Mi novia Ukitake

Capítulo 10: La razón de Kyoraku

-¿Qué haces aquí, estúpida gata? –preguntó Byakuya molesto esa mañana al ver a Yoruichi desnuda en su ventana riéndose de él.

-Vaya, que maneras de tratar a una jovencita que viene a ayudarte –rio Yoruichi- Además me parece a mí que tus padres invirtieron mucho dinero en la educación de un joven noble como que para ahora hables de esta manera.

-Déjame en paz –dijo Byakuya levantándose de la cama- No te metas en mis asuntos, Shihoin –le advirtió.

-Tan solo he venido a ayudarte –se rio la joven- Me han dicho que te casas con el Capitán Ukitake.

-Capitana Ukitake –le corrigió Byakuya- ¿Te importaría salir de la habitación para que pueda desvestirme? Al contrario que tú, no soy un exhibicionista.

-¿Cómo has convencido a Ukitake para que se case contigo? ¿Qué pasa con Kyoraku?

La mirada de Byakuya cambió ante la sola mención del nombre del Capitán de la Octava División. Simplemente, no soportaba a ese hombre y odiaba la amenaza que suponía para su matrimonio. Tomó su espada y liberó el shikai contra la antigua Capitana de la Segunda División.

Yoruichi entendió que sus bromas habían llegado demasiado lejos, pero no pensó en rendirse. Escapó de los jardines de Byakuya y fue a robar algo de ropa de shinigami para, finalmente a la hora de comer, entrar en los aposentos de la Capitana Ukitake sin que nadie pudiera impedírselo.

-¡Shihoin! –Gritó Ukitake, muy emocionada- Hacia mucho tiempo que no te veía.

-Tssssk, ¡baja la voz! –Susurró Yoruichi- No tengo el permiso de tu novio para verte.

Yoruichi se sentó al lado de Ukitake y empezó a comer de la comida de la chica de cabellos blancos.

-¿No comes? –le pidió Yoruichi a la muchacha.

-No tengo demasiada hambre –confesó Ukitake sonriendo y abrazándose a sus rodillas.

-Ukitake, ¿puedo pedirte una cosa? –preguntó Yoruichi dejando los palillos en un rincón. La chica asintió con la cabeza, sonriendo- ¿Por qué Byakuya?

-¿Por qué Byakuya qué? –preguntó Ukitake haciéndose la inocente.

-¡Vamos, no me jodas! –Gritó Yoruichi- A ti tiene que gustarte Kyoraku. ¿Por qué no vas tras él?

Ukitake se quedó blanca y bajó el rostro, avergonzada.

-Yo… -empezó, pero no terminó de pronunciar la frase.

-¿Ya te has rendido? –le gritó Yoruichi, acusándola- ¿No te quedan fuerzas para luchar por lo que más quieres, Ukitake? ¿Te has resignado?

-¡Eso no es cierto! –se defendió Ukitake poniéndose a la defensiva. Su rostro adquirió un color rojizo.

-Sí que lo es. ¡Mírate! –le espetó Yoruichi- Estas aquí encerrada siguiendo los deseos de un hombre al que no amas.

-No lo entiendes, no puedes entenderlo. –le dijo Ukitake, alborotada. La conversación se estaba volviendo muy tensa.

-Entonces explícamelo –le gritó Yoruichi, nerviosa. No era capaz de entender los pensamientos que pasaban por la cabeza de Ukitake. Creía que la mujer necesitaba la ayuda de otra chica para poner sus sentimientos en orden.

-Yo… yo ya no soy como antes. Ahora soy diferente, soy una mujer. Mis sentimientos están confundidos, no son los mismos que cuando era un hombre.

-Quieres decir que no amas a Kyoraku –le interrogó Yoruichi. No acababa de entender lo que Ukitake trataba de decirle.

-Claro que lo amo. –confesó Ukitake poniéndose aún más colorada. Tartamudeaba un poco a causa de los nervios- Nuestra amistad se convirtió en amor cuando pase a ser una mujer, pero tan solo por parte mía. Kyoraku no me ama.

-Sabes que lo que estás diciendo es una mentira para auto engañarte –le recriminó Yoruichi

-No lo es, el mismo Kyoraku me lo dijo. No me quiere. –confesó Ukitake mientras sus ojos se aguaban. Era muy difícil para ella decir aquellas palabras.

