Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a la autora Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead, yo solamente me encargo de traducirla.
Capítulo 10
El juicio era mañana. Nos íbamos hoy a la corte y mi mayor preocupación en este momento era el hecho de que no había terminado en los mejores términos con Roza. Una y otra vez seguía debatiendo si debía o no tratar de acercarme a ella hoy antes de que despegara el avión, pero ella ya debería estar de vuelta a su deber en la experiencia de campo con Christian. Realmente no podría hablar con ella en privado, incluso si quisiera.
Aun así, sus palabras seguían sonando en mis oídos, haciendo que sus preocupaciones fueran las mías. "Víctor sabe lo que hay entre nosotros. Podría decir algo. Él no actúa exactamente como lo haría una persona normal... podría decidir destruirnos solo por venganza."
¿Y si… y si sucede algo? ¿ Y si Víctor dice algo y no puedo volver? ¿Y si me despiden sin siquiera poder decirle adiós a Rose? Mi mente y mis pensamientos eran una montaña rusa deteniéndose finalmente en un poco de paz: si algo sucedía, lo que era poco probable, al menos Rose no estaría allí para presenciarlo y sufrir las consecuencias. Tendría tiempo de, con suerte, absolverla de cualquier acto incorrecto y minimizar cualquier daño a su reputación. Les diría que todo había sido mi culpa, que había abusado de mi posición, que había sido yo quien había cometido el error. Haría todo lo posible para asegurarme de que ella estuviera bien al final. Pero aun así... era poco probable. Nada sucedería, todo estaría bien, nada sucedería.
Los guardianes que viajaríamos a la Corte tuvimos una última reunión informativa con Alberta para repasar toda la información pertinente con los guardianes que se encargarían de la experiencia de campo en nuestra ausencia. Sabía incluso antes de entrar a su oficina que ella estaría estresada. A pesar de que había estado trabajando día y noche para asegurarse de que todo estuviera preparado, estaba seguro de que seguiría trabajando en algunos detalles finales hasta el momento en que el avión despegara.
Sin embargo, no estaba preparado para lo que ella dijo cuando entré a su oficina.
—Belikov, no te pongas cómodo. Necesito que vayas por la Princesa Vasilisa, Christian Ozera y Rosemarie Hathaway.
Estaba confundido por el uso formal de sus nombres hasta que vi que no era el primer Guardián en llegar a la reunión. Y eso me confundió acerca de la solicitud en sí—. Sí, señora. ¿Puedo preguntar por qué?
—Necesito que los prepares. Diles que empaquen una bolsa y que estén listos para abordar el avión en menos de una hora.
Mi corazón se detuvo momentáneamente—. ¿Perdón?
—Tienen que venir con nosotros. La propia reina llamó hace no más de cinco minutos para solicitar su presencia en el juicio. Ahora, no tengo tiempo y ustedes tampoco. Esos estudiantes tienen incluso menos…
—¿Qué sucederá con el novicio Castile? —La interrumpí.
—¿A que te refieres? —El estrés estaba empezando a sacar lo mejor de ella y su profesionalismo estaba empezando a desvanecerse.
—Está fungiendo como el guardián de la princesa. ¿Debería instruirlo para que venga también?
Lo pensó por un momento—. Sí, él también. No podemos dejarlo atrás exactamente si está de servicio.
Y así como así salí de la habitación. Alberta y los demás serían más que capaces de informar a los guardianes que estarían ocupando nuestro lugar esta semana, y yo, bueno, yo tenía menos de cincuenta y siete minutos para ubicar a cuatro estudiantes y ponerlos en marcha. Afortunadamente, estaban en parejas, y como se acercaba la hora del desayuno, lo más probable era que estuvieran todos juntos.
Me dirigí hacia la cafetería, sabiendo que era muy probable que estuvieran allí. Apenas había llegado a la mitad cuando vi a Lissa mezclándose con otros estudiantes en el patio. Como su guardián asignado, estaba capacitado para reconocerla en medio de la multitud y estaba desesperadamente agradecido por esa habilidad en este momento.
Eddie me vio antes que Lissa, y pude verlo tensarse inicialmente para otra batalla entre nosotros. Tardó un momento en darse cuenta de que yo estaba vestido con un polo gris informal en lugar del tradicional traje negro requerido para la experiencia de campo. Su mano se movió rápidamente desde la estaca de práctica hasta el hombro de Vasilisa, dirigiendo su atención hacia mí.
—Princesa.
—Buenos días, Guardián Belikov. ¿Está todo bien?
