Nota de autor
¡Hola de nuevo! Bueno, después de una larga semana de exámenes y proyectos finales, aquí está el nuevo capítulo. Agradezco mucho sus comentarios y consejos, disfruten del capítulo.
Todos los derechos son para Disney y BioWare.
Capítulo 8—Ostagar
Los rayos del sol finamente le golpearon el rostro, habían pasado toda la noche tratando de perder a los hombres del Arl, cosa que no fue nada fácil, pero gracias a que se ocultaron en una cueva pudieron despistarlos.
Se encontraba recostada contra una gran roca, a su derecha se encontraba su fiel sabueso intentando animarla. Gerda y ser Kai estaban un poco más lejos de ella, pero manteniéndose lo suficientemente cerca como para poder cuidarla; mientras que los elfos estaban sentados más lejos.
Alzó la mirada y tuvo que cerrar los ojos, pequeños rayos solares se filtraban a través de los árboles, escuchando el suave cantar de las aves. Sintió las corrientes de agua de un río cercano atravesar su cuerpo, solo con escucharlo. Se tocó la cara y sintió la humedad en ella, al lamer un poco sus labios tuvo un sabor salado.
Preguntando a quien fuese que viviera allá arriba: ¿Qué acababa de suceder? Ciertamente no era muy creyente del Hacedor, pero en este momento no le importaba. En este momento rogaba que alguien la salvase de su dolor, necesitaba aferrarse a lo que fuera para no caer en la oscuridad.
Simplemente no era posible, ¡ni siquiera tenía sentido alguno!
Había sido testigo de la toma de su castillo, su hogar. Pero a los traidores no les bastó con eso, no. También tuvieron que arrebatarle a las personas que más amaba en el mundo: su sobrino y su madre. No era justo, era algo tan cruel que estaba segura no querer volver a experimentar.
Pero aun dolía, tan solo habían pasado algunas horas y el dolor parecía incrementarse con cada movimiento del sol. Se negaba a creerlo, no era posible.
Seguramente era una pesadilla causada por algún demonio de la cual pronto despertaría. Pero ese despertar nunca llegó, las horas transcurrieron y aun se mantenía dentro de tal martirio. Los recuerdos le nublaban la mente, impidiéndole procesar sus ideas adecuadamente.
Cada vez que cerraba los ojos para suspirar o simplemente en un parpadeo, las imágenes volvían a ella en un tono carmesí como si miles de gotas de sangre grabadas con horrendas imágenes le fuesen arrojadas al rostro.
Recordaba el rostro angelical del pequeño Oren con los ojos cerrados y sin vida, no había podido protegerlo y mientras más pensaba en él, su mente imaginaba la posible forma en que fue asesinado, algunas de ellas tan perturbadoras que estaba segura: ni los mismos demonios podrían igualar.
Y luego estaba su madre… Recordó con agonía sus últimos momentos con ella, su último suspiro. Fue tan repentino que apenas y podía recordarlo con exactitud: el calor de la batalla nublando su vista, la sonrisa de su madre y después todo se derrumbó. Después fue probablemente el peor momento en toda su vida, al ver como la mujer que le dio la vida, crio y cuidó desde pequeña, era atravesada por una flecha mientras su sangre le salpicaba el rostro.
No, no era posible.
Tenía que ser una simple y cruel broma, tan solo una ilusión dentro del Velo o de cualquier otra cosa capaz de causarlas. Pero el dolor e incertidumbre no eran una ilusión o un sueño, mucho menos una broma, eran reales.
La velocidad con la que trabajaba su mente en ese momento finalmente llegó a su punto quiebre: cuando visualizó a Hans al lado del Arl, con su espada en el aire en señal de triunfo. Sin duda su vista tuvo que haberla engañado, no podía ser él, seguramente era hermano Nathaniel o un caballero muy parecido a él. Sí, era lo más probable, pensó ella al no querer aceptar la verdad.
Sentía como si su cabeza fuese a explotar, pero ya no quería llorar más, ya había derramado demasiadas lágrimas en un solo día.
Recordó con melancolía las últimas palabras de su madre, diciéndole que la amaba y que buscase a alguien. No sabía a quién se refería pero a pesar de que quería cumplir con el deseo de su madre, sus deseos de venganza eran mucho más grandes. Una extraña sensación le recorrió el cuerpo, sintiendo nuevamente ganas de llorar por no haberla podido salvar.
Con furia apretó sus dientes con tal fuerza que parecía que se triturarían, con su puño derecho golpeó el suelo alertando a sus compañeros quienes la miraron con preocupación. Gerda quiso acercarse para consolarla, pero la pelirroja se levantó con la mirada en blanco.
—No hay tiempo para lamentarnos, debo marchar hacia Ostagar lo más pronto posible y sin descanso alguno.
—La…lady Anna, ¿se encuentra bien?—. Preguntó su nana con preocupación, la chica forzó una falsa sonrisa fallando en el intento.
—Sí, Gerda, estoy bien. Pero no hay tiempo, ¡debo marchar hacia el sur a pesar de mis ganas de encaminarme al este en dirección a Amaranthine y hacerle pagar a Howe por lo que hizo!
