Capítulo 10
Nueva York.
El viaje fue más largo de lo esperado, unos de los pasajeros había sufrido un infarto por lo que tuvieron que parar en la estación más próxima. Una vez que solucionaron el inconveniente el tren volvió a retomar su curso.
En la estación los esperaba el chofer de la familia, quien los llevaría al hotel donde se hospedarían hasta que la mansión estuviera en condiciones.
La casa aún no estaba terminada para ser habitada, ya que supuestamente ellos estarían la semana siguiente.
Una vez que se instalaron en el hotel, el señor White lo primero que hizo fue ir al hospital donde trabajaría junto a un gran amigo suyo, el doctor Lenard.
Por su parte, madre e hija decidieron descansar un rato y luego bajar a almorzar.
—¿Vas a enviarle una respuesta ahora avisándole de que ya estás aquí?—preguntó su Nana.
—No, prefiero esperar hasta el estreno. Ahora necesito saber dónde están Albert y los chicos. Me dio la dirección donde se encontrarían pero no sé dónde la guardé.—Candy no tenía idea de que Antony también estaba en Nueva York.
—¿Por qué no se lo preguntas a tu padre? Él debe de saber.
—Si, lo haré en cuanto regrese.
—Candy, ¿estás lista para bajar? Tu padre nos espera en el comedor. Llegó hace media hora.—dijo su madre cuando ingresó al cuarto de la pequeña rubia.
—Ya estoy lista.—se alisó la seda de su vestido y vio su reflejo una vez más en el espejo. Estaba reluciente como todo los dias, un largo vestido corte imperio, color verde musgo combinado con un champagne —pensé que se tardaría más.
—Ya ves... terminó antes que nosotras—ambas sonrieron.
Bajaron juntas, ambas eran muy bellas por lo que llamaban la atención de tanto hombres como mujeres en cualquier lugar, en este caso el comedor donde ya los esperaba el señor William.
—¿Cariño, pudiste descansar?—le preguntó a su mujer.
—Si, sólo un rato pero sirvió bastante para sentirme espléndida.
—Y lo estás —beso el dorso de su mano y corrió la silla para que está tomara asiento. Luego se dirigió a su hija.—¿Te sientes mejor, pequeña?
—Si, papá. Gracias —tomo asiento.—¿Cómo te fue a ti?
—Muy bien, comenzaré la próxima semana, cuando ya estemos instalados en casa. Tu empezarás con tus prácticas, hay muchos estudiantes pero el hospital sólo aceptará seis. Estarás entre ellos.
—Oh, que bueno. Por fin podre terminar con mi carrera.—dijo la rubia muy entusiasmada.
—Es una excelente noticia, William. Así no estaré sola hasta que nuestra casa este lista.
—Mañana iremos al estreno. ¿No es así.?—miró hacia su hija.
—Si—dijo algo tímida. Cosa que no era común en ella.
—Iremos de compras en cuanto terminemos de almorzar —dijo su madre.— Tienes que lucir impecable, cariño.
—Pero tengo varios vestidos sin estrenar. No será necesario.
—¿Por qué tanto esmero? Candy, no necesita llamar tanto la atención.—dijo su padre.
—Lo sé, cariño. Pero quiero que mañana esté mejor que nunca.
— ¿A qué se debe tan alboroto?
—No le hagas caso, papá. Ya sabes cómo es mamá. Aún cree que tengo doce años.
—Para mi siempre seguirás siendo mi pequeña niña—dijo su padre con cariño.
—Pero nuestra niña, ya es toda una señorita y debe vestir como tal.
—No le vamos a ganar a tu madre.—dijo resignado el hombre.
— Papá, ¿sabes dónde esta alojándose Albert?
—Estan en la mansión Andley, a varias cuadras de aquí. ¿Por qué lo preguntas?
— Albert me pidió que le avisara cuando no instaláramos para visitarnos. Sabes que tanto Stear como Archie están con él y me gustaría verlos.