-¿Y por qué no luchas por él? –le preguntó Yoruichi, sin entender la conducta de Ukitake. La chica se estaba reprimiendo en vez de luchar por el amor de Kyoraku- ¿Por qué te has rendido y haces lo que Byakuya te ordena?

-Porque si me enamoro de Byakuya podré volver a ser un hombre y podré volver a recuperar a Kyoraku. –confesó Ukitake, al fin dejando escapar una lagrima que rodó por su rostro.

-¿Te vas a convertir en la esposa de Byakuya para recuperar a Kyoraku? –le preguntó incrédula Yoruichi.

-Si –confesó Ukitake mientras con un pañuelo limpiaba sus lágrimas.

-Eso es cobarde, Ukitake –le riño la mujer gata.

-Lo sé, pero no me queda otra opción. –Confesó Ukitake tranquilizándose un poco- Kyoraku no me ama y Byakuya no me deja salir de aquí. Solo tengo que casarme con él y volver a ser un hombre para que entre Kyoraku y yo todo vuelva a ser igual.

Yoruichi abofeteó a Ukitake.

-Eres despreciable –dijo Yoruichi levantándose. No quería estar delante de una mujer tan vulgar.

-¿Por qué? –pidió Ukitake. Según el parecer de la muchacha obraba bien, siguiendo el único camino que tenía.

-¿Por qué? Porque estás jugando con Byakuya. –Gritó Yoruichi pensando que era muy extraño que ella defendiera al joven noble- ¿No has pensado que tal vez el sí te ama?

-Por eso quiero estar con él, porque me ama y quiero corresponderle. –confesó Ukitake desde el fondo de su corazón. Aquello era verdad, quería estar con Byakuya y hacerlo feliz.

-Pero tú amas a otra persona. –intentó hacerle entender Yoruichi- Es injusto para Byakuya

-¿Y qué? Yo ya no puedo hacer nada… -Ukitake definitivamente se había rendido.

-Claro que puedes. –dijo Yoruichi. Ukitake estaba tan deprimida que la antigua Capitana estaba dispuesta a jugarse el tipo por ella- Por supuesto que puedes

-¿No ves que estoy encerrada? –Pidió Ukitake- Me vigilan día y noche para que no pueda salir y nadie puede venir a verme. No puedo ponerme en contacto con Kyoraku

-Yo te ayudaré, Ukitake. –Sonrió Yoruichi intentando darle ánimos a la Capitana- Esta noche iremos a ver a Kyoraku y le confesarás tus sentimientos del mismo modo que lo acabas de hacer aquí conmigo. Solo en sus brazos puedes ser feliz.

Yoruichi y Ukitake esperaron hasta la noche para escapar de la mansión de Byakuya sin que nadie se diera cuenta. Con la agilidad de Yoruichi no fue difícil salir sin que nadie se diera cuenta. La misma Yoruichi había vestido a Ukitake con un quimono de flores de color verde y se había encargado de que la chica luciera sensual y atractiva.

Esquivaron también a los guardias de la Octava División, pues no querían que se propagara el rumor que la Capitana Ukitake se paseaba de noche por el Seireitei con una fugitiva. Se dirigían corriendo a los aposentos de Kyoraku cuando oyeron voces en su interior. Ya estaba con alguien. Y ese alguien era Byakuya.

-¿A qué has venido? –preguntó Kyoraku. Ukitake los espiaba por la ventana semi abierta. Adentro el olor era muy fuerte, una mezcla fuerte entre sudor y sake.

-A hablar contigo, Kyoraku –respondió Byakuya, tan calmado como de costumbre

-¿Sobre qué? –pidió el hombre. A Ukitake no se le escapó el detalle que tan solo llevaba sus pantalones y se puso colorada al contemplar el fuerte pecho desnudo de Kyoraku.

-Sobre mi futura esposa –contestó Byakuya. A Ukitake le latió el corazón tan fuerte que por un momento pensó que Byakuya se había dado cuenta de su presencia.

-¿Que tengo yo que ver en eso?

-¿No lo sabes? –se mofó Byakuya, alzando una ceja- Juraría que estabas al corriente que Ukitake te ama.

-Yo no la amo. –contestó bruscamente Kyoraku

-¿Seguro? –pidió otra vez Byakuya, molesto.

-…

-¿No me respondes? –pidió Byakuya. Ukitake vio el rostro contrariado de Kyoraku y no supo que pensar ¿Qué significaba aquel silencio?- No importa. En verdad, lo que venía a pedirte es que te alejes de ella. No quiero que la vuelvas a ver nunca más.

