Cap. X: "Pandemia"
-Flashback-
A Quinn no le gustaba realizar los quehaceres, pero sabía cuánto amaba Rachel que la ayudara con ellos y más aún los días jueves, donde su esposa se pasaba casi todo el día fuera por su trabajo y repetía la ausencia los viernes.
Por eso, esa tarde de verano calurosa y posiblemente de las menos soportables, comenzó con algo fácil. Tomó un paño seco y una botella de limpieza y se encaminó al segundo piso de su casa. Abrió las ventanas de su cuarto y sonrió, al ver desde allí a Beth jugar con tranquilidad en el jardín delantero, casi pegada al portón de entrada.
Con sus seis años recién cumplidos, su hija decidió llevar los regalos recibidos el día anterior y se deleitaba ahora entre risas, mientras hacia hablar a su nueva muñeca y su compañero. Quinn oyó la palabra boda repetidas veces y reprimió una risa, cuando la vió minutos después armar con pequeñas sillas una rápida ceremonia.
- Quinn- la llamó Rachel con picaporte en mano y su uniforme ya alistado- me voy. Regreso por la madrugada ¿estará todo bien?-
- Claro que sí, ve tranquila- le dijo acercándose a ella y enrollando los brazos en su cuello para despedirse- te amo-
- Te amo. Ya sabes dónde está mi número y…- Quinn la calló con un voraz beso y coló sin espera su lengua, rejuntándola con la de ella para tranquilizarla como cada vez que esos días llegaban-
- Estaremos bien- le dijo con último beso y alejándose luego finalmente-
- De acuerdo. Pero…pero- alzó la voz Rachel cuando intentó protestar- coloca la alarma antes de la cena y cierra las ventanas luego de que me vaya-
- Lo haré, señora Fabray- bromeó tironeando su corbata- ¿te espero despierta?-
- No, no, descansa. No volveré hasta después de las 4. Voy a saludar a Beth-
- ¿A qué no sabes a qué está jugando?- le preguntó regresando a la ventana con una sonrisa divertida pero que borró al instante tras observar el otro lado. Su hija no estaba donde minutos atrás y el portón de entrada estaba abierto- ¡Beth!- la llamó corriendo fuera del cuarto y con la morena detrás- ¡Beth!- repitió al llegar al living pero solo aguardó un segundo por la respuesta. Al no recibirla, continuó corriendo y llegó a la vereda. El corazón de Quinn pareció explotar cuando divisó a su hija metros mas adelante, casi en la esquina y viendo cómo un desconocido le soltaba la mano y escapaba tras ver a Rachel quitar su arma-
- ¡Beth!- la morena la tomó entre sus brazos y la cargó mientras veía a aquel hombre mayor desaparecer entre los autos de la ciudad. Intentó recordar su rostro o algún rasgo para, cuando lo capturara, encargarse de él ella misma-
- ¡Pero qué hacías Beth!- le reclamó Quinn cuando las tuvo en frente nuevamente. Rachel volvió al jardín y ella cerró tras seguirle los pasos. Cuando su esposa dejó a la niña en el suelo otra vez, sus reproches salieron entre sollozos- ¡Qué hacías! ¡Jamás habíamos visto a ese hombre! ¡por qué lo seguiste!-
- Quinn, cálmate- le pidió la morena-
- ¿Calmarme?- ironizó ella sosteniéndose el cabello con frustración- ¡iba a llevarse a nuestra hija!-
- ¡Lo sé! Maldita sea, Quinn, lo sé pero no es eso lo que debemos recordarle-
- ¿Qué te he dicho de hablar con desconocidos, Beth? ¡Qué te he dicho! ¡Cuándo vas a obedecerme!-
- Solo salí por el carro de los helados- murmuró la niña-
- ¿Y con el permiso de quién?- continuó ella entre gritos- te he dicho siempre, siempre, Beth que ese portón no se abre si mamá o yo no estamos cerca ¿me estás oyendo? –
- Sí, mamá pero….-
- ¡Nada! No quiero que vuelvas a salir sin permiso ni sola ¿entendido?-
- Sí, lo siento-
- Beth, cariño ¿él te dijo algo?- le preguntó Rachel arrodillada a su altura y acariciándole las mejillas húmedas, producto del llanto que acompañaba al de Quinn. La pequeña negó con la cabeza y la morena asintió, antes de estrecharla contra ella- bien, lleva tus juguetes adentro. Haremos pastel para la boda ¿quieres?-
- Si, mucho- mientras Quinn la veía obedecerle a Rachel, se pasó las manos por el rostro y desahogó más llanto. El horario laboral de su esposa ya había comenzado, llevaba desde antes casi media hora de retraso y nunca había recibido un llamado de atención o reclamo por parte de su jefe. Si esos 30 minutos no existieran, se preguntó cómo hubiese terminado todo aquello en realidad. Al instante despejó la respuesta y suspiró más calmada, intentando controlar su respiración al fin- lo siento, mamá- repitió Beth al llegar a ella y Quinn solo asintió, antes de estirarse y abrazarla con fuerzas-