—Puedo mandar con el chofer un recado.
—Eso sería perfecto.—dijo muy sonriente.—Me gustaría saber si asistirán al estreno.
—En cuanto terminemos con nuestra comida mandaré a George que se encargue personalmente de llevar tu mensaje.
...
.
En otra parte de la ciudad.
—Por hoy hemos terminado con los ensayos. Mañana los quiero a todos descansados para el gran evento. Se que estarán algo nerviosos, más los que por primera vez estarán arriba del escenario. Pero estoy seguro que lo harán muy bien. He visto su gran desempeño y lo bien que se desenvuelven arriba. Confió en ustedes. Ahora vayan a descansar y los veré mañana.—todos aplaudieron y se desearon buena suerte entre ellos.
—¿Nervioso?—pregunto su compañero de elenco. Harry quien interpreta a Tibaldo y con quién no tenía una buena relación, ya que éste se sentía molesto por no haber sido convocado para el papel principal.
—Para nada. Sólo un poco cansado—dijo serio Terry.
—Chicos, vamos a tomar algo para festejar. ¿vienen?—preguntó Jordán, quien representaría a Mercurio.
—Yo me apunto —dijo Harry.
—Lo siento. Pero prefiero descansar. Mañana también será la fiesta luego del estreno. Y estaremos cansados.
—Como quieras, Grandchester. Nos veremos mañana.—ambos jóvenes se despidieron del castaño.
—¿No vas con los demás?—dijo Karen cuando llegó a donde estaba éste.
—No.
—Que aburrido eres, últimamente te volviste un amargado, Terry.—el la miró serio.
—Si no te gusta. Puedes seguir tu camino.—tomo su saco, poniéndoselo en el hombro y salió a la calle.
—Hey, esperame. No es de caballeros dejar a una dama con la frase a medias.
—No tengo ganas de charlar, Karen.
—Esta bien. No tienes que hacerlo. Por lo menos dejame acompañarte un rato.
—Como quieras—dijo mientras caminaban.
—¿A dónde vas?—quiso saber ella. Él levantó una ceja. Y meneo su cabeza de un lado a otro.
—Dijiste que no hablaríamos.
—Bueno. Sólo quiero saber hasta dónde debo caminar.
—Voy a mi departamento. Pero te acompañaré a tu casa y luego iré al mío.
—Bien—dijo ella con una gran sonrisa, tomada del brazo de él.
Continuaron en silencio durante unos minutos.
—¿Vendrá?—él la miró sin entender a lo que se refería.—No me mires así. Sabes a quien me refiero.—el suspiró resignado.
—No te darás por vencida.—ella achino sus ojos y sonrió.
—... vamos Terry —le sacudió el brazo.
—Esta bien, esta bien. Sólo si prometes mantener tu boca cerrada.
—¡Prometido!
—Candy es la hija del doctor que me atendió y quien me encontró en su patio. Ella y su padre me ayudaron cuando estuve mal. Y bueno todo lo demás ya te lo he comentado cuando te escribí.
—Eso ya lo sé. Quiero saber de ella ¿Cuéntame cómo es?
—Tiene brazos, piernas, dos ojos...Ouch—se quejó cuando sintió que ella le pellizcó el brazo.
—Deja de bromear.—lo regañó.
—¿Que quieres saber?—dijo sobando la zona dolorida.
—¿Cómo es? ¿Es linda? ¿Se parece a su prima?
—Candy es diferente. Es... es hermosa... demasiado diría yo. Tiene unos ojos preciosos, su sonrisa es una caricia para mis oidos. Tiene ese no sé qué ... que me hace olvidar de todo lo malo...Y su boca, esos labios que me incitan a probarlos. Como ese día en el que la tuve tan cerca. Podía sentir su cuerpo temblar entre mis brazos. Sentir ese aroma tan exquisito que me embriaga—pensó para el mismo. Luego suspiró y respondió. —Son como dos gotas, una de agua y la otra de cicuta, dos personas tan distintas. Eliza es fría, interesada y calculadora. Candy es...—cerró sus ojos y se la imaginó, tan sonriente y radiante.—... ella es todo lo contrario.
