Hola a todos!
En este capítulo aparece un entrenamiento de Trunks y Vegeta. En una parte de ese entrenamiento me basé en un texto escrito por Natitorankusu, de un fic que lei hace años y que me encantó. Lo dicho, son solo unas líneas y está sólo basado, reescrito con mis palabras, pero la idea es suya. No puede evitarlo, tengo muy buenos recuerdos de aquel fanfic. ^^
Que lo disfrutéis!
El muchacho salió con decisión del único edificio existente en aquel enorme espacio blanco. Con su corazón bombeando a cien por hora, se acercó a su padre caminando rápidamente. Por el camino, abría y cerraba sus manos fuertemente, calentándolas. Vegeta, presintió algo diferente en el chico. Notó su energía más poderosa que nunca, y en su ki no había rastro de indecisión. Trunks se estaba acercando a él, más de lo acostumbrado, y Vegeta comenzó a preparar sus sentidos porque sabía lo que el muchacho iba a hacer, algo que llevaba mucho tiempo tratando de hacer pero que nunca se había atrevido. Vegeta sonrió satisfecho, antes de girarse a encarar a su hijo del futuro.
- ¿Ya vienes a molestarme de nuevo? – masculló el moreno, con sorna.
- ¿Qué problema tienes? Vengo a entrenar, ya sea contigo o… contra ti. – respondió el chico, sorprendiendo a su padre con su respuesta.
- ¿Contra mí? ¡No me hagas reír! – Vegeta colocó sus manos en la cintura y miraba con gesto burlón a su hijo. Trunks sonrió en una mueca y bajó la cabeza frunciendo aún más el ceño. - ¿Qué clase de educación te dio tu madre? Eres demasiado presuntuoso.
- Mi madre me dio una educación excelente. Algo que por cierto no creo que pueda decir mi alter ego de esta época… ya que tú estás en ella – Terminó la frase con una sonrisa socarrona.
- ¡Ja! ¿Y con eso qué quieres decir? – Preguntó Vegeta, mirando despreocupadamente uno de sus guantes.
- Quiero decir que tú siempre has sido, y siempre serás un estorbo para los que te rodean. Por eso no me mereces ningún respeto ni ahora, ni nunca. – Añadió Trunks. Vegeta borró la sonrisa de su rostro y miró al muchacho con desprecio.
- ¿Acaso tienes miedo de luchar conmigo? – Continuó Trunks - Lo digo porque no me pareces el hombre valiente que creí que eras. Una persona que no defiende a su mujer y a su hijo no es más que un maldito cobarde. – Y tras decir esto, guardó silencio. El rostro de su padre se había endurecido y mostraba sus dientes con odio. Trunks se preparó para lo que sabía que estaba a punto de ocurrir. El ki de su padre se incrementaba por momentos. Trunks preparó su defensa justo antes de pronunciar las palabras que sabría que desatarían la furia de Vegeta – Aunque, quizás encuentre una razón para tu odio: quizás tuviste un desliz con mi madre y tu desprecio hacia ella y hacia su bebé radica en que les consideras un estorbo porque, en el fondo… ¡lo que te gustan son los hombres! – Terminó la frase y adoptó una postura de batalla, esperando a su padre.
- ¡Te arrepentirás de haber dicho eso! ¡Te mataré!– Gritó Vegeta, completamente fuera de sí.
Vegeta se lanzó hacia su hijo, transformándose en supersaiyajin mientras recorría el corto trecho que le separaba de él, y ambos comenzaron una sucesión de golpes, patadas y rayos de energía.
Trunks pudo comprobar las técnicas que había aprendido de su padre mirándole entrenar y puso a prueba sus nuevas tácticas de defensa y de ataque. Vegeta se sorprendió enormemente al recibir un potente Final Flash que le pilló desprevenido. Tras esquivar su propia técnica, un halo de lucidez volvió a su mente rencorosa y se dio cuenta de las verdaderas intenciones del muchacho. Se estaba poniendo a prueba a sí mismo con la única persona que sabía que lucharía en serio contra él. Trunks había aprendido en sólo unos días las técnicas qué al propio Vegeta le habían supuesto meses, sólo observándole entrenar. En décimas de segundo, el sentimiento que sintió Vegeta hacia su vástago fue de profundo orgullo. Las auténticas batallas eran lo que hacía incrementar el nivel de los guerreros saiyajins auténticos. Pero decidió no demostrarle que lo había descubierto y trató de entregarse al máximo en la batalla.
