Disclaimer: Pokémon no me pertenece.


Hecho notorio y de público conocimiento*

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Sin perjuicio de lo que cualquiera pudo haber pensado luego de ver la actuación de Leaf en batalla, a ella poco parecía importarle los comentarios negativos. A ella solo le entraban las cosas buenas que pudieran decir de ella, vinieran de donde vinieran. Así se veía también cuando se enfrentó a Scott durante la jornada del día siguiente a ese, aunque, en honor a la verdad, esa vez al menos sí parecía que peleaba en serio, cosa que a Ritchie no le cayó muy bien, tampoco, ni con todo lo liviano de sangre que era, ya nadie pudo quitar de la cabeza que aquella trepadora (no que nadie se hubiese molestado en corregirle esa parte), le había utilizado con el solo propósito de ganar popularidad.

En el grupo B las cosas tampoco es que anduvieran demasiado interesantes; los favoritos -a saber, Ash y Gary- se habían hecho notar ganándoles a sus respectivos contrincantes sin mayores dificultades. Y aunque eso significara que Archer perdiera Dos encuentros consecutivos, se lamentó Misty, el claro entusiasmo que mostraba hacía que el público siguiera de su parte, aún así.

Por su parte, el propio Archer no se veía tan devastado con el hecho de estar en la retaguardia de la tabla de posiciones, quizás porque, al ser su primera aparición en un evento de este tipo, ni él mismo tenía expectativas al respecto, o quizás a su más evidente timidez, que le impedía ser el centro de atención.

Lo que sí, y que parecía ser el tema favorito de conversación aún por sobre los últimos resultados de los encuentros del torneo, era que entre Misty y Gary no habían intercambiado sino miradas distantes. Lo malo era que a ninguno de los dos parecía causarle gracia. Era como estar en el centro de un culebrón de la teleserie de las tres de la tarde.

¡Oigan que esto es una competencia deportiva y no un espectáculo de farándula!

O eso era lo que pasaba por la mente de Misty en ese mismísimo instante, que caminaba en compañía de Ash y Serena hacia el estadio, como lo había estado haciendo desde que inició todo ese circo. Por lo que sabía -No era que recordara el orden de los encuentros, precisamente, sino que había sido Serena quien los anotó en una libreta- era que esa mañana sería su debut en el torneo y que su oponente no sería nadie más ni nadie menos que Scott, ese chico con sonrisa de comercial que venció a Ritchie en su primer encuentro. Y por más que Misty no fuera de las que se dejaba intimidar por la fama de su contrincante, no quería, tampoco, que el resultado de su primera batalla fuera una derrota.

Si así fuera, no podría soportar las burlas de Ash y los regaños de sus hermanas, o el discurso de un Gary Oak lleno de sí mismo sobre ganar, mínimo, el primer encuentro...

Claro, eso sí ella y Gary pudiesen hablar con normalidad, en lugar de estarse evitando como a la peste. Aunque, debía admitir, que en el 99% de las veces, era ella quien acababa por apurar el paso cada vez que su sentido de autoconservación le avisaba que él andaba cerca. Él, por otro lado, se debatía entre seguir buscándola o dejarla en paz de una buena vez. No que realmente no le naciera correr tras ella y obligarla a escuchar sus excusas, sólo que, honestamente, no conocía a nadie sobre la faz de la tierra capaz de forzarla a hacer algo, cualquier cosa, que ella se hubiese propuesto a no hacer.

Eso lo llevó a soltar un largo suspiro agotado, apoyado en él barandas de las gradas desde donde se había propuesto mirar el espectáculo a una distancia prudente de la competidora a la que realmente le importaba ver.

—Oye, ese fue un suspiro muy largo— oyó, no sin pesar, la voz de, quizás, la última persona a quien quería ver, además de sí mismo en el espejo.

—¿Qué haces aquí, Lance— preguntó él con amargura, pero intentando sonar arrogante—, no deberías estar en algún otro lugar luciendo fabulosos?

—Hoy me tomaré un descanso para ver este duelo como un fanático más— respondió él, casual, ignorando completamente su mala leche—. Además, hay alguien más que quiere presentar el duelo de Misty.

