YOU FOUND ME
Tonight, tonight
"…Cree, cree en mi, cree que la vida puede cambiar, que no estás atascado en vano…"
Smashing Pumpkins-Tonight Tonight
Francis se lamentaba en silencio sin estar consciente de que cierto adolescente se apresuraba a donde estaba él, chocando con un par de italianos, esquivando a un enorme rubio alemán, temiendo morir asesinado por un ruso y explicándole a un cubano que él no era "América".
Mathew recorría el edificio buscando al galo, rezando para por lo menos encontrarse a Antonio o a Gilbert para que le dijeran donde estaba pero nunca logró encontrarlos por lo tanto tuvo que recorrer cada uno de los pisos en busca del rubio.
-¡¿Francis donde carajos estás?- gritó por fin exasperado y cansado de su búsqueda, al borde del llanto por la frustración de no poder encontrarlo.
Ya llevaba casi dos horas de búsqueda, comenzaba a cansarse por todas las vueltas que le había estado dando al edificio pero era como si el francés estuviera jugando al escondite. Matt trató de tomar aire tras haber subido por tercera vez las escaleras de emergencia pensando que así podría al menos encontrarse con el rubio, recargó su espalda contra la pared dejándola resbalar hasta quedar sentado en el piso y poder abrazar sus rodillas escondiendo su rostro en ellas.
-Francis… ¿Dónde estás? ¿Por qué no vienes?- comenzó a preguntar dejando sus lagrimas escurrir por su rostro temiendo no poder ver al menos una última vez al europeo; fue en ese momento, justo en medio del pasillo sin poder encontrar al rubio, haciéndose a la idea que nunca más podría escuchar su voz ni sentir sus manos, que sintió el verdadero peso de la soledad y el abandono… quería verle… lo deseaba tanto que incluso dolía.
-¿Mathew?- preguntó entonces una voz tras de sí que salía de una sala cercana, Matt se volteó al instante encontrándose con Francis que parecía incluso mas sorprendido que el propio Matt el cual en cuestión de segundos se levantó y corrió hasta él
-Francia- solo eso alcanzó a decir el chico con su voz quebrada. El rubio se había grabado todo un discurso en su mente para el momento en que se encontrara con el francés, le iba a dar explicaciones de por qué no le había creído, le iba a pedir perdón y muchísimas cosas más, pero al verlo solo pudo pronunciar su nombre… su otro y verdadero nombre.
Al escucharlo Francia se arrojó al chico, rodeándolo con sus brazos como queriéndolo enjaular en su abrazo para que nunca más se fuera
-Petit… amour, perdóname, perdóname por no haberte dicho nada antes- se disculpaba Francis una y otra vez estrujando al chico que le correspondía el abrazo percibiendo el eterno aroma de agua de rosas en el cuello del francés sintiendo de nuevo que sus piernas le iban a fallar si seguía embriagándose con ese olor y arrepintiéndose un poco por haberlo ido a buscar porque ahora no quería separarse.
-Francis- solo se limitó a decir Mathew aferrándose a la ropa del galo dejándose arrullar por los brazos del francés que no lo soltaba y le llenaba de besos las mejillas y la frente tan feliz de saber que el muchacho no había hecho alguna locura como aventarse de un puente o cortarse las venas.
Estuvieron abrazados un largo rato, sin decirse nada pero muy dentro de ellos sabiendo la razón de aquel encuentro; finalmente Matt se atrevió a hablar, limpiándose las lágrimas y separándose lentamente del abrazo del francés que lo miró directo a los ojos esperando sus palabras.
-No quería que te fueras sin despedirnos- dijo el muchacho tratando de mantenerse firme y sonriente al igual que hacía Francis en ese momento, era en situaciones como esas en las que envidiaba tanto la fortaleza del galo.
-Me hubiera gustado hacerte el amor una última vez- dijo Francis robándole una risita al chico por aquel comentario, tan de Francis…
-A mi también- contestó el muchacho algo apenado por su respuesta, con sus mejillas pintándose de un tenue rojo dejándose tomar por el rostro, alzando un poco su cara para besar al otro rubio.
Francis lo besó con pasión, lento pero decidido, robándole el aire al adolecente que suspiraba en medio del beso aferrándose a las mangas de la camisa de Francis que le rodeaba la cintura para después separarse unos pocos milímetros del chico.