En un ataque cuerpo a cuerpo, quedaron ambos agarrados de las manos fuertemente, sus fuerzas eran iguales, pero Vegeta, más experimentado, efectuó una técnica que no había utilizado antes delante de Trunks y le golpeó en la cabeza enviándolo disparado en el aire. Cuando Vegeta voló en su alcance para darle otro golpe y finalizar así la pelea, Trunks se desvaneció y Vegeta se quedó sorprendido y golpeando el aire con sus puños. No sentía su ki y rápidamente le buscó con la mirada.
Trunks apareció junto a él y le propinó una buena patada a Vegeta, que éste pudo bloquear en el último momento mientras, rápidamente, generaba una bola de energía en su mano y se la lanzaba a su hijo, quien la esquivó por los pelos. Ambos se separaron entonces a más de 10 metros y se quedaron respirando aceleradamente. Trunks, en cuclillas, se limpiaba con el dorso de la mano la sangre de su labio inferior, mezclada con el sudor que se deslizaba por su rostro.
- ¡Vamos!- Gritó Vegeta, y saltó sobre sus piernas, con los nervios a flor de piel para atestar un titánico golpe, apenas su vástago rompiera su defensa. El rostro de Trunks estaba lleno de rabia e impotencia, le parecía increíble que a pesar de todos sus esfuerzos su padre permaneciera aún de pie, impasible.
De repente una rabia contenida comenzó a crecer dentro de él sacando lo más violento de sus técnicas, golpeando las extremidades que su padre usaba para cubrirse. Su fuerza era increíble, a cada golpe los pies de su padre cedían más y más atrás, impidiéndole romper su defensa para contraatacar. Finalmente llevó su puño derecho lo más lejos que pudo con el fin de golpear con toda su fuerza, pero Vegeta se le adelantó, golpeando sus piernas con una patada que le hizo caer de espaldas al suelo.
- ¡Nublas tu mente con una rabia que no te deja pensar! ¡Si quieres tener éxito en un combate debes pensar estratégicamente! – Reprendió Vegeta a su hijo.
Trunks se sintió humillado allí en el suelo. Su padre tenía razón, le faltaba mucho aún por aprender. Sin embargo, Vegeta aún no había acabado de hablar.
- Aún así creo que tienes posibilidades. Aprendes rápido y tu instinto de Saiyajin está mucho más marcado de que me había esperado. No obstante, siendo hijo mío, no podía ser de otra forma – Añadió, mirándolo por encima del hombro. Y tras esas frases aprobatorias comenzó a caminar tomando algún rumbo desconocido en el blanco espacio – Pero con el tiempo verás que esos instintos tan marcados te servirán para otras cosas además de la lucha.-
Apenas acabó la frase, una sonrisa de sorna llenó su rostro.
Trunks no entendió la el significado de esas palabras ¿Para qué otras cosas le servirían sus instintos exactamente?
Todas estas dudas se acumulaban en su mente mientras sus ojos divisaban la espalda de Vegeta, alejándose y volviéndose difusa en una repentina niebla que cruzó la vacía extensión de la dimensión.
Trunks se levantó del suelo y procedió a seguir su entrenamiento por su cuenta. Echó una última mirada a la dirección por la que su padre había desaparecido. Finalmente, Vegeta averiguó sus verdaderas intenciones al provocarlo.
- ¡En el fondo he tenido suerte! No había pensado en cómo hacer que mi padre se detuviera si la situación se me escapaba de las manos… - Decía para sí.
Su impulsividad de nuevo volvía a hacerse eco. De no ser por la inteligencia de Vegeta, quizás aún estarían luchando en serio, y luchar en serio con su padre podría costarle la vida. Una estupidez así bien le habría valido otra de las bofetadas de Arien.
