FIC
La Usurpadora
Por Mayra Exitosa
Capítulo 10
En la mansión no solo había felicidad, sino cierto movimiento constante de entradas y salidas de personal, sin embargo, ella todo el tiempo buscaba una actividad, con los niños la mayoría de ellas. Sin embargo, como ya había pasado lo más importante, esperaba que eso de la boda religiosa fuera en meses, ignorando que era en una semana y sería ahí mismo.
Candy nunca había salido de su pueblo, cuando lo hizo, fue solo para escaparse de Tom, y se fue a New York. Estar ahí, era como un paraíso escondido para ella, la mansión estaba rodeada por varias hectáreas de jardines y bosques, lagos y sin embargo, ignoraba totalmente que su pueblo estaba a varios kilómetros de ese magnífico lugar.
Cuando fue requerida por la diseñadora, y vio a muchas personas bajar sacos con cierres, no se imaginaba que cada saco portaba un vestido exclusivo de diseño particular, mucho menos que cada uno poseía unos cuidados increíbles y que el tráiler que había llegado era solo para que ella eligiese personalmente uno solo de esos tantos vestidos que habían mandado traer con tal velocidad, como si fuera para la reina misma de Inglaterra.
Ella con una sonrisa tomaba las manos de los pequeños y los introducía hasta llegar a la puerta donde la esperaba y la niñera, les llevaba detalles con los que convencería a los niños de separarse unos minutos de su Tía, para luego ella iría a buscarlos de nuevo,
- Te esperamos en nuestra habitación, mi Tío estará trabajando.
- Si, Tía, por favor no tardes, veremos Bambi y estoy seguro que te gustará.
- Si, me gustará verla con ustedes, antes de la merienda.
- Si, - Si…
- Señorita, por aquí, ya la esperan
- Sí. - Por favor, que ya no tomen tanto sol, mejor dentro de la casa.
- Por supuesto, les daremos un baño.
- Gracias. Ella daba un beso a cada uno y acariciaba sus pequeños rostros en forma de despedida, para entrar al salón donde la esperaban, sin notar que alguien más la observaba a distancia, detallándola como un tigre, sin ruido alguno y viendo a su presa.
Las medidas en la pequeña cintura, le daban cierta satisfacción a la abuela, quien aseguraba que en sus tiempos ella también había sido muy delgada.
Candy por su parte ya llevaban dos días el día anterior habían tomado medidas y ese día ya llegaban los vestidos estimados para ella, con sus mano tocaba el material de uno de los vestidos con todo el torso cubierto de pequeños brillantes, asombrada por lo finos y bien empotrados que estaban, la abuela por su parte, miraba que ese le había gustado a ella, y que realmente era muy hermoso, a tal grado que parecía de dulce.
La realidad era que habían traído una veintena de vestidos y todos brincaban en costos, pero como no, si se trataba de William Andrew. Satisfecha, hacía una seña a la diseñadora y hacía que Candy se probara el vestido, cuando estuvo puesto. La abuela quedo extasiada, ese era el diseño que le quedaba a la perfección.
- Parece que después de todo, lo has elegido, hija.
- Brilla tanto, me siento como si fuera un hada.
- Por eso te ha gustado.
- Esperaba que fuera de su agrado, todos son preciosos.
- Bien. Muy buena elección hija.
Ella sonriente, aceptaba, porque no tardarían las pruebas del peinado, se fue a su habitación en silencio, y él que ya había dado varias órdenes, la veía subir los escalones,
- ¿Mi amor, ya has terminado?
- Si, pareceré un hada de los cuentos.
- Me gustaría ser el príncipe de tus sueños.
- Eres mucho más que eso, lo sabes. Ella lo observaba a la distancia, al responderle sin titubeos, el cerraba la puerta de su despacho tras su espalda y se encaminaba a alcanzarla, hasta donde lo esperaba en la escalera.
- Sabes, me he sentido un rey desde que llegamos aquí, sobre todo cuando te tengo en mis brazos,
- ¡Albert! Yo… quisiera nunca decepcionarte, realmente lo deseo de todo corazón y… si, eres un rey y estoy en tu castillo ahora y…
- Y legalmente eres mi esposa.
- Si, hemos asegurado a tus sobrinos. Eso es lo más importante de todo. Me alegra mucho porque ellos merecen estar aquí, cuidados y protegidos por quienes realmente los aprecian.
- ¿Y yo no cuento?
- Por supuesto, no quedamos que eres el rey.
- Y como Rey… puedo estar seguro que solo eres mi reina.
- ¿De quién más? ¿A caso estás pensando todavía que tus sobrinos podrían ganarme?
