Gracias por vuestros comentarios, intento subir fic lo más rápido que puedo, de verdad. (El otro lo tengo un poco abandonado, pero actualizaré pronto) Y si hablamos de obsesionadas con la historia os digo que por aquí tengo una que dice que me va a encadenar al ordenador para que no pare de escribir ;)
Ains, mi pobre Belle...os digo que es un personaje que va a tener su papel en el tema SwanQueen y como no quería dejarla sin más vida que eso, pues le doy su propio tema. Espero redimirla en algún momento...
Este capi creo que os va a gustar.
MARZO
Parte 3. Me haces feliz
-Entonces ¿no te ha servido de nada?-preguntó a la vez que subrayaba apuntes.
-No, vale, estuvo bien pero es que nada. No me he aclarado en absoluto.
-Pero, ¿te gustó o no te gustó?- Había intentando hablar con Belle la noche anterior, pero como no se explicaba lo que le había provocado la experiencia, habían decidido que lo mejor era que lo pensara y analizar el tema tranquilamente al día siguiente.
-Pues los besos no me disgustan así que si hablamos de eso, me gustó.
-Pero sigues pensando que Gold es la mejor opción de tu vida ¿no?
-Exacto.
-Bueno…pues nada, a seguir como antes. Me ha escrito Ariel y me ha dicho que habéis quedado a cenar.
-Sí, supongo que haremos eso y poco más. Hace un día horrible.- se acercó a la ventana y comprobó que así era. Estaba lloviendo torrencialmente.-¿Vas a venir?
-No…tengo que estudiar- Mentira, había quedado con Regina.
-Te dejo que he quedado con Will para hacer unas cosas. Por cierto, vas a decir que soy tonta pero ¿sabes cómo me sentí ayer durante unos segundos?
-Sorpréndeme.
-Creí que le estaba siendo infiel.
-Belle, tía, es que es para matarte.- Joder, el puñetero Gold, es que le estaba cogiendo asco y todo.
-Lo sé. Hasta luego, Emms.
Dejó el móvil sobre la mesa y se asomó de nuevo a la ventana. Hacía un día asqueroso…había pensado en dar un paseo con Regina, pero lo mejor sería mantener su plan inicial e ir al cine.
Cogió de nuevo el teléfono y marcó.
-Regi…- dijo cuando escuchó la voz de la otra mujer.
-Dime.
-Había hecho otros planes pero está lloviendo así que lo mejor será que vayamos al cine, aunque he estado mirando la cartelera y es que no me convence ninguna película.
-Entonces, ¿qué quieres hacer?
Pensó unos segundos y sonrió para sus adentros.
-Me he bajado algunas que todavía no he visto…- A ver si la morena pillaba por donde quería ir.
-¿Quieres que te recoja y vengamos aquí a ver alguna?- Bingo para la reina.
-¿No te importa?- Es que tenía mucha curiosidad por conocer la mansión blanca de Regina.
-Claro que no.
-¿A las 6?
-Sí, estate lista para esa hora. Te dejo Emma, que estoy un poco liada.
-Vale, un besito.- Colgó con una gran sonrisa pintada en la cara. Pues bueno, iba a desentrañar un poco más el misterio que era Regina Mills. Habían hablado cientos de horas, pero seguía sintiendo curiosidad por ella y su vida.
Cuando dejó el teléfono sobre la cómoda miró el reloj. Eran las 3, tenía dos horas para adecentar un poco la casa, ir a comprar algo y arreglarse.
¿Por qué demonios había aceptado la proposición de Emma? Pues porque estaba idiotizada, por eso.
Tenía mil trastos por medio y es que la asistenta hoy había una hora creyó que había dejado el lugar bastante bien, después corrió y se puso los primeros pantalones y el primer jersey que encontró, y corrió hacia la tienda. Si tuviese algo más que un yogur caducado en la nevera probablemente no le haría falta.
Una vez en el supermercado, no tenía ni idea sobre qué comprar. Así que fue cogiendo un poco de todo…Por favor, que no se encontrara a nadie conocido porque llevaba un aspecto bastante distante al habitual. Ni siquiera se había maquillado.
