En tu Corazón

Acto diez

Una familia que no querías

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Kaoru, Misao y otras chicas, ex compañeras de Kaoru, celebraban bailando en la disco a la que habían ido tras la Ceremonia de Titulación.

Kenshin y Aoshi bebían algo en la barra, mirando a las jóvenes moverse con desenfado al son de la música.

-Mírala.- decía Kenshin a su amigo.- Baila como la persona más feliz del mundo. Nadie diría que se emocionó hasta las lágrimas con el diploma que recibió.-

Aoshi sonrió.

-El Trastorno bipolar no tiene sólo desventajas. Si bien sus depresiones pueden ser profundas, así también su alegría. Y si Kaoru está bien medicada, como supongo es el caso, debe estar disfrutando hasta el fondo su felicidad.-

-Así es.- dijo Kenshin en un suspiro. Kaoru irradiaba alegría y vitalidad. Y como una versión más joven, Misao, a su lado, no lo hacía nada de mal. – Al parecer tu protegida también está feliz.- observó el pelirrojo.

-He descubierto que si bien Misao puede ser testaruda y todo un huracán cuando se lo propone, también es una chica centrada y con muchos valores que me sorprenden constantemente. Es absolutamente leal a la familia, a Kaoru, a sus principios… ¿me creerás si te digo que el otro día me regañó porque le iba a obsequiar una botella de whisky a un amigo? Dijo que eso era regalar vicios y que no era posible… en fin, que ni mi madre.-

-Jajaja… estás muchachas… - dijo Kenshin mirando a las primitas bailar y luego al rostro de su amigo. La convivencia con Misao al parecer le hacía bien, porque se le veía menos serio y más animado. –Si me disculpas, iré a bailar con mi novia.-

-Vaya no más.- sonrió Aoshi apurando un sorbo de agua mineral, porque si Misao descubría que estaba tomando otra cosa, le hacía la guerra. Kenshin llegó hasta Kaoru y le tocó la espalda.

-Escapemos.- le dijo al oído cuando ella se dio vuelta.

Tomados de la mano avanzaron entre los jóvenes y no tan jóvenes y se pusieron a bailar en otro sector, lejos de las animadas ex compañeras de la joven. Kenshin miraba alelado a Kaoru bailar para él, moviendo hombros y caderas de un modo que le tenían las hormonas revolucionadas, pensando en el modo de sacarla de allí y llevársela a la primera cama que tuvieran.

Durante un giro que realizó la joven, alguien chocó con ella y fue a dar a los brazos de Kenshin. Éste la abrazó fuerte, haciendo que ella notara su erección.

-Me estás volviendo loco.- le dijo al oído.- Deja de moverte de ese modo, por favor… -

El problema es que Kenshin no notaba que Kaoru bailaba como cualquier persona normal, pero como él estaba enamorado, interpretaba como algo seductor hasta el modo que ella tenía de llevarse un vaso a la boca para beber agua. A la joven, por su parte, le gustaba la idea de sentirse sexi y segura pero estaba muy acalorada y decidió ir al baño.

-Espérame.- le dijo a Kenshin, dejándolo en la barra tomando algo en compañía de Misao y Aoshi que discutían algo.

-Aoshi, por favor, sácame a bailar. Escucha, la música no es tan "rara" como tú dices, sé que podemos hacerlo, llevar el ritmo.- decía la pequeña en actitud de súplica.

Aoshi la miraba sin darle una respuesta. La jovencita se puso de pie y lo tomó de un brazo, con la firme intención de arrastrarlo a la pista de baile, pero de pronto sintió que se enfrentaba con un bloque de piedra. Sin embargo, eso no la hizo desistir y siguió tirando de su brazo durante un buen rato.

-No me gusta bailar.- dijo Aoshi cuando Misao le suplicó por quincuagésima vez que la sacara.

-Escúchame bien, Shinomori, te arrepentirás de despreciarme.- le dijo ella muy seria, sentándose enfadada a la barra. Se cruzó de brazos y piernas y pidió algo de beber, sintiéndose desdichada. Si hubiera venido con Sanosuke, de seguro él la hubiera arrastrado a la pista de baile o bien de disco en disco por todo Kobe buscando el lugar más divertido. O Sohjiro-sempai, de no haber tenido esa gripe tan fuerte (que era la versión que tenía ella), estaría con ellos, acompañándolos por ser el nuevo amigo de Kaoru.

-No debieron invitarte.- murmuró la joven disgustada. Aoshi en cambio, miraba a la gente bailar muy a gusto en su taburete, ignorándola.

-¿Bailarías conmigo?- preguntó un joven muy guapo que se acercó a su Misao.- Vine con unos amigos pero no tengo pareja.-

El chico era muy atractivo y Misao de inmediato miró a Aoshi. Éste cerró los ojos y movió la cabeza, a modo de asentimiento.

-Genial, yo también. Vamos. Me llamo Misao Makimashi. ¿Y tú?-

Los jóvenes salieron a bailar y Aoshi se quedó solo bebiendo, notando cómo su ritmo cardiaco estaba volviendo a la normalidad con Misao lejos. No quería que volviera a tocarlo ni a estar demasiado cerca de él. No le estaba gustando lo que lo hacía sentir porque no se debía.

Porque no podía pasar que a un hombre mayor le gustara tanto la compañía de una chicuela de dieciséis años.

Y aunque le gustara, no quería que se le notara. Por eso, para distraerse, buscó a Kenshin que repentinamente había desaparecido. Quizá había ido a buscar a Kaoru, quien sabe, pero la verdad se veían tan bien los dos que a Aoshi le parecía que eran una pareja que llevaba años queriéndose y no tan sólo un mes y algo. Eso estaba bien, porque Kenshin se merecía tener un amor puro y sincero. Aunque lo de Tomoe pasó antes de que ellos se conocieran, cuando Aoshi lo supo, se propuso observar a las parejas de su mejor amigo para asegurarse de que eran las correctas para él. Y su instinto le decía que Kaoru era la elegida.

