I de Inútil
Rose chasqueó la lengua mientras veía cómo Scorpius Malfoy miraba fijo su plato de puré de papas y mantenía su fina boca recta como una tabla, arrugando la nariz desde la mesa de Slytherin. Había hecho eso más de diez veces en la mísera media hora que llevaban en el Gran Comedor y seguía sin siquiera acercar su cuchara a la comida, completamente indiferente al molesto e inevitable bullicio que había en todos lados. A pesar de que estaba a millones de kilómetros de ella, podría jurar que escuchaba los pliegues de su nariz contrayéndose sobre sí mismos para generar la mueca de desagrado.
—No sé qué bicho te ha picado, Rosie, pero definitivamente no fue uno pequeño.
—Cállate.
El sol ya no pegaba tan fuerte, lo que era común considerando que ya estaban fines de noviembre y que el otoño estaba prácticamente sobre sus narices. Rose no estaba de muy buenas migas, Sarah llevaba mil años en un examen de adivinación y no había tenido más opción que sentarse cerca de su hermano y Lily para tener algún tipo de contacto humano. Claro, eso hasta que había llegado...
—¡Me preguntó por ti, Rosie!
—Calla.
— Quería saber por qué demonios ya no le hablas...¡Yo ni siquiera sabía que mantuvieran conversaciones!
—¡Albus cierra el pico!
Rose resopló y pinchó el tomate de su ensalada con tan fuerza que lo atravesó por completo, haciendo que se escuchara un sonoro ¡clanc! cuando el tenedor chocó con el plato. Albus, a su lado, trataba por todos los medios de llamar la atención de su prima y no había tocado ni un pelo de su arroz con pollo. Tenía la verde corbata amarrada a la muñeca, el cabello azabache meneándose a todos lados y sus ojos la miraban como platos.
—Rosie...
—No me llames Rosie.
Albus meneó la cabeza.
—Lleva dos días actuando como un inútil...
—Es un inútil.
—...¡Se niega a acompañarme a mis entrenamientos de Quidditch porque quiere ir a la biblioteca!
—Genial.
—¡Ayer se durmió a las ocho!—se exasperó Albus pasándose las manos por el pelo, como si no creyese que acostarse temprano fuese posible para un ser humano.—¡A las ocho!
—Quizá tenía deberes.
—¡Para más remate está antipático!—su primo parecía derrotado. Rose miró de reojo la mesa de Slytherin y vio cómo Malfoy era atosigado por la chica rubia de posiciones, Ellis, y cómo él le respondía como un robot.—¡Le ha dado por hablar como un diccionario!¡Ayer le pedí su pluma y me respondió con palabras como bizarro y ostentoso!
—No te haría mal ampliar tu vocabulario.
—¿Qué diablos le has hecho?
Rose rodó los ojos y se metió de lleno en la boca un pedazo mal cortado de tomate con tal de no responder. Albus la miró como si fuera una loca.
—Rose...
No alcanzó a terminar porque una masa con un montón de rizos negros en la cabeza se desplomó junto a su prima generando un estruendo. Sarah se tiró sobre la silla como si fuera un trapo, con las manos sobre la frente y suspirando fuerte y claro, para que todos la escucharan.
—¡El examen ha sido un horror!—chilló. Rose tragó el último pedazo de tomate que le quedaba y la miró extrañada.
—Pensaba que Adivinación sería pan comido.
—Lo era hasta que Trewlaney perdió un tornillo.—reclamó Sarah frunciendo el entrecejo.—¡Las preguntas que hizo no tenían nada que ver con el tarot!
—¿Qué te han preguntado?—Albus no parecía muy interesado, dado que él, como su prima había huido de ella a penas le dieron la oportunidad de elegir cualquier cosa que no fuera un montón de patrañas. Sin embargo necesitaba que Sarah dejara de hablar pronto para poder seguir interrogando a Rose sobre Malfoy.
—¡Estupideces de autoconocimiento! Me pidieron que definiera a un compañero comparándolo con un objeto...
—¿Qué?
A Sarah no parecía importarle mucho que ninguno de sus compañeros entendiera a qué se refería. Rose miró a lo lejos y vio a Malfoy pasaba su cuchara sobre su puré sin entusiasmo.
—...¡Y me tocó la estúpida de Regina Howell! Por supuesto que la hubiera comparado con un cactús. Es igual de aburrida y antipática que una planta con tantas espinas...
