10

El olor a estiércol invade mis fosas nasales provocando que una arcada provoque una vibración en mi organismo. Abro mis ojos encontrándome a Extraño mirarme fijamente. Acaricio dulcemente sus orejas y me levanto.

El vestido que anteriormente mostraba un azul claro ahora se ha vuelto gris y negro en los bajos pero no es solo el vestido, mi pelo tiene adherido un olor repugnante.

Suelto lentamente un suspiro mientras salgo del establo dejando atrás a Extraño. Cierro mis ojos fuertemente al recibir el sol directamente en mi cara.

— Por dios... -susurró abriéndolos poco a poco. Me encamino hacia la habitación pero a mitad de camino me detengo. Una gran cantidad de imágenes de todo lo ocurrido ayer golpea mi mente. Giro y vuelvo al patio de entrenamiento del castillo. Me siento en un banco mientras observo como los caballeros entrenan.

Todas mis pertenencias están en esa habitación y ahora, no puedo entrar. Apoyo mis codos en las rodillas y me tapo la cara. Estoy tan confundida por todo lo que ocurrió y todo lo que está pasando. No puedo volver atrás y cambiar todo lo que ha pasado pero ahora mismo no tengo las fuerzas suficientes como para enfrentarme a él. No somos nada pero aún así me dolió tanto cuando me enteré de ello.

Escucho atentamente el ajetreo del patio. Está lleno de vida. Niños corriendo de un lado a otro, caballeros entrenando, las damas del castillo observándoles mientras tejen, algunos perros corriendo y la guardia real junto a sus caballos. Espera, ¿La guardia real? No recuerdo que nadie me dijera que hoy nos iríamos.

Miro mi ropa un segundo pensando en que puedo hacer, no puedo irme llena de caca de caballo y de cebada.

Miro a la guardia real asegurándome de que Sandor esté allí, cuando lo consigo ver acariciando a Extraño decido correr hacia la habitación.

Cuando llego me desnudó rápidamente y me meto en el agua fría de la bañera. Al parecer hoy se ha dado un baño.

Paso la pastilla de jabón por mi cuerpo quitando la mugre acumulada por pasar la noche en el establo. Froto mis manos y las paso por mi cabello desenredándome poco a poco.A pesar de que el agua está fría en mi cuerpo se siente bien, reconfortante. Se siente como el Norte frío pero a la vez como un sentimiento cálido que te acaricia el alma.

Salgo del agua y me comienzo a secar con lo que me encuentro a mano. Rebusco en el baúl de la habitación buscando alguno de mis vestidos pero no hay ninguno.

Me siento en la cama frotándome la cara cuando escucho la puerta abrirse. Me tapo rápidamente con una de las telas de la cama. No me hace falta ver quien ha entrado para saberlo.

— Te he traído un vestido. -veo cómo extiende una tela beige hacia mi.- Te vi venir antes y pensé que no sabias que nos íbamos hoy y que había recogido tus cosas.

Me quedo en silencio mirando al suelo. Necesito que se vaya, ni siquiera le puedo mirar a la cara ahora mismo.

— Yo...

— No quiero escucharte Sandor, no ahora.

Alzó mi cabeza para mirarle. Asiente lentamente y se va cerrando la puerta. Froto mi cara notando mis lágrimas peleando por salir. Me doy suavemente en las mejillas pensando en lo tonta que soy. Me levanto con cuidado y me comienzo a vestir con las prendas que me ha traído.

Cuando acabo de prepararme bajo al patio de entrenamiento donde todos están preparados para seguir con el viaje. Me acerco a Extraño y acaricio lentamente sus orejas. Da un paso hacia mi y frota su cabeza contra mi hombro provocando que una risa brote de mi garganta.

— Mi pequeño. -rio leve acariciando su hocico.- Que sepas que estar contigo me va a alegrar el viaje.-

— Eh...Aalis -me tensó al escucharle detrás de mi- he encontrado un caballo para ti...ya sabes, para que no tengamos que estar juntos.

— Genial. -murmuró irónicamente.- Luego cuando pasemos por otra posada te buscaré una nueva acompañante.

— Aalis por favor.

— Da igual, no quiero oírlo.

Beso en hocico de Extraño antes de encaminarme al caballo que Sandor ha preparado para mi. Subo con cuidado y me coloco cómodamente para poder aguantar durante todo el viaje. Cuando todos ellos están listos nos ponemos en marcha.

El viaje me resulta de lo más aburrido, no tengo a nadie con quien hablar y el frío comenzaba a llegar poco a poco.

Al fin y al acabo los Stark siempre tenían razón, el Invierno se acerca. Siempre se acerca.