Siguió pensando en esas cosas por un rato cuando cayó en cuenta de que la música había cambiado a una balada romántica. Muchas parejas salieron de la pista de baile, como las compuestas por parientes o amigos. Sin embargo, sus ojos se toparon con Misao que se reía y se apegaba al chico que se la había llevado mientras él le encerraba la cintura con las manos.

La paz de Aoshi se terminó cuando la sangre comenzó a hervirle y sin pensarlo mucho se puso de pie.

-Disculpa, ahora me toca a mí.-

Akira dejó a Misao con una reverencia cuando alguien le tocó el hombro, y regresó junto a sus amigos que se preparaban para irse, agradeciéndole el baile. La chica no acabó de murmurar un adiós cuando ya estaba entre los brazos de Aoshi.

-¿Y qué te pasó ahora¿Ya te arrepentiste? –

-Pensé que podía intentarlo.- respondió Aoshi algo cohibido mientras torpemente trataba de bailar al suave ritmo de la música. Se miraba los pies y se sentía muy tonto por su repentino ataque de celos juveniles, pero ya se había metido en eso y no se podía echar pie atrás.

-¿No querías bailar conmigo porque no sabes hacerlo?- preguntó Misao más divertida que enojada con Aoshi.

-Hem… si, algo así.- dijo él, sintiendo arena en la garganta de tan apretada que la tenía. –Nunca me interesó ir a bailar por ahí… -

-Bah, no te preocupes. Me acabo de acordar que antes eras un ratón de biblioteca y no salías nunca. Yo te enseñaré. Recuperarás el tiempo perdido. - le dijo Misao muy animosa.- Lo primero es que me tomes la cintura con esta mano… -

Aoshi pasó saliva cuando su mano tocó la fina cintura de Misao. Sentía que si lo proponía, podía rodearla con las manos, como un cinturón de piel, carne y huesos.

-Ahora yo te pongo la mano en el hombro así y esta que queda libre debes tomármela.- siguió la jovencita instruyendo al que nuevamente era su héroe. Un hombre que admite sus debilidades es más hombre que cualquier otro.

-¿Está bien así?- preguntó Aoshi cuando al rato empezó él a llevar el ritmo en la pareja, después que Misao le enseñó a moverse.

-Sí, está muy bien. Esto es lo más fácil y si lo haces bien, puedes seducir a cualquiera. Aoshi, en verdad no puedo creer que hasta ahora no hayas sabido bailar.-

Aoshi pestañeó varias veces. ¿Seducir? El miró a algunas parejas a su alrededor… no se besaban pero parecían todos en su propio mundo, con ganas de más…

-¿Y… has bailado esto con alguien más?- preguntó el hombre alto a la jovencita.

-Claro. El año pasado, para una fiesta que hubo en la escuela. El chico era fabuloso y… -

Aoshi no quiso escuchar más. La música terminó y buscó con la mirada al pelirrojo. Tomó instintivamente a Misao de una mano y la arrastró tras él.

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-Muy bien. Hemos llegado, señorita Takani. Espero que tu fin de semana sea de descanso.- dijo Sanosuke al estacionarse frente a la casa de Megumi.

La joven se dio cuenta de que, al contrario de lo que pensaba, Sanosuke había cumplido todas sus actividades del día y que incluso había terminado temprano. Además, a pesar del supuesto cansancio que debía sentir por haber trabajado un día completo, la fue a dejar y a buscar a la escuela.

-Todavía no puedo creer que Aoshi te haya deja… -

-Deberías confiar más en el criterio de tu jefe y dejar de cuestionarlo.- dijo Sano con aparente calma. – Las personas deberían observar más en vez de dejarse guiar por las apariencias o lo que se cuenta.-

-Escucha, hasta donde yo sé, tú eres mi chofer y no mi padre para que me estés sermoneando sobre cómo ver el mundo. Así que deja de meterte donde no te llaman.- dijo Megumi molesta.- Además, si el río suena, es porque piedras trae.-

Ante esa frase, Sanosuke la miró fijo unos minutos.

-Tu problema, Megumi, es que eres dinamita pura. Y al parecer, yo soy el fósforo.- comentó él muy relajado.

-¿Qué quieres decir?- preguntó la joven airada.- ¿Qué a mí me pasan cosas contigo? Por favor, eso no es… -

En un rápido movimiento, Sanosuke se movió hacia Megumi y selló su boca con un beso, aplastándola contra el asiento del auto. La joven trató de apartar al intruso dándole un manotazo en el rostro, pero lo cierto es que cuando su mano llegó a tocar la piel masculina, no siguió moviéndose más que para acariciarlo.

El maldito Sanosuke tenía razón. Él podía encenderla de una manera tal que jamás hasta el momento había experimentado en su vida.

El joven se separó apenas de ella. Lo suficiente para mover los labios y hablar.

-Tenía que arriesgarme, nena. Tenía que arriesgarme para saber si puedo ganar.-

Megumi buscaba aire en ese espacio tan chico que era el auto.

-¿Arriesgarte a qué, pedazo de burro?-

-Arriesgarme a saber que te gusto y que podemos hacer algo al respecto.-

-Espera, Sano, vas muy rápido.- reclamó ella tratando de retomar la compostura.- Es cierto que eres… atractivo… hem, muy guapo. Pero francamente, no estoy interesada en tener algo contigo.-

-Megumi, nos gustamos… ¡claro que debemos tener algo! Y saber a dónde nos llevará.-

-Oye, no sé si eres así con todas las chicas que conoces o no, pero yo tengo planes. Voy a terminar mi carrera, voy a seguir siendo la secretaria de Aoshi y no sé si te has dado cuenta, pero en esos planes no estás tú.- respondió ella con enfado. Sanosuke se pasó una mano por el pelo, algo fastidiado.

