Episodio 10: Las palabras no bastan
-Chicos, hemos llegado a la isla, en un momento mis hombres colocarán la pasarela y podréis bajar.
La forma de actuar de Richie denotaba que los nervios estaban empezando a dominarle, de hecho casi saltó cuando el anciano les avisó de la llegada.
-Muchas gracias, capitán -Dijo Richie-. Nos está haciendo un gran favor, ¿podríamos recompensarle de alguna manera?
-Gana esa medalla Puño, jovencito. Y asegúrate de que Max aprende de cada uno de tus movimientos. Apuesto a que tiene mucho que aprender de ti.
La medalla puño… Otro combate de gimnasio, aún afectado por la batalla contra Norman, no estaba seguro de haber recuperado las fuerzas para desafiar a otro líder. Por otra parte, estaba Max. Este niño había confiado en él, en cierto modo le había confiado su seguridad porque le consideraba un entrenador fuerte y competente. ¿Qué clase de primera impresión estaba dando?
Al parecer, el chico estaba dispuesto a presenciar su próximo combate y todos los que librara. Y bueno, tampoco era que le importase mucho la opinión que Max iba a tener de él… ¿O sí? Al fin y al cabo, a nadie le gusta parecer débil.
Richie cerró un puño y lo alzó vigorosamente dirigiendo la mirada hacia sus pokémon.
-Delo por hecho, esa batalla es nuestra. ¿Verdad chicos?
La respuesta fue inmediata y enérgica, su equipo se puso en pie y alzaron brazos, alas y zarpas al aire vitoreando en sus respectivos lenguajes.
Seguidamente, Richie les devolvió a sus pokéball, con excepción de Sparky, que subió a su hombro, y comenzó a cruzar la pasarela que acababan de colocar. Cada paso que daba le hacía sentir un poco más cerca de su próximo combate, pero la sensación no era positiva, no lograba calmarse ni pensar con claridad. No había logrado recuperar por completo la confianza en sí mismo.
-¿Ocurre algo, Richie? -Preguntó la voz de Max detrás de él- ¿Por qué te has parado?
Entonces se dio cuenta de que mientras pensaba había ido reduciendo el paso hasta detenerse completamente a mitad de camino entre el barco y la playa.
-No es nada, Max -Respondió él-, los nervios del combate de esta tarde me están jugando una mala pasada, eso es todo…
Max puso una mano sobre su hombro.
-No tienes de qué preocuparte, Richie -Le dijo Max en tono confiado-. Eres un buen entrenador y cuentas con dos pokémon de tipo volador en tu equipo. Sé lo que te pasa, ya lo he visto antes. Aún no has superado lo del último combate y eso puede hacer que no te sientas capaz de conseguirlo. Pero eso solo está en tu mente.
Richie se giró y se quedó mirando a Max sorprendido por aquellas palabras. Sin saber muy bien que respuesta darle, se decantó por sonreír y alzar el pulgar.
-Gracias Max.
Max acarició la cabeza de Sparky y ambos comenzaron a andar de nuevo hacia la ciudad.
-Y ahora vamos a buscar el centro pokémon o un restaurante -Dijo Max cambiando súbitamente de tema-. ¡Me muero de hambre!.
-¡Muchachos! -Les llamó el capitán mientras volvía a internarse en el mar- ¡Nos vemos esta noche, aquí mismo a las doce en punto de la noche!
Max se giró al oír las palabras del anciano. Debía haber oído mal, ¿Había dicho a las doce? podía contar con los dedos de una mano las veces que se había quedado despierto hasta tan tarde, y no las recordaba como experiencias agradables. Pero pensó que sería mejor no compartir su opinión con Richie, ya que él había aceptado sin ningún reparo.
-Vale Max, vamos a comer -Le dijo con la voz cargada de energía-. Y luego a por mi combate.
Mientras recorrían las calles del pequeño pueblo, un pintoresco restaurante llamó la atención de Richie.
-¿Has visto esto, Max? aquí sirven comida para pokémon y personas por igual. ¿Te apetece que comamos todos aquí?
Antes de responder, Max se acercó a uno de los expositores y comprobó la carta, los nombres de los platos sonaban genial y las fotografías de la comida despertaron aún más su apetito, por no hablar del delicioso aroma que emanaba del lugar. Además, comer en compañía de los pokémon era un aliciente más.
-¡Claro que sí! -Dijo entusiasmado- ¡Por mí genial!
Tras una fantástica comida, salieron de nuevo a la calle en busca del centro pokémon. Lo encontraron con facilidad gracias a Max, que ya lo había visitado con anterioridad. Estaba cerca de la playa, rodeado de vegetación. Era más pequeño de lo que era común y tenía un tejado rojo y redondeado, con una pequeña torre parecida a un faro en la parte central.
Tal como Max suponía, lo primero que Richie hizo fue dejar a sus pokémon en manos de la enfermera Joy para que les realizara un chequeo. Entonces se quedó un momento pensativo mirando al suelo, parecía que algo le preocupaba... Tras vacilar unos momentos, Max se decidió y le preguntó.
-Richie, ¿ocurre algo?
Richie no respondió enseguida, permaneció unos instantes en silencio.
-¿Te importaría -Empezó a decir sin levantar la vista- … esperarme aquí, Max?
¿Esperarle? bueno, no había problema, él podía quedarse en el centro hasta que decidiese volver pero… no podía evitar preguntarse qué le ocurría. Por lo visto, Richie no consideraba que fuese asunto suyo, o se lo habría dicho directamente. Pero no podía evitar preocuparse por él.
-Claro que no, estaré aquí cuando vuelvas. ¿Quieres que recoja yo a tus pokémon cuando la enfermera Joy termine?
-No creo que tarde tanto, será solo un momento. Gracias, Max, nos vemos en un rato.
Y dicho esto, salió por la puerta y se perdió de la vista. Max se quedó mirando al exterior un momento, luego se sentó en uno de los sillones y dejó a su mente divagar acerca de lo que acababa de ocurrir.
El tiempo pasaba muy lentamente, el centro estaba desierto con excepción de la enfermera, que se encontraba en la zona privada, ocupada con los pokémon de Richie y él mismo. No había gente con la que hablar ni pokémon a los que observar. Cuando Max empezaba a impacientarse, la enfermera volvió a la recepción con las pokéball en una bandeja y Sparky fuera de su pokéball. Al verla, Max se levantó y se acercó a la mesa.
-Tú eres amigo del entrenador de estos pokémon, ¿Verdad?
Max asintió, ligeramente preocupado por la tardanza de Richie.
-Sí, viajamos juntos. Le he dicho que yo recogería sus pokémon si él aún no había vuelto.
