¿Hola? Hallo? ¿Están aquí aun? Perdón por el retraso, emmm mis dos nuevos fics están tomando mi tiempo al igual que la secuela de 'Mi Inmortal', pero sentía que tenia olvidado este fic y además me pidieron que lo siguiera así que aquí vamos, espero que les guste.
Hetalia no me pertenece
Advertencia: Mínimas palabras y violencia, celos (odiaran a Francis XD) y UK/Can (chico/chico, para ser más clara y precisa).
Ojos añiles se abrieron a la luz tenue de una lámpara, se fijo en la ventana y rápidamente pudo deducir que era de noche, pero no tenía las más mínima idea de donde estaba. Confundido miro a su alrededor donde lo primero que vio fue a su idéntica copia con las piernas encima de la mesa y parecía dormido, no, no parecía, estaba dormido.
—Hora de la acción héroe. Yo te vencí una vez, lo puedo hacer dos veces…solo prepárate— murmuro entre dientes, evitando subir su tono de voz para no despertar al otro. Lentamente empezó a mover las manos para ver si podía romper las cadenas sin el menos ruido posible, pero esto se le hacía más difícil de lo que creía ya que las cadenas hacían ruido cada vez que rozaban una con la otra. —Vamos…vamos…América, tu puedes. Tu enemigo duerme—
Con un ruido, el cual maldijo, rompió las cadenas haciendo un pequeño baile de felicidad en su cabeza. Olvidándose del 'no hacer ruido o me jodo' tiro las cadenas al suelo. Al caer con un ruido pesado lo primero que hizo fue voltear su mirada a su copia, que milagrosamente aun estaba dormido. —Hehe… Mattie tenía razón, tengo un sueño pesado—
Cuando por fin puso su mano en la fría cerradura de la puerta, cuando el sabor a libertad llegaba a su cuerpo, escucho el eco de unos pasos afuera en el pasillo. No podía escaparse por la ventana, era ilógico, además, héroes siempre escapan por la puerta de al frente como lo hizo Capitán América cuando batallaba al científico loco ese. Así que como el héroe que es, también lo hará, pero ahora necesita una identidad nueva. Para el no fue tan difícil, rápidamente tomo las mismas cadenas del suelo y ato a su copia, ahora el solo tiene que ir con la corriente de los demás y listo, estropear sus planes, si, pura perfección que solo a él, América, se le ocurriría. Y justo a tiempo porque cuando termino, la puerta se abrió revelando a el mas pequeños de los bálticos.
— ¿Letonia? — fue lo primero que le vino, pero luego se abofeteo mentalmente por el fallo acabado de cometer, se supone que el sepa, no debe sorprenderse por nada que vea o escucha. Debe actuar naturalmente, justo o más parecido a su copia, aunque no le gusta para nada la razón de usar el acento sureño, pero por el mundo debe hacerlo.
—Iván te solicita— dijo el chico en un tono monótono y a la vez sombrío, capaz de levantarle los pelos a cualquiera de terror. Alfred iba a preguntarle algo más, pero de la misma manera la cual el joven entro, se esfumo. El americano presiente que se le va hacer un poquito difícil llevar su papel acabo.
Francis estaba recostado en el umbral de la puerta, atento a los movimientos de Matthew, lo que a la misma vez hacía sentir el canadiense sumamente nervioso. No entendía para nada el interés que tenía el francés en seguirlo, quizás será porque esta celoso, no, Matthew debe sacarse esas estúpidas ideas de la mente y ponerse atento a lo que está sucediendo. Este no es el momento para levantar sospechas absurdas sobre un tema no importante cuando Alfred está actuando extraño y Arthur esta en esa forma.