—Eso no me dice nada.—se quejó ante la pobre descripción que el castaño le dió.—Dime cómo es físicamente.
—No te quedarás tranquila si no lo hago, ¿verdad?
—No.
—Es hermosa.
—¿Mas que la sinvergüenza de su prima?
—Si, mucho más.—dijo con una sonrisa en los labios.
—¿Que más? —le insistió a seguir.
—Su cabello es rubio y rizado, como el sol. Tiene una sonrisa hermosa, y varias pecas en su respingada nariz que le dan ese toque de inocencia y a la vez ternura.
—¡Wooow !—exclamó la mujer.
—¿Qué?—preguntó sin entender.
—Estas enamorado.—lo afirmó ella.
—¿Lo creés?
—Por supuesto. Sabes qué... nunca te vi hablar de la bruja de Eliza como lo haces con esta chica. No sé... pero hay en tu mirada algo distinto cada vez que la nombras... tus ojos tienen un brillo especial —él la miró parpadeando varias veces, burlándose de lo que decía su amiga.—No seas tonto. Hablo muy en serio. ¿De verdad estuviste enamorado de la bruja?—el emitió una fuerte carcajada.
—Eso creí.
—Yo día que no. Sólo te deslumbró su fachada. Pero con Candy veo que es otra cosa.¿No es así?
—Esta bien. Candy me gusta. Pero yo no a ella.—su mirada tenía un dejo de decepción.
—No lo creo.—dijo muy segura.
—Lamento desilusionarse pero es así.
—Ninguna mujer, excepto yo que te considero como mi hermano si no también hubiera sucumbido a tus encantos— Karen había perdido a su hermano menor en la guerra, y el castaño se lo recordaba con su gran parecido — no podría no fijarse en alguien como tú, Terry. Además de ser demasiado guapo, arrogante y engreído—se burló —eres una persona maravillosa. No creo que le seas indiferente.
—Gracias. Pero creo que no es suficiente para llamar su atención.
—Yo no estaría tan segura.
—¿Por qué lo dices?
—Lo sabremos si ella se presenta mañana.
—No creo que lo haga. Ni siquiera ha respondido mis cartas.
—Algo me dice que vendrá.—dijo muy segura en el momento que llegaron al portón de entrada de la casa de la joven.
—Llegamos.—como todo caballero, abrió el portón para que está ingresará.
—Te veré mañana. Y cambia esa cara. Estoy más que segura que ella estará allí.
—Sueñas demasiado, Karen.
—Confia en mi.—dijo adentrándose a su hogar.
Una vez que ella desapareció él se dió la vuelta y siguió su rumbo.
Iba muy pensativo caminando, con sus manos en los bolsillos, cuando reconoció a la distancia a su amigo quien muy sonriente se acercaba a él, y por detrás lo seguían tres caballeros.
—¡Albert!—lo saludó cuando lo tuvo en frente.—No pensaba encontrarte por aquí.
—Terry, amigo.—se fundieron en un abrazo.—Veo que has mejorado.
—Estoy como nuevo. ¿Qué haces por aquí?
—Negocios. Ya sabes, como cabeza de la familia me toca el trabajo pesado.—dijo señalando a sus primos que venían a reunirse con ellos.
—Grandchester—lo saludo Archie extendiendo su mano.
—Los hermanos Cornwell —saludo con un apretón de manos a ambos. Luego miró al rubio quien lo saludó con frialdad.
—¡Grandchester!—fue el casto saludo del rubia.
— ¡Brower!.—respondió de la misma manera. Albert al notar la tensión, sabiendo el porqué del comportamiento de su primo, intervino.
—¿Nervioso para el estreno?
—Mas ansioso que nervioso. He esperado por mucho tiempo que llegue este día. ¿Vendrás?