-Entonces… esto es un adiós- declaró Mathew aun con sus ojos cerrados rozando la punta de su nariz con la del europeo que dibujó una media sonrisa en su rostro
-Así es… pero recuerda que siempre nos quedará Paris- citó Francis recordando aquella frase de una renombrada película que América prácticamente le obligó a ver y se enamoró de aquel dialogo en especial, el cual en ese momento venía perfecto a la situación. Mathew asintió con su cabeza siguiéndole el juego al galo ya que ambos sabían y estaban muy conscientes de que tenían que aprovechar esos instantes… no les quedaba Paris, ni Canadá ni ningún otro lugar más que esa abandonada sala de juntas porque era mejor quedarse con el hermoso recuerdo de un amor casi perfecto a tener que seguir luchando contra el tiempo que no tiene misericordia de nadie, soportar el pasar de los años que iba desgastando a uno y al otro apenas si le afectaba.
Era mejor guardar un sueño de juventud a pelear una batalla ya perdida.
-Adiós Francia- se despidió Matt dando una profunda respiración guardando la compostura
-Adiós Mathew- dijo Francis en su idioma natal dándole un beso en la frente, luego en la nariz por ultimo en los labios al joven. –Mi corazón te va a ser fiel hasta el día que mueras- le dijo pegando su frente con la del chico
-Y yo prometo no olvidarte ni siquiera en el día en que muera- dijo el muchacho regalándole una última mirada a Francis, grabándose cada detalle de su rostro, su tacto, la textura de sus manos, su aroma… todo.
Mathew salió de la sala, obligándose a sí mismo a no mirar atrás, era en ese momento en el que tenía que irse porque solo en ese instante había logrado tomar el valor de despedirse si esperaba mas no lo dejaría ir, no lo soportaría, tenía que aprovechar el hecho de que su cerebro no estuviera procesando del todo la situación para poder escapar y mantenerse firme ya después podría desmoronarse en silencio pero en ese preciso momento solo quedaba caminar recto; así que aguantando la respiración siguió caminando y reprimiendo las lagrimas, con pasos rápidos hasta el elevador abrazándose a sí mismo para no quebrarse o correr de nuevo hacía el francés para rogarle una vez mas que no se fuera de su lado.
Para Francis era lo mismo, daba vueltas en la sala de juntas, corriendo hasta la puerta deteniéndose en el mismo instante en que el su mano tocaba la perilla, regañándose sabiendo que si iba tras de Mathew no podrían separarse, un "adiós" no bastaría para soltarlo, se le olvidaría su deber como nación y se entregaría de nuevo a ese pequeño mortal y le regalaría su existencia entera pero ¡No! Tenía que ser fuerte a pesar de esa agonizante tortura de tener a tu amor al otro lado de la puerta sin poder correr tras él. Oh Dios era tan difícil, ahora entendía a la perfección esa frase de "tan cerca y tan lejos".
El francés se maldijo, y maldijo a Mathew y a Dios y al amor y a su naturaleza y al destino, todo mientras se revolvía los cabellos con desesperación queriendo correr lejos de aquella prisión de puertas abiertas… pero era lo mejor ¡Maldita sea! ¿Y en ese momento de que le servía "lo mejor"? Si no podía aliviar todo el torrente de emociones que le estaban ahogando… solo quedaba tratar de atrapar su aliento hasta que pudiera volver a respirar aunque fuera lejos de Matt.
El muchacho por fin llegó a la planta baja, salió del ascensor y con pasos lentos se dirigió hasta la puerta principal justo cuando alguien pasó a su lado… una persona que junto con Alfred podría ser su otro gemelo perdido.
Mathew vio el cabello ondulado y rubio de aquella persona, sus lentes de cristales cuadrados, un rizo extraño que sobresalía de manera desobediente entre su cabellera, de expresión tranquila y por muy curioso que se viera, cargaba un viejo oso de peluche blanco junto con su portafolio.
-…Canadá…- llamó Matt a la persona apenas en un susurro, recordando que la primera vez que se encontró con Alfred y Arthur el segundo le dijo que se parecía a un tal "Canadá"
Para su sorpresa el desconocido volteó, mirándolo con un dejo de curiosidad al notar que ambos eran como un par de gotas de agua; se quedaron en silencio mirándose el uno al otro, Canadá esperando las palabras de Mathew y Mathew apreciando el casi escalofriante parecido entre ellos.