La noche llegó y la oscuridad nos escondió entre sus grandes brazos. Apenas podía ver por donde caminaba mi cabeza y hacia donde le dirigía. Habían intentado encender algunas antorchas pero el viento había apagado el fuego como unas diez veces. Jaime dijo que llegaríamos a uno de los campamentos de la casa Lannister dentro de poco pero eso lo dijo hace un buen rato así que no sé si seguir fiándome de su palabra.

Noto mi nariz comenzar a moquear y ya apenas siento las manos. Mis vestidos de taberna no están preparados para el frío invernal, una pequeña ráfaga de aire y dejará mis huesos llenos de un frío que tardará un buen tiempo en irse de mi sistema.

Abrazo por el cuello a mi caballo dejando reposar mi cuerpo sobre él. Mis muslos internos están irritados por haber pasado todo el día montando a caballo, mis manos han comenzando a doler y apenas puedo moverlas, no puedo dejar de temblar y mi temperatura corporal ha comenzado a disminuir.

— M...mi...mis ca...capas -digo tartamudeando en tono inaudible.-

Oigo un grito detrás de mi. Mi caballo se ha detenido. Siento que caigo pero unos brazos me recogen antes de caer completamente.

Siento una brisa acariciar mis piernas descubiertas. Miro entre la oscuridad intentando describir la cara de quien me sostiene. Un olor familiar provoca una vibración en mi sistema. Menta fresca, humo y vino. Sandor.

Su toque comienza a quemar sobre mi piel. Le oigo gritar pero no lo escucho. Colocó mis manos en sus hombros y bajo de encima de él cuidando cada paso que doy. Me apoyo en un árbol cercano dejando mi cuerpo descender poco a poco hasta llegar al suelo.

Siento como si mis cuerdas vocales no pudiesen funcionar. Intento focalizarme en la voz de Sandor.

— Tenemos que acampar aquí. No creo que pueda seguir, esta temblando. -dice cabreado.-

— El campamento queda a poco de aquí, puede seguir perfectamente. -escuchó decir a Ser Jaime.-

Siento pisadas acercándose a mi y dos brazos sosteniéndome. Subo con cuidado a un caballo y siento a alguien subir detrás. Siento unos brazos sosteniéndome por la cintura y acercándome a él.

— Te...tengo frío. -digo con esfuerzo.-

— Tranquila, llegaremos dentro de poco. -dice en mi oído. Intento zafarme de su agarre pero me aprieta más contra él.-

— Suéltame. -susurró lloriqueando.-

— Cuando lleguemos al campamento te soltaré pero ahora mismo es la única forma de intentar mantener tu temperatura corporal. -dice firme.-

Nos volvemos a poner en marcha. Siento mi cuerpo balancearse de un lado a otro. No creo que pueda permanecer en estas condiciones mucho más. Me apoyo en su pecho cerrando los ojos. Comienzo a balbucear cosas sin sentido. Cuando abro los ojos veo a lo lejos puntos de color rojo. ¿Estamos llegando o estoy alucinando?

Siento a Extraño ponerse a galope, tengo que agarrarme a Sandor para no caer.

Un grupo de gente está frente a nosotros, entre ellos un hombre mayor de pelo rubio. Cierro los ojos comenzando a sentirme mareada, parece como si todo a mi alrededor diese vueltas. Después de un rato el hombre ya ha acabado de hablar con Jaime.

Sandor baja del caballo y me coge en brazos. Me escondo en su pecho cobijándome del frío norteño. Cuando abro los ojos estamos en una carpa con una gran cama y una mesa.

— Aalis mírame. -giro mi rostro hacia él.- Voy a darte un baño caliente, necesitas recuperar la temperatura corporal.

Niego y le empujó con la poca fuerza que me queda. Me tiro en la cama y intento meterme bajo las sábanas.

— Solo quiero dormir. -murmullo.-

— No puedes dormirte ahora. -me coge del brazo y me levanta. Veo a unas chicas llenar de agua caliente una tina que no había visto antes.- Puedes tener hipotermia. Por favor, déjame ayudarte.

Suelto un suspiro y asiento. Me apoyo en él mientras quita la capa de piel que llevaba, suelto mi pelo, siento como sus manos desabrochan los cordones de mi vestido. Le escucho soltar maldiciones. Me giro dándole de la espalda y retiro el pelo. Al final consigue soltar los nudos. Dejo caer el vestido quedando en los ropajes pequeños. Me los quito junto a las botas. El aire frío golpea mi piel provocando que suelte un gritito que se queda atascado en mi garganta. Ando con cuidado hacia la tina, cuando estoy enfrente me meto poco a poco notando mi piel arder.

Siento una lágrima rodar por mi mejilla según me voy hundiendo en el agua. El calor que abriga mi cuerpo es agradable pero doloroso. Una sinestesia en sí misma. La temperatura del agua está abrasando mi piel pero si no fuese así no recuperaría mi temperatura habitual.