—Por supuesto. No podía faltar al gran estreno de dos grandes amigos. Han trabajado demasiado para llegar hasta aquí. Estoy muy orgulloso de ustedes.
—Gracias—dijo el castaño.
—No me lo perdería por nada—le guiño el ojo.
—Oh, ya veo.—el castaño conocía el interés que su amigo tenía por su joven compañera de elenco.
— Nosotros también asistiremos—dijo Stear. Ellos iban por interés, tenían la esperanza de poder encontrar a Eleonor Becker. Ya que eran sus fieles admiradores.
—Excelente. Luego habrá una recepción, me gustaría que nos acompañen.
—Por mi no hay ningún problema —dijo Stear muy entusiasmado.
—Por mi mucho menos.—agregó Archie de igual manera.
—Gracias por la invitación. Estaremos allí, entonces.—dijo Albert. Antony no decía ni una palabra. Observaba de reojo al castaño.
—Perfecto.
Los hombres se despidieron, dirigiéndose a su destino.
...
..
.
El gran día llegó. El teatro no daba a basto.
Muchos de los que no pudieron conseguir entradas quedaron fuera, esperando a ver quienes llegaban. Admirando las bellezas que descendían de sus carruajes. Mujeres fundadas en ostentosos vestidos mostrando sus mejores joyas, peinados exuberantes, los hombres con su mejor traje de gala y galeras.
La prensa no se hizo esperar, eran los más interesados en captar lo mejor de la noche. Entre ello a las familias más notables o personajes del medio como la recién llegada.
—Oh, es Eleonor Becker —dijo una mujer que se encontraba entre la multitud.
—Es muy hermosa —dijo otra.
—Por Dios. Que vestido más bello. Es tan elegante —dijo alguien más. La mujer que descendían era tal cual la describían, bella. Llevaba un precioso vestido celeste, que consistía en una amplia falda ajustándose a su talle. El escote dejaba ver sus delgados hombros. Las mangas cortas caían a sus brazos quienes sostenían una estola de piel blanca. Su pelo rubio esta sujeto en un moño alto adornado con zafiros. Un maquillaje suave, lo que hacía resaltar el lunar que destacaba en su barbilla.
—Siempre se la ve sola—comentó otra.
—Es raro, siendo una mujer tan hermosa.
—Miren es esos caballeros —susurraron unas jóvenes damas ante la llegada de guapos hombres, dos rubios y dos castaños. Vestidos elegantemente en trajes negros. Uno más guapo que el otro.
—Ya viste quien es el rubio de pelo largo—dijo una de las jóvenes embelesada ante el perfecto rostro del hombre. Las demás negaron con sus cabezas.—Es el heredero de los Andley. Nunca lo vi tan apuesto como hoy.
—Y el otro es el prometido de Eliza.
—Vaya suerte tiene esa. No entiendo como como alguien como él haya podido fijarse en ella.
—Es una interesada.
—Shhhh... no hablen así.
—Los hermanos Cornwell no se quedan atrás. Son tan guapos —dijo entre suspiros.
—Comportense, somos unas damas.—la s regañó la mayor de ellas.
Así siguieron llegando al estreno. Una tras otra familias, amigos o parejas.
En su camarín, caminaba de un lado a otro con león enjaulado. Estaba impaciente, nervioso, ansioso, una mezcla de todo.
Se detuvo cuando oyó unos golpes en su puerta.
—Adelante.—cuando vio que era su amiga la interrogó.—¿Y?
—Nada.
—No vendrá.—se notaba derrotado y desilusionado.
—Aun hay tiempo.—dijo ella tratando de suavizar su estado.
—No tienes que hacerlo. Se que no lo hará. Esta desilusionada conmigo.
—En diez entramos.—dijo una voz desde la puerta.
—Debo ir a retocar me el maquillaje—dijo la joven saliendo del lugar.
Quedó sólo contemplando su imagen en el espejo.