Cuando vio el carro de la compra lleno hasta los topes, decidió que ya era suficiente, seguro que entre esas cosas Emma podría encontrar algo que le gustase.
La cajera de la tienda miró sorprendida todos los productos que llevaba.
-Sus hijos se van a poner contentos por la cantidad de chucherías que les lleva- ¿Qué demonios estaba diciendo esa mujer?
-¿Le pagan por hacer suposiciones?- entrecerró los ojos mirando a la empleada con auténtico desprecio.
-No…- dijo la cajera un poco temerosa.
-Pues limítese a hacer su trabajo, el cual no creo que sea demasiado complicado. – Estúpidos había en todos lados.
Tras colocar la compra, corrió hacia la ducha. Antes de salir por la puerta se echó un vistazo en el espejo de la entrada; el vestido granate y la americana negra le quedaban estupendamente. Además, había conseguido camuflar bastante bien la odiosa cicatriz de su labio, llevaba tres días intentándola tapar y hoy era el que mejor resultado había conseguido.
Esperó en el portal hasta que vio aparecer el mercedes negro, se apresuró hacia el vehículo porque seguía lloviendo torrencialmente. En el trayecto de 3 metros había pisado una gran cantidad de charcos, por suerte se había calzado sus botas de agua. La verdad es que hoy se había arreglado más, había dejado sus habituales vaqueros y su chaqueta de cuero, y se había puesto una camisa blanca sin mangas, unos leggins satinados y una americana azul. Y también llevaba un enorme bolso cargado hasta los topes de cosas para que no se aburriesen.
-Hola, Regi- dijo tomando asiento en el coche.
-Hola- Regina le sonrió ampliamente.-¿Qué llevas ahí?- preguntó fijándose en el tupper que llevaba en las manos.
-Te he hecho galletas. Receta de mi madre- se mostró orgullosa ante sus dulces porque le habían salido muy buenos. Ya se había comido dos.
-¿Qué películas traes?- Miró el perfil de la morena que parecía muy concentrada en la conducción a pesar de haberle preguntado.
-Traigo varias y la consola con juegos.
-¿En serio?
-Es que si nos cansamos de la sesión de cine podemos jugar un rato.
-¿Me ves jugando?- alzó una ceja.
-Quiero verte bailando, por eso he traído uno para ello. – le salió una risita maliciosa.
-Te aviso, querida Emma, que tengo amplios conocimientos en bailes de salón.
-Yo soy la reina de la pista.- Mentira, era un pato pero era lo suficientemente competitiva para estar dispuesta a derrotar a Regina. La morena podría ser buena bailarina pero ella era insistente. No se rendiría a pesar de tener dos pies izquierdos.
[…]
-Esta es mi calle- comentó la mujer mientras se adentraban en una avenida llena de casas enormes.
-Esto es de alto standing.- dijo mientras paseaba la mirada por las mansiones.
-Tú vives en buena zona.- Paró el coche frente una gigantesca casa blanca.
-¿Esta es la tuya?- preguntó mirando por la ventanilla.
-Sí.- Cogió las cosas que había traído y salió del coche. Había escampado.
Siguió a Regina que rebuscaba las llaves entre la multitud de trastos que debía contener su bolso. Se fijó en que llevaba vestido, los días anteriores vestía traje. Le quedaba bien la prenda, además ese color le favorecía un montón.
-Pues, bienvenida a mi hogar- la mujer le abrió la puerta para dejarla pasar primero.
-Esto es como un castillo- comentó fijándose en los altos techos.
-Te dije que era grande. – Siguió a la mujer por las estancias, ésta le hizo un tour por las diferentes habitaciones, después de dejar el bolso y el recipiente de plástico en la mesa del salón.
-Tienes una casa muy bonita, Regi- dijo acomodándose en el sofá mientras la mujer encendía la chimenea. Parecía que había puesto mil ambientadores porque el olor del tabaco se mezclaba con el aroma a brisa oceánica.
-Tengo puesta la calefacción, pero me gusta el fuego.
