.:Encadenado:.
And I don't want the world to see me…
El olor a producto de limpieza comenzaba a darle comezón y ganas de estornudar, era increíble como el olor a desinfectante y a limpiador de pisos no se apartaba de su línea de olfato. No estaba en su casa, eso era seguro. Antes de abrir los ojos agudizó su oído y pudo confirmar su sospecha, gracias al ruido de varios monitores, de llantas chillando en el brillante piso, pasos yendo y viniendo, dedujo que estaba en un hospital o centro médico, le era difícil saber la diferencia. Abrió los ojos y como presintió estaba en bata de hospital, las cosas no lucían nada bien, seguramente su familia ya estaba al tanto de su situación y tendría que dar una decena de explicaciones.
Intentó cambiar de posición pero el dolor que recorrió todo su tórax, le alertó que no era buena idea. Se detuvo y con más cuidado que antes se levantó poco a poco para poder quedar sentada. Quería llamar a una enfermera y le explicara cómo había llegado ahí, pero el hacerlo significaría que su familia entraría. Pensó seriamente en salir de ahí e ir a buscar a Dark para que le contara lo sucedido. Necesitaba saber qué había sucedido con Satoshi. Necesitaba encontrar respuestas. Miró a su alrededor y vio que no existía ningún aparato o suero conectado a ella.
Estaba por levantarse cuando escuchó pasos en el corredor, por lo que se recostó y volvió a adoptar la posición que tenía minutos antes. Cerró los ojos a la espera de quién fuera a entrar. Un hombre hablaba con una jovencita, la inconfundible voz de Riku llegó hasta sus oídos.
–Le repito señorita Harada, su hermana está bien, sólo un poco maltrecha por el golpe que sufrió.
–Entonces por qué no despierta.
–En parte, por el cansancio de lo que sea que sufrió y por el analgésico que le suministramos.
– ¿Quién la trajo?- dejó de mirar al doctor para mirar a su hermana.
–No puedo darle esa información- el doctor le repitió la respuesta a la pregunta que Riku le había formulado antes-. Tome, las pertenencias de su hermana. Confirmamos que no existe fractura, es sólo la contusión así que en cuanto despierte se puede vestir, aunque le recomiendo que le traiga ropa más cómoda.
Riku no ocultó su cara de fastidio. Cuando recibió la llamada del hospital notificándole que su hermana había sido llevada de urgencia, el alma se le vino a los pies. No preguntó más que la dirección y salió inmediatamente de la mansión. Agradecía que sus padres tuvieran que volver a salir para terminar de resolver el tema legal de la propiedad del Corazón de la doncella. Cuando entró a la sala de urgencias su hermana estaba siendo despojada de sus prendas para colocarle una bata de hospital. El doctor le dijo que no tenía de que preocuparse que sólo estaba inconsciente por un golpe sufrido y que le harían radiografías para descartar alguna otra lesión. Una vez que los camilleros se la llevaron a tomar las radiografías le preguntó al médico sobre lo qué había sucedido. Él le dijo que no podía darle ese tipo de información. Que debía esperar al reporte una vez que su hermana saliera de los estudios que estaban por practicarle.
Riku no estaba al cien por ciento segura de qué le había sucedido a su hermana, pero podía darse una idea y esa tenía que ver con Dark. Aquel hombre seguía causándole dolor a su pequeña hermana. Y ahora sólo le quedaba esperar a que Risa despertara y le contara todo lo qué pasó. En su interior seguía debatiéndose si debía llamar a sus padres, no quería preocuparlos sin razón y obligarlos a tomar un vuelo de emergencia desde Francia. Decidió llamarlos una vez que su gemela despertara, así sus padres podrían escucharla y reducir la preocupación que cargarían.
–Las dejo descansar- se despidió el doctor-, cualquier situación no dude en llamar a las enfermeras.