—¿Pero acaso no quiere cumplir el deseo de su madre?—. Gerda se acercó con cautela más a la joven.
—Ya habrá tiempo para eso—. Resopló con brusquedad conteniendo las lágrimas—. Primero los vengaré… a todos…—. Susurró con desprecio—. Ser Kai, necesito mis armas.
—Sí, mi señora—. El caballero hizo una reverencia, tomando la espada y el escudo que se encontraban a unos metros, al parecer los elfos lograron tomarlos antes de huir, para después entregárselos a la joven.
—Dígame caballero, ¿esta espada tiene nombre?—. Anna giró el arma con los rayos del sol reflejando su rostro.
—No, mi señora. Su abuelo, lord William, nunca la nombró y tampoco lo hizo vuestro tío ni vuestro padre—. Indicó el caballero—. Tan solo se referían a ella como "la espada familiar".
—Ya veo, en ese caso seré yo quien la nombre—. Anna pasó un dedo por el filo del arma—. Serás "la bendición de Idun"… y perdición de los Howe—. Escupió con odio, cogió su escudo en la mano izquierda, se colgó su morral y le indicó a su perro que la siguiera mientras comenzaba a salir de la cueva. Sacó un mapa del morral y marcó con su dedo el punto más al sur—. Pienso ir a Ostagar. Si quieren pueden acompañarme.
—Lady Anna—. Ser Kai dijo—. Quizá sea más prudente intentar llegar al Bannorn de vuestra tía, Mar del Despertar—. Indicó en la parte superior izquierda del mapa—. Colinas Occidentales no está muy lejos de aquí y, si tenemos suerte, el Bann Franderel nos permita usar uno de sus barcos para llegar—. Explicó mirándola con seriedad.
Anna pensó durante un momento. Era verdad que tenían más probabilidades de llegar a Mar del Despertar que a Ostagar. Además, su tía Alftanna seguramente reuniría una flota considerable para atacar las costas de Amaranthine. Sin embargo, ella no podía confiar en lord Hill para mantenerlos a salvo.
—Lo siento, ser Kai—. Lamentó Anna—. Pero no puedo confiar en las otras familias nobles por el momento—. Explicó enmarcando las cejas—. Por tanto, debemos evitar Colina Occidental a toda costa—. Señaló en el papel—. Tampoco podemos pedir ayuda en Caer Oswin, aunque mi madre era amiga de lady Landra.
—¿Qué hay de Aliento Invernal, mi lady?—. El caballero señaló el castillo situado al sur de Pináculo.
—Demasiado peligroso—. Murmuró Anna—. Justo al este se encuentra Kal Hirol, y la Bannesa Shiera nunca ha sido amiga de mi familia—. La pelirroja volvió a guardar el mapa—. No se diga más, iremos a Ostagar sin importar lo que cueste.
Anna comenzó a caminar, perdiéndose entre el denso follaje con su sabueso a un lado. El caballero y la mujer procedieron a seguirla, algunos segundos después, los dos elfos también la siguieron.
Anna trituraba con odio sus dientes y apretaba sus nudillos al caminar, manteniendo una mirada firme y asesina. Encontraría la forma de llegar hasta Ostagar y, de ser necesario, combatiría con toda clase de criaturas y monstruos para hacer justicia por su propia espada, aun si le llegase a costar la vida. Una sola palabra le nublaba la mente en este momento, resonando como mil tambores a la vez: venganza.
Tres semanas después
El largo viaje llegaba a su término, desde las oscuras aguas del lago Calenhad la figura de una maga y un guerrero eran visualizadas desde el horizonte, en dirección al sur. No fue un recorrido corto, tardaron alrededor de tres semanas y media en llegar. Sus pies dolían con severidad y agradeció enormemente la oportunidad que tuvo para descansar, además de las pocas posadas que encontraban en el camino.
Elsa aún se lamentaba por lo de Jowan… Al principio no quería creer en lo ocurrido, se convenció a si misma que había sido una simple ilusión y que probablemente debería de seguir en el Velo, siendo atormentada por los demonios. Pero conforme pasaban los días, comprendió que era real. Su odio y tristeza comenzó a hacerse visible en ella, culpando totalmente a su amigo. Luego se odió a sí misma por no haber actuado diferente, preguntándose constantemente si las cosas hubieran sido distintas si tan solo hubiera hecho las cosas de otra manera.
Cada vez que pensaba en su amigo, sentía odio por todo y todos. Se sentía de la misma manera que cuando fue separada de su familia hace catorce años. Jowan había sido uno de los principales responsables de hacer que superara su depresión de niña y ahora era el responsable de su miseria.
Mientras avanzaban las semanas, ese odio fue lentamente cambiando por una terrible depresión, que solo fue capaz de conllevar gracias a los consejos del guarda, además de que la constante caminata que hacían diariamente le ayudo a despejar su mente. Aunque no podía evitar sentirse culpable por todo lo que ocurrió, por todo lo que pudo haberle dicho en lugar de las crueles palabras que utilizó para hacer que se fuera.
Aun lloraba internamente por las noches, sintiéndose sola, preguntándose si valía la pena vivir: perdió a su familia no una, sino dos veces. Lo único que la mantenía cuerda era la esperanza de volverlo a ver algún día… Pero por ahora no podía desviar sus pensamientos, pues ya casi llegaban a su destino.