-Por mí bien- Bueno, en realidad, hacía calor pero no se lo iba a decir, estaba un poco cortada al estar dentro del territorio de Regina. Parecía que los nervios del primer día habían vuelto, porque una cosa era quedar con ella en una cafetería y otra muy distinta meterse en su casa como si tal cosa. Algo le estaba pasando, porque nada de esto era normal.
-¿Quieres tomar algo?- le preguntó sonriendo.
-Vale…
-Pues sígueme- le hizo caso y una vez en la cocina, la mujer le abrió los armarios y la nevera para que eligiese . Joder con Regina, pues para no comer casi tenía todo lleno de chucherías. Vamos, que ese lugar era como el paraíso.- Coge lo que quieras- Debió ver su maravillada cara ante semejantes manjares. Sonrió tímidamente y cogió un batido de chocolate y una bolsa de palomitas. Ella se sirvió una copa de vino y volvieron a la salita.
-¿Pongo la peli?- Al tener el permiso de la mujer, metió el dvd en el reproductor y se sentó al otro lado del sofá que ocupaba ésta. Después recogió su comida de la mesa y se dispuso a degustarla. – Es de miedo- dijo una vez que empezaron los créditos.
-Ya te he dicho que me da igual ver una que otra.- Se fijó en que no había ni un cenicero por la habitación.
-¿Te has quitado de fumar?- preguntó tragando palomitas.
-No, ¿por qué?
-Ah, no sé. Es que no te has traído ni el tabaco ni nada.
-Sé que te molesta así que saldré a fumar al jardín- Pero si volvía a llover, no tenía que hacerlo por ella. Era su casa y podía hacer lo que quisiera.
-Es tu casa, no tienes que cortarte de hacer las cosas por mí.
-Pero no quiero molestarte en ningún sentido. –iba a replicar pero el cambio de postura de Regina, que cruzó las piernas y se apoyó en el respaldo del asiento, le hizo ver que no tenía sentido discutir. Cuando quería, la morena era una cabezota de cuidado.
-¿Puedo poner los pies en el sofá?- puso su cara más angelical para que no le dijese que no.
-Claro. – se descalzó y se acomodó mejor, dejando caer las piernas por el lado contrario al que estaba Regina, lo que hizo que se tuviese que sentar casi pegada a la mujer.
Hacía un rato que se le habían acabado las chucherías, pero estaba tan acojonada por la película que ni de coña pensaba levantarse a por más. Había gritado varias veces, en cambio Regina parecía no inmutarse. Aunque claro, cómo se iba a enterar si estaba más pendiente de sus gestos que de la tele.
-Regi- miró a la mujer que parecía un búho observando sus reacciones- ¿puedo ir a por algo más de comer?
-Claro, ve a la cocina y sírvete.
-Es que…-se sonrojó ligeramente- me da un poquito de miedo.
-¿Quieres que te acompañe?- asintió como si fuese una pequeña cría asustada. Regina se levantó y tiró de ella para que la siguiese.
Después de escrutar de nuevo el paraíso que eran los armarios de la morena, eligió una bolsa de gominolas y un tarro de helado de fresa. Cuando se acomodó de nuevo en el sofá hizo una de sus guarrerías favoritas; echó todas las chucherías sobre el helado, mezcló y degustó. Se fijó en que Regina la miraba con los ojos muy abiertos.
-Todo junto, menos trabajo- se encogió de hombros y volvió a su tarea de devorar aquello. Tenía un calor horrible, así que se quitó la chaqueta.
-¿Te puedo hacer una pregunta?- se giró hacia Regina que miraba sus brazos fijamente.
-¿Qué?- preguntó a la vez que se metía una enorme cucharada de mezcla en la boca.
-¿Cómo puedes tener esos músculos comiendo como comes?- Se miró los bíceps, sí, los tenía marcados.
-Pues de levantar 50 kilos, vamos a mujercitas como tú- Sonrió al ver como Regina se sonrojaba.
- Yo me apunté hace unos años a Pilates y no conseguí ni la mitad de la mitad…- Su ego se sentía completamente henchido al ver que la mujer apreciaba su duro entrenamiento deportivo.
