Hola. ¡Gracias por sus reviews!

Yuna-Tidus-Love: ¿fácil? A mí a veces me costaba un montón pasarlo.

chreisthewolf07: pero Roo no estaba tan deprimido. Al parecer todavía ellos no se dieron cuenta de que son villanos...

Siletek: ¿eh? ¿cómo los trata a los animales? Le puse que trataba de ayudarlos. ¿en serio que está muy odioso? Sino lo cambio un poco. Nina... me había olvidado; tal vez aparezca.

Guest: aquí está la continuación. ^_^

Crystalchan2D: y sí; son complicados y más aún cuando no tenés todas las cajas. También me parece lo del lado sensible, aunque ellos no lo muestren tanto...

Iba a publicar antes pero se me complicaron las cosas... Disculpen por tardar pero ya pasó lo peor. Trataré de volver a la normalidad.

¡Gracias por leer!


Capítulo diez: Juego mortal

En la estación espacial del N Team, las cosas no iban tan bien como los doctores lo habían planeado. En el caso del líder de este selecto grupo, el doctor Cortex, estaba con un humor de mil demonios al ver que su enemigo, Crash Bandicoot y sus colegas, superaban sin problemas los obstáculos interpuestos. Aún así, él mantenía el optimismo confiando de que Tiny Tiger lograra lo que los mutantes no pudieron hacer, lo cual es: acabar con ese bandicut.

Cuando él fue a cerciorarse de que el tigre, junto con el experto en robótica, N. Gin, estuvieran trabajando en el próximo plan de la batalla, se sorprendió y a la vez se enfadó al ver que al anaranjado le costaba mucho aprender y concentrarse en el trabajo. Sin embargo, Neo decidió no intervenir, dejándole el trabajo pesado a su colega-asistente. Con toda la paciencia que tenía, el Cyborg le fue explicando de a poco y con lentitud el plan que ideó.

—Mira, Tiny… —comenzó a decir, para captar la atención del tigre, pero este se distraía fácilmente—. Ya tengo un plan en mente para esto: lo que harás con Crash será una especie de juego…

—Tiny jugar damas —cambió de tema y sacó las fichas y el tablero.

—¿Quieres dejar eso por un rato que quiero que entiendas lo que vamos a hacer? ¿Sí? —pidió amablemente pero el fortachón se resistió a dejar el juego y comenzó a prepararlo sobre la mesa del comedor.

—Tiny jugar primero.

Como parecía que el tigre no estaba dispuesto a escuchar, N. Gin no quería pelear con él así que tuvo que acompañarlo con la partida de damas que, aunque no era lo acostumbrado, el anaranjado aceptó jugar con otro. Afortunadamente (para el Cyborg) el juego terminó rápido. Ahora sí, y utilizando las fichas a modo de ejemplo, él comenzó con la explicación del plan.

—Lo primero que harás cuando veas a Crash será…

—¡Aplastarlo! —interrumpió el oriundo de Tasmania, golpeando la mesa con un puño cerrado.

—No, Tiny… Será explicarle el juego. Tú tendrás un minuto para atraparlo y, después de eso, las plataformas se caerán —dijo mientras quitó unas fichas—. Pero volverán a su lugar rápidamente.

—Tiny no entender —dijo mientras mostraba una cara de confusión.

—Está bien… Creo que será mejor una demostración para que lo entiendas mejor —decidió y se levantó de su silla—. Ven. Vamos al lugar.

Fue así que ellos dos salieron de allí para ir a esa habitación especial, aunque primero debían ir hacia el ascensor en forma de tubo con puertas transparentes. Por suerte, el tubo era bastante ancho aunque no tanto para la contextura del falso felino, con lo que ambos viajaron algo apretados. Una vez que ambos llegaron, al tigre no le pareció tan extraño el lugar pero, al abrirse una compuerta, él se asustó por el gran vacío que tenía en frente que inmediatamente dio unos pasos hacia atrás.