Avanzando por el largo camino de mármol, Elsa y Duncan se mantenían alerta en señal de peligro, más no tuvieron problemas durante el viaje.
Su destino: Ostagar, una antigua fortaleza que anteriormente sirvió como punto máximo del avance del antiguo imperio de Tevinter hacia las tierras bárbaras del sureste, conocidos como los chasind; además de ser uno de los enclaves defensivos más importantes de la zona del mar del Despertar. Construida al borde de la Espesura de Korcari, al sur de Ferelden, siendo situada sobre un angosto pasó entre las colinas y es el final del famoso Camino Imperial.
Ahora, siglos después de la caída del antiguo Imperio Tevinter, esta antigua fortaleza es usada como un frente de batalla donde se libra una nueva guerra; pero esta vez será en contra de un enemigo más peligroso y temible que los chasind. La última línea de defensa para impedir el inicio de una nueva Ruina.
Todas las fuerzas del rey han sido convocadas a este lugar, además de las tropas de los dos teyrnirs de Ferelden: Pináculo y Gwaren; también fueron convocados los Arlingos y los Bannonrs. Aunque aún faltaban el ejército de Risco Rojo, el Arlingo mejor armado del país. Y no podemos olvidarnos del puñado de guardas grises que acompañaban a las tropas.
La joven hechicera caminó junto al guarda gris por las grandes e impresionantes estructuras, eran parecidas a las que vio en el Velo, pero sin duda mucho más numerosas e infinitamente hermosas. Al llegar vio una enorme torre, la cual se elevaba orgullosamente sobre las demás construcciones como una montaña ante un grupo de árboles. Los pilares eran de un color blanco, muy similar al hueso y el piso era cubierto por un poco de vegetación y cemento decorado.
"Las fuerzas del rey se han enfrentado varias veces a los engendros tenebrosos, pero es aquí donde saldrá a la luz el grueso de su horda. Solo queda un puñado de guardas grises en Ferelden, pero estamos todos aquí. Debemos de detener la Ruina aquí y ahora. Si se propaga hacia el norte, Ferelden caerá", recordó las palabras del líder de los guardas grises.
Caminaron por una especie de arco, pero con toda la pinta de una puerta con más de tres metros de altura.
Mientras caminaban, vio a un grupo de soldados acercarse a ellos, estos vestían armaduras de palta, con grabados como si fuesen tornillos y yelmos que asemejaban un rostro humano. Pero sin duda quien más resaltaba era el que tenía una impresionante armadura de placas doradas, su brillo competía con el mismo amanecer, con algunos contrastes negros y una larga capa blanca ondeaba desde sus hombros hasta los pies; su larga cabellera dorada descendía hasta sus hombros.
—¡Hola, Duncan!—. Saludó el hombre dorado—. ¿Apuesto a que no esperabas una bienvenida real?-Bromeó enarcando una ceja, extendiendo su mano—. ¡Empezaba a pensar que os ibáis a perder la diversión!
—Eso nunca, su majestad—. Dijo el guarda, tomando la mano del regente en un amistoso apretón—. Pero no hacía falta que el propio rey viniera personalmente. Rey Cailan.
"¿Cailan?" se preguntó Elsa mentalmente, pues la última vez que vio al rey era Maric Theirin y no su hijo, Cailan, "¿Acaso el rey Maric murió?".
—¡Finalmente voy a tener al poderoso Duncan a mi lado en la batalla!—. Declaró emocionado el monarca—. ¡Glorioso! Los demás guardas dicen que has encontrado una recluta muy prometedora. ¿Es esa?—. Preguntó señalando a la maga.
"Sigue siendo igual de impertinente y descortés", sonrió Elsa.
—Permitid que os la presente, majestad—. Expresó el guarda con respeto.
—No hace falta ser tan formal, Duncan. A fin de cuentas, mañana verteremos nuestra sangre juntos—. Le guiñó un ojo para después dirigir su atención a la rubia—. ¡Eh, hola, amiga! ¿Puedo saber tu nombre? Por alguna extraña razón te me haces conocida pero no puedo recordar de donde…
—Soy Elsa, majestad—. Respondió nerviosa—. Elsa Arendelle,no creo que nos hayamos antes conocido, su majestad. Tal vez solo le recuerdo a alguien—. Se mordió el labio. Tan solo esperaba que Cailan no la reconociera como Elsa Cousland.
—¡Es un placer conocerte! Los guardas grises están desesperados por engrosar sus filas y yo me alegro de poder ayudarlos—. Comentó excitado, y Elsa ahogó un suspiro de alivio—. Tengo entendido que vienes del Circulo de los Hechiceros. Confío en que tengas algunos hechizos para ayudarnos en la inminente batalla.
—Hare lo que pueda, su majestad—. Respondió humildemente.
—¡Excelente! Tenemos muy pocos magos aquí. Una más siempre es bienvenida—. Sonrió mirando al horizonte—. Permite que sea el primero en darte la bienvenida a Ostagar. Los guardas se beneficiarán de tu presencia.
