Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer; la trama es mía.


Que hay detrás


Dedicado a : E. Cullen Vigo, simplemente ¡gracias!


Capítulo 10: De nuevo lejos

Hoy era mi primer día en el colegio. A simple vista podía parecer que no tenía mucho trabajo pero ya tenía en mi bandeja de tareas la elaboración de algunos temas para las reuniones de Comisión de Coordinación Pedagógica, archivar varios de los historiales de los alumnos que habían necesitado apoyo en Infantil y que ahora pasaban a Primaria y concertar una cita con una madre que quería reunirse conmigo. Todo esto en el primer día de clase y eso que me había incorporado con mucha antelación para tenerlo todo listo.

A media mañana me permití un descanso para tomar un café y picar un poco del bizcocho que alguno de los compañeros había traído para inaugurar el nuevo curso.

Para mi total sorpresa el comedor estaba vacío así que pude relajarme y pensar en todo lo ocurrido en las últimas semanas.

Mi relación con Edward avanzaba pero no en el plano que a mí me gustaría. Después de mi confesión, demasiado melodramática, había habido algunos momentos tensos, pero con el paso de los días habían ido desapareciendo y nuestra amistad se había estrechado aún más.

Para mi total desgracia ya no podíamos compartir los desayunos, salvo los fines de semana. Edward tenía clase en la universidad a las ocho de la mañana y yo tenía que estar en el colegio a las nueve y media, así que era imposible que coincidiésemos. Era raro no compartir ese momento con él después de haberlo hecho durante los meses de verano. Era uno de los momentos que más disfrutamos, no porque estuviésemos constantemente hablando sino por estar él uno en la compañía del otro; a veces, simplemente, nos limitábamos a preparar el desayuno, tomarlo en silencio y compartir algunas miradas. Había sido una rutina para mí, pero no por serlo había perdido el atractivo, ni mucho menos, era algo que me alegraba las mañanas.

-Bella- me llamó una voz lo que provocó que perdiese el hilo de mis pensamientos.

-¿Cómo te ha ido la mañana Emily?- le pregunté a la secretaria del centro.

-Ya sabes que el primer día suele ser una locura, los nuevos niños, los de Infantil que lloran, los papás ansiosos pululando por el centro…¿ qué te voy a contar?-a decir verdad para mí todo esto era un poco nuevo y muy emocionante.

-Sí, creo que todos estamos teniendo un día algo complicado, ¿ quieres un taza de café? Lo que hecho hace unos minutos. También queda algo de bizcocho.-la ofrecí desde la mesa.

-Te lo agradezco Bella pero sólo venía a decirte que te ha llegado un paquete y está en la sala de profesores. Te he buscado en tu despacho pero no estabas y como no sabía donde encontrarte decidí dejarlo allí.-¿un paquete?

-No te preocupes, ahora me paso a por ello, en cuanto me terminé el café. Muchas gracias.-estaba más que intrigada.

-Bueno, a ver como sigue el día. Nos vemos más tarde.-se despidió dejándome sola de nuevo.

La curiosidad pudo más que mis ganas por relajarme un rato y a toda prisa terminé con el café para bajar a por mi paquete.

Se trataba de una simple caja de cartón sin ningún detalle que me explicase de que se trataba. Prefería abrirlo sola en mi despacho así que me despedí de quienes se encontraban allí y me encaminé hacia allí. Quería evitar las miradas curiosas y las posibles preguntas.

La caja estaba llena de espumillón, típico de las cestas navideñas. Cobijado por el espumillón encontré un fino marco de plata con una hermosa foto de mis amigos. La foto había sido tomada en el jardín de Esme, quizás por ella misma o por Carlise ya que todos los demás aparecíamos en la foto. La foto mostraba a un grupo de amigos sonrientes, felices por compartir ese momento juntos.

Me hizo mucha ilusión el regalo y toda orgullosa de él lo puse en mi mesa, así podría recordar a cada momento la suerte que tenía por contar con ellos, sobre todo con Jasper y Emmet, que suerte tuve al encontrarles años atrás…

Más al fondo encontré un gran bol lleno a rebosar de caramelos y Chupa Chups. Era tan típicamente Emmet… para confirmar mi teoría vi la nota que había pegada en el recipiente.

Si quieres ganarte a un niño sólo tienes que darle unos caramelos, déjate de psicología y de rollos.

