El juego de Eva (Fifty shades of Ezeva)

Disclaimer: Total Drama Island y sus personajes son propiedad de sus creadores. Yo escribo por diversión y sin animo de lucro.

Resumen: Eva tuvo una conversación que hizo que se plantease cosas. Ahora está dispuesta a vencer su miedo al sexo con la ayuda de sus amigos y a vivir sus primeras experiencias.

.·.*.·.*.·.*.·.*.·.*.·.*.·.*.·.

#8 Un templo llamado Eva

Eva aún podía escuchar los gritos de su madre retumbando en su cabeza. A pesar de ser pronto la habían enviado a su cuarto castigada sin cenar.

—Cuando vaya a tu cuarto te quiero ver estudiando, ¿me has entendido? —fue la última advertencia que escuchó Eva antes de cerrar la puerta de su habitación.

Cansada la madre suspiró, volvió al salón y se sentó junto a su esposo.

—No sé qué vamos a hacer con esta niña...

—Mano dura, Olga, mano dura.

La mujer miró con asco el bikini ligeramente húmedo de Eva. Estaba hecho un churro sobre la mesilla del café.

—¿Y eso? —señaló el bikini—. ¡Nuestra niña se ha vestido como una fulana!

—La presión social, Olga. Te lo dije: amiguitas con novios y vestidas como putas igual a problemas.

—He estado muy ciega, Armin.

—No te culpes, cariño. Es culpa de la sociedad en la que vivimos.

—¡Nuestra hija vestida como una puta! —se lamentó de nuevo—. Iré a preparar la cena ahora, me ayudará a relajarme.

—Haz para Eva también.

—Pero si la acabamos de castigar sin cenar —le recordó.

—Tenemos que hablar de todo esto más tranquilamente con ella.

Más tarde, en la cocina, Olga pensaba en todo lo que había pasado. Su hija mintiéndoles, su hija con ropa tan reveladora, su hija desobedeciendo.

Y en su cerebro algo hizo click.

.

.

.

.

¿Y qué ha pasado, eh?

—Me han armado la de dios y me han castigado sin salir dos semanas. Ah, y hoy no ceno.

Eva había abierto sus libros, se había sentado en la silla de su escritorio y había llamado a Ezekiel. El chico se había quedado muy asustado por la forma apresurada en la que ella se había marchado, así que decidió llamarle para que se quedase más tranquilo.

¡Eso apesta, eh!

—Lo sé...

Lo siento, Eva.

—No ha sido tu culpa, capullo.

Lo sé pero...

—Qué bobo —sonrió—. Tienes unas cosas que a veces me impresionan.

¿En plan bien, no, eh?

—Claro.

Entonces... tendremos que esperar por lo menos dos semanas para hacerlo, eh.

—Sobre eso... yo no quiero planearlo, Zeke.

Lo sé pero me has dejado con ganas, eh.

—Eres más tonto...

¿Se han enterado de lo de la piscina, eh?

—Beth, sin mala intención y sin saber que lo tengo prohibido, se lo dijo a mi padre. Resultado: me han confiscado el bikini. Conociendo a mis padres no lo volveré a ver jamás.

¡Pero eso no es justo, eh!

—Es que tengo prohibido llevar esas cosas, Ezekiel.

¿Ves? Yo tenía razón, eh.

—¿Qué quieres decir? —preguntó ella sin comprender a qué se refería su novio.

No quieren que lleves esas cosas porque ellos saben que su hija es preciosa, eh.

—No digas tonterías —dijo, roja por la vergüenza.

Pero si es verdad, eh.

—Es que eres —escuchó un ruido—. Tengo que dejarte, si me pillan con el móvil me matan.

Adiós, eh.

—Chao —y colgó. Justo a tiempo para que su madre no la pillase.

—Eva... —dijo al entrar por la puerta—. Dúchate y preparate para la cena.

—¿No estaba castigada? —preguntó ella extrañada.

—¿Prefieres estarlo? —preguntó la madre cruzándose de brazos.

—No mamá.

—Muy bien. Ve a prepararte. Ahora.

Eva supo en ese justo instante que la bronca aún no había terminado.

.

.

.

.

Noah caminaba de la mano con Katie. La chica iba contándole algo muy entusiasmada pero él no la escuchaba.

—¿Noah? —ahí se dio cuenta de que la había ignorado sin querer—. ¿Me has escuchado?

—Disculpa Katie-kat... estaba distraído.

—¿Qué te pasa? —preguntó ella preocupada.

—No es nada.

—Noah... ¿tú me quieres?

Noah se giró y la miró boquiabierto.

—¡Claro que sí!

—Es que a veces no lo parece... —tal como dijo esas palabras Noah se arrepintió de no haber estado escuchándola.

