"Reto 20 días OTP!Vampire del Foro I'm Sherlocked"

Capítulo 10: Comida.


Jim Moriarty.

No tenías idea de quién era, y la poca y casi nula información que sacabas de Sherlock no apoyaba para nada la situación. Por eso, cansado de que cada vez que tratabas de sacarle información a Sherlock, éste te tirara de a loco y te ignorara vilmente, decidiste ir a ver a la única persona que podría decirte exactamente quién era ese tal Moriarty.

Fuiste hasta el club Diógenes para entrevistarte con el hermano mayor de Sherlock, Mycroft.

Y no es que tuvieran una excelente y estrecha relación Mycroft y tú, pero siendo sinceros, no podías ir con la madre de Sherlock preguntado por alguien que a tu parecer había

lastimado de alguna manera a Sherlock hacía tiempo. Fuera o no humana, la señora Holmes era una madre y ellas siempre sentirán peor las noticas de que sus hijos se encuentran mal.

Cuando llegas al elegante y silencioso club (incluso crees escuchar tu propio latido), te hacen pasar a una oficina con el temor de que pudieras toser (el silencio es el mayor privilegio de aquel lugar). Ya en la oficina, te sientas en uno de los sillones y solo esperas que Mycroft llegue. Y él lo hace unos minutos después.

-No es que no te tenga fe, John, pero desde que nos conocimos por mi hermano, nunca has venido hasta aquí.-dice, dejando en el escritorio el periódico del día de hoy-Por eso temo que tengo que comenzar a pensar que es algo referente a Sherlock y de tal grado que no puedes resolverlo con él... o él no quiere hacerlo, al menos contigo no.

-Totalmente cierto, Mycroft.-te rindes. Recuerdas que una vez, Sherlock de muy mala gana, te contó que su hermano poseía mejor poder de la deducción que él mismo, pero lo que los diferenciaba es que a él le gustaba mucho más la acción que a su hermano que prefería estar detrás de un escritorio, mandando a diestra y siniestra.

-¿Y ese asunto que te preocupa, es…?

-Moriarty-dices de golpe.

Mycroft que te estaba preparando un té, dejo de hacerlo para mirarte solo a ti.

-¿Me podrías repetir lo que acabas de decir?

-Jim Moriarty-dices algo preocupado por la reacción del mayor de los Holmes.

Mycroft termina por servirte el té, te entrega la taza, y se dispone a sentarse en una silla forrada en piel, delante de ti. Junta sus manos como si fuera a rezar, idénticamente como lo hace Sherlock cuando se dispone a pensar detenidamente.

-¿Cuándo regreso?-pregunta, con los ojos cerrados.

-Hace una semana.

-¿Le conoces?

-Fue a la preparatoria y se presentó ante mí.-dices ahora sí, preocupado-¿Quién es él, Mycroft?

-Si estás aquí, eso significa que Sherlock no te quiso decir quién es él.-y te mira, aun con las manos juntas enfrente de su rostro-No soy quien para decirte eso, John.

-¡Oh, vamos Mycroft!-reclamas con la taza en las manos-¡Tú sabes quién es él y me tienes que decir!

-Si te digo, Sherlock se enojaría conmigo.

-¿Alguna vez te ha importado que Sherlock se enoje contigo?-preguntas desesperado.

-Todos los días de esta eternidad-dice sin pensarlo. Y ahí te das cuenta de que a pesar de que siempre que los ves juntos están a punto de causar la Tercera Guerra Mundial, en el fondo (muy, pero muy en el fondo) los hermanos Holmes si se querían... o al menos se tienen cierto cariño muy extraño como para que los humanos lo comprendieran.

-Mycroft… mira, yo no sé quién sea ese tal Moriarty… pero sé que tuvo que ver en el pasado de Sherlock y sé que le dolió o que al menos fue un trago bastante amargo para él… y ahora, soy su amigo,-y te mira atentamente-Y quiero ayudarlo con lo que sea.

