Y con éste capítulo termino ésta historia, quiero agradecer a todos aquellos que dejaron sus reviews alentándome a continuar con esto, espero que hayan quedado satisfechos con el final que les he dado a ellos.

Incluí dos canciones, una interpretada por mis recién casados, con ligeras modificaciones en la letra, y la otra simplemente por mencionarla.

Canciones: Everything Has Changed – Taylor Swift (/watch?v=w1oM3kQpXRo)

Cameo Lover – Kimbra (/watch?v=elyk9MBY72U)

Y no dejaré de escribir algún que otro shot, o si me sugieren parejas del mismo Glee me gustaría trabajar con ellas.


Acepto

Pongo el brazo sobre los hombros de Mason, trato de protegerlo un poco más del frío aire que golpea la piel expuesta de nuestros rostros y nuestras manos entrelazadas. Ni siquiera los gruesos abrigos, los gorros y las bufandas son suficientes para que ambos dejemos de tiritar.

—Éste es el momento perfecto para que empiece a nevar —dice, con anhelo en la voz.

Mason adora los días nevados, y los prefiere más cuando tiene una taza de chocolate caliente con malvaviscos entre las manos y estamos acurrucados en el sillón viendo alguna película.

—Sería estupendo, pero no me gustaría morir congelado aquí afuera.

Su mano me toma con fuerza por la cintura mientras seguimos caminando por un Central Park más lleno de gente, haciéndome cosquillas en las zonas donde la presión apenas es perceptible. Ahora veo por qué a Mason le gusta tanto estar aquí, es un sitio que queda mezclado tan perfectamente con la ciudad que parece un sitio totalmente ajeno a Nueva York.

Seguimos en nuestra acostumbrada caminata de los sábados hasta los puentes cercanos al lago, desde ahí podemos mirar el concierto público de invierno que se da en el anfiteatro. Por lo que recuerdo en el repertorio será un poco de Beethoven, Mozart, Vivaldi, Bach y Tchaikovski, después seguirán los acostumbrados villancicos y podremos volver a la comodidad y calor del departamento.

Mi celular vibra en el bolsillo de mi pantalón, le echo un vistazo rápido y es un mensaje de texto de Al: ¡NYADA va a matarme! :'( Sé valiente, Varsity Blues ;)

Por poco me olvido de la mentira que Al estaba contándole a Mason durante casi un año. Nunca dejó NYADA, de hecho él también consiguió una especie de beca para las artes, y hasta ahora es el mejor de su clase, igual que Mason y yo en nuestras respectivas maestrías.

—¡Date prisa, está por comenzar!

Mason es el primero en poner las manos en la barandilla y recargarse sobre ella, contemplando el espectáculo de luces blancas y azules que parpadean en los árboles que rodean el escenario.

La orquesta comienza a interpretar de un modo tan perfecto las notas de melodías tan complicadas que casi no me siento tan mal por haber llegado tarde a Broadway, pero nuestra cena tomó un poco más de lo esperado, eso y el tráfico en todas las calles debido a las fiestas navideñas.

—¿Puedo confesarte algo? —pregunto, poniendo mis manos dentro de los bolsillos de su abrigo. Mueve la cabeza para hacerme espacio.

—Por supuesto, siempre me gusta escucharte —sus manos se encuentran con las mías y se entrelazan.

—Antes de ti nunca me había fascinado la idea de abrirle mi corazón a alguien, nunca me detuve a pensar que quizá, en cinco años, estaría al lado de alguien, conociendo lo bien que se siente estar enamorado, viviendo en una ciudad de ensueño, conociendo el mundo al lado de mi alguien especial —lo beso en el cuello despacio, haciendo que cada suspiro valga la pena—. Te amo, Mason, por eso y por mucho más. Soy quien soy ahora debido a ti.

En mi pecho puedo sentir que se encoge de hombros y suelta un apenas audible resoplido. Lo abrazo con fuerza y ahora el sonido se vuelve un suspiro.

—Spencer…yo, no sé qué decir… nunca me había sentido tan amado por alguien hasta que te conocí —me muerdo la mejilla por dentro—. Yo te amo tanto como la luna adora estar acompañada de las estrellas.

Aferro mi abrazo a su cintura, arquea la espalda y mi cadera apenas choca con la suya. Mi nariz se coloca en su cuello e inhalo y échalo rápidamente, haciendo que se ría y que se mueva descontroladamente para tratar de liberarse. Finalmente llega un momento de seriedad a mí y pongo mis labios en su oreja derecha.

—Tengo una sorpresa para ti —digo, apartando la cabeza de su hombro y metiendo la mano en el bolsillo interno de mi abrigo. «Llegó la hora».

—No es justo, prometimos que haríamos el intercambio de regalos hasta medianoche, ¡lo prometiste!

