Disclaimer: Los personajes no son míos son de Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Shayla Black.
Capítulo 10
Emmett entró en la casa con una inexplicable sensación de confianza adherida a él. A pesar de que la llamada en conferencia con los hermanos Clearwater no había arrojado el nombre del acosador de Bella, tenía la sensación de que estaban cerca. Por supuesto, ahora, tenían otro problema, un saboteador corporativo. Alguien que, adrede había enviado un virus a los ordenadores en los sitios de perforación. Emmett ya había hecho un llamado a los otros sitios para bloquear los sistemas y no aceptar actualizaciones hasta nuevo aviso.
—Hola. —Jasper entró detrás de él, atravesó las puertas de la cocina y entró en el salón multiuso—. Dado que tenemos toda la mierda metida en los ordenadores, pensaba que deberíamos mostrar a Bella un poquito de los alrededores. Probablemente hoy estará demasiado dolorida para montar a caballo, pero podríamos trepar al Jeep y llevarla a las montañas.
—Sí, buena idea. —Luego se quedó inmóvil—. ¿Qué pasa con Edward?
El Gran Hermano era otro problema que ellos iban a tener que resolver. Bella lo amaba. Jasper lo echaría de menos. Mierda, si era realmente honesto consigo mismo, Emmett no quería excluir a Edward, a pesar de las horribles mentiras que había gruñido a Bella anoche. Si ellos permitían que Edward se alejara en este momento, probablemente sería para siempre. Emmett lo sabía en lo profundo de su ser.
—¿Qué quieres decir? ¿Estás preguntando si debemos invitarlo?
Emmett negó con la cabeza.
—No, tenemos que averiguar qué es lo que lo está carcomiendo y la forma de detenerlo antes de dejarlo en cualquier sitio cerca de Bella de nuevo. ¿Qué sabes sobre Tanya y la noche que murió?
Jasper le disparó una aguda mirada.
—No mucho. Tanya era realmente hermosa. Ya sabes, una de esas chicas que llama la atención de todos.
—Lo recuerdo. —Emmett tendía a alejarse de las mujeres como ella. Por regla general, alguien que necesita mucha atención no sabe como devolverla—. Chica de sociedad, ¿verdad?
—Sí. De la peor clase. Su familia había caído en tiempos difíciles y ella estaba dispuesta a volver a la cima follándose a quien fuera.
—Empezando con Edward.
Jasper negó con la cabeza.
—Mierda, no. Ella se había abierto paso por un montón de hombres antes de que clavara sus garfios en él.
—Edward siempre ha sido muy inteligente. ¿Por qué dejó que alguien como ella se le acercara?
—Era un momento difícil para él —dijo Jasper de manera pausada—. Nuestro padre había muerto. Acabábamos de encontrarte. Edward se perdió tratando de salvar a la compañía. Yo le dejé.
—Tú apenas tenías dieciocho años. —Emmett recordaba esa época como la más grandiosa de su vida. Había encontrado hermanos que parecían aceptarlo y empezado la universidad. Hasta que Edward y Jasper se habían presentado, él había estado bastante seguro de que no vería un campus universitario al menos que lo limpiara. Muchas familias ricas nunca le habrían contactado, muchos menos le habrían dado la bienvenida con los brazos abiertos y ofrecido a pagar su educación.
Pero aquellos años habían sido difíciles para Edward. Recién se había graduado en la universidad cuando se vio obligado a sumergirse en las aguas infectadas de tiburones de la vida empresarial. Si su padre no hubiera mantenido tercamente la mayoría de las acciones, entonces Cullen Oak Oil probablemente habría sido atacada de manera despiadada y deshecha.
Edward había salvado a sus hermanos. Sí, él tenía una deuda con Edward.
—Recuerdo a Tanya, pero solo apenas. —Emmett se sonrojó. Él no había querido admitir esto—. Ella vino a mí una noche.
—Únete al club. Lo que me mata es que Edward no estaba enamorado de ella. Creo que a él le gustaba el sexo. Era muy apasionada. Peleaban constantemente. En ese momento, algún demonio en él deseaba ese drama. Tal vez quitaba de su mente todo lo demás. —Jasper se encogió de hombros—. No lo sé.