Efectivamente, ese sitio tenía una gran profundidad y, a los costados podía verse más tubos ascensores. Aún seguía el anaranjado sin aclarar sus dudas y a esto se sumó el hecho de que un asistente de laboratorio se presentó trayendo consigo la notebook del almirante, como si lo hubieran llamado pero, ¿cuándo fue? Otros dos androides aparecieron con unos discos de gran diámetro en sus manos que luego fueron dejados en el suelo y, una vez que lo hicieron, los robots se retiraron del lugar.

—Gracias —dijo N. Gin a sus asistentes pero estos no expresaron nada—. Tengo que trabajar con ese chip de emoción. Parecería que le estuviera hablando a la pared.

Por su parte, el mutante le importó poco y nada ese comentario ya que aún desconocía qué tenían que ver esos discos que trajeron los androides. Después de que el Cyborg ingresara unos datos por medio del teclado de su computadora portátil, el ser de más de dos metros se sorprendió de nuevo al ver que esos discos comenzaron a flotar y colocarse en ese precipicio, formando una especie de camino. Eran un total de nueve objetos, de color dorado con el centro verde, y, cuando a Tiny se le "conectaron los cables", pudo asociar las fichas de las damas con esas plataformas.

—Tiny jugar con fichas grandes.

—Sí, así es… En un momento dado, las "fichas" se pondrán de color rojo y se caerán —anunció el científico y tres de las plataformas comenzaron a descender—. Pero volverán a subir, estando en el mismo nivel en el que estaban. Si justo tú estabas en la ficha que se cae, perderás una oportunidad. Tienes tres oportunidades para capturar a Crash.

—Tiny querer practicar.

—De acuerdo —lo permitió y al cabo de unos segundos apareció un asistente de laboratorio—. Este asistente tomará el lugar de Crash durante tu práctica.

—¡Tiny aplastar! —exclamó mientras se acercaba al hombre mecánico.

—Espera, Tiny. Ahora no puedes hacerlo porque está programado de que Crash aparezca en la plataforma central, eso creo.

El tigre rugió por el enfado que tenía pero pudo ser capaz de esperar a que el androide se pusiera en posición. Una vez que estaba en el lugar, era el turno del mutante confiar en las plataformas para evitar caerse. Con algo de temor, él pudo subirse a una de ellas y aprendió que era mejor no colocarse en los bordes ya que estas se inclinaban. Tiny quiso tomar confianza saltando en el mismo suelo para comprobar la fuerza que tenía este. Cuando practicó su equilibrio y su vértigo se desvaneció en gran parte, el anaranjado fue tras el autómata.

Después de varios intentos por capturarlo, en una ocasión casi lo consigue, con lo cual, el experto en robótica decidió que ya era tiempo de que las plataformas desciendan. Esto le fue avisado al evolucionado quien en la primera oportunidad, la perdió cayéndose pero aterrizó sobre el disco que lo llevó a ir de nuevo por su enemigo temporal. Varias veces él se cayó hasta que pudo prestar más atención y se volvió experto en ese juego.

El asistente de laboratorio solamente resistió a tres capturas, las cuales resultaban ser aterrizajes que aplastaban con gran fuerza al pobre robot, suficientes para ganar el juego. Cuando el androide quedó hecho añicos, N. Gin decidió que ya era suficiente práctica por hoy, así que el tigre salió de ese lugar para volver al lado de este. Después de darle un último vistazo a la ventana que mostraba el espacio exterior, el mutante, junto con el almirante, regresó a la sala principal para ver por dónde iba el bandicut.

—Y… ¿Ya prepararon algo especial para ese torpe marsupial? —preguntó Neo cuando vio que regresaban ellos dos.

—Sí, doctor Cortex… —respondió N. Gin, ya que el mutante se quedó hipnotizado al ver las pantallas—. Ya está todo listo. Y… ¿Cómo va Crash?

—Allí está —dijo con rudeza mientras señalaba a uno de los monitores—. Está descansando después de su paso por las ruinas.