Resoplo y me siento tan repentinamente de mal humor que simplemente piso con más fuerza el suelo donde estoy levantado. Mason gira sobre los talones y se cruza de brazos. No, no voy a sacar mi mal humor ahora, simplemente voy a decirle un par de cosas.

—He estado en todas las tiendas que te puedas imaginar, buscando esos chocolates franceses que tanto te gustan, el costoso par de botas negras que querías, las entradas para Cats que has buscado en todos lados; he pensado en darte todo eso y más —veo en su expresión que no se había percatado que me di cuenta de todo eso—. Y no sé si estabas pensando lo mismo para mí, así que como mi regalo de Navidad quiero que cierres los ojos.

Arquea la ceja derecha y finalmente los cierra, balanceándose sobre las puntas de los pies, con las manos cruzadas detrás de la espalda y tarareando. Las personas que pasan a nuestro lado lo único que hacen es ponerme más nervioso.

Meto la mano en el bolsillo interno de mi abrigo, de inmediato que toco la pequeña caja de fieltro negro parece quemarme las yemas de los dedos. ¿Es muy pronto? ¿Y si dice que no? «Bah, al diablo, sólo hazlo; lo peor que puede pasar es que te rechace, y entonces puedes lanzarte desde el bonito puente para evitar que la misma situación se repita».

Tomo una profunda respiración, saco la caja de fieltro y la miro mientras me arrodillo, extiendo las manos como si fuera una ofrenda para una especie de dios.

—Mace, abre los ojos —me tiemblan las manos mientras abro la caja a la par que él abre los ojos.

Lo hace muy despacio, me sonríe y le dedica un minuto para procesar la escena entera, no todos los días alguien se arrodilla frente a él sosteniendo un anillo de plata con una enorme incrustación de lapislázuli en medio, rodeado de pequeños diamantes. No fue algo tan difícil, a él siempre le han gustado esta clase de detalles tan exorbitantes y sorprendentes.

Tomo una profunda respiración y me aclaro la garganta, sus ojos se encuentran con los míos y es entonces cuando puedo ver que las lágrimas están a punto de salir como geiseres.

—Mason McCarthy, mi todo, el amor de mi vida, la única persona a la que estoy dispuesto a amar hasta que el universo estalle. No quiero que me regales cosas materiales, no quiero saber que gastas un centavo en mí; no quiero nada de eso, solo quiero que aceptes este anillo y que aceptes casarte conmigo.

Su expresión no tiene precio, es la más indescriptible del mundo: es como una mezcla de completo asombro, júbilo desbordante, los chillidos que salen de su garganta son los más lindos que he escuchado, se queda sin aliento y por cada segundo que transcurre su rostro se sonroja un poco más. Rompe en llanto y se lanza sobre mí, me hace caer sobre un arbusto y aterrizo sobre un montón de piedras mientras él queda a horcajadas sobre mí.

—Sí, sí, ¡SÍ! —Da pequeños saltos sobre mi regazo y hago mi mejor esfuerzo para mantener la compostura—. ¡Sí, Spencer, sí! ¡Quiero casarme contigo! ¡Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado! ¡Te quiero solamente a ti!

Me las ingenio para levantarme, sin apartar mis brazos de su cintura y con la mirada de muchísimas personas a mí alrededor, especulando sobre lo que está sucediendo.

Cuando me ven deslizar el anillo en el dedo anular de Mason comienzan con esas raras expresiones de aprobación sentimental, los silbidos y los comentarios sobre que no sabemos el lío en el que acabamos de meternos. Y, como es habitual, los comentarios de odio también aparecen, pero son nada en comparación al momento que estamos pasando.

—Es el mejor día de mi vida —susurra en mi cuello, aferrándome con fuerza y haciendo que los violines del concierto sean la mejor música de fondo que pueda imaginar.

Levanto la mirada un poco y veo los primeros copos de nieve descendiendo lentamente del cielo, caen sobre su cabello y en sus pestañas. Sacudo su cabello para quitarlos, dejo las manos en sus mejillas y lo junto a mí en el primer beso que le doy a mi prometido.

—Te amo, Spens —dice, dejando su nariz sobre la mía.

—Te adoro, Mason.

El beso que sigue a esas confesiones es el más húmedo de todos, porque está llorando. Mason llora por completa felicidad, las ligeras risillas que salen de él cuando movemos la cabeza son otra prueba de ello. Pero en este punto yo también estoy llorando y soltando risillas tontas.

Mason ha dicho que sí.


SEIS MESES DESPUÉS

Me miro en el espejo y gruño por décima vez en toda la hora que llevo metido en la pequeña habitación. «Estúpida corbata, simplemente hoy no quiere cooperar conmigo».

Resoplo y me concentro una vez más: cruzo un extremo al otro, pasa por detrás y hacia arriba, cruza al otro lado y… la tela se enreda en mis dedos, como en las primeras ocasiones que papá me enseñaba a anudarlas.

