Fría como el viento
By: Angel Zafiro.
Summary: Fría como el viento peligrosa como el mar dulce como un beso no te dejas amar, por eso…
Declaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, todos sus personajes le corresponden a Clamp; lo único de esto que me pertenece es la historia.
Nota importante: Gracias una vez más a ustedes he llegado a los 200 reviews (Angel Zafiro esta que no se la cree -) es un honor el que consideren mi historia y que de verdad les guste; esta vez el capitulo va dedicado a –Hanako14- quien fue la que cruzó la meta con su comentario. Espero seguir contando con su apoyo. Ahora si… a disfrutar el capitulo.
En el capitulo anterior:
Poco a poco fui saliendo de ella y caí a su lado en la cama, la traje a mi pecho para que descansara sobre mí. La abracé con ternura para que no se separara de mi contacto, pude sentir su respiración golpear mi pecho y supe que se había entregado a los brazos de Morfeo.
Pero no… no permitiría ni que ese la tocara.
No, no y no.
-"Te amo Sakura… gracias por hacerme el hombre más feliz del mundo".- le susurré al oído y ella entre sueños sonrió.
Y así abrazando a la mujer de mi vida.
Yo también me entregué al sueño…
A un sueño del cual no quería despertar.
Pues ahora era el hombre más feliz.
Y no necesitaba nada más.
Capitulo diez:
"Perfidia"Mujer,
Si puedes tú con Dios hablar,
Pregúntale si yo alguna vez
Te
he dejado de adorar
Sakura
Amanecía. Después de una semana las nubes se despejaban para dejar que el sol nos iluminara. Muy mal. ¿Por qué justo hoy las cortinas de mi cuarto están abiertas? Le he dicho a Haruko que las cierre cuando termine de limpiar, pero siempre lo olvida. Ahora recibo los rayos del sol sobre mis ojos, y con lo cansada que estoy no me dan ganas de levantarme.
Poco a poco comienzo a abrir los ojos, aunque con algo de dificultad. Cuando por fin enfoqué bien la vista, descubrí que no era mi habitación donde me encontraba, que no era mi ventana a través de la que estaba viendo… no era mi televisor donde Shigure y yo veíamos por horas las caricaturas. No era mi cama donde había llorado en un sinfín de ocasiones, no era…
Al intentar salir de las sabanas me percato que un brazo, grande y fuerte, me tiene sujeta de la cintura, además de que me encuentro totalmente… desnuda. Voy volteando lentamente mi cuerpo para descubrir a Shaoran durmiendo tan plácidamente a mi lado. Su respiración es tranquila y su rostro demuestra que se encuentra relajado, una sonrisita tierna enmarca su rostro. Fue en ese entonces cuando un remolino de escenas, emociones, se agolparon en mi cabeza, y una opresión se hizo en mí al recordar lo que había hecho con el hombre que estaba en este momento justamente a mi lado.
Recordaba todo lo que sucedió… las caricias, los besos, cada movimiento… sus labios…
Te amo, Sakura.
Las palabras que salieron de los labios de Shaoran mientras me hacía suya sonaron tan sinceras… tanto. Entonces ¿Por qué me sentía así… Como si hubiera cometido el error más grande de mi vida? Era una especie de culpa lo que oprimía mi pecho y no pude más…
Moví el brazo de Shaoran con cuidado para no despertarlo, tomé una de las sábanas que nos tapaban para cubrir mi cuerpo y después ir a buscar mi ropa. Abrí la puerta con discreción y caminé por el pasillo, un sonido salía desde la sala, fui hasta el lugar y vi que la televisión seguía encendida, seguramente la luz había llegado en la noche y es por eso que las luces de la cocina también están encendidas.
Me dirigí al baño a buscar la ropa que había traído ayer mojada. Ahora estaba casi seca, aunque no completamente. Aún así me la puse y volví a la habitación donde estaba Shaoran. Dormía todavía, y el sentimiento de culpa volvió a mí, ¿Por qué? ¿Era eso realmente lo que quería, no? Entregarme completamente a él, pero algo dentro de mí decía que esto estaba mal.
Muy, muy mal.
Me acerqué hasta donde él dormía y me senté al borde de la cama. Las sabanas cubrían únicamente la parte baja de su cuerpo por lo que su pecho estaba al descubierto; nuevamente las escenas de la noche anterior me asaltaron y un escalofrío recorrió mi espalda, la forma en la que hicimos el amor había sido algo tan mágico, tan bello, ¿entonces por qué me siento como la basura más grande del mundo? ¿Será que yo no amo a Shaoran?
Es verdad, me gusta, pero decir que lo amo es hablar palabras mayores. Sí, debe ser eso, yo no amo a Shaoran, y lo de ayer fue una simple muestra de gratitud de mi parte. Shaoran se movió hacía donde antes yo estaba acostada y me asusté por su acción, sin embargo no despertó. Tenía que salir de ahí antes de que despertara, necesitaba aclarar mis ideas y… mis sentimientos.
Besé la frente del hombre que en estos momentos dormía como un angelito y salí del lugar, decidí ir a dar una vuelta por el parque, necesitaba un poco de aire para respirar y poder aclarar las dudas que nuevamente asaltaban mi mente y sobre todo… mi corazón.
Cuando mi mano estaba en el pomo de la puerta, regresé mi mirada hacía la habitación de Shaoran y suspiré, tenía que poner en orden mis sentimientos y tomar una decisión. Me hubiese gustado hablar con mi hermano de esto, pero seguro armaría un escándalo. Era en situaciones como ésta donde necesitaba más que nunca la imagen de una madre a mi lado, que me diera consejos y que me escuchara.
