―¿Cómo…?
Ives se pasmó con la seria explicación de Pansy:
―Casarnos tú y yo, mi amor, Dumbledore nos va a casar -añadió, un poco nerviosa-. Hogwarts tiene por costumbre que si te besas dentro del colegio, te comprometes a casarte.
―¡No podemos casarnos, no tenemos la edad!
―No, pero es un compromiso. Lo que se hace dentro de Hogwarts es muy serio, Ives.
―¡Esa costumbre no existe, es un truco, te lo sacas de la manga de la túnica!
Sacárselo de la manga de la túnica es expresión del mundo mágico en parte copiada por los muggles. Aunque Pansy lo sacó del bolsillo interior.
―Sí existe, mira, es éste -le dio un pergamino enrollado.
―¿Me estás hablando en serio? -se preocupó, tomando la hoja y desenrollándola.
―Lee.
Ella le plantó un beso en la mejilla, que le movió la cara.
―Igual nos casa ahora mismo -aventuró Pansy, de nuevo un poco preocupada, viendo a la puerta.
―Leo… pero, no sabía que fuera tan...
―¿... grave...?
―Sí, es lo que iba a decir.
―Es muy grave.
―¿Nos van a enjuiciar?
―Grave de importante, no de feo.
Cavendish puso el pergamino de cabeza.
―Esta usanza no se menciona en ningún reglamento... los estudié perfectamente para no romper una sola norma. ¿Es otro truco, Pansy?
Tomándolo por un brazo, Pansy explicó, intranquila:
―Nunca he hecho ningún truco. Sucede que lo que ocurre dentro de los muros de Hogwarts es oficial. Estrictamente el acoso escolar en la Edad Media eran faltas al honor que se pagaban con la vida, pero nadie hace caso ya, siempre y cuando los acosadores sean Gryffindor. Los Slytherin acosamos y hay indignaciones, llegando en ayuda sus papitos profesores.
―¿En resumen...?
―En resumen, al ser una escuela mágica se entiende que un beso es un Sigilo... bueno, es una marca de exclusividad entre dos almas que se aman -tú y yo-, por lo que para evitar el castigo lo mejor es asumirlo como iniciativa nuestra y con eso no hay delito. El matrimonio anticipado resuelve todo delito, aunque se consume años desp…
―¡Un beso no es un delito!
―Dado en el Gran Salón, sí. Mi Jefe de Casa podría retarte a duelo mortal si no cumples con tu compromiso.
―¿Duelo mortal con el profesor Snape? ¡Vuelvo al vientre de mi madre! ¿Y entonces?
―No te preocupes, Dumbledore oficializará nuestro compromiso como un matrimonio para evitar el casus belli. Habrá que pensar en traer testigos antes de la siguiente clase. Estás viendo el oficio como se hacía hace unos siglos.
Pasmado, Ives leyó por enésima:
SIGILO
El que firma, Ives Cavendish 13º Barón de Little Hangleton, se compromete con la doncella Pansy Parkinson, a causa del beso libre y apasionado que dio a la aludida dentro del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, a ser su novio en exclusividad y casarse con ella. Repetimos: por haberla besado y en razón del Honor de la Casa de Hufflepuff, Ives Cavendish se compromete a casarse con Pansy Parkinson inmediatamente o esperar a sus mayorías de edades, para tener el honor de contraer nupcias con la besada, jurando amarla, respetarla, darle la razón en todo, no oponerse a sus designios, tomar sus caprichos como deberes de amor, elogiarla cinco veces el día y serle fiel so-pena de lanzarse de cabeza al Velo de la Muerte y aun así seguir obligado a escuchar con devoción los consejos de la Amada, a la cual en vida pondrá por encima de todo, anteponiéndola a sus deberes para con el Estado Mágico, el Parlamento del Reino Unido e Irlanda del Norte y Su Majestad la Reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y Soberana de los Reinos de la Commonwealth, &c., aunque dicha insubordinación condenara al Feliz Novio Ives Cavendish a ser fusilado por el British Empire o enviado a podrirse a Azkabán por 83.5 años, condena que aceptará con una sonrisa adornándole los labios antes que fallarle a su amor, Pansy Parkinson La Novia.
