Disclaimer: Los personajes y la historia original de Naruto pertenecen a Misashi Kishimoto y a su editorial, por lo que no obtengo beneficio alguno a escribir esta historia más que pasar un buen rato de ocio.


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IX

Antes de mañana

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Naruto se revolvió varias veces en la cama, estiró las extremidades, se cobijó mejor entre las sábanas y luego bufó derrotado al darse cuenta de que no importaba de qué forma se acomodara, él no iba poder conciliar el sueño, no cuando Hinata no estaba a su lado, después de varios años de casado al rubio no le daba vergüenza admitir que se había acostumbrado a sentir a Hinata entre sus brazos y a dormirse con su aroma envolviéndole. Esa era la única forma en la que realmente podía conciliar el sueño y despertar al día siguiente con todas las energías renovadas para pelear con su ahora eterno enemigo, el papeleo.

Pasaba de las tres de la mañana, lo que quería decir que solo había podido dormir algo más de dos horas lo cual, muy probablemente, su cuerpo resentiría por la mañana pero la razón de sus desvelos valía la pena. El Uzumaki se sentó en el borde de la cama por unos segundos antes de ponerse de forma perezosa las sandalias y salir de su cuarto arrastrando ligeramente los pies. Dio un gran bostezo mientras rascaba su panza y se dirigió al cuarto de su primogénito, sonrió somnoliento al vislumbrar la pequeña figura de su hijo perfectamente envuelto entre sus sábanas, dormía plácidamente sin removerse demasiado y como siempre se encontraba acomodado en la orilla de la cama.

Naruto sonrió ampliamente y se acercó hacía su hijo para tratar de colocarlo en medio de la cama sin despertarlo innecesariamente y si bien nunca había ocurrido a Naruto y Hinata les preocupaba que en algún momento Yuki terminara por caerse de la cama así que de vez en vez, cualquiera de los dos, pasaba a la habitación del niño para asegurarse de que siguiera en su capullo de sábanas y sin daño alguno.

Aunque lo cierto era que no importaba cuantas veces lo movieran de sitio, Yuki siempre terminaba por volver a la orilla de la cama donde faltaba menos de un suspiro para estrellar contra el piso.

— Hay que vivir al máximo ¿No?—Comentó después de darle un beso en la frente, el niño arrugó ligeramente la nariz pero siguió durmiendo profundamente. Las mejillas de Naruto se tornaron ligeramente rosas y sin poder contenerse dio un ligero golpecito con la punta de su dedo a la nariz de su hijo.

Yuki volvió arrugar la nariz y Naruto soltó una risilla.

El joven Hokage salió del cuarto de su primogénito tan silencioso como había entrado y con otro gran bostezo se dirigió a donde se encontraba Hinata, el rubio pensó, mientras dibujaba una sonrisa perezosa, que si la suerte les sonreía ambos podrían regresar a dormir plácidamente entre los brazos del otro. Eso sería fantástico, comenzaba a olvidar lo que era dormir una noche completa y realmente comenzaba a desear unas vacaciones.

Ahora que lo pensaba ¿los Hokages tenían vacaciones? Naruto gruñó. No, los Kages no tenían vacaciones, de la misma forma que tampoco había descanso de ser padre y él podía asegurar que combinar ambos trabajos era una tarea titánica, no era fácil mantener el balance entre ser padre y ser Hokage y en más de una ocasión había tenido que inclinar la balanza en favor del deber.

Uzumaki bufó.

Después del quinto cumpleaños de Yuki, Hinata y Naruto habían hablado sobre los inevitables cambios que habría en la dinámica familiar cuando él fuera nombrado Hokage, fue una charla larga aunque necesaria y en más de una ocasión ambos habían alzado el tono de voz muy por encima de lo habitual. No fue una pelea como tal, sin embargo, ambos tenían argumentos que causaban fricción y dibujaban ceños fruncidos. Ellos eran un matrimonio saludable más no perfecto, ninguno de los dos creía que algo como la perfección fuera posible de alcanzar y aunque eran similares en muchos aspectos también tenían diferencias que causaban de vez en vez alguna confrontación pero como habían aprendido a lo largo de los años el hablar sobre sus problemas en lugar de callarlos hasta que estos fueran insostenibles era siempre el mejor camino.

Hinata era quien solía iniciar siempre la conversación y Naruto escuchaba atentamente a sus preocupaciones, sus consejos o sus regaños, él nunca había huido de sus problemas y ciertamente no empezaría ahora que el bienestar de su familia era lo más importante, así que no solo la escuchaba, él también era participe de las conversaciones y de los pequeños debates que se presentaban en sus vidas, encontrar el balance entre sus personalidades nunca había sido un problema, ahora, encontrar el punto medio entre lo que ambos creían era la solución solía ser un poco, solo un poco más complicado y podían no creerle pero Naruto encontraba gran satisfacción en esas pequeñas discusiones.

