CAPÍTULO DIEZ

Competición, además de Rosalie, era una de las cosas que le gustaban a Emmett. Le volvía loco, como si no pudiera soportar no competir. Ser un vampiro complicaba las cosas, pues podía fácilmente ganar a cualquier humano que le retara. Los únicos seres que podían desafiarle y ser dignos rivales de Emmett, eran otros vampiros. Por si fuera poco, estaba constantemente probándose a sí mismo –ser mejor en cualquier reto que se proponiera, y hoy no era una excepción.

Le miré por tercera vez mientras cruzábamos el bosque, camino a la colina donde encontraríamos alguna presa para él, y volveríamos después con una mueca triunfante. Ciertamente, él había sido muy rápido, pues sólo se había salpicado un poco de sangre en la camiseta. Sacudí la cabeza decepcionado.

"¿Fui rápido?" Me preguntó dejándose caer a mi lado.

"No te cronometré," respondí vagamente desde mi posición, sentado en el suelo.

"Me dijiste que lo harías," se quejó.

"Lo hice, la primera vez que salimos."

"¿Y qué pasa con las otras dos?"

Me encogí de hombros. "Quizá fuiste más rápido, no lo sé."

"Que no lo sab… Ugh, ¡Edward, no me tomes el pelo!"

Le fulminé con la mirada.

"No voy a ir de caza contigo nunca más si vas a estar deprimido y enfermo de amor."

Me levanté rápidamente. "No estoy deprimido, ni tampoco enfermo de amor."

"Lo que tú digas." Pero su mente empezó a quejarse acentuando todavía más mi comportamiento frustrado durante las veinticuatro horas restantes.

¿Toda esta mierda por culpa de una chica normal y corriente? No lo pillo. Pero oye, si la quiere supongo que tenemos que soportarlo. Tendría que estar feliz de que no la matásemos. Aunque eso sería una solución muy fácil.

"¿Te has dado cuenta de que eres el único ser al que puedo leerle la mente en un radio de cuatro millas?"

"¿Y qué?"

"Que pares, por favor."

"No puedo parar de pensar."

"Puedes parar de pensar sobre el tema."

"Pero es que me intriga."

"No me importa. Piensa en otra cosa."

Su mente estaba en blanco completamente hasta que empezaron a formarse imágenes de Rosalie no muy recomendables.

"¡Emmett!"

"Me has dicho que piense en otra cosa, ¡y lo he hecho!"

Gruñí y me froté los ojos. "En verdad, no tengo ningún deseo en ver a Rosalie medio desnuda."

"Lo sé, y te lo agradezco," dijo con una sonrisa de oreja a oreja. "No creo que te haya agradecido alguna vez rechazar a Rosalie. Quiero decir, cuando averigüé que… Bueno, cuando me di cuenta de que Carlisle había pretendido que tú y Rosalie fueráis pareja y que tú no estabas interesado, creí que eras…"

"Emmett," le interrumpí.

Sus ojos se ensancharon. "Bueno, lo hice."

"Sé que lo hiciste," repliqué.

"Quiero decir, ¿quién rechazaría a Rosalie? Tienes que tener algo mal."

Entorné los ojos. Esta conversación no quería tenerla en absoluto. "No tengo nada mal. De hecho, me estoy haciendo un favor. Alejarme de ella es lo mejor. Somos como el agua y el aceite, no combinamos."

"Bueno, lo sé. Pero tienes que admitir que todos estos años sin una pareja…"

"Nunca quise una," le corregí.

"Hasta ahora," constató. Le miré sorprendido. "Tengo razón, ¿verdad?"

Aparté la mirada de él, preguntándome por un segundo si se las había arreglado para tener algún tipo de percepción extraseonsorial y escuchar mis reiterados pensamientos sobre Bella.

Emmett me dedicó una sonrisa resplandeciente. "Puede que no tenga poderes telepáticos, pero sé cuando un hombre quiere a una mujer."