Doy fe
Director Albus Dumbledore
Gran Hechicero
Presidente de la Confederación Internacional de Magos
Jefe de Magos del Wizengamot
Más lo que se junte
La Novia
El Feliz Novio
―¿Nada más yo soy "feliz"? ¿Y tú?
―Muy feliz, mi amor, firma... - le tendió una pluma.
―¿Y cómo es que traes este documento y pluma?
―Me salió en la clase de Astrología que iba a ocurrir, mi amor, firma...
―¡Tiene sellos! ¡Control Estudiantil, Sanidad Estudiantil, Archivos Estudiantiles!
―Para ahorrar tiempo, mi amor, firma... -señaló la línea.
Ives lo releyó, estupefacto, asimilando aquella enormidad.
Pansy, nerviosa, miraba de reojo a la puerta, esperando que antes de la llegada de Dumbledore, Ives firmara.
Aunque arrepentida por lo de la poción, Pansy le estaba poniendo de nuevo una trampa desalmada. No existía tal tradición. Pero tenía bases, no era gratuito, ni invento completo, incluso era lo más justo realizado por ella a la fecha: la intoxicación efectuada por Ives la convenció de que la amaba. Él le había dicho que no se arrepentía de haberla besado, lo cual era que finalmente estaba de acuerdo con lo que ella hiciera para defender su noviazgo. Y entonces Cavendish sólo necesitaba un leve, mínimo, simbólico empujoncito, para resolver su tibieza Hufflepuff y dejar formalizado su noviazgo con un casorio de compromiso.
Había salido mejor de lo planeado, pues sopesó la posibilidad de hacerse la desmayada y besarlo por sorpresa luego de alguna clase entre hoy y mañana, pero en el comedor no resistió las ganas de llevarle el Sigilo antes, al enterarse de la jugarreta de Ives contra Draco y a los Gryffindor.
Su arrebato fue por lo impresionante de la acción de Cavendish. De haberse dado a conocer con ella por esa jugada ("quiero que seas mi novia ya que estás libre, pues intoxiqué a Malfoy"), la habría hecho su enamorada leal. Ahora, decidida a todo con tal de quedarse con el Hufflepuff, incluso los sellos de las dependencias estudiantiles eran verdaderos, pues al acudir a las oficinas y pedir autorización para un trámite, sin especificar cuál, le otorgaron poca atención permitiendo que ella misma usara los sellos. Incluso el membrete de Hogwarts y la papelería de Dumbledore eran oficiales, pues teniendo a la mano cera y sellos, simplemente tomó la hoja necesaria.
Ahora, en el despacho de Dumbledore, dijo la historia a Ives conforme se le ocurrió, metiendo una frase en latín para que sonara más serio, explicándole que no casarse era casus belli o "causa de guerra".
Y aunque la idea no era exacta, una vez firmado el papel, legalmente sí se convertía en una carta-compromiso mágico. En Hogwarts, siguiendo un criterio medieval, se consideraba que los jóvenes eran mayores de edad antes de lo estipulado por los criterios muggles. Por eso Harry y sus amigos asumían deberes prácticamente de adultos desde los once años y con diecisiete eran considerados mayores de edad. Las parejas formadas en el colegio generalmente se casaban en el mediano plazo de terminar los estudios. Es decir, que la Slytherin quería apartar al Hufflepuff para ella y cuando otra se le acercara, Pansy sólo desplegaría el documento oficial con lujo de desplante para mandarla a freír espárragos, empezando por las simpatizantes de Ives, que la tenían harta.
No tenía muy claro cómo llevaría a término su plan ahora mismo, pero en cuanto llegara el director a soltarles la cantaleta, ella contraatacaría mostrando la carta-compromiso con el mayor de los aplomos. La sorpresa de Ives no importaba; importaba su firma.