Ten un buen día hermanita y recuerda traerme un puñado de caramelos.

Emmet

Él no iba a cambiar nunca, parecía como si no quisiese madurar. Eso es lo que la gente podía creer a simple vista pero lo cierto es que Emmet era todo un hombre que con una fuerte vena infantil en su carácter había decidido que es más bonito vivir la vida buscando risas y no penurias. Era un tipo espléndido y una de las personas a las que más quería. Era mi hermano.

Cuando el reloj dio las dos y media estaba realmente agotada, sólo tenía ganas de llegar a casa, picar algo ligero y echarme una pequeña siesta.

Al salir vi el coche de Jasper, esta mañana me habían acercado al colegio Rose y Alice ya que las cogía de camino. Tenía que comprarme un coche, no podía depender siempre de la buena voluntad y de la disponibilidad de los demás. El problema es que no contaba con mucho dinero para ello, debía economizar al máximo ya que ahora tenía una nueva fuente de gastos con mi casa, sonaba extraño, mi casa

-¿Cómo te ha ido el primer día?- me preguntó Jasper cuando me monté en el coche.

-Bien pero estoy molida.-no hacia un trabajo físico pero tantas horas sentadas y en una no muy buena postura me pasaban factura.

-¡Que floja eres!-ya me gustaría verle a él.

-Claro, como tú todavía estás de vacaciones y no tienes nada que hacer…vago.-bromeé.

-Eso me ha dolido pero te lo voy a pasar por alto a cambio de que aceptes mi invitación a comer.- no tenía muchas ganas, estaba cansada, pero lo cierto es que hacia mucho que no pasaba tiempo a solas con mi mejor amigo.

-¿Y los demás?-pregunté aún sin haber contestado a su invitación.

-A sus cosas- me dijo simplemente.

La pregunta iba con doble sentido y esperaba que Jasper no lo hubiera percibido. Sabía que ni Emmet ni Carlise vendrían a casa a comer, Esme tenía una comida de negocios y Alice y Rose últimamente no venían a casa a comer ya que estaban demasiado liadas, lo de la tienda no estaba siendo tan fácil como al principio creíamos y las dificultades que estaban encontrando iban más allá de lo económico. Aún con todo ello, ellas no perdían sus ganas, ese era su sueño, para el que habían estudiado cinco años y no lo pensaban abandonar tan rápidamente.

Me preocupaba Edward. Él ya debería haber llegado a casa e iba a tener que comer solo.

Prefería irme a casa y comer con él pero no podía dejar plantado a Jasper. También podía sugerirle que invitásemos a Edward pero iba a resultar demasiado obvio que estaba pensando en él y ya tenía suficiente con las sospechas de Jasper sobre mis sentimientos por Edward como para yo darle ahora una prueba tangible de ellos.

Fue una comida agradable, relajada y sin tensiones. Jasper me escuchaba plácidamente, él era muy bueno en eso, me sentía muy a gusto hablando con él. En medio de ese clima de confianza que habíamos vuelto a retomar le sugerí que diésemos un paseo, decidida a contarle que le había contado a Edward lo de mis padres. Haberme confesado con Edward me había ayudado a asumirlo más, a ser capaz de hablar de ello, por lo menos, y de no derrumbarme ante la mínima mención del tema. Aquella charla con Edward había sido una pequeña cura para mí al igual que lo fue la de Jasper, que se movía entre el papel de amigo y de psicólogo. Podía haberme molestado, pero no fue así. Él sólo estaba buscando la manera de hacerme sentir bien y de quitarme parte del peso que cargaba en mis espaldas.

El camino a casa transcurrió en completo silencio. No pude evitar el comparar a Edward y a Jasper. Jasper era mi mejor amigo y en ningún momento habían existido otra clase de sentimientos por él, nunca había existido lugar para las dudas en cuanto a eso, sin embargo con Edward… las cosas eran mucho más difíciles, no tenía por él los sentimientos fraternales que si tenía por Jasper o por Emmet. Por Edward sentía una clase distinta de atracción, me atraía como hombre. Cuando veía a Jasper o a Emmet veía a mis hermanos, a mis amigos pero cuando miraba a Edward veía al hombre, al hombre que había conseguido llamar mi atención sin proponérselo, siendo simplemente él mismo, el hombre del que me había enamorado.