Pero… ¿De verdad habría sido capaz su padre de matarle si no hubiera comprendido que no decía aquellas cosas en serio? ¿O quizás sólo esperaba darle un buen escarmiento? Cuanto más tiempo pasaba con él, más se sorprendía de las reacciones inesperadas que provenían de su padre. Un ser tan frío y despiadado que no mostraba compasión alguna y cuyos movimientos parecían tan fáciles de predecir… parecían.
Se dirigió a beber agua nuevamente. Mientras bebía, jugueteaba distraídamente con el colgante de Arien, prendido de su cuello. Cerró la botella y volvió a colocarla en el frigorífico.
Su madre tenía razón, existía un Vegeta oculto para todos. Un Vegeta al que Trunks acababa de tener acceso, durante un breve lapso de tiempo.
Trunks se sintió afortunado por ello y sonrió, antes de dirigirse corriendo hacia el espacio blanco en pos de su padre para continuar entrenando.
…
…
…
Sólo faltaban 3 días para el enfrentamiento con Cell. Trunks había salido de la Sala del Espíritu del Tiempo el día anterior, usándola por segunda vez. Esa vez entró sólo. Su padre prefirió entrenarse por su cuenta así que Trunks tuvo que espabilarse como pudo. Vegeta había entrado después de él, así que aquel día estaba en la Corporación Cápsula él sólo, junto a su madre y sus abuelos. Y decidió tomarse un día libre. De todas formas, no iba a avanzar demasiado entrenando en un solo día, después de pasar un año entero haciéndolo.
Trunks paseaba por el edificio de la Corporación Cápsula explorando cada sala. Parecía increíble que las ruinas donde siempre había vivido hubieran sido en el pasado un edificio tan magnífico y tan lleno de vida. Poco a poco le venían a la mente los vagos recuerdos que conservaba de aquella casa. Paseando por el tercer piso se detuvo ante una sala apenas separada del pasillo por un gran marco doble, sin puerta. Se trataba de un living que disponía de todo. Un proyector de cine, un equipo de música, estanterías con libros y películas, chimenea, un cómodo y enorme sofá con cheslong y un diván. Trunks caminó hasta el otro extremo de aquella sala, donde había un enorme ventanal desde el que se tenía una magnífica vista de los jardines de la Corporación Cápsula. Trunks sonrió. Aquella habitación era la misma en la Arien y él solían pasar largos ratos juntos. Se apoyó en el frío cristal. El silencio lo rodeaba todo. Tenía tantos recuerdos y todo era tan extraño, tan irreal.
Siguió su paseo por la Corporación Cápsula y bajó hasta la planta baja, donde se dirigió hacia el centro de la esférica planta para entrar en el patio interior de la casa. El patio interior era un enorme jardín lleno de las más extrañas criaturas, todas ellas inofensivas, a las que su abuelo llamaba "mis mascotas". Dinosaurios, dientes de sable, tigres y lobos, vivían en paz y armonía junto a gatitos, conejitos, ardillitas y pajaritos sin que la masacre se desatara en ningún momento. El gato de su abuelo se acercó para saludarle.
- ¡Hola Scratch! – Dijo Trunks agachándose para acariciar al pequeño felino.
- ¡Miaaauuuuuuu! – Maulló Scratch agradeciéndole su atención. El gatito subió de un salto al hombro de Trunks y éste le miró sonriente.
- ¿Quieres pasear conmigo? ¡De acuerdo!
Trunks reanudó su paseo por el jardín observando la paz que allí se respiraba. Los animales vivían en armonía sin peleas ni escaramuzas de ningún tipo. Aunque tan sólo el pequeño Scratch parecía completamente sociable y acostumbrado al trato con los humanos.
- ¡Vaya! Si estás aquí – dijo una voz, detrás de Trunks, que le obligó a girarse para observar a quien hablaba.
- ¡Ah! ¡Hola abuelo! – Saludó Trunks al Dr. Briefs – pensé que habías salido.
- Y he salido. Tenía una reunión pero ha acabado pronto. – Explicó el científico. Scratch saltó del hombro de Trunks al de su amo – ¡Mejor! ¡Porque así puedo estar con mi pequeño!
- ¡Si! Es un gato muy simpático – aprobó Trunks mirando al diminuto Scratch.