Suspiré y negué con la cabeza, intentando pelear contra la risa que pugnaba por salir de mi interior. "¿Por qué todo tiene que ver con el…?"

"¿Sexo?" Terminó. "Todo tiene que ver con el sexo… ¡y no puedes ni decirla!"

"Sí que puedo," le aseguré. "Lo que pasa es que soy más respetuoso que tú."

Rugió y chasqueó la lengua.

"Aquí tienes la prueba. Definitivamente, soy más educado."

Me miró boquiabierto, sin hablar, tan sólo pensando. El amor es respeto. El sexo es pasión. Cuando Bella sea uno de nosotros, lo entenderás.

"Emmett," le advertí.

"¿Por qué te opones, de todos modos?"

"Hemos venido a cazar, no a discutir sobre el futuro de Bella."

"Pero mira, ahí está el problema." Giró para enfrentarme, y cruzó las piernas. "Desde que Bella ha venido a Forks, es lo único en lo que has pensado. Día y noche, sin importar dónde, todo es Bella."

"Abrevia."

"Vale, que estás obsesionado con ella, y hasta que no hagas nada, el resto de nosotros tenemos que sufrir por culpa de tus cambios de humor."

"Y, en tu opinión, ¿qué tendría que hacer? ¿Matarla?"

Se encogió de hombros nuevamente. "O cambiarla."

Fruncí el ceño.

"¿Qué?" Gritó.

"¿No has escuchado ni una sola palabra o qué?"

"Oh, vamos Edward," se rió entre dientes. "No puedes dejarla humana."

"Eso es exactamente lo que quiero."

Ante esto, se rió fuertemente. "¡Tienes que estar bromeando! Quiero decir… tú no puedes… no puedes hacer nada con ella."

Sabía a qué se refería, pero preferí no manifestarlo. "Puedo estar con ella, y además, ahora somos amigos. Eso es todo."

Emmett se retorció en el suelo por la risa y a mi costa. "Oh, está claro, estás totalmente coladito por ella, ¿verdad? Esto tiene que ser divertido, nunca pensé que serías tan entretenido. Eres siempre tan serio, Edward."

"Con esto también lo soy, Emmett, así que apreciaría que pararas de burlarte por mis buenas intenciones."

"Oh, sé que tus intenciones son buenas, pero creo que estás siendo un poco ingenuo."

Salté irritado ante su evaluación. "Estoy realmente cansado de que se me acuse de ingenuidad. Soy mayor que tú, Emmett, y sólo porque no haya deseado una mujer desde hace un siglo no significa que no pueda entender cómo funciona el mundo."

Su sonrisa cayó y su voz fue más grave. "¿De verdad crees que vas a estar con la chica, olerla, escuchar sus latidos, sentid la calidez de su piel, y no responder? ¿Qué vas a hacer? ¿Sentarte con ella? ¿Cuánto tiempo crees que aguantarás? ¿Cinco años? ¿Tal vez diez? Bella tendría… ¿veintiocho? Porque ya sabes, tú con tus diecisiete años…"

"Puedo pasar por uno de veiniticinco," dije mordazmente.

"Sí, y ella puede tener treinta y cinco." Hizo una pausa que me enfureció más. "Si vas a hacerlo, mejor que sea rápido, pero si no lo vas a hacer, déjala ir. Será lo mejor."

No podía permanecer callado durante más tiempo. Estaba demasiado frustrado, tenía que correr. Tenía que cazar antes de que me volviera y golpeara a Emmett. Sus argumentos eran válidos, pero no iba a aceptarlos. Bella era demasiado inocente –demasiado pura para ser atacada por un monstruo sediento de sangre como yo. Tenía que controlar mi sed lo mejor que pudiera.

Salté entre los árboles, inmediatamente encontré a los osos con los que Emmett había estado jugando todo el día. No eran difíciles de localizar, además de que Emmett era un experto en irritarlos. Se enfadaban por sus camaradas caídos, y cuando se daban cuenta de mi presencia, nada les retenía.