-Querida.- le dijo sonriendo con aire satisfecho por lo que le iba a decir.- No sé si te lo comentaron, o si lo recuerdas pero… tú eres una secretaria de reemplazo. Tsubaki tuvo por estos días un precioso bebé y es cosa de semanas para que vuelva al trabajo. Y tú… bueno, tuviste suerte al tener este trabajo de alta jerarquía pero no esperes que siempre sea así. Puedes ser removida o quizá trasladada a otra área. Pero en fin, no es ese mi problema, sino el tuyo.-

-¿Acaso me dices eso para reconsiderar tener una relación contigo y seguir en la empresa? Eres un hombre bajo y despre… -

Sanosuke suspiró.

-Apostaría mi cabeza que en tu tiempo libre ves esas telenovelas latinoamericanas que pasan por el cable, porque esa frasecita... ¿Sabes? Si tienes un concepto tan bajo de mí, francamente no me interesa tampoco tener algo contigo. No necesito valerme de mi poder en la empresa para conseguir chicas. Besas como los ángeles pero tienes una lengua demoníaca y yo la verdad quiero una relación que me aporte algo más que un buen revolcón.-

La cachetada que le dio Megumi hizo un fuerte ruido al concretarse. Sanosuke se tocó la mejilla lastimada y saliendo de su auto, lo rodeó para abrirle la puerta a la joven.

-Eres libre, chica kitsune. Vete a estudiar, a repasar tus apuntes y a pensar que has juzgado mal, pero muy mal a este hombre.- dramatizó poniéndose una mano en el pecho.- Puede que yo no sea un santo, pero al menos hice muchos intentos por acercarme a ti, aunque no los hayas notado, porque por alguna extraña razón me gustas de verdad. Buenas noches y hasta nunca.-

Megumi, contrariada, se bajó del auto. Le ardía la mano por el golpe dado y repentinamente se sintió mal, con ganas de disculparse, pero no se detuvo en su camino hasta la entrada de la casa. Su hermana mayor le abrió poco antes de que ella metiera la mano en la cerradura y cuando cerró la puerta, sintió el auto de Sanosuke alejarse calle abajo.

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El baño se veía tan bonito como Kaoru recordaba de su época universitaria, aunque el piso estaba lleno de agua por quienes se mojaban el pelo y el cuerpo en busca de refresco después de tanto bailar. Kaoru entró a un cubículo a hacer sus necesidades y cuando salió, la chica que había entrado al tiempo con ella salió del lugar. La joven aprovechó de examinar su imagen en el espejo de cuerpo entero que había. Se veía muy bien: Camiseta a rayas blancas y rojas que dejaba sus hombros al descubierto, falda corta de mezclilla, cómodas botas de medio taco, para no sobrepasar a Kenshin en estatura. Se había tomado el pelo en una coleta alta; en fin, se veía muy juvenil.

Iba a salir después de acomodarse la ropa, cuando un rayo negro y rojizo entró y cerró la puerta por dentro, apoyándose en ella.

Kaoru abrió los ojos con enorme sorpresa.

-Vete, vete… no puedes estar aquí.- le dijo a Kenshin que sonriendo se acercaba a ella.

-Sólo dame dos minutos y te dejo en paz.-

-No puedes. Kenshin, por favor, es un baño de mujeres…-

-Es una disco. Esto pasa todo el tiempo.- le dijo él, con una mirada maliciosa.- Nadie nos molestará.-

Le puso una mano en el muslo, buscando la piel desnuda bajo la falda, mientras con la otra la sostenía por la espalda, apoyando a la joven en el mueble del lavabo. La beso fieramente y Kaoru, pese a sus nervios y a sus ganas de salir de allí, se encendió rápidamente con el contacto.

Sintió los dientes de Kenshin mordisquear su cuello ligeramente mientras pensaba que alguien podía entrar y sorprenderlos. Los dedos del pelirrojo se movieron ágiles desde el muslo de la chica hasta el espacio entre sus piernas, apartando la tela que allí se encontraba para tocar, acariciar y juguetear un poco.

-Relájate, mi amor.- le susurró al oído, buscando el borde superior de su camiseta para bajarla y dejar un pecho al descubierto.- No sabes las ganas que tenía de hacer esto desde que te lo vi puesto… me estoy convenciendo de que te gustan las cosas rayadas… -

Kaoru pasó saliva mientras Kenshin succionaba fuertemente su seno. Se bajó luego la cremallera del pantalón y liberando su miembro, aventuró la mano nuevamente bajo la falda de su novia. Luego le tomó una pierna para levantarla y sin más preparaciones, la penetró.

A Kaoru en general ese tipo de acciones la disgustaban cuando escuchaba a otras personas comentarlas, pero debía reconocer que estaba muy excitada, muy entretenida y quería que Kenshin "terminara" dentro de ella, pero no en medio minuto más, sino más bien en unos quince. Él la sentó sobre el mueble del baño para tener más comodidad y luego se inclinó sobre ella.

-¿Te gusta?- le preguntó él, entre jadeos.

Kaoru asintió, sintiendo con tanto roce algo especial.

-Siento… siento una cosquilla que me pica… - le comentó ella.

-Oh, mi amor, en ese caso nos tomaremos cuatro minutos y no dos.- dijo él sonriendo. La tomó fuertemente por las caderas y siguió embistiendo, moviéndose de un modo sutilmente diferente. La cosquilla que sentía Kaoru se intensificó y llegó un momento en que la joven, fuera de sí, mordió el hombro de Kenshin para no gritar. En ese punto, cuando él la sintió apretarse tanto en torno de él, supo que había llegado el momento de liberar su excitación y eyaculó, al tiempo que Kaoru experimentaba una insoportable y placentera sensación que por unos segundos le dejó la mente completamente en blanco.

Ella abrió los ojos, encontrándose abrazada por el pelirrojo que le besaba el cuello y le repetía cuánto la amaba. Luego la ayudó a bajarse del mueble y a limpiarse aprovechando el papel higiénico.