Gruño y tomo los extremos por onceava vez cuando alguien llama a la puerta, giro la cabeza y me aseguro de tener una expresión de completo odio.

—¿Estás ocupado? —pregunta Sugar, asomando la cabeza y sonriendo. Cierra detrás de ella y camina en mi dirección, apartando mis manos de mi cuello y haciéndose cargo de la corbata. No recuerdo en qué momento nos volvimos amigos.

—No lo entiendo, puedo anudar estas cosas sin pensarlo ni una sola vez.

—Sí, pero no todos los días estás a punto de casarte, y con quien más sino con alguien tan guapo, inteligente… el chico más ardiente con el que me gustaría….

—Sí, sí, ya entendí… —ruedo los ojos y le dedico una mirada de indiferencia. No es la primera vez que alguien me trata de hablar de la excitación que Mason produce en ellos.

Alguien llama a la puerta cuando por fin Sugar termina con la corbata, Roderick entra y la releva en su tarea de vigilar que no tenga un ataque de pánico, o que decida que no voy a hacer esto. «Qué estoy diciendo, he soñado con este día desde que Rachel lo sugirió en la boda de Kurt y Blaine».

—¿Y? ¿Ya decidieron la combinación de apellidos? —pregunta al sentarse en una silla a mi lado, mirando la argolla de plata que rodea su dedo anular derecho.

No puedo creer que haya conseguido el afecto de Kitty, ya que no es la chica más amable que digamos, y siempre parecía odiarnos un poco más cada día cuando estábamos en McKinley. Resultó ser todo un encanto de chica con una actitud de patea traseros innata.

—Sí —respondo, y pensar en ello hace que me ría y sienta un calor mucho más bochornos que el que he experimentado en las últimas veinticuatro horas. A decir verdad es una combinación bastante graciosa—. Seremos Porter-McCarthy.

—Porter-McCarthy… —pronuncia, despacio, como si saboreara cada palabra—. Sí, me gusta el sonido de eso.

Me pongo de pie y me tambaleo un poco, Rod pone una mano en mi hombro y me ayuda a mantenerme de pie. Toma un pañuelo de papel y me lo paso por la frente, se inunda de perlas de sudor que no sabía que estaban ahí.

—Estás pálido —me mira detenidamente—. No me digas que vas a… —niego con la cabeza antes de que siquiera termine de pensar en ello.

—No… es solo que… —comienzo a sacar unas cuantas conclusiones y al fin puedo ponerle un nombre a la razón de mi repentino nerviosismo, torpeza y ligero grado de estrés—. Rod… voy a casarme con Mason. ¡Voy a casarme con Mason!

Doy unos cuantos saltos de alegría mientras me sonríe y me da una palmada en el hombro. Sugar vuelve a entrar en la habitación, diciendo que la hora ha llegado. Me miro en el espejo, me golpeo las mejillas y suelto todo el cuerpo, como suelo hacerlo antes de entrar a la cancha y dar lo mejor de mí. Estoy a punto de hacer la anotación ganadora.

Camino a paso apresurado por un amplio pasillo, con Rod y Sugar siguiendo mis pasos, pensando en ese llamado del señor Schuester para hacer primer número en el nuevo Auditorio Finn Hudson hace un par de semanas, momentos donde Mace estuvo pidiéndome una y mil veces que diéramos el anuncio oficial de nuestro futuro matrimonio, y sí que fue una gran sorpresa para todos, incluso para Alistair, que se mostraba muy feliz por nuestra decisión.

Ahora me pongo a pensar que nunca conocí al tal Finn, pero por lo poco que he escuchado de Rachel y Kurt, así como del entrenador Beiste, fue un chico asombroso, un gran líder y un estupendo amigo que se marchó antes de tiempo.

Entro a la capilla designada para Mason y yo, estoy encantado al ver a todos nuestros amigos y familiares reunidos para este día tan especial, sobretodo me sorprende ver a los antiguos miembros de New Directions y a quienes estaban en el club antes que Jane, Madison, Rod, Mace y yo ingresáramos. Incluso el doctor James hizo un espacio en su apretada agenda para estar aquí, junto con Alice y Jordan. Ella sigue pareciéndome insoportable y él un bueno para nada.

Estrecho las manos y saludo a todos los invitados, me acerco al altar y me quedo parado junto al lado del padre Beckford, el cura que la familia de Mace decidió contratar para auspiciar la ceremonia. Arregla un pequeño conjunto de tarjetas blancas y les echa un vistazo rápido; el sermón previo a todo.

De la nada todas y cada una de las personas se acomodan en sus lugares y se quedan en silencio, comienzan a tararear la típica y vergonzosa marcha nupcial, giro la cabeza cuando las puertas al final del pasillo comienzan a abrirse… y lo veo… parado con la cabeza un poco agachada, sonriendo y sonrojado, matándome a una distancia de unos veinte metros con ese perfecto traje negro que hace juego con el mío. Mason me quita el aliento.