Algunas veces acudía a Haruko, y aunque sólo era unos años mayor que yo, siempre tenía una palabra de consuelo para mí. Sin embargo, ahora no quería poner un pie en la mansión Kinomoto, no por temor de encontrarme a Fujitaka, sino porque me sentía confundida y no quería encerrarme yo sola en ese lugar. Quizás… si acudiera a alguien en estos momentos sería a una persona que conoce a mi familia, que ha convivido conmigo todas estas circunstancias, y que además de darme y escuchar un buen consejo de ella, conoce mejor que nadie a Shaoran.
Mucho más que yo.
OoOoOoOoO
Shaoran
Amanecía. Los rayos del sol entraban de lleno a la habitación y comenzaban a molestar a mis ojos, aunque los tuviera cerrados. El nuevo día reclamaba porque los abriera, y así lo hice, aunque con algo de dificultad. Maldita sea, ¿quién diablos dejó las cortinas abiertas? Les he dicho a las señoras de la limpieza que dejen todo como lo encuentran cuando hacen el aseo. Pero nunca me escuchan.
¡Esperen un momento!
¡Este no es mi cuarto!
¿Dónde carajos estoy?
¿Y porque estoy totalmente desnudo?
Unas imágenes acuden de golpe a mi mente, recordando los eventos de la noche anterior. Me es inevitable sonreír ante el recuerdo.
¡Es verdad!
Anoche estuve con Sakura, estoy en el departamento de su hermano, ayer le dije a ella que la amaba con toda la fuerza del mundo, y después de eso… ella y yo… hicimos… hicimos el amor. Claro, ¿cómo olvidar el momento más importante y más bello de toda mi vida?, fue lo más increíble que pude haber experimentado, y lo hice con la persona que amo y con la indicada, ¿verdad?
Aunque ahora que lo veo, ella no está. El lado de su cama, en donde había dormido aún estaba tibio. Significaba que no hacía mucho salió de mi lado. Me habría encantado verla dormir cerca de mí, sentir su respiración, el aroma de su piel… su suavidad. Tomé del piso el pantalón que me prestó Sakura para dormir; tal vez estaba en la sala terminando de comerse la barra de chocolate que había robado de mi chaqueta.
Entré al baño y descubrí que solamente se estaba secando mi ropa, porque la ropa de ella no estaba; quizás ya se habría bañado y estaba, como decía, en la sala.
Pero ahora que me encuentro en dicho lugar descubro que no hay nadie, sólo está el enorme y feo peluche de tigre. La televisión está apagada, al igual que todo el departamento. La cocina está sola y en el cuarto que se suponía dormiría Sakura no hay nadie, está tan vacío como cuando llegamos ayer.
La desesperación se comienza a apoderar de mí, ¿A dónde habría ido Sakura? ¿Me ha dejado aquí después de todo lo que pasó?
No, calma Shaoran, no pasa nada, tal vez sólo fue a dar un paseo aquí cerca… ¿y si no es así?… ¿y si de verdad no significó nada para ella? No quería pensar en eso, me rompería el corazón y no sabría cómo reaccionaría ante esta situación.
Encendí el celular, y me senté en el sofá de la sala que no era muy tarde. Comencé a marcar el número de su teléfono cuando oí que abrían la puerta de entrada. Me paré de un brinco y salí al encuentro de ella en el pasillo. Al verla, la alegría de lo que había sucedido entre nosotros regresó a mí y la abracé por la espalda mientras cerraba la puerta. Sentí con sorpresa como su cuerpo se tensaba ante mi acto.
-"Shaoran, me asustaste".- dijo ella un poco agitada a causa de la impresión.
-"Discúlpame, lo que pasa es que al despertar y no encontrarte a mi lado me asusté… pensé que habías huido".- dije lo último como broma, aunque muy bien yo sabía que era verdad. Ella volteó aún entre mis brazos y cuando estuvo frente a mí la besé sin poder evitarlo. Había extrañado sus labios, el sabor de ellos, su respiración al compás de la mía. No importaba que haya sido poco el rato de su ausencia, la había añorado y ahora que estaba junto a mí, no la quería dejar por nada del mundo.
Nos separamos y le sonreí, aunque ella me contestó con una sonrisa más tímida, agachando la cabeza.
-"¿A dónde habías ido? Me tenías preocupado.".- le dije mientras le daba un abrazo para reconfortarla.
-"Fui a dar una vuelta al parque… necesitaba tomar aire".- contestó contra mi pecho, aún con la cabeza baja. Me separé de ella un poco y tomé su barbilla, obligándola a mirarme a los ojos.
-"No tienes nada de qué avergonzarte. Anoche me demostrarte que no eres como dicen todos, eres diferente, y por eso quiero que estés a mi lado siempre… porque… te amo, Sakura".
La abracé otra vez para que supiera que ambos tomaríamos la responsabilidad de nuestros actos; sin embargo, ella reaccionó de otra manera que yo no esperaba… no correspondió al abrazo, simplemente se hizo hacia atrás chocando con la puerta. Me sorprendió su movimiento, desconcertándome más de lo que pensaba hasta el punto de no poder decir nada por varios segundos. Ella volvió a bajar su mirada y el sentimiento que tuve cuando no la encontré al despertar me invadió nuevamente.
-"¿Qué… qué ocurre, Sak?".- me atreví a preguntarle. Quise respetar su espacio, pero me fui acercando lentamente a ella.
-"No me llames así".- su respuesta me dejó congelado en mi sitio, sonó bastante enojada y molesta, ¿qué hice ahora?