-Kenshin… Kenshin… tuve una sensación… nunca antes… -

La joven, emocionada y ruborizada al máximo, no encontraba las palabras para expresarse.

-Eso, mi amor.- explicó Kenshin acomodándole la ropa.- Fue un orgasmo.-

Kaoru se quedó de piedra. ¿Un orgasmo? Pero si ella había estado antes con otro hombre, tuvo que haberlo sentido¿no?. Creía que los orgasmos eran otro tipo de sensación. Nada tan absolutamente intenso como lo que había vivido.

Kenshin le tomó una mano.

-Ahora huiremos.- dijo en voz baja.- Ya que te provoqué un orgasmo, quiero darte muchos más.-

El joven hombre asomó la cabeza por la puerta y tirando de Kaoru, corrió con ella hasta mezclarse con la gente. Ella, como nunca, se sentía encendida, viva, viva, como antes, cuando estaban sus padres y la vida era más sencilla… cuando podía hacer travesuras, cuando tenía a quien contarle sus aventuras. Como cuando tenía amor.

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La abuela de Kaoru le había dejado su casa como herencia. Cuando Kaoru regresó a su ciudad natal había pensado en venderla pero aún no encontraba a nadie interesado y al final optó por conservarla. Gracias a esa decisión, ahora tenía un lugar donde cobijar a Kenshin, Misao y Aoshi al terminar la noche de juerga.

Misao y Aoshi durmieron en cuartos separados. Kenshin y Kaoru subieron a un dormitorio que ahora quedaba solo para ellos, tomados de la mano. Al cerrar la puerta, se comieron a besos y terminaron haciendo el amor durante largos minutos sobre una cama que no alcanzaron a preparar. Finalmente, cansados, entre los dos ordenaron un cómodo lecho y se acostaron para dormir.

-¿Kaoru?- preguntó Kenshin poco después de acomodarse detrás de la joven, abrazándola.

-Dime… - respondió ella medio dormida, moviéndose, regalona, para quedar aún más cerca de él.

El pelirrojo, que en esa posición tenía sólo una mano libre, la movió un poco. Enseguida la estiró hasta alcanzar la mano izquierda de Kaoru y rápidamente deslizó algo dorado en uno de sus dedos.

-Cásate conmigo, Kaoru.

Con tal propuesta, la chica en ese momento despertó del todo.

-No estás hablando en serio.- dijo ella, mirándolo ahora de frente, con los ojos muy abiertos. Sin embargo, la delicada sortija en su dedo era muy real.

-Cásate conmigo, Kaoru.- insistió Kenshin.- Recién a mis treinta y dos años conozco a alguien como tú y no quiero esperar más tiempo en tenerte a mi lado siempre. -

-Pero… apenas nos conocemos. Kenshin, quizá yo no sea la persona indicada… -

-Lo eres, Kaoru. Mi amor, tienes que casarte conmigo. Lo haremos por todas las leyes, por todas las religiones. Te amo, Kaoru… te amo, te amo, te amo y lo único que quiero es estar contigo.-

-Kenshin… todo esto va tan rápido. Tal vez debamos conocernos más…-

-Y lo haremos. No te estoy pidiendo que nos casemos en una semana. Podemos esperar tres.-

-¡Kenshin!-

-Ya, está bien, mi amor, era una broma. – Rió él, viéndose increíblemente joven de repente.- Lo que tenemos que hacer es mantener esta relación un tiempo más. Pero espero que al final de ese tiempo, quieras ser mi ex novia para ser mi esposa.-

Kaoru miró a los violetas ojos de Kenshin por un rato y luego, acurrucándose contra su pecho, susurró:

-Te amo, señor Himura. Me casaré cuando quiera con usted.-

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Después de esa noche, Misao y Aoshi partieron a Kyoto a cumplir con sus compromisos familiares. Y por eso, Kaoru y Kenshin, al verse solos, pasaron el fin de semana más emocionante y romántico que nunca antes habían tenido, paseando por Kobe, visitando diferentes lugares que Kaoru le quería enseñar. Se regodearon en amor y se olvidaron de todo lo demás.

Pero el martes, temprano, Kaoru suplicaba por diez minutos más en la camita mientras Kenshin, sin piedad alguna, le recordaba que habían hecho un trato y ahora ella debía cumplir su parte.

-Quedamos en que hoy iríamos al hospital y estuviste de acuerdo. Incluso te dejé dormir anoche y nos acostamos temprano. Ahora tienes que acompañarme.- dijo Kenshin tirando quedo de la camiseta de la joven.

-Ve tú… si quieres te hago un mapa.- respondió Kaoru con el pelo enmarañado, dándose vuelta para acurrucarse cerca de una gran almohada.- Eres muy inteligente y capaz. No te perderás.- agregó, acabando en un bostezo.

-Kaoru… debes acompañarme. Yo no conozco esta ciudad. Si voy solito me perderé para siempre. Por favor… -

La dormilona ignoró la súplica del pelirrojo, pues para ella era impensable existir antes de las ocho de la mañana y Kenshin, perdiendo los estribos, tomó las frazadas y las tiró hacia atrás, dejando a Kaoru destapada y empezando a sentir frío.

-Aaaaaah!!!!... ¡qué malo eres conmigo!.- dijo Kaoru, abrazándose a una larga almohada como un koala al tronco de un árbol. De más está decir que pronto la almohada también voló.

-Ahora te levantarás e irás conmigo.- dijo Kenshin al borde del colapso al ver que Kaoru, lejos de levantarse, se acostaba de panza.

-Podemos ir más tarde… - rezongó en tono de súplica.

-Más tarde estará lleno de gente y nos atenderán aún más tarde.- comentó Kenshin tomando a Kaoru por la cintura y empezando a tirar de ella.- Ya me aburriste, así que te levantarás ahora.-

Kaoru sintió como unas garras de acero la tiraban fuera de la cama y como si de una gata se tratara, se aferró fuertemente al colchón para no salir. Pero Kenshin fue más fuerte y pudo con ella, colchón y hasta estructura de la cama.