Eso es lo que quería, una pelea. Había tres de ellos rugiendo y cargando contra mí; me escrutaron con la mirada mientras me preparaba para el ataque. Gruñí salvajemente, mostrando mi afilada dentadura y exponiendo mis intenciones. Rugieron como contestación, y uno elevó las patas traseras para abalanzarse sobre mí y apresarme con sus garras. Era emocionante.

Emmett saltó por encima de mi cabeza en dirección al oso con una fuerza que no había visto nunca en él. Sus dientes desgarraron la garganta del animal y el olor a sangre fresca embargó el ambiente. Vencí al oso que tenía más cerca de mí igual de fácil, rasgando su cuello y bebiendo el cálido líquido que surgía con presteza. Mi cuerpo se llenó de sangre, sangre que fluía por mis venas. Saboreé el sabor en mi boca, intentando desesperadamente convencerme a mí mismo que esta sangre era igual de buena que otra, pero sabía que me estaba engañando a mí mismo.

Cuando consumí la última gota de la sangre del animal, le eché una ojeada a Emmett, quien se hallaba encima del cuerpo interte del tercer oso. Menuda pérdida.

"¿Qué pasa?"

"Tuve que matar a este antes, cuando quería alimentarme porque iba a golpearme. Ahora su sangre se ha enfriado, cosa que odio." Frunció el ceño disgustado.

"No puede estar tan frío," dije haciéndome paso entre los restos hacia el oso pardo, acercándome más a Emmett, quien se estaba quejando de lo lindo. Toqué la gruesa piel del animal y sentí que todavía había calor. "Podemos beber."

Emmett se mofó. "No, gracias, si quieres tú vale. A mí me gusta cuando están peleando."

"Tú sólo quieres el peligro," le corregí.

"Aunque no haya mucho con un oso pardo," se rió. "Aún así, tampoco les tenía mucho miedo cuando era humano y me podían herir."

Me quedé estático y en mi mente volvió a aparecer Bella. Los humanos eran tan frágiles… y parecían no tener idea de este concepto. Moralidad era un tema poco común tratado por los humanos. Y no tendría que serlo. Después de todo, Emmett era la prueba de cómo de destructibles eran los humanos; una enfermedad me arrebató mi vida, un oso, la suya.

No pude evitar preguntarme qué sería lo que quitaría la vida de Bella, eventualmente, y su precioso corazón dejara de latir.

"¿Ahora qué?" Gruñó Emmett.

Abrí los ojos para encontrarme con los suyos, repentinamente consciente de que había perdido el hilo de mis pensamientos. "Lo siento," murmuré quedamente.

"Y yo que creía que aquí te divertirías. ¿Por qué tienes que torturarte tanto?"

Abrí la boca para protestar, pero entonces la cerré aceptando la derrota. "Lo siento mucho, Emmett. No puedo parar de pensar en ella, aunque lo intente."

"Ella… así que volvemos a Bella."

Hice una mueca.

Jadeó y se sentó estirando sus largas piernas de forma casual. "¿Qué es esta vez? Por favor, dime que has decidido cambiarla y acabar ya."

"No, Emmett. Justo lo contrario, en realidad." Me uní a él en eso de sentarme en un banco imaginario.

"Así que, ¿de verdad quieres que siga siendo humana?"

Respiré profundamente antes de responder. "Eso es lo que quiero, y te entiendo, de verdad que sí. Pero no puedo imaginar su piel fría, y tampoco que no lata su corazón. Me parece que es tan especial y única… no puede perderlo para satisfacer mis necesidades. No merece la pena, en mi opinión."

"Bueno, si quieres probar que eres más fuerte que yo, supongo que podrías hacerlo. Yo no duraría ni cinco segundos."

"Tú no duraste ni dos segundos," rectifiqué.