Nunca había amado de esa forma a alguien, había amado a mis padres y a mis amigos pero a un hombre… de todas formas… ¿ que sabía yo del amor entre un hombre y una mujer adultos si lo único que había experimentado en mi vida era el amor de una padre o de unos amigos?

Quizás para que pudieses amar plenamente a una persona, esa persona debería amarte a ti también. Yo sabía que Edward no me amaba o por lo menos eso creía yo y a los hechos me remitía, cuando había estado a punto de besarme se había apartado bruscamente, haciéndome con ello daño. Quien te ama no se aleja, no rechaza un beso.

Pero mi teoría sobre el amor no podía ser acertada, sino ¿ cómo podía explicar las cientos de ejemplos de personas que habían sufrido por un amor no correspondido? ¿ que habían amado con toda la intensidad que su humanidad les permitía y que a cambio no habían obtenido más que desprecio, indiferencia, dolor o soledad?

-Jasper ¿Cómo te diste cuenta de que estabas enamorado de Alice?- solté de repente sin pararme a pensar mucho en mis palabras y sorprendiendo a mi amigo con tal cuestión.

-No fue lo típico de verla y decir: " Estoy enamorado" pero si es cierto que nuestra atracción fue inmediata, la vi y me gustó pero el amor llegó después.- me dijo totalmente concentrado en la carretera.

-Pero os conocisteis siendo muy jóvenes- sonó a modo de reproche pero era todo lo contrario, estaba sorprendida por tal descubrimiento, ellos se conocieron de pequeños y el amor había crecido con los años.

-Por eso mismo, al principio no éramos más que dos niños pero cuando el tiempo pasó las cosas fueron evolucionando y surgió el amor, no fue que una mañana me levantase y dijese "la amo", es algo que se va construyendo y que en un momento dado se te revela. Te das cuenta de que eso que sientes por es persona es amor, amor adulto, amor pasional, amor carnal, sabes que la quieres en tu vida y no te imaginas que sería de ti sin ella.

Me quedé pensando en sus palabras. El amor era algo que se construía ,¿así era para todo el mundo? Sentía algo de envidia por lo que tenía pero también por la capacidad que tuvo de darse cuenta de que él amaba a Alice.

-¿Alice opina lo mismo?-sabía que mi amiga lo amaba pero no habíamos tocado el tema explícitamente.

-Ella te dirá que en cuanto me vio se enamoró de mí, ya sabes que es algo peliculera- dijo seguido de unas pequeñas risitas. Sí, definitivamente conocía esa faceta de Alice, ella no dejaba de ser una romántica empedernida, los días de cine siempre contenían alguna película romántica, aunque para ser sincera yo también disfrutaba de ellas, era bueno ver lo felices que podían llegar a ser los amantes.

-Ahora te pregunto yo ¿ a qué viene esta pregunta?- sabía que no me iba a escapar, pero valió a pena preguntarle ya que su respuesta fue mucho más de lo que esperaba.

¿Podía decirle la verdad o escabullirme?

-Simple curiosidad, ya sabes que a veces me da por pensar.-

-No te creo, no sueles hablar por hablar y todo lo que preguntas es por algo ¿ es por Edward?-

Me tensé ante su respuesta. Por lo visto disimulaba muy mal. De todas formas confiaba en él y se que nunca me traicionaría contándoselo a nadie y menos al implicado.

-Yo en ningún momento he hablado de él, esta deduciendo como a ti te parece.-

-Nos conocemos demasiado bien Bella. Sé que Edward te atrae aunque desconozco el alcance de tal atracción aunque ya me has dado demasiadas pistas, no has sido muy hábil.-se rió de mí y mi ignorancia.

-Puede que estés en el camino correcto pero por favor no digas nada a nadie, no me gustaría provocar una situación incómoda para el poco tiempo que me queda en casa.-las cosas se podían poner feas.

-No es que te vayas a ir a vivir a otro país Bella. En quince minutos en coche, diez si me apuras estás de nuevo en casa con nosotros.-sólo me hacia falta el coche.

Los gritos que percibimos nada más llegar a casa nos alertaron de que algo malo estaba ocurriendo. Eran Rose y Edward, sin lugar a dudas, y no parecían haberse percatado de nuestra llegada o si lo habían hecho nos estaban ignorando deliberadamente.