El recuerdo de mi petición de su mano no tarda en aparecer en mi memoria. Todavía puedo escuchar los susurros de los transeúntes mientras me veían hacer semejante acto de valor, las expresiones y los sonidos ahogados de Mason, los cientos de veces que dijo que aceptaba casarse conmigo y la felicidad que hasta ahora sigue presente en mí es indescriptible.

Mace llega hasta el altar, después de hacer un camino violentamente lento, y nos quedamos de pie frente al otro. Acomodo las solapas de su saco y él endereza mi corbata.

—¿Tienes idea de cuán afortunado me siento porque esto esté pasando? —el calor en mis mejillas habla por mi cuerpo.

—¿Te dije que Sugar estuvo vigilándome todo el día para no espiarte? —sonríe de lado.

—Lo sé porque yo la envíe… así como tú enviando a Madison a hacer lo mismo.

El padre Beckford se clara la garganta, levanta una ceja a tal modo de regaño que Mace y yo nos quedamos firmemente de pie, nuestros brazos cuelgan inertes a nuestros costados, y nuestras expresiones se endurecen. Él solamente sonríe y niega ligeramente con la cabeza.

—Muy bien amigos —su voz es tan grave que me asusta—, estamos todos aquí reunidos para celebrar la unión de estas dos almas gemelas, quienes, luchando contra todas las adversidades que las leyes impuestas por los estados y apartando los insultos de algunos que se hacen llamar fieles sirvientes de nuestro Señor, han logrado llevar su amor a su máxima expresión; el matrimonio. Recordemos que…

Me pierdo en toda la palabrería bíblica que comienza a decir. Me es extraño ver a un ciervo del Señor tan feliz por unir a dos personas cuyo amor va 'en contra de la naturaleza' y es una aberración contra todos los estatutos de la Iglesia. Creo que no toda esa clase de personas son tan insoportables.

—Pero basta sobre esto. Supongo que prepararon sus votos, ¿no es así? —sonríe y en este momento es cuando quiero que la Tierra me trague. «¡Carajo! ¡Sabía que algo se me olvidaba!»—. Spencer, tú primero.

Giramos sobre nuestros talones y nos tomamos de las manos, una boba sonrisa aparece directamente en mi rostro cuando veo que Mason me devuelve el gesto, cuando se sonroja y encoje de hombros.

—Mi amado Mason McCarthy, mi alma gemela, mi persona —«debí escribir mis votos, ahora estoy seguro que va a notarse que estoy improvisando. Pero… ¿eso es lo mejor no? Estas palabras vienen directo del corazón»—. La primera vez que entré al salón de coro, con el trofeo de las Invitacionales en alto, dije 'bueno, esto no parece tan malo como creía. Creo que voy a sobrevivir'. Desde ese momento no podía pasar un día en el que dejara de observarte, todo lo que hacías me resultaba de lo más interesante y curioso. Los días que me saludabas en los pasillos parecían correr más rápido, porque siempre estaba esperando un momento en el que lo hicieras otra vez; cuando no lo hacías y en su lugar charlabas con las otras animadoras o con cualquier otra persona eran razones por las que mi humor se podía ir al suelo y nada ni nadie lo podía traer a flote. Entonces llegué a una conclusión, lo más obvio y cursi del mundo. Me dije a mí mismo: 'viejo, es un hecho. Estás profundamente enamorado de Mason' —se ríe por lo bajo, igual que algunos de los invitados—. Durante estos cinco increíbles años hemos tenido que pasar por muchos obstáculos, desde la mirada despectiva de muchos en McKinley hasta la distancia entre nuestras escuelas, nuestros trabajos y tener que mantener unas buenas notas para no parecer unos mediocres en lo que hacemos. Tuviste que enfrentar los resultados de mis malas decisiones que en un principio parecían estar bien —mi mano derecha se coloca en su mejilla—. Y no puedo estar más feliz por ello, sabiendo que nunca perdiste esa psicótica sonrisa tan característica en ti, el brillo en tus ojos cada vez que estoy cerca, el modo en que siempre pareces estar relajado y en paz cuando podemos estar solos; aún con nuestro gran tropiezo cuando todo comenzaba a nacer nunca perdiste lo que ahora sientes por mí y lo que nos ha traído hasta aquí —aparto una lágrima que resbala por su ojo izquierdo y lucho contra mi impulso por besarlo—. Cada mañana, cuando abro los ojos y te veo durmiendo tan tranquilo y apaciguado, no dejo de preguntarme '¿por qué me eligió a mí? ¿Qué tengo de especial?'. Por eso, y porque me encanta hacerlo, lo primero que hago es abrazarte y susurrarte al oído lo mucho que te adoro, lo infinito de mi amor por ti y lo indescriptiblemente feliz que soy a tu lado. De hecho, justo ahora, ni siquiera puedo pensar en palabras que intenten describir lo mucho que quiero que se termine la ceremonia y que seas mío por siempre y para siempre.