La cama quedó corrida, el colchón en el suelo y Kaoru… Kaoru refunfuñando camino al baño. Kenshin a duras penas podía contener la risa. Por alguna razón que no comprendía, le encantaba hacerla enfadar.

Ya en el Hospital de la Piedad, el reloj de pared marcaba las diez menos cuarto, cuando apareció una administrativa, con algunos papeles en sus manos. Se acercó a Kenshin que nervioso, esperaba de pie junto a la recepción del área de neonatología.

-Por un momento pensé que usted me tomaba el pelo… - le dijo la mujer sonriendo.- … pero en efecto, acá dice: Akako Hiruma. Ingreso: Junio 21, 1975. –

El corazón de Kenshin empezó a golpear con fuerza. Kaoru, que había permanecido sentada, se puso de pie para tomarle una mano.

-Dio a luz el 22 de Junio a un varón que pesó 2 kilogramos ochocientos gramos y midió… -

Kenshin escuchaba las medidas completamente interesado. La administrativa terminó de leer los signos vitales y otras cosas y se quedó en silencio. El pelirrojo la miró.

-¿Y qué más?-

-No hay nada más, señor Himura.-

-Pero… ¿ni siquiera el nombre del bebé?-

La señora negó con la cabeza.

-Acá sólo anotamos los datos médicos de la madre y el bebé. El nombre es algo que los familiares y la madre le ponen después, cuando lo reconocen en el registro civil. Hasta que salen de aquí, se les conoce como "bebé de la señora Hiruma o Sakuragi". Es decir, se asocian al nombre de la madre.-

Kenshin suspiró.

-Es verdad. Yo algo sabía de eso… -

-De todos modos, señor Himura, si desea seguir indagando sobre ese bebé en particular, nuestro hospital cuenta con un servicio de registro civil en el primer piso. Es algo que pocos hospitales tienen. Con los datos que ya le he dado puede indagar un poco más sobre el tema. O bien puede pedir información en el Registro Civil de Kobe.-

Kenshin salió más aliviado con esa información. Kaoru, que conocía el sector de Registro Civil dentro del hospital, lo guió y pronto se encontraron en una oficina espaciosa donde había al menos tres madres esperando ser atendidas para poner nombre a sus hijos. Cuando llegó el turno del pelirrojo, habló con el joven juez que inscribía a los bebés y al cabo de un rato éste accedió a indagar en los bancos de datos.

-Por favor, déme el número de identificación de ese bebé, si es que lo sabe. O su nombre completo.-

Kenshin pensó un poco. Él nunca se preocupó de investigar su pasado pero sabía de antemano que el nombre que llevaba no era el original. Con un poco de suerte, al menos su número de identificación podía ser lo único original que poseía, así que se lo dio al joven, que lo tecleó rápidamente en el computador.

-Ese número corresponde a una persona nacida en esta circunscripción el día 22 de Junio de 1975. Su nombre es Shinta Makimashi Hiruma y fue inscrita el 25 de Junio del mismo año… posteriormente se solicitó un cambio de nombre, dos meses después, a Kenshin Himura, pero eso se realizó en las oficinas del centro. Al cabo de un tiempo, el cambio de nombre fue acogido.-

Kaoru, a quien le latía el corazón a mil después de escuchar el primer nombre de su novio, miró a Kenshin, que evidentemente estaba en shock. Pero él se repuso como pudo y le pidió al joven un impreso de la información, después de mostrarle su tarjeta de identificación.

Salieron del hospital en absoluto silencio. Él, pensando en que el rompecabezas comenzaba a armarse y ella… ella pensaba en que algo estaba mal en todo eso.

-Kaoru.- dijo Kenshin al rato cuando almorzaban algo, con un especial brillo en sus ojos.- Siempre me pregunté cuándo cumplía años y ahora resulta que sé que es el 22 de Junio. La tía no me celebraba cumpleaños y me decía que mi madre sólo le dijo mi edad, pero no la fecha exacta de mi nacimiento. –

La joven notó que aunque no lo decía, Kenshin estaba emocionado por lo descubierto y por eso, se levantó de la mesa y lo abrazó fuertemente.

-Eso significa que eres del signo Cáncer. Que eres muy protector, hogareño y muy leal. La luna te influencia fuertemente porque es tu planeta regente. Tenemos el mismo signo. Seremos insoportables.-

Kenshin sonrió. Ahora tenía un cumpleaños, un signo por el cual consultar en el periódico y sabía dónde había nacido. El Hospital de la Piedad le había parecido muy bonito y la gente muy atenta. Pero había algo que llamaba mucho su atención.

- ¿Lo notaste? En mi primer nombre tengo tu mismo apellido materno. Quizá tengamos algún parentesco. Kaoru¿Te das cuenta? Tenemos hasta genes en común.-

-No seas tonto.- dijo Kaoru volviendo a su mesa un poco nerviosa. – No podemos ser parientes. En esta área de Kobe hay muchos Makimashi.-

-Lo que más me intriga es por qué me cambiaron el nombre.- dijo Kenshin ahora sorbiendo su sopa de fideos y olvidándose de los genes.- Y obviamente, por qué me botó mi mamá. Cada vez tengo más preguntas sobre eso. Debo ver el modo de rastrearla y hablar con ella.-

De pronto Kaoru tuvo una idea luminosa.

-Kenshin… ¿por qué no vamos a la policía? Ellos nos pueden ayudar a buscar a tu mamá. Tenemos su nombre completo gracias al registro del hospital y el registro civil. –

El pelirrojo sonrió. Era la manera más simple de encontrar a alguien.

Al día siguiente, regresaron a la capital, porque Kaoru estaba preocupada por su jardín y por unos asuntos que requerían de su atención.

-Kenshin, quería pedir tu consejo. Tengo pensado hacer algo.-

-¿Si?... ¿Qué quieres?- preguntó comiendo algo ligero que preparó al llegar a casa.