Y Emmett podría apostar que Tanya lo había resarcido por toda esa discusión en la cama.
—Recuerdo un par de rupturas. Siempre parecían definitivas, pero a la semana siguiente ella regresaba.
—Siempre se las arregló para atraerlo de nuevo. Pero finalmente, él había tenido suficiente y resolvió romper con ella para siempre. Dos días después, ella murió de una sobredosis. El informe policial dice que fue un suicidio accidental… un llamado de atención… pero Edward no ha sido el mismo en los últimos diez años. No lo entiendo. Él no la añora. —Edward negó con la cabeza—. Tal vez se siente responsable, pero no empujó un montón de píldoras por su garganta.
Algunas veces no se necesita tener una participación verdadera en algo para que un hombre se sienta culpable. Emmett sabía eso. Él se sentía culpable por su nacimiento. Su madre había sido dulce, pero no demasiado inteligente. Ella había tenido que trabajar en dos empleos para tratar de mantenerle después de que su amante la había apartado de su camino con un cheque de diez mil dólares y le había ordenado que se hiciera un aborto. Cuando era un niño, a menudo pensaba que ella habría estado mucho mejor si se lo hubiese hecho. Si hubiera seguido las instrucciones de Carlisle Cullen, no habría estado trabajando hasta tarde en un bar. No habría estado en un coche que se averió. No habría sido atropellada por un huidizo conductor borracho.
Emmett se libró del pensamiento. Su madre lo había amado y había hecho todo lo posible por mantenerle. Ella no querría que se sintiese culpable por nada. Tal vez por eso Emmett podía dejar ir la culpa y Edward no. Si Tanya pudiese ver el tormento de Edward, estaría alimentándolo desde arriba.
—Tenemos que hablar con él y convencerle de dejar ir esto—insistió Emmett. Iba a hacer esto bien con su hermano y darle a Bella la felicidad completa que ella quería y se merecía.
Jasper sonrió y puso una mano fraternal en su hombro.
—No puedo decirte lo mucho que significa para mí, tío. Sí, vamos a buscarlo y tengamos una charla. Luego todos sacaremos a nuestra chica y le mostraremos las montañas.
Bella se vería hermosa tumbada en un campo de hierba verde. Solo habían pasado unas pocas horas desde que él y Jasper la habían limpiado y empezado a preparar su culo. Su polla se endureció con el recuerdo de Jasper deslizando bien profundo ese plug rosado en su interior. Sus ojos se habían abierto de par en par y un gemido entrecortado había brotado de su garganta. Él casi se había corrido en sus vaqueros en el acto. Si ellos no hubieran acordado dejarla recuperarse durante la mañana, él la habría acercado y visto cuán apretado estaba su coño mientras su culo estaba lleno.
Echó una ojeada a su reloj de pulsera. Cuatro p.m. Sonrió. Ellos en realidad habían acordado que la dejarían sola durante la mañana.
—¿Estás pensando en lo que yo estoy pensando? —sonrió abiertamente Jasper. Cuando se trataba de Bella, siempre estaban pensando en lo mismo.
Estaban dando la vuelta a la esquina que los llevaba hacia la habitación que compartían con Bella cuando lo vieron.
Edward estaba en la puerta con los ojos ojerosos y clavados en ellos. Emmett nunca había visto a su hermano lucir tan despeinado y angustiado. Algo había salido terriblemente mal. ¿Cuánto había oído? ¿La conversación de ellos acerca de Tanya lo había puesto en este estado?
—Edward, ¿qué coño pasa? —Jasper agarró la botella de vodka vacía en la mano de su hermano—. ¿Qué te pasa? ¿Te tomaste todo esto hoy?
—Sí. Vine en busca de otra pero no quise interrumpir vuestra charla fraternal.
Slade se detuvo, maldijo ante la mirada obsesiva en los ojos de su hermano mayor.
—Dinos que sucedió.
Los labios de Edward se curvaron, él irradiaba pura auto-repugnancia.