Malfoy bebió un poco de su jugo amarillento. Rose frunció los labios.
—...y Trewlaney nos dijo que...
Un par de ojos grises la miraron tan fijo que Rose se preguntó cómo no pestañaba más seguido. Su cabello seguía perfectamente perfecto y su fina boca se curvó hacia abajo cuando notó que ella alzaba la nariz con terquedad y miraba a Sarah, fingiendo que la escuchaba con todo su cerebro. Rose sonrió levemente cuando notó que se molestaba y volvía a mirar su puré.
Cuando su amiga terminó de refunfuñar contra la profesora lanzó toda la comida que sus brazos alcanzaban sobre el plato frente suyo y se sumió en una animada conversación con un pedazo de atún.
Albus volvió al ataque.
—Bueno, Rosie, como te decía...
Malfoy volvía a mirarla como si ella fuera una pieza fea de museo.
—...Scorpius está rarísimo y si pudieras decirme...
Su nariz seguía arrugada, en una mueca que asemejaba a que tuviera algo podrido sobre el labio superior.
—...qué diablos le hiciste.
—Voy al baño.
Rose levantó de un brinco de su asiento y salió tan rápido del salón que no le dio tiempo a su primo ni siquiera para sorprenderse por su arrebato. Una vez estuvo fuera de las puertas del comedor, empezó una marcha lentísima. Principalmente porque sabía que quedaba mucho para que terminara el periodo de almuerzo y porque estaba un setenta y tres por ciento segura de que...
—¡Weasley!
De que Malfoy la seguiría.
Rose siguió caminando a paso más veloz, tratando de todas formas de ocultar la sonrisita que trataba de arrancarse de su boca. Podía sentir los pasos de él pisándole los talones y, a pesar de que no tenía ni la más mínima idea de a dónde dirigirse, no le importaba mucho.
—¡Weasley!
Malfoy se puso frente a ella con los ojos entrecerrados. Era tan paliducho y largo que le recordaba a un témpano de hielo. A veces se ponía a pensar en cómo por casi seis años la imagen que tenía de él era la de un inútil frío y frígido.
Ahora era solo de un inútil.
—Esto es ridículo.
Rose no pudo evitar sonreír y él lo notó. Inmediatamente retomó su actitud malvada, alzó la nariz y trató de seguir caminando para que él olvidara que la había hecho reír. Trató de esquivarlo, pero era tan alto y largo que resultaba imposible hacerlo para alguien tan menudo como ella.
—¿Se puede saber porqué estás ignorándome?
Porque eres un inútil.
Aunque técnicamente esa no era la razón. Rose lo ignoraba como venganza por la eterna ley del hielo que el chico se había empeñado en hacerle sólo porque ella no entendía algo que seguía sin entender y que él tampoco parecía querer que ella entendiera. Aunque, claro, se le había salido de las manos eso de no hablarle y ya no estaba dispuesta a retomar sus conversaciones con él en un futuro cercano. Hacerle la ley del hielo a Malfoy era tan divertido para Rose como lo era bailar la macarena en una pista de baile y con tragos de más. Él le hablaba, se enfadaba, volvía a hablarle y se empecinaba tanto en hacer que le dirigiera la palabra que era imposible querer volver a entablar conversaciones normales con él nuevamente. Además, a regañadientes, Rose, debía admitir que el idiota se veía guapo cuando se enojaba.
—Como quieras.—dejó de bloquearle el paso y Rose volvió a caminar a paso lento con él a sus espaldas como un perro enfadado.
Subió la primera escalera que encontró, girando hacia la izquierda, la derecha y luego a la derecha nuevamente. Antes de que se diera cuenta chocó de frente con las puertas del peor lugar del mundo y sin poder hacer nada para que no pareciera que había llegado allí de casualidad.
—¿La biblioteca?—se extrañó Malfoy a sus espaldas. A pesar de que no podía verlo, Rose, se lo imaginaba con una ceja alzada y el cejo tan fruncido como nunca.—Tú odias la biblioteca.
Rose fingió que en realidad quería estar allí. Se adentró en el mar de libros aburridos y silencio moribundo de la biblioteca con la mayor intención que su repertorio actoral le permitía. Pisó fuerte y seguro los tablones de madera mal lustrada del suelo y depositó su cuerpecillo en la primera silla del último estante de la última fila de la zona este. Malfoy estaba entre confundido y alegre.