Kyoraku asintió, dando por hecho esa promesa. Byakuya ya se iba, estaba a punto de llegar a la puerta cuando, de repente, se paró sin más y se volvió lentamente otra vez hacia Kyoraku.

-¿Por qué me pones las cosas tan fáciles? –Pidió Byakuya dispuesto a deshacer de una vez por todas aquel enigma- No es cierto que no la amas.

-Tienes razón. –rio Kyoraku con muchas ganas. Parecía divertido, como si todo aquello fuera un juego- Pero conmigo no sería feliz.

-¿Por qué?

-Porque soy mujeriego, bebedor y un bruto. –al fin Kyoraku confesó lo que de verdad pensaba-Ukitake es una mujer preciosa, hermosa y delicada. Una flor como ella no puede estar entre los brazos de alguien que tan solo la haría sufrir.

-¿Por eso no interfieres? –preguntó Byakuya mirando a los ojos a Kyoraku.

-Yo no le convengo a Ukitake -Confesó Kyoraku tirándose en la cama y bebiendo otro sorbo de sake- Sera más feliz con alguien como tú que pueda tratarla como una princesa. Para mi es demasiado tarde para cambiar.

-No te preocupes, me encargaré de hacerla feliz. –Byakuya se acercó a él, muy decidido- Vamos a casarnos en breve, probablemente dentro de unas semanas. Mientras, te pido que no intentes comunicarte con ella. Soy muy celoso, Kyoraku. No busques problemas conmigo.

-Puedes estar tranquilo. No soy digno de ella. –rio Kyoraku degustando el sake con una gran sonrisa. Byakuya se fijó en la cama de Kyoraku, deshecha por completo, en las copas y botellas de sake que había esparcidas por toda la habitación y en las ropas por el suelo.

-¿Y este desastre? –Preguntó Byakuya- ¿Has estado con una prostituta?

-Ya se fue –confesó Kyoraku juguetón.

-Qué triste tiene que ser dejar escapar al amor de tu vida y verla en los brazos de otro hombre mientras tú tienes que contentarte desfogando tu frustración con una simple mujer callejera. Esa es la diferencia entre un hombre como yo y alguien de tu calaña.

Byakuya se fue, dejando a Kyoraku muy molesto. Cuando los pasos del Capitán de la sexta división se alejaron, Kyoraku estalló su botella de sake contra la pared en un acto de rabia y se llevó las manos al rostro, ocultando su frustración.

-Kyoraku… -lloró Ukitake. La mujer se puso de pie y entró a la habitación sin llamar.

-¡UKITAKE! –Gritó Kyoraku- ¡Fuera de aquí! ¿Qué haces entrando en la habitación de un hombre a media noche? ¿Acaso eres una fulana?

-Ya basta, Kyoraku –dijo Ukitake lanzándose a sus brazos- ¡Te amo, Kyoraku!

-¡BASTA, YA ES SUFICIENTE! –gritó Kyoraku tomando a Ukitake, obligándola a levantarse y empujándola contra la pared. Kyoraku fue hacia ella, la tomó por los hombros y la zarandeó.- ¿Qué quieres de mí?

-Te quiero a ti, Kyoraku –dijo Ukitake sonriendo- Sé cómo eres, conozco todos tus defectos pero me es igual. Tan solo quiero que seas tú el que me abrace antes de ir a dormir. Solo quiero oír de tu boca que me quieres.

Kyoraku se rio de la mujer, con maldad.

-Eres estúpida, Ukitake. Eres la mujer más estúpida que conozco. Nadie rechazaría al noble Kuchiki por un fracasado como yo. ¿Dices que me amas? No sabes nada. Para ti tan solo soy un capricho, el hombre salvaje que deseas para pasar una noche loca.

-No es verdad. –replicó Ukitake- Kyoraku, me conoces y sabes que lo que siento por ti es de verdad.

Sucedió de repente. Kyoraku alzó la mano y golpeó a Ukitake, tirándola sobre la cama. La mujer se llevó la cara a la mejilla izquierda. El hombre le había partido el labio y la sangre entraba en su boca produciéndole un sabor de derrota.

Kyoraku se lanzó sobre Ukitake, aprisionando todo el cuerpo de la chica debajo de él.