- Cathy… Candy… por favor, júrame que solo eres mía. Ella sonriendo con toda ternura mirándole a los ojos, notando como a solas le iba a llamar por su nombre y lo había corregido, acariciaba su rostro suavemente y acercándose a él aprovechando los escalones que la favorecían, le respondía con toda sinceridad,
- Te lo juro. Me has hecho muy feliz, como jamás lo había sido en toda mi vida.
Eso fue suficiente para que ella tomara con cariño sus labios, pero él, no se conformó solo con eso, la tomo de su cintura y la estrechaba fuertemente, haciendo que ella colocara ambos brazos en sus hombros y acariciara su cabellera. Mientras el profundizaba en sus labios el beso cargado de posesión y deseo.
Al faltar el aliento, con una sonrisa traviesa, tomo su mano y subió corriendo por las escaleras, haciéndola reír efusivamente, hasta llegar a su habitación y cobrar con creces, los pasos siguientes a ese juramento.
En el aire, después de una fallida llegada a New York, el magnate Inglés, cabizbajo, meditaba sentado en su jet, al saber que la boda de su mujer, la tenía planeada supuestamente en Chicago. Ignorando que ella realmente descendía de otro jet privado, arribando a la ciudad, cubierta con una pañoleta y lentes obscuros, se dirigía a un hotel de lujo, cubriendo su privacidad y la discreción con la reservación privada hecha desde antelación.
- Ya la esperábamos, señora.
- Gracias, adelante.
El abuelo, había enviado, en mensaje a su nieto, sobre lo que había averiguado y que él se quedara en New York, pero Terrance, le confirmaba que había salido a Chicago y estaba en vuelo. Entonces al subir al jet, el abuelo cambiaba su vuelo dirigiéndose a New York, para descartar con un investigador donde realmente había viajado su nieta, asegurándole a Terrance, que Cathy había salido esa misma mañana de Miami, sin asegurar su destino, pero quien la encontrará primero, le confirmaría al otro. Terrance se comunicaba con él vía celular, al terminar de leer los mensajes ya que podía hacerlo estando en vuelo firme,
- Abuelo, mis hombres ya están investigando, por eso salgo a Chicago, para estar unos pasos adelante, si ella se encuentra ahí, le juro que me la robo y me regreso con ella a Inglaterra. No pienso soltarla por nada del mundo.
- Tienes que tranquilizarte, Terry. Crees que mi nieta te haría algo así, ¿sin avisarme?
- Estoy seguro que no, por todo lo que hemos pasado, creo que esto es solo una venganza por todo lo que ha sufrido por culpa mía. Pero no dejaré que el show llegue a mayores, si es una farsa, aceptaré todo frente a ella, de ser necesario me arrodillaré a pedirle perdón y le diré la verdad, que mis padres han estado tratando de separarnos desde hace un año.
- Hijo, ya mis administradores se están haciendo cargo. Ahora tengo que cortar la llamada, subiré al jet. Por favor, no hagas locuras, te juro que mi nieta no se casará, todo esto es por lo que hemos estado pasando, cada que sale una noticia con una actriz o una cantante y esta vez, debió convencer al joven Andrew, para que te dieran una lección y… de eso si la creo capaz.
- Abuelo, tiene fotos besándose, y no son falsas. No le he ofendido de esa manera y lo sabe.
- Hijo, todo debe tener una justificación, por favor, toma esto con frialdad, si Cathy te ha deshonrado, te juro que…
- Ella no se quedará con nadie, ¡Es mi mujer!
- Por favor, tranquilízate, arreglaremos todo.
- ¿Y si se cansó de mí, abuelo?
- No lo creo. Ella te ama, lo sé. El abuelo bajaba su rostro y sin decir más colgaba la llamada, al sentarse en el jet, su mente se fue a muchos años atrás, donde su hijo y su nuera aun vivían.
- ¡Papá, serás abuelo! - ¡Hijo! Por fin un descendiente, dios me bendiga y me dé un nieto varón. - Vamos Papá, ahora querrás que sea hombre, si apenas estamos esperando a nuestro primer hijo, si es una niña, te querrá mucho. Ya habrá tiempo para encargar un varoncito, no le digas eso a mi mujer, dile que si es niño o niña, no te importa, no quiero que se sienta mal. - Esta bien, pero si es hombre, se llamará como yo. - Así se lo diré, pero si es niña… quiero que se llame Catherine, como mi madre, imagina a mi mujer poniéndole Candice como mi suegra. - ¡Candice! ¡Mi niña! Acaso…. No, su hermanita no sabe que ella murió junto a sus padres. Un angelito en el cielo mi pequeña Candice.
CONTINUARA
Gracias por sus comentarios, deseando sea de su agrado, y haciendo tratos no esperados, continuamos escribiendo esta bella historia
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
