Capítulo 9
La nueva oferta
- Sebastian – dijo Ciel al notar que su mayordomo continuaba junto a él. - ¿Has estado aquí todo este tiempo?
- Debo cuidarlo amo, es mi deber – contestó el mayordomo.
- Tu deber… ¿y qué pasaría si yo te librara de ese deber?
- ¿Por qué haría algo como eso?
- Supongo que es porque quiero que ya no sea solo un deber para ti, sino una necesidad – Las palabras salían de labios de Ciel sin ninguna inhibición a consecuencia de su estado, y finalmente decía todo aquello que sentía, sin importarle demasiado el que Sebastian lanzara alguna de sus típicas burlas.
- Amo, siempre ha sido una necesidad el estar a su lado, después de todo usted ha nacido para encontrarme, y yo he vivido cientos de años solo para conocerle. Usted es mi señor, mi amo, mi dueño. No importan las circunstancias, jamás lo dejaré.
- No sé cómo definir lo que siento, quizás te amo, no lo sé.
Sebastian sonrió al oír las palabras de Ciel. La confesión que acababa de hacer era para él suficiente.
- No se preocupe por eso amo, tenemos la eternidad juntos para que yo pueda hacer que usted defina finalmente lo que siente por mí, porque yo estoy seguro de lo que siento. Ahora debería dormir un poco más, lo necesita.
Ciel cerró sus ojos, sin preguntar a Sebastian lo que éste sentía, pensaba que ya era suficiente el haber dicho al fin lo que él pensaba. Pero entonces recordó el ataque del que había sido víctima. Sus ojos se abrieron nuevamente y dijo:
- ¡Sebastian, el hombre que me atacó en el camino…!
- ¿Qué ocurre con él amo?
- El era…
Al despertar Eleni sintió un vaivén, y algo de frío. Estaba sentada sobre una silla en el centro de una habitación y sus manos estaban por sobre su cabeza, como si colgara del techo. Trató de recordar lo que había ocurrido en su mansión y las imágenes comenzaron a invadir su mente. El ataque, la carrera por el pasillo, y finalmente la inconsciencia.
Observó a su alrededor, la luz era escasa, pero descubrió que parecía estar en una bodega, pero que se movía.
¿Será un barco? – se preguntó
Comenzó a sentir más frío, recién entonces notó que estaba desnuda. Su camisón había desaparecido.
- Veo que la dama ya ha despertado – dijo una voz áspera, y algo pastosa que provenía desde las sombras. – Ya era hora, has dormido demasiado y tengo ganas de entretenerme contigo. Dormida no tiene ninguna gracia.
Eleni sintió como sus manos eras tiradas hacia arriba hasta hacerla poner de pie. Fue alzada lo suficiente como para quedar de puntillas en el suelo, mientras sus manos estaban atadas del techo.
- Es hermosa – dijo otra voz – Nos pagarán bien por ella.
Eleni comenzó a alarmarse y a removerse, intentando zafarse de las amarras, pero era inútil.
- Debe ser una fierecilla, pero te domaremos bien antes de llegar a destino – dijo el hombre que había hablado por primera vez, haciéndose visible. Era de estatura mediana, calvo, con una barriga prominente y una fea cicatriz en el rostro.
- ¡Donde estoy! ¡¿A dónde me llevan? – preguntó la duquesa, intentando que el miedo no se reflejara en su voz.
- Vamos a América, mi querida – dijo el segundo hombre, haciéndose visible también. Este era alto y delgado. Tenía un rostro cruel y sus músculos estaban bastante marcados. – Allí estarás en un prostíbulo hasta que envejezcas o mueras, lo que ocurra primero. Yo apuesto por lo segundo, he oído que la vida allí es muy difícil.
- ¡Déjenme ir, por qué hacen esto! ¡Si es dinero lo que quieren yo les puedo dar mucho más del que les han pagado por mi!
- Ya viste nuestros rostros, no hay seguridad de que no nos hagas nada después – dijo el bajito.
- Además ya no tendríamos el privilegio de domarte, y eso es algo que no quiero perderme ¿no es así John? – dijo el más alto.
- Así es – dijo un tercer hombre, que hasta ese momento había permanecido en las sombras. – Será un gran placer hacer uso de ti hasta que lleguemos a América. Después de todo son varias semanas de viaje y siempre es bueno llevar con nosotros alguna entretención.
El hombre llamado John se acercó a Eleni y le acarició una pierna, ella intentó apartarse, pero fue inútil.
- Es una piel muy suave – dijo John, luego de reír ante la reacción de la duquesa – Yo comenzaré.
John se aflojó el cinturón de su pantalón y se acercó a Eleni de frente, con una sonrisa socarrona.
- ¡Sebastiaaaaan! – gritó la duquesa, olvidando que en el lugar donde se encontraban sus demonios, estos no podían oírla.
Pero apareció entre las sombras la figura de un hombre alto, delgado y de un aura peligrosa. Se movió ágilmente entre los atacantes de la mujer y en dos segundos los tres estaban en el suelo, muertos.
- ¿Sebastian? – preguntó la duquesa, quien apenas había tenido tiempo para reaccionar.
El hombre se dio la vuelta hacia ella, y Eleni notó que no era su mayordomo.
- Tienes una habilidad especial para meterte en problemas ¿lo sabías? – dijo el recién llegado, su salvador.
- ¿Quién eres tú?
- El quien sea dependerá absolutamente de ti. Puedo ser tu salvador, o puedo ser el hombre que te deje aquí para que te encuentre el resto de la tripulación, ante lo cual deberás pensar cómo les explicarás que mataste a tres de sus hombres.
- ¿Y de qué dependerá eso? – Eleni comenzó a preocuparse aun más por la llegada de este extraño hombre.