—Todo. Parte de ello fue hace mucho tiempo. Pero no importa cuán profundo lo entierres, esa mierda siempre se vuelve en tu contra.
—Si hablar de Tanya te altera tanto, entonces desistiré —juró Emmett. Edward necesitaba sanar, pero él no estaba dispuesto a dañar a su hermano para forzar el asunto.
Negando con la cabeza, Edward cruzó cuidadosamente el cuarto. Su semblante derrotado contrastaba fuertemente con la imagen de la cocina soleada.
—Da igual. Toda la desagradable historia saldrá en los periódicos de mañana.
Jasper miró a Emmett durante un largo rato, la mirada preocupada mientras se sentaba junto a Edward.
—¿Toda la historia de Tanya?
Edward asintió con la cabeza, los ojos cerrados con fuerza, el tormento destruyéndole a las claras.
—¿La mataste? —preguntó Emmett con calma—. ¿Han desenterrado la evidencia? ¿Hay tiempo para hacerla desaparecer?
Edward se volvió hacia él con el ceño fruncido de manera solemne.
—¿En verdad lo encubrirías?
—Sin dudarlo un segundo—replicó Emmett—. Me cabrearía que no hubieras venido a mí en primer lugar. Si tienes un cuerpo que ocultar, llama a tus hermanos.
—A veces me pregunto si me consideras un hermano. No he estado cerca de ti. Te acusé de actuar impulsivamente.
Emmett esbozó una sonrisa.
—En el pasado me he comportado de forma impulsiva. Tuviste que sacarme de la cárcel más de una vez en la universidad.
Jasper sonrió.
—Al menos, ya no andabas peleando en los bares.
—Tuve un mensaje del acosador de Bella. —Las palabras de Edward giraron ciento ochenta grados la conversación y a Emmett se le detuvo el corazón por un doloroso instante.
—¿Qué? ¿Cuándo? —No podía pronunciar las palabras con la suficiente rapidez.
—Alrededor de las ocho de la mañana.
Antes de que ellos se hubieran enfrentado a Aro.
Jasper lo miró, luego regresó a Edward.
—¿De qué número? Déjame ver.
Edward negó con la cabeza.
—Nada que puedas hacer. Acabo de reenviar el texto completo de la conversación a los hermanos Clearwater. Ellos están trabajando en esto, pero este tío no es estúpido. El número será de un móvil prepago, imposible de encontrar. Lo esencial del corto mensaje fue que él conoce mi secreto y va a decírselo al mundo al menos que soltemos a Bella.
—¿Cómo es que sabe que tenemos a Bella? —preguntó Jasper—. Al menos que sea Aro, entonces lo sabe por James, porque el don nadie te vio llevártela cargada de la oficina ayer.
—Es cierto. Jasper despidió a Aro, Edward. El tío es un gilipollas que trataba a Bella como una mierda.
Edward se encogió de hombros.
—El despido de nuestro CIO1 es la menor de mis preocupaciones. Esta mierda que va a salir nos hará pedazos.
—Necesitamos averiguar ahora si Aro subió a ese avión de regreso a Anchorage o si sigue rondando por aquí —le dijo Emmett a Jasper mientras se hacía una nota mental para llamar a los hermanos Clearwater lo antes posible para rastrear el paradero actual de Aro.
Edward dejó caer repentinamente los hombros.
—¿En verdad creéis que Aro la acosaría? Se ha enfrentado a ella muchas veces. ¿Por qué el subterfugio repentino?
Quién conoce los motivos por los que un psicópata hace algo, pensó Emmett de manera sombría.
—Hasta que sepamos con certeza quién es el acosador, vamos a concentrarnos en mantener a Bella cerca y protegida —sugirió Edward—. El resto ya pertenece al pasado. El puñetero pasado va a hacerse público, y he hecho los arreglos adecuados para lidiar con las consecuencias.
—¿Qué tipo de arreglos? ¿Qué tan grave es la historia? —Jasper agarró los hombros de Edward—. ¿Nuestras acciones se verán perjudicadas? No lo entiendo.