—¿Qué esperabas? Era evidente que una joven como ella jamás se fijaría en mi.—dijo en voz baja para si mismo mientras presionaba sus puños en el mueble que estaba apoyado.
Mientras él se recriminaba por lo que no podía ser la familia de los White hacia su arribo. Los caballeros se dieron la vuelta cuando vieron descender a la joven dama acompañada de sus padres. El cochero abrió la puerta, el primero en bajar fue el jefe de la familia quien le ofreció la mano a su mujer para ayudarla a bajar, luego hizo lo mismo con su hija.
—Es hermosa—susurró un caballero entre la multitud.
—Perfecta diría, yo—dijo otro.
—Mira su vestido. Nunca vi algo tan hermoso. Parece una princesa—dijo una muchacha fascinada por el elegante traje que portaba la rubia menor. Era un vestido precioso color champagne combinado con un bordo (color vino) en los bordes del ruedo y escote. La falda era amplia, la parte del talle se ajustaba perfectamente a su delicada y fina figura haciendo resaltar su redondeado busto y marcando la pequeña cintura.
El escote llegaba hasta el comienzo de los hombros, donde nacían unas mangas tres cuartos ajustadas al brazo y amplias en el antebrazo con volados en un tono más oscuro que el champagne. El cabello lo llevaba recogido en un hermoso moño dejando algunos rizos en la nuca. Su cuello sólo era adornado por un simple y costoso collar donde colgaba un hermoso rubí junto a dos esmeraldas, regalo de sus abuelos maternos.
—¿Quién es esa bella dama?—preguntó uno de los caballeros a su acompañante que también ingresaban al lugar.
—No lo sé pero es preciosa.
—En cinco minutos comienza.—dijo el señor a ambas mujeres.
—Sera mejor darnos prisa.—dijo Susana tomando el brazo de su esposo. Su hija iba al lado opuesto a ella.
Los tres entraron al teatro.
Por su parte, ya listo para subir a escena el joven castaño volvió a echar un vistazo a través de las cortinas. El palco que había reservado para su especial invitada junto a la familia, seguía vacío. Suspiró resignado. Ya era tarde. No vendría, se dijo para si mismo. Bajo la cortina y se reunió junto a sus compañeros.
En el momento en que se apagaron las luces los White ocupaban sus asientos. Una pequeña mesa con copas de cristales y una fina champagne había sido preparado para agasajar a los invitados.
Una vez ubicados, la rubia suspiró aliviada.
Todo quedó a oscuras, una melodía dio comienzo al evento. Las cortinas se abrieron dando por iniciada la obra.
El primer acto transcurrió en una plaza pública los actores con espadas y escudos, donde se vatian a duelo.
La historia sigue transcurrido hasta que es el momento en que él entra a escena él.
El corazón de la rubia se detuvo unos instantes. Verlo desenvolverse en el escenario cumpliendo su más anhelado sueño. Sus ojos se iluminaron y una bella sonrisa se dibujó en su rostro.
Él seguía con sus líneas sin tener la menor idea que muy cerca estaba la persona que tanto anhelaba ver. Estaba tan guapo en su traje de Romeo. Ella suspiró.
Las horas pasaron rápidamente .Las cortinas se cerraron y el auditorio estalló en aplausos. Los actores se abrazaron unos con otros mientras la multitud los aplaudía efusivamente
—Fue un éxito– dijo Karen emocionada.
—No vayas a llorar –dijo uno de sus compañeros.
—Prepárense para salir – ordenó Robert.
El telón volvió a levantarse y uno a uno los actores empezaron a desfilar por el escenario. Desde su palco, Candy esperaba ansiosa la salida de su amigo.
—¡Estuvo fantástico! – dijo su madre muy impresionada.
—Tiene el mismo talento que su madre!—comentó el señor William.
Cuando Terry apareció en el escenario el público le aplaudió de pie. El actor hizo una ligera inclinación de cabeza saludando y dando las gracias a su público. Cuando levantó la mirada se encontró con unos hermosos ojos que lo miraban lleno de admiración, sonrió aliviado. Ella estaba ahí. Había ido a verlo. Su corazón volvió a latir con fuera. Se sentía feliz.