-¡Te he dicho que te calles de una buena vez!- Edward parecía furioso, el tono de su voz dejaba ver toda la ira que estaba sintiendo.

-¡Eres un estúpido! Y estás igual de corrompido que tu padre, cortados por el mismo patrón. De tal palo tal astilla, es lo que siempre se ha dicho ¿ no?- le contestó Rose igual de iracunda que él.

¿Qué estaba ocurriendo aquí? ¿Por qué hablaban así de Carlise? ¿Por qué Carlise era el padre de Edward, no?

A penas vi como Jasper salió corriendo hacia el lugar del que provenían las voces. Inmediatamente le seguí, angustiada por ver a Edward.

-¡Cállate!- la voz de Edward dejaba ver la súplica tras ella, el dolor que estaba padeciendo. Se me rompió el corazón al escucharle suplicar de esa forma.

-¿No quieres aceptar la verdad?-sentía violencia hacia Rose, me dolía ver como estaba tratando a Edward.

-¡Suficiente Rosalie!- la cortó Jasper cuando llegó hasta ellos.

-¿Ahora que no está Alice eres tu quien se va a erigir como defensor del pobrecito Edward?- habló con un rencor que me recordó a mi madre y eso era horrible.

Yo estaba allí parada, sin saber que hacer, observando a una Rosalie de pie y en posición de ataque que observaba a un Edward medio encorvado y con los hombros caídos. Jasper estaba frente a Rosalie, taladrándola con la mirada.

En un impulso corrí hasta Edward y le abracé. Él pareció sorprendido ante mi contacto pero no me rechazó sino que me apretó más fuerte contra él y escondió su rostro en mi cuello.

Pude sentir lo tensó que estaba por la rigidez de su cuerpo, me apretaba tanto contra él que me estaba haciendo daño pero no pensaba decirle nada, no cuando parecía necesitar con tanta fuerza ese contacto, ese consuelo.

-¿Ahora es ella? Lo sabía, eres una bestia. No sé que demonios te pasa, primero fue Jeannette y ahora Bella ¿ qué tienen mis amigas que tanto te gustan?- Rose volvió a atacarle.

-¡Te he dicho que ya es suficiente hermana!-nunca había escuchado así a Jasper, se le veía feroz, casi letal.

Rose volvió a mirar con odio a Edward que continuaba abrazándome con fuerza por lo que no captó tal mirada.

Con las mismas mi rubia amiga se dio la vuelta y salió de allí con aires de grandeza. No se que me poseyó pero tuve ganas de ir donde ella y darla un tortazo por haber hablado así a Edward. Nunca había visto que él la faltase al respeto ni la tratase de manera desconsiderada, todo lo contrario era muy educado con ella y después de todo eran casi hermanos, ella había pasado años en casa de los padres de Edward, así que como mínimo le debía algo de respeto.

Unos momentos después Edward me soltó y pude ver sus ojos, consumidos por al tristeza y algo más… ¿ sería vergüenza?

-Edward esto no puede seguir así, tienes que aclarar las cosas.- le pidió un mucho más calmado Jasper.

-Me voy.- contestó él simplemente.

Me quedé perpleja en medio del salón, sin saber que hacer o decir pero con la certeza de que había algo que me había perdido, algo que provocaba el enfrentamiento entre Rosalie y Edward y que por alguna extraña razón no había sido aclarado durante todo este tiempo y que no hacía más que salir a la luz y provocar nuevos problemas.

Edward no regresó para la cena, se había excusado llamando a Esme y diciéndola que tenía una cena con unos colegas aunque yo intuía que no era cierto. Lo mismo debió creer el resto ya que salvo Esme y Carlise, estaban muy tensos. Todo por culpa de Rosalie.

Sólo Emmet se atrevió a hacer alguna broma sobre mi regalo. La idea del espumillón había sido sólo suya, los demás no sabían nada, es más ni lo sospecharon cuando Emmet se ofreció a llevarlo a la empresa de envíos. Él aprovechó ese momento para añadir su regalo y envolverlo a su gusto. Según él era del todo original.

Las palabras de Emmet llenaron la mesa, me enteré de que todos incluyendo a Edward habían participado en mi regalo. Seguimos hablando de mi primer día y por momentos parecía que la tensión nos abandonaba. Más tarde me di cuenta de que ese no era mi único regalo sino que sobre mi cama había un par de rosas blancas unidas por un pequeño lazo donde estaba sujeta una pequeña tarjeta.

