Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL DUQUE Y LA CORTESANA

CAPITULO 10

Media hora más tarde cuatro lacayos entraron en la habitación trayendo consigo un barreño y varios cubos con agua caliente para llenarlo.

Un lacayo entró tras ellos cargando con el pequeño baúl que yo había dejado en la recámara que Marco Vulturi me había designado para compartir con Senna, una cortesana muy simpática con la que acostumbraba compartir habitación.

Sin dudas Edward les habría pedido que trasladaran mis cosas a sus aposentos.

La doncella que les acompañaba me observó de manera especulativa.

A menudo las cortesanas éramos destinatarias del desprecio de las doncellas. Muchas veces, como ahora, se veían obligadas a tratarnos con excesiva deferencia por ser acompañantes de los caballeros, pero ellas tenían claro que no éramos damas sino simples prostitutas.

La doncella atizó el fuego de la chimenea antes de que la despidiese agradeciéndole amablemente.

Me desvestí cuando salieron y luego de poner en el agua algunas gotas del aceite de almendras que siempre llevaba conmigo, me sumergí completamente en el barreño disfrutando del calor del agua.

El aroma de almendras junto a la tibieza del líquido me relajaron un poco, difuminando la angustia que oprimía mi corazón al pensar en lo que debía estar sucediendo fuera, ahora que el alba despuntaba.

Estuve sumergida en el agua hasta que ésta perdió el calor. Salí entonces y me vestí solamente con una camisa nueva, ya que no quería que entre Edward y yo se interpusiera la ropa que Lord Hale había tocado sobre mi cuerpo.

Me senté frente al fuego, sobre la piel de borrego que descansaba frente a él, cepillaba mis cabellos esperando que Edward al fin volviera.

Cuando realmente estaba comenzando a preocuparme su tardanza la puerta se abrió. Me volteé y le vi, con el rostro sereno se acercó a mí y se sentó a mi lado sin decir palabra.

Tomó el cepillo de mis manos y comenzó a peinar mi melena, colocándose a mis espaldas.

Mi cabello relucía por el constante asedio de las cerdas del cepillo. Ninguno de los dos hablamos.

Finalmente dejó el cepillo en el suelo y tiró de mí obligándome a recostarme en su pecho. Apoyó su mentón en mi hombro para hundir su nariz en el hueco de mi cuello aspirando mi aroma.

Por encima de la tela de mi camisa, llevó sus manos a mis pechos y comenzó a masajearlos. Los pezones se endurecieron entre sus dedos expertos. Desató las cintas de la camisa abriéndola y bajándola por mis hombros para dejar mis pechos expuestos y volver sus manos a ellos.

En la parte baja de mi espalda podía sentir la erección de su cuerpo golpeando contra mí.

Se separó de mí unos instantes para volverme y tumbarme en el suelo.

Aún sin hablar levantó el ruedo de mi camisa dejando expuesto el centro de mi feminidad, se tumbó a mi lado y hundió en su boca mi sonrosado pezón.

Bajó la cinturilla de sus calzas liberando su brillante extremidad y sin más me penetró arrancándome un jadeo.

Edward respiraba con dificultad a la vez que me embestía preso de sus emociones. Su clímax lo alcanzó muy pronto y su simiente se vertió en mi fuente, otorgándole el ansiado desahogo.

Se quedó acostado sobre mí sin salirse de mi interior. Estuvimos así bastante tiempo hasta que al fin habló.

- Ha sufrido sólo un rasguño, no está herido de gravedad - dijo

- Lo estáis vos? - pregunté en un susurro

- Sólo un rasguño, pero fue su orgullo quien me lo infligió. Ya había acabado el duelo - sonrió con tristeza

- Vuestro honor ha sido suficientemente resarcido?

- Supongo que sí - se separó de mí recostándose a mi lado para observarme.

Me observaba con devoción cuando enredó sus dedos en un castaño mechón de mis cabellos que descansaba sobre mi pecho.

- No sé si podríais entenderlo. Entender cuánto me ha herido todo esto.

- Explicádmelo

Inspiró profundamente antes de dejar salir el aire de sus pulmones.

- Os amo, Isabella, no imagináis cuánto.

- Yo también os amo a vos - confesé

- Y desearía que no tuvierais que ejercer de cortesana - dijo y apretó sus dedos en mis labios cuando adivinó mi intención de quejarme - No imagináis cuánto odio pensar que alguien más pueda poseer vuestro cuerpo

- Poseerán mi cuerpo talvez, Edward, pero nadie poseerá mi alma ni mi corazón, porque os pertenecen, milord

- Lo sé, aún así deseo ser el único que ostente vuestro cuerpo. Pero también comprendo que no confiéis en mí y en mi deseo de haceros mi esposa y ocuparme de vos y los vuestros.

- Confío en que ese es vuestro deseo, Edward, pero no confío en que pudierais llevarlo a cabo

- Os entiendo. En todos quienes habéis querido confiar, os han defraudado hasta haceros saber que no podéis confiar en nadie. Pero podéis confiar en mí y voy a demostrároslo. Entiendo que al marcharme creyerais que lo nuestro había sido eso y había acabado, pero os equivocaste. Todo lo que dije antes sigo sintiéndolo. Os haré mi esposa.

Me apreté contra él amándolo.

- Pero lo sucedido con Jasper, va mucho más allá. Él me traicionó. Él no llevó a su lecho a una cortesana, él llevó a su lecho a mi mujer, sin importar cómo lo veáis vos. Jasper se decía mi amigo, quizás más que el mismo Emmett. Pero aún así eligió a la que sabe será mi mujer para copular con ella. Lo hizo solamente para hacer feliz a mi padre.

