Capítulo nueve
Aprendiendo a confiar.
Se dió por satisfecho con aquel dibujo y cerró su cuaderno solo para tomar un libro tenía a su lado y leerlo. Apoya la espalda en el árbol tras él para leer en una posición más cómoda.
Solía referirse a ese lugar como su "oasis" a falta de mejor palabra, un lugar donde podía sentarse y leer tranquilo, como estaba haciendo ahora. Disfruta del sonido de la tranquilidad y el sol en su piel hasta que siente que una sombra se lo tapa, levanta la mirada.
— Alex, me tapas la vista.
— Yo soy la vista. — Nota el cuaderno de Laurens a su lado y lo toma — ¿Puedo?.
— Claro.
Sigue leyendo hasta que siente que Alexander se acomoda entre sus piernas y coloca la espalda contra su pecho.
— Alex — rie un poco — Espacio personal.
— Yo soy tu espacio personal Laurens.
Echa la cabeza hacía atrás sonriente y recibe un beso en los labios por parte del castaño quien no protesta en absoluto por la posición en que se encuentran, ese lugar está alejado del resto del campamento y le gustaba tener cerca a Alexander por lo que solo sigue leyendo mientras el menor mira sus dibujos.
— Entonces ¿Cuánto te toma hacer estos dibujos?.
— No lo sé. ¿Cuánto crees que te tomaría a ti?.
— Creo que unos dos años.
John rie mientras Alexander sigue viendo su cuaderno. Eventualmente llega a las últimas páginas y encuentra el primer dibujo que no es relacionado a la naturaleza.
— A-ah — John tartamudea nervioso — Dame eso.
— ¿Ese…
Se incorpora alejándo el cuaderno de las manos del castaño que luchaban por recuperarlo.
— ¡Alex!.
— ¿Me dibujaste a mí?.
Pregunta viendolo sonriente al ver el dibujo de un muchacho con coleta escribiendo, parecía un boceto, estaba compuesto de varios trazos más bien irregulares y estaba sin colorear pero eso no le quitaba el mérito de que estaba bastante bien dibujado.
— N-no.
Intenta negar inútilmente teniendo la evidencia frente a él.
— ¡Claro que sí!.
Dice feliz.
— No quería, sólo te vi escribiendo una vez, empecé a garabetear con la pluma sin darme cuenta y me gustó cómo se veía así que lo retoque un poco y…
— ¡Me dibujaste!.
— ¿Me estás escuchando?.
— Y no tuve que dejar que me clavaras la pluma en el ojo. ¿Me lo puedo quedar?.
John desiste y deja al pelinegro emocionado.
— Claro.
Alexander arranca con cuidado la hoja del cuaderno y se la queda viendo sonriente mientras John solamente lo mira a él. Su vista termina en la nuca del pelinegro y cree ver algo a través de su cabello, un dibujo, e inmediatamente deduce lo que es. Al creer ver algo del color siente una mezcla de sensaciones y una de ellas es un impulso de correr el cabello de Alexander para verla en su totalidad pero deja ese pensamiento y trata de olvidarlo.
El azul que vió se le queda grabado en la cabeza mientras mira al suelo con una sensación amarga ¿Celos tal vez? ¿Preocupación? ¿Odio a esa maldita marca que vaya a saber uno porque existe?.
— ¿John?.
— ¿E-eh?.
La voz de Alexander lo saca de sus divagaciones internas.
— Se está nublando.
Alexander dice con cierta preocupación. John levanta la vista y ve que es cierto.
— Eso parece. — Siente que Alexander se tensa — ¿Pasa algo?.
— No, bueno… — Cierra el cuaderno y se lo devuelve a John — Si pero es una tontería.
— No parece serlo, te tensaste de golpe ¿Qué pasa?.
— Es una ridiculez.
— No es una "ridiculez" si te preocupa Alex.
Insiste John con voz firme, Alexander suspira.
— ¿Podemos ir a nuestro cuarto?.
— Sólo si es para hablar de esto.
— Lo es, lo es.
Alexander es el primero que se pone de pie y luego ayuda a John a lo mismo, guarda el dibujo en su bolsillo. Caminan y la sensación de que al menor algo le molesta no desaparece en todo el camino. Apenas llegan John ante la puerta y hace pasar a Alexander.
— Muy bien — entra y cierra tras él — ¿Qué pasa?.