Y con un solo gesto, el pelirrojo señaló a la cabina desde donde los miembros de la Élite 4 presenciaban las batallas de los participantes que ellos mismos habían convocado. Gary vio cómo Lorelei estaba de pie con esa esbelta figura suya, en el sitio donde solía pararse Lance, con los brazos cruzados bajo el pecho y una mirada seria en el rostro de mujer madura.

Pronto, Gary percibió algo en ella. Lorelei siempre, desde que tenía memoria, le había parecido una mujer demasiado atractiva como para dedicarse al mundo de las batallas y no del espectáculo. Su bravura al pelear sólo la hizo más increíble ante sus ojos de joven fanático, incluso, se dijo a sí mismo que procuraría buscar una mujer como ella para sentar cabeza. El paso de los años sólo hizo que sus gestos se mantuvieran sempiternos en su semblante frío y orgulloso. Pero había algo distinto esta vez, un brillo especial que le hizo ver más hermosa que nunca, de una manera distinta a la que siempre le había parecido. Recordaba que una vez el abuelo le dijo algo sobre que eso le sucedía a las mujeres cuando...

Y la realización llegó a él al mismo tiempo que Lance le sonrió y se llevó un dedo a los labios.

—Es un secreto, ¿de acuerdo?

—No me digas que tú...

Entonces él soltó una risotada.

—¡Por supuesto que no, chico! ¿Por quién me tomas?— y volvió a reír ante la avergonzada y molesta mirada verídica a del joven investigador, y por qué no, también un poco perpleja.

—Vaya— fue lo único que se atrevió a a decir ante la noticia.

Como investigador y como entrenador, a veces olvidaba que el ciclo de la vida aplicaba también para las personas y no solo a los pokémon.

El silencio se hizo entre ambos justo antes de que la voz del objeto de su charla hiciera acto de presencia a través de los altavoces, solo para recordarle a los espectadores que los combatientes de esa jornada ya estaban de pie en la arena de batalla.

Tanto Gary como Lance, entonces, voltearon a ver a la pelirroja que había estado poblando los pensamientos del más joven, no sólo los últimos días, sino que el último par de meses, quién estaba ahí, luciendo como una Diosa con ese vestido blanco que había recibido de la señora Ketchum hace un par de veranos atrás. El público debió haber pensado exactamente lo mismo que él, ya que inmediatamente después, una ola de silbidos y aplausos se oyeron por todo el estadio.

El investigador frunció el ceño por puro reflejo. Al menos tenía que admitir que tenían buen gusto.

Frente a ella, Scott, ese chico del primer día, sonreía como si estuviera satisfecho de lo que tenía en frente. Desde donde lo veía Gary, o estaba fascinado con las vistas o había dado por sentada su victoria nada más verla, y francamente, él esperaba que fuera más lo segundo que lo primero, porque de no ser así, él no se sentiría con la autoridad moral para ir y darle su merecido. Si era lo segundo, al menos Misty podría cerrarle la boca por sí misma.

A su lado, Lance pareció pensar en lo mismo, ya que hizo una mueca como quien espera ver cómo, con toda seguridad, un Slowpow le gana en una carrera de velocidad a un Ponyta.

Lorelei dio por iniciado el encuentro tras unas palabras severas y apasionadas por partes iguales. El público respondió conforme.

Un Kangaskhan de tamaño descomunal se materializó frente a Scott, mientras que Misty dejaba salir a su Psyduck de su pokébola. Y Gary quiso darse una palmada en la frente. ¿¡Psyduck, en serio!? ¿En qué estaría pensando ella? Si bien podía parecer una buena idea hacerlo pelear en tierra -Ya que, si bien Misty había logrado enseñarle a nadar, no conseguía que se metiera al agua de buena gana-, No era menos cierto que ese tinto bobalicón era, además, un miedoso, y que no se atrevería a pelear contra la monstruosidad que tenía delante. Cosa que estuvo de manifiesto cuando vio al pokémon palidecer y esconderse entre sus piernas. Más aún, ni siquiera sabía por qué rayos Misty aún conservaba a Psyduck dentro de su equipo, si desde que la conocía, ese bicho era la cruz de su existencia.

Él gimió. A su lado, nuevamente, Lance pareció haber estado pensando lo mismo, o quizás todo lo contrario, porque alcanzó a ver cómo soltaba una pequeña mueca que se asemejaba a una sonrisa.

—¿Estás segura que quieres elegir a ese amiguito? Se ve asustado. Si lo deseas, puedes regresarlo y sacar a otro, no se lo diré a nadie.

