- ¡Qué! ¡Él lo prometió, me prometió que me ayudaría con la coreografía! Faltan 4 días, Yakov…¡Cuatro putos días!

El sonido de algo siendo lanzado e impactando contra los lockers se dejó oír en los largos y casi desiertos corredores del Ice Castle; era ya pasado el mediodía y la delegación rusa ya se estaba retirando por ese día, desplazados por las demás personas que ya pedían con insistencia la apertura de la pista de patinaje. Víctor no había hecho aparición, como de costumbre, y eso estaba comenzando a poner nerviosos a más de uno.

Podían confiar en las habilidades prácticamente innatas del pentacampeón del mundo, pero lo que tenía en vilo a todos era la gran distracción que parecía sufrir esos días, como si se hubiese olvidado por completo de que representaba a su país en un campeonato internacional, en un país extranjero.

Malditas hormonas.

- ¡No me hables así! Yo soy tu representante y por ende tu entrenador, yo entrené a ese mocoso malagradecido y yo…

- ¡Él lo prometió!

Otabek se hubiese reído en otra circunstancia del berrinche que estaba protagonizando el menor de la delegación rusa. Desde su puesto seguro en el corredor de los vestuarios, no tenía que siquiera acercarse a la puerta para oír el escándalo que se desarrollaba adentro y comprender la causa de ello. Conocía a Víctor Nikiforov, como todos los patinadores profesionales y no profesionales, pero nunca había tenido el placer de ser presentados personalmente. Parecía que le había prometido a ese chiquillo rubio que iba a ayudarlo con su coreografía…no quería sonar cruel, pero visto el caso, se había olvidado.

¿Eso era lo que provocaba el celo de un Omega? El moreno nunca lo había experimentado en persona porque siempre había sido reservado y se había cuidado de no frecuentar a personas que pudiesen perjudicar su entrenamiento, o en el peor de los casos, que le hiciesen cometer acciones de las que luego podría arrepentirse, como aquellas a las que aquel ruso había cedido.

Le pareció oír un hipido del otro lado.

Quizás estaba alucinando. No podía imaginarse a Yuri llorando. Menos por un capricho así. Le había visto patinando, le había visto realizar piruetas que él a esa edad jamás podría haber imaginado lograr, e incluso se había sentido levemente atraído por su danza hipnotizante, por lo que no podía concebir que estuviese preocupado o nervioso por temor a que algo no le saliera bien en su performance.

Se acercó un poco más a la puerta inconscientemente, oyendo como el mayor le hablaba en un tono cálido en un idioma que Otabek interpretó como ruso, porque no entendía nada. Sonrió al recordar que, de entre todos, aquel muchachito había sido el único que le había dirigido la palabra el primer día en el que había llegado, aunque fuese sólo para amenazarlo de que no intentara espiarlos, que ellos ganarían aunque supiese cada uno de sus movimientos en la pista.

Y sí que los había observado. Sobre todo a él, quien parecía una especie de cisne blanco con un orgullo demasiado elevado sobre el hielo, perfecto, impecable y soberbio. Pero había algo que opacaba su calor, su luz. Había una sombra en sus ojos, una preocupación que Otabek no era capaz de descifrar, y no entendía por qué, aquello le perturbaba. Quizás fuera eso que estaba oyendo ahora, a escondidas…

- ¿Por qué, Yakov?

- Porque es estúpido y se deja llevar por su instinto, ya verá cuando…

- No, no me refiero a eso. ¿Por qué ese idiota del hotel y no yo?

Ahora sí que Otabek se había pegado a la puerta del vestuario.

No entendía por qué aquello despertaba en él un interés inusitado, como si fuese algo importante para él. Quizás porque aquella sombra de preocupación en los ojos cristalinos del ruso le habían dado qué pensar, y ahora tal vez estaba a punto de descubrir la razón de aquel misterio…

El silencio que siguió a su pregunta le dio a entender que aquel hombre estaba anonadado o no conseguía dar con la respuesta correcta. ¿Acaso el verdadero interés de Yuri por Víctor era sentimental? No había podido estar demasiado cerca del menor, pero Otabek no había podido olfatear esencia alguna en él, por lo que no había podido definir su verdadero estado. Había llegado a la conclusión de que era un Beta ante la ausencia de un aroma que le indicara lo contrario, pero aquella comparación que acababa de hacer con alguien que él no conocía lo había descolocado un poco. ¿Acaso Víctor estaba con un Beta? Incluso en su ausencia, el moreno había podido percibir parte de su esencia en aquel complejo, demostrando el fuerte y penetrante olor de un Alfa, como él. Arrugó la nariz al recordar lo intenso que había sido el primer día que había llegado allí…

- Porque ese idiota del hotel está por entrar en celo, y tú no.