Alexander camina sin saber bien cómo empezar el tema.
— ¿Alex?.
— Yo... — resonga — ¿Por qué haces que hablar sea complicado?.
— ¿Yo?.
Pregunto extrañado ¿Qué hizo él?.
— ¡SI! Con todos los demás es fácil pero tú me nublas la mente, me cuesta encontrar las palabras para decirte lo que siento...
Eso le causa cierta ternura, parece que es el único capaz de dejar sin habla al gran Hamilton. Pero también nota que Alexander está frustrado, posiblemente lleva queriendo hablar de eso un tiempo pero no parece lograrlo
— Está bien, primero, calmemonos.
— ¡Estoy calmado! — grita — ¿Ves lo jodidamente calmado que estoy! ¡Grito para que lo veas mejor!.
John ni se inmuta, lo mira indiferente.
— Lo… — desvía la mirada — Lo siento.
Camina hasta su cama y se sienta, John lo mira preocupado.
— Alex, este no eres tú.
— Es… — Se frota el rostro con las manos — ese tonto sueño, esa puta pesadilla.
Laurens ennarca una ceja, deja su cuaderno y libro en el escritorio y se sienta junto a Alexander.
— ¿La de Carolina del Sur?.
— Si…
— Creí que sólo fue algo de una vez.
— Pffft, ojalá. — dice con desgano —. Vuelve cada noche y se hace más claro pero más borroso a la vez.
— ¿Por qué no me dijiste nada?.
— Porqué aprendí a controlarlo.
— ¿Y tu eras el honesto?. No debes acostumbrarte a ese tipo de cosas. Vas a decime ya todo sobre ese sueño.
— Pero…
— Sin peros Hamilton, es peor si te lo guardas.
En sus ojos verdes la misma firmeza con la que habla de la esclavitud y eso le provoca cierta felicidad. ¿Estaba a ese nivel en sus preocupaciones?.
— Creo que no tengo opción — Suspira — Bueno, estás en Carolina del Sur con varios soldados más, noto que está nublado. Y ahí es cuando todo se vuelve más claro, escuchó disparos y…
Le cuesta hablar de eso ¿Por qué se sentía ta real cada vez que lo soñaba?. Siente que John toma su mano y la apreta con gentileza.
— Continúa.
— Si — dice con voz tranquila — Recuerdo oir una voz que dice "Nos vemos en el otro lado, Coronel Laurens".
Eso envía escalofríos a ambos.
— Y ahí todo se vuelve borroso y bizarro — Continúa — Sólo recuerdo el sonido de un cuerpo desplomandose, a alguien diciendo "Quédate conmigo" y cosas así y luego, un grito, es tú grito Laurens. — Lo mira — Un grito en el que parecen que te están atravesando el alma con un tallo de espinas. Luego de un rato de silencio alguien dice "¿Cómo vamos a decírselo a Lafayette?".
Silencio, ninguno dice nada, incluso el sonido de sus reparaciones suena cómo un grito.
— Vaya — El ojiverde rompe el silencio — "Coronel Laurens" no suena mal…
— ¡John!.
— Lo siento, lo siento — levanta ambas manos en defensa — Cuando estoy nervioso bromeo sobre lo que sea.
Ninguno vuelve a hablar en un buen rato.
— No entiendo algo, no reconociste ninguna voz ¿Cómo supiste que ese grito era mío?.
— El resto de las voces se oían distantes, tú grito fue tan fuerte que parecía que te tenía al lado, en serio, parece que te están matando…
— ¿Recuerdas algo más?.
— A veces cuando oigo el cuerpo caer escucho un sonido similar al de un cristal romperse. — John lo mira confuso — ¿Ves? Por eso dije que se hacían más bizarros
— Está bien, mirame — Acuna su rostro con ambas manos — Tal vez esos sueños sean sólo secuelas del primero que tuviste pero sólo son eso, sueños y si crees que puden llegar a ser reales yo mismo entraré en tu subconsciente para demostrarte que sólo son eso.
Trata de encontrar valor en la sensación del tacto del ojiverde sobre su rostro.
— ¿Y si algún día debes ir a Carolina del Sur?.
— Obligaré al mundo a enviarme un ángel guardián para que me protega. — Dice con un guiño divertido — No hay nada de que preocuparse Alex, estoy aquí.