- Solo…no lo vuelvas a hacer, Beth. Prométeme que nunca más volverás a salir sola ni hablarás con desconocidos ¿lo prometes?-
- Sí, lo prometo- ella le sonrió débilmente y le dejó un beso en la mejilla-
- Bien, ve adentro. Te amo- le recordó tocando con suavidad su cabello y viéndola correr hacia el interior luego- Se te está haciendo tarde- le dijo a Rachel, limpiándose la cara y deteniéndose al verla desabotonar su uniforme-
- No iré a ningún lado hoy- aseguró la morena quitándose la corbata y yendo tras los pasos de Beth-
Ella suspiró aliviada. Nunca se lo había dicho pero, sin Rachel en casa, más allá de lo literal, en realidad se sentía en completa inseguridad.
-Fin del Flashback-
"…decenas de personas han sido encontradas sin vida en su casa, trabajo y hasta en lugares públicos. El FBI y otras organizaciones de seguridad nacionales, han puesto en alertas a sus regiones más afectadas, antes de que se extienda hasta ocupar un país completo…"
"…desde la fiebre porcina que las personas no se veían tan aterrorizadas como ahora. Según la OMS, no tiene lógica pero al parecer, luego de morir, centenares de cuerpos se levantan y vuelven a caminar ¿está alterándose la reproducción humana? Está con nosotros el especialista…"
"…no debemos salir a la calle y por el contrario, permanecer en casa, seguros y resguardados, es lo que recomienda gendarmería, policías locales y el FBI. Hay ayuda en camino pero las calles parecen bloqueadas frente a miles de personas que lucen como nosotros pero no lo son ¿estamos finalmente ante el apocalipsis zombie que las películas nos advertían?..."
"…Y hoy en cuatro estados de EEUU, la cifra aumenta. Más de 15.000 personas fueron halladas muertas, transferidas a su proceso de sepultura pero…."
- ¿Qué pasó?- preguntó Rachel abandonando el sillón y llegando a la televisión tras perder la poca señal que recibían a diario. Apretó seguidamente el botón de encendido y luego la golpeó, al no poder lograrlo y dejando así las noticias a medio camino- esto es una porquería-
- Es viejo- señaló Smith el aparato desde la puerta, mientras pelaba una manzana con tranquilidad-
- No me refiero a eso. El mundo. Finalmente terminó por convertirse en una porquería- lo corrigió ella-
- Y nosotros estamos en medio- agregó Quinn sentada en la ventana grande del living. Rachel volteó a verla. Lucía tan distinta que solo quería guardarla como una muñeca de caja musical y protegerla de todo aquello. La voz de la rubia sonaba seca, débil y tan grave que demostraba los 3 días que llevaba sin beber agua de más o alimentarse más allá de un vaso de leche. Desde que habían encontrado a Judy y la mujer murió en sus brazos, su esposa solo permanecía dónde estaba ahora y miraba la calle, esperanzada de que a sí como llegó Judy, su hija corriera nuevamente a sus brazos- Beth está en medio de todo esto- agregó y nuevamente lloró, casi sin molestar a los demás ni efectuar sonido. Solo pegó su cabeza al cristal y las lágrimas se desprendieron de sus ojos como si nada más pudiera hacer-
- Vamos a encontrarla, Quinn. Mañana volveré a salir y no regresaremos a Lima hasta llevarla con nosotras sana y salva- le aseguró ella y la rubia solo volteó a verla un segundo-
- Ya pasaron días y no lo hemos conseguido-
- No, lo sé o de lo contrario ella estaría aquí. Pero no puedo exponerme y a ustedes al salir de noche. Ya no hay municiones prácticamente y las linternas apenas encienden- le dijo y Quinn solo volvió a sollozar. Lo cierto era que, luego de las últimas palabras de Judy, a Rachel no le importó el horario de madrugada y se internó con rapidez en el bosque. Entre gritos de llamado, intentó dar con Beth y sus armas regresaron con ella, al otro día, completamente vacías y su linterna sin funcionar. Solo quedaba la escopeta de Smith, las armas de manos de él y unas cuantas balas. Porque luego de volver y recobrar algo de energía, la morena emprendió otra vez la búsqueda de su hija el segundo día y esta vez usando las armas de Quinn. Nuevamente con resultados negativos.
