[…Un mes después…]

Rin miraba entre asombro y coraje a Sesshömaru, quien dejaba que el viento del desierto jugara con su pelo. Los mellizos jugaban las rojas arenas y Jaken se abanicaba bajo una sombrilla, Rin seguía preguntándose: ¿Qué hacían todos allí?

A pesar de que no se vieran de manera directa, todos traían lentes de sol oscuros, sentían la mirada penetrante del otro. Rin giró hacia la su amiga Kagome, quien por alguna razón llevaba bastante rato hablando con el director del equipo del proyecto, ella se veía bastante feliz en el ambiente.

La noche cayó y Rin hizo de cuentas que no conocía a Sesshömaru, no podía ignorar a los niños. Ellos no tenían la culpa de lo que sucedía. Salió a lo que sería el balcón y observó las grandes dunas a lo lejos, la arena era levemente alzada por las caricias del viento, las pocas plantas contoneándose y las luces de la ciudad a lo lejos.

Las numerosas luces daban el efecto de ser doradas con la lejanía en la que estaban. Le recordaban aquella ciudad abandonada y misteriosa llamada Enola, la ciudad bajo tierra que buscarían e investigarían si lograban hallarla. Había escuchado un montón de veces que a pesar de estar bajo tierra y tener una entrada oculta, algunas veces mostraba el camino correcto, pero nadie comprendía el mensaje porque no hablan las lenguas antiguas.

Para eso estaba Sesshömaru allí, como historiador podría sacar especulaciones del punto en donde estaba enterrada dicha ciudad, una vez allí entraba Rin en acción traduciendo los mensajes que funcionaban como la llave de la ciudad.

Rin suspiró con pesadez, ni siquiera había notado la presencia de Sesshömaru a su lado.

─¡Que susto me has dado! –dijo Rin apretando el puño contra su pecho para tratar de calmar su agitado corazón, Sesshömaru por su parte sólo sonrió levemente, casi invisible.- ¿Hace mucho estás ahí?

─No hace mucho, vine a ver las luces doradas. –Rin frunció el ceño- ¿Qué?

La luz dorada disminuyó, era como si las personas que habitasen la ciudad de al lado se fueran a dormir. InuYasha apareció de la nada y se quedó mirando la escena con picardía.

─¿Qué hacen aquí tan solitos? –Dijo con tono insinuante- Si quieren les puedo prestar el ático.

─Sólo observábamos las luces de la ciudad –El rostro de InuYasha se tornó serio.

─¿De qué hablan? –preguntó un tanto consternado, posó una mano en la frente de Rin para confirmar si el sol le había causado fiebre o alucinaciones.

─Unas fuertes luces doradas hicieron una maravillosa vista tras las dunas –comentó Sesshömaru dando un manotazo en la palma de su hermanos mayor.

─Creo que el sol les está afectando –dijo InuYasha- Tras esas dunas solo se encuentra el desierto abierto.

Rin y Sesshömaru se miraron hasta que sólo estuvieron ellos dos.

─Tú también las viste, ¿cierto? –preguntó Rin, empezaba a dudar de su propia cordura.

─No las vi, las estoy viendo.

Rin dirigió la mirada al punto donde se estaba concentrado Sesshömaru. Allí estaban las luces doradas, brillando con más intensidad esta vez. El viento sopló y le cantó una suave melodía en unos breves instantes, entre ellos también escuchó su nombre.

Como si fuese un imán, Rin cruzó sobre el pasador que tenía el balcón y sus pies descalzos tocaron las, ahora frías, arenas del desierto. Se sentía atraída, no había dudas, ese lugar estaba llamándole y su corazón estaba respondiendo con frenesí.

"Rin" dijo la voz de Sesshömaru, repitió y repitió hasta que se volvió más bajo y otra vez esa canción le envolvió. Sus pies se sintieron livianos y calientes, sólo se dejaba llevar por aquella melodía de pequeños cascabeles y una flauta dulce que al mismo tiempo es como si escuchara desde el fondo del mar, esa sensación muda del sonido.

Unas casas blancas de diferentes tamaños aparecieron luego de unos momentos caminando, había unos doce pilares alrededor de la ciudad, unos más grandes que otros y al parecer estaban hechos de mármol, tan desgastadas como aquellas casas aglomeradas encima de otras hasta crear una torre. Las luces doradas provenían de todas las luces de las casas encendidas al mismo tiempo, Rin creyó que InuYasha le había tomado el pelo para burlarse de ella, la ciudad estaba allí frente a ella. Sólo debía cruzar el puente y los dos pilares frontales.