—Sois demasiado amable, majestad—. Manifestó la hechicera. Francamente, ella esperaba que Cailan se hubiese vuelto un hombre más maduro y autoritario, pero parecía el mismo niño con el que bailó hace tantos años.
—Siento tener que irme ya, pero he de volverme a la tienda—. Se lamentó el rubio—. Loghain me espera impaciente para aburrirme con sus estrategias—. Explicó mofándose al mencionar al Teyrn de Gwaren.
—Vuestro tío Eamon os envía saludos— Habló Duncan— y os recuerda que las fuerzas de Risco Rojo podrían estar aquí en menos de una semana.
—¡Ja!—. Se burló el rey—. Lo que Eamon quiere es llevarse parte de la gloria. Ya hemos ganado tres batallas contra esos monstruos y esta no va a ser diferente—. Se jactó con arrogancia.
—No sabía que las cosas fueran tan bien—. Murmuró la rubia asombrada.
—Ni siquiera puedo asegurar que sea una verdadera Ruina—. Dijo el rey un poco desanimado—. Hay muchos engendros tenebrosos en el campo de batalla, pero no hemos visto rastro del Archidemonio.
—¿Decepcionado, majestad?—. Duncan levantó las cejas.
—¡Yo esperaba una guerra como la de los cuentos!—. Declaró el monarca, mientras caminaba de un lado a otro—. ¡Un rey cabalgando contra un dios oscuro seguido de su ejército, junto a los famosos guardas grises! Pero supongo que tendrá que bastar con esto…—. Suspiró—. He de irme antes de que Loghain envíe un grupo de rescate a buscarme. ¡Adiós, guardas grises!—. Se despidió y tanto Elsa como Duncan hicieron una reverencia y el rey se fue por donde vino junto a la guardia real.
—Lo que el rey dijo es cierto—. Explicó el guarda comandante—. Han ganado varias batallas a los engendros aquí—. Su rostro no reflejaba la misma confianza de Cailan.
—A pesar de lo cual, no pareces demasiado tranquilo—. Expuso Elsa al notar el tono del hombre, quien le hizo una señal para que caminasen hacia la misma dirección por donde el rey se fue.
—Al margen de las victorias, la horda de los engendros tenebrosos crece cada día que pasa. A estas alturas ya deben de superarnos en número—. Reveló con inquietud—. Estoy convencido de que hay un Archidemonio detrás de esto, pero no puedo pedirle al rey que actué basándose únicamente en mis pensamientos.
—¿Por qué no?—. Preguntó la chica con curiosidad. Parece que tiene mucha consideración a los guardas grises.
—Pero no tanto como para aguardar los refuerzos de Orlais—. Respiró hastiado—. Cree que nuestra leyenda basta para hacerlo invulnerable. Ni siquiera las fuerzas de Risco Rojo están presentes—. Su mirada se oscureció—. En Ferelden somos muy pocos guardas. No nos queda otro remedio que hacer lo que podamos y confiar en el Teyrn Loghain y el Teyrn Agdar para marcar la diferencia.
Elsa sintió algo extraño al escuchar el nombre de su padre, después de tanto tiempo. La sensación era confusa pues tenía una mezcla de nostalgia, felicidad, furia y tristeza. Prefirió suprimir las emociones fluyentes. Aun no era tiempo de enfrentar su pasado. Rogó al Hacedor no tener que encontrarse con lord Cousland.
—Lo que me recuerda que debemos proceder con el ritual de Iniciación sin más demora—. Mencionó Duncan mirándola de reojo.
—¿A qué te refieres? ¿Qué ritual?—. Se extrañó Elsa.
—Para convertirse en guardas grises, todos los reclutas deben someterse a un ritual secreto que llamamos la Iniciación. Es breve, pero requiere de ciertos preparativos. No tardaremos en empezar.
—¿Qué necesitas que haga?
—Ve a pasear por el campamento. Lo único que te pido es que no lo abandones de momento—. Llegaron hasta un largo puente de mármol, un poco deteriorado pero hermoso sin duda, al caminar por este la rubia sintió un extraño escalofrío recorrerle el cuerpo—. Si me necesitas estaré en la tienda de los guardas grises—. Duncan siguió su propio camino una vez que cruzaron el puente, dirigiéndose hacia la izquierda.
Elsa suspiró y regresó su mirada al puente, mientras lo observaba sus ojos fueron encaminándose hacia la izquierda hasta visualizar nuevamente la enorme torre, erigida con orgullo sobre todo el lugar, como un rey ante sus súbditos, incluso más alta que las montañas que rodeaban el lugar.
Al recorrer el puente con la mirada vio distintas estatuas en cada extremo, algunas representando a guerreros del antiguo Tevinter. Miró a la derecha y vio las montañas en el horizonte, al asomarse visualizó algunas trincheras y barreras en la parte inferior de la montaña donde se encontraba la fortaleza.
Dio media vuelta y entró en el campamento.
Finalmente habían llegado, después de un largo viaje, sus tropas ahora se encontraban en el campamento principal a las afueras de la fortaleza, en un pequeño prado sobre la colina. Agdar Agradeció al Hacedor que el viaje hubiese sido rápido y sin incidentes, pues el rey necesitaba toda la ayuda posible.