Vuelve a reírse, la carcajada más adorable de todo el mundo. Veo a los invitados, Roderick levanta los pulgares de ambas manos y sonríe. Bajo la mano y vuelvo a tomar la de Mason, está temblando mientras torpemente intenta hacer círculos sobre el dorso de las mías.

—Ahora es tu turno, Mason —dice el padre Beckford.

Mace toma una profunda respiración y sus manos comienzan a temblar un poco más. Acaricio el dorso de sus manos con mis pulgares y se tranquiliza un poco.

—Mi querido Spencer Porter, mi primer, único y verdadero amor —suspira y deja salir el aire a modo de resoplido—, te conozco tan bien que sé que lo que acabas de decir no estaba planeado, pero me has convencido una vez más que solamente eres tú quien quiero que esté a mi lado por el resto de mi vida —me río por lo bajo, al igual que todos los presentes—. Mis años de secundaria fueron lo peor, siendo molestado por muchas personas diciendo que salía con Madison, escuchando una infinidad de suposiciones de por qué un chico querría ser un Cheerio, y supongo que de cierta manera sus suposiciones eran correctas. Cuando Madison y yo entramos a New Directions lo hicimos porque queríamos ser todavía más populares, podía ver las luces hasta con los ojos cerrados, y podía escuchar los aplausos y los gritos exclamando mí nombre. Después te uniste a nosotros en las Invitacionales, y supuse que serías un chico problemático, y que solo habías entrado al club por haber perdido una apuesta o algo por el estilo —«no una apuesta, Sam me persuadió para hacerlo»—. Recuerdo que la primera vez que hablaste conmigo fue para preguntarme la hora, ¡tus tartamudeos eran los más adorables del universo! —Ese momento pasa por mi memoria también, y no puedo evitar sentirme avergonzado—. Desde entonces charlábamos siempre sobre cualquier cosa trivial, incluso el color de las paredes era suficiente para que llegáramos a una discusión totalmente diferente, como esa sobre cuál de nuestros súper héroes era mejor que el del otro, o cuando discutimos sobre cuál era la canción más romántica que existía. También recuerdo que pensamos en lo aburrida que sería la fiesta de Rachel, aunque todos los chicos iríamos —no miro a Rachel, pero puedo sentir su mirada de odio hasta acá—. Y quién diría que fue esa fiesta a la que ambos pensábamos no asistir sería la que inició todo, el lugar en donde ocurrió nuestro primer beso y donde me di cuenta que esas raras sensaciones que sentía cuando te tenía cerca eran sinónimos de los nuevos sentimientos que tenía por ti —beso el dorso de sus manos y sonrío—. En verdad agradezco que esa fiesta nos haya traído hasta aquí, y también espero que esta hermosa ceremonia se termine ahora —todos, incluido el padre Beckford, nos reímos.

—En vista de que todos queremos que esta pareja sea unida, prosigamos con los anillos.

Separo nuestras manos entrelazadas, Roderick extiende el brazo y me da la argolla de oro que hace juego con la que Madison le entrega a Mace. Volvemos a mirarnos y ahora solo mantenemos contacto visual.

—Spencer, ¿tomas a Mason como tu legítimo esposo?

—Acepto —respondo, orgulloso de que al fin estoy tomando la mejor decisión de mi vida—. Con este anillo, yo, Spencer Porter, prometo amarte todos los días y en todo momento incondicionalmente, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, aun cuando las condiciones sean tan adversas que no parezcan tener un final próximo. Siempre estaré ahí para ti, dándote mi mano para apoyarte y guiarte, mi hombro para que llores; siempre estaré entregándote todo lo que soy capaz de darte —deslizo la argolla en su dedo anular derecho y sostengo su mano un segundo—. Hasta que la muerte nos separe.

—Ahora, Mason, ¿tomas a Spencer como tu legítimo esposo? —dice el padre, sonriendo.

—Acepto —se sonroja tanto que casi parece que tiene fiebre—. Y con este anillo yo, Mason McCarthy, prometo siempre estar ahí para ti, estar siempre contigo aun cuando todo parezca estarse viniendo abajo, en las buenas y malas decisiones que tomemos siempre estaremos codo a codo para afrontar las consecuencias que puedan producirse; escucharte, consolarte, tener siempre alguna idea que pueda orientarte cuando pierdas, o perdamos, el camino de nuestra felicidad son cosas que nunca dejaré de hacer—desliza la argolla en mi dedo y me dedica una gran sonrisa—. Hasta que la muerte nos separe.