Beth no aparecía y, si Judy les había dicho que la mordieron también, posiblemente si la encontraba ya no sería su pequeña hija de 8 años. Rachel se mordió la mejilla interna para no acompañar la tristeza de su esposa. No podía ni quería si quiera imaginarse a Beth en ese estado.
- Quinn- murmuró llegando a ella y dejando con suavidad las manos a los costados de sus brazos. La rubia ni siquiera murmuró o la miró, simplemente continuó observando el ocaso del cuarto día allí dentro- la voy a traer de vuelta-
- No sé si pueda aguantar otro día, Rachel. Dios, tiene 8 años- le recordó entre llantos y ella la abrazó al instante- está afuera, sola y asustada ¿por qué no podemos encontrarla?-
- La vamos a encontrar- le aseguró nuevamente contra su oído- y cuando lo haga, volveremos sin mirar atrás a Lima y tú salvarás el mundo, Quinn-
- Mi mundo es Beth, Rachel. Al diablo los demás- ella apretó los labios y decidió permanecer en silencio. No quería continuar oyéndola llorar ni mucho menos verla, por lo que le dejó un beso tras su cabeza y se alejó para no fatigarla más-
- Smith- llamó a su compañero y con una seña le indicó que la siguiera. Cuando llegaron a la cocina, Rachel le dió una última mirada al living y lanzó un suspiro, al ver a Quinn sin siquiera inmutarse por su partida- ¿cuántas balas te quedan?-
- Menos de 100 seguro- respondió él dándole una mordida a su manzana- quizá hasta menos de 50. Si vuelves allí, debes traerla. O no podrás volver sin que te atrapen-
- ¿Crees que la señora Munch tenga algunas armas?-
- No lo creo. Era algo…pacifista y su marido un miserable mecánico. Tú ya no puedes volver a ir allá afuera ¿por qué no me dejas a mí? Quinn te necesita aquí y con ella-
- Quinn necesita a Beth. Asique a Beth tengo que traerle-
- Está bien…oye y…qué piensas de lo que dijo su madre antes de…morir- Rachel lo observó un momento: solía tener las conversaciones más alocadas y divertidas con Smith en sus horarios de guardia por las madrugadas; sin embargo nunca se consideraron amigos ni se veían más allá del horario laboral. Pero ahora estaban en un mismo equipo y huyendo para y por lo mismo, mantenerse con vida y eso incluía salvar al otro cuando lo necesitara, como él lo hizo días atrás con ella. Y no era por eso que no quería que fuese al bosque. Se trataba solo del amor propio y más el que sentía por su familia, por lo que quería ser ella quién atrapara a Beth entre sus brazos y se la entregara a Quinn. Por eso no quería recordar ni imaginar más allá de eso: las tres reunidas nuevamente-
- Encontraré a mi hija y la traeré. Eso es en lo que pienso- aseguró pasando a su lado y abriendo el cajón de cubiertos. Buscó entre la cantidad que había y tomó dos cuchillos grandes, una botella de alcohol de la alacena y una toalla que reposaba sobre los platos-
- ¿Qué vas a hacer?-
- Ya no hay linternas- le respondió saliendo por la puerta trasera y él la siguió apenas, agudizando la mirada cuando se trepó de un árbol y cortó una rama. Rachel la alistó y peló de la corteza, antes de regresar y atar la toalla en una de las puntas, en un gran bollo y rociarla con alcohol-
- No puedes salir ahora, ya es de noche-
- ¿Y por qué crees que preparo esto?- ironizó tajante y él rascó tras su cuello, antes de acercarse a la mesa y seguirle los pasos-
- Llévate mi escopeta-