-"Está bien. No te llamaré así, pero dime qué te pasa".- intenté acercarme una vez más a ella. Justo cuando iba a poner mi mano en su hombro, ella alzó la mirada hacía mí, sus ojos estaba tristes y en ellos se acumulaban unas cuantas lágrimas. Tal vez cuando fue a pasear algo le sucedió en el parque. No sabía qué pensar si ella no hablaba… pero rogaba porque no fuera nada malo.
-"Lo siento Shaoran… creo que lo de ayer fue un error, yo… yo… no estoy muy segura de lo que realmente siento por ti… yo… Shaoran, lo siento"
Intentaba que las palabras que salían de su boca entraran en mi cabeza para que pudiera procesarlas. Mi respiración fue aumentando su ritmo, sentía que alguien me estaba oprimiendo el pecho, o más bien… el corazón. Finalmente luego de unos minutos de digerir sus argumentos, lo comprendí.
Ella no me amaba.
No me amaba.
Me había utilizado para saciarse.
Mi cuerpo empezó a temblar a causa de la furia que en estos instantes estaba recorriéndome, invadiendo cada rincón de mí ser. Necesitaba golpear algo, no lo haría con ella, aún la amaba demasiado… Ella no tenía la culpa… no, sí la tenía, yo le entregué todo… TODO. Le dí mi apoyo, le dí consuelo, le dí mi cariño, le dí mi corazón, mi cuerpo… y sobre todo, mi alma.
La miré tan terrible como me sentía; el silencio que se formó entre los dos era muy denso, ella seguía con la mirada baja. Tuve el impulso de tomarla por la fuerza para arrinconarla a la pared y gritarle, decirle que me diera una explicación, que me dijera la lógica de su argumento, pero que no me dijera que no me amaba.
Deseaba que me dijera, '¡Caíste, era una broma!' pero no que se quedara tan callada mientras mi corazón se encogía cada vez más, y me costaba respirar.
Nuestras miradas se encontraron después de la revelación. La furia continuaba invadiéndome y sentí como por mi mejilla derecha bajaba una lágrima. Una única lágrima. Esto era increíble, yo Shaoran Li, que nunca había llorado antes por alguna cosa, me encontraba llorando por el desprecio de la mujer que amo, de la persona que consideraba la más valiosa de todas. Sakura me miró sorprendida a pesar de que también lloraba, supongo que se percató de la lágrima que me había traicionado a mí.
Me dí media vuelta, dirigiéndome al baño, me cambié rápidamente, necesitaba salir con urgencia de ese lugar, sentía que me asfixiaría pronto si no salía del mismo techo que ella, si no salía de su presencia. Entré al cuarto donde todo había pasado, mostrando las pruebas de nuestro amor… o más bien del mío hacía una mujer totalmente carente de sentimientos. Tomé mis llaves y revisé que no se me olvidara nada, aún temblaba y me maldecía por ello; salí al pasillo y ella todavía permanecía en la puerta, como queriendo detener mi salida.
Me paré frente a ella, esperando a que se moviera para poder irme, pero no lo hacía; sólo lloraba con la cabeza baja.
-"Déjame salir, por favor".- fue lo único que se me ocurrió decir, pues seguía temblando por la ira y la tristeza que recorrían mi cuerpo. No quería demostrarle más de lo mucho que me estaba afectando. Nunca me había sentido tan furioso en toda mi vida como en este momento, y no tenía idea de cómo reaccionaría si no salía de ahí.
-"Shaoran, escúchame… por favor…".- aún cuando su súplica desgarradora terminó por derrumbarme, dejé caer lo que llevaba en la mano y lo que en un principio pensé hacer lo hice, la tomé de las muñecas con más fuerza de la necesaria, mientras recargaba su cuerpo en la puerta. Sus ojos rojos por el llanto, mostraban sorpresa y miedo… no todos los días me veían de esa forma.
-"¿Qué quieres que escuche, eh?" –escupí con amargura. –"Ya lo dijiste y te escuché perfectamente…".-bajé la cabeza y sonreí con ironía.- "Que tonto soy, ¿no crees?, llegué a pensar que realmente me amabas al menos un poquito de lo que yo te amo a ti… que te entregabas a mí realmente; que no había dudas en tu mente, ni… en tu corazón, pero creo que soy el idiota más grande de todos".- volví a endurecer la mirada y sin querer apreté con más fuerza mi agarré. Ella ya no me veía a la cara, solamente escuchaba lo que decía sin importarle que la estuviera lastimando. Quería que sintiera, aunque sea, una pequeña parte de lo que yo sufría en ese momento, así que continué con mi discurso, ya no me importaba nada. Nada.
-"Claro… ¿cómo la princesa de hielo iba a amar a alguien si ella sólo se ama así misma?" –no supe el motivo de decir esas palabras. Ella no tenía la culpa de no amarme… pero sí me había utilizado. Se había acostado conmigo. Había tenido sexo conmigo, porque a eso no podría llamársele hacer el amor, y ahora, se arrepentía como si nada. Como si yo fuera su muñeco al cual poder utilizar para saciar sus instintos. Y lo peor era que yo lo había sido… y seguía amándola a pesar de todo. –"Apúntate otro a tu lista Sakura, ya tienes el récord conmigo de la mujer que ha rechazado a un sinfín de hombres… ganaste Sakura, jugaste muy bien, y me hiciste caer, soy otro más de tu colección".
Sin más, la solté, recogí mis cosas del suelo, y la miré de reojo una última vez para luego irme. Me fui para nunca más volver, sabía que ahora tendría que superar esto, pero… ¿Cómo?, ella era mi mundo, me acostumbré a vivir el día a su lado, a verla enojada, a verla sonreír por sus maldades, a verla sufrir por no sentir el amor de su padre… todo eso sólo para que yo estuviera ahí y jugara con mis sentimientos. Solamente fui eso para ella: su distracción, una forma de pasar el rato y después botarme como una envoltura que ya no sirve ni para repuesto.