Espero que tu primer día haya resultado espléndido.

Edward

Este tipo de detalles conseguían desarmarme, era tan tierno…

Me quedé dormida muy tarde esperando el regreso de Edward, pero no le vi volver a casa.

Pasé una noche inquieta y para colmo de males, pese a que esa mañana había madrugado sólo para verle tampoco fui capaz de hacerlo porque él ya se había ido.

Así pasaron cinco días. Cinco malditos días en los que no vi a Edward. Por las mañanas salía demasiado temprano, un día fortuitamente me levanté al baño a eso de las seis de la mañana y escuché ruidos en su habitación. No quería pensar que me estaba evitando a mí personalmente pero las dudas estaban ahí. Alice me había dicho que ella tampoco lo había visto en estos días, al igual que Jasper, eso me daba esperanzas y me hacía pensar que quizás sólo es que estaba demasiado ocupado. Pero no podía engañarme, se pasaba los días fuera de casa y eso no podía ser sólo por trabajo, las clases las daba por la mañana y se las preparaba por las tardes, no por la noches.

No es que yo le controlase pero si me importaba donde pasaba su tiempo y cual era el motivo para que no me pudiese dedicar unos míseros minutos al día.

Me dolía esta ausencia más que la anterior. Podía explicar este dolor mediante causas objetivas, lo anterior había sido por trabajo pero esta vez no, en la anterior ocasión se había visto comprometido con su ex-bufete pero ahora… Pero había más ¿ cómo explicar que su ausencia de cinco días me había dolido más que la de tres semanas? Esto sólo demostraba que mis sentimientos por él habían crecido, en unos pocos meses él se había convertido en una parte fundamental de mi vida, una parte que se dejaba llevar por sus arrebatos, desaparecía, pasaba de mí, se alejaba… y pese a todo yo seguía queriéndole.

oOooOOoooOOO

Estábamos todos reunidos en torno a la mesa, todos menos Edward que se había ido con unos amigos por ahí. Escuchamos como la puerta de casa se abría y todos supimos al instante de quien se trataba. Edward.

-Espero que hayáis comido bien- dijo en tono cortés mientras se acercaba a dar un beso a Esme.

Su mirada era severa, no había nada de calidez en esos hermosos ojos suyos y aún así me seguía pareciendo hermoso y sólo deseaba poder acercarme a él e inhalar su dulce aroma. Pero no iba a hacer nada de eso porque ya estaba cansada de tener que mendigar por algo de su cariño.

-Pensaba que hoy no ibas a estar en casa, hijo- le comentó Carlise.

-Siéntate Eddie, pareces un espantapájaros ahí de pie- bromeó Emmet.

Me sorprendió que Edward no gruñera ante este apelativo cariñoso de su hermano, normalmente le soltaba una par de cosas, pero a Emmet le daba igual, parecía divertirse molestando a Edward.

-No me voy a quedar mucho tiempo así que no hay necesidad-contestó de forma cortante. No me gustaba verle en ese papel prefería estar con ese chico amable y tierno que me había dejado ver en algunos momentos.

-Tú dirás hijo.-le cedió la palabra Carlise.

-Quería comunicaros que me voy de casa. Durante estos días he alquilado un pequeño departamento por la zona, he llevado todas mis cosas allí y hoy mismo me instalo definicitivamente.-Había soltado la bomba como quien comenta "qué buen día hace".

Todos nos quedamos unos momentos en silencio esperando al primero que se atreviese a romper el hielo.

Edward se iba… ya no íbamos a vivir juntos por más tiempo, pero de todas formas ¿de qué me extrañaba? En unas semanas yo también me iría a mi casa.

Pero de igual forma me dolía porque había sido como caer y no tener salvavidas, no me esperaba la caída, no esperaba su marcha tan repentina.

Y dolía, vaya que si dolía… tenía ganas de llorar, es más mi ojos estaba ya cristalinos, luchaba con todas mis fuerzas por contener esas odiosas gotitas de agua salada. No me pondría en ridículo delante de toda la familia, no sacaría a la luz mis sentimientos.

-¡Qué noticia hijo!- le felicitaba Carlise.