- Es que… unos abuelos a los que les compro semillas… donde compré la planta que te regalé… me comentaron que vendían productos al mayor, como para hacer proyectos grandes. Como yo estudié para diseñar y construir jardines y parques, me parece que quizá... podría intentar hacer algo independiente y trabajar en eso. Hasta ahora me he mantenido con algunos ahorros y la herencia de mis padres pero quiero trabajar.-

-Hum… es cierto. Mi bella novia es una diseñadora de jardines y parques titulada. Creo que si te interesa, Aoshi está buscando a alguien que se haga cargo de los jardines interiores de un edificio que tiene. El edificio está listo hace algunos días pero le falta esa parte. ¿Por qué no le presentas algún trabajo tuyo? Sé que sacaste fotografías de los proyectos que desarrollaste durante tu práctica y tu tesis.-

-Es verdad… debo intentarlo.- dijo Kaoru de pronto muy animada.

Al día siguiente, Kaoru se preparó y para ello, fue a vaciar una de las cajas que aún tenía de la mudanza, sin abrir. Allí encontró sus trabajos universitarios y otros. Y también, el diario de alguien muy importante en su vida. El diario de vida de su abuelita. Pensó leerlo de inmediato aunque reflexionó que lo mejor era preparar lo de la propuesta para Aoshi de inmediato, porque Kenshin también le comentó que había otros interesados en el trabajo.

Al anochecer, ya tenía una carpeta interesante que mostrar. Y se la enseñó a los Shinomori al día siguiente.

Aoshi se acarició la barbilla mientras repasaba las fotografías. Luego sacó un cd de su escritorio y se lo pasó a la joven.

-Acá tienes las fotografías de las instalaciones. Los planos del edificio y todo lo que necesitas saber como antecedente para hacer una propuesta interesante. No te estoy diciendo que el trabajo es tuyo, pero si que quiero ver de qué cosas eres capaz. Sanosuke¿La podrías llevar al edificio? Tendría una mejor idea de lo que es.-

-Claro, hermano. Siempre es bueno pasear con agradable compañía.-

Sanosuke resultó ser alguien ameno para Kaoru y ella para él. Tanto así que por unos momentos se olvidó de que ya no transportaba a Megumi hasta la escuela. Por otra parte, Kaoru tuvo muchas ideas de cómo hacer algo. Emocionada le contaba sus ideas a Kenshin durante la cena.

-Pondré acá este tipo de enredadera. Acá hay espacio para un estanque de agua… y quizá una gran piedra con el nombre de la empresa tallado en medio de todo eso. Hum… -

-Oye, Kaoru… -

-Dime, Ken.-

Kenshin sonrió.

-Me encanta verte tan animada. Y tendrás ese proyecto porque eres la mejor.-

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Aoshi simplemente quedó encantado con la maqueta virtual que hizo Kaoru para él. Tenía tres propuestas diferentes, dado que ella trabajó sin descanso en la semana que tenía de plazo, y la verdad, no sabía por cual decidirse. Sanosuke también miraba la maqueta y Okón, la hermana, estaba boquiabierta. Le dieron el puesto unánimemente y de hecho, ahora ellos le pidieron un plazo para decidirse por una idea. Estaban felices con las tres.

-Desde luego, Kaoru, el mantenimiento permanente de los jardines correrá por tu cuenta. El presupuesto que nos sugeriste es más que apropiado para lo que pensábamos invertir en esto.- dijo Okón, que era la contadora de la empresa.

Pero a pesar de lo bien que le había ido durante el día, Kaoru tuvo problemas para conciliar el sueño. Y cuando por fin pudo hacerlo y empezar a soñar, pronto tuvo una sensación de vacío y desesperación, que la hizo despertar abruptamente. Fue tan intensa la sensación, que cuando Kaoru abrió los ojos, estaba sentada en la cama.

Kenshin, que dormía a su lado, despertó y se asustó al verla despierta e inmóvil.

-¿Pasa algo, mi amor?- le preguntó incorporándose también y acariciándole la espalda.

Kaoru pasaba saliva mientras miles de recuerdos pasaban por su mente, bombardeándola. Estaba temblando.

-Kenshin, esto está mal, mal… muy mal.- dijo entre gimoteos.

-¿Qué dices? Kaoru, mi amor¿Qué pasa? -

-No podemos… no podemos...-

-Pero ¿Qué cosa? No comprendo. ¿Tuviste pesadillas¿Te has estado medicando bien?-

Kenshin posó una mano sobre el pecho de Kaoru, notando lo acelerado de su corazón. Y se asustó mucho.

-Quizá debamos ir al hospital… - murmuró, levantándose rápidamente y poniéndose pantalones. –

-No, no me lleves, Kenshin… la abuela… su diario. Kenshin, ahí debe salir algo. Por Dios… -

La joven se colocó apresurada una yukata y saliendo del cuarto, corrió por el pasillo hasta una puerta, por la que desapareció. Kenshin, sin entender nada, la siguió. Cuando le dio alcance, la joven estaba vaciando un escritorio sin mayor cuidado hasta que un libro hermosamente empastado, de unos veinte centímetros de altura, apareció.

Era muy grueso y Kaoru sin pensarlo comenzó a repasar sus hojas.

-Que no sea cierto, que no sea cierto… - murmuraba nerviosa. Kenshin se acuclilló a su lado para observar. Los dedos de Kaoru movían hoja por hoja hasta que en una se detuvieron más tiempo que en los anteriores. Ella leyó rápidamente hasta que sus ojos se llenaron de lágrimas y dejó caer el diario de su abuela.

-Mi amor…- dijo Kenshin tratando de abrazarla al verla empeorar. Pero ella rehusó su contacto.

-Déjame. No me toques… -

-Pero… -

-Es que tú y yo… Kenshin, esto no puede estar pasando…-

-¡¡Pero de qué hablas¡¡Yo no entiendo nada!! Kaoru, por favor, dime que te pasa… -

-Kenshin… Kenshin… - decía llorando la joven.