Efectivamente, allí se lo veía: acomodado en el suelo de la cámara de tiempo, roncando a más no poder, y también le seguía el cachorro de oso polar, aunque no hacía tanto escándalo. Cortex miraba esa escena con furia, Tiny también sentía lo mismo pero con impaciencia al querer enfrentarse ya mismo con el de los ojos verdes, y N. Gin no sabía qué cara poner con todo esto.

Por el otro lado de las cámaras, Crash Bandicoot seguía durmiendo, así como Polar, mientras que la máscara Aku Aku vigilaba la zona. Ellos llegaron a ese lugar muy cansados, algo mojados por las fuertes lluvias, y con cierto temor al estar en ese lugar tan peligroso, que ponía a prueba su miedo a caerse desde la gran altura a la que estaban. Los tres se veían cansados y sabían bien que aún les faltaba mucho camino por recorrer. Después de un tiempo largo, el ser de madera y plumas decidió que ya era hora de que los chicos se levantaran.

—Crash. Polar. Ya es hora de levantarse —avisó amablemente pero los chicos tan sólo se acomodaron y se volvieron a dormir—. Vamos, levántense, que ya descansaron mucho.

"Cinco minutos más, por favor", pensó el bandicut y luego retomó la siesta.

—¡Levántense ya! —gritó la máscara tan fuerte que sobresaltó a los dos animales.

Mientras que el marsupial se tallaba los ojos y que el osito diera un gran bostezo, el hechicero hizo aparecer el desayuno que, como siempre, se trataba de frutas wumpas. Los chicos comieron sin ánimos pero el dulzor de las frutas hizo que mejoraran su humor. Luego de la comida y de un ligero descanso, los tres se sintieron un poco mejor, con lo que decidieron ir hacia la próxima zona de búsqueda.

Después de dejarse llevar por el vórtice de la puerta, ellos descubrieron que aparecieron en un lugar totalmente desconocido para ellos ya que ese extraño sitio no había rastro de naturaleza alguna. Tal como sucedió en la zona de ruinas, a los pocos pasos que dio el marsupial, observó que había enfrente un profundo precipicio. Por suerte, él se detuvo justo a tiempo para evitar caer.

—Ten más cuidado, Crash —le avisó la máscara, sonando como si fuera un regaño.

"Está bien", pensó el marsupial una vez que se recuperó del susto. "¿Qué es este lugar?"

—Nunca había visto tal cosa antes… ¿Será obra de esos científicos?

El anaranjado y el blanquecino asintieron con la cabeza al mismo tiempo, puesto que ambos lo sabían porque pudieron observar máquinas y demás cosas de metal con la insignia de la letra N en ellos. Mirando a su alrededor, los tres individuos comenzaron a ver ese lugar con detenimiento: estaba iluminado por reflectores, había tubos anchos transparentes donde viajaban algunos asistentes de laboratorio, y curiosamente, había nueve plataformas flotantes.

"Será mejor salir de este lugar", pensó el osito mientras miraba el precipicio.

—Tienes razón, Polar. Crash… Busquemos una salida.

El bandicut sonrió de oreja a oreja en señal de estar de acuerdo y, cuando los tres se voltearon hacia otro lado, ellos vieron que no había tal salida sino un gran portón de metal, el cual no tenía algo para poder abrirlo. El de los ojos verdes intentó abrirlo con diversos métodos pero ninguno funcionó. Cuando el osezno quiso intentarlo, preparándose para tomar carrera y dar topetazos, Aku Aku lo detuvo.

"¿Por qué?", preguntó con pensamientos el osito, extrañado.

—Esa puerta no se abrirá… —contestó con seriedad—. Se ve que es muy gruesa y no quiero que te rompas la cabeza.

El osito tuvo que seguir ese consejo pero el bandicut no quería dejar de intentar. Luego de quedar algo adolorido al abrir la puerta con sus manos, al patearlo y al golpearlo con uno de sus hombros, el mutante se cansó y se acomodó en el suelo.

"Y ahora, ¿qué vamos a hacer, Aku Aku?", pensó el de los ojos verdes con preocupación.

—… No lo sé… Pero siento que alguien se acerca.