—Lo siento si no soy bueno demostrándotelo.

—Noah... —le abrazó—. Necesito que me ames más que nunca —su voz era rara. Su actitud era extraña. Algo pasaba con Katie desde hacía varios días.

—¿Pasa algo, Katie? —le preguntó acariciando su mejilla.

—Es que... no sé cómo decírtelo —dijo la chica bajando la mirada.

—Katie...

—Es que no me ha bajado la regla este mes, Noah.

El chico abrió los ojos como platos.

—¿Estás... estás embarazada?

—¡No lo sé!

Y Noah sintió cómo sus piernas flaqueaban.

.

.

.

.

—¡Todo es por culpa de ese muchacho! —gritó la madre.

—¡La culpa es tuya, tú lo consentiste! —le recriminó el padre.

Eva les escuchaba discutir en silencio. Con su tenedor troceaba una y otra vez su merluza en salsa verde, la cual ya no le parecía en absoluto apetitosa. Al principio habían intentado hablar con ella tranquilamente, pero cuando la madre mencionó el enamoramiento de Eva por un chico el padre montó en cólera, y la madre se le sumó cuando añadió que pensaba que el comportamiento de su hija se debía a eso.

—¡¿Y qué iba a hacer Armin, qué?!

—¡Decírmelo!

—¡Le prometí a la niña que no diría nada!

—Y ha mantenido la promesa un día entero, qué proeza —comentó Eva, enfadada.

—¡Tú cállate! —le ordenó su padre—. ¿Ves? ¡La niña se nos ha vuelto contestona!

—¡Es por ese muchacho! Tenías que haberlo visto, ¡qué pintas de delincuente! —Eva sintió una puñalada en el corazón al escuchar esas palabras de su madre pero, aún así, fue incapaz de intervenir—. Era delgado, pálido como un vampiro... ¡ese no hace ejercicio ni nada, parece un drogadicto!

—¡No vas a volver a ver a ese chico jamás! ¡¿Me oyes?! ¡JAMÁS!

Eva golpeó la mesa haciendo que las copas se volcasen.

—¡Ya basta!

—¡Irás a una universidad para señoritas! —siguió el padre—. ¡Me niego a dejar que te sigas juntando con gentuza!

—¡HE DICHO QUE YA BASTA!

Hubo un momento de silencio y ambos progenitores la miraron muy impresionados. Eva jamás les había hecho callar.

—¡Él no me ha obligado a hacer nada! ¡Llego tarde porque es la única forma que tengo de verle, y yo fui a la fiesta porque quise! —su madre iba a interrumpirla pero, sin embargo, Eva no lo consintió—. ¡Y no es ningún drogadicto! ¡Es un chico muy listo y muy dulce! ¡¿Y sabéis qué más?! ¡Le quiero!

Se hizo el silencio hasta que el padre habló de nuevo, esta vez con voz tranquila.

—¿Le quieres? —Eva asintió. Con algo de vergüenza, eso sí—. ¿Y él te quiere a ti?

—Sí —respondió, mirándole directamente a los ojos.

—Olga... ¿a ti qué te parece? —le preguntó a su esposa.

—¡No lo sé! —contestó—. Eva, eres muy joven y eso no funcionará.

—Yo le quiero mucho. ¡Quiero intentarlo!

—Olga —Armin suspiró, y tras unos instantes volvió a hablar—, ya está bien.

—¿Qué? —preguntó la esposa con incredulidad.

—Está enamorada... no está bien que impidamos que salga con ese muchacho.

—Armin, tú dijiste que tener novio... que no era bueno para ella.

—Lo sé, ¿pero tú la has visto? Le defiende con tanta fuerza que hasta emociona.

—¡¿Y cómo sabemos si le conviene?!

—Fácil: si vienen él y sus padres a cenar sabremos qué tipo de familia son —dijo el hombre.

—¿Qué? ¡No! —protestó Eva.

—¡Aquí se hará lo que diga tu padre!

Y así fue como Eva se metió en otro lío. Cena padres vs. suegros lo llamó en su cabeza. Otro mensaje del universo: "Jódete Eva, jódete mucho mucho".

.

.

.

.

¡¿QUÉ?!

—Como lo oyes... lo siento.

¿Tu madre cómo supo que era yo, eh?

—Es muy intuitiva —mintió. No podía decirle que ella le había contado que estaba enamorada y que, sabiendo eso, la mujer había atado cabos.

¿Entonces mis padres y yo tenemos que ir a cenar a tu casa, eh?

—Sí.

Qué vergüenza, eh.

—A mi también me da vergüenza.

Ya, pero tú les caes bien a mis padres y yo a los tuyos no, eh.