Asintió casi de forma imperceptible y entonces, sacudió la cabeza. "Todavía no puedo ver cómo va a funcionar. Quiero decir, tienes que ir con mucho cuidado cuando la toques, si la sujetaras demasiado fuerte…"

"Lo sé," suspiré. "Ya lo he considerado. Maldita sea, siempre estoy pensando en lo fácil que puede herirse, y siendo Bella un imán para el peligro… Siento como si fuera mi necesidad asegurarme de que no se… rompiera."

"Incluso aunque tú puedes cortarla en pedacitos." Emmett nunca había sido conocido por tener mucho tacto.

Pensé durante un largo momento, considerando cuidadosamente cómo podía acercarme a las preocupaciones que se mostraban en el interior de mi cabeza. Me di cuenta de que si Emmett podía ser directo, yo también. "Bella está en la playa hoy."

Nuestras miradas se encontrarion. "¿De verdad? ¿Por qué?"

"Sus amigos la invitaron."

"Bueno," tartamudeó, "a ella se le permite estar ahí. "No es como si ya fuera una de nosotros."

Ignoré el uso de la palabra "ya". "Pero tampoco me gusta que vaya allí. No creo que los Quileutes la ataquen, pero Bella es especial. Si yo puedo reconocerlo, entonces alguien más también lo hará."

"Pero es humana, ¿qué pueden hacerle?"

Me sentí levemente apaleado por su carencia de sensibilidad en el asunto. "Ella siempre es humana, pero piensa en las cosas que yo podría hacerle." Antes de que Emmett pudiera comentar, admití como final preocupación. "No me gusta que esté lejos de mí, ¿qué pasaría si se hiciera daño y no pudiera ayudarla?"

Emmett me hizo una cara. "¿Qué va a pasarle en la playa? ¿Ponerse morena? ¿Torcerse el pie con una roca?"

"Considerando que no sólo ha escapado de ser atropellada por una furgoneta, sino que también se las ha arreglado para sobrevivir a pesar de tener a varios vampiros enfadados con ella, pondría la mano en el fuego por que se metiera en problemas este fin de semana."

"Y a ti te importa porque…"

Quise estrangularle de verdad en ese momento. "¡Me importa porque la quiero! Sabes, Emmett, a veces me pregunto si de verdad tienes cerebro."

"Es gracioso, porque yo estaba pensando lo mismo de ti. Veo muchos fallos en tu plan, y eso que tú sólo puedes ver a Bella."

Solté un bufido y fruncí los labios levantando una ceja. "Como tú cuando discutes con Rosalie. Nunca puedes ver lo que yo opino, sea el tema que sea, todo lo que puedes ver es que Rosalie está enfadada contigo y quieres arreglarlo."

"Sí, pero es diferente."

"¿Y eso?"

"Bueno, Rosalie es mi… mujer."

"Y tú la quieres."

"Por supuesto."

"Pues yo quiero a Bella."

Entrecerró los ojos y pensó, Lo que tú digas.

Me levanté y anduve varios pasos para alejarme de él. "Volveré mañana." Había hecho la decisión hacía una hora, pero era ahora cuando había querido hacérselo conocer a Emmett. Le estaba molestando, y viceversa. No nos vendría para nada bien estar los dos juntos aquí, pues sólo discutiríamos durante horas.

Además, estaba demasiado preocupado por el estado físico de Bella. Necesitaba escuchar su corazón, era algo que me servía como prueba para ver que todo estaba bien.

"Pero Alice dijo que este miércoles haría sol. No hay ninguna razón para volver ahora," protestó.

De nuevo me golpeó su ignorancia. "Hay una razón… para mí."

Bella. Le escuché quejarse interiormente. Estaré feliz cuando la cambie y podamos parar toda esta mierda, es irritante.

Casi le golpeé por eso, pero opté por descargar mi rabia contra un lince que había visto justo ahora. El animal tenía sangre y Emmett no. Y necesitaba sangre si quería estar otra vez cerca de Bella.