- No es necesario. Quiero que te quedes aquí y cuides a mi esposa-
- La cuidaré. Igual que a Brittany y a Daniel pero no voy a dejar que salgas sin armas-
- Aquí las necesitas también-
- Sí, pero con estas dos estaremos bien- dijo él alzando sus pistolas y la morena sonrió, antes de tomar la escopeta sobre la mesa y el cinturón con municiones a su lado- es un ultimátum, Berry. Si no la traes hoy, mañana saldré contigo y ya no cuidaré de tu esposa. No si queremos traer a Beth de regreso-
- Está bien- murmuró sin convencimiento- ve que Quinn al menos cene algo ¿de acuerdo?-
- De acuerdo- fue lo último que oyó ella y avanzó a la puerta de entrada. Desde allí le dedicó una mirada a la ventana y aguardó porque la rubia la mirara. Derrotada, tomó el picaporte y le dio señal a su compañero, para que cerrara con seguridad tras su partida-
Afuera, no se negó mentalmente el miedo que la invadió y avanzó apenas un paso. La noche era algo fresca, la luna llena iluminaba con claridad grisácea y el sonido de los búhos le indicaba por dónde no debía ir.
La morena acercó el encendedor al palo que sostenía y una especie de antorcha se encendió. Aprovechando que aún debía ser algo temprano a pesar de la oscuridad, corrió a repetir el camino de tres días seguidos y, tras verse entre aquellos ya conocidos árboles, los gritos en llamado por su hija regresaron.
Sin embargo, los minutos pasaron sin respuesta y se detuvo un momento, a descansar contra un tronco seco y tragó saliva. Estaba segura que llevaba ya una hora fuera y, entre las pisadas de barro más su sudor, avanzar estaba volviéndose una tortura.
Pero Smith tenia razón y, si no llegaba esa noche con su hija, las posibilidades de hallarla ya no serían las mismas. Retomó su camino y esta vez se coló entre unos arbustos, algo difícil de atravesar y que debió hacerlo inclinada y casi arrodillada. Pero debía probar senderos nuevos si quería resultados diferentes.
El aleteo cercano de los búhos aumentaba su nerviosismo pero no iba a detenerse. Desde allí ya no veía ni sabía cómo regresar a la casa de la señora Munch pero ya tendría tiempo para resolverlo. La señora Munch, pensó ¿dónde estaba? No podía haber desaparecido tan rápido ni misteriosamente como ellos creían. Era la dueña de casa después de todo y demostró el día que les dió posada, la seriedad y el recelo con que la cuidaba.
A sí mismo no le interesaba mucho ahora. Quizá en realidad escondía a alguien en algún sótano o ático y quién la llevaría lejos de allí. A otro lugar y segura de todo eso. Maldita vieja, murmuró. Podría no haberlos echado, llevado con ella y nada de eso estaría pasando. Su hija estaría con ella y hasta quizá todos en Lima, con Quinn preparando la cantidad de antivirus necesaria o como sea que fuese a resolverlo. Pero con su esposa salvando a todos y Beth junto a ella, aguardando los resultados.
Quizá la encontraría luego, se dijo y se cobraría el haberlos abandonados a la suerte de nadie y en ese infierno que no conocía. Mientras continuaba murmurando pesares para aquella mujer, un sonido caló en sus oídos y el bombeo de su corazón se aceleró. Parecía música, cual fiesta e ignorando todo lo que pasaba allí afuera. La siguió tratando de hacerlo por el lugar indicado y llegó a una pared de alambrado, que separaba la vista hacia el otro lado.