Llegué al living del edificio y vi al guardia mientras tomaba su siesta, así era mejor, para que no me viera salir.
Después de entrar a mi automóvil y ponerme el cinturón, golpeé el volante con coraje, quería gritar y seguir golpeando y rompiendo cosas, descargar este nudo de mi garganta, volví a sentir la humedad recorriendo mis mejillas, esta vez era en ambas y, recargando mi frente en el volante, me dejé llevar con el llanto, esperando que de esa forma, todo el amor que sentía hacia Sakura Kinomoto desapareciera; así como nuestra noche de amor… la noche de amor que yo le había entregado quedaría en el olvido en su mente como lo que era…
… una noche más.
OoOoOoOoO
Sakura
Cuando él salió, sentí como si me clavaran miles de agujas en mi corazón. Las muñecas de mis manos me dolían a causa del amarre de Shaoran, pero no era nada comparado con lo que sentí al oír sus palabras. Tenía mucha razón en todo lo que dijo, no lo culpaba de nada a él, yo era el monstruo que siempre dudó, la que siempre desconfió. Él siempre había estado para mí, y cuando me dijo que me amaba, sentí la sensación más extraña y a la vez más embriagadora que habría tenido en mi vida; no supe describir ese sentimiento, pero cuando estaba entregándome a él, creí comprenderlo… pensé que era gratitud hacía él por quererme, por cuidarme y procurarme, aunque ahora puedo comprender perfectamente todo…
Yo… yo creo que amo a Shaoran. Y era ahora cuando me estaba dando cuenta.
Sí, lo amo, porque amo todo en él, su forma de ser, su carácter, su preocupación, sus ojos llenos de amor, de un color exótico… encantador, sensual; además de toda esa comprensión para mí, esos ojos que no pueden mirar a nadie más que no sea yo. Su cabello rebelde cuando el viento juega con él. Amo cada parte de su cuerpo… cada rincón de su ser.
Pero ahora por mi estupidez lo he perdido, lo he perdido para siempre, y merecido me lo tengo, porque como bien dijo, no sé amar a los demás, ni siquiera a mi misma. Soy un asco de persona que no sabe valorar lo que tiene; que no sabe apreciar lo que hay a mi alrededor, y por eso he lastimado a la única persona que me ha querido realmente. Es cierto que mi hermano ha estado apoyándome siempre, pero el amor que siento ahora por Shaoran es más fuerte que eso, merezco lo que estoy viviendo, pagaré las consecuencias de mis actos con la soledad, con el saber que nunca nadie más me amará como lo ha hecho Shaoran, que nunca más podré tenerlo para mí… que nunca más podré sentir la seguridad y el calor de sus brazos.
Que nunca más estaremos juntos.
Me dejo caer al piso, ya no tengo fuerzas para nada más, si Shaoran no me quiere escuchar no tengo otro motivo más por el cual vivir, así que moriré aquí, me dejaré vencer por esto, ya nada importa, todo está perdido. No importa si no me encuentran ahora, tal vez algún día revisen este lugar y encuentren mi cuerpo, dirán que morí por falta de hambre o sed, pero en realidad morí por falta de amor, por no saber comprender y enamorarme también al mismo tiempo, porque alejé a la única persona que en estos instantes más amo en el mundo.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
En la mansión Kinomoto reinaba el silencio esa mañana, al parecer, ningún habitante de la casa había pasado la noche ahí, pues el sonido de un automóvil estacionándose fuera de la residencia indicaba que el dueño de ésta volvía apenas de su trabajo. No era raro ver regresar al día siguiente al señor Kinomoto, sólo que esta vez, su cara mostraba más cansancio y agotamiento de lo normal. Entró a su casa y descubrió que no había nadie, ni los empleados… ni ella. Por un momento su preocupación se hizo evidente en su rostro y comenzó a subir las escaleras para ver si quizás aún se encontraba en su habitación durmiendo, era una costumbre de ella de levantarse tarde; siempre fue así, incluso cuando era pequeña, era imposible levantarla.
Lamentablemente su mala suerte seguía en aumento, ya que al abrir la puerta de la recamara la encontró vacía, aunque la cama declaraba lo contrario; un niño de unos cinco años estaba dormido en la cama abrazado a un osito de peluche. El señor de la casa se sorprendió de ver a aquel niño, no sabía ni siquiera quién era, ¿Y si era su nieto? No se parecía para nada a ella, tal vez se parecía a su padre. ¿Tan mal padre había sido que su hija le ocultaba que tenía un niño? Se fue acercando despacio a donde se encontraba el niño, éste dormía tranquilamente que no quiso despertarlo.
Pero un sonido en la puerta de la habitación hizo que su mirada se dirigiera ahí, descubriendo a la muchacha que todas las mañanas le servía el desayuno; no sabía como se llamaba pues nunca tuvo la molestia de conocer a las personas que trabajaban para él. De una cosa si estaba seguro, él no había contratado a esa chica.
-"Buenos días, señor Kinomoto".- dijo la chica haciendo la reverencia correspondiente para referirse al dueño de la casa.
-"¿Quién es este niño?.- preguntó Kinomoto. No utilizó tanta fuerza en su pregunta, pero la autoridad se hizo ver en la cuestión.
Haruko miró hacia la cama y sus ojos se abrieron como dos grandes platos, su hijo estaba dormido en la cama de la señorita Kinomoto, ella pensaba que aún seguía dormido en su cuarto en la casita que estaba detrás de la mansión. Rápidamente fue a donde estaba el niño y lo cargó en brazos, éste despertó en el acto, sin darse cuenta del problema en el que había metido a su madre.