-Cosi, Pilates no cuenta como deporte.
-¿Cosi?- recapacitó sobre lo que había dicho al ver la ceja alzada de Regina. Lo había dicho sin pensar, pero sí, cosi le gustaba como nuevo apodo, así que asintió- ¿Ahora soy "reina cosi"?
-No, ahora eres "cosi" a secas, que reina es muy largo.- Además, que más que una reina déspota parecía un auténtico peluchito, así que le parecía más adecuado.
-Madre mía- sonrío al ver como la morena se reía.
Permanecieron en silencio hasta el final de la película. Bueno, Regina permaneció en silencio, porque ella gritó unas cuantas veces más.
-¿Qué te ha parecido?- preguntó estirándose- Aunque bueno, - miró con una sonrisa perversa a la mujer que permanecía acomodada en el sofá- me has mirado más a mí que a otra cosa.
-Me gusta mirarte- le dijo mientras se colocaba el pelo detrás de la oreja, como si estuviese diciendo algo normal.
-Ya me he dado cuenta- murmuró, después cogió los envoltorios de lo que había comido y fue a la cocina a tirarlos.
-¿Quieres quedarte a cenar?- le preguntó Regina que había ido tras ella. Dudó unos segundos porque no sabía si era buena idea…Demasiado tiempo juntas quizás. Es que se lo pasaba tan bien con ella y se sentía tan cómoda y tan a gusto que puede que pasando tanto tiempo con la mujer sólo consiguiese hacerle daño. –Si no quieres no te sientas obligada- dijo ésta ante su silencio.
-No es eso…
-Entonces ¿qué es?- la morena se colocó enfrente suyo.
-No sé si me estoy comportando adecuadamente- lo dijo mirando al suelo, porque no sabía cómo explicárselo.
-No te entiendo…- alzó los ojos y se encontró con la mirada entrecerrada de la mujer.
-Yo estoy muy bien contigo, me gusta que pasemos tiempo juntas…
-Pero…
-No quiero hacerte daño.- Vio dolor durante unos segundos en los iris negros, después pasaron a expresar una inmensa ternura.
-Me haces feliz, Emma , y hacía demasiado tiempo que nadie lo conseguía.- ¿Cómo se supone que debía reaccionar ante semejante afirmación?- Soy consciente de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser, así que no te preocupes por mí que los años me han enseñado a cuidarme solita. Lo que no quiero es que te sientas obligada a hacer cosas que no desees sólo por mí.
-Quiero quedarme. – Estaba roja, notaba como le ardían las mejillas.
-¿Segura?- Asintió.- Pues después de cenar te llevo a casa.
-Pero está lloviendo un montón- se acercó a la ventana. Parecía el diluvio universal.
-¿Y qué pasa por eso?
-Que si me invitas puedo quedarme a dormir.- la sorpresa se reflejó en el rostro de Regina durante unos segundos, después sonrió.
-¿No tendrás problemas en casa?
-No, les diré que me quedo donde Belle.
-Va…vale, pues llama a tus padres mientras salgo a fumar.
Asintió y fue a coger el móvil que tenía en el bolso. Tenía 5 llamadas perdidas de Belle, seguro que era por alguna estupidez. Marcó el número de su madre.
-¿Me vas a decir qué te pasa?- Apenas si podía articular palabra, mucho menos explicar qué era lo que había pasado.
Esa tarde creía que le habían arrancado en corazón y se lo habían dado de comer a las palomas. Jamás creyó que Gold sería tan rastrero como para burlarse de ella de aquella manera; haciéndose el machote frente a sus amigos. Él no sabía que ella había escuchado sus comentarios pero lo había hecho y con ellos su alma se había ido fragmentando en pequeños pedacitos.
Había llamado a Emma para contarle lo que había ocurrido pero ésta no había respondido, así que mientras lloraba desconsoladamente por la calle, bajo una lluvia espantosa, se había cruzado con Ruby que básicamente la había obligado a subir a su coche.
Y así estaban desde hacía media hora, ella llorando y la camarera mirándola con cara de preocupación.