- ¿Y por qué eso no me pasa a mi?

- Yuri, ¿por qué otra vez con esto?.- Otabek percibió alivio y hastío por partes iguales en la voz del entrenador ruso, confundiéndolo más.- Eres demasiado joven y vivimos en un clima demasiado frío. Sabes que las hormonas están más alborotadas en climas como éste, no…

- Siento que nunca va a sucederme.

Creía entender qué era lo que le sucedía. Su cuerpo se relajó parcialmente, y se sorprendió a si mismo tenso hasta ese momento por temor a oír algo que no estaba preparado de alguna manera para escuchar. Yuri no estaba interesado en Víctor, no por lo menos en ese sentido tan personal. El menor era un Omega, y sentía envidia por aquella persona que nombraban, la cual estaba por entrar en su necesidad. Aquella que a Yuri parecía no llegarle, deprimiéndolo.

¿Cuántos años tenía? ¿Tenía acaso 17 años?

Frunció el ceño, molesto con la situación. Lo había visto sonreír, reír y bromear con sus compañeros de delegación; le había visto emocionarse y tontear con cosas que había estado viendo en internet, e incluso lo había descubierto con un muñeco de felpa de un gato en el vestuario, días atrás. Claramente Yuri no tenía ni idea de las connotaciones que traía madurar sexualmente; estaba cegado por el deseo de ser mayor, de ser como los demás, de demostrar lo raro y exótico que podía ser siendo un Omega famoso…no entendía nada.

Quería privarse él mismo de las cosas buenas que estaba disfrutando ahora para pasar a una etapa que el mayor no estaba seguro estuviese preparado para vivir y adaptarse. Lo que le generaba una especie de sentimiento extraño y desconocido de querer protegerlo de aquello, de convertirse en una muralla que protegiera al rubio del mundo cruel con el que podía toparse…

Un ruido repentino lo alertó de que alguien se estaba acercando a la puerta. Se separó rápidamente, yendo hacia el final del corredor. Vio que Yakov salía del lugar farfullando algo extraño e ininteligible, azotando la puerta y desapareciendo en dirección contraria a su posición.

Y sus piernas se movieron solas, como si de un autómata se tratara. Sabía que estaba cometiendo un error, lo intuía, pero su cerebro, la parte racional de éste parecía haberse fugado de su cráneo en esos momentos. Al llegar a la puerta del bendito vestuario, ni siquiera golpeó.

- Ya te dije que…

- Puedo ayudarte.

- ¿Eh?

Otabek se detuvo en seco en el marco de la puerta ante la visión que aquel espacio reducido le regalaba. Yuri, pensando que ya se encontraba completamente sólo había comenzado a cambiarse de atuendo, tarea que había quedado a la mitad por su intromisión. No tenía pantalones puestos, y sus largas, esbeltas y níveas piernas estaban al descubierto, estiradas a cada lado de la banca donde el rubio se hallaba sentado; justo cuando lo había sorprendido estaba colocándose una camiseta, y ante su aparición había quedado con ambos brazos estirados hacia el techo, medio abdomen al descubierto. Sus cabellos estaban despeinados y Otabek alcanzó a notar un leve rubor que bordeaba sus ojos húmedos.

Ambos se quedaron quietos sin emitir sonido, como si estuviesen impactados de la misma manera. A Otabek se le fueron un poco las ideas que habían estado rondando su mente momentos atrás…¿tenía menos de 18 años? ¿Realmente no había atravesado su primer celo aún?

Sintió calor en su cuerpo, en su rostro, y no sabía bien la verdadera causa de ello. Estaba avergonzado, sorprendido, confundido y…no quería ni siquiera pensarlo.