Cada vez más fuerte se sentía unos pasos que parecía provenir de algo grande que se sentía del otro lado de la puerta. A esto le siguió unos golpes tan violentos que abollaron el metal de la entrada. Instintivamente, los tres comenzaron a retroceder hasta que notaron que no había más camino, solamente un gran vacío y las plataformas flotantes. Cuando las puertas se abrieron, el bandicut, el hechicero y el osezno vieron al culpable de esos golpes: un enorme mutante musculoso con unos afilados y grandes dientes.

—¡Con que por fin aparecer, Crash! —dijo ese mutante de manera amenazante—. Justo para que Tiny poder aplastarte.

En ese momento, aquella amenaza no le interesaba mucho al bandicut, sino que mantenía pensando ya que sentía haber visto a ese evolucionado fortachón en algún lado. A quien sí reaccionó a lo dicho fue Polar quien se preparó para correr y golpear a su enemigo. Aku Aku y Crash no pudieron detenerlo pero el ataque del osito no sirvió de nada ya que Tiny lo atrapó con sus manos con garras afiladas.

—¡Suéltalo! ¡Déjalo en paz! —exclamó con enfado el ser de madera.

—Tiny sólo jugar con Crash y no con su mascota —dijo mientras acariciaba la frente del blanquecino, con lo que el prisionero trataba de morderlo para liberarse—. Así que Tiny deshacer de la mascota.

Con gran fuerza, el tigre sujetó al osito con una mano y lo arrojó al vacío. El de los ojos verdes y el de las plumas intentaron atraparlo pero no pudieron. El último podía flotar y descender para atraparlo pero decidió lamentablemente quedarse al lado del anaranjado. Las lágrimas empezaron a aparecer en los ojos del bandicut y, con una gran furia, fue a atacar al falso felino, pero él se deshizo del chico dándole un golpe que lo arrojó hacia una de las últimas plataformas. Afortunadamente, Crash logró quedarse en esta.

—Crash… —lo llamó la máscara, obteniendo una mirada de furia y dolor de este—. Sólo quería decirte que Polar está bien. Pude escucharlo.

Un gran temor que tenía el chico desapareció, pero aún estaba el rencor que le tenía a ese mutante por haber tratado de esa manera a su mejor amigo.

—En lugar de pelear, Crash jugar con Tiny. Tiny aplastar a Crash si no conseguir salvarse cuando las fichas caer en tres ocasiones. Crash ganar si conseguir no caer ni ser aplastado.

Con una sonrisa en su rostro, el tigre fue acercándose de a una "ficha" con la intención de aplastar al bandicut. Este último reaccionó y se fue alejando de su enemigo. A él le costaba trasladarse de plataforma a plataforma pero lograba hacerlo bien, sin embargo, a Tiny esto no le presentaba ninguna dificultad. Mientras escapaba, Crash recordó que este tigre era un buen saltador, con lo que él debía darse prisa.

Llegó el momento de algunas plataformas se tornaron de color rojo pero, afortunadamente, el chico logró salvarse. No fue el caso de Tiny, quien cayó pero intentó impedirlo inútilmente aleteando como si fuera un pájaro. Con rapidez, las plataformas regresaron así como el tigre, quien rugió enfadado, reanudando así el juego. En la segunda persecución, se notó más furia en el saltador, con lo que el bandicut se atemorizó por esto y por poco casi no se cayó al abismo en varias ocasiones. Otra vez apareció la señal de que las plataformas descenderían y nuevamente Tiny perdió otra oportunidad.

En el tercer round, las plataformas caían sin ningún sentido con lo que fue aún más peligroso, pero la buena suerte estaba del lado del bandicut con lo que logró ganar el juego. Cuando estos objetos circulares regresaron, lo hicieron sin el enemigo pero sí se escuchó un gran rugido proveniente de abajo. Aún con la respiración agitada, Crash se alejó de estas cosas circulares e inestables y se dirigió hacia la puerta, o de lo que quedaba de ella. No lo pensó ni dos veces y, a pesar de su cansancio, él fue a buscar a toda prisa a su amigo Polar.