-Es por Gold, ¿verdad?- asintió- Te juro que estoy por ir y partirle la cara a ese imbécil.
-Déjalo…- dijo mientras intentaba serenarse.
-Belle, deberías pasar de él…Sólo te da quebraderos de cabeza.
-Lo sé, pero no es tan fácil.- se secó las lágrimas con la manga empapada del abrigo.
-Eres una chica estupenda, no te merece…- dijo Ruby mirando la lluvia que golpeaba el parabrisas. Estaban aparcadas al lado de un parque.
-Tú que me vas a decir.
-No soy la más indicada, lo sé- la morena la miró con una sonrisa triste.
-¿Por qué te gusto, Ruby?- preguntó tras unos segundos pensando si hacerlo. La otra joven la miró y sonrió.
-Porque nadie me había tratado como tú…
-¿A qué te refieres?
-Todas las chicas que me han gustado me han dado la espalda en cuanto se lo he dicho, en cambio tú, has intentado ser mi amiga y tratarme como a otra más.
-Me enrollé con Gastón delante de tus narices.- Se sentía un poco mal por aquello.
-No me lo recuerdes…-la chica volvió a mirar hacia el frente.
-Lo siento…
-Ya te disculpaste en su momento.- Sí, todavía recordaba cómo Ruby un día la pilló por banda y la regañó. Se sintió como una niña siendo sermoneada por el director del colegio.- No estés triste- la camarera le cogió la mano al oírla suspirar. El contacto la pilló por sorpresa…tanto que sintió como si una corriente eléctrica recorriese todo su cuerpo. ¿Qué demonios era eso? Nunca le había pasado. Así que no pudo evitarlo y comenzó a llorar de nuevo.
-Llévame a casa- dijo entre lágrimas silenciosas, mientras se soltaba.
-¿Pasa algo?
-Ruby, por favor, llévame a casa.
-Está bien.
Permanecieron en silencio todo el camino y cuando la chica paró frente a su portal, bajó del coche y corrió. Una vez en su casa se tumbó sobre la cama y se tapó la cara con la almohada.
No podía ser, no podía ser…no….ni de coña podría…Si Ruby no la atraía en absoluto ¿cómo era eso de mil sensaciones revoloteando por todo su cuerpo ante un inocente contacto?
-¿No tienes frío?- se frotó los brazos con las manos mientras salía al porche trasero en el que Regina estaba fumando.
-Vamos para dentro- la empujó ligeramente para que volviese a entrar- ¿Has hablado con tu madre?
-Sí, me ha dicho que prefiere que me quede en casa de Belle a que vuelva con esta lluvia- sonrió al pensar en qué inocente era Mary Margaret.
-No me gusta que mientas a tus padres…- De repente la morena le pareció demasiado seria.
-Lo sé…pero es que es…- No sabía muy bien cómo decirle que la cosa era muy complicada para contárselo a nadie. ¿Quién podría entender que tenía una "amistad" con una mujer más mayor que estaba enamorada de ella?
-Ya, pero no me gusta.- tras unos segundos, suavizó el gesto- ¿Quieres cenar algo?
-Bueno…no me importaría tomar algo salado.
-No sé dónde lo metes.- se sonrieron, después en la cocina miraron la cantidad de cosas que había para hacer algo de cenar.-¿Qué te apetece?
-He visto alitas de pollo…- Lo dijo un poco cortada, pero es que ahora se le había antojado eso.
-Vale, pues las hacemos en un momento.- Regina se puso manos a la obra mientras ella se sentó en un taburete de la isla.
-¿Sueles cocinar?- le preguntó al verla bastante suelta entre fogones.
-Lo hacía, pero es que yo no como mucho y me da pereza hacerlo para mí sola. Así que almuerzo en el trabajo y cuando vuelvo tomo algo ligero.
-Pues ahora no cenes mucho que tienes que dejar hueco para mis galletas.- puso su cara más angelical.
-Tranquila, que pienso probarlas.
Se sentaron en el salón para degustar el pollo. Regina sacó una botella de vino que por la pinta debía valer una pasta y sirvió una copa para cada una.