Y tomando su tabla con documentos dejo a las hermanas Harada solas. Riku miraba fijamente a Risa, y ésta lo sentía, podía sentir la pesada mirada de su hermana sobre ella, pero resistió el impulso de abrir los ojos. Pasaron cerca de cinco minutos y la castaña de pelo corto no se movía, fue gracias a que sintió vibrar su bolsillo que Salió de sus pensamientos. Sacó su teléfono y miró la pantalla, contestó y retirándose de la habitación. Risa agudizó lo mejor que pudo su oído, debía cerciorarse que no había nadie más ahí, así que cuando notó que los ruidos se escuchaban a la lejanía, abrió con lentitud el ojo derecho, dio un rápido vistazo a la habitación, al estar segura que no habría nadie más abrió el otro ojo y se incorporó, el dolor volvió. Se había olvidado por completo de aquel molesto malestar que aquejaba su torso. Por instinto colocó su mano alrededor de su cintura y se obligó a levantarse. Caminó con cuidado no sólo por la poca movilidad que tenía, sino también para evitar ser vista o escuchada por su hermana. Se asomó por la puerta y verificó que el pasillo estuviera libre. No veía a nadie exceptuando a lo que parecía ser una enfermera en un módulo que se encontraba en la esquina del pasillo, a un par de pasos a la izquierda del módulo se encontraban las escaleras.
Se colocó su ropa interior cuidando que la bata del hospital no se moviera de su lugar. Una vez que se colocó los interiores, levantó poco la bata para poder colocarse los pantalones, y aún sin quitarse la bata, se colocó su blusa y el suéter, estaba bastante incomoda pero tenía que apresurarse. Rebuscó en la habitación un trozo de lazo o algo que le ayudara a amarrar su larga melena, tenía un plan para poder salir, rezó para que funcionara, miró hacia la venta y encontró la solución. Arrancó de las cortinas un trozo de tela delgada que usaban para amarrarlas en las mañanas. Se colocó el lazo al final de su cabellera y la metió en el suéter dejando ver su cabello hasta los hombros. Esperaba que la enfermera no la observara a detalle. Respiró hondo y salió con paso firme, quería correr pero eso sólo atraería las miradas, así que se controló. Su corazón se aceleraba cada que el módulo parecía más cercano, y sintió que la enfermera escucharía sus latidos cuando pasó justo frente a ella. Agachó levemente la cabeza al pasar, miró sus zapatos en busca de algo que no encontraría.
La enfermera ni se inmutó. Risa suspiró aliviada bajó con velocidad las escaleras. Llegó hasta la planta baja después de pasar sólo un piso más. Fijo sus ojos en lo que parecía ser la puerta principal, ese era su objetivo, caminó hasta la salida, creía a ver ganado aquella batalla.
–Señorita- Risa se tensó y detuvo su andar-. Señorita- la volvieron a llamar.
Se giró lentamente. Y miró al hombre que la había detenido, un policía.
–Dígame- tragó saliva.
–Sólo para recordarle que si su visita terminó debe pasar a firmar en el registro- suspiró aliviada.
–No, aún no termina, es sólo que debo hacer una llamada- se tocó el bolsillo trasero haciendo alusión a que ahí podría estar su teléfono.
–Oh lo siento, pensé...
–No se preocupe, enseguida vuelvo.
Y sin pensarlo más salió del hospital. Su plan cumplió su propósito. Miró para todas direcciones, antes de salir a las principales vialidades, tenía que cruzar el estacionamiento y con ello la prueba más difícil, su hermana que estaba hablando por teléfono. Agradeció que estaba de espaldas, era ahora o nuca, salió corriendo y no miró atrás. Empujó a un par de personas al momento de cruzar por la reja del hospital, se quejaron pero ella hizo oídos sordos. Paró al primer taxi que vio, pero este iba ocupado, no parecía haber más opciones de transporte, el tiempo apremiaba y ella no podía quedarse ahí a expensas de ser descubierta. Antes de moverse de ahí esperó para ver si el vehículo que venía acercándose la podría llevar. Afortunadamente el taxi estaba desocupado, así que se subió.
– ¿A dónde la llevo?
–Al periódico.
::::::::::::::::::::::::::::::::::
Estaba acostado en forma de ovillo. Hacía frío, podía sentirlo, pero no le importaba mucho. Ya que lo único que quería era dejar de sentir desde la sensación térmica hasta el dolor físico y emocional que lo atormentaba. Plantó sus manos sobre el piso frío, quería sentarse para poder volverse a acostar. Sus muñecas pesaban al menos medio kilo más, la cadena se había enredado en sus brazos. Usó un poco más de fuerza para poder sentarse, una vez que lo logró se recargó en la pared que estaba detrás suyo y a la cual estaban fijas las cadenas, estiró sus pies y corroboró que los grilletes seguían en su lugar. Volvió a recoger las piernas pero estas no soportaron mucho y se abrieron cayendo a los lados. El movimiento hizo que una botella se cayera. Alcohol. Recordaba que alguien le había traído material para curación, pero él se negó a atenderse.
