Witch

Namjoon descansaba frente al caldero, con un movimiento de su muñeca y con índice apuntando al interior daba vueltas a la mezcla turbulenta que descansaba al fondo del caldero; acomodó los lentes por encima del puente de su nariz y suspiró concentrado. Desvió la mirada por momentos para corroborar las instrucciones de hechizo que estaba realizando y asintió para si con una diminuta sonrisa.

Horas más tarde, descansaba frente al horno en la cocina. Dispuestos estaban todos los utensilios que necesitaba, pero una de las cosas más importante era poder encender el aparato y cada que estaba cerca de lograrlo, la mecha se apagaba; la frustración comenzaba a corroerle. Jimin se acercó despacio, le había estado observando desde hace rato en su sitio cerca al umbral de la puerta y luego de presenciar el enésimo suspiro molesto, decidió acercarse.

—¿Qué sucede, Joon? —la voz del menor resonó en sus oídos y Namjoon se sobresaltó, Jimin le rodeó con un brazo para mantenerle en su sitio y se disculpó en silencio con un gesto. Escondió el rostro en el cuello del mayor, rozándole con la punta de la nariz y el castaño se sonrojó sin poder evitarlo y le sintió sonreír desde donde estaba.

—Estoy haciendo un hechizo.

—¿Por qué no usas…? —Jimin alzó las manos a los costados de Namjoon, imitando los movimientos del mayor que equivalían al uso de su magia.

—No funciona. Debo hacerlo con mis propias manos para que tenga efecto. —Namjoon se quitó los lentes y los dejó sobre la mesa. Llevaba más de veinte minutos luchando con el artefacto de cocina y seguía temiendo por su vida. Conociéndose, o se quemaba las pestañas o terminaba encendiendo el departamento en llamas.