-¡¡¡Pero qué!!!- gritó él desesperado, tomándola por los hombros.

Kaoru tomó aire y cerró los ojos, dándose valor para hablar.

-Porque eres mi tío. Un hijo no reconocido de mi abuelo…-

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Kaoru estaba con la espalda apoyada en el respaldo de la cama, con su cabeza echada hacia atrás, de modo que sólo podía ver el cielo del dormitorio que compartía con Kenshin.

Éste, a su vez, se había sentado en un sillón cercano: no quería perturbarla más con su proximidad. Le había costado mucho calmarla.

La muchacha abrazaba el diario de su abuela, lista para empezar su relato.

-Durante mi infancia pasábamos con mis padres los veranos en Kobe. Yo me llevaba muy bien con mis abuelos que me adoraban, con tío Okina que a pesar de lo que pasaba con su hijo enfermo, siempre sonreía y que fue aún más feliz cuando nació Misao, una niña fuerte y sana. Todos éramos muy felices, supongo… la abuela solía llevarnos a las fiestas del templo, a Misao y a mi, vestidas con kimono, y nos hacía unos moñitos. Misao no se acuerda porque tenía como tres años, pero yo si…-

Kaoru sonreía a pesar de estar llorando.

-El abuelo también era gentil. A pesar de su seriedad, era muy, muy gentil, Kenshin. Siempre veía el modo de sacarme de algún apuro porque yo era traviesa y siempre estaba metida en algún lío. Entonces… un día me dijeron que ya no lo vería nunca más. Fue el primer funeral al que asistí y pensé que no quería ir a uno nunca más… pero las cosas no salieron como yo quería.-

-Kenshin, mi abuela se mantuvo fuerte durante esos días. Con mucha calma. Todos decían que ella era muy valiente pero cuando se fueron después de los funerales y me quedé haciéndole compañía, la veía llorar a escondidas, constantemente. Un día, paseando, le conté que había leído que a la gente le hacía bien escribir sobre sus penas y ella, haciéndome caso, se compró este diario de vida. A veces se sentaba tardes enteras a escribir. Por eso está tan grueso.-

-Poco después llegó el momento de leer el testamento de mi abuelo, que se preocupó de redactar uno. Mi abuela ya no quería despegarse de mí y me autorizó a pasar al despacho del abogado con ella, mis padres y tíos. Nos sentamos a escuchar y después de dar a cada hijo una parte, se dieron cuenta que quedaban dineros del abuelo de los que no se hacía mención. Ante la insistencia de mi tío Okina y mamá, el abogado, algo apenado, dijo que en efecto ya había destino para eso. El legado se trataba de un pago mensual de por vida a Akako Hiruma.-

Kenshin ya no podía estar más sorprendido que antes. Apenado, apoyaba el mentón en el puño de su mano derecha.

-Kenshin, quizá yo no hubiera retenido ese nombre de no haber sido por lo que le pasó a mi abuela. Se llevó primero una mano a la boca y se puso blanca como un papel. Le bajó mucho la presión y tuvieron que llamar al médico. Tío Okina decía que no podía creer que esa "mujerzuela" de Akako recibiera herencia… hablaba siempre mal de ella. Por otra parte, mi abuela ya no volvió a ser la misma y por eso mis padres resolvieron irse a Kobe, para estar con ella y cuidarla. Abuelita siguió escribiendo en su diario… yo no sabía qué hacer para alegrarla y siempre estaba tratando de inventar algo nuevo. Ella entonces me tejía unos gorros graciosos, con un pompón en la punta. En la escuela me hacían burla por usarlos pero yo prefería llevarlos puestos si con eso mi abuela sonreía. Después me enseñó a tejer y amar las plantas y flores… -

Kenshin miraba a Kaoru, comenzando a sentir una fuerte opresión en el pecho. Ahora entendía muchas cosas de la joven. Si ella se aferraba a esos gustos inculcados, podía sentirse cerca de sus seres queridos, aunque ya no estuvieran.

-Yo tenía como diecisiete años cuando se fue la abuelita y lloré mucho. No te imaginas cuanto. Ella me dejó algunas cosas, como su diario de vida, la casa… la extrañé mucho y por eso, leía este libro de principio a fin. Y allí me enteré con más detalles de algo que en casa todos sabían pero de lo que nadie hablaba: mi abuelo había tenido a una amante. Era una mujer muy joven que llegó a trabajar a la casa como enfermera temporal; ella era Akako.-

-Aquí está todo, Kenshin.- siguió Kaoru, mostrándole el diario de vida. - Mi abuela cuenta que mi abuelo estuvo con tu madre y que ella quedó embarazada. Que tuvo un varón al que bautizó como Shinta Makimashi, con el fin de amarrar a mi abuelo. Éste estuvo a punto de irse de casa para reunirse con ella pero mi abuela empezó con problemas cardiacos y él no se atrevió a abandonarla para no darle un disgusto. Tu madre lo amenazó con no dejarlo verte si él seguía su matrimonio y mi abuelo tuvo que optar. Y al parecer, tu madre también lo hizo.-

-No puede ser.- dijo Kenshin espantado.- No puede ser… no pudo haberme… haberme regalado sólo para presionar a tu abuelo.-

-Kenshin, mi abuela no habla muy bien de Akako. Los detalles los puedes encontrar en este diario. Desde que mencionaste el nombre de tu madre por primera vez tuve una sensación extraña porque ya lo había leído aquí y lo había escuchado antes. Para mí, es más que claro que nosotros… que nosotros… no debemos… -

Kenshin se levantó del sillón y caminó por el cuarto como si estuviera enjaulado. Luego de meditar un poco, se volvió hacia Kaoru, con los ojos brillantes, porque estaba tratando de contener sus lágrimas de rabia e impotencia.