Confundido por ver a Rose Weasley en la biblioteca y feliz por estar en ese lugar propiamente tal.
Rose sacó el libro de estudios muggles que tenía dentro del bolso con Malfoy olisqueando tomos frente a ella. Cuando él se aburrió de mirar nombres y títulos, cosa que ella pensaba que era imposible, se sentó en el lado opuesto arqueando una ceja.
—Sigo sin entender que haces aquí.
Los ojos de ella se quedaron pegados al principio de la página doscientos seis del libro que pretendía leer.
—Estás loca.
Silencio. Se escuchaba como los alumnos de mesas alejadas cambiaban de hoja, o escribían información sobre pergaminos. La bibliotecaria los miraba a todos a su vez, como si un montón de niños dentro de la biblioteca a la hora de almuerzo estuvieran confabulándose para hacer una especie de ataque terrorista dentro del establecimiento.
Malfoy se miraba las manos y de vez en cuando le echaba una ojeada a Rose, como para cerciorarse que seguía allí, a pesar de que no le hablara. Ella pensó en lo que le había hecho Sarah en Adivinación, eso de definir a alguien por un objeto. Si Rose Weasley tuviera que definir a Scorpius Malfoy, ella se limitaría a decir que era como un puzzle muy bonito de mil pedazos; de esos que , para poder ver la imagen en su totalidad necesitas todas las piezas.
Omitiendo el bonito, por supuesto.
—Weasley, no puedes ignorarme eternamente.
Tenía razón, pero nunca lo admitiría.
—De cualquier forma me debes un almuerzo.—se quejó Malfoy. Eso hizo que Rose lo mirara como si hubiera perdido una neurona por la oreja. Él se vio complacido al ver la cara de "qué diablos" de la chica.—No comí hoy por seguirte.
Lo último lo dijo alzándose de hombros. Rose clavó tan fuerte la vista al libro que las letras se le mezclaron brutalmente por un par de segundos.
—Está bien.—dijo con la vista aún atrapada en las letras.
Malfoy esperaba cualquier cosa , menos que Rose le respondiera y mucho menos que fuera eso. Sus cejas se arquearon tanto que tres arrugas surgieron en su frente, sus ojos grises relampaguearon con alerta y su boca se redujo a un cúmulo de labios apiñados de sorpresa.
—¿Qué?
—Eso, que te debo comida.—respondió ella pasando la página con indiferencia, aunque su corazón latía maratónicamente.—Cóbrala esta noche.
—¿Esta noche?
—Esta noche.
—¿Qué tan noche?
—A las once.
—¿Estás loca?
Rose sonrió.
—Un poco.
Cerró el libro de un golpe y resonó como los mil demonios. Lo lanzó sobre su mochila y se levantó alisándose la falda. Malfoy se mantuvo sentado, sin entender que sucedía y su ella realmente lo estaba invitando a comer a quién sabía dónde y a una hora en la que definitivamente se ganarían un pase directo a otro castigo.
—Escóndete detrás del león de la puerta. Si demoro más de cinco minutos en salir, corre más rápido que el gato a tu sala común.
Malfoy seguía tan atontado como si le hubiera golpeado una Bludger. Rose empezó a salir de la zona de la última estantería. Antes de irse, se giró sobre sus talones con dramatismo y susurró:
—Oh, y, Malfoy.
—¿Uhms?—fue lo único que el aparentemente atinó a decir.
—Eres un inútil.—dijo—Pero un inútil muy bonito.
A continuación salió tan rápido que la biblioteca desapareció bajo sus pies.
Espero que les haya gustado este capítulo tanto como a mí! El próximo se viene! La palabra del capítulo es propiedad de Sandra.
Tengo noticias! La primera es que puede que deje de actualizar seguido porque estoy a un pelo de entrar al primer año de uni. Esto significa que es posible que se reduzca a un capítulo semanal la actualización. Espero que comprendan.
Y la segunda es que estoy pensando en hacer un AU de estos idiotas (Obviamente después de terminar este fic!) ¿Qué opinan al respecto? ¿Lo leerían? Habría muchas más parejas!
En fin, espero sus opiniones del capítulo y sus palabritas con J!
Besos,
Cece
