Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.

Capitulo 10: En tus ojos.

Tras guardar unos segundos en su propia intimidad, el fénix se alejo lentamente del rostro de la castaña, aun expirando con calma.

—Seika, perdóname, no se que me paso—hablo jadeante el santo encontrándose con la expectante mirada marrón de la joven.

—Ikki, ya no somos unos niños, así que no te disculpes por algo que también quería que pasara—replicó la castaña desviando su mirada al suelo. De pronto, una ansiedad se manifestó en el pecho de la chica y es que aquel beso había traído muchas dudas a su cabeza.

—Ikki —rompió el silencio la chica mientras presurosa, tomaba entre sus manos el rostro del caballero— ¿A qué le tienes miedo? no me digas que no, lo puedo ver en tus ojos.

El caballero se sintió descubierto, de la nada estaba exponiendo su alma a través de sus ojos y lo odiaba, odiaba esa facilidad que tenia ella para entender su mirada. Desarmado y a punto de quebrarse, apretó sus puños para responder:

—Es que no se si es lo correcto, no se si la estoy traicionando, porqué una parte te desea como no imaginas y por otro... no quiero lastimarla.

Seika conmovida, bajó sus manos hasta las de Ikki, acariciándolas para calmar la tensión en ellas. Cerró sus ojos y se limitó a decirle:

—Como quisiera ayudarte, como quisiera poder sacarte de esa confusión, pero eso es algo que solo tú debes hacer Ikki, hacer lo que creas correcto. Piensalo.

Al terminar de hablar, la castaña se levanto del sillón y avanzó hacia las escaleras, dejando ausente en sus pensamientos al caballero del fénix.

Hyoga había salido del palacio de Asgard percibiendo el murmullo que hacia el gélido viento al enredarse. Su mirada se perdía entre el horizonte, confundido. Tras unos minutos de soledad y completa paz, pequeños pasos sobre la nieve resonaron dirigiéndose hacia él.

—Hyoga, perdóname, yo no se porque razón lo mencione—le habló Fler aligerando la tensión.

—Fler—suspiro profundamente el siberiano, girando su espalda para enfrentarla— Será mejor que hagamos como que nada sucedió, yo debo volver a Japón y tú debes continuar tu vida aquí en Asgard. Fue absurdo pretender que algo sucedería entre nosotros.

—Pero yo te quiero—pronunció la princesa acercándose con letargo hacia el rubio.

—Pero no es suficiente sentirlo, no debemos confundir el cariño y la amistad con amar—dio la estocada final el rubio con una disimulada sonrisa; decidiendo por los dos—Iré con Hilda y después partiré.

—Hyoga, no quiero que todo termine así. Te propongo algo—hizo una pausa infernal la princesa e inesperadamente estiró su mano hacia él— ¿amigos?

El santo por fin accedió tras relajar su rostro. En aquel momento, los dos seres caminaron hacia el interior del palacio en medio del sonido de sus pasos. Y es que era verdad, Fler solo sentía cariño por el siberiano y el caballero había errado con su actitud involucrada.

Aquella noche clara les había recibido al salir del hospital. Con rapidez, tomaron un taxi y llegaron hasta la gran residencia que compartían con sus compañeros.

— ¡Shiryu, ya bájame!—ordeno Shunrei al meterla cargando a la mansión. Tan pronto y la depositó en un sillón, el santo la miró con reproche con sus manos sobre su cintura.

La chica sonrió ante la cara seria de su compañero y se intento alzar para dirigirse a la cocina por algo de comer.

—Shunrei...—comento con un tono de molestia el santo, haciendo que la chica desistiera en su intento.

—Shiryu, que este embarazada no significa que este enferma, así que deja de sobreprotegerme—musitó contrariada la oriental y le dirigió una mirada indudable—Confía en mí.

La joven por fin se levanto del sillón y comenzó a caminar rumbo a la cocina, moviéndose con rapidez seguida del caballero. Pero Ikki había dejado su rastro mojado por el suelo, así que en un desequilibrio, la chica por poco cae al suelo, siendo atrapada a tiempo por el dragón.

— ¡Con cuidado Shunrei, parece que no te importa nuestro hijo, deja de caminar!—le gritó espantado el santo. El dragón no había pensado al hablar y al cuestionar la poca preocupación de ella por su hijo, Shunrei se sintió ofendida.

— ¿Cómo dices eso?, Shiryu me estas sofocando, ¡ya basta!—contesto la chinita dejando relucir en sus ojos un pequeño brillo que pronto se convertiría en llanto.