—Ya ves, soy así de encantadora —dijo de broma. Escuchó una risita desde el otro lado de la línea.

Eres muy divertida, eh —ella se sonrojó y sonrió.

—Tú también lo eres.

Me gustas mucho, eh.

—Y tú a mi, idiota.

Eva, tengo que colgar. Me acabo de duchar y aún no me he vestido —Al escuchar esas palabras ella sintió que la temperatura subía, o igual simplemente era ella.

—¿Estás desnudo? —preguntó en un tono de voz que Zeke encontró muy sugerente.

Con-con toalla, eh —contestó.

—Debes estar adorable...

¿Y tú qué llevas puesto, eh? —preguntó él sintiendo cómo una erección se formaba bajo su toalla. Eva se puso aún más roja.

—Un pijama rosa claro —contestó ella excitándose más.

Seguro que estás muy sexy, eh.

—Supongo —dijo ella mirándose al espejo.

Eva... yo quiero probar algo, eh.

—¿El qué?

Es que tengo miedo de que te asustes o pienses que soy un guarro, eh.

—¿Qué? Ezekiel tú no eres un guarro, eres tan salido como todos y ya está.

Pero me gustaría que fuera una sorpresa, eh

—Bueno, vale —dijo ella fingiendo enfado.

¿Mañana, eh?

—No creo que me vayan a quitar el castigo, cariño.

Eso es un asco, eh.

—Si lo sé...

Eva, tengo que colgar que tengo frío, eh.

—Vale cariño. Nos vemos mañana en clase.

Adiós preciosa, eh.

—Adiós mi amor.

Y colgaron a la vez.

.

.

.

.

Aquella noche Leshawna se durmió llorando. Después de hablar con Gwen sobre chicos esa misma tarde ella decidió que ya era hora de volver a tener a Harold a su lado, así que le dio una escusa a su amiga gótica y fue a buscarle, no sin antes comprar un nuevo paquete de preservativos para la reconciliación.

Sabía que Harold iba con Cody a la biblioteca todos los domingos por la tarde sin excepción. Más de una vez les había acompañado para conseguir aprobar alguna asignatura que se le había quedado atravesada. Otra cosa que también sabía es que Cody y Harold se separaban dos calles antes de llegar a casa del pelirrojo, así que se escondió tras un coche aparcado en la calle en la que se separaban. Cuando cada uno se fue por su propio camino ella siguió al pelirrojo, pero éste no lo notó. Finalmente Harold llegó a la puerta de su casa, y se disponía a abrir cuando la chica le llamó.

—¡Harold! —y se acercó rápidamente.

Harold se quedó helado al reconocer la voz y, sin girarse, buscó rápidamente las llaves en su mochila, sin embargo las prisas y el nerviosismo hicieron que se le cayesen al suelo.

—Deja, ya las cojo yo blanquito —y las recibió de manos de Leshawna, la cual le sonrió.

—Gracias —respondió de la forma más seca posible. Dicho esto abrió la puerta de su casa.

—¿No me invitas a entrar? —preguntó ella de forma sugerente. No le importaba tener que recurrir al sexo para recuperar a su amante favorito (aunque jamás admitiría eso último).

Harold iba a derretirse por ella por enésima vez, pero entonces algo se lo impidió. De golpe en su mente se agolparon todas las veces que le regaló cosas para enamorarla, todas las veces que escribió poemas para ella, todas las veces que había sido rechazado por ella, todas las veces que lo había plantado por otros chicos y todas esas noches que había pasado haciendo el amor con ella para, finalmente, despertar siempre solo. Todo esto empezó a formar en su cabeza palabras coherentes que no podía permitirse callar por más tiempo.

—¿Harold? —insistió ella.

—No Leshawna, esta vez no —dijo. La firmeza de su voz y la fuerza con la que las pronunció era algo inusual en él.

—Pero Harold, yo sólo quiero que me perdones —dijo ella desesperándose. Él calló unos instantes y suspiró antes de responder.

—No, esta vez no.

Y ambos tuvieron una sensación parecida, ninguno de los dos conocía a la persona que tenía delante. Harold porque, por fin, había encontrado el valor para dejarla ir para siempre y Leshawna porque notaba que el chico que tanto la amaba había desaparecido, esta vez para siempre. Ella no podía aceptar el haber perdido al hombre al que amaba.

—Harold... yo te quiero —dijo ella empezando a llorar.

Al pelirrojo le dio pena, mucha pena. Lo último que él quería era ver a alguien sufrir por un corazón partido, sin embargo la miraba y ya no le resultaba tan hermosa como antes, ni tan atractiva, ni la chica a la que amaba. Harold se sentía como si estuviese frente a una conocida llorando, una conocida a la cual no podía consolar.