— Pero esos sueños se sienten tan reales
John lo besa en los labios, un beso dulce y reconfortante.
— Pues esto es la realidad, Alex, estoy aquí contigo y el mayor riesgo ahora mismo para mí es cortarme con una hoja de papel al escribir.
"Quiero creerte, Dios, como quiero creerte. ¿Por qué no puedo". Piensa Alex.
Porque aquel grito del castaño sigue haciendo pitar sus oídos.
— ¿Qué debo hacer para que me creas?.
— No es que no te crea — aclara el menor — Es solo que no me lo puedo sacar de la cabeza.
— Entonces debo hacer que pienses en otra cosa. ¿Cómo puedo hacer eso?.
Alexander mira al suelo pensando.
Este mundo es soso, apagado y puede llegar a ser muy cruel, por eso si encuentras algo que te haga feliz, que te ayude a darle color, aferrate a ello joven, apegate a ello y no lo dejes ir.
Volvió la vista al castaño frente a él, empezando a entender esas palabras. Junta su frente con la de Laurens.
— Sólo quédate conmigo — susurra — Eso bastará.
— Bien — dice con gentileza — Ese no es ningún problema.
Alexander apoya su cabeza en el hombro del mayor, no tiene que pedirle a Laurens que le deje quedarse así un rato y John no debe asentir, ya se conocian lo suficiente, acaricia su cuello a modo de consuelo y le da un beso en la parte superior de la cabeza.
— Todo va a estar bien mi pequeño león.
— Odio que me digas así.
Contesta entre ligeras risas separándose para mirarlo
— Lo sé — dice feliz de haberlo animado — Por eso lo hago.
Alexander lo empuja ligeramente.
— Imbécil.
— Un imbécil que te vuelve loco, Lexi.
Dice en tono burlón ese cursi apodo haciendo que
Alexander tome una de las almohadas y lo golpeé ligeramente.
— Un imbécil que se merece eso.
— No empieces una guerra que no puedes ganar Hamilton.
John toma una la otra almohada que queda y lo golpea también.
— Oh, no me jodas, ¿En serio vamos a hacer esto?.
— ¿Cómo pretendes ganar una guerra si no puedes ganar una guerra de almohadas Hamilton? ¿Eh?.
Alexander lo mira de manera socarrona y lo vuelve a golpear con la almohada que tiene.
Se sentía como un adolescente enamorado y eso le fascinaba, no podía creer que en medio de una guerra fuera tan feliz.
Luego de unos segundos logra arrebatarle la almohada al castaño, tomarlo por las muñecas y acostarlo de espaldas contra la cama, se posiciona sobre él asegurándose de qué no escape.
— ¡Ja! ¡Gané!.
— Pfffft, suerte de principiante.
— ¿Y tú cómo sabes que soy un principiante?.
— Se muchas cosas.
Lo mira sonriente con todo el cariño que no sabía que había en él hasta que ese ojiverde se hizo con la llave del compartimiento de sus emociones y lo abrió sin su permiso.
— Contigo aquí olvido que estoy en una guerra, Laurens.
Lo ve sonreír y safarze de su agarre para acariciar su mejilla ¿En que momemto John se volvió parte imprescindible de su felicidad?.
Aférrate a tu felicidad y no la dejes ir.
Se inclina y da varios besos por todo su rostro, dejando que los ruidos de las risitas de Laurens hagan desaparecer el eco de ese grito.
— Cada una de estás pequitas es mía ¿No?.
John rompe a reír aunque se nota el sonrojo que las palabras de Alexander le causaron.
— Eres tan cursi a veces.
Alexander no contesta, se acerca para besarlo hasta que siente un golpe en su rostro con algo blando, John lo había golpeado con una almohada que vaya a saber Dios cuando la tomó.
El último golpe gana.
Dice John orgulloso cuando Alexander aparta la almohada de su cara. El pelinegro no está molesto, está feliz, rie y se sorprende al ver al castaño que sigue acorralado contra la cama hacer lo mismo.
— ¿ Qué? — pregunta Alexander sin dejar de sonreír— ¿De qué te ríes?.
— No lo sé, tu te ríes, yo me rio.
Dice con toda la sinceridad haciendo que Alexander se pregunte si John era un sueño al hacerle sentir tanta ternura sólo con una frase.
— ¿Y tú? — pregunta el castaño — ¿De qué te ríes?.