—Lo explicaré. Prefiero que escuchéis esto de mí antes que de la prensa. Y las acciones no se verán perjudicadas. Me he asegurado de ello. Voy a dimitir como CEO el lunes por la mañana. He dividido las acciones que nuestro padre me dejó entre tú y Emmett. Mi abogado está ultimando los detalles ahora.
—¿Qué? —estalló Jasper, poniéndose de pie y mirándolo con incredulidad.
Emmett siempre había querido una parte de la compañía que su padre ausente había creado, pero solo porque quería estar en un pie de igualdad con sus hermanos. Segurísimo no lo había querido de esta manera.
—Llama y dile que lo deje sin efecto.
—No lo haré —dijo Edward, su voz cobrando un carácter serio y definitivo—. Esto es lo más conveniente para la compañía, para vosotros dos y Bella. En un minuto, también, lo creeréis.
—Lo dudo. —Jasper se cruzó de brazos—. Eres el corazón de Cullen Oak Oil. Lo haces funcionar.
Edward apenas logró hacer un encogimiento de hombros, como si levantarlos fuera demasiado esfuerzo.
—Dinos. Escupe lo que va a salir en la prensa para que podamos encargarnos de ello. —Todo lo que estaba a punto de confesar había sido una herida ulcerada envenenando a su hermano mayor desde hacía años.
Dejando caer los codos sobre sus rodillas, Edward se encorvó y clavó los ojos en el suelo.
—Yo maté a Tanya, pero lo peor, maté a mi propio hijo.
Emmett se desplomó en la silla, la verdad golpeándolo. La compasión lo embargaba. Podría no haberse criado con Edward, pero le conocía. El sentimiento de culpa por la infancia difícil de Emmett había traído a Edward a la puerta de su hermano desconocido en primera instancia. Incluso pensar que había sido un poco responsable de la muerte de su hijo lo aplastaría.
Edward trabó la mirada con Jasper, luego con Emmett. Claramente, él estaba preparado, esperando por la condena, el rechazo y el odio.
Emmett tendió una mano y la puso sobre la suya y dijo las palabras que nunca antes había dicho… a ninguno de ellos.
—Te quiero, hermano. Saldremos de esto.
Edward retiró la mano. De todas las cosas que Emmett pudo haber dicho, ésta lo conmocionó al máximo. Se volvió hacia Jasper y vio la misma mirada de preocupación y compasión en su rostro. Ningún enojo. Nada de espanto o exclusión. Ellos solo lo esperaban a que contara la historia.
—¿Escuchasteis lo que dije? —preguntó con incredulidad.
Jasper asintió con la cabeza.
—Sí. Escuché. Voy a decirte lo mismo que te dijo Emmett, te quiero, hermano y estoy aquí para ti. Solo saca todo, nosotros podemos hacerle frente.
Sus rostros estaban sombríos, pero no le habían dado la espalda. Le habían mostrado su solidaridad, ofrecido apoyo. Mierda. Sus hermanos le habían dicho que lo amaban.
Emmett lo miró de manera solemne.
—Supongo que Tanya estaba embarazada cuando decidió tragar un montón de píldoras. ¿Cómo es que tienes la culpa, Edward?
—Déjame ilustrarte. —Odió el borde vil en sus palabras.
Edward había sabido que esto sería difícil, pero ver su aparente aceptación lo hacía más difícil. ¿Qué pasaría si se enteraban de los detalles y decidían que él era un gilipollas asesino después de todo? Se restregó los ojos con las palmas de las manos. Entonces finalmente entenderían. Nada de eso cambiaba el hecho de que él les adeudaba la verdad antes de que la prensa la publicara en todas las primeras planas.