- ¡Oh! Me refería a ti, Trunks. No se suele tener la ocasión de poder estar junto a un nieto que viene del futuro. Tenía muchas ganas de hablar contigo de muchas cosas, pero tu padre siempre estaba presente y no quería entrometerme en tu entrenamiento. ¡La opinión de un padre siempre es la más importante!
El Dr. Briefs acompañó a Trunks a dar un paseo por el jardín y le explicó algunas cosas sobre la empresa. Le explicó que los principales laboratorios de investigación de la Corporación Cápsula estaban ubicados en el sótano de la casa, mientras que las oficinas estaban en un edificio aparte en otro lugar de la ciudad. Así, el doctor podía estar cerca de su familia aunque estuviera trabajando.
Tras pasar un buen rato con su abuelo, hablando de muchas cosas relacionadas con sus vidas mútuas, Trunks decidió ir a pasear un poco por la ciudad, y se encontró con Bulma cuando salía de la casa.
- ¡Hola Trunks! – gritó la peliceleste, mientras salía de su coche.
- Ah, hola mamá – contestó Trunks acercándose a su madre. Le sonaba raro llamarla mamá siendo ella tan joven.
- ¿A dónde vas? – Le preguntó Bulma, cerrando el coche y guardando la llave en su bolso.
- Pues voy a dar una vuelta. Tenía ganas de ver la ciudad sin estar devastada – Dijo Trunks
- ¡Uhmm! Es una buena excusa para escaparse de casa sólo, ¿no crees? De hecho, nunca la había oído – dijo la mujer, colocando su dedo índice bajo el mentón, en actitud pensativa. Trunks la miraba extrañado.
- ¿Una excusa, dices? – Preguntó el chico, sin comprender.
- Sí, eso he dicho. ¿No será que has quedado con alguna chica y no quieres decírmelo? A mí puedes contármelo, soy tu madre, pero como si no lo fuera – Continuó Bulma, poniendo ojos socarrones. Trunks se puso rojo como un tomate y se apresuró a desmentir lo que había dicho su madre, mientras agitaba los brazos, nervioso.
- ¡Mamá! ¡No he quedado con nadie! ¡Pero si ni siquiera conozco a nadie aparte de vosotros aquí! ¿Cómo quieres que haga eso?
- ¡Tranquilo hijo! Sólo era una broma. ¿Sabes qué? – Dijo mientras se detenía y giraba sobre sus pasos. – Te acompañaré. Te mostraré la ciudad, si tú me acompañas a mí a la oficina a buscar unos documentos que he olvidado. – Y tras cambiar de opinión, volvió a sacar la llave del bolso y abrió el coche.
- Bueno. Ir contigo es mejor que ir solo – dijo el muchacho, abriendo la puerta del copiloto.
- ¿Cómo? Perdona, hijo, pero vas a tener la suerte de acompañar a la mujer más bella de la ciudad. Vas a ser un chico muy envidiado hoy. – Rió Bulma, vanidosa.
Trunks sonrió a su madre sin saber qué contestarle y esta arrancó el coche para dirigirse al edificio de oficinas de la Corporación Cápsula.
Cuando Bulma y Trunks salieron del vehículo justo frente a la entrada principal del edificio, un aparcacoches le recogió las llaves a la mujer, solícito y se lo llevó para aparcarlo. Trunks se quedó asombrado de la altura del edificio de la empresa de su abuelo. Calculaba que debía tener más de 30 plantas. Entraron en el hall y se dirigieron directamente a los ascensores, para subir a la última planta del edificio, donde se encontraba el despacho de Bulma.
Cuando salieron del ascensor, Bulma notó el efecto devastador que su apuesto hijo causaba sobre sus empleadas. Se hizo el silencio casi de inmediato, y las alegres chicas comentaban entre risas nerviosas lo guapo que era aquel desconocido que acompañaba a Bulma. Ni siquiera disimulaban, y la peliceleste notó que su hijo comenzaba a estar un poco incómodo, así que apresuró el paso, aguantando la risa y se dirigió directamente al despacho, mientras saludaba a sus empleadas, que no dejaban de observar fijamente a su hijo, como si quisieran mirar a través de su ropa.
La secretaria personal de Bulma les saludó, y Trunks y su madre entraron en el despacho de esta para recoger los papeles que Bulma necesitaba.