—Sí, todo esta bien. Traigo un mensaje de la Guardiana Petrov. Su presencia ha sido solicitada en el juicio. Usted y el novicio Castile deben ir a empacar inmediatamente y estar en la pista de aterrizaje a las 8. Lo siento por el cambio de último minuto pero…
—¡No! No, por favor, no se disculpe. ¡Gracias! —Pude ver la emoción en su rostro, mezclada con un poco de nervios—. No sé cómo lo logró, pero gracias.
—Lo prometo, no fue cosa mía. Sin embargo, ¿sabe dónde están Rose y Christian?
—¿También van a venir ellos? —Apenas pude asentir antes de que ella continuara—. ¡Oh, gracias a Dios! Sé que esta situación estaba siendo demasiado estresante para ellos. Estábamos planeando reunirnos con ellos en la cafetería en unos minutos, deberían estar allí ahora.
Lissa se dirigió hacia los otros, con Eddie y yo detrás. Casi no noté que él se había puesto a mi lado utilizando la técnica conocida como doble guardia. Con su ligero paso atrás, pude verlo en segundo lugar como el segundo guardián en lugar de ser el líder en la asociación. Una parte de mí quería animarlo a tomar la posición de liderazgo en este momento ya que era su prueba, pero la deferencia tenía sentido ya que yo era el guardián oficial asignado de Lissa. De cualquier manera, hice una nota mental para darle una mención favorable en su informe final.
Apenas habíamos entrado a la cafetería cuando vi que nuestro par de objetivos abandonaba el centro de alimentación. La princesa se echó a correr en el momento en que los vio, Eddie la siguió de cerca. Sabía que Lissa llevaría mi mensaje, y Eddie transmitiría los detalles faltantes. Sin más preámbulos, dejé a los estudiantes para ir a prepararme para el vuelo. Si esta mañana era una indicación, este viaje iba a ser mucho más interesante de lo que había planeado originalmente.
Me encontré con una vista muy desagradable en la pista de aterrizaje. Adrián estaba apoyado en su equipaje, luciendo como si fuera el dueño del lugar. Por lo que sabía, en realidad podría ser el dueño del avión. Algunos otros guardianes se detuvieron alrededor, dándole un amplio radio de espacio y sin preocuparse un poco por su actitud distante. Por supuesto, en el momento en que me vio, tuvo algo que decir.
—Belikov. —Su sonrisa parecía determinada a molestarme y estaba haciendo bastante bien su trabajo.
—Lord Ivashkov. Es una sorpresa verlo tan temprano. —No era ningún secreto que Adrián por lo regular se la pasaba dormido en un estado de ebriedad hasta la hora del almuerzo.
—No podía perder mi vuelo, ¿verdad? —Estiró sus piernas, sentándose y entrecerrando los ojos ante la luz del sol, a pesar de llevar gafas de sol a la sombra del ala del avión—. No quisiera decepcionar a mi tía cuando tuvo la amabilidad de permitir algunos testimonios adicionales en el juicio.
Por supuesto que había sido él. Por supuesto, él lograría lo imposible y le daría a Rose lo que yo no podría. ¿No me lo había dicho tantas veces? Disfrutaba mantener ese poder sobre mi cabeza, pero me dolió verlo en acción. Él fue quien había descubierto dónde estaba ella en Spokane. Fue él quien había conseguido que ella y los otros asistieran al juicio. Él era quien podía ofrecerle la vida que se merecía, lejos de la esencia del estilo de vida de los guardianes.
Por la expresión de su rostro, él también lo sabía. Sabía que me había vencido y sabía que me dolía. Sin embargo, no iba a darle el beneficio de verme estremecerme—. Estoy seguro de que será el último clavo en el ataúd de Victor y eso es todo lo que podíamos esperar.
Adrián se mofó de mi intento por ignorar lo que había logrado, moviéndose hacia los escalones del avión y abordándolo rápidamente. Solo podía imaginar que se dirigiría directamente al bar del avión, y aunque sus hábitos me disgustaban, estaba agradecido de tenerlo fuera de mi vista. Tan pronto como estuvo adentro, pude sentir la tensión de mis hombros relajarse.
Faltaban cinco minutos para abordar cuando los cuatro estudiantes aparecieron en el campo entre la escuela y la pista de aterrizaje. Entre las varias piezas de equipaje, pude ver la anticipación en el rostro de Rose incluso con la distancia considerable entre nosotros, y en el momento en que estuvo lo suficientemente cerca, se separó de los demás y corrió hacia mí.
—Lo siento, lo siento mucho.
—¿Lo sientes, por qué?
—Por todas las cosas horribles que dije ayer. Lo hiciste. ¡Realmente lo hiciste! Conseguiste que nos dejaran ir. —Rose estaba casi rebotando sobre las puntas de sus pies y había una pequeña parte de mí preparándose para el abrazo que sabía que Rose estaba tentada de darme.