-¿No estás bien aquí Edward?- le preguntó Esme con cierto dolor en la voz. Uno de sus poyuelos abandonaba el nido. Que grandioso hubiese sido tener una madre como ella.

Rose fue la única que no felicitó a Edward, se excusó y se fue al baño. No lo entendía ¿Por qué felicitar a Edward? ¿Por qué se iba de casa?

Lo mío no fue una felicitación sino más bien un saludo. Un saludo cordial porque él no dio pie a más. Odiaba su bipolaridad y que jugase conmigo de aquella manera. Hoy bien y mañana mal, un día te arrullo y otro no te quiero ni ver… ¿estaba jugando conmigo? Quizás yo me lo estuviese tomando como algo personal cuando lo cierto podía ser que él era así con todos.

No le entendía y temía nunca poder llegar a entenderle. No le pedía tanto, sólo un poco de cariño y de atención ¿ tanto significaba eso?

Se marchó al cabo de unos minutos alegando que tenía tareas pendientes. Dejó a sus padres un papelito con su dirección y nos instó a visitarle un día de estos para así conocer su nueva casa. Se fue de allí sin dar muchas más explicaciones.

Después de haberse ido, Rosalie bajó de baño y se ganó una mirada reprobatoria de Alice y Jasper. Emmet parecía estar dividido ¿su novia o su hermano? La balanza indicaba que Rosalie.

oOooOOoooOOO

-Equipo de limpieza ¿listo?-Emmet podía resultar demasiado infantil en algunos momentos.

-No os escucho equipo- volvió a repetir.

-Listos-contestamos con la esperanza de que se callara.

-Operación " limpieza de cuchitril" entra en su fase final.-siguió con su rollo.

-¿Cuchitril, Emmet? ¿ Tú has visto bien la casa?- le preguntó Rosalie, a quien le había gustado mucho la casa, no así los muebles.

Últimamente las cosas entre nosotras no habían estado del todo bien, a pesar de que estaba enfadada desde hacía semanas por el comportamiento de Edward, seguía molesta por cómo ella le había tratado. No nos llevábamos mal, ni mucho menos, pero nos faltaba la camaradería de antes.

Los chicos me habían ayudado en sus ratos libres a limpiar la casa, me llevó más tiempo de lo que pensé en un primer momento.

A veces me acompañaban a ver algunos muebles, ya que quería cambiar algunos que estaban demasiado deteriorados. No quería cambiar el estilo de la casa, sencillo y cómodo con un toque romántico, así que conservé varios de los muebles y con la estimada ayuda de Alice encontré las piezas perfectas para mi nuevo hogar.

Hoy terminamos con mi casa. Había quedado espléndida, era mucho más de lo que alguna vez había alcanzado a imaginar.

Pretendía hacer una pequeña cena para mis amigos, simplemente los chicos, Carlise y Esme. También tenía que llamar a Edward, Edward…

Ya hacía dos semanas que él se había ido y mi contacto con él se había reducido drásticamente, sólo le vi un par de veces en la casa de sus padres y se negó a salir con nosotros en todas las ocasiones en las que se lo propusimos, siempre tenía algo que hacer.

Me dolía su ausencia, su indiferencia, su dejadez. No entendía a ese nuevo Edward, frío, distanciado, que huía de las cosas. Cada día se parecía un poco más al Edward que Rosalie había descrito.

Me daba pena pensar que realmente no le conocía, que durante los anteriores meses no se había comportado honestamente conmigo.

Estaba demasiado molesta con él como para ir a conocer su apartamento, cierto era que el trabajo en el colegio absorbía gran parte de mi tiempo, tenía varias evaluaciones psicopedagógicas pendientes así como varios reuniones con los padres de niños con necesidades de apoyo, a todo ello le debía sumar el asunto de mi casa. Pero todo ello no me había impedido ir a su casa hasta ese momento. Era más bien el orgullo y la incomprensión. Pero ambos se estaban diluyendo rápidamente y cuando mi mente no estaba ocupada viajaba hasta Edward y veía como poco a poco mis barreras se iban cayendo. Iba a ir a visitarle.

oOooOOoooOOO

Ya estábamos a mediados de octubre por lo que me pilló un tremendo aguacero de camino al departamento de Edward. No podía posponer más la adquisición de un automóvil, dependía de mis amigos para desplazarme, sobre todo de Jasper que todavía no estaba trabajando y que afirmaba no le importarle hacer de taxista para mí. Pero no quería abusar y menos ahora que ya no iba a vivir con ellos.

