Disclaimer: Ya lo dije, lo repito por las dudas: mis derechos sobre Glee son proporcionales a mis habilidades vocales. Me han querido echar de mi propio cumpleaños por cantar, así que sacad vuestras propias conclusiones.
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Damage Points
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Capítulo IX:
«El que busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla». Manuel Vicent.
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Kurt retrocedió un paso, algo impresionado, cuando Blaine se arrastró por la pared hasta quedar sentado en el suelo del corredor. La botella que traía en la mano hizo un suave ruido contra la madera, quedando apoyada a su lado y dejando las manos del joven libres para pasarlas por su cabello. El usual peinado del moreno había quedado totalmente arruinado, algunos de sus rizos cayendo rígidamente sobre su frente.
—¿Anderson? —llamó el pálido muchacho, con cautela, acercándose.
Blaine no contestó, sólo se quedó allí, y Kurt hubiese jurado que estaba dormido si no hubiese sido por los ocasionales suspiros que soltaba o el movimiento de sus manos hasta su cabello, el cual seguía desordenando.
—Creo que necesitamos acostarte en algún lado —murmuró el más alto.
El joven se acercó y Blaine alzó los ojos hacia él. Había una mirada dolorosa en su rostro; sus ojos avellana se encontraban caídos y su labio inferior estaba apresado suavemente por sus dientes, como si estuviese conteniendo su propia desesperación. Era un aspecto completamente nuevo para Kurt.
—Necesito irme de aquí —susurró el moreno.
—¿Qué?
—Sácame de aquí —rogó Blaine, dándole nuevamente esa mirada dolida—, por favor.
El joven Hummel miró a su alrededor, vacilante, como buscando un respaldo. No había nadie más allí.
—¿Trajiste… tu auto?
Blaine asintió ausentemente.
Kurt jamás había tenido que lidiar con alguien que había bebido más alcohol del que su cuerpo podía soportar, por lo que no estaba muy seguro de cuáles eran los pasos a seguir. Sin embargo, el moreno parecía querer irse y el joven Hummel tenía el suficiente sentido común para saber que no podía ponerse de pie en aquellas condiciones, por lo que mucho menos podría conducir hasta su casa. Con un profundo suspiro, impulsado por la desesperación del muchacho sentado junto a él, Kurt de inclinó para mirar a Blaine a los ojos.
—Espera aquí unos minutos y te llevaré a casa, ¿vale?
El moreno asintió, y el joven Hummel esperaba que realmente hubiese entendido lo que había querido decir. Sin poder decir nada más, Kurt volvió a bajar las escaleras, siendo nuevamente recibido por la música ensordecedora y la gente eufórica. Entre la multitud, buscó los familiares rostros de New Directions, hasta dar con Mercedes y Sam, que se encontraban riéndose idiotamente, uno apoyado contra el otro.
—¡Kurtie! —gritó su amiga, con un exceso total de entusiasmo.
El aludido rodó los ojos, aunque no pudo evitar sonreír un poco.
—Oye, me voy a llevar a Anderson a su casa —explicó en vano, porque Mercedes seguía mirándolo con la misma sonrisa y asintiendo como si realmente comprendiera la situación.
—No hagáis cosas sucias —pidió con una sonrisita.
Con las mejillas sonrosadas y una expresión de disgusto, Kurt se alejó de su amiga. Llegó a encontrar a Finn en una de las bancas del rincón, con Rachel a su lado. La muchacha se encontraba apoyada contra él y parecía estar dormitando, aunque balbuceaba algo sobre el poder de convicción del enemigo. El joven pálido le dio al muchacho más alto una sonrisa de lado antes de explicarle el por qué de su partida.
—¿Tienes auto? —preguntó Finn, frunciendo el ceño. Era una tranquilidad saber que, efectivamente, se encontraba completamente sobrio.
—Me llevaré el de Anderson —murmuró Kurt incómodamente.
—Oh, de acuerdo, tío. Nos vemos el lunes.