Por lo general, me habría alegrado, pero en este momento me sentía mal. Me estaba agradeciendo por algo en lo que yo no tenía absolutamente nada que ver. Creía en mí tanto que simplemente había asumido que este cambio se debía a algo que yo había dicho o hecho. En cambio, había sido Adrián quien lo había logrado.
—No fui yo, Rose. Yo no tuve nada que ver con esto, —le contesté con frialdad. Tal vez debería haber admitido la participación e influencia de Adrián, pero no pude obligarme a hacerlo. Ella lo sabría muy pronto, estaba seguro. Adrián no parecía el tipo de persona que dejaba que una buena acción de su parte pasara desapercibida.
La mirada de confusión de Rose y, me atrevería a decir que de traición también, se quedó grabada en mi mente cuando Alberta nos llamó para abordar. Terminé de ayudar con las últimas bolsas antes de entrar en la cabina y tomar uno de los pocos asientos que quedaban disponibles en la parte posterior. Rose estaba sentada al lado de la ventana, compartiendo una fila con Eddie. Ella ni siquiera me lanzó una mirada cuando pasé junto a ellos; sin embargo, vi como le dirigía algunas palabras de conversación a Adrián quien estaba sentado delante de ella. Con todas las veces que se giró en su asiento para hablar con ella, bien podrían haberse sentado uno al lado del otro.
Continuaron hablando durante todo el despegue, aunque sentí un poco de alegría egoísta por el hecho de que Rose parecía estar perdiendo rápidamente el interés en cualquier conversación que Adrián intentara forzar. Algo sobre llenarla de regalos y cosas finas. Con lo fuerte que él estaba hablando, estaba seguro de que algunas de sus generosas ofertas hacia ella habían sido para que yo las escuchara. Acababa de decidir ignorarlo por completo y sacar mi libro cuando el grito de Rose volvió a llamar mi atención.
—¡Adrián! ¿Puedes cerrar la maldita boca por cinco segundos?
Hice una mueca, preguntándome por qué su mal humor tenía que explotar justo ahora. Acababa de obtener esta oportunidad y no quería ver que se la arrebataran, especialmente cuando sabía que nunca sería capaz de regresársela.
—Rose, —Alberta se paró de su asiento al frente y pude escuchar el regaño en su tono—. ¿Que está pasando aquí?
—Tengo el peor maldito dolor de cabeza del mundo y él no se calla. —Me levanté de inmediato. Rose había hablado con los dientes apretados y ahora podía escuchar un leve gemido de dolor en su voz—. Dios, ¿por qué esto no se va?
Mientras me acercaba, pude escuchar el susurro silencioso de Christian a Alberta—. No ha comido nada en todo el día. Estaba realmente hambrienta antes.
Las manos de Rose se movieron de su rostro, descubriendo sus ojos con un pequeño siseo. Estaban dilatados, y parpadeaban frenéticamente de un lado a otro antes de posarse en mí solo por un momento. Con otro suave gemido, sus ojos se desenfocaron en el aire a mi alrededor y comenzó a parpadear rápidamente, y finalmente encontraron refugio bajo la palma de sus manos una vez más.
Alberta miró hacia mí haciéndome una pregunta silenciosa, y sacudí la cabeza en respuesta. A pesar del extraño comportamiento de Rose en las últimas semanas, nunca había visto algo como esto.
Alberta pasó detrás de mí, atrayendo la atención de la azafata a quien ni siquiera había visto acercarse—. ¿Puedes darle algo de comer? —Los ojos de Alberta regresaron a Rose por un momento antes de agregar—, ¿y quizás también un analgésico?
Puse mi mano en el hombro de Eddie, haciéndole un gesto para que se hiciera a un lado para poder sentarme al lado de Rose y preguntarle un poco más en privado—. ¿Dónde es? ¿El dolor?
Entre las sombras de sus dedos, pude verla mirar a todos los rostros enfocados en ella. A Rose normalmente no le importaba ser el centro de atención, pero por la forma en que se encogía en su asiento, ahora no era uno de esos momentos—. Es un simple dolor de cabeza... —Hizo una mueca cuando la luz de la ventana cruzó su rostro y me estiré para bajar la persiana—, …estoy segura de que ya se pasará.
Mi mirada permaneció fija en ella sin pestañear, sabiendo que estaba tratando de minimizar la gravedad de su dolor. Con un suspiro, llevó sus dedos fruncidos al centro de su frente, entre sus ojos—. Es como si algo estuviera presionando mi cráneo. Y hay algo de dolor detrás de mis ojos. Sigo sintiéndome como... bueno, es como si algo estuviera en mi ojo. De repente me parece ver sombras o algo así. Pero después parpadeo y se van.
