Ahí va un poco de boda...

Es una historia sin ánimos de lucro y todos los personajes son de Rumiko Takahashi

Chapter 10 – Preparación de la Boda

El domingo amaneció sin una nube que amenazara con teñir de gris el día. Se auguraba un día radiante.
La boda era por la tarde así que tenían tiempo para prepararse, pero aún y así todos, con un cosquilleo en el estómago, se levantaron temprano.

Kasumi había sido la primera en despertar y, para apaciguar sus nervios, se distrajo con las tareas de casa y preparó un pequeño banquete como desayuno. Al ir bajando todos los habitantes de la casa y ver el pequeño festín rápidamente se sentaron ante los deliciosos platos y disfrutaron sin prisas del último desayuno que tendrían con su Kasumi Tendo. Kasumi había optado por tomar el apellido del Dr una vez se casara con él y no dejaba de ser un signo más de que algo cambiaría. Y aunque por suerte aún la tendrían con ellos bastante tiempo en casa, ya no sería lo mismo. Sin embargo, todos estaban felices. Felices por Kasumi. Felices por ver la eterna sonrisa de Kasumi más linda aún de lo que ya era habitual y de ver sus ojos, siempre sinceros y amables, brillar como nunca le habían visto hasta ahora. Kasumi se merecía todo lo mejor y antepondrían todos su felicidad al deseo de seguir teniéndola siempre con ellos. El único que aún no había aceptado la nueva situación que se avecinaba era Soun que desconsolado seguía llorando a mares y se resistía a pensar que su niña se había ya hecho una mujer adulta y se iría de su lado para vivir su propia vida.

La mañana pasó rápido. Nabiki, por teléfono, acabó de comprobar que todo estaba a punto mientras que los más jóvenes, para relajarse un poco, entrenaron un rato en el Dojo.

Ryoga quedó muy sorprendido al ver las mejoras de Akane y comprobó con resignación cómo lo que ya había notado el día anterior se confirmaba. No sabía qué había pasado, pero la relación de Ranma y Akane había dado un giro rotundo. No había insultos, no habían peleas, no habían malos gestos ni reproches. Ni siquiera había visto salir volando a Ranma desde su llegada, y eso sí que era significativo. Y, en cambio, si te fijabas más, se veían miradas de complicidad, sonrisas contagiosas, leves roces y contactos. Sencillamente se buscaban el uno al otro y no podían evitarlo aún estando Ryoga delante. Esa realidad hizo que una nube gris se apoderara de Ryoga y una tristeza enorme le embargó mientras veía a su enamorada entrenar con Ranma. Ni siquiera pudo sentir rabia, sólo dolor. Se nubló su mirada y temió no poder reprimir unas lágrimas que luchaban por escapar. No quería que le vieran así y salió corriendo del Dojo. Iba tan ofuscado que no vio el cesto de ropa mojada que Kasumi tenía a sus pies y que estaba colgando en el jardín, y cayó de bruces ante ella.

- Ryoga, estás bien? – le preguntó a amablemente mientras se arrodillaba para ayudarle a levantarse del suelo

Ryoga levantó la mirada, y sin poder evitarlo, un reguero de lágrimas cayó por sus mejillas. Kasumi al instante entendió, se sentó junto a él y le abrazó tiernamente hasta notar que se iba calmando.

- Lo siento Ryoga. Creo que era inevitable pero no es justo que eso te haga sufrir así. Lo siento mucho

Ryoga, se secó el resto de las lágrimas que se resistían en dejar de salir de sus ojos marrones y respirando hondo miró a Kasumi.

- Kasumi, lo siento, no quería que nadie me viera llorar y menos tú. No quiero estropearte tu día. Lo siento – y bajó la cabeza avergonzando

- Por mí no te has de preocupar, Ryoga – y levantó el rostro del chico perdido suavemente con su mano – pero no quiero verte triste. Eres una gran persona Ryoga y te mereces ser muy feliz. Estoy segura de que tienes a alguien que te está esperando

Al momento vino a la mente de Ryoga, Akari, su Akari. Siempre llevaba con él el portafotos con su foto y la de Akane. Akane, Akari… Ambas eran amables, dulces, comprensivas, siempre con ganas de ayudar a los demás y muy hermosas… en realidad se parecían mucho. Pero Akane ya no era suya, de hecho nunca lo había sido. En cambio Akari...