-"Mami… ¿ya llegó Sakura-oneesama?".- indagó el pequeñito con voz adormilada mientras se frotaba los ojos.
-"¿Qué haces aquí, Shigure? Te dije que no podías entrar aquí sin mi permiso".- lo regañó su madre y lo bajó al piso. El niño bajó su cabeza a modo de disculpa.
-"Sólo quería darle una sorpresa".- contestó el niño con pena a su madre, después de eso, volteó su mirada azulada hacía la persona que estaba con ellos en la habitación, y al igual que su madre se sorprendió tanto que se refugio detrás de ella, aunque ya era demasiado tarde.
-"Discúlpenos por favor, señor Kinomoto. Mi hijo…"
-"¿Es tú hijo?".- señaló Kinomoto al niño el cual se escondió más detrás de su madre aferrándose a su falda.
-"S-sí señor… es mi hijo… y sé que a usted no le gusta que las personas que trabajan con usted tengan niños pequeños, p-pero la señorita Sakura…"
-"¿Sakura? ¿Qué tiene ella que ver?".- masculló Kinomoto.
-"E-ella fue la que me dejó trabajar aquí, señor".- respondió la chica llorando. Shigure sólo veía triste a su madre, sabía que tal vez el señor los correría de la casa y sería su culpa. –"L-la señorita… la conocí un día… hace dos años".- Haruko hipaba mientras le contaba la historia al padre de Sakura. –"E-ella m-me ofreció la casita que está d-detrás de la casa p-porque y-yo no tenía donde vivir… y… y… ella se ofreció a… a… pagar los tratamientos y medicinas de mi niño…".- Haruko se puso de rodillas, abrazó a su hijo rompiendo en llanto por segunda vez, el chico sólo pudo consolar a su madre mirando con cierto temor al señor.
Kinomoto estaba muy sorprendido por el relato de la muchacha. Estaba impresionado, desconcertado, no sabía cómo reaccionar, lo cual lo preocupó, pues siendo él un hombre muy importante de negocios nunca tenía tiempo para fallos. Pero si algo sí sabía, era que dentro de él se mezclaban la culpa con el orgullo, porque nunca creyó que Sakura se encargaría de cuidar a una familia a sus espaldas. Ella no le pedía dinero para cosas innecesarias, todo lo que él le daba su hija se lo ofrecía a los demás… todo…
Y es ahí donde la culpa lo invadía también, juzgó siempre a su hija de ser todo menos responsable y dedicaba, pero era todo lo contrario, se comprometía a buscar soluciones a los problemas de los demás… a conocerlos. Él no hacía eso, que mal padre había sido.
Kinomoto se puso a la altura de la mujer, colocó su mano en su hombro y le sonrió. No recordaba cuando fue la última vez que sonrió de esa forma.
-"Escúchame… lo siento… vas a tener que decirme tu nombre"
-"Ha-Haruko".- hipó la chica abrazada a su hijo.
-"Escúchame señorita Haruko, yo no fui quien te contrató, así que la única persona que pude correrte es Sakura. Por lo de tu pequeño, no te preocupes, a partir de ahora yo me haré cargo de sus tratamientos, ¿de acuerdo?"-
La mujer no daba crédito de lo que oía. El señor Kinomoto nunca le dirigía la palabra a sus empleados, mucho menos se preocupaba por ellos, sin embargo, la mirada del hombre era sincera, lo que sea que le haya ocurrido para que cambiará su actitud, era algo bueno.
-"Entonces ¿no correrá a mi mamá y podremos quedarnos aquí?".- preguntó Shigure con sus ojitos llenos de esperanza y emoción. La sorpresa de Kinomoto por la acción del niño no se hizo esperar, pero de inmediato cambió su expresión y le revolvió los cabellos negros al niño y sonriendo añadió:
-"Nop, pero nada de travesuras en la casa, ¿entendido?"
-"Sí, señor".- dijo el pequeño imitando a un soldado.
Kinomoto estaba muy contento, hacía mucho que no tenía a un niño corriendo y riendo por la casa. El ambiente en el lugar seguramente mejoraría, sólo que antes tenía que enmendar sus errores.
-"¿Dónde está Sakura, Haruko?".- preguntó Kinomoto cuando madre e hijo salían de la habitación.
-"La señorita no vino a dormir, señor, y no contesta su teléfono".- objetó la chica preocupada por su amiga y jefa.
-"Gracias Haruko… ¿podrías llevarme un café a mi recamara, por favor?"
-"En seguida, señor"
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Después de tomar un baño y de beber su café, Fujitaka Kinomoto se sentó en la sala de su casa para esperar a que llegara su hija. Estaba muy avergonzado por su actitud al decir esas cosas, por lo que quería pedirle disculpas por todo lo que dijo. Aún no aclaraba el hecho de que fuera o no su hija, pero ahora que sabía cómo era ella, deseaba con todas sus fuerzas que sí lo fuera. Deseaba conseguir una prueba de esto para que las dudas dejaran de atormentarlo.
Recargó su cabeza en el respaldo del sofá, cerrando los ojos, masajeando sus sienes para poder relajarse. Cuando abrió los ojos nuevamente descubrió que alguien lo observaba, unos ojitos azules lo miraban con asombro y curiosidad. Kinomoto le sonrió y el niño le devolvió el gesto. Acercándose al señor, se sentó en el sofá de a un lado meciendo sus pies y mirando al hombre con simpatía.
-"¿Y cómo te llamas pequeño?".- comenzó el hombre a conversar.