—Quizás tú tampoco me escuches, nadie lo hace…de verdad no encuentro la importancia de decírtelo— murmuro el canadiense mientras delicadamente pasaba la mano por el cabello revuelto del británico procurando lo lastimarlo, y no, no le importo el gruñido de protesta que Francis acaba de hacer, es infantil. —A-Arthur…se que c-co-como estas ahora no te importe, pero Alfred está a-actuando extraño, y cuando digo extraño no es lo que normalmente hace que si es extraño y hago mi mejor esfuerzo para que no sea así y el siempre protesta y me salí del punto ¿verdad? pero…emmm… ¿entiendes lo que digo? —
— ¿Por qué tan nervioso mon petite Mathieu? — Matthew tomo un respiro profundo y volteo a mirar, ya el francés se encontraba a su lado con una mirada no muy amigable pintada en su cara, Matthew no encuentra motivo alguno para tener esa mirada. Él para nada estaba nervioso, solo preocupado, las dos personas que más ama están deshabilitadas en este momento y eso le da preocupación y no nerviosismo como se cree el francés.
Matthew sobresalto cuando su otra mano fue apretada con fuerza, al mirar vio la mano del británico alrededor de la suya. Esto le trajo una sonrisa tímida a sus labios porcelanas y un color rosa pálido a sus mejillas, pero no se explicaba porque se sentía así, porque sentía su corazón subir a su garganta de golpe, ahogándolo y bajar de nuevo. El está seguro de que es la emoción de verlo reaccionar y no otra cosa, si, debe ser eso, Arthur lo escucho.
—Mathieu, creo que mon cher Arthur necesita descanso, no una molestia— ¿Acaba Francis de decir que él es una molestia para Arthur? ¿Cómo? ¿Cómo él siendo Canadá, puede ser una molestia para alguien cuando la mayor parte del tiempo es invisible antes los ojos de todos? Eso le causa risa y molestia a la misma vez.
Matthew con cuidado soltó el fuerte agarre del británico y se levanto de la silla. Francis solo sonrió como siempre lo hace, pero ahora Matthew se da cuenta que esa sonrisa lo enferma y en realidad no sabe porque no se había dado cuenta antes. Debe agradecerle a Arthur que ganó la guerra aunque lo ignora la mayor parte del tiempo. —Es verdad lo que dices, así que no se por qué sigues aquí y no TE vas. Además, abajo hay invitados que atender y TU eres un chef precisamente. Lo único que sé hacer yo es pancakes y no es la hora del desayuno, merci y au revoir—
Francis soltó una carcajada burlona mientras, una vez más, se detenía en el umbral mirando con pena al canadiense. Matthew solo lo ignoro, caer en su juego era lo menos que necesitaba en estos momentos.
— Mon petite Mathieu… Je t'aime, de verdad, pero me das pena. Eres pequeño e inocente todavía y no sabes lo que haces o dices. Quel drame, no jugare con tu corazón de esa manera, no es mi estilo, pero mon cher Arthur está muy lejos para ti— sonrió el francés para luego abandonar la habitación. Para Matthew, el francés no sabe lo que dice, el nunca sentiría algo por Arthur… ¿o sí? No, no, eso sí que no. Francis solo debe estar jugando con sus pensamientos y sentimientos para esa manera el tendrá que ir donde el obligatoriamente, pero… ¿si solo lo intenta? Nadie lo sabría, además Arthur esta dormido, lo puede comprobar cada vez que su pecho se levanta calmadamente. El agarre de manos, pues, quizás una reacción en sus sueños y nada más serio.
Con cuidado el canadiense se levanto de la silla y con sus mejillas ardientes y todas bañadas en rojo posiciono su cara, precisamente, encima de la del británico y lentamente acerco su rostro. Solo seria una vez y nada más, con eso comprobaría de que el francés está equivocado y el no siente nada por Arthur, solo un roce, nada más. Sus ojos amatista pendientes a cualquier movimiento inusual del británico y al no encontrar alguno lentamente cerro la distancia entre ambos. Al principio no era nada más que el roce de labios, pero luego, con el pasar de los segundos se convirtió en algo más, algo más profundo… Matthew con suma delicadeza capturó el labio inferior del británico, tirando de el suavemente. Sin perder tiempo lo soltó y profundizo el beso. Una corriente agradable surcó por todo el cuerpo del canadiense y lo que hizo fue profundizar el beso aun más. La única reacción de Arthur fue abrir la boca y Matthew simplemente se perdió en la sensación de su lengua rozar con la del británico. Toda la restricción que tenia se había roto permitiéndole hundir su lengua en la boca de Arthur, corriéndola de un lado a otro en las encías del hombre, dominado la propia lengua del británico.