Rachel agudizó la mirada y analizó lo que sucedía allí: había una casa rodante, una fogata y se escuchaban los alaridos de borrachos o algunos que no entendían lo que estaba sucediendo en el mundo. Acercó su rostro al alambrado y esperó, hasta que un joven salió de entre otro árbol, cerrando su cremallera y riendo, antes que otra muchacha, mucho más joven, lo siguiera y acomodando su vestido.
Algunos hombres bajaron del transporte y ella se humedeció los labios, al notar que llevaban la misma ropa y apariencia que aquel desconocido que había apuntado a Quinn días atrás y ella le disparó en la cabeza. El olor desagradable de la imagen que demostraban llegaba hasta sus fosas nasales pero aguantó, deseando y no dar con alguna señal de Beth.
- ¿Qué hacen?- susurró al ver lo siguiente. Dos jóvenes arrastraban a un muchacho, atado y amordazado y lo guiaban a la fogata. Cuando le quitaron la ropa y lo obligaron a caminar los últimos pasos solo, Rachel dió un paso atrás y volteó, oyendo los gritos desgarradores de aquel joven mientras se quemaba vivo en medio de una pequeña llamarada.
Podía sentir como sus latidos pulsaban más rápido y peor que antes, por lo que regresó por sus pasos y se echó a correr. No supo por qué pero algunas lágrimas nublaron su vista y tal vez fueron las culpables de propinarle una estruendosa caída. Se quedó allí un momento, entre medio de la nada y notando como su antorcha descendía la luz natural.
Se recordó días atrás, cuando con su mentón en el suelo y sintiendo las manos de infectados en su cuerpo, no quería levantarse. Pero ahora lo hizo con rapidez y sacudió su ropa, mientras pensaba unos segundos por dónde seguir. Dió un paso y volvió a caer, cuando su pierna tropezó con algo y su vela rodó lejos de ella.
Volvió a ponerse de pie y estudió la pequeña montaña que la derribó. La golpeó suavemente con su pie y tambaleó cuando una mano se alzó, totalmente herida y llena de mordidas. Regresó a ella con velocidad y la tomó, levantando el cuerpo blanco y muerto viviente de la señora Munch. Rachel la soltó al instante y, mientras la veía gemir por morderla desde el piso, se preguntó por qué ella y no Beth. Por qué la encontraba a ella y no a su propia hija.
Se arrodilló a inspeccionarla y tomó su mentón, alejándola cuando intentaba acercarse y notó las heridas de mordidas en su cuello, hombres y pecho. Alzó un momento su camiseta y descubrió lo mismo que en Judy: un disparo en sus costillas. No se lo había dicho a Quinn pero, luego de que la rubia le entregara el cuerpo de su madre y antes de llevarlo tras un árbol y Smith cavara un pozo profundo, ella detalló los golpes y heridas en su cuerpo y descubrió, además de las mordidas, una bala incrustada en el mismo lugar que veía ahora en la señora Munch.
Rachel tomó los costados de la cabeza de aquella mujer y lo giró con brusquedad, soltándola para que cayera muerta finalmente. Lo miró unos segundos y luego pensó que, si no fuera por la situación, le daría la misma especie de sepultura que a Judy.
Se sostuvo de una rodilla y se impulsó hacia arriba, dedicándole una última mirada y suspiró.
- Adiós señora, Munch- se despidió en un susurro y, cuando iba a irse, agudizó la mirada al ver algo sobresalir bajo la camiseta de la mujer. Era un papel y sin dudarlo se inclinó a tomarlo. Fue por su antorcha y aprovechó las últimas llamas para leer, luego de regresar a la señora-
"Nos mordieron. Pero el ocaso sigue brillando, justo tras de mi"
Ella frunció el ceño ¿qué significaba aquello? ¿Cuánto llevaba aquella nota en su bolsillo?
- Nos mordieron- repitió con un movimiento de labios, las mismas palabras que Judy había dicho antes de morir. Releyó la frase y entrecerró los ojos. Ya la había oído hablar del ocaso y lo había relacionado con los niños. Con Beth- Tras de mí- murmuró y, después de unos segundos, arrojó el papel y cayó de rodillas, sacudiendo sus brazos y moviendo sus manos, buscando entre la montaña de hojas y haciéndolas volar lejos de ella.