Trunks observaba todo con mucho interés. Era un despacho enorme, con las paredes forradas con madera noble de color oscuro y con pesados y cómodos muebles. Una mesa muy grande presidía la estancia y también había un pequeño sofá encarado hacia la única ventana del despacho, una enorme cristalera desde el suelo hasta el techo que ocupaba la mitad de la pared lateral de la sala.
- Así que así es como habría sido la vida sin los androides. – Se decía Trunks.
- ¿Te habría gustado vivir así? – Le preguntó Bulma, mientras rebuscaba en un montón de papeles que había sobre el escritorio.
- La verdad… no lo sé, mamá – Respondió Trunks, bastante serio – Creo que yo no estoy hecho para vivir encerrado entre papeles.
- ¿Qué quieres decir? ¿No te gusta la tecnología? ¿Acaso en el futuro yo no te he traspasado algunos conocimientos? – le preguntó Bulma, mirándolo, extrañada.
- No es eso. En el futuro tú me has enseñado muchas cosas, y de hecho tengo un nivel más que aceptable en cuanto a matemáticas, electrónica, sistemas de comunicación, y todo eso. – Explicó el chico, sentándose en una silla en el otro lado del escritorio de su madre - Me gusta aprender y hasta fabricar cosas, ayudándote a ti, pero no me gustaría un trabajo en el que me vea relegado a revisar papeles continuamente. Si algún día, en mi futuro, la Corporación comienza a crecer de nuevo, quizás me gustaría trabajar en los laboratorios, antes que tener un despacho y dedicarme a cosas tan serias.
Bulma le miraba sonriendo. Entrecruzó los dedos de las manos y apoyó su mentón en ellos.
- Creo que eres un chico con mucho valor y con mucha resolución. Lo mejor es que tienes las cosas claras y hagas lo que hagas en la vida, lo principal es que seas feliz, hijo. Tener una empresa como esta, tiene ventajas y muchísimos inconvenientes. Tenemos mucho dinero, mucho poder y mucha influencia. Pero no tenemos mucho tiempo para estar con nuestros seres queridos, y… ¡Qué demonios! Tienes razón, yo también preferiría estar en el laboratorio antes que firmando papeles y de reunión en reunión. Pero para mí ya es tarde, ya tomé mi decisión hace mucho tiempo, y no puedo cambiarla, hasta que tenga que relevar el mando.
Trunks miró a su madre, un poco nervioso por la sinceridad con la que se acababan de tratar el uno al otro. En ocasiones así, era muy evidente hasta qué punto se parecían.
- Bueno – Continuó Bulma, cambiando de tema – ya he encontrado los papeles que buscaba ¿Qué te parece si ahora nos vamos a dar un paseo? – y dicho esto. Se levantó de su silla y cogió su bolso, mientras Trunks hacía lo mismo y se dirigía hacia la puerta.
Antes de salir, el muchacho volvió a mirar aquella estancia. De no haber existido los androides, quizás habría podido ser ingeniero o matemático y habría ayudado a su madre en la gestión de la empresa familiar, y podría haber trabajado junto a su abuelo, codo con codo. Qué diferente habría sido su vida, y qué fácil. Pero… Lo más seguro es que no hubiera podido conocer a Arien.
Cuando salieron del despacho, un revuelo rápidamente disimulado no pudo pasar desapercibido para Bulma, que notó un incremento importante del número de personas en la planta, básicamente del género femenino. Algunas se abanicaban con los papeles que llevaban en las manos y cuando se cruzaban con ellos, se giraban descaradamente para observar al muchacho desde un mejor ángulo, el trasero. La peliceleste sonrió, y miró pícaramente a Trunks, que parecía no enterarse de nada.
- Creo que el cabello largo te favorece muchísimo hijo. – dijo distraídamente, mirándole de soslayo.
- ¿Tú crees? – respondió Trunks, sin mirarla.
- Sí. Y no solo yo. Estoy segura que todo el personal femenino opina lo mismo. Te da un aspecto de lo más sexy. ¡Se nota que eres hijo mío!
- ¡Mamá! – se quejó el muchacho, agachando la cabeza y acelerando el paso para llegar lo antes posible a los ascensores.