Luego apareció Karen y por detrás el director. Todos ellos aplaudieron a la audiencia, agradecidos por el buen recibimiento.
Los aplausos duraron varios minutos antes que los actores empezaran a retirarse y las cortinas se cerraron tras ellos.
Cuando Candy y su familia llegó a la sala, un joven la detuvo.
—Disculpe, usted es la señorita Candice White
—Asi es—respondió ella.
—El señor Grandchester me pidió que le entregará ésto.—le puso en la mano un pequeño papel y se fue dejándola aturdida. Ella leyó cuidadosamente las palabras:
" Me hace muy feliz el que hayas decidido venir. No te vayas sin antes hablar conmigo, por favor.
TG"
Cuando terminó de leer guardo el mensaje en la manga de su guante.
Mientras su padre y madre mantenían una charla amena, ella distraída le cubrieron los ojos con unas delicadas manos.
—No me digas que ya nos olvidaste.—dijo una voz muy familiar para ella. Haciendo que su corazón saltara de alegría. Se deshizo de las manos que cubrían sus ojos y se giró para ver.
—¡Annie!—se aferraron en un cálido abrazo.—que sorpresa me has dado.
—Candy, amiga.—dijo entre lágrimas de alegría.
—¿Y para mi no hay un abrazo?—dijo una castaña tan alegre como ellas.
—¡Patty! Oh Patty.—se miraron unos segundos tomadas de las manos y luego se dieron un gran abrazo.— ¿Cuándo fue que llegaron? ¿Por qué no me avisaron que estaban ya en América?
—Lo hicimos —dijo Annie.
—Pero al parecer no has recibido nuestra correspondencia —agrego Patty.
—Oh, puede ser. La Villa sufrió varios inconvenientes por la tormenta, tal vez por eso no llegaron sus cartas.
—Puede ser, pero lo importante es que estamos juntas de nuevo. Te he echado de menos, Candy.
—Yo también, Annie. A las dos.
—Pero mirate. Luces increíble.
—Gracias Patty. Tú también estás preciosa. Y tú Annie tan impecable como siempre.
—Tienes que contarnos cómo fue todo. La boda. Queremos detalles.
—¡Candy!—la llamó Stear, interrumpiendo la plática, en cuanto la vió.
—Stear, Archie —dijo ella muy contenta al verlos acercándose.
—Vaya gatita. Estas preciosa.—dijo Archie contemplando la hermosa figura de su amiga.
—Asi es Candy. Estas irreconocible.
—Gracias. Ustedes están muy guapos, por cierto.
—Chicos, ellas son mis amigas: Patricia O'Brien—señaló a la castaña y luego a la morena—y ella Annie Brighton.
—Un placer conocerla, señorita Patricia —dijo Stear depositando un beso en el dorso de su mano.
—Encantada—respondio conn una tímida sonrisa.—pero llámame Patty.—luego saludo a la morena.
—Encantado de conocerlas, señoritas—fue el turno de Archie, tomó la mano de la castaña y luego la de la morena quien lo miró con ojitos alegres.
—Señor William, señora Susana, un gusto volver a verlos.—dijo Stear saludando a ambos mayores, lo mismo hizo su hermano y también Albert con Antony que llegaron al instante.
Minutos más tarde se unió el castaño junto a su compañera de elenco.
—¡Buenas noches!—saludó.
—Oh, es Romeo—susurró Patty a Annie muy emocionada.
—Terrence, que gusto verte.—el primero en responder fue el mayor. Dando un caluroso abrazo, luego lo hicieron los demás y por último ella. Ambos sonrieron cuando sus miradas se encontraron.
—Candy, me alegra mucho de que hayas venido.—tomó su mano con delicadeza y posó un casto beso en el dorso de esta.