El domingo llegó y mantuve mi palabra sobre lo de volver, si bien fastidié a Emmett. Le dije que podía quedarse él si quería, pero sabía que no lo haría. A Emmett le gustaba cazar con alguien, y no estar solo entre los árboles. Le gustaba la emoción pero también enseñar su fuerza. Disfrutaba cazando en grupo, como si fuera un deporte donde las únicas reglas eran no dejar evidencia de que el perdedor había muerto. Pero así era Emmett, claro y simple.

Cuando alcanzamos los límites de Forks, salí del Jeep sin mediar palabra.

"¿Dónde vas?" Me dijo cerrando la puerta. Sus pies tocaron el húmedo pavimento.

"A ver a Bella," repliqué honestamente.

"¿Qué pasa si no te quiere ver?"

"No me va a ver." Me volví y anduve hacia el monovolument escuchando los pensamientos de Emmett, quien estaba cuestionando mi cordura. Tampoco estaba seguro yo, lo único que sabía es que Bella era lo más importante para mí, la persona más importante que había conocido. Mi necesidad de estar con Bella estaba sólo por debajo de mi necesidad por la sangre.

Me descubrí a mí mismo justo al margen del bosque, cerca de su pequeña casa. Todavía era temprano, pero el coche del jefe de policía Swan ya se había ido, tendría que estar ocupado hoy. Me molestó que dejara sola a Bella en casa. Si tuviera una hija y fuera tan prominente a sufrir accidentes, querría protegerla lo mejor que pudiera. Pero Bella no era mi hija, sólo mi amiga. Sólo podía desear que algún día fuera algo más.

No estaba seguro de cuánto tiempo me pasé observando la casa antes de ver movimiento a través del cristal de las ventanas. Era Bella, desde luego, y parecía… ¿Enfadada? Desapareció por un momento, y yo, curioso por su estado mental y sus ganas de salir en una mañana tan nublada como esta, la seguí. No era normal.

Pero, ¿desde cuándo Bella había hecho algo normal?

Pasó de largo su monovolumen y se dirigió al último lugar que creía que hubiera ido, el bosque. Había peligros allí distintos a los de la ciudad, animales, arañazos, caídas… sin mencionar las criaturas ocultas entre las sombras. Teniendo en cuenta el historial de Bella, seguramente encontraría uno, si no todos los peligros, uno para meterse en más problemas de los que ya estaba.

Con ayuda de mis sentidos, la seguí. Respiré fuertemente, buscando cualquier bestia inoportuna que pudiera causarle algún daño. Era doloroso hacer esto, dada la cercanía hacia su potente esencia, pero no iba a dejar que se hiciera daño, por tanto, tenía que sentirme cómodo. Aunque estaba más incómodo con la mera idea de que ella se fuera sin que yo lo pudiera evitar.

La tierra hizo un sonido extraño bajo sus pies, y los pájaros sobrevolaron su cabeza en dirección contraria a la mía. Me congelé, medio esperando que ella se girara y me viera, temiendo que mi movimiento hubiera asustado a los pájaros. Pero Bella, claro estaba, lo ignoró y continuó su camino adentrándose entre la maleza.

Anduvo con paso pesado con una fiera expresión en su tez. Sí, había leído correctamente, estaba furiosa, y me permití un momento para felicitarme por haber estado en lo cierto. Sin importar mi alegría por ser tan astuto, empecé a preguntarme la fuente de su rabia. Era demasiado pronto para una emoción así y, probablemente, habría pasado la mañana sola. ¿Habría pasado algo ayer en la playa? ¿Habría hecho Mike algo inapropiado con ella?

Empecé a imaginarme el cuerpo de Mike mutilado con su sangre fluyendo libremente.

No, no podía ser. Bella era demasiado fuerte como persona para dejar que alguien como Mike se aprovechara de ella. Habría ido con más gente, no podía ser que ella se hubiera puesto sola en una situación así, donde Mike podía abusar de ella. Era demasiado inteligente.

¿O no lo era?