—Como sabéis, Tanya y yo tuvimos una relación volátil. En un primer momento era interesante. Un bonito entretenimiento de toda la otra mierda en mi vida. Tuvimos un poco de sexo caliente. A ella le gustaba follar y yo disfrutaba complaciéndola. Durante algún tiempo, valió la pena todo el drama. Luego ella se puso exigente. Me encontré en ese estado constante de reconciliación y ruptura con ella. Tengo que admitir que, mientras más peleábamos, más caliente se volvía el sexo. Era excelente. Y cuando la ex junta de Cullen Oak estaba tratando de comerme vivo, necesitaba el escape. —Se encogió de hombros—. Me hice adicto al sexo y a la ira. Me hacía olvidarme del trabajo por un rato. Nuestros padres habían muerto. No teníamos mucha familia. Vosotros dos estabais en la universidad, lejos… así que Tanya se volvió un aditamento en mi vida. Nunca tuve intención de casarme con ella. Sabía que no era buena para mí.
—Pero estaba allí y nosotros no. —La culpa devastaba la cara de Jasper. Él sacudía la cabeza con los hombros caídos.
—Hey, ambos teníais que ir a la universidad—reprendió Edward. Lo último que necesitaba es que Jasper o Emmett se sintieran responsables—. Esta debacle fue toda culpa mía. Yo era el adulto.
—Tenías veintidós años, Edward —gruñó Emmett—. La mayoría a los veintidós años está bebiendo cerveza y tratando de averiguar dónde conseguir un trabajo. No está ocupándose de compañías de miles de millones de dólares y tomas hostiles del control corporativo. Ellos no trataban de mantener todo unido.
—Deja de tratar de justificarlo, Emmett. Ser joven no me exime de nada.
El licor se estaba disipando. Necesitaba más para atravesar esto, pero seguro de que sus hermanos se opondrían en el acto. Sin embargo, después de que él les contara el resto, posiblemente decidieran que después de todo no les importaba un bledo y le dejaran beber hasta la muerte.
—Mierda, no eres perfecto. No esperes serlo —insistió Jasper.
—¿Perfecto? —se burló Edward aun cuando su estómago amenazaba con rebelarse. Esta era la parte que él había temido—. Joder, no estaba ni siquiera cerca. Cuando decidí romper ese círculo vicioso en el que Tanya y yo estábamos, le dije que habíamos terminado para siempre. Corté de raíz. Conseguí un número de teléfono nuevo. Le dije al personal de seguridad de la oficina y del condominio que no la dejaran entrar. Ella se las arregló para conseguir mi número. Y llamaba, dejándome largos mensajes rogándome que regresara porque me necesitaba. Luego me dijo que estaba embarazada.
—¿Alguna vez te lo había dicho antes? —preguntó Jasper.
—Había tenido un par de sustos, aunque afirmaba que tomaba la píldora. Y yo siempre usé condones con ella.
Pero no con Bella. Ni siquiera había pensado en protegerla. Solo se había perdido y la había inundado con cada gota de su semen. Dios, sus hermanos iba a odiarlo… y tenían todo el derecho.
Edward suspiró.
—Tanya había intentado que me casara con ella dos veces antes, alegando que estaba embarazada.
—Así que cuando esta vez lo anunció, no le creíste por un buen motivo. —Jasper se recostó en la silla.
—Tampoco le creí cuando dijo que se iba a suicidar porque también había dicho eso antes. —El estómago de Edward se revolvió de nuevo—. Ella llamó. Yo estaba en una fiesta. Ni siquiera me molesté en salir a hablar con ella. Me preguntó si me preocupaba por nuestro bebé. Le dije que no existía un bebé. Ella me dijo que había tomado algunas píldoras. Había amenazado con suicidarse antes y no lo había llevado a cabo, así que no alerté a nadie. No moví ni un puto dedo.
La cara de Emmett se suavizó.
—Eso no es tu culpa. No podías saber que ella iba en serio.
—Debería haberlo adivinado, o haber hecho algo por si acaso. En lugar de eso, le dije a Tanya que hiciera lo que tuviera que hacer. Luego le colgué. Una hora más tarde me llamó su hermana para decirme que estaba muerta.
—Maldita sea, Edward, no la obligaste a tomar las pastillas.
—No, pero ni siquiera traté de salvarla. —Edward se puso de pie y pateó la silla a otro lado de la habitación—. Estaba embarazada de verdad, de unas pocas semanas de acuerdo al forense. Él lo mantuvo en secreto por mí.