—Hola Terry. No me lo hubiera perdonado si hubiera faltado. Me costó mucho que te aprendieras las líneas.—bromeó ella.
—Si no fuera por tu y tu familia en estos momentos no estaría aquí mismo.—Antony lo miraba desafiante, moría de celos al ver la evidente atracción de su amiga hacia el castaño.
—Hola—dijo la morena que estaba al lado y había sido olvidada por su amigo.
—Perdon. Ella es Karen Claise. Una gran amiga.—la joven sonrió e hizo una pequeña revencia.—Ellos son los padres de candy—señalo a ambos.—El es Archibald y su hermano Alistar Cornwell, primos de Albert.—ella sonrió abiertamente al ver al joven rubio por el cual suspiro tanto en su estadía por Europa.
—Felicitaciones. Hicieron u n trabajo excelente hoy.—dijo Albert besando la mano de la joven.
—Y el es Antony Brower —lo señaló y este se acercó a saludar a la mujer.
—Encantado de conocerla, señorita Claise.
—El gusto es mío.
—Y ella es Candy, Candice White.
—Por fin la conozco. Es usted muy hermosa —dijo con amabilidad y haciendo que la rubia se sonrojase.
—Gracias Karen, pero sólo dime Candy.
—Me gustaría que pudieran acompañarnos, usted y su familia, a la recepción que se hará en el hotel, señor William—dijo Terry.
—Nos encantaría.
Todos subieron a sus carruajes hasta el hotel donde se celebraría el acontecimiento.
Una vez que llegaron cada uno de los caballeros se apresuró a ayudar a las damas.
En el momento en que Candy iba a descender Antony y Terry le ofrecieron al mismo tiempo la mano. Ella los miró indecisa, cuáles de los hombres debía elegir. Respirando hondo tomó la de su padre que se interpuso entre los jóvenes que se sorprendieron al verse rechazados.
Dentro del salón la prensa acorraló al actor, quien venía acompañado de Candy. Se separaron para el responder a las preguntas. Ella y los demás se unieron a los invitados.
—¿Quién es la bella dama que lo acompaña, señor Terrence?
—¿Es su novia?
—¿Estan comprometidos?
—¿Que relación hay entre usted y la señorita Karen Claise?—una tras otras preguntas presionaban al actor. El hizo señas con sus manos para que se callasen y que respondería a todas.
—La señorita Candice y su familia, son grandes amigos. Sin ellos hoy no estaría respondiendo a sus preguntas.—busco entre los presentes a la rubia quien estaba al lado de Antony.— A ellos le debo la vida. Y con respecto a la señorita Claise, es una gran compañera de elenco. Tenemos una gran amistad. Sólo eso.
—Una última pregunta, señor Grandchester.—suplicó uno de los periodistas.
—Lo escuchó.
—¿Qué opina el duque de su éxito? ¿ por qué no asistió al estreno?
—El duque es un hombre muy ocupado.—fue su única respuesta.—Ahora si me disculpan... tengo que atender a mis invitados.—se dirigió hacia donde estaban los demás.
Karen charlaba muy animada con Albert. Stear, Archie lo hacían con las amigas de la rubia mientras ella estaba hablando con Antony que parecía molesto.
—Siento interrumpir—dijo el castaño mirando a Candy. El rubio lo fulcon la mirada.
—No interrumpes nada—dijo ella.
—Princesa Julieta... ¿puedo tener el honor de este baile?—con una mano adelante y la otra apoyada en su espalda hizo una reverencia.
—Si.—dijo ella toda deslumbrada. Aquel acto le resultó muy romántico. Claramente Terry era un chico sensible y tierno.
—Candy... —quiso detenerla Antony pero ella no lo oyó—Maldita seas Grandchester —dijo apretando sus puños.
Ella sencaminó con el actor hacia el centro de la pista.
Los reporteros no perdían ningún movimiento del joven Grandchester.
—Estas hermosa—dijo tomándola entre sus brazos. Puso una mano en su espalda y con la otra tomó la pequeña mano de ella.