-Si quieres otra cosa…- dijo al ver su gesto extraño mirando el líquido.
-No, no…- probó el contenido de su copa y le pareció que estaba delicioso.- Está muy bueno.
-Por muchas tardes más como esta- brindaron.-¿Qué tal llevas los estudios?
-Los llevo, es que el tema del brazo me ha retrasado bastante en las prácticas, aún así creo que sacaré bien el curso. Lo único que hay un par de asignaturas que me tienen asqueada…el viernes tengo un examen de una.
-¿De qué?- le preguntó Regina mientras tragaba.
-Anatomía patológica.
-¿Y eso de qué va?
-Sobre las alteraciones que puede producir una enfermedad a todos los niveles, se suelen estudiar células, tejidos…
-Ahm…- la morena sonrió.
-¿Qué pasa?- no creía que eso mereciese tal gesto.
-No sé…siempre he admirado a los médicos, lo constantes que tienen que ser a la hora de estudiar para llegar a poder curar a los demás. Me parece algo altruista en muchos sentidos.
-Bueno…no significa que seamos santos, hay quien lo hace por simple gusto no por el hecho de salvar vidas- se encogió de hombros.
-Aún así…es algo que admiro, aunque yo nunca hubiese podido estudiar eso.
-¿Por qué?
-Me parece complicadísimo llegar a ser un gran médico, a parte, hay que ser muy fuerte a nivel mental…
-No sé, no es para tanto.-Joder, le estaba sacando los colores.
-Para mí sí que lo es…- sonrió tímidamente y se puso a terminarse la cena.
-¿Voy a por las galletas?- se levantó recogiendo su plato. Estaba entusiasmada porque Regina las probase, además que había hecho una especial para ella. Cuando vio que la morena asentía, fue a por su tupper y volvió pegando saltitos.- Toma esta es para ti.- le extendió un dulce con forma de corazón en el que estaba escrita la palabra "Reina".
-Pero ¿no soy ahora cosi?- rió a la vez que hablaba.
-¿Te gusta?- volvió a tomar asiento.
-Me da pena comérmela- le puso ojos de cachorrito.
-No, cosi, te la tienes que comer.- le hizo caso y le pegó un mordisco.
-Mmmm…están buenísimas.
-¿En serio?
-Realmente deliciosa, dile a Mary Margaret que su receta es genial.
-Ya lo sabe, sus compis de trabajo se pelean por ellas cuando las lleva.
-No es para menos.- Tenía cara de auténtico placer mientras masticaba.
Después de recoger todo lo que habían ensuciado con la cena, Emma decidió que ya era hora de retar a Regina a unas partidas de baile.
-¿Lista?- le preguntó extendiéndole un mando.
-Emma, no tengo ni idea de cómo bailar algo de Rihanna.
-Sólo tienes que imitar lo que haga la chica de la pantalla, es fácil. –Bueno, en realidad para ella era complicadísimo hacerlo bien pero siempre lo intentaba.
Cuando comenzó la canción intentó seguir el ritmo pero acabó centrándose más en Regina, que lo hacía realmente bien. Parecía toda una bailarina profesional. No pudo evitar reírse.
-Te he dado una paliza, pequeña- le dijo totalmente exultante- y sobre 12 cm de tacón, que tiene más mérito.
-Sí, casi parece que vas de discoteca en discoteca contoneándote. - ¿Se había sonrojado por el piropo? Si es que en fondo parecía una chiquilla inocente y eso hacía crecer su parte engreída.
-¡Ay! ¿Esa es la de Dirty Dancing?- le preguntó la morena emocionada.
-Sí…pero es chunga, porque hacen lo del salto y ni de coña es posible hacer eso.
-Yo puedo- Regina alzó la barbilla orgullosa.
-Bueno pues saltas y te cojo- Si le hacía ilusión…
-No, no, te cojo yo a ti.-¿ En serio?
-A ver, Regi…- se cruzó de brazos- ¿cómo pretendes levantarme?
-¿Crees que no puedo contigo?- la mujer alzó la ceja.
-No puedes- se repente Regina se colocó frente a ella y estiró los brazos.