-Escúchame, Kaoru. No me importa. No me importa si eres mi sobrina. Ni siquiera me importaría si fueras mi hermana. Yo te amo y si tengo que irme al mismísimo infierno por estar contigo, lo voy a hacer. Y si tengo que mandar todo al carajo por estar contigo, lo voy a hacer. ¡¡Si tengo que drenarme toda la sangre para que no sea la misma tuya, también, también lo voy a hacer!!- dijo casi fuera de sí.- Yo te amo, Kaoru… y lo único que tengo claro es que quiero estar contigo toda mi vida.-

-Pero Kenshin… - replicó la joven cuando él se sentó en la cama para abrazarla.

-"Pero Kenshin" nada. Mi amor, sólo tú y yo lo sabemos… tenemos que mantenerlo en secreto. Nadie lo sabrá, nadie nos condenará si eso es lo que te preocupa. Somos tan distintos físicamente… -

-Pero y los hijos, Kenshin… y si queremos formar familia… dicen que a veces… -

-Mi amor, entonces has estado pensando en tener una familia conmigo… Kaoru, tú me amas.- la interrumpió Kenshin emocionado.- No te preocupes por los hijos. No ahora.-

Kenshin trató de besarla pero Kaoru esquivó sus labios.

-No puedo dejar de pensar que eres hermano de mi mamá.- dijo la joven mirando hacia el lado.

-Medio hermano. Eso suponiendo que realmente lo sea.-

-Kenshin, todo coincide.- dijo Kaoru ocultando la cara entre sus manos.- Lee tú mismo el diario. Hay una página que describe a Akako, como una "exótica pelirroja", bajita… tiene que ser la misma… - agregó llorando también de rabia. – Ella calcula que tú debes tener cerca de 25 años cuando hace su anotación, y esa coincide con tu edad. ¡¡¡¿Qué más pruebas quieres?!!!-

Kaoru estaba perdiendo la calma. Y Kenshin también.

-No lo permitiré.- dijo él en tono fuerte.- No permitiré que eso sea cierto. Mañana mismo nos haremos un examen de ADN. De algo nos servirá. E iré a Kyoto a buscar a Akako. La policía la ubicó en esa ciudad y me dieron la dirección esta tarde. Mejor aún… - agregó Kenshin sacando la maleta con la que había llevado su ropa a casa de Kaoru.- Me iré ahora mismo a Kyoto. Pensándolo mejor, será más efectivo si me hago el examen con Okina.-

-Kenshin… es evidente que tú eres mí… -

-¡¡NO!!... NO ES EVIDENTE… - gritó Kenshin haciendo apurado su equipaje.- Tú no eres mi sobrina. No puedes serlo. No puedo permitirlo.- Acabó, suavizando el tono de su voz al notar la mirada de Kaoru.

Quince minutos después Kenshin estaba listo. Amanecería aun en un par de horas. El pelirrojo llamó un taxi.

Kaoru se sentó a su lado en el sofá, esperando a que llegara el vehículo de alquiler. No le dijo nada. Sólo lo miraba porque de pronto su Kenshin se había convertido en algo muy lejano para ella.

Al sentir el auto, Kenshin se puso de pie y avanzó a la puerta. Estaba por abrirla cuando sintió que Kaoru lo asía por el abrigo.

-Espera… - dijo débilmente.- Quizá tengas razón. Si fingimos que nada… -

-Nunca serás feliz a mi lado mientras tengas esa duda.- Dijo Kenshin.- Y si es cierto que somos parientes tan cercanos… ya veremos qué pasa con eso. – El pelirrojo se volvió hacia ella y tomó su cara entre las manos.- Kaoru… te amo. Y aunque yo quería formar una familia contigo, no quería que fuera de este modo. No quiero que seas mi familiar, Kaoru… - acabó abrazándola.

Al despedirse, Kenshin quiso besarla como siempre lo hacía cada mañana al irse al trabajo. Pero al ver la mirada de la joven no pudo hacerlo, conformándose con un suave beso en la frente.

-Cuídate, mi am… hem… por favor, no olvides tomar tus medicamentos. Llamaré a Misao para que venga a hacerte compañía.-

Kenshin se acabó de despedir y se fue. Cuando desapareció tras la puerta, Kaoru cayó de rodillas al suelo. Su amor se había ido.

Su gran amor se había ido porque ya no podía estar más con ella.

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Fin acto diez

Una familia que no querías.

Enero 12, 2008-01-12

Hola!!!

Hum, FELIZ AÑO NUEVO A TODAS Y TODOS. Sé que es un poco tarde pero en fin… hum… hem… acá está el primer y tortuoso capítulo del año. Y de verdad me costó mucho hacerlo, porque lo escribí tres veces ya que no me decidía por el modo en que ellos conocían esa verdad.

Les quiero comentar que este el próximo es el penúltimo capítulo de "En tu Corazón". O sea, sep, termina en el acto doce. Tenemos la media escoba en todo esto: Aoshi enamorándose de Misao, Kenshin y Kaoru familiares y encima, comprometidos para casarse (no sé en qué estaba pensando), Sanosuke reconociendo que le gusta Megumi y luego dejando de lado el transporte de ella (aunque se lo merecía) Por mientras, tenemos a Enishi aun tras las rejas y Tomoe… Tomoe ya aparecerá en el capítulo que sigue. También se verá a Sohjiro. pero al menos disfruté escribiendo algunas escenas como cuando Kaoru no quiere levantarse, o cuando Kenshin se mete al baño con ella. O cuando Misao le enseña a bailar a Aoshi. Parece que ella no se da cuenta de nada¿verdad? Me gusta eso.

Les quiero dar las gracias por su apoyo, por leer y por escribirme.

Kaoru-Niimura

Kira

Kaoru Takarai

kaoru hatake

MargoChanning

kanke-chan

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Athena Kaoru Himura

Mei Fanel

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BattousaiKamiya

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Kaoru Hatake

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kisa-Chan-sohma

lunaleen

Besos por millones, gracias y en fin, que les vaya en todo bien. Son lo máximo.