- Kasumi, al menos Ranma la trata bien? La está haciendo feliz?

- Sí, Ryoga, le ha costado muchísimo y no sé si es consciente, pero sí, hacía mucho tiempo que no veía a Akane tan radiante y es por el cambio que ha hecho Ranma.

Ryoga, se acabó de secar las últimas lágrimas y ayudó a Kasumi a levantarse del suelo.

- Te ayudo a colgar la ropa? – preguntó con una tímida sonrisa

- Por supuesto, Ryoga – y le dedicó una amplia sonrisa

Mientras colgaban la ropa Ryoga volvió a hablar

- Ya lo he entendido. Akane será siempre mi verdadero amor. Creo que jamás podré olvidar lo que siento por ella. Pero tienes razón, Akari, es mi destino. He estado ciego todo este tiempo, pero gracias a ti lo he visto claro. Eso sí, si algún día Ranma le hace algún daño a Akane o la hace infeliz, vendré desde donde esté para arreglar cuentas con él. La felicidad de Akane está ante todo!

- Ryoga eres fantástico – y cogió una camisa de pijama de Akane, recién lavada, que le pasaba Ryoga de la cesta para tenderla al sol.

Akane y Ranma no se dieron cuenta de la desaparición de Ryoga hasta que rendidos en el suelo por el entrenamiento, Akane descansando su cabeza encima de la barriga de Ranma, se levantaron y vieron el Dojo vacío. Al salir al jardín vieron a Kasumi alejarse con el cesto de la ropa ya vacío y a Ryoga acabar de colgar un último calcetín de Akane en la cuerda de la ropa.

- Qué haces aquí fuera, Ryoga? No te hemos visto salir – preguntó ingenuamente Akane.

- Oh! Ya habéis acabado? Nada, he visto a Kasumi y he venido a ayudarla – sonrió Ryoga intentando parecer convincente.

- Eres muy amable, Ryoga! – sentenció Akane devolviéndole una sonrisa deslumbrante – Nos vamos a duchar? Voy yo primero, vale? Os aviso cuando haya acabado

Y desapareció entrando en la casa. Ranma observó el gesto torcido de dolor en el rostro de Ryoga mientras éste veía cómo Akane entraba por la puerta de casa

- Ryoga, a mí no me engañas. Qué ha pasado? – se le encaró Ranma acercándosele

Ryoga se giró para mirarle a los ojos y muy seria y amenazantemente le contestó

- Como por un momento hagas que Akane sea mínimamente infeliz, te las verás conmigo – y siguió andando para dirigirse de nuevo al Dojo.

Ranma no supo reaccionar ante las palabras, pero sabía que iban en serio. Ryoga, su amigo y enemigo, eterno enamorado de Akane. No sabía a que venía aquello pero no le defraudaría. Nadie haría sufrir a Akane. Él se encargaría de que fuera así.

Durante la mañana todos se entretuvieron haciendo diferentes cosas, cada uno a su estilo, pero llegó el mediodía y ya nadie pudo reprimir más los nerviosos. La boda era a las 17h y aún quedaba bastante rato pero nadie quiso comer y todos, sin necesidad de acordarlo, empezaron a preparar y revisar lo que iban a ponerse. El día anterior ya habían quedado en que los chicos irían a cambiarse a casa del novio, y las chicas se quedarían en el Dojo Tendo. De allí a las 16:30h saldría un coche, que habían alquilado, que las llevaría al parque Ueno, al Tosho-gu, donde ya debían estar todos los chicos. Iba a ser una boda muy íntima y sólo estaría la familia.