-Salta.- le pidió.
-¿Cómo?- Se iban a dar una leche tremenda.
-Que saltes.
-No- Ni de coña.
-Emma Swan… ven hacia mí y salta.- En fin…si insistía.
Cogió carrerilla y se apresuró hacia Regina. Cuando estuvo a sólo unos pasos se lanzó hacia ella. No le dio tiempo ni a pensar cuando estaban tiradas en el suelo. Regina boca arriba y ella encima con un ataque de risa tremendo. Rodó hacia un lado y siguió riéndose, hasta que vio como la morena se levantaba con cara de pocos amigos. Se fijó que en el proceso de la caída había perdido uno de sus tacones. Lo recogió del suelo y se levantó para dárselo.
-Te lo dije- se colocó frente a la mujer que la estaba fulminando con la mirada- Pero es que, cosi, eres pequeñita para poder conmigo.- Era la primera vez que la veía sin tacones y , la verdad, es que le sacaba media cabeza. Ésta le arrancó el zapato de la mano e intentó ponérselo, pero antes de que llegara, ella la cargó fácilmente en brazos. – Pero yo contigo sí que puedo…
-Emma, suéltame- Joe, pataleaba como una histérica para que la dejara en el suelo.- Emma…- la dejó delicadamente.
-No te pongas así…- le pasó una mano por el brazo al ver que estaba enfadada. Esta Regina…qué genio.-¿Jugamos a otra cosa?- cuando la morena asintió, suspiró interiormente aliviada
Se lo pasaron realmente bien con los juegos de deportes, en los cuales Regina sí que no pudo con ella. Tras unas partidas, en las que Emma se dio cuenta que la morena podía ser mayor pero hacía las mismas tonterías que ella, un par de gin tonics y unas cuantas conversaciones banales, decidieron que era hora de irse a dormir.
-Emma, - comenzó a decir Regina mientras subían las escaleras- duerme tú en mi habitación.
-¿Por qué?- preguntó extrañada.
-Pues porque en las habitaciones de invitados hace más frío y a mí no me importa dormir ahí.
-No hace falta- Es que tampoco le parecía bien que le cediese su cama, era pasarse de caballerosa.
-No, de verdad.- Vio el gesto "made in Regina" que señalaba que la discusión quedaba zanjada.
-Muy bien pero…¿me dejas un pijama?- preguntó mientras pasaba a la enorme habitación en blanco y gris de la mujer. Esta asintió mientras abría una puerta que daba a un gigantesco vestidor. Abrió los ojos y la boca al ver como estaba plagado de vestidos, trajes y zapatos. No pudo hacer otra cosa que acordarse de Belle, su amiga lo fliparía allí.
-¿Sabes una cosa, cosi?
-¿Qué?- preguntó mientras sacaba unas sábanas de un cajón.
-Que te llevarías genial con la señorita French, como tú la llamas.- Regina contestó sonriendo.
-Voy a cambiar las sábanas, en el segundo cajón de los de la derecha están los pijamas, elige el que quieras. – cerró la puerta del vestidor dejándola a ella dentro. Fue hacia el sitio que le había indicado la mujer y cuando vio el contenido se quedó impactada. ¡Pero si ahí sólo había camisones que eran clavaditos a picardías! Sonrió con malicia.
-¡Cosi!- alzó la voz- ¿Qué pretendes que me ponga de todas estas cosas porno?-levantó un camisón negro y morado, que dejaba bien poquito a la imaginación. ¿De verdad dormía con eso?
Una totalmente sonrojada Regina apareció por la puerta.
-Lo siento, creía que el pijama que te decía estaba ahí.- Le hacía gracia verla muriéndose de la vergüenza.
-¿Duermes con estas cosas?- se fijó en otra prenda de un rosa transparente.
-Hoy no, tranquila.
-Pero ¿te resulta cómodo?- es que eso y dormir en bolas era prácticamente lo mismo.
-Toma- le dio unos shorts deportivos y una camiseta que había sacado de otra fila de cajones. Parecía el uniforme de algún equipo de baloncesto.- Es de la empresa- le dijo al ver la duda reflejada en su cara. Después salió escopetada del vestidor. De verdad, que timidita se ponía a veces.