Jasper respingó.
—No vas a querer escuchar esto, Edward, ¿pero cómo puedes estar seguro que el bebé era tuyo?
Él se había hecho esa pregunta un millón de veces.
—¿Realmente importa? Si yo hubiera tomado su amenaza en serio, el niño hoy estaría vivo.
Emmett negó con la cabeza.
—Nunca habrías lastimado de manera intencional ni a ella, ni a ese bebé. Lo sé.
—Obviamente estás olvidando el hecho de que por mi negligencia, maté a una mujer y a un niño.
—No—dijo Jasper en tono tranquilo—. No lo hiciste. Terminaste una relación con una mujer desequilibrada y ella resolvió extralimitarse hasta el punto de la locura. Tanya necesitaba ayuda, tío.
—No me preocupé por ella. Maldita sea, no me estáis escuchando. —Era desesperante—. La abandoné allí. La dejé morir.
—Ella optó por tomar las pastillas por su cuenta. No se preocupó por el bebé en su vientre. No llamó a una ambulancia. No quería vivir. No es culpa tuya. —Jasper se paró y comenzó a pasearse, a la vez que se pasaba la mano por el cabello—. ¿En verdad has desaprovechado años de tu vida por esto?
—¡Ese era mi hijo! —gritó Edward. Años de rabia amenazaban con desbordarse.
—Ella se llevó al niño con ella —dijo Emmett en voz baja. Edward no podía confundir la tristeza en los ojos de su hermano—. Y eso es lo que te acongoja sobre todo. Lo sé. Y lo siento mucho.
Las manos de Jasper descansaban sobre sus hombros.
—Yo también lo siento. Me hubiera gustado que nos lo hubieses contado antes. Habríamos hecho cualquier cosa para ayudarte a atravesar por esto.
Edward los apartó a la fuerza.
—No.
Emmett frunció el ceño.
—No, ¿qué, te importa un bledo? ¿No te cabrea haber desaprovechado años de tu vida por algo que no podías controlar?
—¿Qué no te perdone? Es eso por lo que estás realmente molesto, ¿no? —le rebatió Jasper—. No quieres que te perdonemos.
Edward se sentó por un momento, los pensamientos corrían a toda prisa. Las palabras de Jasper lo golpearon de lleno en el pecho. Él no quería el perdón. Había refrenado el dolor durante tanto tiempo. La idea de soltarlo lo aterrorizaba. Se había ocultado detrás de él, lo había usado como una barrera para evitar todo lo que pudiera volver a lastimarlo. Lo había usado para alejar a las personas.
Como a Bella.
Él no había amado a Tanya. Había tenido un vago afecto por ella en un principio… y nada más que desprecio al final. Eso no le había parecido anormal a Edward. Él había visto la relación absolutamente carente de amor de su madre y su padre y había decidido que era incapaz de verdadera devoción. Se había aferrado a esa mentira hasta ahora, incluso de cara a sus sentimientos por Bella.
Mierda. Él no tenía miedo de lo que haría a Bella. Tenía miedo de lo que sentiría por ella… y cuán vulnerable lo haría eso.
Bella podría morir o irse. Podría amar a sus hermanos más de lo que jamás lo amaría a él. Cualquiera de esos panoramas lo demolerían.
—Tienes razón. El perdón es aterrador. Vuestro odio habría sido más fácil. Y ahora la he vuelto a cagar. —Edward dejó caer la cabeza sobre las manos.
El arrepentimiento, intenso e hiriente, lo cortaba en tiras. Había permitido que su miedo apartara a Bella. Ella le había ofrecido todo lo que él podría desear y él había actuado como un animal.
—¿Porque apartaste a Bella con insultos? —Jasper le palmeó el hombro—. Eres humano. Cometes errores. La mayor parte del tiempo una disculpa arregla las cosas. Te irá mejor en el futuro. Pero ahora ha llegado el tiempo de perdonarte. Hay una mujer en esta casa que te ama. No la vuelvas a apartar a la fuerza porque estás asustado. ¿Tienes idea de lo preciosa que es? Tiene un corazón lo suficientemente grande para todos nosotros.