Durante mucho tiempo él había tenido que cuidar de sí mismo, en su infancia nadie había mostrado especial interés en sus hábitos de comida, de sueño o higiene que el tener ahora a alguien que le cuestionara su dieta a base de Ramen y le ofreciera alternativas igual de deliciosas pero más saludables, era realmente agradable.

Las normas que se fueron construyendo con el matrimonio y posteriormente al convertirse en Padre no lo molestaron, después de todo, eran una prueba de que ahora él tenía un verdadero hogar al que respetar, amar y procurar.

— ¿Hinata?

Naruto abrió con cuidado la puerta corrediza de la habitación que en un principio por ser el cuarto más amplio de la casa había sido destinado para él y su esposa, sin embargo, después de un poco de meditación, ambos habían cambiado de parecer. Había un par de personitas que harían mejor uso de todo ese espacio.

El rubio sonrió con dulzura al observar en medio de la habitación dos cunas de diferente color y modelo, ambas iluminadas tenuemente por una pequeña lámpara de luz ajustable, se acercó a una de ellas y amplió la sonrisa al ver al pequeño bebé durmiendo plácidamente. Uzumaki Minato era el nombre del menor de los gemelos, un homenaje que él y Hinata habían decidido hacer al hombre que de haber conocido a sus nietos los habría amado con todo su ser.

Naruto dirigió su mirada a la otra cuna donde, a diferencia de Minato quien dormía sin problemas en la cuna marfil que alguna vez había pertenecido a Yuki, el otro gemelo, mayor por quince minutos, se encontraba despierto, abriendo y cerrando sus ojos mientras hacía ruiditos con su diminuta boquita. Naruto tenía solo un mes de conocer a los gemelos pero había sido tiempo suficiente para saber que era cuestión de tiempo antes de que esos pequeños gimoteos fueran creciendo de intensidad hasta convertirse en gritos que terminarían por levantar al otro bebé y entonces él y Hinata podían decir adiós a sus ya de por sí pocas horas de sueño, además que deberían lidiar con un muy malhumorado Yuki.

Naruto sonrió de forma zorruna y tomó al niño en brazos quien poco a poco empezó a calmarse, el bebé se revolvió un poco entre los brazos de su padre, bostezó y emitió unos cuantos gimoteos, para entonces el rubio ya se encontraba sentado en una mecedora colocada justo en medio de ambas cunas

— ¿Tienes hambre?— El niño gimió de nuevo—Ya entendí, ya entendí—Soltó una risilla—Mamá debe estar preparando un poco leche, ten un poco de paciencia ¿De acuerdo?

El bebé gimoteó impaciente.

— Tranquilo, pequeño—Naruto acarició de forma dulce el perfil del niño—Mamá no debe de tardar—El niño se removió de nuevo—Si tú y tu hermano no fueran tan especiales con la comida, mami no tendría que ir a preparar la fórmula que la abuela Tsunade nos dio.

El niño arrugó su carita y comenzó a llorar—No, no, bebé, no debemos hacer ruido ¿No quieres despertar a tu hermano, verdad?

Naruto comenzó a mecerse y poco a poco el niño empezó a tranquilizarse, el hombre sonrió al ver a su hijo mirarle tan fijamente con aquellos ojos azules tan idénticos a los de él aunque después de unos segundos el niño prefirió cerrarlos, arrugando tenuemente su entrecejo. El Uzumaki se meció un poco más en la silla mientras tarareaba la misma nana que Hinata cantaba a Yuki antes de ir a dormir, sin embargo, el bebé en sus brazos volvió abrir sus ojos, gimoteó y se removió, Naruto no pudo evitar soltar una risilla.

— Vaya que eres testarudo.

Con cuidado besó la cabecita del niño y permaneció en esa posición por un rato, aspirando el aroma que desprendía el bebé sin importarle demasiado el cosquilleo que las delgadas hebras de cabello rubio de su hijo causaban a su nariz. Naruto quería permanecer con el niño en brazos todo el tiempo que pudiera, él quería tener a toda su familia a su lado en todo momento pero de pronto el tiempo que pasaba con ellos se le antojaba poco y así era.

Como Hokage tenía que estar en la oficina mucho antes del amanecer y llegar a casa pasado la media noche, cuando Yuki estaba ya dormido y no podía arroparlo, contarle una historia, estrecharlo entre sus brazos ni mucho menos jugar con él como solía hacerlo antes de su nombramiento.