— Rio porque estoy feliz John — Se inclina y junta sus frentes cerrando los ojos. — Estoy contigo.
John es su felicidad.
Afuera ya no está nublado pero aunque las nubes se hayan ido y Alexander no quiera decirlo, en su mente aún resonaba aquel grito.
ღ
Ama la forma en que Alexander lo besa, como lo toma del rostro y la nuca con todo el cariño que nunca ningún otro amante le había dado. Se sentía protegido, cómo si fuera lo mejor en la vida de Alexander.
— No se si recuerdas que deberíamos estar trabajando.
Le dice Alexander, a quien tiene acorralado contra el escrito en el que deberían estar escribiendo, ni él recuerda cómo la situación se torno así.
— Dame un poco de motivación Alex, algo rápido
Dice con tono seductor. Alexander le devuelve la mirada.
— Está bien, sólo déjame hacer algo. — Busca en su bolsillo un papel y lo coloca en su frente, en el papel se lee "Propiedad de John Laurens" — A ver si así dejas de preguntar tantas cosas cada dos por tres.
— ¿Cuánto tiempo has estado esperando por hacer esa broma?.
Pregunta mientras tira el papel.
— Más del que estoy dispuesto a admitir.
John rueda los ojos.
— No entiendo que tienes que me encanta tanto.
Vuelve a tomarlo por la cintura mientras lo sienta en el escritorio sin dejar de besarlo, envuelve su labio inferior completamente con los suyos.
— Tengo ese efecto en la gente.
Luego de esa pequeña charla sus labios simplemente se entretienen con los del otro. Laurens comienza a bajar por el cuello de Alexander con besos húmedos.
— Algún día seré yo él que lleve el mando.
Dice Alexander tratando de no perderse en la sensación de los besos.
— ¿En serio? — comienza a dar algunas embestidas con su cadera contra Alexander — Me encantaría verlo.
— S-solo espera.
Continúa embistiendo hasta que siente la erección del pelinegro. Le desabrocha el pantalón y remueve su ropa interior para sacar su miembro.
— Me encantaría ver a ese supuesto león del que tanto oigo hablar — Lo mira a los ojos — Aquí enfrente solo veo un gatito.
— Te dije que esperaras Laurens...
Comienza a masturbar a Alexander mientras sus lenguas se entretienen la una con la otra.
El silencio reina en esa habitación donde sólo se oyen los ruidos de besos y el ritmo cardíaco de ambos aumentando cada vez más.
Cuando Alexander se siente a punto de acabar nota que Laurens aparta su mano.
— ¿Por qué paras?.
Pregunta entre suplicante y decepcionado.
— Solo creí que tenía derecho a divertirme también.
Saca su miembro y Alexander capta el mensaje, le devuelve el favor. Se dedican únicamente a besarse y a satisfacerse el uno al otro por quien sabe cuanto tiempo, horas, minutos o segundos, no lo saben.
— Laurens — jadea — dime que esa pesadilla es sólo eso.
— Alex…
— Por favor...
John lo besa mientras aumenta la velocidad de su mano sintiendose más y más cerca de acabar.
— Eso sólo es una pesadilla, Alex.
Dicho esto Laurens se libera en la mano de su amante quien le sigue pocos segundos después. Alexander se recarga en su hombro.
— ¿De verdad?.
— Lo es además ¿Por qué razón iría yo a Carolina del Sur?.
— No… no lo sé.
Se aparta para verlo.
— ¿Entonces?. — Le da una sonrisa reconfortante. — Me quedaré a tu lado, con revolución o sin ella.
Alexander rie sintiendose algo tonto ahora por preocuparse tanto.
— Eso es todo lo que quería oir. Ahora de verdad deberíamos trabajar.
Se separan y acomodan su ropa mientras Alexander baja del escritorio.
— ¿Por qué tanto ímpetu en el trabajo Alex?.
— Por qué es la única forma que tengo de asegurarme una posición algún día. Tal vez llegue a ser general, teniente o cor-.
Se atraganta de sólo pensar esa última palabra. John lo nota y trata de cambiar el tema.
— Si, ya veo porque tan emocionado — dice con sarcasmo — Debemos hacer el recuento de materiales.
— ¿Qué? ¿En serio? — Toma una de las hojas y resonga frustrado — "Balas de salva" dice aquí, ¿Para que queremos bala de fogueo? Es el ejército, joder.