—Vale —coincidió—. Y no me digas tío.
Finn le dio una última sonrisa antes que se marchara, volviendo a escabullirse entre la gente para alcanzar la casa. Con una mueca ofendida ante un golpe accidental en sus costillas por parte de un satánico bailarín, Kurt consiguió meterse nuevamente en la casa. Subió las escaleras con cuidado, encontrando a Blaine en el mismo lugar que antes, dándole un ausente sorbo a la botella que traía con él. El joven castaño torció el gesto. ¿Por qué no le había quitado la bebida antes de irse?
—Anderson, deja esa botella, por favor.
Blaine parpadeó en su dirección, soltando la bebida a su lado.
—¿Podemos irnos?, ¡quiero irme!
Kurt asintió con un suspiro, tendiendo su mano. Blaine la tomó después de una leve vacilación, aferrándose a ella como si la vida se le fuera en ello. El muchacho de ojos celestes tuvo que sujetarlo con sus dos manos para conseguir ponerlo de pie, ya que el joven no parecía más que un peso muerto. Con cierta dificultad, Kurt consiguió que pasara un brazo por arriba de sus hombros. El familiar perfume de Blaine golpeó su rostro cuando la cercanía se hizo inevitable, mezclándose a su alrededor con el olor a alcohol.
Con pasos de bebé, los dos muchachos comenzaron a bajar los escalones, Kurt teniendo especial cuidado en que Blaine no trastabillara y los mandara a ambos al demonio. El joven Anderson hundió su rostro en el cuello del más alto, provocándole a este una extraña ansiedad y desesperados deseos de soltarlo y dejarlo que cayera por las escalaras. De alguna forma, nunca había disfrutado mucho del contacto físico; mucho menos, si provenía de alguien a quien no soportaba el noventa y nueve por ciento del tiempo que compartían en la misma habitación —y Kurt le dejaba un centésimo a favor, sólo porque era una buena persona—.
Después de unos cuantos tropezones y de unos diez minutos para conseguir que Blaine se pusiera su blazer, los jóvenes consiguieron salir de la casa y el más alto suspiró, apoyando al moreno en la pared del porche e intentando por todos los medios que se mantuviera de pie, asiéndolo de los hombros. El joven Anderson le dio una fija mirada, sus ojos avellana brillando más de lo usual.
—Anderson, necesito que me digas cuál es tu auto.
Blaine se tomó su tiempo, aún observándolo de aquella forma que lo incomodaba totalmente.
—No me gusta que me llamen Anderson —murmuró—. No me gusta mi apellido.
Kurt parpadeó rápidamente, conteniendo el impulso de rodar los ojos.
—Vale, Blaine —se corrigió, haciendo su mejor intento por ser paciente—, viniste con auto, ¿cierto?
El muchacho se lo pensó unos segundos. Luego asintió.
—¿Cuál es?
—El jeep —murmuró—. Un jeep. Azul.
Kurt rodó los ojos. Cómo no.
Con pasos lentos y renovados deseos de dejar a Blaine sentado donde estaba e irse a su casa, Kurt consiguió arrastrarlo por la calle y dejarlo en el bordillo mientras buscaba el vehículo en cuestión, con una apenas perceptible llovizna llenando el aire. Afortunadamente, el joven de Dalton parecía tener algún privilegio por ser amigo del anfitrión, porque su auto se encontraba sólo a unos pocos pasos de la entrada. Apenas lo divisó, Kurt volvió corriendo en dirección a Blaine y ambos retomaron la marcha. Dando tumbos, los dos llegaron hasta el asiento del copiloto, donde el muchacho más alto se encargó de sentar al otro. Blaine parecía bastante entretenido observándolo mientras Kurt luchaba por abrocharle el cinturón de seguridad sobre el blazer.
—¿Tienes las llaves del auto?