Hinata sabía cuánto le dolía y molestaba no poder estar más tiempo con ellos, por eso enviaba a Yuki todos los días a dejarle su bento a la torre del Hokage para que así ambos pasaran tiempo juntos. Naruto suspiró. Él era consiente que esa era la misma razón por la que Hinata siempre lo esperaba despierta no importaba cuan tarde fuera y lo agradecía, realmente lo hacía pero era muy poco el tiempo que podía pasar con ellos y él no podía evitar desear más.

Hinata y los niños significaban todo para él, con ellos estaba su hogar pero Konoha también necesitaba de su cuidado, Konoha también era su familia.

¿Era egoísta de su parte desear pasar más tiempo con su esposa e hijos?

Naruto siempre fue consciente de lo que el puesto significaba y los sacrificios que conllevaba pero aun así en ningún momento dudo al dirigirse a su meta, tenía a sus amigos a su lado apoyándolo, la confianza y respeto total de la Villa y sobre todo, el amor incondicional de Hinata. Ya no había nada que le impidiera alcanzar uno de sus más grandes sueños y sin embargo, meses antes de que su nombramiento se hiciera oficial, se encontró por primera vez en su vida dudando de sí mismo.

Conforme el tiempo fue pasando y el entrenamiento que Tsunade le estaba impartiendo se volvía cada vez más tedioso y repetitivo, se dio cuenta que el tiempo que pasaba con su familia se reducía e incluso llegó a pasar casi una semana sin ver a su esposa e hijo. Y se sintió aterrado. El peso de sus decisiones y de lo que significaba ser Hokage se tornó asfixiante e insoportable, especialmente después de que Yuki revelara entre llanto su miedo por no volverlo a ver durante su mudanza temporal a la torre del Hokage.

Él ya no estaba seguro de poder continuar en ese camino.

Naruto no estaba seguro de querer continuar en ese camino.

Fue así que con la determinación que le habían brindado sus divagaciones y miedos, había hablado con Hinata sobre la decisión de declinar el título de Rokudaime, después de todo no era necesario ser un Kage para seguir protegiendo a la Villa tal y como lo había hecho hasta el momento pero Hinata se encargó de desbaratar de forma paciente cada argumento del rubio. Ella volvió a salvarlo del oscuro rumbo que comenzaban a tomar sus pensamientos.

Y cuando ella le prometió que juntos se asegurarían de que sus hijos jamás se sintieran solos, él le creyó.

De esa forma, con las palabras dulces y firmes de Hinata, él llegó a la conclusión que proteger a Konoha era proteger el futuro de sus hijos y él era un maldito egoísta por qué estaba pensando más como padre que como Hokage pero Naruto no confiaba en nadie más que en él mismo para proteger a su familia.

Sin embargo, cuando veía a Yuki pasar cada vez más tiempo con Neji o la familia Hatake no podía evitar sentirse celoso y asustado ¿podría él ser el padre que sus hijos necesitaban mientras siguiera usando el título de Rokudaime?

Amaba a Konoha y nunca pensaría en darle la espalda pero una gran parte de él no podía dejar de sentir que Hinata y sus hijos eran y serían siempre su prioridad.

Deber y querer. Eterno dilema de un Shinobi…

Pero ya no eres solo un Shinobi— El rubio suspiró con pesadez y el pequeño niño entre sus brazos comenzó a llorar.

Naruto rio de forma nerviosa, el llanto de su hijo comenzaba a subir de volumen. No sabía exactamente cuánto tiempo estuvo divagando ni en qué momento dejó de mecerse en la silla pero al parecer había sido lo suficiente como para que su hijo se molestara por la poca atención que estaba recibiendo. Ciertamente, ese niño en su tan corto tiempo de vida ya estaba demostrando su carácter, es por eso que su nombre le quedaba como anillo al dedo…

— ¿No lo crees, Ero-sennin?—Sonrió con melancolía mientras caminaba de un lado a otro de la habitación.

El pequeño rubio parecía que empezaba a calmarse, sin embargo su llanto aún se escuchaba por todo el cuarto. La mirada de Naruto se dirigió nerviosa a la cuna de su otro retoño y suspiró con alivio al comprobar que éste seguía plácidamente dormido y esperaba realmente que tampoco Yuki se hubiera levantado o de lo contrario lo vería con su pequeña mochila de espiral al hombro, junto su sábana y Gama-chan para dirigirse donde la familia Hatake.

Soy un niño y como tal estoy en desarrollo, no voy a renunciar a crecer más durante mis horas de sueño por culpa de esos bebés… y Yami me ha invitado a su casa—Le había dicho su primogénito con el ceño ligeramente fruncido y los brazos cruzados mientras Hinata les daba de comer a los gemelos durante su primer día en casa.