–Provocar tu agonía y dolor no remediará las cosas- la voz de una mujer se escuchaba. Satoshi se sentía débil, mareado, su visión era borrosa, ahora entendía como las personas que usan gafas miran al no tenerlas. Sus gafas, pensó y las buscó sólo para encontrarlas un par de metros delante totalmente destrozadas.
–Déjame ayudarte- le pidió la mujer. El peliazul se guió por la voz para ubicarla. La tenue luz de los resquicios de la puerta, le permitían ver su silueta.
–No- se negó con la voz seca.
–Necesitamos limpiar esa herida.
–No- volvió a negarse.
–Entonces no me dejas más opción que liberarte para que lo hagas tú mismo.
– ¡NO!
Esta última negación fue la más renuente, hasta tal punto que el comandante se encogió más, protegiendo sus manos de ser liberadas. Sin importarle lo que dijera el chico, la mujer se acercó poco a poco. Satoshi se recorrió hacia atrás, pero pronto se topó con la pared que impedía que él huyera.
–No, por favor, en cuanto quede libre él saldrá y acabará con todo. Su vida incluida.
La mujer lo ignoró y continuó su paso. Satoshi quería levantarse y salir corriendo pero sus fuerzas estaban mermadas. Así que no le quedó más que acceder a la petición de la mujer.
–Está bien, puedes atenderme, pero por favor no me quites las cadenas.
La mujer tomó el frasco de alcohol y los otros productos y siguió hasta arrodillarse a su lado. Se colocó a un costado del chico y con cuidado le levantó la camisa hasta el pecho. Humedeció una gasa y comenzó a limpiar alrededor del corte, eliminando la sangre seca y parte del lodo que tenía. Una vez limpio, tomó otra gasa y repitió la operación pero ahora se dedicó a limpiar la herida. Le ardía, más no se quejó; dejó que la mujer terminara. Una vez que corroboró que en la herida ya no había rastro de lodo le dejó una última gasa y la sostuvo con cinta para evitar alguna infección. Le bajó la camisa y se levantó. Satoshi al ver como se alejaba se volvió a relajar, ahora su espalda
descansaba sobre la pared, con una pierna doblada y la otra estirada. La mujer se llevó consigo todo el material de curación y antes de abandonar la habitación habló una vez más.
–Castigarte aislándote y atarte con cadenas no solucionará todo el daño que causaste- Hiwatari no respondió-. No quieres saber ¿cómo está?
Satoshi levantó su rostro por primera vez, claro que se moría por saber la condición de Risa. Habían pasado horas desde que la había dejado en manos de Dark. ¿Estaría ella grave? ¿Habría recibido atención a tiempo? Quería pedirle que si ella sabía algo se lo dijera, pero se contuvo, debía asumir las consecuencias de sus acciones. Bajó su celeste mirada. El intento de la mujer había fallado, salió de la habitación, cerrando la puerta y con ella todo rastro de luz. Y como hacía años no lo estaba, Satoshi volvía a estar sumido en la oscuridad.
::::::::::::::::::::::::::::::::::
Risa estaba sentada en una de las sillas de la recepción de la oficina del periódico Azumano, movía su pie derecho nerviosa. Las manos pasaban de estar cruzadas sobre su pecho a descansar en su regazo para poder volver a cruzarlas.
– ¿Por qué tarda tanto?- volvió a preguntarse.
Agradecía que él aún estuviera en las oficinas, porque de lo contrario no hubiera sabido cómo ir a interrumpirlo hasta su hogar, eso sin contar que no le quedaba más dinero, de hecho no logró pagarle la tarifa completa al taxista, que le gritó un par de injurias cuando Risa le explicó que no podría pagarle completo.
–Harada menor, aun viéndote me cuesta creer que estés aquí.
–Saehara-kun- Risa se levantó de golpe al verlo recorrer la sala.
– ¿Por qué o para qué me necesitas?
–Dark.
– ¿El ladrón fantasma?- preguntó desconcertado-. Creo que tú te bastas sola cuando se trata de él.
–Necesito toda la información que puedas darme de él- toda la conversación resultaba extraña, pero dado que la chica ni siquiera se detenía a pensar, él también contestó tan rápido como la respuesta venía a su cabeza.
–Todo lo que sé está escrito en mi columna.
–Necesito que me compartas la información que usarás en tu artículo.
Takeshi abrió los ojos claramente sorprendido de que Risa supiera sobre su manuscrito. El joven periodista estaba cocinando lo que él mismo denominaba como la nota de la década. Estaba confiado de que dicho artículo le daría el reconocimiento que tanto anhelaba y quizá algún premio de por medio.