—Lo siento mucho pero esto se ha acabado.

Entró a su casa sin mirar atrás y se echó a llorar. Lloró de tristeza, lloro de felicidad. Un nuevo mundo se abría para él ante sus ojos, un mundo lleno de oportunidades.

Mientras, Leshawna lloraba fuera de la casa, en el suelo, de rodillas y suplicando.

—¡Harold saldré contigo! ¡Perdoname por favor! ¡Abre por favor!

Pero Harold no abrió.

.

.

.

.

Eva estaba muy excitada después de hablar con Ezekiel, tanto que no podía dormir, así que se le ocurrió revisar EL PENE. Lo buscó en su mochila y leyó el siguiente paso. Se sonrojó cuando vio que se titulaba "Un templo llamado Eva" y leyó las indicaciones, en las cuales reconoció la letra de sus tres amigos.

"No puedes hacer que a él le guste nada de lo que haces si no te gustas a ti misma. -O"

"Fóllatelo. Duro contra el muro 696969696969696969696969696969696969696969696969. -I"

"Eva, esto viene a ser que pienses en tu cuerpo como un lugar al cual rendirle culto. Un lugar que cuidar y valorar como si de una obra de arte se tratase. -N"

La morena enseguida asoció la idea de rendirle culto a su cuerpo con el placer. Entonces pensó en Ezekiel, en Ezekiel desnudo, en su conversación sobre la masturbación y en las manos del chico acariciando su cuerpo. Una sensación cálida invadió todo su ser, especialmente se concentró entre sus piernas y entonces pensó que podía probar. Se levantó descalza y puso el pestillo, después bajó del todo las dos persianas de su habitación y se acercó al espejo.

Contempló su cuerpo cubierto por aquel sencillo pijama rosa claro de tirantes con pantaloncitos cortos y no se vio fea, se vio hermosa, aún más cuando se soltó el pelo. Nerviosa se bajó los tirantes de la camiseta, liberando sus pechos. No se detuvo ahí, sino que dejó caer junto con la camisa sus pantalones y sus braguitas.

—Qué corte —dijo mirando su reflejo.

Pasó las manos por su cintura y descendió hasta sus muslos con una mano y la otra la paseó por su estómago. Su excitación aumentó hasta límites insospechados cuando imaginó que las manos que la tocaban eran las de su chico. Se atrevió a tantear con su dedo un poco su entrada, pero se sintió incómoda al estar de pie, por lo que volvió a su cama y se tumbó boca arriba.

—Dios... espero que no duela. Bueno, cuando Zeke lo hizo bien no me dolió.

Eva dirigió su dedo corazón a su entrada y notó que estaba húmeda y caliente. Recordó cómo lo hizo Zeke y buscó ese punto en concreto, cuando lo halló empezó a rozarlo suavemente con su dedo, sintiendo inmediatamente un agradable cosquilleo que la invitó a seguir. Cortos y suaves gemidos salían de su boca y, cuando se quiso dar cuenta, tenía las plantas de los píes apoyadas sobre el colchón y las piernas separadas con las rodillas mirando hacia el techo. La excitación hizo que se mordiese el labio y llevase su mano izquierda a su seno derecho, notando su pezón duro.

—Ahhh... Zeke —gimió en voz baja, cada vez más excitada.

La rapidez de los roces de su dedo incrementó a medida que el placer aumentaba. Ya no aguantaba más, estaba muy muy excitada y se sentía muy bien. Finalmente, sintió una oleada de placer muy grande y, después de eso, sólo pudo descansar.

El segundo orgasmo de su vida.

Se durmió así, totalmente desnuda, y descansó de maravilla.

.

.

.

.

Aquella noche Leshawna no fue la única que se durmió llorando. Tanto Noah como Katie se durmieron a las tantas en sus respectivos hogares, ambos asustados, ambos pensando en lo peor. No estaban listos para tener un bebé, sólo eran unos chavales a unas pocas semanas de graduarse en el instituto. La única esperanza era que fuese una falsa alarma, después de todo ellos usaban preservativo siempre.

Lo único que les permitió dormir fue el cansancio unido a esa vaga esperanza.

Continuará...

Gracias por los reviews! Por cierto, si miráis por mi Deviantart (OFIXD) encontraréis las portadas del fic, dibujos Ezeva y de otras parejas y, esto es muy importante, pistas ocultas sobre el futuro del fic y las futuras parejas que aparecerán :)

Luki: Continué princess :V

juanjonh343: Gracias por el review ^.^ supongo que cada uno tiene su estilo, yo voy alternando para no aburrirme.

kena86: Pues ya veremos :P

NECESITO MÁS REVIEWS POR FAVORRRRR T.T

Nos leemos!

XOXO

OFIXD