—Tu también.
—¿Hermosa?—se burló él haciéndola ruborizarse.
— No, claro que no. Me refería a que te ves muy bien.—hubo un silencio.
—Pensé que no vendrían. Que no querías verme y que tal vez seguías molesta conmigo—dijo mientras bailaban al compás de la música.
—¿Por qué pensaste eso?
—No respondiste mis cartas.—dijo con un dejo de tristeza.
—Ah... por eso.
—¿por qué no lo hiciste? ¿sigues enojada por no haberte contado? Se que fui un tonto, pero no fue esa mi intención.
—Esta bien Terry. No tienes que explicar nada. No me conocías. No tenías la confianza para hacerlo.
—Debi decírtelo. Debí suponer que la conocías ya que vivían en la misma ciudad.
— Terry, me gustaría que me respondieras algo muy importante. Se que no es de mi incumbencia pero... necesito saber.
—Puedas preguntarme lo que quieras, Candy.—dijo el con sinceridad.
—Esta bien...—llenó sus pulmones de aire para darse valor, y con vos temblorosa habló—¿Vas ... vas a intentar recuperar a Eliza? Yo sé que no debería meterme pero no...—él la interrumpió.
—No sigas.—buscó sus ojos para que ella lo mirara.—Eliza no me interesa en lo absoluto. Ella ya no es nada para mí—dijo sin apartar la mirada.
—¿Y qué pasó con lo sentías por ella? No se puede olvidar de una día para otro un sentimiento tan fuerte.
—Tú lo dijiste. Fuerte. Evidentemente lo que sentía por ella no era tan fuerte. Y aunque así lo fuera jamás podría perdonar una traición.
—Entiendo... —bajo su mirada mientras continuaban con el baile.
—Ven—la tomó de la mano.
Aprovechando que nadie los miraba se escabulleron hacia uno de los balcones que daba hacia el bien cuidado jardín, del enorme salon.
Una vez solos...
—¿Qué hacemos aquí?
—Era imposible poder hablarte delante de tanta gente y tanto ruido. Ella lo miraba expectante.—Candy no te he dado las gracias por lo que hiciste conmigo.
—Terry...
—Dejame hablar... por favor. —ella afirmó movimiento su cabeza.— Te debo el estar aquí, también a tu padre, evidentemente. Pero a ti en especial, por qué tú me ayudaste a levantarme, estuviste en un momento muy difícil. No solo me detuviste en la locura que iba a cometer, porque de verdad si no hubiera sido por ti, habría matado a esa sinvergüenza —la rubia abrió los ojos asustada —bueno, no tan así. En ese momento no pensaba lo que estaba haciendo. Te debo eso y también el poder haber realizado mi gran sueño. Tal vez creas que estoy exagerando.
—Claro que no exageras. —dijo ella en una sonrisa.
—Gracias Candy...—él se acercó a ella tomando ambas manos mientras las acercaba a su boca y depositaba un beso en cada una de ellas, siempre manteniendo su mirada fija en la de ella.
—Terry yo...—bajo la mirada. Él en un movimiento rápido y cuidadoso le tomó el mentón con su dedo índice y pulgar y lentamente lo elevó para que lo mirara.
—Eres increíblemente hermosa, Candy.
Sus respiraciones comenzaron a agitarse, él fue acercándose pausadamente mientras ella pasaba su mirada desde los ojos a los tentativos labios de él, se humedeció los suyos temblorosos, cuando lo tuvo a unos escasos centímetros cerró sus ojos. Podía sentir el cálido aliento de él rozar su boca, sus corazones latían desbocados.
En ese instante ya no supo más, se rindió al sentir la suave y húmeda boca de él junto a la suya. Se dejó llevar por esa extraña sensación nunca antes vivida. Se fundieron en un tierno y dulce beso.
Continuará...
Haré todo lo posible por actualizar más seguido.
Mil veces agradecidas con ustedes, chicas.
Que tengan un excelente fin de semana.