–Niwa boca floja.
–Eso no importa ahora.
– ¿Qué no importa? Es una clara violación al código de amistad.
– ¡Saehara!- Risa sacó un poco de toda su desesperación acumulada-. Por favor es muy importante.
El moreno no repeló más y asintió levemente. Le pidió que lo siguiera y tomaron el ascensor. No intercambiaron palabra alguna. Se bajaron en el tercer piso. Takeshi no se detuvo para nada, llegó hasta el que era su escritorio; una pequeña mesa en el rincón, rodeada de estantes y cajas llenas de papeles. Él colocó una pila de documentos y folders a un lado y abrió su laptop. Jaló una silla hacia él y se sentó.
– ¿Qué deseas saber con exactitud?- le preguntó mientras la maquina comenzaba a iluminar la pantalla-. No vendrías a mí si no tuvieras una pregunta concreta.
– ¿Dark tiene algún gemelo?- Risa se colocó a su lado, se inclinó para poder ver la pantalla, más no tomó asiento.
– ¿Gemelo?- Risa negó, su pregunta había sonado muy estúpida, estaba nerviosa.
–Lo que quiero saber es sobre el ser de alas blancas que se ha visto, ¿tiene alguna relación con Dark?
Saehara asintió comprendiendo hacía donde iba la castaña. Se puso a teclear y después de un Enter esperó a que se abriera la carpeta, y antes de que ésta mostrara todo su contenido le pidió una clave, el reportero escribió un par de palabras y la carpeta se abrió dejando ver su contenido. Había varias fotos del ser de alas blancas, así como notas del periódico.
–Él es todavía un misterio para mí- confesó-. Sé que sus únicas apariciones han sido justo después de que Dark lo hiciera. Por lo tanto puedo suponer que hay una relación que los inmiscuye a los dos. También sé que en todas sus apariciones han terminado con algún altercado, una pela, es como si él fuera una especie de cazador.
– ¿Por qué cazaría a Dark?
–Esa es una de las incógnitas que aún no logro resolver- tomó el mouse y navegó hasta encontrar una imagen, dio doble click y ésta se abrió-. He confirmado que él, Dark blanco, es tan viejo como nuestro ladrón fantasma.
La imagen se abrió en el visor. Era una fotografía vieja tomada de algún periódico. Saehara le dio zoom al artículo escaneado, para que la imagen central de la nota pudiera verse lo mejor posible. Debido a lo viejo del papel, el rostro del Krad no se veía con nitidez pero era claro que era él.
–Es él- dijo quedamente la castaña.
–Pero eso no es lo más importante que he descubierto- el reportero continuó, emocionado de por fin contarle a alguien la premisa de su historia-. He intentado buscar el origen de estos dos seres.
– ¿Origen?
–Todo tiene un comienzo y un final- le dijo como si fuera lo más obvio.
– ¿Y cuál es?
–Aún no lo sé- Risa puso los ojos en blanco. Saehara sintió la mirada de fastidio de su compañera así que agregó-. En una de las líneas de investigación me di cuenta de que este ser de alas blancas no siempre aparece en todos los ataques de Dark.
–Ajá.
– ¿Qué tal si es un patrón? ¿Qué tal si no es algo al azar?
– ¿Eso que tiene que ver con el origen de Dark?
–Que en todas las apariciones de este rubio- Takeshi señaló a la pantalla y se giró hacia Risa-, los objetivos de Dark eran obras de un artista en particular.
– ¿Quién?
–Un tal Hikari.
Fue demasiada información para Risa, quién tuvo que buscar una silla y sentarse a pesar de su negativa. Comenzaba a crear una idea de lo que estaba pasando, del porqué de un momento a otro Satoshi se convirtió en ese ser blanco. Tenía que ver él con esos Hikari, estarían relacionados.
– ¿Te sientes bien, Harada-san?
–Sí- respiró un poco más profundo para poder calmarse-, es sólo que han pasado muchas cosas en tan poco tiempo. Por favor continúa.
Saehara no estaba seguro, quizá había sido demasiado por un día. Estaba por sugerirle que continuaran después, que debía ir a su casa a descansar porque si bien su blanca piel era una característica de belleza en ella, aquella noche estaba demasiado pálida.
–Por favor, Saehara-kun- esos suplicantes ojos cafés, ahora comprendía a Niwa cuando Riku le pedía algo y su amigo no podía negarse.