Sucesivamente varias presencias, al escuchar los gritos de la china y el dragón, se revelaron hacia ellos. Fue entonces que Shun y June salieron de la cocina, Seiya y Saory de un estudio e Ikki y Seika salieron de sus habitaciones observando hacia la planta baja de la gran casa.

— ¿Esta todo bien?—preguntó Seiya avanzando en su silla hacia los dos orientales seguido de Saory.

Tras una mirada cómplice con el dragón, la de mirada azulada prefirió pretender que no había sucedido nada.

—Si Seiya, lo que pasa es que Shiryu y yo debemos darles una noticia. A todos.

—Pues bien,¿ porqué no pasan al comedor todos, ya que June y yo preparamos la cena?—sugirió animoso el santo de Andrómeda, haciendo que todos los presentes se desplazaran hacia la mesa.

Conforme la invitación de Shun al comedor, los jóvenes tomaron asiento en un aire de misterio y fechoría. A fin de terminar con la curiosidad, Shiryu y Shunrei se levantaron de sus asientos, captando la atención de los presentes.

—Pues bien, queremos decirles que Shunrei y yo pues...vamos a ser papás.

A todos les cayó de sorpresa aquella noticia; June se metió mucha fruta a la boca, Seiya dejó caer su comida de su cuchara, Shun y Saory se quedaron mudos e Ikki se atragantó con el agua al escucharlo siento atendido por Seika mientras, los futuros padres, se sintieron avergonzados ante la escrútelosa mirada de los demás.

Esa pausa después de la noticia, los murmullos por debajo y las expresiones en los rostros empezaban a inquietar a los chinos, por lo que Shun, por fin comentó tímido:

—Pues... felicidades amigo, en buena hora ¿eh? .Tu maestro seguro estaría feliz.

— ¿Feliz?, Shun—dijo sarcástico Ikki— ¿qué sus inocentes hijos se hayan comido el postre antes de la cena haría feliz a Dohko?, vamos debes estar bromeando.

— ¿Y cómo sucedió?—interrumpió Saory aun atónita.

—Pues como suceden este tipo de cosas, Saory—esta vez fue Seiya quien tomó la palabra— Ahí tan seriecito como lo vez, mi amigo Shiryu no lo es tanto, también hace sus maldades ¿verdad amigo? Incluso es más malo que el grillo maldito, él es el dragóncin maldito.

Shun, al ver la cara de contrariado de su amigo dragón, se acerco a Seiya intentando darle de comer a la fuerza:

—Seiya, ¿porqué no mejor comes mas fruta, eh?

Y tras esto, el grupo de jóvenes se soltó en risas observando las actitudes de sus compañeros.

La madrugada sorprendió a ese mismo grupo de jóvenes, que a la mañana siguiente, continuaron con sus rutinas en esa nueva vida que se les ofrecía. Shun, esa alborada había salido a dar un paseo con June con ropa muy ligera, aunque lo había hecho no muy seguro de si, pues las nubes grises pronosticaban que no era un buen día. Así que dos minutos antes de partir, tomó una sudadera y se la puso de improviso.

Recorrieron algunas calles de Japón como dos niños inocentes tomados de las manos, regalándose en cada paso, miradas cómplices y llenas de picardía. Tras avanzar unas cuantas calles más, los estruendosos rugidos del cielo los hicieron detenerse bajo una parada de autobús. Ahí, el par de amantes, observaron el cielo melancólico con preocupación.

—Debimos hacerle caso al meteorológico de la mañana que pronóstico lluvia —departió la rubia con impaciencia.

—Definitivamente hoy no es nuestro día—dijo el santo de las cadenas al sentir las primeras gotas caer sobre su cabeza. —Y tampoco hay un taxi cerca para llevarte a la mansión.

—Solo caminamos unas calles, ¿porqué no corremos hasta la mansión?—cuestionó la amazona tanto el santo encogía los hombros, indeciso.

Al ver a la amazona sobarse sus brazos para calmar su frio, Shun galante, se quitó su sudadera y cubrió a la dama tanto, aprovechando el momento, la agazapó por la espalda esperando calmar sus escalofríos.

— ¿Así esta mejor?—preguntó con travesura el santo mientras la dama asentía—Y tu que me dijiste en el camino que para que había traído la sudadera.

La chica solo le desvió la mirada, vencida.