Me daba pena mudarme, nunca había estado en una casa como aquella, rodeada de tanto amor. Siempre habíamos sido Charlie y yo, Renne nunca contó realmente.

Aún recordaba las palabras de Esme una de las tardes en las que embalaba mis cosas.

-Hija, siempre vas a tener un lugar aquí junto a nosotros. Quiero que lo sepas por si algo sale mal o por si simplemente no te gusta la idea de vivir sola. Las puertas de nuestra casa siempre van a estar abiertas para ti- me dijo una muy emocionada Esme.

Yo no estaba menos emocionada que ella. Sus palabras habían calado hondo en mí.

-No sabes cuanto te lo agradezco Esme. Me he sentido como en casa. Soy consciente de que no cualquiera hubiese acogido a una desconocida en su hogar y menos por varios meses- mis palabras no alcanzaban a demostrar todo lo que sentía.

-Tú no eres una desconocida, jamás lo has sido. Durante cinco años he escuchado a mis hijos hablar de ti, sé que has cuidado de Jasper y de Emmet cuando han estado lejos. Por supuesto sé que ellos son lo suficientemente adultos como para cuidar de sí mismos pero tú les has hecho la estancia fuera más llevadera y por lo que he visto les has hinchado con suculentas comidas. Eso para una madre es una enorme tranquilidad ¡a saber sino que clase de porquerías hubiesen comido!. Pero eso no es lo importante: te has convertido en un miembro más de nuestra familia, eres una nueva hermana para mis hijos, todos ellos te adoran y no he tenido en ningún momento la menor duda sobre la honestidad y la bondad que residen en ti. Eres importante para nosotros cariño.-

A esas alturas ya estaba llorando, totalmente emocionada y podría decirse que conmocionada por la sinceridad de Esme, por el cariño incondicional que me había otorgado y porque por primera vez en mis veinticuatro años de vida había sentido en carne propia el amor y la calidez de una madre.

Casi sin darme cuenta llegué a la dirección que Alice me había dado. Después de más de largas semanas por fin vería a Edward. Llamé al timbre con demasiada insistencia quizás. Escuché pasos detrás de la puerta y mis nervios se multiplicaron por cien.

Edward se quedó sorprendido al verme allí, ¿No había mirado por la mirilla a ver de quién se trataba? Y luego se atrevía a echarme discursos a mí sobre seguridad.

-Hola Bella- me contestó todavía sorprendido.

-Hola Edward- resultaba hermoso volver a verlo y llamarlo por su nombre. Estaba igual de impresionante que siempre pero aún así pude ver la tristeza en sus ojos tras un simple vistazo.

¿No me iba a dejar pasar?

-Pasa y sécate ¿ no has traído un paraguas?-negué con la cabeza y le tendí mi cazadora para que la colgase en el perchero que había en el recibidor.

No sabía en que momento habíamos perdido la complicidad de otros momentos. Ambos parecíamos incómodos y sin saber que decir.

-¿Qué tal te ha ido en el colegio?- comenzó él mientras nos sentábamos en la mesa de la cocina.

-Muy bien, me siento feliz rodeada de niños y del ambiente escolar en general. ¿Y tú que tal en la universidad?-quizás primero mejor habábamos de cosas insustanciales y luego íbamos a lo verdaderamente importante.

-No tan a gusto como tú pero bien, adaptándome tan rápido como puede al ritmo de allí.-

Durante unos minutos más hablamos del trabajo y después me enseñó su no tan pequeño departamento.

-Edward, mañana hago una cena en mi casa ya que me mudo a ella- comencé.

-¿Tan pronto?- parecía sorprendido ante tal noticia por lo visto nadie se lo había contado.

¿Había vuelto a las andadas con su familia? ¿Ahora estaba físicamente a un par de kilómetros de ellos pero igual de lejos, emocionalmente, que cuando estaba en la otra punta del país?

No me había dado cuenta de ello. Apenas hablamos de Edward sobre todo por el mal rollo que eso generaba con Rosalie y porque Carlise y Esme no conocían los últimos altercados.