Cierro los ojos sintiendo mi cuerpo dejarse llevar.

— No te puedes dormir. -me sobresalto al sentir su mano en mi barbilla.- Tu pulso es débil, debes permanecer despierta.

— Pero...tengo sueño. -murmuró terminando de cerrar los ojos completamente.-

Siento mi cuerpo temblar levemente. Abro los ojos tapándolos al instante por culpa del sol que entra por una de las entradas de la carpa. Espera...¿dónde estamos? Me giro lentamente. Sandor está durmiendo a mi lado abrazándome. ¿Lo arregle con él? El último recuerdo que tengo es en el bosque, estaba cabalgando en mi caballo y me abracé a su cuello. Me duele la cabeza y mi cuerpo es como si estuviera entumido. Mi frente parece estar ardiendo pero mis piernas están frías. Me levanto de la cama con esfuerzo. Unas mujeres aparecen por la puerta o bueno por la entrada y me miran.

— Pensamos que dormiría más. -niego aún algo aturdida- Tenemos que curarla y cuidarla hasta que se ponga correctamente. Lo primero de todo es que curemos las heridas de sus muslos. -frunzo el ceño sin saber a cuáles se refieren.- Las que se provocó por montar a caballo.

Me siento algo incomoda ante esta situación aunque se que sus intenciones son buenas. Me siento en un cofre que hay en la habitación y remangó el camisón. Ahogó un gemido al ver unas marcas rojas llenas de ampollas en mis muslos internos. No pensé que tuvieran ese aspecto tam horrible. La mujer más mayor se coloca entre mis piernas y empieza a curarme con delicadeza aunque no puedo evitar soltar algún gruñido de vez en cuando.

Cuando acaban me quedo sentada en el mismo sitio sintiendo lágrimas rodar por mis mejillas. Mis muslos están a carne viva y llena de ampollas. Me han echado unos ungüentos y me lo han lavado bien pero no creo que pueda seguir montando durante un tiempo.

Levanto la mirada cuando la mujer más mayor me trae algo de ropa, parece más abrigada que el vestido y la capa que tenía puesto ayer. Me han estado que llegue con indicios de hipotermia y que Sandor me dio un baño caliente y me intento mantener despierta pero que no lo consiguió.

— Gracias por todo. -digo amablemente.-

— No es nada cariño. -sonríe levemente y acaricia mi brazo.- Seguramente ahora te venga algo de fiebre y tengas que permanecer aquí un tiempo hasta que vuelvas a tu estado normal.

— Pero yo no me puedo quedar aquí -digo alarmada- tengo que ir con ellos.

— Han sido órdenes de Tywin Lannister. Sabe de tu situación y el maestre le ha encomendado que es mejor que se quede aquí.

Asiento lentamente y miro como se va. Me levanto con cuidado intentando no rozar mis muslos y me comienzo a cambiar. Camino hacia la mesa y me siento en una de las sillas. Comienzo a comer la comida que nos habían traído. Comienzo a comer poco a poco.

Escucho la cama hacer cierto ruido por lo que imagino que Sandor ya se habrá despierto y levantado.

Me levanto de la mesa y le miro.

— Gracias por cuidarme ayer, no era necesario. -digo mirando el suelo.-

— No hace falta que me des las gracias. -dice mientras se coloca la armadura.- Te tendrás que quedar un tiempo aquí hasta que te recuperes, me lo dijeron ayer. ¿Cómo te sientes?

— Siento como si un fantasma hubiera atravesado mi cuerpo y en el camino haya dejado un frío horrible pero luego siento como si estuviese ardiendo.

— El maestre dijo que es normal que sientas constantes cambios de temperatura. -levanta la cabeza y me mira.- Lo sien...

— No Sandor. -digo cortándole.- No estoy lista para hablar del tema y teniendo en cuenta lo que ocurrió ayer mucho menos. Tú te irás a seguir buscando al bastardo y yo me quedaré aquí hasta que me recupere. Estaremos bien y nos dejará tiempo para pensar.

— Volveremos al campamento en una luna. Iremos a cuatro castillos que están bastante alejados entre sí y volveremos. No quiero dejarte tanto tiempo sola.

— Es tu deber. Yo no me moveré de aquí Sandor.

Suspiro pesadamente sentándome en una esquina de la cama. Escucho como coge su espada y como la abrocha a su cintura. Sus pisadas son pesadas y seguras, las oigo aproximarse a mi hasta que siento una sombra que me engulle. Cierro los ojos cuando siento sus labios en mi frente.

— Cuídate.

Cuando abro los ojos ya no esta a mi lado. Me levanto y corro a salida de la carpa. No se cuanto tiempo permanecí con los ojos cerrados, pero cuando llego a la salida de la carpa ya están lo suficientemente lejos de mi como para que escuche el pequeño "te quiero" que ha salido de mis labios.