Cuando salió con el pijama, Regina ya le había preparado la cama y la oyó trastear en algún lugar al otro lado del pasillo. Fue al baño que había en la habitación, se lavó la cara para quitarse el escaso maquillaje que tenía y se fijó en que la enorme bañera era en realidad un jacuzzi. Se sentó en el borde.
-¿Te gusta?- se sobresaltó al ver a la morena en la puerta. Estaba distinta, como más débil…ya no llevaba maquillaje, ni tacones. Vestida con un simple pijama largo de seda azul, le parecía una mortal más. No la imponente Regina Mills.
-Sí, algún día me gustaría tener uno.
-Vamos, a la cama.
Le hizo caso y se metió bajo las mantas. Era cómodo el colchón de la morena. Regina le encendió la luz de la mesilla y apagó la de la lámpara.
-Buenas noches, Emma, si necesitas algo estaré justo enfrente.
-Vale…- Cerró los ojos, pero cuando oyó el sonido de la puerta al cerrarse, los abrió. Desde su sitio en mitad de aquella enorme cama de matrimonio, se puso a observar las fotografías que había repartidas sobre los muebles del cuarto. La mayoría eran de Daniella; castaña, de ojos marrones…guapa y sonriente, así aparecía en ellas. Y en todas parecía mirarla. Iría al infierno por eso, por estar metida en la cama de Regina.-Regi…- gritó un poco. Enseguida oyó los pasos.
-¿Ocurre algo?- preguntó la morena asomando la cabeza por el marco de la puerta.
-Pu…-se puso como un tomate, lo notó- pu…¿puedes dormir aquí conmigo?- Vale, ¿dónde leches estaba la Emma Swan sensata?
-No sé…si…
-Por fi…- Y ahora encima le rogaba, no se reconocía a ella misma, porque confiaba en Regina pero esto podría derivar en una locura. Pero prefería eso a dormir ahí cagada de miedo, es que bueno, la película no había sido una idea brillante.
-Está bien…- la mujer salió de la habitación y volvió a los dos minutos. Se tumbó a su lado, dejando distancia entre ellas.-¿Apago la luz?- asintió y se dio la vuelta, dándole la espalda a Regina. Tras unos minutos de sentir unos ojos clavados en su nuca, se volvió de nuevo. Efectivamente se encontró con la mirada oscura fija en ella.
-¿No puedes dormir?- preguntó fijándose en el aspecto que tenían en la penumbra las facciones de la mujer más mayor.
-Enseguida lo haré.- percibió la sonrisa. Alzó la mano y pasó suavemente un dedo sobre el lugar del labio en el que sabía que ésta tenía la cicatriz.
-¿Por qué te la maquillas?- acarició la irregularidad.
-No me gusta. Nunca me ha gustado, esperaba que no hubieses reparado en ella.- no se inmutaba ante su contacto, simplemente permanecía estática mirándola.
-Pues a mí me parece que te queda bien- metió la mano por debajo de las sábanas y la colocó sobre el brazo de Regina.-¿Cómo te la hiciste?
-Es una estupidez de historia.
-Cuéntamela.- susurró.
-A los 17 años me comí de frente un cristal en una tienda, no lo ví y bueno…
-¿Te tragaste con los morros un cristal?- preguntó divertida.
-Sí…- se rieron juntas.
-Qué torpe eres, cosi.- permanecieron en silencio unos segundos- No te la tapes, te da un toque sexy.
-Si tú lo dices…
Intentó dormir pero estaba un poco nerviosa.
-Cosi…- Regina seguía mirándola- ¿me acaricias el pelo?
-¿Cómo?
-Sí…es que no puedo dormir y eso me relaja.
-Está bien…- se acercó un poco más a la morena, le dio la espalda y esta comenzó a pasarle suavemente la mano por su cabello.
Tras unos minutos, se quedó placidamente dormida con una sonrisa en los labios.
¿Qué me decis de las chicas?
¿Opiniones?