-¿Quieres una noche loca conmigo, Ukitake? –se rio. Su aliento olía a sake. Las manos de Kyoraku rompieron el quimono de la chica, dejando sus pechos al descubierto. Kyoraku los tomó entre sus manos y los apretó con la fuerza de alguien que deseaba romperlos. Ukitake chilló, pero la mano de Kyoraku amortiguó sus gritos.

De repente un cinturón la amordazó, no podía decir nada. Intentaba chillar pero no podía.

-¿Intentas gritar? –se rio Kyoraku- ¿No me amabas? ¿No querías tener una noche loca conmigo? ¿No has venido hacia mí al amparo de la noche, sola, como si fueras una prostituta? Eso es lo que voy a hacer, Ukitake…

Kyoraku alzó el quimono de la chica por encima de sus piernas. Ukitake forcejeaba pero no podía deshacerse de Kyoraku porque pesaba demasiado para él. Estaba borracho, demasiado borracho, tanto que no sabía que estaba haciendo.

El hombre se estaba deshaciendo de sus pantalones mientras mordía los pezones de la muchacha dejándole horribles marcas y heridas que sangraban timidamente. Estiró el cabello de la chica con fuerza mientras que con la otra mano pellizcaba con dureza el sexo de la mujer.

Ukitake se quejó. Dolía, dolía demasiado todo aquello. Pero lo que más le dolía era el corazón. El corazón se le rasgaba al ver al hombre que amaba tratarla como a una prostituta, usarla para satisfacer sus instintos más bajos.

Ella lo amaba tan sinceramente, sus deseos hacia el eran tan limpios y puros. Tenía razón, todo el mundo tenía razón y ella tan solo había sido una idiota suspirando por él. Kyoraku no era el hombre que necesitaba a su lado. Kyoraku acercó su pelvis hacia la Capitana, dispuesto a entrar dentro de ella sin piedad. Ante la presión y el horror, Ukitake se desmayó.

Kyoraku suspiró y se alejó de la chica, tapándola cuidadosamente con su quimono rosa. Su expresión cambió de repente, de la locura a una tranquilidad premeditada. La miraba como quien mira al objeto más preciado del mundo, a la joya más hermosa, pero que sabe que jamás lo podrá poseer.

-No te entiendo, Kyoraku –dijo Yoruichi entrando por la ventana- Ahora te odiará.

-Eso es lo que deseo –sonrió Kyoraku volviendo a ser el hombre de siempre- Que me odie y se olvide de mí. Con Byakuya a su lado será más feliz y le podrá dar una vida feliz. Una vida sin preocupaciones que es lo que ella se merece.

-¿Crees de verdad que podrá ser feliz lejos de ti? –preguntó Yoruichi.

-Eso espero –sonrió Kyoraku besando en la mejilla a Ukitake. Sus mejillas estaban mojadas del forcejeo. –Perdóname, no era mi intención hacerte llorar. Pero te amo tanto como para saber que estarás mejor lejos de mí. Ojala ahora me odies y no quieras volver a verme…

Yoruichi cargó el inconsciente cuerpo de Ukitake de nuevo hacia la mansión Kuchiki pensando en la desgracia de la chica. ¿De qué le servía su bondad y su hermosura si no podía ser feliz al lado de la persona que amaba?

En el próximo capítulo… ¿Habrá boda al final? ¿Kyoraku se replanteará su situación con Ukitake? ¿Podrá olvidar la joven que Kyoraku "haya intentado abusar de ella"? ¿Se enterará Ukitake que realmente Kyoraku tan solo quería que se olvidara de él? ¿Podrá Byakuya hacer que Ukitake olvide a Kyoraku con su amor?

En fin, lamento haber estado mucho tiempo sin escribir. La razón es que tenía en mente una historia divertida, de citas con líos amorosos y con mucho humor. Pero al final me está quedando una historia amarga, de amores dolorosos, todo un culebrón con un triángulo amoroso. Esto dista mucho de lo que yo quería escribir y me es más complicado, además que noto que las personas que empezaron a leer esta historia ya no la siguen porque ha cambiado mucho.

En realidad quiero terminarla, así que, aunque haya cambiado, quiero ponerle un fin y voy a continuar escribiendo, sobre todo por aquellos a los que les gusta el giro en mi historia y me siguen animando para que continúe. Debo agradecerle a Kotomi, a Guest y a Ichimaru sus reviews porque sin ellos no habría seguido. ¡Gracias!