—Bien, yo te cubro y tu corres ¿esta bien?—preguntó con vergüenza el santo—No te vayas a detener June, cuando cuente tres, corres. A la una, a las dos, y a las... tres.

El de mirada esmeralda alzó su suéter para resguardar a la chica bajo el mientras ambos corrían entre la lluvia, sintiendo como sus pantalones se mojaban en cada charco que se empezaba a formar aunque eso, eso no importaba. La rubia, sagaz, andaba más despacio de su capacidad y es que estar bajo el abrazo de Shun la estremecía. Su calor, su protección, todo, incluso hasta el tiempo hacían más que perfecto el momento.

Por otra parte, Reda, miraba ausente el escurrir de las gotas sobre la ventana. Llevaba días encerrado, sin salir ni comer, solo estudiando los motivos que aun lo mantenían gastando sus pocos ahorros en Japón. Entonces supo que su propia compasión lo estaba matando, que sin duda necesitaba cumplir sus deseos pues él no era una persona que conociera el significado de la palabra perder y no se daría el gusto ante aquel que una vez le robo lo que era suyo. De modo que sabía, había llegado el momento de tomar medidas desesperadas.

En otra parte de Japón, la lluvia que había sorprendido a la mañana, empezaba a zumbar con fuerza por las paredes de un pequeño departamento. Eris, quien aun tenía puesta su ropa de dormir, se acostó de nuevo en su cama al colgar el teléfono una vez más, resoplando resignada. Consecutivamente, la puerta resonó con su singular timbre tomando presa la atención de la rubia, quien incauta, se levanto a abrir.

Al hacerlo, la silueta mojada y tiritante de Nachi traía consigo un par de bolsas.

—Hola Eris, fui al orfanato y me dijeron que no habías ido porque no te sentías bien. Por eso te traje el desayuno hasta tu casa—dijo el santo del lobo entrando a la casa mientras la chica divertida, le pasaba una frazada que estaba oportuna en una silla.

—Lo siento Nachi, hoy no es buen día para mi.

— ¿Qué tienes, necesitas algo, vamos al médico?—cuestionó con premura el chico tomándole con la mano mojada a la rubia.

—Gracias, pero no lo necesito, sólo hoy es uno de esos días difíciles de la mujer, así que prefiero quedarme en casa—respondió la rubia con pena observando el rojizo en las mejillas del de cabellos negros.

— ¡Ah!, entiendo, bien, entonces te serviré el desayuno y te pondré una película ¿te parece?

La mujer asintió mientras se acomodaba en su sillón y el santo del lobo sacaba algunos alimentos de las bolsas.

—Nachi—le llamó la rubia sintiendo como su nombre en la voz de ella era como una dulce melodía—Gracias, en verdad eres muy buen amigo.

El santo percibió un escalofrió que recorrió toda su espalda ante las palabras de la chica y sus movimientos se volvieron torpes ante ello. Al volver a su actividad, vociferó:

— ¡Oh!, se me olvidaron las fresas en la tienda, en un momento vuelvo.

— ¿Pero esta lloviendo?—objetó la rubia con preocupación tanto el santo se aproximaba a la puerta con rapidez.

—No importa, ahora vuelvo.

Solo habían pasado un par de minutos cuando la puerta volvió a sonar otra vez. La chica se extraño de que Nachi hubiera regresado tan rápido, pero dejó de lado el detalle y abrió.

— ¡Hyoga!—exclamo con desconcierto mientras el rubio se aferraba a ella al instante. — ¡¿Dónde estabas? Ni una llamada ni nada, estaba realmente preocupada por ti.

—No fue mi intención, Eris. No sabes como lo siento—contesto Hyoga apretándose más al abrazo de la rubia. Eris lo invito a pasar y mientras él se quitaba su suéter mojado; ella se sentaba en un sillón, haciendo que el rubio le imitara.

—Eris , no sabes cuanto he pensado en ti y por eso necesitamos hablar.—comento el rubio con cierta extrañeza en su voz, haciendo mas penetrante la atención de la mujer—Cuando me fui las cosas quedaron mal entre nosotros e hice algo estúpido.

— ¿De qué hablas, Hyoga?—indagó con recelo la chica del orfanato. Después de una pausa acompañada de los truenos y sosteniendo sus manos frías con las cálidas de ella, el santo habló:

—Sucedió algo en Asgard. Me confundí y estuve a punto de estar con alguien.