Notó que el rubor en el rostro de Yuri se extendió aun más, logrando que aquella sensación cálida se extendiese por todo su cuerpo y le hiciese entrar en calor, pese al frío que allí hacía.

Bien, lo había prejuzgado. Quizás sí se había equivocado.

- Yo puedo ayudarte, Yuri.

Repitió, pero esta vez su voz sonó un poco ronca y más profunda. Y quizás con otras intenciones.


- Víctor, ya basta. Es la última vez…que…

- ¿Qué?

Yuuri ladeó el rostro y lo observó con una mezcla de resignación, indignación y deseo que causó gracia a Víctor. Últimamente la mente y el cuerpo de Yuuri luchaban constantemente contra sus propias necesidades y era divertido para el ruso observar como a veces el menor pasaba de la necesidad al deber en segundos, desorientándolo como si su moral y responsabilidades se manejaran a través de un interruptor que se encendía en los momentos más inoportunos. Como ese.

Habían pasado un par de días desde que Yuuri había regresado a su hogar; todo parecía haber regresado a la normalidad en el hotel de aguas termales, con la sutil diferencia de que Víctor ya no intentaba ocultar su atracción por Yuuri, ni éste intentaba esconder el hecho de que el ruso dormía en su habitación todas las noches. Ambos habían alcanzado una especie de acuerdo tácito que superaba el deseo que se tenían en aquellos momentos hormonales, y Víctor se sentía satisfecho por el momento con ello.

Aunque no estaban pudiendo controlar muy bien los arranques hormonales, sobre todo él.

- Basta.

Sintió un manotazo bastante fuerte sobre la mano que intentaba colarse por debajo de la camiseta de Yuuri, deteniendo sus movimientos. Se hallaban en la cocina de la familia, ahora deshabitada. Había logrado acorralar de espaldas a Yuuri contra la mesada, pese a la reticencia de éste; Mordió el lóbulo de su oreja como castigo, oyendo un suspiro contenido como respuesta.

- Víctor, cualquiera puede entrar…si mi madre nos ve…

- Será rápido, nadie vendrá…

- ¡¿Eh?! ¡No!

Lo oyó farfullar y retorcerse cuando introdujo su otra mano libre en los pantalones de Yuuri, tanteando su trasero firme.

- Tu tienes la culpa por ponerte ropa tan ajustada, Yuuri. Me provocas.

- ¿Te provoco? Es un jersey viejo, Víctor…ya…¡suéltame!

- Te marca demasiado esto.

Su mano se deslizó sin miramientos entre sus nalgas, percatándose de que el menor las apretaba en un intento por hacerlo desistir de sus intenciones. Un par de dedos fisgones se abrieron paso entre ellas, notando la humedad que albergaba aquel rincón de su intimidad que Víctor tanto ansiaba volver a explotar; oyó a Yuuri volver a suspirar aunque aun se resistía. Introdujo un dedo limpiamente en su interior, moviéndolo hacia todos lados, provocando que el moreno abriere las piernas en contra de su propia voluntad.

- Aún estás dilatado desde hoy.- susurró contra su oído, intentando bajar los pantalones del otro tironeando hacia abajo desde su borde, sintiendo la resistencia que lograba Yuuri tirando del mismo hacia arriba.- No te resistas, será rápido, lo prometo.

- No me gusta aquí, tan expuesto…

Tomó una de las manos de Yuuri y la posó contra su propia erección, por encima de sus propios pantalones de hilo. El japonés se aferró inconscientemente a ella, apretando suavemente, logrando que el ruso gimiera contra su oreja y que sus zamarreos se intensificaran en el intento ya desesperado por quitar aquello que le impedía un acceso completo al interior de su Omega…

- Lo quieres dentro de ti, ¿verdad? Quieres sentirme llenándote, obligándote a abrir más las piernas para poder tenerme por completo en tu interior, ¿no es así, Yuuri?

- Yo…

Sabía que estaba ganando la batalla cuando lo sintió reclinarse contra la mesada y dejó de forcejear con los pantalones. En el estado de descontrol hormonal que estaba viviendo el menor, las palabras sucias parecían surtir un efecto embriagante sobre ese lado de su instinto que cedía a todos los deseos de Víctor. Y sabía bien cómo utilizarlas.