Y entonces Matt volvió a recordar que Francis lo había llamado por ese nombre en una ocasión ¿Qué significaba esa persona para el galo? ¿Había sido alguien tan importante como para haberle confundido?
-Tú… también eres una nación ¿Cierto?- le preguntó el adolescente con temor al otro que pareció ponerse ligeramente nervioso y casi parecía un niño pequeño asustado
-S… si- contestó entonces abrazando al oso de felpa, ¡Era increíble el hecho de que hasta sus voces eran parecidas!
-Entonces conoces a Francia- le dijo el chico avanzando hasta el que parecía su clon a la vez que este retrocedía con desconfianza. Matt le tomó una de las manos que abrazaban al oso y la sostuvo fuerte entre las suyas -Cuida a Francia… por favor- le pidió Mathew de pronto clavándole sus iris azules en las del país que no pudo evitar estremecerse ante ese par de ojos que lo miraban de manera intensa.
-Por favor cuídalo mucho y no lo dejes olvidar… no dejes que me olvide- le rogó apretando la mano de la nación que soltó un quejido al sentir sus dedos siendo estrujados percibiendo la calidez de las lagrimas de Mathew que caían sobre su mano y el temblor del chico que respiraba agitado.
-No dejes que nada malo le pase- siguió pidiéndole sabiendo que esa persona frente a él era especial para el francés, tal vez incluso más especial de lo que Mathew era pero no le importaba, podía estar muriendo de celos pero no importaba porque solo quería asegurar el bienestar de Francis.
-¡Por favor!- volvió a decir alzando su cara encontrándose con el otro par de ojos azul obscuro que aun parecían demasiado sorprendidos- Cuídalo- repitió aflojando el agarre dejando que Canadá liberara su mano.
-E… está bien…- solo eso respondió aun ligeramente conmocionado por las extrañas peticiones de ese chico raro que parecía algo desesperado.
-Gracias…- dijo Matt con un hilo de voz, dándose la media vuelta, echándole una última mirada a la nación que no se atrevió a moverse hasta que vio al muchacho irse… esta vez definitivamente lejos de Francis.
-Que cuide de él…- dijo Canadá viendo la espalda del chico alejarse aun sintiendo su mano caliente por el fuerte apretón
-Hasta que Francia se consiguió una buena pareja- siguió diciendo alzando su oso de felpa a la altura de sus ojos para después sonreír de manera soñadora continuando con su camino sin saber que la verdadera razón de ese favor era porque ese par ya no podrían estar juntos.
Mathew por fin llegó a su casa y solo se dedicó a dormir toda la tarde, la noche y parte de la mañana del día siguiente. Cuando despertó se quedó sentado en su cama mirando por la ventana viendo los aviones que se veían cruzar el cielo a lo lejos, sintiendo que el mundo de nuevo lo estaba devorando y que todo se le venía encima y dolía con tremenda fuerza, le estaba desgarrando el pecho ese sentimiento de abandono y tristeza además de que sentía que la presión lo asfixiaba y la fuerza de su cuerpo lo abandonaba lentamente dejándolo vacio y hueco.
Sin embargo no lloró, ya había derramado suficientes lagrimas y a decir verdad estaba aburrido de ello, era hora de seguir a pesar de que quería abandonar todo y solo dejarse morir en vida pero debía seguir el ejemplo de Francis que seguía en pie, quería ser alguien digno de su admiración aunque este nunca lo viera… ahora si se estaba dando el lujo de ser caprichoso y su nuevo capricho era volverse un poco fuerte al menos para poder sonreír justo como el galo le había dicho una vez, sonreír a pesar de todo.
Así que el chico se levantó de su cama, fue hasta el espejo, se dio un par de palmaditas en las mejillas y dibujó una sonrisa en su cara que le dolió como nunca pensó que dolería algo.
-Es hora de empezar- dijo en voz alta aun con la mueca feliz que se estaba obligando a mantener.
Empezar a intentar estar bien.
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¿Cuántos años habían pasado? Diez tal vez… ahora Mathew Williams de 27 años caminaba por las calles levemente iluminadas gracias a las farolas, algunas estaban fundidas lo que le daba un toque lúgubre a la acera y que sumado con el frío congelante que azotaba la ciudad parecía un paisaje sacado de una película de terror, sin embargo a Mathew le gustaba porque todo estaba silencioso y calmado ya que a la gente le daba desconfianza salir a esas horas.