Ambos suspiramos y giramos la vista hacia el cura, que está al borde de las lágrimas. Respira profundo para tratar de calmar su entusiasmo, si es que eso es lo que siente.

—Si alguien tiene alguna razón por la que esta unión no deba realizarse, que hable ahora o calle para siempre.

Por un momento creo que soy el único que se pone tenso, pero la ligera vibración también proviene de las manos de Mace. Creo que solo hay una persona que podría tener algo que decir al respecto, alguien para quien seguramente esto no debería estar pasando, o que piensa que debería sustituir el lugar de alguno de nosotros; Alistair.

La habitación se queda en silencio mientras giro ligeramente la cabeza para que Al aparezca en mi campo visual, apenas. Está ahí, sentado en la tercera fila de ocho, su semblante parece tan sereno y alegre como siempre que está observando algo o a alguien.

En la segunda fila, Rachel, Jane y Kitty ya están envueltas en llanto, tratando de apartar las lágrimas que continúan fluyendo sin cesar. Nuestros padres, detrás de ellas, están completamente felices, tanto que también se unen a todas las personas que ya están en llanto, mientras que yo trato de no hacerlo. Junto a ellos está la señora Richards, con sus dos nietas, también envueltas en llanto.

No puedo creer que esto esté sucediendo.

—Bien —dice el padre Beckford, y puedo respirar en paz—. Entonces, por el poder que me confiere el estado de Ohio —cada una de sus palabras hace que quiera saltar de la emoción y que quiera besar a Mason antes de que él me lo diga—, yo los declaro Spencer y Mason Porter-McCarthy.

Se queda callado unos segundos, la seriedad en su expresión me hace reconsiderar una vez más si realmente está feliz por habernos unido en matrimonio o si simplemente es un buen actor en cuanto a gestos.

Me equivoco de nuevo, su sonrisa aparece otra vez y ésta vez se permite un par de lágrimas. Unas cuantas también resbalan por mis mejillas, pero no se si on de gozo o frustración.

—Puedes besar a…

Sí, lo interrumpo, solo porque Mason estaba listo para hacerlo; él estaba listo para ser quien daría el primer beso de este gran paso que estamos dando, pero pude frustrar su intención.

El beso es lento, rítmico, lleno de todas esas cosas que cualquier pueda imaginar que ocurre cuando está besando al amor de su vida. Los vítores, gritos y aplausos no tardan en seguir nuestro beso, y cuando nos apartamos nos piden más. Yo quiero más, pero esas pequeñas presiones y movimientos de nuestros labios fueron suficientes para quitarme el aliento… como siempre ocurre cuando tengo a Mason cerca.

Deslizo las manos por la espalda de Mason y veo que todos se ponen de pie, comienzan a gritar con más fuerza y jubilo. Podría quedarme así, con él entre mis brazos, desde el alba hasta el anochecer, todos y cada uno de los días que están por venir. Pero… ¡acabo de hacerlo!

—Te amo, Spencer Porter-McCarthy —coloca su cabeza en mi hombro y sus brazos se deslizan hasta mi cuello. La sonrisa más grande que he esbozado hasta ahora aparece en mi rostro y lo beso en la mejilla.

—Te amo, Mason Porter-McCarthy —lo beso en el cuello y su nariz se restriega con mi piel, su respiración me tranquiliza y escucharlo musitar lo mucho que me ama es suficiente para que pueda cerrar los ojos y darme cuenta que no estoy soñando.


Cuando abro los ojos Mason y yo estamos parados en medio de la pista de baile, pero ahora en verdad nos movemos al ritmo de la música. Mis pasos se han vuelto más fluidos y ligeros, ya no tengo que pensar tantas veces un solo movimiento para intentar que salga bien. No voy a dejar de agradecerle a Al que no haya abandonado NYADA y me haya apoyado para un día tan importante.

—Muy bien, todos —dice Kurt, interrumpiendo la canción. Él fue organizador de toda la fiesta y la boda en general, estoy seguro que sin él todo habría sido un fracaso épico—. Un pajarillo me dijo que una persona de los aquí presentes tiene un número listo para una persona única, y que si no lo sacaba de su pecho iba a explotar. Así que, damas y caballeros, ¡les presento a Spencer Porter!

Mason se ve obligado a soltarme y a mirarme mientras subo al escenario, me hizo prometerle una y mil veces que no me apartaría de él. Brittany, Santana, Rachel y Quinn están detrás de mí en el escenario, desde aquí veo que alguien le acerca una silla y cuando se sienta comienza a dar pequeños saltos.

—Primero que nada, quiero agradecer a todos los presentes por formar parte de éste maravilloso día, y de acompañarnos a Mason y a mí en esta nueva vida que estamos por comenzar—me gano los aplausos de todos—. Y, Mace, sé que dijimos que no haríamos esto —frunce los labios y levanta las cejas, al estilo que solo él ha desarrollado—. Pero es solo que no puedo evitarlo, ésta canción describe en cierta manera por todo lo que hemos pasado, todo lo que ha sucedido en mí desde que te conocí. Además es una de tus favoritas, así que espero que cantes conmigo.