— Las usan para entrenar creo, algún uso les daran.
No la dan importancia alguna al tema de las balas de fogueo por ahora y se dedican a escribir. Nada en particular llama la atención de ninguno. Hasta que Laurens llega a cierto tema.
— Dios…
Alexander lo nota preocupado.
— ¿John?
— Vuelvo en un minuto.
Se levanta y sale apurado por la puerta. Alexander por instinto toma el papel y lo lee. En resumidas cuentas eran trámites sobre la expulsión del teniente Frederick Gotthold Enslin, con deshonor y con la aprobación de George Washington, por los cargos de sodomía y perjurio.*
— Ay John…
Volviendo a leer el nombre de Aaron Burr figura en el documento. Frederick afirma que esas son simples acusaciones infundadas contra su persona y Burr debía determinar si ese era el caso o no, se le asignó el caso a el ya que un tal Malcolm estaba en Nueva York, de seguro…
Alexander se levanta y va a buscar a Burr, como esperaba John está con él.
— Pero ¿Qué va a pasarle?.
— John, la expulsión es definitiva, el general Washington lo abala
— ¿Qué pasó exactamente?.
Burr suspira al ver lo alterado que está el ojiverde.
— Desde hace un buen tiempo se escuchaban rumores del teniente Frederick y otro soldado, hace poco el compañero de cabaña del teniente…
— ¿Qué?.
Pregunta John nervioso ante la pausa del moreno.
— Bueno, descubrió al Teniente Frederick en la cama junto a otro soldado.
Esa información cae como un balde de agua helada a John, si alguien entrara mientras él y Alexander…
— ¿Qué dice él?.
— ¿Frederick? Él niega todo, dice que son mentiras para difamarlo pero las cosas apuntan a otra dirección. — Burr se siente mal al ver al castaño tan preocupado — No se si lo multaran o castigaran pero ese hombre ya no estará en el ejército, John.
— Se va dejando al castaño con una sensación similar al vértigo — Ten cuidado.
Camina hasta encontrarse con Alexander, quien mira al ojiverde preocupado.
— Tu también deberias tenerlo Hamilton.
Alexander lo mira de mala forma pero eso no importa ahora, se acerca a John y lo toma del hombro.
— ¿Todo bien?.
Apenas siente su mano el pecoso se separa como si le quemara el contacto.
— Necesito estar sólo.
Y sin decir más se va dejando a Alexander con una mezcla de culpa y miedo viendo como el castaño se aleja, sintiendo que se alejaba de él.
John se detiene.
— Pensándolo mejor — voltea a ver al pelinegro — Ven conmigo por favor, no me vendría mal tu compañía.
Alexander sonrie y se acerca al ojiverde, ambos caminan hasta llegar al lugar que John usa para dibujar, un lugar alejado de todo el mundo, se sientan y ven el atardecer. Alexander procura mantener una distancia prudente entre ambos pues nota a John nervioso.
— Un duro golpe para volver a la realidad ¿Eh?.
Dice con un tono que deja en claro que quiere animarlo.
— Y tanto — Responde John — Es el primer caso de expulsión militar por sodomía que escucho… es decir, ya no importa todo lo que hizo o quien fue, sólo lo echan. Washington lo echó…
Alexander nota cómo le tiembla la voz, se toma la libertad de tomarle la mano.
— John, escuchame un minuto.
— Claro — Lo mira aún dudoso — Te escucho.
— Se que esto es peligroso y puede llegar a dar miedo, mierda, es la primera vez que estoy con un hombre y... nunca estuve más preocupado de que me vean besandome con alguien pero no tengo miedo ¿Sabes porque?. — John niega — Porque te tengo a ti. No quiero obligarte a nada pero necesito que entiendas que está relación es complicada y dificil de por si. Quiero mas que nada que esto funcione, estar a tu lado pero no puedo hacerlo solo, tienes que confiar en mi como yo lo hago contigo.
John mira al suelo.
— Yo…
— Lo se, es difícil, entiendo que te cuesta y lo estás intentado, no sabes como aprecio eso — Lo toma de la barbilla y lo hace mirarlo — Pero para sacar esto adelante debes permitirme abrir el compartimiento de tus emociones como tu lo hiciste conmigo y contarme las cosas importantes, como lo de tu marca.