-"Shigure".- respondió el infante con su sonrisa traviesa.
-"¿Y tu padre?"
-"No lo conozco. Mamá dice que era un hombre bueno, pero que se marchó a otro lado… no importa… la señorita Sakura ha sido muy buena conmigo y nii-san también es muy bueno… aunque no me quiso presentar a la señorita de linda sonrisa"
Kinomoto rió por el comentario del infante, seguramente se refería a la hija de Li, de la vez en que vinieron a cenar, la esposa de Li insistía en que ambos chicos harían una buena pareja, y a pesar de que la chica tenía novio, él pensaba lo mismo.
-"Seguramente algún día te la presentará"
-"Él prometió venir en las vacaciones de invierno"
-"Entonces será en esa ocasión… ¿y vas a la escuela?"
-"Sip, Sakura-oneesama me inscribió en un jardín de niños cerca de aquí. Ella dice que pronto tendré que ir a la primaria y que aprenderé más cosas, ¿sabe? Algún día quiero llegar a ser como ella, quiero estudiar lo mismo que ella, y construirle una linda casa a mi mamá"
Fujitaka se sorprendió de la forma de pensar del niño. Por un momento le recordó a su propio hijo cuando deseaba construir diseños como él y algún día ser su sucesor; la culpa lo volvió a asaltar, con Sakura era diferente… nunca platicó sobre esas cosas, pero ella decía que le gustaría diseñar vestidos de novia. Su madre algunas veces le mostraba esos diseños que ella hacía y los guardaba en una caja que había comprado en Paris, junto con su diario…
Su diario.
¡El diario de Nadeshiko!
-"…y el novio de la señorita Sakura me regaló un balón…".- Shigure seguía conversando con el señor Kinomoto cuando éste se paró de un salto de su lugar y comenzó a subir las escaleras, corriendo rumbo a su habitación. Shigure, al ver la reacción del adulto lo siguió, aunque su madre se lo había prohibido.
Cuando llegó a la recamara abrió el closet, y buscando con la mirada en la parte de arriba, encontró lo que buscaba, una caja de mediana proporción de material laminado que su esposa compró en un viaje a la ciudad del amor. En ella guardaba sus pertenecías, diseños, escritos, fotografías, y su diario. El cuaderno que él mismo le había comprado para uno de sus cumpleaños, tenía un clavel en la portada y estaba cubierto de piel color rojiza, escritas en letras doradas; en una esquina rezaba el nombre de la propietaria. Kinomoto se sentó en el piso de la habitación, destapó la caja y la emoción lo invadió al ver tantos recuerdos guardados en ese recipiente.
Shigure se sentó a su lado, mirando la caja también con curiosidad, su sonrisa se ensanchó al ver las fotos y dibujos de su protectora.
-"¿Esta es la señorita Sakura?".- preguntó el niño mientras veía la foto de una niña de grandes ojos verdes sonriéndole a la cámara abrazada de un perro labrador. –"No sabía que hayan tenido perro"
-"No era nuestro, era de los vecinos, a Sakura le gustaba jugar con él y el perro a veces se metía a la casa".- dijo Fujitaka mientras pasaba fotos, recortes, dibujos, un alhajero que sus hijos le regalaron a Nadeshiko una Navidad y que tenía un relicario de la mujer. Fujitaka lo abrió, recordando lo que tenía en el interior; la misma fotografía que tenía él en su escritorio y donde descubrió la carta de su esposa. En el otro lado del relicario una foto del matrimonio el día de su boda, ahora lucía más viejo que en esa ocasión y sintió el peso de los años en sus hombros.
Finalmente, encontró lo que buscaba, el diario de su esposa, justo como lo recordaba. Buscó la llave de éste en el alhajero y lo abrió… en el inicio una foto de Nadeshiko sonriendo y al pie de la página con la hermosa caligrafía de la mujer se podía leer "Propiedad de Nadeshiko Kinomoto". No había necesidad de ponerlo puesto ya que en la portada decía que era de ella, pero la mujer insistió en hacer eso de todas formas. Fujitaka comenzó a hojear las páginas, leyendo sólo de pasada. Captando las pocas palabras que le llamaban la atención o las que sobresalían más. Comenzó a llegar al punto que le interesaba, los últimos cuatro años de vida de su esposa.
Mayo 24
Fujitaka sigue llegando tarde del trabajo. Touya está aprendiendo a tocar el piano maravillosamente como si fuera un don; últimamente ha estado muy serio y me ha dicho que si su padre ya no nos quiere porque llega muy tarde del trabajo; le respondí que no era eso, que su padre nos quería y nunca nos iba a dejar de querer.
Fujitaka volvió a saltar las páginas del diario y llegó a otra fecha importante.
Junio 06
Anoche Fujitaka llegó temprano y cenamos en familia. Touya estaba muy contento y le contó todo lo que ha aprendido en la escuela. Después de comer el postre, ver un rato la televisión juntos y acostar a Touya, Fujitaka y yo fuimos a nuestra habitación e hicimos el amor como nunca lo habíamos hecho en mucho tiempo, espero que Touya no nos haya oído… me encantaría que después de esto quedará nuevamente embarazada, sería maravilloso tener una hija. Me encantaría ponerle "Sakura", son mis flores favoritas.
Kinomoto se sorprendió por el comentario de su esposa en el diario, siempre le había gustado el lado cómico de Nadeshiko, aunque a veces su ingenuidad también le había llamado la atención, por eso se casó con ella. Siguió buscando en los relatos para saber qué otras cosas comentaba.