En ese momento, Naruto y Hinata solo habían atinado a reír pero si el rubio lo pensaba bien, había muchas posibilidades de que Yuki cumpliera su palabra, después de todo, a pesar de ser tan pequeño, el niño no hacía ni decía nada si no tenía alguna razón para ello. Naruto suspiró, su hijo de cinco años ya amenazaba con irse del hogar.

A demás, recordó Naruto, Yuki seguía molesto por la mentira que se le había dicho. Bueno, él tampoco creyó que el niño se tomaría tan enserio sus palabras.

Mi balón es mucho más grande y fácilmente podría aplastarlos ¿Cómo se supone que voy a jugar con ellos?—Esas habían sido sus exactas palabras cuando vio por primera vez a sus hermanos, seguido de un—No me gustaron, devuélvelos—Acompañado por las risas de sus padres.

Nauto soltó una risilla ante el recuerdo.

— Tu hermano es muy inteligente—Susurró Naruto al bebé entre sus brazos que no daba fácilmente tregua y seguía llorando—Ten por seguro que los cuidara y amará…solo hay que darle un poco de tiempo para que se acostumbre a su nuevo rol de hermano mayor—Una sonrisa zorruna se dibujó en su rostro.

El niño se calmó hasta el punto de solo gimotear de vez en vez, Naruto sonrió, no era tan malo para cuidar de sus hijos después de todo. El pequeño Jiraya lo observó expectante con sus grandes ojos azules luego tomó aire y soltó a llorar mucho más fuerte que antes, el joven Rukodaime pegó el brinco ante el inesperado gesto del niño, él de verdad creía que su hijo comenzaba a caer presa del sueño. Más ingenuo no pudo ser.

Y como si no fuera suficiente, a su costado, Minato que había permanecido tranquilo y dormido en su graciosa cuna también había comenzado a llorar aunque con menos ímpetu. El rubio no sabía qué hacer, con trabajo logró tomar al otro niño y acomodarlo en su brazo libre.

Ahora los dos niños estaban llorando y tal como la noche pasada no parecía que fueran a calmarse pronto.

Naruto también quería llorar.

De pronto, la puerta corrediza de la habitación se abrió, dejando ver la pequeña figura de Yuki quien mantenía a su peluche en forma de rana abrazada contra su pecho y su sábana azul de espirales sobre la cabeza arrastrando ligeramente por el suelo. Naruto sonrió nervioso mientras arrullaba torpemente a ambos niños, Yuki frunció el ceño mientras lo observaba con cuidado.

Pasado unos segundos, el niño habló con el suficiente volumen de voz para hacerse escuchar por sobre el escándalo que tenían aquellos dos pequeños, rosados y rechonchos monstruos.

— ¿Estás seguro de que no podemos devolverlos al hospital?—Preguntó tal y como la noche anterior.

Naruto soltó una risilla nerviosa y antes de siquiera formular una respuesta, Hinata entró rápidamente a la habitación con un par de biberones en mano. Ambos adultos se miraron con la complicidad que se formaba después de un mes de malas noches, se sonrieron de forma dulce y continuaron con su deber.

Yuki Suspiró con fastidio mientras observaba a sus padres mecer a los gemelos por toda la habitación mientras les daban de comer, gruñó y con toda la resignación que podía un niño de su edad, caminó de vuelta a su habitación.

¿No les había dicho a sus padres que solo quería un perrito?

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Notas de la Autora: Si no me equivoco, éste es el capítulo más largo que he escrito y para ser sincera, también el que más trabajo me acostado. Sin mentir o exagerar, lo reescribí unas cuatro veces y aun así sigue sin convencerme completamente. Pido disculpas por eso.

Ahora, pasando a otros temas menos vergonzosos: No Bolt en ésta historia, cierto es que mientras escribía pensé en cambiar el nombre de alguno de los gemelos por el de Bolt pero no me gustó. Mi idea original siempre fue nombrar a los gemelos Jiraya y Minato e incluso ya tenía planeado gran parte de sus personalidades y aunque uno de ellos se asemeja bastante a Bolt NO es él.

Y yo no quería convertirlo en Bolt Uzumaki, me temo que mi amor por ese niño no es el suficiente.

Aunque sí planeo usar otros personajes de la nueva generación, como Sarada, Shikadai, etc.

Jo, en realidad solo remplazaré nombres porque algunos de los personajes ya los tenían… y quizás también haga un pequeño cambio de personalidades en mis personajes para que se adapten mejor a sus contrapartes del Cannon.

He decidido seguir con mi idea original en ésta historia y espero ese no sea un problema para ustedes.

De verdad quiero darle el cierre que había planeado hace ya mucho tiempo.

Sin más, nos vemos hasta el próximo capítulo.

RB, Out.

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