- Qué tiene que ver vuestro padre? - pregunté sorprendida

- Él no soporta creer que yo no vaya a casarme con la mujer que eligió para mí. Envió a Emmett a hacer cualquier cosa para que yo anulara mi decisión de desposaros, pero Emmett simplemente hizo buenas migas con vos. Entonces recurrió a Jasper. Jasper confía en caerle mejor a mi padre para que aumente la dote de mi hermana Alice. Haría cualquier cosa para complacerle.

- Y qué lugar ocupa vuestra hermana en todo esto? No le importa que su prometido comparta el lecho de otras mujeres? No le molesta que su propio padre se lo consienta y estimule?

- Oh, mi querida, nuestro mundo es bastante más complejo que eso. Alice es una niña que hará lo que su familia diga. Sólo tiene 16 años y su compromiso fue arreglado cuando contaba 14. Ya estaba prometida cuando hizo su debut. Ella lo creyó un honor y cree que ha de aceptar que su marido tenga amantes. Simplemente cree que así es como debe ser.

- Y vos no creéis que así deba ser?

- Talvez así sea, pero no es así para mí, no es lo que yo deseo.

Nos quedamos en silencio acariciándonos. Los dedos de Edward recorrían mis pechos dando pequeños pellizcos a las pequeñas protuberancias que se endurecieron bajo su contacto.

Bajó su boca a mi pecho y lo hundió en ella estimulándome. Se separó de mí cuando mis pechos estuvieron erguidos frente a él.

- Tenía mucha necesidad de ti y no me tomé el tiempo suficiente – susurró – La próxima vez no será así

Se levantó y me tomó en sus brazos para llevarme a la cama. Me quitó la camisa y se desvistió antes de tumbarse a mi lado.

Sus labios y sus dedos recorrieron mi cuerpo por entero una y otra vez convirtiendo mis músculos en jalea.

Una espesa secreción humedecía los labios de mi sexo bajo los rizos castaños. Edward deslizó su lengua entre ellos haciéndome gemir.

Me penetró con ternura y firmeza y me embistió durante varios minutos hasta llevarme al clímax que llevaba semanas anhelando.

El sol ya había dejado su punto más alto hacía horas y Edward y yo aún no habíamos salido de sus aposentos y sospechaba que no lo haríamos.

Los nobles se daban a veces esos privilegios y Edward había hecho que nos sirvieran refrigerios en la habitación.

La cabeza de Edward descansaba sobre mi vientre desnudo. Mis dedos se deslizaban acariciantes entre sus cabellos.

- Debería viajar a Florencia – me informó Edward con calma

- Tienes que irte otra vez? – pregunté intentando enmascarar la angustia que me asoló

- Debería hacerlo, sí

- Y cuándo te marchas?

No podía disimular el dolor que le infligía a mi corazón saber que nuevamente iba a dejarme, pero en el fondo de mí, y por mucho que doliera aceptarlo, siempre había sabido que así sería.

Edward levantó la cabeza y me miró mientras su mano separaba mis piernas.

- No voy a dejarte sola – sonrió colando su dedo en mi canal

- Ah, no?

- Desde luego que no, signorina dijo embistiéndome con su mano

- No has dicho que te marchas a Florencia?

- Sí, pero no he dicho que vaya a hacerlo solo

- Qué quieres decir? pregunté nerviosa

- Quiero que vengas conmigo - me envaré con sus palabras - Tengo una propiedad en Florencia, he pensado que podríamos quedarnos allí un par de semanas. Debo atender algunos negocios, reuniones con los mercaderes de tejidos pero tendré bastante tiempo libre para que estemos juntos.

- Oh, Edward - me quejé - no sé si será lo más apropiado - suspiré retorciéndome por el placer de sus suaves embestidas

- Yo, por el contrario, creo que eso sería lo más apropiado. - dijo intensificando el ritmo de sus acometidas

- Edward, yo…

- Y no quiero escuchar nada más sobre tu trabajo o lo que sea que pretendas decir para negarte a acompañarme. Te pagaré si es necesario.

Sus palabras me hirieron y toda la excitación que sentía desapareció dejándome tensa y gélida.

Edward notó la rigidez de mi cuerpo y detuvo su asalto.

- Qué sucede? - susurró elevándose sobre mí y acercando su rostro al mío.

Tímidas lágrimas corrieron por mi rostro.

- Isabella, querida, qué sucede? He dicho algo malo? - dijo acariciando mi mejilla

- Nunca aceptaría tu dinero

- Isabella… no quería ofenderte

- No podrías ofenderme - rebatí - Es lo que soy. Una cortesana.

- No es lo que significas para mí y lo sabes - discutió - Lo que quería decir es que si necesitas dejarle dinero a tu familia para poder venir conmigo sin que te pongan inconvenientes, puedo darles el dinero que deseen

- No deseo cobrarte por mis servicios - dije sin poder reprimir el llanto y sintiéndome una estúpida

- No te pago por tus servicios - gruñó - pero en mi mundo, se espera que un hombre se ocupe de los problemas económicos que pudiera tener la familia de su prometida.

- No soy tu prometida

- Lo eres para mí, aunque no tengamos el contrato firmado aún, lo eres. No voy a permitir que me rechaces. Vas a ser mi esposa.

Sus dedos apresaron mis labios para impedirme hablar

- Sin discusión -susurró sobre mis labios antes de besarlos con pasión


Hola! Nuevo capi, espero que les guste.

Ya sabéis, review=adelanto.

Besitos!