En lo particular, amé escribir este capítulo.

Verán por qué~


El sueño de los dos

XX: Azul

Genda Reiichi se estaba quedando un rato en las tardes después de la escuela en casa de Fudou, habían entablado una bonita amistad.

-¿Entonces el tío Kidou jugaba de mediocampista junto a ti y Sakuma-san? –Preguntó mientras observaba una fotografía de todos los miembros de Inazuma Japan siendo jóvenes.-

-Sí, al principio en Teikoku él empezó de delantero, pero cambió su posición en la selección cuando un inú… digo, Midorikawa Ryuuji se lesionó. –Se rascó la cabeza, aún le costaba un poco medir sus palabras ante el pequeño.-

-¿Y eras bueno, tío Fudou? –Le sonrió de oreja a oreja, esperando una respuesta. El mayor rió arrogante.-

-¿Bueno? ¡Ha! Era el mejor en ese equipo de nova… profesionales.

El niño de ojos expresivos rió ante su respuesta. –Genda-san dice que tú a veces eres mentiroso.

-¿Ah si? –Rió de lado.- Pues dile a tu padre que…

Entonces se abrió la puerta, había llegado Kidou.

-Deja de decirle cosas al niño, Akio…

Ya eran las seis de la tarde, como el sol estaba bajo ambos hombres decidieron llevar al niño al parque a que se distrajera un poco. Tomaron asiento en una banca y dejaron que el niño fuera a jugar.

Se dirigió directo a los columpios a mecerse, la brisa fresca le pegaba en sus pequeñas mejillas. Se sentía libre y feliz, del niño del orfanato inexpresivo y difícil solo había quedado la sombra. Apenas llevaba un mes de vivir con sus padres pero era feliz como nunca, ambos eran increíbles personas.

Que a pesar de sus trabajos, su tiempo libre se lo dedicaban a él.

Estaba totalmente agradecido con ellos y con sus tíos.

Mientras se mecía algo llamó su atención a lo lejos. Una caja, un niño frente a ella. La curiosidad le hizo bajar de columpio para dirigirse hacia los árboles después de ver que sus tíos estaban hablando, ocupados. No estaba tan retirado así que seguramente no habría problema con que fuera.

Caminó a pasos lentos hasta llegar con ese misterioso niño, estaba de espaldas mirando el interior de la caja… que hacía sonidos raros.

Al pisar una rama, el contrario se sobresaltó y miró sus ojos directamente.

A Reiichi le llamó mucho la atención el color de los ojos del niño: azul zafiro, vivo. Aún más azul que las paredes de su habitación y que el mismo mar que veía en fotografías. Su cabello también era azulado, pero más oscuro y corto, peinado hacia atrás con solo dos mechones cayendo sobre cada lado de su frente, aparentaba su misma edad. La piel del niño era pálida, casi del color de la nieve. Y lo observaba con cierta preocupación.

En casa de Kidou habían libros a montones por todos lados, era una persona muy culta, ciertas veces el menor tomaba uno que otro y lo hojeaba, más que nada los dibujos. Hace poco vio uno y una foto le llamó la atención: un ser hermoso alado y sentado abrazando sus piernas. Era un ángel.

Ese niño de ojos azules le recordó a la imagen, la misma posición en la que estaba, pero no tenía alas. Entonces se dignó a preguntar…

-¿Eres un ángel? –Preguntó Reiichi de manera inocente, inclinando un poco su cabecita hacia un lado.-

El contrario abrió los ojos de par en par. –N-No… soy un niño.

-Es que… pareces uno. –El menor se acercó más, y le llamó la atención la caja que el niño protegía.- ¿Cómo te llamas?

-Yukimura Hyouga… ¿Y tú?

-Genda Reiichi. –Sonrió, y se hincó a su lado.-

-Mucho gusto. –Le devolvió el gesto y desvió la mirada a la caja.- Genda-kun… ¿Puedes ayudarme con algo?

-Sí, claro.

Yukimura abrió la cajita y encontró dos gatitos bebés de apenas dos meses, de pelaje negro. Comenzó a acariciarlos con mucho cariño. Reiichi miró fascinado a los animalitos y cargó a uno con cuidado.

-Qué lindos… ¿Son tuyos? Yukimura-chan

-No, hace un momento vi a una señora que los dejó aquí abandonados… y no los quiero dejar aquí. ¿Será bueno que los cuide?

-Es mejor que alguien los cuide… es muy feo estar solo –Sonrió con melancolía, cosa que no pasó por desprevenido para el otro menor.- ¿Vas a quedártelos?

-Estoy seguro que mamá me va a decir que solo me quede con uno. –Bajó la mirada.- Por eso… te quería preguntar si querías ayudarme a cuidar uno.

-Es decir… ¿Qué me quede con uno?

-Sí. ¿Podrías? No es justo dejarlos solos.

-Por mí está bien… solo debo preguntarle a mis tíos y a mis padres. –Sonrió.-

-Gracias, Rei-chan.

Cada niño tomó a un animalito para cuidarlo. Después de meditar la decisión con Yuuto y Akio, encargados del niño en esos momentos, decidieron que estaría bien que el niño tuviera una mascota. Ya ellos se encargarían de convencer a los padres de ese niño, que al parecer no debía haber problema. Al final es un gato y no ocupa mucho espacio, viviría adecuadamente en el departamento. El menor saltó de la emoción y volvió a jugar con Yukimura, su nuevo amigo hasta que se hizo de noche.

Los padres del niño ojiazul le llamaban a lo lejos.

-Ya me tengo que ir, Rei-kun. –Dijo desanimado, mientras cargaba a su gatito.-

El mencionado arqueó las cejas. -¿Vendrás mañana otra vez? Quisiera jugar contigo de nuevo.

-Lo siento mucho… yo, en verdad no vivo aquí. Estoy aquí porque mis padres viajan mucho, pero yo soy de Hokkaido.

He ahí su suéter en temperatura cálida… la costumbre. Por eso tenía un acento cantado, y no era un ángel. Se sonrojó al recordar el como le había llamado.

-Oh… ya veo. Entonces… cuida mucho a tu gato ¿Vale?

Asintió con la cabeza. –Y tu también al tuyo… gracias por todo, Rei-chan. –Se despidió con la mano y fue corriendo hacia sus padres. El peligris se dio la vuelta, con dirección a la banca de Fudou y Kidou… su padre, Sakuma también había llegado por él. -

Yukimura se detuvo a medio camino, y se giró para gritarle algo más. – ¡Rei-chan!

El de ojos azabaches volteó sin dudarlo.

-¡Nos volveremos a ver algún día! ¡Es una promesa!

Sonrió cálidamente. -¡Claro, es una promesa!

Reiichi subió al auto con el gatito negro en brazos, lo acariciaba mientras éste ronroneaba. Jirou observó a su hijo con una expresión de alegría.

-Con que hiciste un nuevo amigo. ¿Quién es? ¿Cómo se llama? –Preguntó con curiosidad.-

-El es un ángel. –Le respondió con una sonrisa en el rostro, dejando algo atónito al mayor.- Se llama Yukimura.

-Yukimura-kun eh… -Revolvió sus cabellos de manera afectuosa. - ¿Y qué nombre le pondrás al gato?

-Hmm… Reita.

-Es un buen nombre.

Algo que nunca olvidaría el menor era sin duda alguna aquel encuentro, y esa promesa. Volvería a ver esos ojos color azul zafiro, algún día.


Puro caramelo.

Aquí termina la vida de niño pequeño de Reiichi, a partir del capítulo once ya lo veremos como es normalmente, un adolescente.