La llegada de la madre del Dr Tofú al Dojo aceleró el proceso cuando entró gritando en el dojo con una gran bolsa donde llevaba su propio traje bajo el brazo

- Venga chicos, señores… vayan yéndose! Llévense sus cosas! Mi hijo ya les está esperando en su casa y nosotras necesitamos tiempo para vestirnos… venga… desfilen…

Buenas tardes Sra Tofú – saludó cordialmente Kasumi

- Hola, hija mía! Qué alegría que por fin llegue este día! Y qué caderas más anchas! Estoy tan contenta que mi hijo te haya escogido!

- Gracias Sra Tofú, yo también estoy muy feliz – murmuró Kasumi sin poder evitar sonrojarse

- Eyy… pero no me llames Sra Tofú! Llámame Kin! Que ahora seremos familia!

Todos estaban presenciando esta conversación estupefactos cuando Kin se giró repentinamente y volvió a increparlos

- Pero aún están ahí? Venga! En diez minutos todos han de estar fuera!

Al instante todos los hombres de la casa enfilaron hacia las escaleras, rumbo a sus habitaciones, para recoger todas sus cosas y desaparecer tal como la Sra Ono no paraba de repetirles. Incluso Soun había dejado de llorar al ver entrar al terremoto de su futura consuegra. Y como anunció la Sra Tofú, en menos de diez minutos, salían todos escopeteados por la puerta del Dojo sin ni siquiera despedirse.

- Bueeenoo… por fin solas! – Sonrió triunfantemente Kin.

Con una gotita cayendo por la frente las tres hermanas presenciaron todo el espectáculo orquestado por Sra Tofú.

- Bueno, chicas, vistámonos nosotras primero y dejemos a la novia para lo último, para poder ayudarla.

- De acuerdo! – contestaron a la vez las tres hermanas con una sonrisa de excitación en los labios.

Como habían hecho los chicos hacía unos minutos, ahora eran ellas las que se encaminaban animadas a sus habitaciones. La Sra Tofú entró en la de Kasumi donde ésta la ayudó a cambiarse.

La Sra Tofú había escogido un conjunto de falda y chaqueta color verde pistacho. La falda era lisa y ajustada, ensanchándose a la altura de los pies. La chaqueta también era ajustada con bordados de flores en blanco y un cuello bastante escotado que se elevaba por detrás del cuello. Para completar el conjunto se recogió el pelo en un moño y se puso un pequeño sombrero, que le caía de lado, también de color verde. Estaba sorprendentemente guapa y moderna.

Nabiki, en su habitación, estaba ansiosa por ponerse el vestido que había comprado. Le había costado mucho decidirse pero finalmente escogió un vestido algo más que atrevido, como era de esperar. Era de color marfil. Llevaba toda la espalda al aire cayendo un poco más allá del nacimiento de su trasero. Pero eso no era lo más exuberante. Por delante tan sólo le caía un trozo de tela, grácilmente arrugada, que le pasaba por detrás del cuello, caía sobre sus pechos tapándolos ligeramente y se unían en su cintura donde seguía bajando hasta el suelo sobre una gasa del mismo color que formaba la falda, que caía perfilando sus caderas hasta el suelo. Realmente estaba espectacular insinuando todo lo que había debajo de ese magnífico vestido. Para completar todo el conjunto se puso unos pendientes largos, que caían hasta sus hombros desnudos, del mismo color que el vestido. Al acabar, se miró al espejo y sonrió de medio lado. Estaba tan impresionante que no creyó necesario pintarse, tan sólo se dio un poco de color en las mejillas y quedó lista.

- Nada mal, no está nada mal – y volvió a sonreír satisfecha mientras volvía a mirar cómo quedaba su espalda reflejada en el espejo.