El ahora adulto se frotaba sus manos enguantadas llevando su portafolio bajo el brazo en el que guardaba todos sus trabajos de investigación puesto que ahora era historiador, cosa irónica pues cuando iba a la preparatoria, Historia era la materia que mas repudiaba… nunca imaginó que terminaría enamorándose de ella y mucho menos dedicándose a eso.
El rubio estornudó gracias al frío que ya comenzaba a afectarle así que apresuró el paso decidiendo tomar un atajo por una calle que hacía muchísimo tiempo no transitaba y junto con ella un puente que había intentado evitar en sus años de juventud.
La nostalgia le invadió cuando subió las agrietadas escaleras de concreto y estuvo en el viejo puente peatonal, sonrió como un adolescente enamorado cuando pasó la mano por el barandal cubierto de nieve y rió recordando lo tonto que había sido cuando aún era un chiquillo… cuando pensaba que el mundo estaba en su contra y el peso de su existencia le parecía insoportable.
Aun sonriendo se recargó en el barandal respirando profundo dejando que el aire helado le llenara por completo los pulmones, volteó a ver la luna llena que se cernía de manera imponente en el cielo falto de estrellas.
-Francis… ¿Estarás viendo la misma luna que yo?- preguntó a su soledad sonriendo más ampliamente al recordar al francés –Tenías tanta razón en ese entonces…- siguió diciendo como si de verdad tuviera al galo a su lado escuchándolo.
A pesar del frío glacial que estaba haciendo, Mathew se alzó las mangas de su pesado abrigo para dejar ver las cicatrices que habían quedado y no se habían borrado con el pasar del tiempo.
-Estas se convirtieron en la evidencia de mi propia lucha- dijo poéticamente acariciando sus marcas, soltando una risa volviendo a ver la luna y emprendiendo el camino de nuevo –Me gustaría poder decírtelo de frente algún día- dijo finalmente siguiendo con su camino.
En otra noche de luna llena pero en París cierta nación se levantaba de su cama, cuidando de no despertar a la hermosa joven desnuda que dormía a su lado y de la cual ni siquiera recordaba su nombre.
El francés que aun después de una década seguía idéntico, se sirvió una copa de vino tinto y fue hasta el balcón de su habitación donde la iluminada torre Eiffel competía con el brillo de la luna. Francia se recargó en el balcón de fierro mirando al cielo absorto en sus pensamientos.
-Hoy soñé contigo petit…-le dijo en voz baja a la nada llevándose la copa a los labios saboreando la bebida -¿Cómo estarás? Espero que estés cumpliendo tu promesa… yo también lo hago… mi corazón aun te es fiel… aunque no puedo decir lo mismo de mi cuerpo- agregó con una risita para sí mismo.
-Quiero pensar que creíste en mí aquella vez… como yo creí en ti- siguió diciendo alzando su copa hacía la luna
–Salud por ti mon petit, por mi y por el amor que por fin pude encontrar- dijo en francés bebiéndose el vino de un solo trago dedicándole ese último pensamiento a Mathew que en ese momento también añoraba aquellos viejos y dulces tiempos.
Fin.
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Y con este capítulo doy fin al fic. Acepto tomatazos por la participación de Canadá, creo que la mayoría esperaba una pelea de "gatas" o algo así pero no, en realidad nunca fue mi intención poner una rivalidad entre estos dos porque quería centrarme en la relación de Matt y Francis junto con sus problemas, tristezas y complejos de ambos, no sé… tan solo mostrar un lado más serio y "humano" de los dos (¡Pero carajo que Matt y Canadá son el mismo personaje! Ja ja ja lo sé pero lo digo porque en este fic los manejé como dos personas diferentes)
Ahora si ¡Dos millones de gracias a todas/os que siguieron esta historia y también a quienes se tomaron el tiempo de comentar! En serio no tienen una idea de cuánto lo agradezco, fue una de mis motivaciones para seguir con esta deprimente historia que lleva mucho amor en cada frase y párrafo. Así que ¿Qué les parece si seguimos el ejemplo de Matty e intentamos estar bien y ser felices? Yo mientras tanto me despido, y ¡Nos leemos entre fics!
*Último dato curioso: La madre de Matty nunca apareció como tal, solo su voz XD.