-En verdad que mi hermano se sacó la olla de oro contigo.- y sonríe imperceptiblemente-Bien… te contare quien fue y es Jim Moriarty… con una condición.

-La que sea.-dices sin pensar.

-Promete.-y su voz se hace un susurro-Que jamás lo dejaras caer como una vez lo hicieron...

Bien. Ahora ya sabías quien era Jim Moriarty y la importancia que tuvo en el pasado de Sherlock. Y sinceramente, no sabías si aquello era bueno o no. Por un aparte ahora podías apoyar de una manera más completa a tu amigo, pero por la otra, te sentías… raro.

Llegas a tu casa. No hay nadie. Miras que sobre la mesa hay una nota en la que tu madre te comunica que su hermano (el tío Frank) había sido internado por una grave enfermedad que desconocías, y por ende, ella junto con tu padre y Harry se habían ido fueras de la ciudad para irle a ver, y que regresarían al día siguiente en la tarde. No te sorprendió que te dejaran sólo en casa, ya lo habían hecho y siendo como eras, a tu madre no le daba tanto remordimiento dejarte solo, pues eras un chico bien portado y con los valores morales bien puestos. Lo que te parecía increíble es que Harry accediera a ir, seguramente el hecho de no ir a la Universidad, había cedido en ella como analgésico y por eso accedió acompañarlos.

Fuiste a la cocina y te preparaste un sándwich ligero junto con un vaso de leche, que te subiste a tu recamara. Estabas cansado y lo único que querías hacer era dormir y pensar cómo le dirías a Sherlock que ya sabias sobre Moriarty.

Cuando abriste la recámara, sentiste un poco de frío. Pero no un frío que helara, sino un frío que…

-Sherlock.-dices, prendiendo la luz con la mano que no sujetaba la charola con el vaso y el plato.

Cuando se prendió la luz, viste a tu amigo sentado en la orilla de tu cama con la vista fija en ti, cual felino en la noche.

-¿Qué haces aquí?-preguntas, cerrando la puerta de tu cuarto.

-¿Lo sabes ya, no?-pregunta, sin dejar de verte.

Te pateas mentalmente. Te hubiera gustado que al menos te dieran un tiempo para formular una buena excusa del porque habías ido con Mycroft, pero ya ni eso podías exigir -Sí, lo sé-dejas la charola sobre la mesa de la computadora.

-¿Por qué tanta insistencia? Incluso fuiste a ver a Mycroft.-te dice con desagrado

-Porque tú no me dabas más opciones, Sherlock.-dices, sentándote junto a él-Te preguntaba y lo único que salía de tus labios eran negativas… y yo… si no te has dado cuenta, me preocupas y aunque tú no lo aceptas, Moriarty te vino a desubicar la vida.

-Aun así, no es de tu importancia.-te dice fríamente.

-¡Claro que es de mi importancia! ¡Eres mi amigo!

Él solo te mira. Se resigna y se levanta de la cama.

-Bien, me voy…-pero al dar unos pasos, se tambalea y casi cae al suelo.

-¡Sherlock!-exclamas preocupado, sujetando a tu amigo por la cintura para que no cayera totalmente-¿Estás bien?

-Claro que no estoy bien, John.-reclama molesto. Ni aunque estuviera débil podía dejar de hacerse el listillo

-¿Qué te pasa?

-No he comido.

-¿Desde cuándo no lo haces?

-Desde hace una semana.-y lo acomodas en la cama a regañadientes de él.

-¿Desde hace una…? Desde que llego Moriarty… Sherlock-lo miras severamente-¿Por qué no has comido nada?

Ahora, ya sabías que él sí tomaba sangre humana, pero que siempre era de personas malas que anduvieran vagando sin fin ni beneficio por las calles de Londres. Jamás era alguien inocente y eso le agradecías a Sherlock con el alma.

-Porque…-y ves cómo te esquiva la mirada.