Su sobrino, Fergus, había salido junto a un grupo de exploradores para vigilar el área en caso de un ataque chasind o, peor aún, de engendros tenebrosos.
Él se encontraba dentro de la fortaleza, un poco más lejos de las perreras. Los ladridos de los mabaris le recordaron a Olaf y a su hija. No pudo evitar soltar un suspiro, desde la noche había tenido un mal presentimiento dentro de su pecho. Hacía mucho que no había tenido una sensación semejante.
Era como si le oprimieran el pecho, igual que cuando su hermano fue asesinado…
Flashback
El rey usurpador orlesiano, Meghren, había ocupado el trono fereldeano hacía ya varios años, arrebatándoselo a Brandel Theirin. La rebelión emprendida por la hija del rey difunto, Moira Theirin "la reina rebelde" iba en decadencia, luego de su muerte por parte de traidores fereldeanos que conspiraron con Orlais.
Agdar sabía que necesitaban ganar esta batalla. Su padre, William Cousland, había muerto hace un año a manos de los orlesianos.
Se encontraba luchando a la par de su hermano, Bryce Cousland, en el ejército del norte, en la Batalla del Rio Blanco junto al Arl Leonas Bryland del sur y su amigo el arl Rendon Howe de Amaranthine. Mientras que el ejército del príncipe se encontraba más al sureste, cerca del Bosque de Brecilia, intentando recuperar la ciudad de Gwaren de las manos orlesianas.
Los orlesianos los superaban en número, todo parecía perdido, las fuerzas rebeldes del príncipe Maric serían derrotadas y el imperio de Orlais se adueñaría completamente de Ferelden. El imperio había enviado a un grupo de caballeros, conocidos como gentilhombres, para acabar con la rebelión fereldeana. Pero también envió a la elite militar orlesiana conocidos como Chevalier.
Morir era lo más probable. Moriría joven, ni siquiera había cumplido la mayoría de edad. Su hermano, tres años mayor que él se encontraba combatiendo unos metros más adelante: portaba la espada familiar, la cual perteneció a su padre, combatiendo con valor y furia contra los invasores. Bloqueaba, estocaba y mataba con gran habilidad.
Mientras tanto, él estaba combatiendo con un gentilhombre, al ver su oportunidad, Agdar deslizo su espada por el abdomen del orlesiano, terminando con su vida.
Al alzar la mirada, vio a su hermano rodeado por tres chevaliers por lo que se dispuso a ir en su ayuda. Pero no fue necesario pues Bryce acabo con dos de manera rápida, con un movimiento de la espada familiar, enterró el arma dentro de la visura del yelmo de uno y en la axila del otro. El tercero casi logra derribarlo, pero el futuro Teyrn ladeó a la derecha e hizo un corte en la pierna del extranjero.
Su amigo Rendon fue derribado unos metros a su izquierda, por lo que el segundo hijo de William Cousland fue en su ayuda, salvándolo de un chevalier que estaba a punto de matarlo. El orlesiano combatía de manera perfecta, sin dejar huecos en su postura ni al momento de realizar sus ataques, los cuales eran rápidos y eficaces. Agdar no podía mantener el ritmo del chevalier así que recibió varios cortes en distintas partes del cuerpo, uno de ellos fue en la pantorrilla provocando que se tambaleara y cállese de rodillas.
El orlesiano casi termina con su vida, pero una lanza lo atravesó, al voltear, se dio cuenta de que fue su hermano quien le salvo. Rendon le ayudo a levantarse y en ese momento escucharon los gritos del Arl Leonas:
—¡Retirada! ¡Retirada! ¡No podemos contenerlos! ¡A Risco Rojo!, ¡A Risco Rojo!—. El Arl sopló su cuerno, dando la señal para que huyeran al suroeste por las densas montañas. Dispuestos a huir hacia Risco Rojo, la fortaleza más poderosa y fuerte del país.
Bryce Cousland también comenzó a soplar su propio cuerno para que las tropas se retirasen pero un grueso dolor comenzó a acentuarse desde sus pies, al mirar vio que estaban completamente congelados. Con su espada intento romper el hielo pero esta solo conseguía hacerle pequeños rasguños.
Agdar observo con horror la figura de un mago el cual lanzo un rayo hacia su hermano, quien grito de dolor mientras intentaba zafarse. El hielo comenzó a avanzar y ahora le cubría hasta la cintura. Bryce miro a su hermano menor y le grito:
—¡Agdar, hermano mío! ¡No dudes de ti! ¡Recuerda: ¡Somos Cousland y hacemos lo que debe hacerse! ¡Toma la espada familiar!—. Arrojó su espada a los pies de Agdar—. ¡Ahora el destino de Ferelden está en tus manos! ¡Recuérdalo!
En ese instante el hielo cubrió por completo el cuerpo de Bryce y el mago realizó un movimiento con su bastón, apuntando al futuro Teyrn. Entonces una enorme roca fue disparada desde el bastón del mago y golpeó contra Bryce con tal fuerza que el hombre congelado se rompió en varios fragmentos.
Agdar gritaba, pateaba y maldecía a su amigo para que lo dejase ir, pero Rendon lo mantuvo firme y gracias al Arl Leonas Bryland pudieron sacarlo de allí y llevarlo hasta Risco Rojo.