–Pensé que este artista o sus descendientes podrían tener algún trato con el ángel blanco, ya sabes a manera de evitar que Dark robara sus obras, pero lo descarté cuando en otros golpes perpetuados a otras obras de Hikari, el rubio no apareció, he de confesar que son más las piezas robadas sin apariciones del alas blancas que las que sí apareció.
–Sigue, estoy escuchando.
–Este hecho hizo tambalear mi teoría, hasta que decidí investigar a Hikari.
–Que descubriste de él- Risa se volvió a levantar de la silla cuando Saehara volvió a buscar archivos en su computadora.
–Que no es una persona, sino varias.
– ¿Qué?- preguntó confundida.
–Que no es el nombre de un artista, sino de varios, es una familia, generaciones completas de pintores y escultores.
Ahora la pantalla mostraba un árbol genealógico pintado sobre la piel de algún exótico animal. Takeshi pasaba las imágenes que había logrado recopilar de los Hikari. Todas eran pinturas, no existía ninguna fotografía. Realmente ninguno tenía gran parecido con Satoshi, quizá una nariz similar, color de ojos, o en la forma del mentón, pero nada concreto. El moreno se detuvo intencionalmente en una, el rostro afilado, ese cabello rubio y esos ojos dorados.
–Es mi mayor logro y en donde estoy estancado- confesó-. Esta es una pintura que mi padre confiscó durante la detención de un traficante de drogas, cuando el vendedor fue aprendido, la policía embargó todas sus pertenencias, no sólo el dinero, en su casa él poseía esta pintura, decía que era como un aliciente, como si la dura mirada del cuadro lo presionara, como si le dijera que era un inútil que debía esforzarse más para ser el mejor traficante.
Risa le quitó el mouse y acercó la foto de la pintura, debía cerciorarse que lo que sus ojos miraban no fuera una ilusión.
–Yo di por casualidad con esta pintura, cuando recién investigaba a los Hikari en busca de sus orígenes, así como de sus posibles descendientes. Fui hasta la estación porque mi padre estaba retrasado para la cena, así que decidí esperarlo, fisgoneando por ahí la vi, y me sucedió exactamente lo mismo que a ti, enseguida supe que ese rostro pertenecía al Dark blanco. Busqué alguna firma o nota del artista y la encontré, en la esquina inferior derecha, escrito con tinta azul, Hikari.
Risa, jaló la imagen hasta ver lo que decía Saehara y en efecto, ahí se encontraba la huella del artista.
–Sabía que mi padre nunca me daría información, así que tuve que esperar el momento oportuno para poder echar un vistazo al informe que estaba realizando- le quitó el mouse a Risa y cliqueó para pasar a la siguiente imagen, era una fotografía del reporte.
Había un montón de términos criminalísticos que ella no comprendía del todo. El reporte hablaba desde los antecedentes de la investigación del traficante, se saltó todas las fotografías que hablaban de eso, hasta que llego a un apartado donde se describían los objetos personales incautados.
–La obra fue evaluada por un experto, él conocía el trabajo de la familia, así que no le costó autenticar la pintura, además de que dio información importante a mi causa, él explicó que esa era una obra única, nunca exhibida, dijo que ese era un autorretrato del mismísimo Hikari, era por ello que la pintura nunca estuvo en ningún museo, ni nada por el estilo, aquel era más una pieza familiar, pero que había sido robada hacía cientos de años.
Risa leía lo que Takeshi le contaba, la descripción era tal cual lo contaba el reportero. Sus ojos detuvieron su lectura en el nombre y firma del evaluador: Satoshi Hiwatari.
La cabeza le dolía más que el cuerpo. Todo había pasado tan rápido y a pesar de ello, ella estaba segura de lo que vio horas antes, Satoshi se convirtió en el ángel blanco, él era Hikari, un artista que vivió hacía cientos de años. Muchas cosas cobraban sentido. Todas las veces que el ángel blanco la salvó o que una pluma blanca aparecía junto a ella, era él, Satoshi velando por ella. Sin saberlo su vida había estado entrelazada con la de él por varios años, ahora que lo conocía se sentía una idiota por no haberlo notado antes.
Saehara se preocupó por su compañera que se había quedado muda e inmóvil en su lugar.
–Harada-san- la llamó para traerla de vuelta a la realidad. Ella no escuchaba-. ¿Harada?
–Necesito tu ayuda- miró a Takeshi, por fin había reaccionado-, por favor.
De nuevo esos ojos suplicantes, pero ahora no caería, debía mantenerse firme.