Edward negó con la cabeza.
—No para mí. No después de lo que le hice esta mañana. Dios, nunca me perdonará. Ni vosotros tampoco.
La cara de Emmett se volvió dura e implacable.
—¿Qué pasó con Bella?
Esto podría ser peor que contarles lo de Tanya.
—Bella me encontró poco después de que yo hubiera hablado con el abogado. Había estado bebiendo durante un rato… duro.
Jasper manoteó la botella.
—Es obvio.
—¿La lastimaste? —exigió Emmett.
Lleno de vergüenza, Edward asintió con la cabeza, reacio a decir las palabras que realmente podrían cortar la relación con sus hermanos. Apenas había comenzado a entender que no era del todo responsable de lo que había sucedido con Tanya. No podría decir lo mismo de Hannah.
No había sabido hasta este momento lo mucho que había necesitado el apoyo y el consuelo de sus hermanos. Ahora todo podría desaparecer. Pero él les debía la verdad.
—No la lastimé físicamente —se atragantó Edward—. Pero le desgarré el corazón.
—Escúpelo —insistió Jasper.
—Estaba tratando de alejarla. Pensé que sería más fácil para todos si ella me odiaba.
—¿De la forma en que te has estado odiando a ti mismo? —preguntó Jasper de manera deliberada.
Dios, puesto de esa manera, su comportamiento parecía patético.
—La amo. No podía soportar la idea de que ella se enterara de lo que había hecho y me mirara como si fuera un monstruo.
Jasper puso los ojos en blanco.
—No la conoces en absoluto. Te habría abrazado y dicho que te perdones. Lo habría entendido.
—En el fondo, él lo sabía. Pero como tú dices, no estaba dispuesto a perdonarse. Ahora… —Emmett se cernía sobre él—. Dime lo que le dijiste.
En ese instante, Edward entendió por qué esa relación con Bella tenía una posibilidad. Ellos se mantendrían uno al lado del otro. Cuando uno de ellos estuviera malhumorado y difícil, los otros dos lo harían recapacitar. Todos estarían allí para Bella y para el otro. Serían una familia.
Si él encontraba el valor para formar parte de ella.
—La llamé torpe y sin clase. Le dije que no era lo bastante buena para ser mi esposa.
Edward se había preparado para el puño que voló en su dirección. No estaba preparado para lo duro que golpeaba su hermano menor. Su cabeza voló hacia atrás, el dolor en su mandíbula un bienvenida llamada de atención.
—No vuelvas a decir eso de ella. Es una mierda y lo sabes. ¿Entendido?
Edward asintió con la cabeza.
—No quería decir eso, Emmett. La amo. Dios, la amo tanto. Creo que es perfecta.
Emmett lo apuntó con un dedo acusatorio.
—Vas a hacer las paces con ella. La tratarás como a una princesa. Te disculparás y si ella quiere que le beses los pies, entonces te tirarás al suelo y se lo besarás.
Jasper interrumpió.
—Exactamente. Y también vas a decirle a ese puñetero abogado que pare lo que sea que esté haciendo.
—Has dado en el puto clavo. Voy a ir a buscar a Bella. Vamos a discutir esto a fondo. Mejor que estés preparado para arrastrarte. —Emmett se volvió y salió pisando fuerte de la habitación.
Jasper se levantó con calma y caminó hacia la nevera. Volvió con una bolsa de guisantes congelados y se la pasó a Edward.
—Ponte esto en la cara. ¿Hay algo roto?
Él movió la mandíbula dolorida.
—Creo que no. Pero me duele.
—Alégrate que no estabas de pie. He estado en peleas de bar con nuestro duro hermanito menor. Es sucio. Podría haberte pateado las pelotas. —Jasper sacudió la cabeza de manera afectuosa—. Pero siempre está dispuesto a perdonar cuando le importas algo. Creo que tú encontrarás que Bella es así también.