— ¿Por qué me dices eso? , no ves que me lastimas. —un par de lágrimas amenazaron traicionar a la chica— Que tonta fui, yo preocupada por ti y tu feliz con alguien en Asgard. ¿Y que debo pensar que yo, qué soy tu premio de consolación?

—No digas eso, sabes que no es cierto Eris, yo te quiero mucho pero tenia que decírtelo porque no quiero que las cosas empiecen mal entre nosotros—replicó el siberiano buscando la mirada reacia de la chica—Escúchame Eris, quiero ser honesto contigo, por eso te lo digo.

— ¿Sabes qué?—habló con pequeños espasmos generados por su llanto y tras quitar sus manos con ímpetu la dama— Vete y déjame sola, necesito pensar, así que mejor vete.

—Esta bien, ya no insistiré, pero no olvides que yo te quiero—termino melancólico el santo del cisne, tomando su suéter y saliendo del departamento sin detenerse.

La chica al escuchar el cerrar de la puerta, se derrumbo en su sillon sin consuelo y es que se sentía traicionada, ofendida pero sobretodo, torturada a plenitud buscando un porqué, ¿porqué Hyoga le había traicionado así?

Nachi, quien regresaba de la tienda, observó una silueta salir de la casa de Eris. Al acercarse a la puerta del departamento, la observó entreabierta, así que con un ligero empujón ésta se abrió, regalándole la imagen de su amiga destruida.

— ¿Eris, estas bien, qué te hicieron?—al decir esto, el de cabellos oscuros se abalanzó al sofá para envolver a la rubia con sus brazos.

La rubia estaba perdida en su dolor y al sentir el consuelo de su amigo, se aferró a el con afecto. Para el de cabellos negros fue el momento perfecto, por fin tenia a Eris en sus brazos, así que motivado por su deseo, fue moviéndose entre el abrazo de la rubia y con desvergüenza se arrimo hacia el rostro de ella pretendiendo alcanzar sus labios.

— ¡Nachi!—gritó la rubia mientras empujaba lejos de si al santo del lobo— ¿Qué te pasa?

—Perdóname Eris, pero no aguanto más, si no te lo digo, muero—contestó el hombre con un brillo particular en sus ojos.

La chica aun alterada, observaba detenidamente la actitud de su compañero.

—Eris yo estoy enamorado de ti, desde hace mucho tiempo y no me gusta que sufras por alguien que no te valora, te juro daría mi vida para que fueras feliz, daría todo por ti.

—No puedo mas...—susurro cansada Eris—Nachi, perdóname si te di a entender algo mas, yo quiero a Hyoga, créeme ahora no tengo cabeza para alguien mas. Quizá sea cruel lo que te diré, pero yo solo puedo verte como amigo.

El santo sintió quebrarse una a una cada parte de su ser, y con resignación se levantó del sillón; esta vez no debía romperse ante su amiga.

—No importa bonita, yo lo único que quiero es que seas feliz aunque no sea conmigo—siseó con un tono de voz peculiar Nachi, dirigiéndose a la puerta—Perdóname.

Jabu, como lo venia haciendo algunos días, pasó a la misma hora por la morena que cuidaba el orfanato. Al verlo en la puerta Makoto, que sospechaba que esos dos tenían algo, corría junto con un compañero haciendo poses de amantes abrazándose y burlándose de Miho.

Tras una persecución divertida, Miho se allegó a la puerta sonriendo con timidez. —Perdónalos Jabu, son niños.

—No te preocupes, lo se.

Pronto los dos caminaron hacia la casa de la joven, platicando en el camino de cómo había sido su día. Al llegar al apartamento, como era costumbre, la dama se metió en su recámara, pero esta vez un juego inquietante envolvió al caballero del unicornio, forjándolo a seguirle los pasos a la morena. La chica se encontraba de espaldas descubriéndose el cuerpo, cuando las manos del caballero la sujetaron de la cintura con ímpetu y su boca apreso su oído.

—Jabu—respondió jadeante la chica al tacto del castaño, dejándose complacer por la caricia— Yo no se a que estamos jugando los dos, pero es muy peligroso.

—Yo solo se que jamás me había sentido tan bien y que podía olvidarme del tiempo al estar con alguien—masculló solazado el santo ante la respuesta de la chica.

— ¿Y Saory?—pronuncio la morena apartándose del calor del castaño unos centímetros, como si un golpe de cordura les desafiara. El chico sintió una punzada sobre su pecho al no saber con que contraatacar, sin embargo poco le duro su perdición, girando violentamente a la morena para afrontarla.

