Cuando no podíamos ni con nosotros mismos
Tú estuviste ahí para nosotros
Entonces, ¿Por qué?
¿Por qué no me di cuenta antes…?
Capítulo VIII:
Una larga melena rubia, ondulada en las puntas pasaba a través de los rosales de rosas rojas y blancas a gran velocidad. Una vez salió de ellos, mostró a la pequeña princesa del Rey vampiro, la cual mostraba una gran sonrisa mientras sus azules ojos, que se iban convirtiendo en un aguamarina a medida que crecía, destellaban felicidad. Había pasado una semana y al fin vería a su madre, debería de estar a punto de llegar, pues desde uno de los grandes balcones del castillo vio el carruaje a lo lejos, no lo pensó y bajó a toda velocidad para recibirla, no le importó tropezarse, caerse, incluso no se detuvo cuando vio a Ayato y a Kanato que la miraron preocupados cuando cayó al suelo del vestíbulo principal, atinó a saludarlos de lejos diciendo que tenía prisa.
Agitada, con el vestido y el cabello revuelto, llegó al portón del castillo sintiendo los trotes de los caballos más cerca hasta que se pasaron frente a ella para dejar ver un hermoso carruaje. Vio las puertas del carruaje abrirse y su madre bajar por los dos escalones, vestida de verde claro.
– ¡Mamá!–Saltó a su encuentro abrazándola lo que podía por las piernas, pues el vestido no la dejaba–Te extrañé…–Sintió la caricia de su madre en sus cabellos arreglándolos de paso. Yumi levantó su mirada a su madre y la observó confundida mientras se separaba unos escasos centímetros de ella– ¿Mamá?–
Era su mamá, lo sabía; pero aquella melena verde que antes rebosaba ante el viento por su largura ahora se veía reducida hasta un poco más allá de los hombros, la veía un poco más delgada haciendo que se preocupara.
– ¿Pasa algo, cariño?–Su madre se agachó para quedar a su altura.
– ¿Por qué…?–La rubia extendió su mano hacia el corto cabello de su madre.
–Ah…–Pareció recordar aquel detalle– ¿Esto?–Alexandra se acarició su propio cabello–No te preocupes–Le sonrió a su hija.
Yumi encogió los hombros mientras su mirada se ensombrecía–Me gustaba tu cabello–Susurró a su madre aunque sonó a reproche.
–Era necesario–Una tercera voz, masculina, se escuchó tras Alexandra, la cual se incorporó para colocarse al lado de su hija dejando a la vista aquel alto y apuesto hombre de ojos bicolor.
Yumi lo observó sorprendida de su altura. ¡Parecía un gigante! Una flor gigante ya que su cabello era rosado. Pero si había algo realmente que destacar eran aquellos ojos, el izquierdo rojo y el derecho dorado. La mirada del hombre se posó en su pequeña figura haciéndola encogerse aún más en su lugar.
–Yumi–Shu llegó a su lado saludándola con una sonrisa que se desvaneció al ver a su pequeña hermana cohibida en su lugar al lado de Alexandra.
–Si es el príncipe–El alto hombre cambió su mirada a al rubio.
–Leonellus-san–Saludó Shu entendiendo el porqué del encogimiento de su hermana–Hace mucho tiempo que no lo veía–La primera vez que conoció a ese hombre le causó lo mismo, esa extraña manía de observarlo todo minuciosamente hacía que los pelos de la nuca se erizaran.
–Usted ha crecido bastante, príncipe–El hombre dio una reverencia en su dirección en señal de respeto.
Yumi observó sorprendida a su hermano mayor. Sabía que Shu era el primogénito y por ley la próxima cabeza de la familia, pero nunca imaginó que le mostraran tal respeto siendo un niño de 11 años.
–No hacen falta esas formalidades–Negó el mayor de los hermanos–Soy menor que usted por mucho y… me hace sentir incomodo–con sus últimas palabras un tenue rosa pálido se posó en sus mejillas.
El hombre, nombrado Leonellus, dejó su reverencia para observar a ambos rubios–Eres tan amable que me cabe la duda si en verdad eres un vampiro, y más si eres el heredero al trono…Pareces más un niño ángel–
Alexandra sonrió ante la comparación. Ciertamente, el niño rubio era muy amable con todos y para todos. Más de una vez lo había encontrado por los pasillos, siendo atento con ella como si Karl le hubiera explicado de su delicada condición.
–Un ángel–Susurró Yumi observando a su hermano sonrojarse ante la comparación–Tienes razón, Shu-nisán es muy amable–Apoyó a Leonellus.