El muchacho se encogió de hombros y Kurt le echó una mirada incrédula. ¿Acaso no iba a cooperar en absoluto? Con molestia, el joven Hummel revisó los bolsillos del abrigo del moreno, sin encontrar más que un pañuelo y algunos billetes sueltos. Desabotonando el blazer con dedos torpes y con los ojos de Blaine siguiendo cada movimiento, Kurt se inclino un poco. No podía creerlo, pero sus manos se agitaban suavemente. ¿Por qué demonios estaba tan nervioso y por qué los jodidos botones eran tan difíciles de sacar de los ojales?
—Estúpido blazer —murmuró. Le echó una mirada mordaz al joven—. ¿No podías ponerte una cazadora y ya?
—Amas el blazer —replicó Blaine, casi ausentemente, sonriendo con pereza—. Todos lo hacen.
Kurt suspiró, con aquella incansable necesidad de poner los ojos en blanco, deshaciendo el último botón y buscando en los bolsillos interiores. Mientras la hacía, observando el sweater oscuro que Blaine traía debajo, no pudo dejar de admitir que el sentido de la moda era bueno y que, efectivamente, el blazer era del agrado de Kurt. Afortunadamente, las llaves se encontraban cerca del pecho de Blaine, en el bolsillo superior. El joven Hummel no tenía pensado meter las manos en sus pantalones, gracias.
La lluvia se había vuelto un poco más fuerte cuando comenzaron el camino hacia la casa de Blaine. El muchacho que se encontraba como copiloto, lejos de dormir, como Kurt había esperado originalmente, iba con la cabeza apoyada en el vidrio. Ocasionalmente le daba miradas rápidas que, más de una vez, se transformaban en un análisis especialmente perturbador.
—Tus ojos son preciosos —había comentado Blaine, haciendo que las orejas del joven Hummel enrojecieran. Los ataques de bipolaridad del moreno parecían ser algo consistente en su personalidad, estuviese sobrio o ebrio como una cuba.
Molesto, Kurt decidió cortar cualquier otra acotación posible poniendo la radio. Aquello hizo su parte, ya que Blaine se limitó a seguir mirando por la ventana, con ocasionales vistazos en su dirección que parecían inevitables.
Finalmente, después de algunas vueltas demás por tomar caminos incorrectos, Kurt consiguió divisar la manzana donde se encontraba la casa de Blaine. Con una expresión de alivio en su rostro, aparcó el jeep del muchacho cerca de la casa. En cuanto sus ojos se posaron en el tranquilo hogar, un pequeño detalle lo golpeó con fuerza, haciendo que su cuerpo fuese recorrido por un escalofrío de anticipación. Miró al otro muchacho casi con terror.
—¿Tus padres tienen sueño pesado?
—Mis padres no están en casa —respondió Blaine lentamente—. ¡Ellos nunca están en casa!, ¿para qué estarían en casa?, ¡es aburrido!
—Vale, vale, Blaine —murmuró Kurt, ante el tono alto del muchacho.
Resignándose a que la lluvia arruinara su atuendo por completo, Kurt desabrochó el cinturón de seguridad de Blaine y se bajó rápidamente del vehículo. Después de abrirle la puerta al moreno, lo ayudó a bajar, teniendo que sostener gran parte de su peso. Era bueno que, efectivamente, Blaine fuese algunos centímetros más bajo que él, porque agarrarlo resultaba un poco más fácil —incluso cuando el joven Anderson parecía poner especial empeño en no combatir la gravedad ni un poco—. Si terminaba con la cara en el suelo, nadie podía culpar a Kurt por ello.