A ella, por supuesto, no le hizo ni pizca de gracia ese comentario.

—Ya verás cómo este amiguito te da tu merecido— contraatacó ella, identificando las claras intenciones de picardía y negándose rotundamente a pisar ese palito.

—Me gustaría verlo— acto seguido, envió a su Kangaskhan a acercarse lo más posible al Psyduck de Misty sin lastimarla. Y su plan fue un éxito, al menos en parte, ya que la criatura pegó un solo brinco y huyó de los ataques de la bestia, quien comenzó a perseguirlo y a propinarle golpes en falso por todo lo largo y ancho de la arena.

Pronto, el público comenzó a silbar y a reír con él espectáculo, a medida que él área marcada comenzaba a llenarse de pequeños cráteres y de cómo ese Psyduck con cara de bobalicón soltaba gritos y parpas como si la vida se le fuera en ello, al mismo tiempo que se sorprendían de la velocidad que alcanzó para huir de su atacante.

Desde su lado, Scott se veía un poco molesto por el rumbo que estaban tomando las cosas, y el hecho de que, al otro lado de la arena, la pelirroja se viera tan tranquila y hasta satisfecha, no ayudaba en nada, así que, harto de la situación tan ridícula, le dio una última orden a su pokémon para que, con un pequeño golpe eléctrico, lo derribara al mismo tiempo que lo paralizó, y de una sola patada, lo envió hacia los pies de su dueña, fuera de los límites marcados.

Kangaskhan celebró con un bramido, a la vez que Misty se arrodillaba para recoger entre sus brazos a un noqueado Psyduck. Sin embargo, cuando la presentadora daba por ganador a, entrenador de especies grandes, el público se manifestó no tan a su favor, por haber vencido así a tan carismático pokémon, sin contemplación alguna.

—Bien hecho, Kan...— iba a felicitar Scott a su pokémon, pero se detuvo al ver cómo éste jadeaba de cansancio y frunció el entrecejo cuando advirtió la estrategia de la chica—. Muy lista— le reconoció en un murmullo—, pero vamos a ver si esto te resulta Dos veces, ¿Kangaskhan, puedes continuar?

Y tras un gruñido afirmativo por parte de la bestia, la presentadora dio inicio al segundo asalto y, acto seguido, Politoed apareció frente a Misty.

Gary sonrió. Politoed era un pokémon del que Misty estaba particularmente orgullosa, ya que ella lo había hecho evolucionar con una roca de agua que ganó en un torneo cuando aún viajaba con Ash. Además, tenía un buen gancho, lo que quedó demostrado casi de inmediato, cuando éste venció a su oponente de un solo puñetazo bien dado. El público bramó.

Al final, sin embargo, ni él ni el Starmie de Misty fueron capaces de vencer al Electabuzz de Scott quien, cansado de juegos y de pokémon más llamativos que poderosos -a juicio suyo, claro- envió a uno que tendría ventaja absoluta por sobre la pelirroja, tanto en tipo como en tamaño, y el resultado fue de una victoria de dos de tres para el chico.

La líder devolvió a Starmie a su pokébola con una sonrisa y acompañada de los aplausos de la audiencia -y tanto Lance como Gary sonrieron por eso: si algo había aprendido Misty de sus hermanas, era a domar a las masas-.

—¡Starmie no puede continuar, el ganador es Scott Andrews, de ciudad Azafrán!

Scott había ganado, sí, pero la audiencia no estaba de su parte, y eso quedó de manifiesto cuando éste salió de la explanada tras un breve saludo entre contrincantes. La audiencia la amaba. A la cuarta hermana sensacional.

—Vaya— murmuró Gary, abrumado por el peso del apoyo del público.

—Sí, supongo que hay chicas que provocan reacciones como ésas— comentó el pelirrojo a su lado, sin dejar de mirar a la linda chica que abandonaba el estadio en ese mismísimo instante.

Gary simplemente lo miró de soslayo, si querer darle el gusto de estarle dando tanta atención, pero incapaz de no encontrarle toda la razón por esa afirmación. Definitivamente, ella era de esas chicas que le forzaban a soltar una exclamación.

Suspiró con cansancio. Esos días habían sido de lo más agotadores.

Vio cómo, a su lado, Lance se enderezaba para retirarse a quien sabe dónde irían los miembros del Alto Mando cuando no estaban figurando en un pedestal.