Una vez se cerraron las puertas, el chico dejó escapar un suspiro de liberación, cerrando los ojos y apoyando la cabeza en el cristal de la pared transparente. Bulma lo observaba con detalle.
- ¿En serio no te has dado cuenta? – preguntó, con aire divertido.
- ¿A qué te refieres? – Contestó el chico, abriendo los ojos y mirando a su madre.
- Del éxito que tienes entre las mujeres. Eres como un imán – Contestó ella riendo. Trunks chasqueó la lengua y se sonrojó, bajando la cabeza.
- Mamá, no me gusta hablar de esas cosas. No me siento cómodo.
- ¿No te sientes cómodo? – Bulma se agachó para mirar de frente a los ojos de su hijo - ¿Y qué te parece si te consigo una cita con alguna muchacha bonita de la Corporación? Quizás así se te quitaría la incomodidad. Seguro que más de una te ha echado el ojo en serio – Añadió, guiñándole un ojo pícaramente a Trunks.
- ¡No puedo tener citas! – se apresuró a negarse el chico.
- ¿Por qué? No es nada malo. No es ningún compromiso. Los chicos de tu edad tienen derecho a divertirse, y no sólo a pelear. Por mucho que tu padre diga lo contrario. – Alegó la peliceleste frunciendo el ceño.
- No quiero, porque podría alterar el espacio tiempo aún más de lo que ya está. Y además no puedo. No puedo porq… - El chico continuó su explicación distraídamente, cuando se dio cuenta de que iba a hablar demasiado. Cerró la boca y abrió los ojos, percibiendo su error. Miró lentamente a su madre quien, se había dado cuenta y estaba allí esperando que le dijera el segundo motivo. Bulma, entrecerró los ojos y se dirigió al panel del ascensor, pulsando el botón de stop.
- ¿Qué haces, mamá? – preguntó Trunks, temeroso.
- Prestarte toda mi atención – contestó Bulma, acercándose de nuevo a su hijo – Así que no puedes tener citas porque… Continúa. – Casi le ordenó la bella mujer, al muchacho.
Trunks suspiró de nuevo y se dio cuenta que no tenía sentido seguir guardando aquel secreto.
- Porque… estoy enamorado, mamá – El sonido de aquellas palabras le sorprendió a sí mismo, y qué decir que a su madre también.
- ¡¿QUÉÉ? – Exclamó la mujer con la boca abierta. El chico se encogió de hombros y recuperó el rubor en sus mejillas, de nuevo. – Pero eso tenías que habérmelo dicho antes, ¡tonto! ¡Con lo que a mí me gustan estas cosas! ¿Cómo es ella? ¿Es de esta época o del futuro?
- Es del futuro. Se llama Arien.
- ¡Explícamelo todo! – le exigió la peliceleste
- De acuerdo, pero vuelve a poner en marcha el ascensor. Aquí comienza a hacer demasiado calor. – Trunks había comenzado a sudar.
Trunks y su madre pasaron el resto de la tarde en el centro comercial, y el chico le explicó todo acerca de Arien y de cómo había descubierto, ya estando en el pasado, que la amaba. Bulma disfrutó con la historia como si se tratara de una telenovela de tarde.
Aquella noche ya en su habitación. Trunks estaba exhausto, pese a no haber entrenado, aquel día le había parecido uno de los más duros de su vida, más incluso que las veces que había entrenado con su padre. Aunque estaba muy cansado, decidió poner la tele un rato. Y tras cambiar de canal varias veces, vio en un canal musical, que comenzaba un concierto de una pianista llamada Lilu, que se parecía enormemente a una personita que el conocía. Era la madre de Arien, y, al contrario de lo que Trunks había imaginado, no tocaba música clásica para nada, era la pianista y vocalista de una banda de rock gótico. Ahí es nada. Pero las canciones eran muy buenas y el estadio donde estaban tocando estaba lleno hasta la bandera.
Trunks finalmente se quedó dormido escuchando los acordes de una melodía, parecida a una canción de cuna.
Espero que os haya gustado el capítulo. El pobrecillo Trunks no está acostumbrado a verse rodeado de tanta mujer "en celo", y lo pasa bastante mal.
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¡Besos y hasta el próximo capítulo!