Arthur gimió y Matthew sobresalto.
Era cierto, lo que dijo Francis era cierto, el si siente algo por Arthur, el si ama al británico. No, no puede ser verdad, esto es un error. Los ojos violetas del canadiense se inundaron de lagrimas con el simple hecho de haber comprobado lo que su corazón le dijo a gritos y trato de ignóralo. Así que esto comprueba que lo que sintió cuando era niño no era amor platónico sino que en realidad era amor hacia el mayor. Algo que estaba sumamente mal y aun esta. El no puede envolverse con el… ¿Qué dirá Alfred si alguna vez se entera de sus sentimientos? Alfred ha ocupado casi todo el espacio de la vida del británico, si sabe esto lo destrozaría. No, esto tiene que sellarlo y no decirlo jamás.
—Elizabeta… ¿un sartén?— el austriaco murmuro, acomodándose los lentes mientras se sentaba detrás de una mesa volteada de lado para protección. —El tiene una espada—
— ¡Roderich, no comiences con tus preludios! Alguien encogió a este gusanito para molestarnos… ¡Gilbert, quieto, AHORA! — grito la húngara esquivando el golpe proporcionado por el pequeño albino. Bueno, Roderich le dice pequeño aunque él tiene el tamaño de un adolescente de 12 años y además, el austriaco tiene que admitir que tiene un excelente uso de la espada, la húngara solo tiene suerte de que esquiva los golpes. — ¡Quieto! —
En eso la húngara lanzo un golpe, pero con rapidez y estilo el albino lo esquivo tomando por sorpresa a la joven que ahora se encontraba en el suelo con un par de antigüedades rotas, para la pena y miseria de Austria. —En la otra mesa Elizabeta—
Justo a tiempo se salió del camino de un golpe letal a su cuello, pero en eso ella encontró la oportunidad cuando la espada del albino quedo atascada en el suelo mientras el luchaba por sacarla. En un paso ligero la chica uso su sartén para darle un golpe en la cabeza, como siempre, pero el chico lo detuvo con el brazo mientras que con otro lanzo un puño directo a la boca de la joven la cual chillo al sentir el metal de la armadura del albino chocar con sus dientes. El solo sonrió. —Se supone que no le des a una chica. ¿Dónde están tus modales mocoso? —
— ¡Heiliges Römisches Reich! — volvió a gritar el chico una vez más, pero esta vez llamo la atención del austriaco.
— ¡Oh, vas a ver…
— ¡Elizabeta, Gilbert, basta! — grito el austriaco haciendo que ambos detuvieran la pelea, por el bien de su casa no por el de ellos. Sonó cruel, pero ellos no pagan por sus cosas, una vez roto, roto se queda, como la base que rompió Hungría. —Heinrich está bien, no te preocupes—
— ¿Henrich? Wohin iste er? — pregunto el chico sin despegar sus ojos de la húngara.
—El…él, el vendrá, esta de paseo, pero pronto vendrá— si, una excusa barata cuando Gilbert se lo acaba de llevar, quien sabe dónde.
Bueno… ¿Qué les pareció? ¿Les gusto? Sé que está un poquito corto, pero…funciona…creo. Se preguntaran que hace Letonia ahi, bueno la Unión soviética es todos esos paises juntos, no solo Rusia, asi que deben esta ahi. Bueno nada, gracias por leer, y venir. Ahora a trabajar con el fic "El Beso de la Discordia"
Hasta el próximo
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