Habían tenido sexo esa misma mañana, y la noche anterior, por lo que penetrarlo había sido algo prácticamente natural, sin preparación previa. Yuuri se arqueó, sujetándose de lo que podía cuando Víctor comenzó a arremeter contra su cuerpo sin piedad, chocándolo y empujándolo contra el mueble friccionando sus cuerpos. Apretó el cuerpo más delgado contra el suyo cuando sintió el orgasmo arroyándolo con todo, gimiendo por lo bajo.

Tuvo que cubrir la boca de Yuuri para que éste no alertara incluso a los clientes del hotel. Le encantaba provocar aquellos sonidos en el menor, pero la situación era un tanto…delicada en esos momentos.

- Me descontrolas, ¿sabes? Yo no soy así.- dijo Yuuri como disculpándose en cuanto ambos estuvieron más o menos decentes una vez más. Víctor no podía dejar de abrazarlo, de aferrarlo contra su cuerpo de un modo un tanto asfixiante que a Yuuri no parecía disgustarle en lo absoluto. En esos momentos se había dedicado a rodear su cintura con ambos brazos y besarlo en la boca, el rostro y su cuello, toda piel que estuviese al descubierto.

- Me encanta provocar todo eso en ti.

- ¿Sí?

A Víctor le agradaba ver que el menor se dejaba ir en sus caricias y muestras de afecto un tanto posesivas, hecho que le había comenzado a preocupar un poco desde que había retornado. A lo que había comenzado como felicidad y confort por tenerlo otra vez a su lado y para colmo compartiendo el lecho, pronto se le había sumado un fuerte sentimiento de posesión y celos hacia todo lo que respirara cerca de Yuuri. Había intentado controlarse, sobre todo con la familia del menor, pero había ocasiones en las que simplemente tenía que retirarse del salón en donde se hallaban, incluso contra su propia voluntad de dejar sólo al Omega.

No sabía si aquello era también algo hormonal porque nunca lo había vivido con nadie, y tampoco sabía si Yuuri no se molestaba por ello también por la cercanía de su celo, pero él no era así…

- ¿Qué harás hoy?

- Quedarme contigo.

- Tienes que entrenar, Víctor.- Yuuri se deshizo un poco de su abrazo; interrumpió al ruso justo cuando comenzaba el descenso de sus labios desde su cuello hasta su clavícula.- La competencia es en un par de días.

- Lo sé.

- ¿Entonces?

- No puedo dejarte. Es simplemente eso.

- No me estás dejando.- rió nerviosamente Yuuri. Acarició sus níveos cabellos con suavidad mientras Víctor volvía a la carga.- Estaré aquí, esperándote.

- También lo sé.

- Eres un poco engreído a veces.

- No me hagas repetirlo.

Lo oyó reír divertido y feliz entre sus brazos. Todo lo que un Alfa deseaba, tener un Omega con todas las necesidades cubiertas y feliz. Recordando lo que habían hablado la mañana siguiente a la que había retornado a su hogar, Yuuri le había confesado que quería atravesar un celo tranquilo y sin sobresaltos, el primero junto a alguien que iba a vivir, y Víctor no era nadie para oponerse a ello, al contrario. Sólo que había cosas en las cuales no estaban coincidiendo y al mayor le preocupaba que fuesen un obstáculo para el futuro.

Y que aquella extraña pero creciente y potente posesión se convirtiera justo en su mayor problema.


Hola mis amores! Disculpen la demora, estoy realmente llena de trabajo y no he tenido tiempo para sentarme!

1.- Bien…he aquí el inicio del OtabekxYurio (¿?)

2.- Para los que han preguntado…no, Yuuri no ha entrado en celo aún, y Víctor solo puede marcarlo en ese momento, aun falta…un poquito Xd

3.- Antes de que surja la duda, no: Yurio no piensa en Victor como alguien con el que pueda estar, sino como…el piensa que si su celo esta próximo, Victor lo va a notar, y él se va a dar cuenta de eso xD pero no va a interferir, no conscientemente por lo menos…-sale corriendo.-

Espero les haya gustado!

Nos leemos!

Planea sad del bueno, no muerte ni nada en el fic, advierte.-