Blaine sacó las llaves la puerta principal y las sacudió ruidosamente delante de Kurt, con una sonrisa que delataba cierto entusiasmo. Mirándolo con desconfianza, el muchacho sobrio cogió el juego de llaves y probó cuál era la que abría hasta que dio con la correcta. Blaine estaba apoyado contra su costado derecho, empapándolo aún más con su cabello, mientras Kurt empujaba la puerta con una suave patada. En la oscuridad, buscó el interruptor de la luz, pero Blaine no parecía tener empeño en ponérselo fácil. Con una risa sofocada lo empujó, quedando Kurt contra una de las paredes de la casa. Kurt sintió su corazón latir con fuerza dentro de su pecho, siendo el susto una combinación entre el brusco movimiento de Blaine y el violento sonido de la puerta al cerrarse con el viento. Sus ojos celestes se alzaron en la penumbra, hallando el rostro de Blaine a escasos centímetros del suyo. En sus labios estaba aún aquella sonrisa rota, esa expresión que pronto fue transformándose en amarga. El aliento tintado de alcohol golpeo el rostro del más alto cuando el otro habló, haciendo que su estómago diera un vuelco violento.
—No quiero más esto —susurró Blaine.
—¿Q-qué es lo que n-no quieres? —preguntó, hablando en el mismo tono de voz, como si alguien realmente pudiera preocuparse de despertar a alguien después del violento cierre de la puerta.
—Estar enamorado —balbuceó él—. No lo quiero.
El moreno escondió su rostro en el hombro de Kurt, refugiándose en el hueco de su cuello. El joven pálido sintió un nudo en su garganta, la incomodidad y los nervios haciéndolo sentir tan ansioso como las palabras de su acompañante, mientras los rizos húmedos le hacían irrespetuosas cosquillas en la piel que rozaban.
—Eso… no es algo que puedas elegir —musitó, acariciando torpemente la espalda de Blaine.
—¿Por qué él? —preguntó, alzando su rostro para mirarlo. Las manos de Blaine treparon hasta el rostro de Kurt, sosteniéndolo por las mejillas suavemente—. ¿Por qué no pudo simplemente estar enamorado de alguien como tú?
Kurt contuvo la respiración, sus ojos claros encontrándose en la penumbra con los brillantes ámbares que contenían los de Blaine. Luego el muchacho más bajo volvió a apoyar la cabeza en su hombro, pasando distraídamente sus dedos por el pecho de Kurt y haciendo que los latidos del corazón del más alto siguieran disparándose hasta límites insospechados. El joven Hummel sabía que debería haberlo cortado antes, pedirle que se callara y obligarlo a subir a su habitación de una patada, pero no podía. Sólo seguía allí, acostumbrado a eso de ver las cosas pasar frente a sus ojos sin hacer nada al respecto.
El cálido aliento de Blaine en su oído fue un llamado de atención y sintió como el cuerpo del joven se aflojaba contra el suyo, casi hasta el punto de ser un peso muerto.
—Ojalá todos fuesen como tú —susurró el moreno, antes de comenzar a dormitar sobre su hombro.
Y, a pesar que Blaine estaba dentro de un sueño ligero y su cuerpo se encontraba totalmente relajado, Kurt no fue capaz de moverse de allí por una buena cantidad de minutos.
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N/A: *Contiene el grito de fangirl y la sonrisa psicópata de Klainer entusiasmada*. Yo les dije que la acción iba a comenzar de a poco, pero que lo haría. Y tengo demasiadas ideas para los próximos capítulos; lo único necesario es paz y tiempo para escribir, pero las ideas están. Muero por saber qué les ha parecido este capítulo, porque, en lo personal, es uno de mis favoritos hasta el momento.
Millones de gracias por los comentarios y por los mensajitos que me han llegado a mi Twitter y a mi Facebook —doble gracias, por cierto, a aquellas que se tomaron el trabajo de buscar la nueva dirección jaja—. Los comentarios de esta historia siempre me parecen particularmente cómicos, y es un lindo cambio de las otras. En serio, gracias por el apoyo.
Estaré trabajando en un nuevo slash original al estilo de Esa Fina Línea, pero intentaré darle prioridad a esta historia. Tengo muchas ideas en mente, repito, y sigo como fangirl emocionada deseosa de escribir. Lamentablemente, el deber llama.
¡Saludos para todas! Mil gracias por leer y por toda la buena onda.
MrsV.