Al final solo cincuenta rebeldes sobrevivieron a la sangrienta batalla del Río Blanco.
Fin flashback
El Teyrn de Pináculo sacudió su cabeza, intentando olvidar todos esos malos recuerdos del pasado. Desde ese momento un profundo odio hacia la magia y sus portadores se acentuó en lo más profundo de su ser.
Una frase se quedó grabada en su mente: "Somos Cousland, y hacemos lo que debe hacerse" hasta ahora había cumplido con ese lema sin importar las consecuencias y planeaba mantenerlo hasta el fin de sus días.
Se preguntó por qué las fuerzas de su amigo, Rendon Howe, tardaban demasiado. Se imaginó que Anna debió de instruir al ejército de Amaranthine para que marchasen cuanto antes.
En ese momento su vista fue deslumbrada por una joven hechicera de cabellera platinada y hermosos rasgos quien caminaba junto a un guarda gris. Sin saber que decir, pensar o sentir solo susurro. "Elsa…"
La platinada caminó por el campamento, los arboles decoraban el lugar, con algunas estructuras rotas y pequeñas torres viejas, un grupo de pilares sostenían una especie de plataforma supuso que era una especie de castillo el cual fue demolido o acabado por la erosión del tiempo.
Lo primero que vio fue una gran tienda morada siendo custodiada por dos templarios y al fondo logró ver a tres magos meditando con una extraña aura blanca rodeando sus cuerpos, probablemente se encontraban en el Velo. Al seguir caminando observó a un clérigo recitando el cantico de la luz mientras algunos soldados rezaban y oraban alrededor.
Más al norte había una especie de jaulas hechas con madera, al acercarse vio que eran perreras donde habían bastantes mabaris. Al mirar atrás, a su derecha, vio una enorme fogata en el centro de cuatro pilares cada uno decorado con la imagen de Andraste.
Detrás del fuego alcanzó a distinguir dos grandes tiendas de acampar, la más grande era de color dorado con adornos blancos y la otra era verde con bordados naranjas. Supuso que eran las del rey y del Teyrn Loghain respectivamente, por casualidad se preguntó si su padre ya se encontraba allí, optó por ocultar este pensamiento. Al lado de las dos tiendas, había una de color azul probablemente era de los guardas grises o tal vez la del Teyrn Agdar…
Decidió caminar hacia la izquierda; mientras avanzaba escuchó algunos murmullos acerca del Teyrn Loghain y el rey Cailan, los cuales decían que ambos tenían acaloradas discusiones en cuanto a los planes de batalla. Siguió su camino de frente, subiendo unas pequeñas escalinatas llegó a una especie de mausoleo aunque totalmente en ruinas, en el centro vio a un mago y a un soldado discutir, por curiosidad decidió acercarse.
—¿Qué pasa ahora? ¿Es que los guardas grises todavía quieren más del Circulo?—. Gruñó con indignación el mago.
—Solo he venido a traer un mensaje de la reverenda madre, señor mago—. Explicó el de cabello rubio, casi dorado y era bastante corpulento, además de que posiblemente tendría la misma edad que ella—. Solicita vuestra presencia.
El joven rubio vestía una armadura laminada de hierro gris, la cual se veía algo deteriorado por los golpes de espadas y la lluvia. Debajo de esta tenía una camisa de cota de malla. Tenía un par de guantes del mismo material que la armadura y como calzado un par de grebas del mismo hierro. Elsa supuso que debía ser muy fuerte como para cargar todo ese peso y moverse con agilidad.
—¡Y a mí que me importa lo que quiera la reverenda madre! Estoy ocupado ayudando a los gurdas grises… ¡y lo hago por orden del rey! ¡Dile que no permitiré que me avasallen de esta manera!—. Argumentó irritado el mago.
—Sí, entregar un mensaje es un verdadero acto de hostigamiento—. Sonrió irónicamente.
—Ni creas que con tus elocuencias lograras persuadirme—. Gruñó enfadado el mago.
—Y yo que pensaba que estábamos llevándonos de maravilla—. Suspiró falsamente—. Hasta pensaba ponerle vuestro nombre a uno de mis hijos… Al más gruñón.
—¡Basta! ¡Hablare con esa mujer si no queda más remedio! ¡Aparta, idiota!—. Declaró hastiado mientras se alejaba del lugar.
—¿Sabes?—. El rubio miró a Elsa—. Una de las cosas buenas que tiene la Ruina es que une a la gente.
—Eres un hombre muy extraño—. Manifestó la platinada al ver el comportamiento del guerrero.
—No eres la primera que me lo dice—. Respondió divertido—. Espera, no nos han presentado, ¿verdad? ¿No serás otra maga?
—Sí, soy una maga—. Asintió la chica mirándolo con cautela.
—¿En serio? No pareces una maga. Es… O sea… Que interesante—. Tartamudeó al no encontrar las palabras adecuadas, de repente su rostro se ilumino—. Espera, sí sé quién eres. Eres la nueva recluta de Duncan, del Círculo de los hechiceros. Tendría que haberte reconocido. Discúlpame.