Los acordes de las hábiles manos de Roderick en la guitarra y las chicas armonizando detrás de mí hacen que todo el mundo se junte en la pista de baile, mientras Mason se queda atónito y sentado en su lugar, las manos cubriéndole la boca y al borde del llanto. Me aclaro la garganta y comienzo a balancearme detrás del micrófono, sin apartar la vista ni un milisegundo de sus ojos.

All I knew this morning when I woke

Is I know something now, know something now I didn't before.

And all I've seen since eighteen hours ago

Is green eyes and the lovely way you smile

In the back of my mind making me feel like

I just wanna know you better, know you better, know you better now

I just wanna know you better, know you better, know you better now

Cuando veo que Sugar le entrega un micrófono agacha la cabeza y lo toma, se pone de pie y comienza a caminar al escenario con esa gran sonrisa en su rostro. Ahora sé que estaba totalmente seguro que saldría con este cambio de planes, ahora me conoce tan bien como yo a él. Se aclara la garganta y se queda parado en medio de la pista de baile, su voz no tarda en acompañar a la mía.

I just wanna know you better, know you better, know you better now

I just wanna know you, know you, know you

'Cause all I know is we said, "Hello."

And your eyes look like coming home

All I know is that I love you, babe

Everything has changed

All I know is you held the door

You'll be mine and I'll be yours

All I know since yesterday is everything has changed

Me quedo en silencio para que Mason se haga cargo de las siguientes líneas, sus favoritas de toda la canción.

And all my walls stood tall painted blue

And I'll take them down, take them down and open up the door for you

And all I feel in my stomach is butterflies

The beautiful kind, making up for lost time,

Taking flight, making me feel right

Los dos dejamos los micrófonos en sus bases, extiendo mi mano y él la entrelaza rápidamente con la mía. Bajamos a la pista de baile y nos unimos al lento baile armonizado por las voces de todas las chicas, incluso escucho a Rod en algunas ocasiones. Pero es la voz de Sugar la que se escucha más nítidamente, como si realmente todas hayan decidido darle una oportunidad a su canto.

I just wanna know you better, know you better, know you better now

I just wanna know you, know you, know you…

Come back and tell me why

I'm feeling like I've missed you all this time, oh, oh, oh.

And meet me there tonight

And let me know that it's not all in my mind.

—Creí que Sugar no podía sostener una nota, o seguir el ritmo de una canción —digo, acomodando la cabeza para que ahora yo pueda descansarla sobre el hombro de Mason.

—Desde la boda de Brittany y Santana estuvo diciéndome que había mejorado, les dije a todas que le dieran una oportunidad y en verdad tuvo una gran mejoría —sonríe y cierra los ojos, al igual que yo—. Y me alegra que haya sido la segunda mejor decisión en los últimos meses.

—¿Cuál fue la primera? —sonríe con orgullo y me besa en la nariz.

—Haber dicho 'acepto' hace seis meses en Central Park —suspiro y sus manos me sujetan con más fuerza—. Porque ni en mis mejores sueños pensé que este día realmente llegaría.

All I know is they said, "I do"

So dust off your highest hopes

All they know is pouring rain and everything has changed

All they know is a new found grace

All their days they'll know their faces

All they know since yesterday is everything has changed

La canción termina con la melodiosa voz de Sugar. Beso a Mace y los gritos de todos los presentes le quitan un poco de romanticismo al momento, pero de no escuchar sus voces de vez en cuando seguiría pensando que estoy inmerso en el mejor sueño que he tenido en toda mi vida.

No puedo evitar el impulso de tener los delgados y deliciosos labios de Mason chocando contra los míos, moviéndose de un modo tan lento y alucinante que podría quedarme dormido justo ahora, la calma que puedo sentir cuando estoy en su compañía es inigualable.

Sugar se apodera del escenario y comienza con una animada versión de Cameo Lover, otro de esos tantos gustos culposos que tengo por muchas canciones. Todo el mundo acompaña su totalmente inesperada nueva voz, todo el mundo hace coros y bailan al ritmo de la música.

Mason toma mi mano y nos movemos entre las parejas danzantes que ahora tienen sobrepoblada la pista, avanzamos por uno de los anchos pasillo del enorme salón de fiestas que mis padres decidieron apartar para nosotros.

A la mitad del pasillo abre uno de los ventanales y la helada briza es un refrescante total al bochornoso calor y la sensación sudorosa de todo mi cuerpo por estar entre tanta gente. Salimos al pequeño balcón y Mason no tarda en poner mis manos en su cintura mientras las suyas se colocan sobre mis hombros. Me sonríe de un modo tan indescriptible que ni me doy cuenta cuando comenzamos a movernos en círculos.