-¡Sherlock!

-Te he estado vigilando-dijo algo turbado.

-¿A mí? ¿Por qué?-preguntas sorprendido y un tanto halagado.

-Moriarty.-dice en un suspiro-No quiero que te haga algo.

-Oh, Sherlock.-y sientes algo así como ternura por él-Gracias, pero no debiste de haber dejado de comer solo por mí.

-No me podía dar el lujo de dejarte ni un segundo sólo.-y ves que sonríe débilmente.

-Me sé cuidar-dices un poco alegre.

-Pero no de un vampiro.-dice él, severamente.

-¿Entonces qué he estado haciendo todos estos años en cuanto a ti?-preguntas divertido.

-Yo no soy una amenaza, John.-dice con impaciencia-Jamás te tocaría...-y se calla abruptamente.

Se quedan un momento en silencio. Miras a Sherlock y aunque no sabes muchas cosas sobre vampiros, te das cuenta de que está muy débil y de que necesita sangre.

-¿Y si tomas de la mía?-preguntas en susurro.

-¿Sangre tuya?- y te mira-No puedo, John.

-¿Por qué no?-preguntas enojado. Y lo recuerdas.

"Tienes que querer a la persona para querer beber su sangre".

-No puedo-repite, cerrando los ojos, muy cansado.

-Sí, tienes que desear a la persona para… lástima que no sea Irene o alguien más…

-No seas idiota.-te regaña-No es por eso.

-¿Entonces por qué?-le preguntas más enojado.

-Te podría matar-dice simple, abriendo los ojos que miraban solo el techo de tu habitación. Te das cuenta que ahora son amarillos-Y eso no me lo podría perdonar jamás.

-¿Matarme?-preguntas asombrado.

-Tu sangre es la que más deseo por sobre todos los mortales, John.-y te mira a los ojos-Por eso jamás te he tocado, no sabría detenme en el momento justo para no dejarte entre la vida y la muerte. Y no quiero llegar a probar lo que pasaría si…

Lo miras. Sus ojos ahora son verdes. Eso sí que era información detallada. Mucha y muy bien detallada. Ahora entendías porque jamás fuiste atacado por el vampiro aquella noche. Eras su trofeo. La sangre más deliciosa que pudiese haber encontrado sobre la faz de la tierra. Eras su mortal intocable.

-Pero yo quiero que… bebas.-dices con algo de miedo-Confío en ti.

-No sabes lo que dices.-y te sonríe un poco sarcástico-Mejor abre la maldita ventana y déjame ir a beber la sangre de quien…

-No dejare que ataques al primer inocente que se te ponga enfrente.-dices enojado—Sherlock.-y por raro que parezca le tomas la mano-En serio, confió en ti.

Él te mira atentamente. Después de analizarte, asiente con la cabeza, podías ser igual de terco que él, incluso más. Se sienta en la cama, junto a ti.

-Si te duele más de lo debido, tan solo grita y yo…

-Ya, Sherlock, solo hazlo.

Primero, se acerca a ti. Te abraza (o hizo intento de). Recargo su barbilla en tu hombro izquierdo. Sentiste como aspiraba sobre tu cuello (te estremeciste ante el acto). Su lengua comenzó a recorrer parte de tu mandíbula, pasar por debajo del lóbulo y terminar en el cuello. En un rápido movimiento, él encajo sus colmillos en tu cuello.

No sentiste dolor. No sentiste miedo. Pero sentiste como la sangre fluía fuera de tu cuerpo. Sentiste como en lugar de ser mordida, bien pudo ser un delicado beso que Sherlock depositaba en el cuello.

Pronto se separó de ti. No había tomado mucha sangre por miedo a lastimarte y por seguridad propia. Pero se quedó un momento recargando su frente en tu hombro.

-John…-te susurra.

-¿Si?

-¿Puedo quedarme contigo esta noche?-pregunta quedamente.

-Claro.