Pansy Parkinson accionaba de la forma que ha dado (mala) fama a la Casa de Salazar, de alcanzar sus objetivos a la mala. Hacen un desbarajuste de personas y situaciones que después tratan de arreglar, pero con la tranquilidad que les da el que su meta está cumplida. Una vez satisfechos, aguantan desde el odio hasta el escándalo. Incluso eso puede unirlos más a su pareja de otra Casa. El colmo es que ésta un día puede darse cuenta de la trampa, pero está tan embobada por varias razones que ya no le importa.
Ives tomó la pluma y fue a la puerta.
―¿A dónde vas? -ella lo siguió con la mirada, en un salto de cabellos.
―¿Quieres que me apoye en el escritorio del director? Firmo afuera.
―¿Vas a huir?
―No.
―¿Sigues ahí? -preguntó ella, al verlo tardarse.
―Sí.
―¿Por qué tardas tanto? El director debe estar por llegar.
―Estoy ensayando mi firma.
―¿En dónde? -dudó, estirando el cuello- No llevaste otra hoja.
―En la pared. Quedará un lindo graffiti.
Dumbledore entró.
―Ives salió, profesor, está... -confundida, señaló a la puerta- ¿No lo vio, quiere que lo vaya a buscar?
―No hace falta, señorita Parkinson -tomó asiento.
Ella se preguntó cómo no lo vio, pero el director le mostró el Sigilo.
―Tengo idea que esto le pertenece, señorita Parkinson.
―En efecto, señor director Dumbledore -tomó la hoja que él le tendió- es el Sigilo que justifica nuestra actitud reprobable, pero mucho muy comprensible de hoy.
Se interrumpió. La Carta tenía en blanco, el espacio de la firma de Ives. Aquello le dolió. Sospechando, con la hoja en las manos, preguntó volteando a la puerta:
―¿Dónde estás, Ives?
―Firmando.
―¿Y terminaste?
―Uh, ya firmé mucho.
Salió al corredor rápidamente, hallando lo que tanto temía.
Sobre la baranda se encontraba un par de gruesos labios de plomo-asbesto posados sobre una pata de gallo del mismo material.
Era un ventrilócuitor. Ives había huido y desde donde se hallara, enviaba su voz a aquel artilugio.
Fastidiada, Pansy apoyó un codo en la baranda, al lado del objeto mágico.
―¿Y quedó firmado, ya?
―Dame un minuto -dijo el ventrilócuitor mostrando los dientes delanteros-, se me está terminando la tint...
Pansy le dio un manotazo lanzándolo al vacío y volvió al despacho. El artefacto cayó, sacando la lengua y asegurando:
―Creo que deberé bajar por más tinta porque ésta se termi...
El aparato habría llegado a su fin de no haber caído en el cráneo de uno de los Gryffindor intoxicado por Ives; consumido y adolorido, pasaba en muletas; el objeto rebotó hacia la hierba, donde se oyó:
―... será un poema.
El Gryffindor, que pateara los libros de Ives, al recibir el golpe sintió un efecto de ondas que bajó a sus intestinos. Dio media vuelta gritando y saltando en las muletas, con las piernas trenzadas:
―¡Ay, AY!
Arriba, rauda e indignada, viendo al suelo, la Slytherin entró de nuevo al despacho del director llevando pluma y frasco. Rápidamente puso su firma y salió:
―Voy a recabar la que falta, señor director Dumbledore.
―Señorita Parkinson -advirtió él, desde su asiento-, si abandona el colegio sin autorización, me temo que en vez de tres días de reclusión para ambos, serán veinte días de expul...
El fogonazo le mostró que era inútil hablar.
Pocos minutos después se encontraban con Dumbledore, el profesor Snape y el medimago en jefe, a los cuales el director del colegio explicó los hechos:
―... básicamente la señorita Parkinson huyó porque está enamorada del alumno Ives y ella quiere que sean novios a como dé lugar. Más todavía, ha decidido que se casarán, por lo que fue a... "recabar" la firma del señor Cavendish.
―Será necesario ir por ellos -opinó el medimago-. Es el cuadro típico de obsesión Slytherin y empavorecimiento Hufflepuff.
―Podemos enviar al Prefecto de Gryffindor -opinó Snape, acariciándose la garganta, deseoso de no tomar en sus manos aquel embrollo.