—Tengo hambre, te invito a algo para comer antes del próximo encuentro— decir que Gary no se sorprendió por eso habría sido mentir descaradamente.

A Gary Oak jamás le había gustado Lance. Ni siquiera cuando era un mocoso que viajaba por la región en busca de ser un maestro pokémon. Lance siempre le había parecido demasiado pagado de sí mismo y eso chocaba con su propio sentido del ego; cuando fuera un maestro pokémon, lo primero que haría sería destronarlo y colocarse él en su lugar. Eso había sido, secretamente, una de las razones que le motivaba a seguir luchando.

Ahora que era investigador, no le disgustaba menos, sin embargo, mucho menos después de conocerlo personalmente hace unos cuantos años en el Lado de la furia. La visión le parecía casi tan surrealista como desagradable, y todo empeoró cuando, junto con saludarlo, le puso una mano en la cabeza, como si fuera un mocoso al qué hay que darle en el gusto, y no el investigador serio que estaba intentando ser.

Siempre que le veía, se quedaba con la amarga sensación de que Lance se sentía constantemente superior, que estaba siempre dándole lecciones, que le trataba como a alguien que aún no se daba cuenta de lo esencial.

Con Misty nunca había sido un tema de conversación, tampoco, a pesar de estar en conocimiento de lo bien que se llevaban esos dos, e incluso, de lo mucho que podían llegar a parecerse en ciertas cosas -ése porte distinguido, la solemnidad y elegancia con la que se paraban en el campo de batalla, el cabello rojo flamante-. No. Era preferible que ambas relaciones se llevaran por separado y así todo el mundo en paz.

Encontrárselo de frente durante el torneo que él organizaba era una posibilidad, por supuesto, pero no pensó que sería nada más empezar, o que sería con tanta frecuencia. Por eso, haber aceptado su invitación a almorzar le tenía tan descolocado como avergonzado, y si alguien le preguntaba algún día sí aquello era verdad o de qué hablaron, él lo negaría rotundamente. Pero tampoco era menos cierto que le había entrado una extraña curiosidad el amago de conversación que había tenido con él antes y después del encuentro de Misty, y mientras caminaba hacia donde fuera que Lance tuviera pensado ir a comer, no podía sino pensar en que, quizás -y sólo quizás- algo bueno podría salir de todo ello.

Gary suspiró, un poco agotado. Cualquier cosa que Lance pudiera decirle sobre lo tonto que había sido, él ya lo sabía; llevaba ya casi tres días durmiendo mal por la culpa que le atormentaba. El deseo de haber hecho algo diferente. Todo. Quizás Lance podía saber mucho acerca de ser un idiota, quizás por eso se había detenido en el tiempo, como si fuera incapaz de avanzar o retroceder, como una eterna figurilla de acción. Tal vez algo de lo que le dijera sí podía serle útil. O quizás sólo quería que le confirmara sus sospechas, que era tan idiota como él siempre creyó que era, aun cuando contaba con la admiración de todo el resto. Que le confirmara que él también cometía errores, que no era tan espectacular.

Que él mismo no era un idiota por pensar que Lance sí lo era.

Por cualquiera que hubiese sido la verdadera razón, Gary lo siguió sin pensar mucho acerca de dónde iban. Él quería una verdad, cualquiera que ésa fuera.

Por eso quedó doblemente sorprendido cuando acabaron ambos comiendo brochetas sentados en una de las tantas bancas que había esparcidas por los alrededores del estadio, charlando sobre nada más ni nada menos que de chicas, pero no cualquier chica, sino que de su Umbreon y del Dragonair de Lance, que, al parecer, eran Dos hembras de lo más difíciles, aunque ellos mismos estuvieran enormemente orgullosos y encariñados de cada una de ellas.

Y entonces, solo por un rato, pudo olvidarse de todo lo demás que andaba mal.

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*Dentro de los hechos que no se prueban, están los hechos negativos y los de notorio y público conocimiento, porque se dan por ciertos en la medida en que, como el nombre lo dice, todo el mundo los sabe.

¡Uff! me ha costado un mundo actualizar, porque la inspiración se fue por la ventana todo el verano, y porque he tenido que encerrarme a estudiar para mi examen de grado.

De cualquier forma, díganme qué les pareció.