–Sólo si me dices que está sucediendo- dijo su condición.
–No puedo- respondió tajantemente.
–Entonces yo tampoco- no se doblegaría.
–Te lo suplico Saehara- se acercó hasta él.
–Lo siento Harada-san, pero no, hasta que me digas qué pasa.
Risa leyó en la mirada de su compañero que no cambiaría de postura. Pensó seriamente seguir por su cuenta, pero reflexionó, ella sola no podría lograr localizarlo, lo necesitaba. Ahora estaba en un dilema, debía contarle al chico.
–Júrame por lo más te importe que no dirás ni una palabra al respecto, que lo que te diga jamás verá la luz en ninguna de tus publicaciones.
Saehara lo pensó. Qué era tan importante para pedirle que guardara tan celosamente el secreto. Debía ser algo bastante jugoso y la sola idea de pensar en que el mundo no podría conocer lo que estaba por confesarle Risa lo acongojaba. Su hambre de verdad fue más fuerte que cualquier otro deseo, si él no podía contarlo no importaba pero debía saberlo para satisfacer su propia curiosidad.
–Lo juro- levantó su mano derecha y cerró los ojos resignado.
–Satoshi es el ser de alas blancas- Risa dijo sin tapujos.
Tan directa y rápida fue la respuesta que recibió el reportero que su rostro no tuvo tiempo de hacer una mueca de sorpresa. Poco a poco, conforme su cerebro procesaba lo dicho por la Harada, su mente le manda una horda de pensamientos confusos que le exigían buscar más respuestas.
– ¿Satoshi? Como en Satoshi Hiwatari.
–No como, él.
–No es posible- Takeshi no perdía el tiempo en sorprenderse, esa era una de las habilidades que había desarrollado al desenvolverse como periodista, si te dejas sorprender por la noticia esta pasará antes de que puedas encontrar la verdad detrás de ella-. Estás mintiendo.
– ¿Por qué habría de hacerlo? Yo lo vi- desafortunadamente Risa no tenía la serenidad que mostraba el moreno-. Querías saberlo, ahí está lo que tanto buscabas.
– ¿Cómo es posible?
–No lo sé.
– ¿Cómo que no lo sabes?- la miró reprendiéndola por no quererle contar más.
–Te juro que es todo lo que sé.
Saehara se dejó caer todo el peso de sus ideas y miró hacia una de las paredes.
–Ayúdame- volvió a pedirle.
– ¿Cómo?- en la pregunta estaba la respuesta a la petición de la castaña.
–Necesito que envíes un mensaje.
– ¿Qué haces tú aquí?- Satoshi preguntó a la sombra que se acercaba a él-. ¿A qué te enviaron?
–A ver que se le ofrecía- la mujer de pelo lila le contestó.
Satoshi se incorporó y se sentó. Miró con confusión a su alrededor, ¿cuánto tiempo había pasado dormido? ¿horas? ¿Días? Eso ya no importaba. Recargó su peso sobre la pared que estaba detrás de él. Se imaginó que el muro ya tendría dibujada su silueta de tanto tiempo que pasaba en esa posición mirando a la nada.
–Ahora no sólo eres la sirvienta de la Niwa sino también la mía- le dijo con superioridad.
–Siempre le he servido a los Hikari- Towa dijo sin molestia en su voz-. Por lo que es natural que me preocupe por sus necesidades.
Satoshi estaba sonriendo, no podía creer lo que le estaba escuchando.
–Si hubieras mantenido tu lealtad a la familia, no estarías complaciendo los deseos de nadie, serías admirada por miles, adorada por los más finos gustos del arte, cambiaste toda esa gloria ¿por qué? Por un mandil.
–Por un hogar amoroso- eso hirió más de lo que pensó a Satoshi-. Por ellos estoy aquí, he comprendido que todos merecemos ser amados y no ser condenados por nuestro pasado u origen.
–No necesito el sermón de una pieza de mármol.
–Pero necesita las palabras de alguien que lo aprecia.
–Lo que tú sientes por los Hikari, es miedo y desprecio- dijo al recordar cuando la pieza de arte le pidió permiso para quedarse con los Niwa- ¡Basta de tu falsa compasión!
Towa se asustó un poco y retrocedió un par de pasos ante el grito que pegó el peliazul. Volvió a juntar el coraje que la había llevado hasta ahí y se volvió a en caminar rumbo al descendiente de su creador.