Él esperaba que fuera así. Edward se puso los vegetales congelados en la mandíbula inflamada. Algo se había aliviado dentro de él. Cayó en la cuenta de que no había respirado de manera profunda en años. Ese sentimiento de culpa y miedo siempre había estado presionándole el pecho. Sin embargo, esa pelota de odio a sí mismo había comenzado a disminuir con la aceptación de sus hermanos. Edward esperaba que se disolviera por completo bajo el amor de Bella.
¿Qué iba a hacer si ella lo rechazaba?
Sus labios se curvaron cuando la respuesta llegó a él. Ella podría rechazarlo todo lo que quisiera, pero él la conquistaría al fin porque la agobiaría con su amor. Siempre estaría allí, abriéndole la puerta, ocupándose de sus necesidades, diciéndole lo hermosa que era. Joder, él era Edward Cullen. Había hecho bajar la mirada a una habitación llena de ejecutivos ambiciosos a la edad de veintidós años y los había hecho retroceder. Se había encargado de sus hermanos. Era más fuerte de lo que alguna vez había creído.
Seguiría el ejemplo de su hermano pateador. Cuando encontrara al pequeño gilipollas que amenazaba a su familia, iba a matar al cabrón a palos.
—Me alegro de que esa mirada no esté dirigida a mí —dijo Jasper.
—Tienes razón. No voy a renunciar como CEO. —Edward necesitaba decir esas palabras… y muchas más—. No voy a rendirme con Bella. Y no voy a contenerme más. He terminado. Puede que sea una mierda, pero soy miembro de esta familia.
El alivio era palpable en el rosto de Jasper.
—Gracias a Dios. De vez en cuando, Emmet tiene que comenzar una pelea. Tú puedes ser su combinación de niñera y bolsa de arena, al menos a tiempo parcial. Él es agotador.
Edward sonrió. Eso sonaba divertido. Podría pelear con sus hermanos y lo seguirían queriendo. Excepto….
Probablemente debería contarle todo a Jasper.
—No usé un condón con Bella.
No estaba preparado para que el puño de Jasper le golpeara directamente en la mejilla. El otro lado de la cara de Edward se encendió. Mierda, ¿cuándo había aprendido Jasper a hacer tanto daño?
—¡Hijo de puta! —gritó Edward. Esperaba que hubiera otra bolsa de guisantes congelados.
—No vuelvas a hacer eso hasta que ella esté bien y correctamente casada. —Jasper le miró de manera ceñuda—. Incluso entonces, discutiremos esa mierda en esta familia. ¿Quedó claro?
Ellos no iban a excluirlo por esta cabronada. Edward dio un suspiro de alivio que le llegó hasta el alma.
—De acuerdo. Supongo que quieres decir que tenemos que llevarla al altar pronto.
La puerta de la cocina se abrió violetamente y Emmett entró corriendo, los ojos desorbitados por la preocupación.
—No puedo encontrar a Bella. Nos dejó una nota en su ordenador que se había ido. Nos abandonó. Si no podemos encontrarla, voy a romperte más que la mandíbula, Edward.
Jasper corrió al cajón de la cocina donde se guardaban las llaves de todos los vehículos.
—Las llaves de la limusina y de los Jeep siguen aquí. Dios, ¿creéis que se fue a pie?
Él lo dudaba. Bella era terca, pero también inteligente. Edward se puso de pie con el rostro dolorido y miró por la ventana.
—Falta uno de los carritos de golf. Dependiendo de cuando se fue, podríamos ser capaces de alcanzarla, simplemente corriendo tras ella.
Emmett se dirigió hacia la puerta, al parecer dispuesto a hacer precisamente eso. Edward lo detuvo con un gesto de la mano.
—Podemos ir tras ella más rápido en un Jeep.
—Oh —dijo Emmett—. Eso está mejor.
Edward agarró las llaves del Jeep y se la entregó a Jasper.
Era hora de conseguir a su chica.
1CIO es el responsable del área informática. Aunque ya no se hable más de informática sino de tecnología de la información. Lo gerentes de informática han pasado a llamarse gerentes de tecnología de la información. Dado que ésta es el activo más poderoso que tienen las áreas informáticas.