―El Prefecto no se ha repuesto de la intoxicación -explicó el medimago-. Tuvimos que usar dos enfermeros para que dejara de abrazarse al W.C. Insiste que es su mejor amigo. Lo tenemos conectado a dos tubos, uno superior y otro inferior, para que reponga por arriba, los líquidos que pierde por...
―No podemos enviar al Prefecto de Slytherin por esta situación tan fuera de lo común -interrumpió Snape-. No es una niñera. Es justo que vaya el Prefecto de Hufflepuff, por ser la parte caballerosa en este suceso.
―Terminará del lado de esos chicos, conmovido por su historia -respondió Dumbledore-. Elija a un encargado de Slytherin, profesor Snape. Le ruego sea rápido, no sabemos a qué peligro estén expuestos esos muchachos.
―El señor Malfoy es un joven de gran seriedad. Él los hará entrar en razón o regresará a la fuerza de ser necesario.
―No me gusta la expresión "a la fuerza", mi querido Severus.
―Y sería imposible su participación, el señor Malfoy sigue jugando snap explosivo -diagnosticó el medimago.
―Entonces Emil Gallant, más... amable -Snape hizo un gesto con la mano, para remarcar sus buenas intenciones.
Cuando Gallant, un muchacho rubio y delgado se presentó, Snape le explicó la situación y añadió:
―De no lograr convencerlos que regresen por medio del diálogo, emplee métodos para lograr un avance académico mediante una petición no verbal de retroceso.
―Como indique, profesor, eh... ¿existe pista de dónde empezar a buscarlos? -preguntó Gallant, que entendió se trataba de hacerlos regresar a la fuerza si era necesario.
―Lo dejamos a su criterio, señor Gallant -sonrió Dumbledore-. Trate de pensar como Hufflepuff, ¿dónde se escondería usted?
―Mh... Empezaré por ver en sus dormitorios.
―Buena idea -asintió Dumbledore, firmando un papiro-. En el entendido de su misión, señor Gallant, lo nombro Prefecto Supernumerario. Le asigno una Saeta de Fuego y autorización para los hechizos que marcaré en un salvoconducto y una lechuza Windfire que ya lo alcanzará, vaya, vaya ahora, por favor -volteó a Snape y al medimago para acordar detalles.
Gallant fue corriendo y pidió al Prefecto de Hufflepuff que buscara en sitios que le indicó.
Revisando en sus papeles se halló, abierto, un sobre rotulado Autorización Paterna Para Retirar Galeones En Situaciones Excepcionales. Vacío. Así que estaba dispuesto a huir, pensó Emil.
Ejerciendo su nuevo papel de detective-policía, la función que captó tenía un Prefecto Supernumerario (cargo que Dumbledore inventó en ese momento), en cuanto llegó envió la lechuza Windfire a Gringotts, con mensaje pidiéndoles que demoraran a Ives o lo buscaran en la calle y lo hicieran regresar con algún pretexto.
Gallant miró a través de la ventana, guardándose una alforja con galeones y el salvoconducto que le llevó el ave de correo.
―¡Escoba, escoba! -apremió, aunque ya estaba ahí; no podía salir del colegio con magia. Iría a su primer objetivo volando; pensó que debieron haberse saltado la condenada regla; a ver si no esa formalidad costaba caro porque todavía debía ir a Gringotts a confirmar.
Qué raro que a Pansy le gustara Ives, pensó, montado en la flamante Saeta de Fuego, sobrevolando la campiña, la cabaña de Hagrid y el lago, hacia Hogsmeade. Ives no era antipático a Gallant, pero éste tenía entendido que Parkinson era sombra de Malfoy desde que se recordaba. En fin, era Pansy Parkinson, una esfinge. Imposible saber qué le pasaba por la mente.
Emil Gallant se lanzaba a gran velocidad. Ives iba a poner pies en polvorosa. A ver si no llegaba antes Pansy por él. Una vez juntos, todo era posible. Haberse besado en el Gran Salón los revelaba capaces de más. Que se dieran cuenta de eso o no, era otro problema.