–Es imposible romper el lazo que une a un artista con sus obras, eso es como una regla universal, cada artista pone una parte de su corazón en cada pieza que crea, es por ello que estoy aquí, sin importar que esté con los Niwa, siempre estaré unida a ustedes, a usted.
Satoshi iba volver a atacar a la chica pero se contuvo, respiró profundamente. El oxígeno le ayudó a pensar con claridad. Sin saber qué respuesta le daría Towa, nada perdía con intentarlo.
–Supongamos que te creo, que en alguna parte de ti existe algo parecido a un sentimiento positivo hacia mí- Towa iba a contestar, pero Satoshi no le dio oportunidad-. Necesito que me hagas un favor.
– ¿Un favor?
–Más que eso, piensa como la primer y última cosa que harás por mí o por un Hikari.
Los ojos de Towa se emocionaron no estaba segura si era de emoción o miedo por lo que iba a pedirle.
– ¿Qué desea?
–Como bien has mencionado, ustedes están conectadas a mi familia, por lo tanto entre ustedes como piezas de arte también comparten un vínculo- ella asintió-. Necesito que me traigas La mirada del ángel.
Towa se estremeció y negó mientras retrocedía.
–No puedo- susurró, pero debido al eco se escuchó claramente-, no debo.
–Está al alcance de tu mano, sé que los Niwa la tienen en su poder. Por lo que será pan comido entrar, sacarla y traérmela.
–No está permitido y lo sabe bien, si alguno de nosotros llegase a tocarla acabaríamos destruidos.
–Tendrás la aprobación Hikari.
–No puedo.
–Entonces lárgate- le espetó sin gritar, pero no por ello dolió menos.
Towa obedeció e hizo una leve reverencia. Estaba en la puerta a punto de salir cuando le preguntó algo que la carcomía.
– ¿Por qué aquí?- preguntó con molestia.
– ¿Disculpa?- el Hikari se molestó por el tono que usó la obra de arte.
– ¿Por qué morir aquí? - se giró para mirarlo.
–No quiero herir a nadie más- esperó un poco y añadió-, y no quiero que el mundo me vea así- Se señaló completo, de pies a cabeza-, ahora vete y dile a Emiko que no quiero que se vuelva a aparecer por aquí.
Towa no hizo más preguntas y obedeció. Siguió su camino. Satoshi volvió a cerrar los ojos, dormir era lo que evitaba que se volviera loco. Estaba comenzando a dormirse profundamente cuando el sonido de pasos lo volvió a traer al mundo real.
–Te ordené que no volvieras.
–No soy muy buena al seguir órdenes.
Risa sonrió cuando él abrió desmesuradamente sus celestes ojos. Era claro que no esperaba verla ahí.
– ¿Cómo?- estaba por levantarse cuando ella se bajó hasta quedar a su altura-. No eres real.
–Me temo que sí lo soy.
Se inclinó hasta él y le acarició la mejilla con una dulzura indescriptible, nadie lo había tocado así.
–Necesitarás más para deshacerte de mí- sonrió genuinamente. Las lágrimas aguaban sus ojos.
Cuando ya no pudo retener el llanto se abalanzó sobre él y lo abrazó con toda la fuerza y cariño reprimido. Satoshi levantó los brazos para recibirla, pero se quedó a medio camino, las cadenas no le permitían abrazarla como deseaba. Ella no pareció notar la situación en la que estaba el peliazul, porque siguió enredada a él por varios minutos, dejando que sus lágrimas mojaran el hombro del chico. Cuando sus brazos lograron moverse de nuevo se separó lentamente de él, ya lo había sentido, ahora quería verlo, quería ver sus profundos ojos azules. Lo tomó del rostro y colocó el suyo a centímetros, quería asegurarse que no se desvanecería en el aire. Afortunadamente él no apartó la vista de ella, sino todo lo contrario buscaba con desesperación sus ojos castaños.
– ¿Te encuentras bien? ¿Estás herida?- ella negó, sabía que se refería al incidente suscitado la última vez que se vieron- ¿Cómo lo supiste?
–Si te soy honesta, ni siquiera yo lo sé.
– ¿Por qué viniste?- le recriminó
–Necesitaba encontrarte, saber que estabas bien- le dijo como si fuera lo más obvio del mundo.
–No es posible que dieras con este lugar- bajó la mirada preocupado.
–No me creas tan tonta, puedo ser muy tenaz cuando me lo propongo- rió un poco y buscó su mirada.
–No lo entiendes- intentó tomarla con sus manos pero las cadenas se lo volvieron a impedir.