- ¿No te imaginas quien puedo ser? Te he estado observando desde que formaste el contrato con esos demonios. En realidad yo pensaba ir a tu llamado, pero ellos se me adelantaron. Sabía que en algún momento ellos te abandonarían y tú te encontrarías en peligro nuevamente. Después de todo un demonio mayordomo no puede servir a dos amos. Siempre privilegiará a uno de ellos si ambos se encuentran en peligro, y sabía que no serías tú la privilegiada.
- ¿Y todo esto que significa?
- Que puedo salvarte si tu lo deseas, pero tu alma me pertenecerá a mí. Solo yo tendré el derecho exclusivo de poseerla.
- Yo ya tengo un contrato, ya hice un pacto, no puedo simplemente deshacer lo que ya he hecho.
- Ellos incumplieron primero al dejarte sola.
- ¡Yo autoricé a Sebastian a que se marchara y salvara a Ciel!
- Nunca le dijiste que era una orden, ¿o lo hiciste?
Eleni trato de recordar las últimas palabras intercambiadas con su mayordomo, y el demonio frente a ella tenía razón, jamás lo había establecido como una orden, solo cedió a la petición de Sebastian.
- ¿Lo ves? – dijo el demonio al ver reflejado en el rostro de la duquesa la verdad de sus palabras – Ellos tenían la obligación de protegerte hasta el final, y no lo hicieron, ahora las circunstancias han cambiado considerablemente. Si te dejo aquí, sin duda terminarás tus días en un burdel, o morirás. Considero que la última opción es la más probable. No tendrán compasión de ti al ver que has asesinado a parte de la tripulación. Yo me iré de aquí y es a ti a la única que verán.
- ¡Ya te lo dije! ¡Tengo un contrato, y un contrato con un demonio no es algo fácil de romper! – La voz de Eleni se oía afligida. Su acostumbrada frialdad la estaba abandonando.
El demonio se acercó a Eleni, se arrodilló frente a ella y le levantó la pierna donde tenía la marca del contrato. Ella perdió el equilibrio, lo que provocó que sus brazos tuvieran que soportar todo el peso de su cuerpo. Lanzó un grito de dolor al sentir que sus músculos parecían desgarrarse.
- Quizás el dolor te permita pensar con claridad – dijo el demonio, al oírla gritar – este sello puede ser removido con facilidad, ya no podrán encontrarte si yo pongo mi marca. Ellos faltaron al pacto, lo primero debió ser tu seguridad y no la de ellos.
- No me interesa lo que tengas que decir, puedes irte por donde llegaste, yo se que ellos vendrán por mí.
- Eres muy ingenua. Esos dos son amantes, ¿Qué crees que pesará más para alguno de ellos? ¿El alma de un humano cualquiera o el de su amante?
- Da lo mismo la relación que tengan, ellos cumplirán su pacto, y yo también.
El demonio sonrió socarronamente, y sin importarle las palabras de Eleni hizo aparecer en su mano un cuchillo con el que cortó la piel en la que la duquesa tenía el sello del contrato.
Los gritos de ella debieron haberse oído en todo el barco, sin embargo nadie acudió.
- Ahora será más fácil que tomes una decisión – dijo él.
Ella respiraba con agitación, mientras el olor de su sangre inundaba los sentidos del demonio.
Los ojos del demonio se tornaron rojos, corruptos, deseosos. El olor de la sangre había despertado su deseo, así que pensó en seducirla para tomarla después, ya que una de sus intenciones era tomar su virginidad. Pero percibió el olor de otro demonio en su cuerpo, que ella ya no era virgen y eso lo enfureció.
- ¡Te entregaste a uno de esos demonios! – gritó con furia, poniéndose de pie y apretando las mejillas de Eleni con una de sus manos.
- ¡Eso… no es… de… tu incum… bencia! – dijo ella con dificultad, a causa del dolor.
El demonio caminó a espaldas de Eleni e hizo aparecer un látigo en su mano derecha.
- Quizás cambies de opinión después de esto.
El látigo fue agitado en el aire y luego se estrelló en la espalda de Eleni, haciendo que un nuevo grito saliera de sus labios.
- El era… un demonio – dijo Ciel - ¿Tú crees que la familia de Eleni haya contratado a un demonio para cumplir sus objetivos, Sebastian?
- Lamentablemente esa información escapa a mis capacidades demoníacas, si él es un sirviente de esa familia no es algo que pueda averiguar con facilidad.
- Ella está en peligro entonces, debemos hacer algo, es de nuestra alma de la que hablamos. – Ciel trató de sentarse en la cama, pero no lo consiguió.
- Descanse amo, no puede alterarse. No se preocupe por la ama Eleni, ella estará bien. Usted es mi prioridad en estos momentos, ya se lo dije. Un alma pura no es más importante que usted.
Se miraron a los ojos un segundo, y parecía que estaban a punto de iniciar una escena romántica, pero la entrada de Pithias en la habitación los dejó congelados en el lugar.
- Les tengo una mala noticia – dijo el antiguo demonio, quien sonreía burlonamente, ya que había alcanzado a vislumbrar la actitud romántica de sus clientes.
- ¿Qué sucede? – preguntó Sebastian.
- El ingrediente más importante de la poción me falta.
- ¿Y por qué no lo informaste antes?
- Creí que aún conservaba un poco, y como se agrega después de que el resto de los ingredientes ha macerado durante dos días, no lo había notado.
- ¿Y qué es? – preguntó Ciel.
- La sangre de un alma pura – contestó Pithias.
Espero les haya gustado y disculpen la tardanza en la actualización. Y por supuesto el capítulo está dedicado a todos aquellos que comentan, leen y marcan esta historia como favorita
Nos leemos