–No es justo–Escuchó la voz de Raito en sus espaldas, por lo que la rubia menor volteó con una sonrisa en sus labios–Yo también quiero que me halagues, Yumi-chan–
–Raito-nichan–Saludó entusiasmada la rubia.
– ¿Se te olvidó? Hoy tienes lección de piano conmigo–Raito le agarró la mano y observó a Shu– ¿Por qué no vienes con nosotros?–
La pregunta sorprendió al rubio, pues casi hablaban, por no decir nunca, por culpas de las peleas de sus madres. Observó a ambos quienes esperaban una respuesta de su parte. Él sonrió asintiendo para salir corriendo en dirección del castillo después de despedirse de Alexandra. Yumi los estaba uniendo, y rezaba porque lo lograra completamente.
–Que energía–Comentó Leonellus oyendo la pequeña risa de Alexandra–Quien diría que Karl al fin tuviera una hija. Me tenía muy preocupado con el hecho de que solo tuviera varones con sus otros tres matrimonios, incluso aquel salió varón–Suspiró con algo de alivio–Ella también parece un pequeño ángel; –Se volteó al carruaje–pero hay algo que la quiere arrastrar–
Alexandra abrió sus ojos sorprendida de que él también se diera cuenta. No eran imaginaciones suyas–Yo también puedo sentirlo–Leonellus volteó su mirada a la de Alexandra notando su preocupación– ¿Cómo puedo salvarla? ¿Qué es lo que la…?–
–Alexandra–Le interrumpió el hombre–Soy un demonio y practico brujería médica, no soy yo al que debes de contar esto–Se volvió a dirigir al carruaje y subiendo los dos escalones se volvió a voltear a Alexandra viendo como ella mantenía sus manos unidas a la altura de su pecho.
Cuando Karl le avisó que mandaría a su cuarta esposa se sorprendió bastante. Leonellus conocía hace siglos al rey vampiro y sabía el amor que tenía hacia Christa, no podía creer que se hubiera casado con otra mujer; pero cuando vio a Alexandra entendió que no era por amor, pero tampoco por aquellos planes que llevaba. Más bien la tenía a su lado, aparte de mantener a su hija a salvo, por el parecido comportamiento de esta mujer y Christa cuando aún se encontraba sana mentalmente. Seguramente con lo estresado que se encontraba por el cambio de su hermana repentinamente, encontrar a Alexandra le vino como anillo al dedo, después vinieron las consecuencias de sus actos: quedó embarazada. No es que fuera algo malo tener hijos, pero sinceramente él no servía para eso y su amigo el Rey no era tan buen ejemplo que digamos.
–Toma las pastillas que realicé cada 8 horas. Recuerda que solo hacen que el proceso de tu enfermedad vaya más lento, pero no dudes que algún día llegara la hora en que nada te hará efecto–Podía sonar frío, pero debía aclararlo–Dile a Karl que me llame en cuanto pueda–
Ella asintió suavemente. Él se adentró en el carruaje y tras cerrarse la puerta los caballos comenzaron nuevamente su caminata hacia el mundo demoniaco. Leonellus observó por la ventana al castillo.
–Pero al mismo tiempo, si no se deja arrastrar…–Suspiró–Por eso los Semi son muy complicados–
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La melodía complementada entre el piano y el violín hacían que la habitación se viera envuelta en algún hechizo mágico, según creía Yumi que miraba a ambos hermanos con admiración mientras tocaban las partituras de "Fall" de Clack Chen. Yumi sonrió nostálgica recordando que antes de que ella llegara ellos no se hablaban, ninguno de sus hermanos se hablaban entre ellos. Pero no importaba, ya que ella los uniría, ella estaría con ellos para siempre.
Sin importar que
La melodía llegó a su fin haciendo que se levantara del sofá donde se encontraba sentada admirando la composición y aplaudiera suavemente pero mostrando su entusiasmo con una gran sonrisa.
– ¡Maravilloso!–Les felicitó a ambos caminando hacia ellos–Yo también quiero tocar así algún día–
–No te preocupes, Yumi–Ayato entró por la gran puerta con una sonrisa, aunque en sus ojos se notaba la preocupación y algo de miedo–Por lo menos Raito es bueno en eso–Se sentó en el sofá con algo de diversión.
–Ayato-kun, eso fue cruel–Se quejó el trillizo mayor. Los cuatro rieron ante su reacción.
– ¡Ayato!–La voz de Cordelia se escuchaba por los pasillos haciendo que el nombrado se le erizara los bellos de la nuca y un escalofrío recorriera su espalda.
–Rayos–Dijo notablemente asustado mientras se disponía a correr por los pasillos escapando de su madre.