Había estado sola en un coche con un vampiro dentro el otro día, sin ir más lejos. Un vampiro que anhelaba su sangre por encima de todo bicho viviente. Y eso, ciertamente, no era inteligente.

Y ahora estaba tumbada encima de un árbol caído en medio de un bosque con el mismo vampiro observándola. Cualquier cosa podía dañarla, yo podía dañarla, pero no lo haría, no permitiría que nada lo hiciera. Me escondí tras un gran árbol y me concentré en ella totalmente.

Se sentó en total silencio, y así permaneció durante un largo período de tiempo. Sólo pensando. Podía verla haciendo muecas mientras peleaba interiormente con algo. Me devané los sesos intentando que compartiera esos pensamientos conmigo, esos pensamientos que quería desesperadamente. Era cruel que ella estuviera enfureciéndome así, porque no había manera de saber qué era lo que le molestaba. Quería confortarla, hacer que el dolor desapareciera. Sabía que no tenía que estar ahí, pero verla obviamente tan mal por dentro hizo que mi frío corazón se derritiera.

Mi nariz captó la esencia de una de esas bestias ocultas a ojos humanos, y moví la cabeza violentamente, mis ojos buscando la fuente. No vi nada, pero esas criaturas eran buenas escondiéndose entre la vegetación.

Bella tenía que marcharse.

Tenía que marcharse ahora.

Mi mente le gritó, ¡CORRE!

Si no se movía pronto, tendría que manifestar mi presencia para cogerla y apartarla de allí antes de que la mataran. Podía ver su cara asustada y atónita fulminándome por haberla seguido en secreto –atreviéndome a salvar su vida. Me odiaría por ello, estaba seguro.

Y empezó a llover.

Para mi gran incredulidad, Bella se levantó de su posición y regresó. Estaba lo más cerca que podía de ella para que no me viera, mis ojos y mis oídos concentrados en cualquier sonido que pudiera proferir el bosque. No la herirían, no lo permitiría. Empezaría una guerra, pero no me importaba.

Le llevó mucho tiempo a Bella encontrar el camino de vuelta entre las sombras, pero finalmente lo consiguió, y todo seguido. Suspiré de alivio mientras entraba en casa, sana y salva. Casualmente, entró como si nada hubiera pasado.

Totalmente inconsciente de que su vida había sido perdonada, otra vez.

Entonces, me hice la promesa de que nunca iba a permitir que nada la hiriera, ni siquiera yo mismo. Me destruiría antes que hacerle daño, y lo haría con gusto. Mi amor por ella podría significar el fin, pero no podía evitarlo. Y la observaría como si fuera un halcón para que esa promesa no se rompiera.

N/A: ¿Os ha gustado? ¡Espero que sí! La verdad, este capítulo lo he traducido en un momento, y de verdad que lo he disfrutado así sin presiones y tal… Espero que me digáis qué os ha parecido con un review, ¡por favor!

Y bueno, me hago publicidad: he subido, haciendo acopio de todas mis fuerzas, un one-shot de Harry Potter y la época de los Merodeadores para no perder la costumbre (son mi campo, qué le vamos a hacer), espero que os guste también y me hagáis saber vuestra opinión si os lo leéis y queréis, se agradecería un montón. Eso sí, hay SPOILERS del séptimo libro, si os lo habéis leído, o no os importan los spoilers, yo encantada Se llama Quimera, y en mi perfil podéis encontrarlo.

ACTUALIZACIÓN: Madre del amor hermoso y la madre del cordero y mil blasfemias más, ¡cómo me ha costado subir la puñetera historia de Quimera! Que si exclamaciones fuera, que si guiones, que si comas… ¡ARGH!

¡Ah! Más cosas… El foro de Crepúsculo.es ha vuelto, por tanto, también mi historia de "Wedding Party" (que ya dije que es la única que subo allí porque mira, ahí empecé y ahí terminará, pues no quiero que esté en más de un sitio), por si os queréis pasar, el link en mi profile.

Muchas gracias a todos, ¡besitos!

Se despide,

Sango.