Akane, sin embargo, llevaba un buen rato sentada en su cama, con el vestido sin sacar de la bolsa. Se le hacía extraño. Estaba inmensamente feliz por Kasumi. Se merecía eso y más, pero ahora, en el momento de vestirse, se le hacía extraño asistir a otra boda que no fuera la suya. Ella no sería la novia. Desde la llegada de Ranma, no habían parado de haber bodas y todas eran suyas… y fallidas. Pero ahora estaba viviendo una boda de verdad. Se estaba dando cuenta que todas las anteriores habían sido una gran mentira y cómo era una boda donde realmente había amor de por medio. Y se alegró, se alegró por Kasumi y por el Dr Tofú. Ya llegaría su hora, si es que llegaba. Hoy era el día de su hermana y el Dr y no habría nada que lo estropeara. De nuevo animada empezó a abrir la bolsa que contenía su vestido.

- Aún estás así Akane – preguntó Nabiki desde la puerta de la habitación de Akane

- Eh!... oh… ya voy, ya. A ver tu vestido, Nabiki?... Madre mía! – gritó cuando la vio entrar con su despampanante ropaje - Jajaja… estás espectacular! Cualquier chico que te vea se va a quedar pasmado

- Jajaja… esa es la intención – confirmó su hermana mayor guiñándole un ojo – pero tengo sólo a uno en mente. A ese sí que lo tengo que cazar

- Cómo? En serio? Te gusta alguien? Quién es? Quién es? - Preguntó ansiosa Akane

- Ya lo verás – respondió misteriosa– Es un buen partido y también se ha de decir que muy guapo. Le he invitado a la boda.

- Mmmm…- pensó Akane - no se me ocurre quién puede ser… guapo y buen partido… me tienes intrigada.

- No sufras pronto lo verás. Venga corre vístete que hemos de ayudar a la novia.

- Voy! – respondió feliz – y vio desaparecer a Kasumi por la puerta.

Rápidamente acabó de sacar el vestido. Era un vestido con aires al estilo japonés. Era de color azul oscuro con algunos reflejos más claros, según desde el ángulo que se viera, que hacía conjunto con el color azulado de su pelo. En el cuello tenía como una cinta de la que caía la ropa ajustada cubriendo sus pechos hasta su delgada cintura, dejando totalmente al descubierto sus esbeltos hombros y toda su espalda. Desde la elegante cintura caía el vestido en una falda muy recta con un par de aberturas en cada lado que subían hasta cada muslo. Se lo puso y no pudo reprimir una sonrisa. Se sentía bien llevándolo. El azul oscuro resaltaba con el color blanco de su piel y el color azul de su pelo parecía formar parte del propio vestido. Era realmente bonito. El pelo se lo recogió un poco en los lados con unas horquillas, que casi no se veían, permitiendo enseñar sus bonitas orejas en las que puso, como pendientes, un par de perlas blancas dando más luz aún a su cara. Ligeramente se pintó los ojos con un poco de sombra azul y gris y los labios tan sólo con un poco de brillo. Estaba lista.

Al entrar en la habitación de Kasumi, Kin y Nabiki ya estaban allí también ayudando a vestir a la novia.

- Akane, estás realmente hermosa – le dijo Kasumi sinceramente al verla

- Gracias – le sonrió tímidamente

- Qué te parece el conjunto de ropa interior que le he regalado a Kasumi? – preguntó Nabiki pícaramente dirigiéndose a Akane

- Yo no quería ponérmelo – se defendió Kasumi un poco avergonzada acabando de ponerse una liga que se le estaba cayendo – pero la Sra Tofú y Nabiki han insistido

- Y tanto! – repitió Kin – ya verás como le gusta a mi hijo – y le guiñó el ojo a Kasumi que enrojeció a más no poder

Al ver su reacción todas rieron hasta que finalmente incluso Kasumi se unió a las risas.
Realmente era un conjunto muy fino en blanco pero provocador al más puro estilo de Nabiki.