—Ahora me conoces muy bien, ¿no? Mi canciones favoritas, películas, lo que me gusta cenar y desayunar, lo que no me gusta en ocasiones de ti, ¿todo eso? —Sonríe y asiento con la cabeza a modo de respuesta—. Entonces dime, mi amor, ¿cuál es mi mayor temor? Y no, no son los insectos.

Pareciera que las luciérnagas decidieron opinar todo lo contrario, ya que un montón comienzan a zumbar cerca de nosotros, titilando a su paso y ofreciendo un espectáculo inigualable para mí, Mason debe estar muerto de miedo. Me aclaro la garganta y no necesito pensar en esa pregunta dos veces.

—Es lo más sencillo que me has preguntado —arquea una ceja mientras seguimos moviéndonos—. Tu mayor temor es que me marche antes de tiempo, tienes miedo a que muera.

Se queda inmóvil y se pone rígido, le tiembla la mandíbula por la presión que ejerce sobre ella. Acaricio su mejilla con el dorso de mi mano derecha y el suspiro que sale de él parece más bien un resoplido.

—Tienes miedo a que un accidente, una caída, un infarto, algo de ese tipo de cosas arrase con la felicidad que ahora rodea nuestras vidas —su semblante se endurece pero no deja de mirarme a los ojos. No estoy mintiendo—. Lo que quieres para nosotros es que ambos nos marchemos del mundo al mismo tiempo, quizá en el mismo accidente automovilístico, o acurrucados en nuestra habitación mientras la sábana de la vejez y la muerte nos envuelvan.

Una pequeña lágrima resbala por su mejilla izquierda y agacha la mirada, pongo mi dedo índice debajo de su barbilla y lo hago mirarme a los ojos de nuevo. Una sonrisa minúscula tensa las comisuras e sus labios.

—En verdad me conoces… —se aparta las lágrimas que caen por el ojo derecho.

—Es mi trabajo, porque nunca dejas de conocer a una persona sin importar lo seguro que estés de saber lo que hará o cómo va a reaccionar siempre va a haber una variación.

Sobre nosotros cae una nube de una sensación extraña, es como si al mismo tiempo quisiera seguir danzando con Mace, pero también quiero que la conversación termine y volver a la fiesta que se está dando por nosotros.

—Sé que es algo estúpido, y no quiero pensar en esa clase de cosas, no ahora… —su voz se va quebrando cada vez más.

—No es algo estúpido, Mace, pero no tienes nada que temer… mi amor —la expresión es totalmente nueva para mí, nunca antes la había dicho, y menos a una persona—. Porque nuestro futuro es prospero, y lo único por lo que tenemos que preocuparnos es por lo que pueda suceder en el próximo par de minutos de cada uno de nuestros días. Ése es el futuro que tienes que tener en mente.

El aroma de las flores que se abren a la luz de la noche comienza a volverse cada vez más fuerte. Nuestros cuerpos están tan cerca que casi parece que ocupan el mismo lugar en el espacio, no quiero estar lejos de él, y menos después de abordar un tema como éste.

—Imagina que pudiéramos ver nuestro futuro, el final de nuestra existencia, sería como ver únicamente el final de una película: ¿qué sentido tiene ver lo que sucede antes si ya sabes lo que va a suceder? —Sus manos me sujetan con fuerza por los hombros—. No tienes que preocuparte por nada ahora, estoy contigo y estás conmigo, aquí y por siempre. Solo tenemos que pensar en ello, lo demás encontrará una solución.

Su cabeza golpea mi pecho, se levanta sobre las puntas de los pies y sus brazos rodean mi cuello. Eso parece destensar un poco el ambiente, ya que su respiración se acompasa un poco e incluso tararea.

—Te amo y te adoro, Spens —responde dando un ligero beso en mi clavícula.

—Yo te amo y te adoro más que ayer y menos que mañana, Mace… —se ríe por lo bajo y suspira.

Mason es todo aquello que puede hacerme feliz de ahora en adelante, es la luz que brilla en la oscuridad de mi existencia, es la persona que siempre va a estar ahí para escuchar incluso la más estúpida de mis ideas, es quien va a extender su mano para apoyarme en todo momento, es en quien deposito toda mi confianza, afecto, anhelos, sueños y esperanzas que nunca pensé que podría darle a una persona. Es mi complemento, mi otra mitad, la persona con quien estoy destinado a pasar todas las eternidades que sean necesarias hasta que no pueda más.

Mason me ha hecho cambiar para bien, y creo que solo hay una palabra que puede definirlo…

Mason es… perfecto… Sí, eso; Mason es perfecto para mí.

—Tú también eres perfecto para mí —susurra, y luego me besa, tan despacio que podría acostumbrarme a una eternidad así. Con él, con mi Mason.


FIN