Cordelia entró al salón donde se encontraban los otros tres que miraban hacia la segunda puerta como Ayato había desaparecido a una velocidad sorprendente. La mujer observó a Yumi unos segundos y después a los otros dos.
–Raito–Llamó a su hijo con tono cansado, como si hubiese recorrido el castillo entero tras su hijo menor– ¿Dónde está Ayato?–Preguntó
–No lo sé–Cubrió a su hermano haciendo que Yumi lo observara, Raito era un buen hermano.
–Si lo estas cubriendo–Su tono comenzaba cambiar a molesto notándose también en sus ceño fruncido.
–No lo hemos visto–Interrumpió Yumi ganándose la atención de la de cabellos morados–Raito-nichan ha estado conmigo desde las 3 de la tarde y no hemos salido de aquí–Dijo observando el reloj que marcaba las 6:54pm.
–Mocosa. ¿No te enseñaron a no meterte donde no te llaman?–Preguntó Cordelia entre molestia y burla.
–Madre–Raito se levantó del butacón del piano molesto. Shu bajó su violín algo molesto.
–Ellos son mis hermanos, me importan quiera o no–Respondió con una sonrisa la rubia viendo como Cordelia abría los ojos incrédula.
Otra vez volvía a aparecer aquella Yumi. Cordelia podía sentir como le temblaba el entrecejo de enojo, pero sabía que no podía tocarla, era la consentida de Karl. La observó por más de un minuto de completo silencio, donde ambos hermanos mantenían la boca entre abierta por la impresión que se llevaron, preguntándose porque era tan importante aquella pequeña mocosa. Se dio la vuelta con algo de orgullo y abandonó la sala sin mirar ni siquiera a su hijo mayor.
–Eso fue asombroso–Susurró Shu– ¿En serio se largó?–Preguntó a Raito el cual se veía igual de sorprendido que él.
–Creí que iba a golpearte–El castaño miró con sumo alivio a su pequeña hermana.
– ¿Golpearme?–Preguntó inocentemente– ¿Por qué lo haría? No dije nada malo–
A ambos les dio un pequeño tic en sus ojos izquierdos mientras la miraban incrédulos. Su pequeña hermana no tenía sentido de peligro.
–A veces me pregunto si aquellos lobos no se habrán comido parte de su cerebro–La voz de Reiji se hizo presente hallándolo en el umbral de la puerta.
– ¡Reiji-nisan!–Le saludó entusiasmada mientras corría hacia él y lo abrazaba con fuerza ganándose un sonrojo de parte del pelinegro que se apartó torpemente de su hermana acomodándose los lentes.
–En todo caso no vuelvas a responderle, es una falta de respeto responderle o replicar ante lo dicho de una Reina–Le dio la espalda a ellos tratando de evitar que los varones vieran su sonrojo sin notar que Shu se hallaba sonriendo, pues ya lo había visto.
–Si~ –Asintió cantarina.
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Alexandra entró en la larga sala del trono encontrando a su marido sentado en el trono con antebrazo apoyado al reposabrazos y sus nudillos sostenías su cabeza por la barbilla. Se acercó a hasta los escalones de la plataforma sin atreverse a subir ni a interrumpir lo que su esposo leía.
– ¿Qué dijo Leonellus?–Preguntó sin apartar la vista de sus papeles, parecían ser importantes.
Alexandra encogió de hombros, esa era la razón por la que se desenamoró de Karl. Después de un año de relación comenzó a notar que él se alejaba, y cuando ella se dio cuenta de su embarazo no lo dudó y desapareció sin dejar rastro, aunque a él no le importó mucho que digamos. Solo se dignó a mostrarse cuando supo de su hija.
–Preparó unas medicinas para mí. Dijo que harían el proceso de la enfermedad más lento, pero que n me confiara…Pidió que lo llamaras cuando pudieses–El Rey asintió aun sin mirarla cambiando de papel–Karl–Le llamó–Algo pasa con Yumi, hasta Leonellus-san se dio cuenta–
Solo en ese momento Karl levantó su mirada de los papeles para observarla atentamente–Lo sé–
– ¡¿Y no piensas hacer nada?!–Preguntó desesperada la peliverde.
–No hay nada que se pueda hacer, Alexandra–Suspiró cansado. Claro que lo había notado, aquella oscuridad siguiendo a su pequeña luz. ¿Pero que quería esperar viviendo en un mundo con monstruos como ellos, donde solo hay oscuridad? Algún día la oscuridad será parte de ella también–Solo nos queda esperar–
– ¡¿Esperar?!–Alexandra frunció el ceño– ¡¿Esperar a que la consuma por completo?! ¡¿A que ya no haya vuelta atrás?!–
–Eso es algo que ella misma debe decidir–
– ¡¿Y la vas a dejar hundirse?! ¡¿Quieres que termine igual que todas nosotras?!–Le gritó desesperada.