Esa última palabra hace que el castaño lleve su mano libre a su nuca cubriendose el dibujo aunque ya estaba cubierto por su ropa y cabello.
— No creas que no lo he notado — continúa Alex — Hay algo en ella que quieres decirme pero no puedes ¿Verdad?.
— Ya… ¿Ya la viste?.
Pregunta con miedo sin entender porque.
— No, pero noto que te trae nervioso y necesito que sepas que puedes decírmelo. Quiero ser parte de tu historia John, quiero que cuando la gente hable de tí en un futuro el primer nombre que se les venga a la mente sea "Alexander Hamilton", quiero ser un capítulo en tu historia pero no puedo hacerlo si no me dejas — acerca la mano del castaño a sus labios y la besa — ¿Me dejas?.
Le estaba pidiendo que confiara en él, le estaba pidiendo eso al "hielo humano" como muchos le llamaban pero no le importaba, sólo John con el sonido de su respiración logran hacer callar el recuerdo de aquel grito, se sentía con confianza suficiente con él para pedirle éso y la sonrisa qué ve asomándose en los labios del pecoso se lo confirman.
— Ay, Alex — Se acerca el caribeño acortando la distancia que Alexander había puesto — A este punto ya no puedo decirte no aunque quisiera, te volviste demasiado importante para mí.
— Eso es bueno. — Lo es, al menos para él pero ¿Qué pensaría John? — ¿Verdad?.
John rie al ver lo dudoso que sonó Alexander en la última parte ¿Cómo podía ser tan tierno a veces?.
— Lo es — lo abraza para calmarlo y lo logra. — Siento que me ayudas a ser mejor cada día.
— Me alegro. ¿Entonces…?.
— No puedo dejarte entrar en "mi historia" Hamilton porque creo que se está volviendo "nuestra historia".— La expresión de miedo en Alexander desaparece para volverse una sonrisa. — Te robaste mi afecto como si fuera el mayor tesoro, junto con mi confianza al ofrecerme ayuda con mi objetivo y mi creencia de que era "demasiado frío". Cambiaste varias cosas que creía saber de mí.
Siente a John más tranquilo y eso lo calma a él también, recuesta la cabeza en el hombro del más alto, disfrutando la sensación y los rayos del sol que se desvanecian.
— ¿No quieres volver a escribir?.
Le pregunta John al verlo tan relajado y que parecía que iba a quedarse así un rato
— Sólo dame unos minutos así, por favor.
John suspira sonriente, le da un pequeño beso en la parte superior de la cabeza.
— Te doy los minutos que quieras Alex.
Quizás iba siendo hora de decirle, de hablar sobre la marca que tanto odiaba. Después de todo confiaba que aunque confirmaran que él y Alexander no eran "el uno para el otro" según el destino, nada cambiaría entre ellos.
* Frederick Gotthold Enslin, fue el primer caso de expulsión militar por sodomía aunque más tarde se le acusó de perjurio (Jurar en falso) es más bien recordado por el primer cargo. Frederick alegaba que eran todo mentiras y a Burr se le dió la tarea de invertigar si las acusaciones (Hechas por su compañero de habitación, Anthony Maxwell, quien fue quien lo encontró en junto al otro soldado.) eran falsas o no, ya que "Malcom" estaba en Nueva York (No se quien sea ese tal "Malcom" se refieren a él así nomas, gracias página de confianza historica).
Burr escribió: "El tribunal después de una deliberación madura sobre la evidencia presentada no pudo encontrar que el alférez Maxwell haya publicado ningún informe perjudicial para el carácter del teniente Frederick más allá de la estricta línea de su deber requerido y, por lo tanto, es absuelto de la acusación".
Es decir, las acusaciones se dieron por verdaderas y luego de una investigación Frederick, con la aprobación de Washington, fue expulsado del campamento. No se sabe que pasó con él luego de eso ni se sabe si el otro soldado con el que lo encontraron, John Mohar (también escrito Monhort), fue expulsado también o no.
Si, los nombres de Anthony y John están en este tema *suena el tema de X-files* y Burrito estaba involucrado también, es todo una conspiración gente, todo se pone más gay mientras más investigas ?)
No hay mucha información sobre este tema por desgracia, de hecho se sabe poco y nada de Frederick, es recordado por "Ser el primer caso de expulsión militar por sodomía".
Fuente: http//frederick-gotthold-enslin/
