó en toda la casa, también en el ánimo de los comensales.

Prue se afirmó de la baranda de la escalera para subir a decirle unas cuantas verdades a Paige, pero se detuvo. No era el momento adecuado y en esas condiciones terminaría diciendo cosas de las que después iba a arrepentirse, pero no podía negar que estaba extremadamente preocupada por su hermana menor.

― Lo siento. ―dijo volteándose al público― Lamento mucho que hayan tenido que ver esto...

Prue bajó la mirada y Andy fue hasta ella para rodearla con sus brazos. Se le rompía el corazón verla así, tan frágil y sin saber qué hacer. Sabía que se estaba culpando, tenía claro que se preguntaba qué hacía lejos de casa cuando estaba esa hecatombe en la mansión.

― Tranquilízate...―le susurró en el oído, dejando que Prue apoyara su espalda sobre su torso y echara la cabeza para atrás.

Jenny, Cole, Dan y Gabriel estaban de piedra: jamás habían visto algo así ni se habían esperado hacerlo. Paige había disparado contra sus hermanas una tras otra sin excepción, sin importarle nada ni nadie. Sam estaba abrazando a Phoebe quien apenas sintió el golpe de la puerta no había logrado contener sus lágrimas y se estaba escondiendo entre sus brazos para que nadie la viera, cosa que era totalmente inútil ya que era el único sonido que se podía escuchar. Sus hijos en tanto estaban molestos por la cantidad de ruido, y a pesar de no entender mucho, también se habían puesto nerviosos y estaban de brazos cruzados.
― Chicos, prometo que jamás pensé que las cosas iban a salir así...―dijo Piper inflando sus mejillas para luego soltar el aire dentro de ellas― De verdad no quise...no quise importunar a nadie...―dijo restregándose la cara con sus manos, frustrada.

― Son cosas que pasan...―quiso decir Jenny, nerviosa con Phoebe llorando al lado suyo y Sam entre ambas, sin duda lo que Paige había dicho había sido fuerte y bastante hiriente.

― No deberías dejar que esas palabras te afecten...―le oyó susurrar a Sam, viendo a Phoebe asentir antes de separarse del abrazo para tratar de secarse la cara con un pañuelo que le entregó Cole. Pero ella no lloraba por lo dicho ni por la vergüenza, lloraba por quien lo había dicho.

― No deberían pasar. ―le dijo Prue con los labios apretados.

― Si quieres que nos vayamos, si quieres que nos quedemos...―le dijo Dan a Piper tomándole la mano― Si necesitas ayuda...

Piper negó y se levantó de la silla, caminando en círculos un par de veces antes de parar. Se sentía sobrepasada por todo.

― Creo que es mejor para ustedes salir de este desorden. ―se sinceró Piper― En serio,...

― No lo lamentes. ―le dijo Cole nervioso― Hay cosas que no podemos controlar. Muchas gracias por la cena, de verdad la disfrutamos.

― Si necesitan algo...lo que sea...―se ofreció Dan.

Piper asintió mordiéndose los dedos y los vio a todos despedirse de uno por uno. Dan abrazó a la dueña de casa sin querer aprovecharse del momento, pero ésta aceptó la muestra de cariño al darse cuenta de que en un momento así, Leo le hacía muchísima falta. Sentía que estaba buscando en Dan el apoyo que su ex novio solía darle sin que ella se lo pidiera, porque él siempre sabía lo que le pasaba. Su vecino aprovechó el momento para demostrarle que le importaba y estaba ahí para ella si lo necesitaba.

― Gracias. ―le dijo separándose despacio.

Dan asintió acercándose hasta donde estaban Andy y Prue para despedirse de ellos. Cole en tanto había partido por darle una palmadita en la espalda a Phoebe, pero al verla tan débil intentando reprimir el llanto que ya tenía sus ojos rojos, terminó por darle un abrazo que ella pareció haber estado esperando de quien fuera y ahora tenía sus puños enterrados en su espalda. La seguridad que le trasmitía ese cuerpo era una que no había sentido nunca en un hombre que no fuera George, Andy, Leo o su padre. Sentía que si se separaba de él iba a quebrarse y no quería soltarlo, pero por otra parte ella había aprendido a valerse por sí sola hacía tiempo y a mantenerse lo más lejos posible de ese tipo de contactos. Jenny fue quien los separó para despedirse de Phoebe, y en silencio, la familia de al frente había dejado la casa.

― Todavía hay luz. ―le dijo Sam a Gabriel― Saca a los niños a jugar a la pelota en el patio de atrás.

Su novio le hizo caso y tomó las manos de ambos pequeños para dejar la sala. El resto se sentó en el salón al rededor de la mesa de café. Andy se metió a la cocina para preparar un poco, mientras que las cuatro mujeres se juntaron en el sofá más grande todas acurrucadas sobre las otras.

― Ya no sé qué hacer...―susurró Phoebe sintiéndose culpable por todo el desequilibrio familiar― Haga lo que haga todo termina en un desastre. Si hablo, si me quedo callada...

― No sé cómo se me ocurrió hacer una cena cuando no nos habla...―continuó Piper― Debí haber adivinado que iba a molestarle, ¡se nota a leguas que no soporta a Jenny! Y yo la traigo a la casa.

― No sé en qué pensaba cuando me fui...―agregó Prue― Piper, no quiero decir que estás haciendo las cosas mal...

― Sé lo que quieres decir. ―le cortó rápidamente.

Arriba en tanto, Paige descargaba su rabia, su todo contra un lienzo en blanco. Estaba entre enojada, triste y arrepentida por lo dicho, pero al mismo tiempo sentía placer por el efecto causado. No sabía en qué clase de monstruo se estaba convirtiendo, pero una parte de sí amaba el caos que podía lograr.


Adivinen! la despedida es corta porque...tengo sueño y no quiero hacer despedida jajaja, lo siento! espero que les haya gustado.

Respuesta(s) de review(s) :

Cookie's Monster: Bueno es posible que la calidad de Paige haya decaido en este capítulo xD no me odies!

keisi-san: Jajaj claro que la perdoné! oops, creo que salió cruel Paige también...pero bueno, está enojada y dolida :(

spong bob: ¡Hola! bienvenido o bienvenida :) Bueno yo me pregunto lo mismo, pero reo que si Paige no moviera hilos no habría historia jajaja . Sí, era muy pequeña pero lamentablemente cuando uno es pequeño nunca se cree pequeño...Sobre lo de Leo y Piper es culpa de Val! jajaja bueno, la teoría es que a veces las cosas pasan sin razón... (?) quédate con eso ajjaa sé que quedó rápido pero no se repetirá :) espero que pases pronto! Y gracias por lo del fic preferido!