Julio 17
Después de tanta insistencia de Fujitaka fui a ver al médico y me confirmó lo que tanto he anhelado: un segundo bebé, no le quiero decir aún a Fujitaka, quiero que sea una sorpresa. Se lo diré el próximo mes, aunque tendré cuidado para que no lo note… De camino a casa conocí a un chico muy agradable, me preguntó la hora y si conocía a alguien por el vecindario que le pudiera rentar un departamento, al parecer viene de Kyoto a estudiar la universidad aquí, no recuerdo bien su nombre, pero dudo que lo vuelva a ver…
Así que ese fue el día que conoció a ese sujeto… pero esa fecha lo confirmaba todo, Sakura sí era su hija, siempre lo había sido. Los ojos le empezaron a arder a causa del llanto que se veía venir; Shigure seguía buscando y revisando la caja mientras el señor leía el diario. Fujitaka volvió a pasar las páginas y durante los siguientes meses Nadeshiko relataba cómo iba el embarazo. Lo que Touya decía sobre la venida de un nuevo miembro a la familia, y de cómo Takashi la frecuentaba regalándole flores, dulces y demás cosas a pesar de que ella sólo quería tratarlo como un conocido. Él la "acosaba" más de la cuenta. En una de las notas de años más adelante, unos meses antes de su muerte, Nadeshiko relata algo que dejó a su esposo muy intrigado.
Octubre 14
Después de ir a ver la obra de Touya con Sakura; que por cierto estuvo maravillosa, el traje que le confeccioné a Touya de osito le quedó increíble. Faren se veía tan mona de la niña que ayudó al osito en su viaje, que espero que algún día se case con mi hijo, aunque claro eso sería si ellos quisieran, pero Ieran está de acuerdo conmigo en que deberíamos de frecuentar más a los chicos para que se conozcan. También sería muy lindo que Sakura comparta más tiempo con Shaoran. Es un niño muy serio, pero es muy listo y respetuoso, sólo que algunas veces veo que es algo tímido con Sakura, ¿será que ya se gustan? Jajaja pero en que cosas pienso… sin embargo, Takashi ha vuelto a buscarme; le he dicho que ya no quiero que lo haga, soy una mujer casada y tengo una familia. Es un buen chico, pero ya no quiero que me siga, no le quiero decir a Fujitaka, se podría enojar y lastimarlo. Sólo quiero que se vaya y me olvide…
Aquello sin duda convencía más a Fujitaka y aumentaba el odio por ese sujeto. Nadeshiko le había insistido en que la dejara en paz, pero él se negó y la siguió a pesar de todo; lamentaba que su esposa no le contara toda esa situación; habría encontrado una solución y posiblemente ella seguiría vivía. Kinomoto llegó a la última nota del diario, tenía la fecha de la muerte de su esposa y esa sería la última vez que la vería.
Enero 23
Takashi me llamó a la casa. Los niños estaban observándome para saber quien me había llamado y Touya ha preguntado quien era. Takashi quiere que lo vaya a ver, dijo que si no iba le llamaría a Fujitaka para decirle que somos amantes; ahora me arrepiento de no haberle dicho nada. No sé que hacer, además de eso me dijo que se quitaría la vida si no iba, dejando una carta diciendo que mi marido lo había hecho. Maldigo el día en que lo conocí….
Fujitaka cerró de golpe el cuaderno, la rabia y el dolor lo invadieron; después de que supo del accidente, el coche donde iban los dos chocó de frente con otro el cual su conductor venía ebrio huyendo de la escena. Las ambulancias llegaron media hora más tarde, él también llegó a ese lugar pues no podía creer lo que le había comentado el policía que lo llamó, el sujeto murió en el instante al choque, mientras que su acompañante aguantó hasta llegar al hospital donde murió poco después, sin poder contarle la verdad a su familia; a Kinomoto le llegó el reporte de la investigación que realizó la policía, que en automóvil se encontraron maletas con ropa de ambos, al parecer el hombre compró todo y estaba listo para huir con ella, sólo que Nadeshiko no quería eso. Sin embargo, minutos antes Takashi la amenazó con un arma si no se iba con él, Nadeshiko aceptó pero escaparía de él en la primera parada que hicieran, sólo que ésta nunca llegó.
Fue entonces que las conclusiones rápidas llegaron a la cabeza del dueño de la industria automotriz, pues en el reporte incluía el cateo que se hizo al apartamento del sujeto que murió con su esposa, y en él se encontraron fotos de ella, recortes de periódicos donde salía la familia durante las presentaciones de los nuevos modelos de la compañía con la cabeza de Fujitaka cortada y sobrepuesta la de Takashi. Y descubrieron que ambos se veían desde hacía mucho tiempo. Tres años y medio para ser exactos. Eso hizo pensar que Sakura no era su hija, pero la misma Nadeshiko le decía lo contrario ahora a través de sus notas.
Cómo olvidar los momentos felices que pasaron como familia, pues desde la llegada de la pequeña Sakura, su vida se iluminó más; su trabajo le exigía más también, pero él olvidaba esos detalles cuando estaba con ellos. Prefería verlos jugar y sonreír. Era una lástima que esos tiempos no volvieran, pero estaba en él hacerlos que regresaran, aunque no estuviera su amada esposa a su lado, aún tenía a sus hijos, ellos los necesitan, en especial Sakura.
-"Gracias Nadeshiko… y perdóname todo lo que he hecho y pensado este tiempo".- abrazando el diario y con lágrimas corriendo por sus mejillas, Fujitaka Kinomoto ahora sabía toda la verdad y era hora de empezar a pedir piedad.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Era una mañana muy tranquila en la casa Li. El señor se había ido a su trabajo y la señora salió con sus amigas a tomar el té; la mayor de los hijos del matrimonio estaba en la sala leyendo una novela romántica, mientras que el hijo no había pasado la noche en el hogar diciendo, a través de su hermana, que pasaría la noche con un amigo haciendo un proyecto escolar.