–Oh por Dios, Satoshi, ¿Quién te hizo esto?- pregunto horrorizada cuando por fin notó las manos del chico atadas. Se movió a un costado para tratar de buscar la forma de desatarlo.
– ¿Cómo llegaste aquí Risa?- jaló los brazos para que ella no pudiera tomar las cadenas de sus manos.
–Dark- le contestó sin reparo alguno, mientras seguía buscando la forma de desencadenarlo.
Satoshi finalmente se quedó quieto. Dark, él sabía dónde se encontraba. Después de mucho tiempo sintió miedo.
–Debes irte Risa, ahora- el ojiazul era quién buscaba que la castaña lo mirara.
–No me iré sin ti- no hubo duda en su voz-, si te dejó quién sabe qué harán contigo.
–No lo entiendes, debes de irte, no estás a salvo aquí.
–Estaré bien una vez que te lleve conmigo- jaló la cadena una vez que vio que estaba clavada a la pared, pero no logró ni sacarle polvo.
–No fui encerrado.
–Claro, esto no es precisamente una temporada vacacional.
–Yo me puse estas cadenas, nadie me tiene en contra de mi voluntad.
Cuando escuchó decirle eso, dejó de jalar, los eslabones cayeron haciendo un eco perturbador.
– ¿Qué dices?
–Que tienes que irte- la miró duramente.
–No- fue su respuesta.
–Tú has visto el monstruo que soy. No puedo salir sin dañar a todo el mundo.
–Por más que quieras encerrarte en este lugar, no significa que eres un monstruo.
–El mundo siempre me ha visto así, tú me has visto con ese mismo miedo.
Risa comenzaba a desesperarse, quería decirle que no era así, que lo último que ella tendría era miedo de él, porque junto a Satoshi se sentía la persona más segura del universo, él le transmitía valor y confianza; pero no tenía tiempo para ello, no sólo por la aparente negativa del comandante a salir, sino también por el hecho de que no tenía ni idea como liberarlo. Debía salir y pedir ayuda a Saehara. Se levantó.
–Volveré- le dijo y sin pensarlo mucho lo besó rápidamente.
– ¡No!- le gritó cuando ella corrió hacia la salida-. ¡No regreses!
–Creo que deberías hacerle caso.
La figura de Dark cubría en su totalidad la salida. Risa sintió un miedo inexplicable al mirarlo a sus violetas ojos. No tenía brillo o emoción alguna. Satoshi se puso de pie, jaló sus amarres con todas las débiles fuerzas que le quedaban. Por más que intentara avanzar siempre regresaba. Intentó con más vehemencia al notar lo que los dedos de Dark sostenían, era La mirada del ángel.
–Por fin tendremos esta plática- el ladrón dijo a Risa al tiempo que la tomaba con brusquedad del brazo y la metía por la fuerza.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Yukiru Suguisaki y a los correspondientes.
No sé si alguien realmente siga este fic, pero para aquellos que lo siguen gracias por la enorme paciencia, y para los que apenas lo descubrieron, espero esté siendo de su agrado, traigo un capítulo después de mucho tiempo, algo largo comparado con los otros pero en fin.
Okay lo de Towa pidiéndole como disculpas o permiso a Satoshi para quedarse con los Niwa no sé en donde sucedió si en el anime o en el manga, quizá en ambos, pero la verdad no lo recuerdo, y justo cuando estaba escribiendo o estoy escribiendo, dependerá como quieran leerlo, me encuentro sin internet por lo cual no puedo buscar la referencia, pero ahí está la mención.
Sólo mencionar que según a como estaba planeado este fic en sus inicios, le quedan a lo mucho cuatro capítulos para terminar (se sorprende) ahora estoy en una encrucijada, después de pensar en este hecho (de los 4 capítulos) me hizo pensar en el final, creo que ya lo tengo, sé cómo iba a terminar, pero ahora estoy escuchando una nueva canción que me obsesiona un poco y la letra me hace relacionarla un poco con este fic y me dan ganas de sacar una segunda etapa de esta historia, pero hacer eso implicaría que el final tendría que cambiar un poco, así que aún no lo sé, no sé si esta nueva idea la coloque aquí mismo o haga una segunda parte, ya veré. Mientras espero que hayan disfrutado este capítulo y nos leemos en el siguiente.
Y perdón si tiene fallas de ortografía o de redacción, pero la verdad ya tenía varios días con este capítulo y lo que quería era sacarlo de una vez, así que sólo le di una rápida revisada.