Karl la observó sorprendido por el coraje que su cuarta esposa mostraba, pero no tanto eso como lo que le había gritado. Todas nosotras. Claro que se refería a ella ya sus esposas. Era cierto, las había hecho a todas y cada una de ellas infelices solo para sus propósitos sin importarle sus sentimientos en lo más mínimo. Incluso con ella. Pensó imaginando a su pequeña hermana encerrada en la torre con la mirada perdida, sin brillo.
Vio a la peliverde voltearse aún enojada hacia la salida y comenzar a caminar. Él se levantó y llegó a su lado en lo que cuesta un parpadeo agarrando su brazo para voltearla hacia él. La mirada que recibió fue de la más pura molestia y preocupación, pero aquellas pequeñas lágrimas que se negaban a caer de sus ojos esmeraldas la hicieron ver como una niña pequeña, por lo que suavizó su agarre y sus facciones. Tal vez no estaba siendo considerado, y sabía que no podía alterarla.
–No llores–Dijo el Rey mientras limpiaba sus lágrimas que aún no habían caído. ¿Por qué ella y Christa tenían que parecerse en este modo?
–Sé que no soy más que un remplazo–Comentó la peliverde dejando a Karl sorprendido, ¿tanto se notaba?–No me interesa serlo, pues ya no siento nada hacia ti. Sabes perfectamente que estoy aquí por ella, por el miedo que tengo de dejarla sola–Alexandra dio un suave golpe con su puño en el pecho del Rey vampiro–Solo estoy preocupada–Susurró escondiendo su cabeza en el pecho del vampiro que solo atinó a acariciarle sus ahora cortos cabellos verdes.
–Te dije el primer día que llegaron que la protegería–Le recordó el vampiro observando con sus almendrados ojos un punto fijo en la pared lejana–Pero eso que la envuelve no es algo que podamos impedir. Es algo que ella debe decidir: Seguirla o alejarla–Explicó–Es parte de ser lo que es–
–Me da miedo lo que pueda pasarle–Sollozó.
–Lo que suceda será por su propia decisión. No podemos tenerla siempre bajo nuestra protección, ella debe aprender a tomar sus propias decisiones–
Karl entrecerró sus ojos recordando a su madre. A medida que su hija menor crecía se daba cuenta del parecido que tenía con su madre. Tal vez esa era la verdadera razón del cariño que le tenía a su hija. Quería proteger aquello que no pudo proteger en el pasado.
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– ¡Hola Hola! ¡Ya estoy nuevamente aquí! ¿Me extrañaron?–Pregunté muy cerca de la cámara pestañando inocentemente mostrando mis almendrados ojos.
– ¿Quién va a extrañarte?–Preguntó Ayato incrédulo de mi pregunta, pero al segundo desapareció tras un hueco en la pared con su figura tras mi fuerte puñetazo.
– ¡Ah! Lo siento, Ayato-chan, tenías un mosquito ahí. ¿Decías algo?–Dije con una sonrisa macabra.
–Qué falta de modales–Reiji se acomodó sus lentes sin dejar de leer.
–Yo también te quiero Reiji–Dije sarcásticamente, pero solo recibí una mirada fulminadora que hizo que mi piel se erizara–Era jugando, ¿sabes?–negué con mis manos nerviosa, pero él no despegó sus ojos de mí.
–Típico de un hijo de Beatrix, siempre a la defensiva–Cordelia hizo acto de presencia acariciando su larga cabellera.
La gatuna mirada de Cordelia se posó en mí haciéndome temblar, esa mujer me daba algo de miedo–C-Cordelia-sama. ¿Y eso usted p-por aquí?–Me adelanté a buscarle el mejor asiento.
–No tenía nada mejor que hacer–Se sentó con la elegancia de una flor coqueta.
–Podías ir a molestar a otro lado–Susurré.
– ¿Dijiste algo?–
– ¡N-nada!–Negué eufóricamente sintiendo como el sudor bajaba por todo mi cuerpo rápidamente–No le tome importancia–Me volteé a ustedes–Voy a responder rápido para terminar con esto, no soporto esta presión–Les susurré.
Milu Montoya: XD! Te lo puedo prestar, ¡Pero solo un rato! Soy celosa con Subaru…
Skarllet notherman: No fue nada!
Ayame Mashiva: Aquí está la conti!
–Recuerden dejar comentarios a mis pequeños, a las Reinas y al rey, incluso a mi!–