—Saory es una parte de mi corazón pero tu, el es tuyo completo.

Al decir esto, la morena se desencajó totalmente, y emocionada, aprisionó los labios del castaño contra los suyos con fervor. De momento, aquel amor que sentía por Seiya se nublaba en su mente dejándose llevar por el tiempo que le regalaba el unicornio.

Ambos movieron sus pasos rumbo a la cama y al llegar justo al borde, ella se dejo caer al continuo de él, sin dejar perder su aliento sobre la piel. Ambos rozaban sus cuerpos aun cubiertos en un ensayo de lo que seguramente pasaría si permitían que la pasión envolviera su interior, haciendo que de aquella recreación, ya no hubiera vuelta atrás.

Tras un par de besos compartidos, el unicornio hábilmente empezó a exponer la hermosa tez de la joven ante sus ojos y en cada centímetro que descubría, comenzaba a llenarlo de caricias.

Fue entonces que ambos amantes se dejaron perder en aquel misterio lleno de pasión, de fogosidad y sosiego para consumirse uno al otro.

Saory se sentó en el despacho de su abuelo, buscando entre el amplio escritorio un documento, cuando la inesperada presencia del pegaso, ya en muletas, la asustó.

— ¿Qué haces, hermosa?—hablo con picardía el japonés atrayendo la total atención de la chica.

—Busco un par de papeles que le dejare a Tatsumi antes de que me vaya.

Al escuchar esto, él chico movió su cabeza con desconcierto. ¿Irse, acaso había dicho que se iba?

—Seiya, hay algo que no te he dicho. Debo volver a Grecia—tomó un papel entre sus manos la de cabellos lilas y se puso de pie, caminado hacia un gran ventanal.

— ¿Entonces, qué pasara con nosotros?—cuestionó con cierto miedo a la respuesta, Seiya.

—Creo que no hay mas nosotros, yo debo cumplir mi deber como diosa ahora ,reconstruir el Santuario y dejar legado para mi futuro regreso y tu ,tu tienes tu vida aquí en Japón—habló con una extraña frialdad ,Saory.

—No, no te entiendo y sabes que no lo hago, porque mi vida es a tu lado—vocifero desafiante el santo de pegaso, observando como la deidad se giraba para no verle.

—Seiya, no quiero que vayas conmigo a Grecia, quiero ir sola, es lo mejor—termino con su bien disimulada condena la de mirada azulada, rompiendo el encanto de aquel beso en el piano.

Seiya salió a como pudo del despacho, sin detenerse a mirar atrás. Estaba herido y solo deseaba salir a respirar el frio aire de la tarde retomando un poco de sensatez. Caminó en muletas lejos de la mansión y errante, pensó que no podía ir muy lejos aunque necesitaba que alguien le ayudara a encontrar un camino que seguir.

Fue entonces que un nombre se le vino a la cabeza, un nombre que le había ayudado en sus peores momentos y que desde que llegó a esa ciudad, no había visto.

La morena reposaba junto al pecho del santo del unicornio sobre el lecho, aun tratando de distinguir si aquellas dos palabras que se le habían escapado al unicornio en pleno éxtasis habían sido sinceras. Y es que no comprendía como un simple "te amo" podía crear tantas dudas en ella, tantas que si continuaban no tardaría en volverse loca. El castaño permanecía aun dormitando, cuando el sonido del timbre la alertó.

—Jabu, ahora vuelvo—susurro con suavidad la morena escabulléndose entre las sábanas.

La de cabellos azulados se colocó la camisa del unicornio y ante la premura con la que resonaba la puerta, salió a abrir apresuradamente. Como si el destino estuviera jugando, al ir hacia la puerta estuvo a punto de caer, haciendo que hasta llegar al portón, suspirara tranquila. Jamás espero la sorpresa que la vida le daría.

—Miho...—saludo el castaño observando la silueta de la chica únicamente cubierta por una camisa.

—Seiya...—pronuncio atónita la morena al ver la presencia detrás de su puerta.

Continuara...

Si, cuenta regresiva, a dos capis de terminar. ¡Yo quiero un novio como Shun que me cubra de la lluvia!jaja.

Mil gracias lectores por aun seguir a mi lado(Saku,Alishaluz,legendary,Melgothic,Cris hana y a Tot 12 que se nos unió ), ahora si cuidado porque viene lo intenso y perdonen por si me retraso un poco, su autora esta teniendo dificultades técnicas.