—Está bien, no pasa nada—. Afirmó Elsa
—Me alegro, no fue mi intención ofenderte. Solo que ya ves, con lo que pasó hace catorce años, los magos aquí en Ferelden no son muy bien recibidos—. Se encogió de hombros.
—¿Hace catorce años?—. Preguntó inconscientemente.
—¿Cómo? ¿No lo sabes?—. El rubio la miró incrédulo, la platinada no respondió y solo negó con la cabeza—. Supongo que no sales mucho del Círculo. Bueno, no está permitido hablar sobre ello, de hecho, el rey Maric hizo una ley para que nunca fuese mencionado el hecho. Pero supongo que aquí no hay nadie que compruebe dicha ley—. Se rio entre dientes.
Su rostro se pudo serio. —Veras, hace quince años se celebró el octavo cumpleaños de la primogénita del Teyrn de Pináculo: Agdar Cousland. Pero a mitad de la velada, un grupo de maleficars se infiltró en el castillo y asesinó a su hija mayor, y a la menor la lastimaron gravemente.
Esta noticia le cayó como un balde de agua fría, no pudo evitar sentir como se clavaba otra espina en su lastimado corazón. Sin embargo, mantuvo su postura rígida, guardando sus emociones tal y como le enseñaron en la torre. Su mirada no mostró expresión alguna.
—¡Pero no debo alterarte con tristes relatos!—. Exclamó el recuperando su sonrisa—. No has visto mi mejor cara, la verdad—. Se rio extendiendo su mano—. Permíteme que me presente: soy Kristoff Alistair, el más joven de los guardas grises—. Se presentó y Elsa correspondió el saludo—. Como miembro más joven de la orden, te acompañaré durante la preparación para la Iniciación.
—Es un placer conocerte. Me llamo Elsa Arendelle—. Dijo la platinada con cortesía.
—Cierto, ese era el nombre—. Recordó poniendo una mano en su cabeza, de pronto sus ojos se abrieron como platos—. ¡Tienes el mismo nombre que la hija difunta del Teyrn Agdar!
Elsa se movió incomoda ante la declaración.
—En la granja donde me crie, me explicaron que fui nombrada en honor a ella—. Mintió con nerviosismo.
—¿Te criaste en una granja? ¡Yo también!—. Profirió sonriente—. Bueno, más o menos. En los establos de Risco Rojo—. Explicó nostálgico—. Solía escabullirme en las cocinas para robar un poco de queso… Mhmm—. Se relamió los labios—. Eso me recuerda… estaba a punto de almorzar, ¿gustas acompañarme?
El estómago de Elsa gruñó y ella se sonrojó. Kristoff se rio y le indicó el camino.
Mientras recorrían las ruinas de Ostagar, comenzaron una pequeña charla para conocerse. El joven le caía bastante bien, era muy simpático y, aunque a veces decía chistes muy malos, le divertían. De hecho. Poco a poco empezó a olvidar su melancolía, mas no desapareció.
Kristoff Alisatir, o simplemente Kristoff como pidió que le llamase, le contó que antes de ser reclutado por los guardas grises, era un aprendiz de la Capilla y se entrenaba como templario hace unos seis meses. Le platicó que fue criado en los establos de Risco Rojo y posteriormente acogido por la Capilla y ellos fueron quienes decidieron su destino y que, cuando Duncan lo vio, se dio cuenta que era infeliz y supuso que su entrenamiento como cazador de magos podría resultar útil contra los engendros tenebrosos.
También le contó que Duncan fue la primera persona a la que realmente le importó sus deseos y que, aparentemente, se metió en un buen lio para que la suma sacerdotisa le permitiera ayudarle y por eso le tenía un gran cariño y aprecio como si fuese un padre para él.
Elsa, por su parte le contó sobre su vida en el Circulo, aunque omitiendo todo acerca de Jowan y, por supuesto, su vida pasada como noble.
Cuando llegaron a la tienda de los guardas grises, una larga mesa estaba extendida a lo largo. Mucha de la comida ya había sido consumida y sólo dos personas más estaban allí sentadas.
Se sentaron y procedieron a comer. El extemplario le contó la historia de la Primera Ruina y, aunque Elsa ya la conocía, Kristoff tenía una manera única de narrar que le pareció de lo más entretenida.
—…Y así fue como Dumat fue derrotado en el menos 203 Antiguo. Desde entonces los guardas grises se han dedicado a velar por todas las personas de Thedas, esperando el regreso de los engendros tenebrosos—. Mordió un trozo de pollo, sonriendo con orgullo.
Elsa terminó de masticar su trozo de pan. —Oye, ¿y dónde residen los guarda grises? ¿Tienen una base o algo así?
Kristoff sorbió un cuero lleno de vino. —Así es. En la antigua fortaleza de Weisshapt, excavada en los blancos acantilados de las lejanas Anderfels. Se dice que los guardas grises solían mantener a sus grifos allí—. Dijo anhelante—. Lástima que los últimos se extinguieron hace siglos—. Suspiró desilusionado—. ¿Te imaginas montar en el lomo de un grifo?
—Apenas puedo imaginar la sensación—. Comentó la rubia tomando un sorbo de agua—. Pero creo que sería más fascinante montar un dragón.