Las señoras del servicio hacían sus labores cuando se escuchó el sonido de un carro frenando bruscamente, se oyó el portazo que le daban al cerrar el vehículo, después como abrían con fuerza la puerta principal de la casa. Una de las muchachas que ayudaban en la limpieza gritó mientras el joven de la casa pasaba por su lado hecho una furia. Faren se levantó al ver pasar a su hermano causando tal alboroto. Durante su trayecto Shaoran destrozaba o golpeaba cuanto objeto pasaba frente a él.
La chica que prácticamente arrolló en su recorrido estaba en el suelo con las toallas que llevaba para acomodar tiradas en el piso con ella; las otras señoras de la limpieza ya la ayudaban a ponerse de pie. Faren también se acercó a ayudar a la chica.
-"¿Estás bien?".- le preguntó Faren a la muchacha.
-"Sí, no se preocupe señorita"
-"Disculpa a mi hermano por favor, quien sabe qué tiene"
-"Será mejor que vaya a verlo señorita, antes de que haga alguna barbaridad".- sentenció el ama de llaves de la casa, muy molesta por la actitud del joven.
Faren subía las escaleras rumbo al cuarto de su hermano, quien por el camino destrozó unos portarretratos y unos jarrones chinos de su madre. La chica llegó a la habitación del joven, horrorizada al descubrir un pequeño rastro de sangre en el piso. Shaoran puso de cabeza el lugar, rompió, estrelló, arrancó todo a su paso.
Poco a poco Faren se fue acercando a su hermano quien para ese entonces ya no tiraba ni rompía nada, simplemente se desplomó en el suelo de su habitación, recargándose en la cama con su mano ensangrentada en sus cabellos… llorando amargamente. Su hermana se preocupó por él y rápidamente mandó a traer el botiquín médico para curar la herida de Shaoran… la única que podía curar por ahora.
Faren le tomó la mano a Shaoran, éste no se negó, simplemente dejó que su hermana hiciera su labor. Se sentía cansado, hastiado de todo, no quería pensar en nada, no quería pensar en ella.
-"Shaoran, ¿qué te pasó? ¿Por qué llegas así? ¿Qué no estabas con Sakura?, ¿dónde está ella?"
-"No menciones ese nombre, por favor… no la menciones a ella. No lo hagas… no lo hagas…"
-"Pero Shaoran… ¿Qué pasó?"
-"¡Dije que no Faren! ¡No quiero escuchar nada de ella! ¿¡Entiendes!?" –gritó con el corazón desgarrado, dejando caer más lágrimas. –"No quiero saber de ella… no quiero recordarla… no quiero amarla…"
A la chica se le escaparon unas lágrimas, no porque su hermano le hubiese gritado, sino porque nunca lo había visto tan dolido… tan desgarrado por algo… o alguien. Nunca lo había visto tan destrozado por una mujer. Faren secó sus lágrimas y antes de levantarse besó los cabellos de su hermano y salió de la habitación para dejarlo solo. Sentía mucha impotencia por no saber cómo ayudarlo; necesitaba hablar con alguien. Fue a su habitación y marcó un número que se sabía de memoria.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Dos horas después, Faren se encontraba en una cafetería en una zona de restaurantes de la ciudad, esperando. Esperando la respuesta que buscaba, y en ese momento llegó. Su rostro se veía como el de su hermano, cansado y agotado; la chica que siempre demostraba fortaleza hoy se veía abatida por todo, parecía que su piel no había tocado la luz del sol en días. Su ropa se veía un poco arrugada, sus ojos estaban rojos e hinchados de tanto llorar, sus labios tenían una leve mordedura, carentes completamente de color. La chica se sentó observando a su interlocutora con la duda y la curiosidad en su mirada.
-"¿Cómo conseguiste mi teléfono?"
-"Tu hermano me lo dio".- dijo Faren sorprendida por la forma en la que Sakura se presentó.
-"¿Qué quieres, Faren?".- preguntó Sakura un tanto cansada y molesta.
-"Quiero que me cuentes qué pasó con Shaoran, no quiero verlos sufrir, a ninguno de los dos".- comentó la chica con decisión.
Sakura se sorprendió de la actitud de la chica Li y sin poder evitarlo, comenzó a llorar. Faren tomó las manos de Sakura entre las suyas, añadiendo:
-"Cuenta conmigo Sakura, todo estará bien"
Sakura siguió llorando.
Necesitaba contarle a alguien lo que pasó.
Sus sentimientos.
Necesitaba el apoyo de alguien.
Y ese alguien había ido a ella.
Continuara…
Notas de la autora:
TT-TT Ya veo venir los reviews cargados de bombas atómicas después de esto. Pero créanme que no son las/los únicas/únicos que sufren, yo también sufrí, y creo que ahora si le metí mucho drama.
Quisiera comentar algo sobre mi otra historia "El valle de las rosas" y es que la he tenido abandonada, no por falta de inspiración si no porque me he metido de lleno con ésta que luego se me cruzaban los cables de ambas; pero descuiden en cuanto termine "Fría como el viento" regresaré con el valle, así que paciencia a mis queridas lectoras (en "el valle" si son puras mujeres las que leen XD).
Bueno por ahora no hay mucho que comentar, solo espero que les haya gustado el capitulo y nos vemos en el siguiente.
Un saludo a mi muso, a mi sensei, y a todas y cada una de las personas que leen, comentan, o simplemente me agregan a sus listas de favoritos. Un beso para ustedes.
Saludos y besos
Angel Zafiro.