Rin corrió hasta la mitad del puente, estaba impresionada con toda aquella maravillosa vista frente a ella. Iba retornar su caminata hasta que su brazo fue aprisionado por unas fuertes manos.

─¡Serás tonta! –Dijo Sesshömaru con la voz entrecortada- ¿Has corrido un maratón hasta aquí para suicidarte?

Rin sin mucho interés por contestarle, sólo se zafó del agarré y se giró emocionada por con mostrarle su nuevo hallazgo. La sonrisa desapareció. Frente a ellos estaba el abismo y un puente destruido, como si el resto hubiese sido tragado por algo inmenso.

─Yo lo vi… -susurró Rin- ¡ESTABA AQUÍ!¡Yo lo vi!

─¿Qué viste? ¿El Avyss?

─¡Encontré al ENOLA! –Rin se sintió feliz por su hallazgo, había encontrado la ciudad perdida en menos de lo que se imaginaba.

Rin se colgó del cuello de Sesshömaru con gran entusiasmo mientras seguía dado saltos de felicidad, él colocó sus manos las caderas de la chica y la alzó. Sin saber porque, sólo quiso hacerlo y lo hizo. Rin al bajar notó una extraña necesidad de acunarse contra el pecho de Sesshömaru, ella tampoco se reprimió.

Unas lagrimas recorrieron su mejilla en silencio, el amor que ella sentía por él empezaba a ser doloroso otra vez, quizás porque no amaba a este Sesshömaru, quizás amaba al Sesshömaru de sus sueños. Lo mismo sucedía con Sesshömaru, quien sólo podía pasar de largo la humedad en su pecho y la confusión en su cerebro, ¿Rin o Lin?

- [al día siguiente] -

El sol brillaba más de lo que se estaba acostumbrado a sentir en Japón, el desierto de Avyss es cruel. De día suele ser el mismo infierno y por las noches un cuarto frío, ambas temperaturas muy peligrosas si es descuidado o se está perdido por los lares.

Jaken vigilaba a los mellizos y estos sólo jugaban a través de la casa con el equipo de exploración.

En otro cuarto mientas tanto, se estaban planeando las ideas de cómo bajarían a través de los escombros del puente y seguirían caminando hasta encontrar el Enola. Rin había dibujado con ayuda de Kagome la ciudad y la estructura que le rodeaba según la visión que había tenido, Sesshömaru también aportaba con el camino por el que había seguido Rin mientras ella estuvo en el transe.

El calor abrazador les obligaba a ir con ropas largas y turbantes para protegerse de los rayos solares, las ventiscas de arena y cualquier otro impedimento mientras caminaban al puente destruido del Avyss. Investigarían tan pronto como se pudiese aquel lugar, habían pasado tantos años buscándola y ahora la encontraban gracias al nuevo equipo.

─ ¿Por qué me ignoras, Rin? –Preguntó Sesshömaru mientras caminaban.- No he hecho algo malo para que me odies de esa manera.

─Usted no, pero su antecesor sí. –admitió sin mirarle- Me gustaría que el pasado se quedase en el pasado, que nuestras vidas no se mezclen en este presente.

─ ¿Eso no deberíamos discutirlo los dos? –Comentó Sesshömaru notando que ya se estaban acercando al puente- Creo que no ha considerado si quiero que nuestras vidas se mezclen en esta época o no.

Rin no comentó, simplemente siguió caminando.

─Creo que este es el lugar donde nos vimos la última vez, Lin –Rin giró su vista hacia el hombre de pelos blancos.- Aquí es el lugar donde no pude salvarte.

Los puños de Sesshömaru estuvieron bajo la presión hasta que los nudillos se tornaron blancos.

─ ¡Están hablando mucho y actuando poco! –Se quejó InuYasha- Rin debería ser más como Kagome, mírenla, está buscando puntos clave para que bajemos a salvo.

─Si Rin y yo no los hubiéramos guiado por las dunas correctas quizás seguirían buscando –gritó Sesshömaru mientras se acercaba al resto del equipo.

Rin se quedó pensativa en las palabras de Sesshömaru. "Aquí es el lugar donde no pude salvarte" repitió antes de volver con el resto de sus compañeros.


Trataré de hacer capítulos más largos, no quedan muchos de todas maneras.