—¿Un dragón? ¡Y yo creía que soñaba demasiado!—. Exclamó Alistair sonriente—. Incluso si no estuvieran extintos, probablemente te prendería fuego antes de dejarte montarlo.
—Lo sé—. Respiró Elsa—. Mi hermana solía decirme lo mismo.
—¿Tienes una hermana?—. Preguntó intrigado. Elsa se dio cuenta de su error y atinó a mentir.
—Este umh, sí—. Respondió torpemente—. Pero no recuerdo mucho sobre ella. Me llevaron al Circulo cuando era muy pequeña. Creo que su nombre era…—. Dudó mordiéndose el labio—. Er… ¡Joanna! Sí, así se llamaba.
—Mm, ya veo—. La miró lastimosamente—. Sé lo que se siente ser separado de una familia. No tener un lugar en el mundo…
Ambos se quedaron en un silencio incomodo, que se extendió por varios segundos antes de que Elsa decidiera cambiar de tema.
—Esto está exquisito, ¿tu lo cocinaste?—. Comentó tomando un pedazo de pollo.
—¿Ah? Sí. Quiero decir, ¡por supuesto!—. Su boca se curvó en una sonrisa presumida—. Cuando vivía en Risco Rojo a veces me castigaban y me dejaban sin cenar.
—Me pregunto porqué habrá sido—. Murmuró mirándolo divertida.
—¡Ah! Sabía que tenías sentido del humor—. Se carcajeó—. Bueno, ¿en que estaba? ¡Ah sí! El caso es que solía escabullirme por la ventana y robar diversos ingredientes. Cuando llegaba a mi habitación, tenía que encender un fuego, aunque una vez casi se quema mi cama…
Elsa sonrió internamente. Quizá podría encontrar una nueva familia con los guardas grises. Miró a su derecha y vio al hombre y la mujer riendo por el hilarante relato de Kristoff. Ambos tenían el grifo azul de los guardas grises en sus escudos. "Al final puede que tenga otra oportunidad para empezar de nuevo".
—…Y así fue como aprendí a cocinar—. Terminó de contar el joven guarda—. ¡No encontrarás mejor cocinero entre los guardas grises!
—Deja de fanfarronear, Kriss—. Una mujer castaña intervino—. Todos sabemos que tu comida solo sabe bien porque le pones esas extraña hierbas.
—¡Sí!—. Apoyó el otro—. Me acuerdo cuando se te acabaron. ¡Ese fue el peor guisado que he probado!
Alistair protestó ante los comentarios de sus compañeros y la maga se rio entre dientes.
—Por cierto, Elsa, siento algo de curiosidad: ¿alguna vez te has encontrado con engendros tenebrosos?—. Kristoff cuestionó cuando los otros guardas grises se marcharon.
—No—. Negó con la cabeza, tomando una manzana—. Ni siquiera sé cómo son. Solo lo que imagino de los viejos cuentos.
—La primera vez que luché con uno, no estaba preparado. Fue espantoso. Esos ojos muertos, la sangre negra saliendo de su boca…—. Se estremeció—. Puedo decir que no estoy impaciente por repetir la experiencia—. Relató—. De cualquier forma, creo que debemos ir con Duncan para tu prueba y la de los otros reclutas—. Ambos recogieron las cosas y procedieron a caminar a la tienda de los guardas grises.
Mientras caminaban vieron a un grupo de soldados reunidos y en el centro había un cadáver de una criatura extraña además de que el olor que desprendía era asqueroso.
La criatura era tenía el tamaño de un enano, sus orejas eran puntiagudas y escamosas, su piel grisácea parecía estar magullada con quemaduras. Sus dientes eran afilados y sobresalían de su mandíbula. Vestía una extraña armadura de cuero crudo negra con picos. Elsa no pudo seguir observando puesto que los soldados la cubrieron con una manta.
En el camino escucho a varios soldados comentar y hablar: "¿Viste esa cosa?" "Escuche que el grupo de exploradores fue masacrado" "Solo regresaron dos" "!Nos mataran a todos!"… eran cosas que alcanzó a oír.
Por fin llegaron con Duncan quien los esperaba junto a otros dos hombres en la fogata que había visto antes.
Nota de autor
Espero que les haya gustado el capítulo, espero tener el siguiente lo más pronto posible.
Ahora bien, para situarlos geográficamente y no se pierdan xd, tengan en cuenta que en este punto de la historia Elsa se encuentra en Ostagar, al sur del reino. Mientras que Anna está en el noreste, cerca de Colina Occidental. Les recomiendo que busquen el mapa de Ferelden en google para tener una mejor idea de dónde pasan los hechos y que rumbo toman los personajes.
Como pueden ver, ya he introducido a Kristoff como Alistair. Quien haya jugado Dragon Age (Origins, II o Inquisition) sabrá que Alistair es un personaje muy importante en la historia (¿qué tan importante se puede ser siendo un guarda gris?), por lo que decidí juntarlos en el mismo (sobre todo porque sus personalidades son un poco parecidas y ambos son rubios xd).
Como siempre agradezco su continuo apoyo y no duden en comentar o dejar alguna crítica. ¡Nos leemos hasta la próxima! :)