Entre más quitaba, más cerca de algo estaba y podía sentir sus dedos chocar contra algo. O alguien, porque sus uñas rasparon contra ropa y finalmente descubrió lo que tanto había ido a buscar: el pantalón azul de su hija se asomó y sus manos aumentaron la velocidad, hasta quitar todas las hojas y ramas que cubrían a la niña.
- ¡Beth!- exclamó exaltada, tomándola bajo sus brazos y arropándola contra ella. La niña se abrazó a su cuello y Rachel la sujetó con fuerzas, llorando en su hombro por verla sin un rastro de sangre-
- Mamá, te extrañé. Quiero ir con mami-
- Ahora, hija. Ahora vamos- le aseguró alejándola para inspeccionarla mejor. Tocó sus mejillas y la miró impecable, de la misma manera que la había visto por última vez- ¿estás bien, cariño? - agregó emocionada y con la voz temblando, mientras sus muñecas se sacudían al sostenerle los brazos- ¿te golpeaste o te hicieron algo?-
- No, no me duele nada, mamá pero mordieron a la abuela Judy- sollozó al arrojarse contra su pecho y ella volvió a abrazarla, irguiéndose con la pequeña en brazos y olvidando los ocho años que ya tenía- la mordieron y le dispararon por mi culpa-
- La abuela está bien, hija. Nosotras debemos volver con mamá, ella también te extraña mucho- le dijo contra su oído y avanzando, intentando recordar el camino de regreso-
- ¿De verdad?-
- Si, Beth. La abuela también habló con mamá. Todo está bien-
- ¿Y voy a verla ahora?- Rachel sujetó su nuca, aplastando su cabello rubio y la apretó más contra ella, antes de agilizar el paso al ver a lo lejos la marca en un árbol que había dejado días atrás-
- No ahora, hija. La abuela está…ella se adelantó y la veremos luego-
- ¿Se fue? ¿Cómo la tía San? ¿o fue a ver a la tía San?-
- Sí, cariño….la abuela irá a casa y verá a la tía San. Ellas están juntas ahora o se reunirán en un momento- le respondió en susurro y corriendo los últimos pasos. Mientras lo hacia, en medio de aquellas despoblada calle, desvió su atención a la ventana y se mordió el labio, al divisar a su esposa ponerse de pie y en un segundo la puerta se abrió-
- ¡Beth!- gritó Quinn ilusionada y ella dejó a la niña en el suelo, sonriendo al verla correr a su encuentro-
Mientras la rubia lloraba de alegría y no soltaba a su hija, Rachel se acercó despacio y las observó desde afuera, sin intenciones de desarmar el momento. Sin embargo Quinn, con el mentón en el hombro de Beth, le sonrió y con una señal le pidió que se acercara. Las abrazó a ambas y se mordió con fuerzas el labio, evitando dejar escapar el llanto para no mostrarse débil ante las dos. Eran su única razón de correr a cada rato y cuidar su vida, de lo contrario estaría vagabundeando y siendo parte de aquella pandemia, consumida y ni siquiera hubiese puesto resistencia.
Cuando un raro sonido se oyó por el camino por el que había llegado, Smith, que miraba todo desde la puerta, se preparó con sus pistolas y ella se puso de pie al instante, alistando la escopeta y aguardando unos segundos.
Sin embargo así como apareció, con extrañeza el sonido se detuvo y no volvió a oírse. Rachel rodeó la cintura de Quinn y Beth y les ordenó regresar adentro. Cuando lo hicieron y solo ella y su compañero esperaban por ingresar, el sonido volvió a escucharse y solo se miraron, antes de entrar y cerrar con velocidad.
- Hay alguien allí afuera- susurró Smith mientras sostenía la puerta y ella observaba por la mirilla-
- Lo sé...y tenemos que cerrar y asegurar todo. Porque debe venir por nosotros-
Otro cap queridisimas lectoras y ya entraríamos en los 5 finales..Muchas gracias por leer y sobre todo tomarse el tiempo en comentar, son un amor así como el gigo dándole de comer a Lea en la boca en pleno juego de basquet ¿con qué necesidad?
Ni Glee ni sus personajes me pertenecen, lamentablemente. Que estén bien, saludos!