Ahora me daba cuenta de que era como si él se hubiese vuelto a ir realmente de nuevo. Su familia ya estaba acostumbrada a ello y aunque Alice, pero sobre todo Esme, sufrían por su ausencia, le dejaban hacer, al fin y al cabo ya era un hombre de veintiocho años, me enteré que los cumplió unas semanas antes de conocernos.

-Te has perdido la puesta a punto de la casa. Los chicos me ha ayudado mucho y la cena es una especie de recompensa por ello- Edward pareció molesto por algo.

-Siento no haberte ayudado- dijo secamente, como si se sintiese incómodo diciendo aquello.

¿Era este el momento adecuado?

-Quería invitarte a la cena, pero viendo que has desaparecido del mapa, no sé si querrás o podrás venir.- a lo hecho pecho, ya lo había soltado.

-No sabía que fueses tan directa Bella, es bueno saberlo- le noté dolido.

-No ha sido mi intención ser tan brusca pero no te entiendo. Una vez me dijiste que venías aquí a recuperar a tu familia, que no te conformabas ya con ser un profesional exitoso sino que buscabas algo más. Algo que te diese la felicidad que tanto ansías. Por un tiempo lo intentaste pero ahora… ahora te has rendido, has huido como un cobarde y has vuelto a lo de hace años, a alejarte de tu familia, a vivir para el trabajo y a consumirte en soledad. Y no lo entiendo, perdóname pero no lo entiendo.-y encima me había dejado sola.

-No hay nada que entender Bella. Yo no soy bueno, ni para ti ni para mi familia.-notaba la convicción de sus palabras. Él realmente se creía lo que decía.

-¿Qué estupideces estás diciendo Edward?-él era alguien bueno para mí y también para su familia, de eso no me cabía ninguna duda.

-¿Por qué crees que soy el chico bueno? ¿No crees que el odio de Rosalie debe estar fundamentado en algo?-me replicó.

Claro que me había parado a pensar en eso pero no había desconfiado de él.

-Confío en ti, se que eres buena persona aunque muchas veces no entiendo tu manera de ser y eso me deja descolocada. Yo confié en ti, te conté sobre mi pasado y eso me permitió estar mejor conmigo misma y contigo, incluso hasta con los demás. No se qué hay en tu pasado, no sé que pasa con aquella chica de la playa, con Rosalie, con tu padre o con la tal Jeannette. Siento que eso es lo que te hace ser así pero no eres capaz de sacarlo afuera y eso te está cohibiendo, te hace ser tan bipolar.-le dije sinceramente, esperando que me devolviese esa sinceridad.

Vi la mueca de dolor que Edward hacía ante la mención de aquellos nombres, de su pasado. Quizás si le apretaba un poco más podía sonsacárselo, pero… ¿ no sería contraproducente? A mí no me hubiese gustado que me hubiera presionado para contarle el asunto de mi padre y Renne.

Estuvimos otro rato callados. Esperaba su respuesta.

-Siempre he tenido claro lo que quería en la vida pero las cosas no han sido fáciles para mí, como tan poco lo han sido para ti. En ocasiones causas externas a ti te dejan marcado y te condicionan. Sé lo que quiero, pero no sé si pueda conseguirlo o lo que es peor si me lo merezca. Dime Bella ¿tú siempre lo has tenido claro? ¿ Sabes qué es lo que quieres?

-Quiero algo sencillo y difícil. Quiero a alguien que me quiera y no se canse de decírmelo todos los días, alguien que esté para mí y yo para él, en los buenos y malos momentos, alguien que sepa comprender las circunstancias que nos rodeen, alguien que sea feliz conmigo y alguien que cuando mire a otras, me guiñe un ojo y se ría de mis celos tontos, alguien que sepa valorar lo que tiene, que me sepa valorar a mí, alguien que no se fije en las apariencias sino que vaya más allá, que sepa ver lo que hay en mí. Quiero lo que todos deseamos, tener una familia, contar con una persona amada con la que enfrentarme a la vida. En definitiva…alguien especial y es ahí donde reside la dificultad de tal deseo. Ahora Edward, ¿qué es lo que tú quieres?


Creo que en este caso no sirven para nada las justificaciones. Se que he tardado en actualizar un mundo y comprendo vuestra molestia.

Un besazo!

PD: Grande la Roja! Lo pasamos mal para llegar a semis y me temo que va a ser peor contra Alemania pero ahí vamos a estar para apoyarlos! XD