Para que no se arrugara el vestido, entre las tres ayudaron a Kasumi a ponérselo. Al acabar todas quedaron en silencio observando el resultado. Estaba preciosa! El palabra de honor le ajustaba a la perfección y caía limpiamente hasta el suelo con los bordados que tanto empeño y trabajo le habían costado, pero el resultado era perfecto. Parecía un ángel. A Akane se le llenaron los ojos de lágrimas de la emoción. Kasumi estaba radiante. Su hermana mayor, que casi había sido como una madre, se casaba, y de repente, sin saber porqué sintió un vacío. Bajó la cabeza distraída para que nadie notara lo perdida que se sentía, pero Kasumi captó su movimiento y el sentimiento y confusión que Akane estaba experimentando, y sin dudarlo se acercó a ella y la envolvió en un abrazo.

- Se te va a arrugar el vestido – se quejó Akane cuando se vio arropada en los brazos de su hermana, sin poder evitar que varias lágrimas cayeran por sus mejillas

Kasumi, no le hizo caso y siguió abrazándola ante la tierna mirada de Kin y Nabiki.

- Akane, estoy orgullosa de ti – le susurró

- Oh, Kasumi! Te quiero tanto! – y le devolvió el abrazo fuertemente con miedo a que se fuera a esfumar como en un sueño

- Siempre estaré con vosotros, no has de temer – le tranquilizó Kasumi acariciándole el pelo

Ante esa confesión, Akane no pudo contestar nada por miedo a romper a llorar desconsoladamente. Se aferró a su hermana y por varios minutos estuvieron así. Kasumi confortaba a Akane convenciéndola en ese abrazo de que realmente siempre estarían juntas aunque estuvieran viviendo en casas separadas. Siempre serían una familia y se tendrían la una a la otra.

Poco a poco Akane fue aflojando el agarre, y se separó de Kasumi con una sonrisa en los labios

- Gracias

Kasumi le devolvió la sonrisa sin dejar de mirar a los ojos marrones de su hermana pequeña.

- Oh, casi se me olvida! – Exclamó Nabiki rompiendo el momento

Salió de la habitación y volvió a entrar con una carta.

- Es para ti – y se la dio a Kasumi que la abrió con sorpresa. Venía de la China

- Oh, es de tía Nodoka! Me felicita por la boda y se disculpa por no poder venir. Aún está en China y no sabe cuándo podrá volver. Nos echa de menos y me desea todo lo mejor!... Ah! qué lástima que no esté aquí, pero me alegra haber recibido su carta. Luego se la enseñaremos a tío Genma y a Ranma

- Eh!, ostras… Ranma… ufff… ahora vengo – Balbuceó Akane y, cómo tan sólo hacía uno segundos había hecho Nabiki, ahora salía corriendo ella de la habitación.

Al cabo de un escaso minuto entró de nuevo con un paquete pequeño envuelto en papel de seda blanco en las manos

- Esto es para ti, de parte de Ranma y mío – y se lo entregó a Kasumi

Con mucho cuidado lo fue abriendo y al abrirlo del todo no pudo reprimir una exclamación de sorpresa

- Esto… esto es el velo que llevó mamá en su boda!... pero si estaba maltrecho...

- Sí – sonrió Akane – Ranma y yo lo buscamos y lo llevamos a una tienda especializada y han podido recuperar el bordado y lo han restaurado. Te gusta?

- Me encanta! – y de nuevo abrazó a Akane – no tengo palabras

- Venga póntelo – le animó Akane con ganas de ver cómo le quedaba

Kasumi lo cogió con cariño y se lo puso en la cabeza. Le quedaba perfecto siguiendo el mismo bordado que ella misma se había tejido en su vestido. Un ángel.

- Estás muy hermosa! Mi hijo ha tenido mucha suerte – no pudo evitar decir la Sra Tofú mientras la dos hermanas sonreían orgullosas viendo a la impresionante novia.

De nuevo fue Nabiki quien rompió el momento para recordar que debían ir saliendo ya que el coche que las venía a buscar seguro que estaba fuera esperando. Se dieron un último repaso para ver si sus lindos vestidos seguían bien en su sitio y comprobar que no se olvidaban nada y, con mucho cuidado, fueron desfilando por las escaleras camino a la puerta del Dojo.

Continuará...

Qué tal? os ha gustado? Hasta pronto!