Cuando me tensé por su explicación, Alberta se relajó con un suspiro—. Ah, eso es un síntoma de migraña: los problemas de visión. Se llama aura. A veces las personas la padecen antes de que se presente el dolor de cabeza.
—¿Un aura? —Rose preguntó dejando caer sus manos repentinamente y mirando sorprendida a Adrián.
—No de ese tipo. —La mirada de Adrián lucía un poco vidriosa, como si ya hubiera bebido demasiados tragos. O como si estuviera a punto de comenzar a divagar de nuevo—. Mismo nombre como Corte y corte. Las auras de migraña son imágenes y luz que se ven cuando se acerca una migraña. No tienen nada que ver con las auras que yo veo alrededor de las personas. Pero te digo... el aura que puedo ver... alrededor tuyo... vaya.
Rose se rió sin humor—, ¿Negra?
—Más que negra. Es obvio incluso después de todas las bebidas que he tomado. —Sus ojos se aclararon repentinamente mientras me miraba significativamente—. Nunca he visto algo así.
Podía sentirme mordiéndome la lengua con frustración, mi mano rozando el hombro de Rose como si tuviera algún efecto sobre su dolor de cabeza. Sonya había sufrido de migrañas y recuerdo que se quejaba de la luz y de los sonidos cada vez que aparecían, pero no recuerdo que la afectaran así. Y Rose tenía una tolerancia al dolor significativamente más fuerte que mi hermana. Eso, junto con la vaga advertencia de Adrián dirigida hacia mí, me tenían nervioso.
Algo no estaba bien, pero no sabía qué, y aún peor... no sabía cómo solucionarlo. Honestamente, no estaba seguro de poder arreglarlo aunque supiera cómo hacerlo. Rose parecía volverse cada vez más impredecible. No eran solo los arranques de ira o las pesadillas, ahora estaba empezando a tener dolores de cabeza y otros síntomas más físicos. Y la oscuridad que Adrián seguía mencionando. No estaba seguro de lo que significaba, pero ciertamente parecía preocuparlo. Me llenó de una sensación de presentimiento e intranquilidad también.
Primero termina con lo del juicio, me recordé a mí mismo. Una batalla a la vez. Supera el juicio y luego podrás encontrar la manera de ayudar a Rose.
Para cuando volví a la cabina principal, alguien más ya había tomado mi asiento vacío. Mi instinto inmediato fue alejar a Vasilisa de Rose, sobre todo porque parecía haberla despertado. Sin embargo, me detuve en mis esfuerzos cuando vi que la Princesa tomaba la mano de Roza entre las suyas, inclinando la cabeza un momento. Cuando Rose se relajó, me di cuenta de que Lissa la estaba curando y sentí que la gratitud superaba mi irritación anterior. Lissa había arreglado todo, desde un tobillo roto hasta la muerte, un dolor de cabeza no debería de ser prácticamente nada para ella. Ojalá hubiera pensado en sugerirlo antes.
Pero cuando Lissa abrió los ojos, Rose solo negó levemente con la cabeza. No había funcionado. ¿Por qué no había funcionado? Estaba demasiado lejos para escuchar cualquier explicación, aunque ambas chicas parecían preocupadas, y no me atreví a acercarme más cuando Adrián se asomó por encima del asiento otra vez. Afortunadamente, finalmente unos minutos más tarde, ambos la dejaron tener el merecido descanso que necesitaba. En cuanto a mí, me volví a sentar en mi asiento y abrí mi libro, sin absorber ni una sola palabra mientras la miraba sobre las páginas de mi libro y la distancia que nos separaba.
Bueno chicos, aquí tienen el nuevo capítulo, parece ser que el anterior no fue muy emocionante para muchos de ustedes, espero que éste les haya gustado un poquito más.
En el capítulo anterior me preguntaron que si no pensaba subir el nuevo capítulo hasta que no se alcanzaran los reviews, claro que no, fijo es un capítulo por semana, solo que asumí que lo darían por hecho y no quise seguir siendo redundante con respecto a ese tema, pero no se preocupen, de ahora en adelante les pondré ambos datos.
También me estuvieron pidiendo que bajara los reviews, pero en éste momento eso haría que me saturara más, y más en éste momento que también estoy traduciendo "Meet Me in the Memory." Pero de verdad chicos, es mucho trabajo traducir un capítulo y me toma bastante tiempo, de esta manera tengo más tiempo y lo necesito aún más en éste momento que tengo dos historias en curso. Pero de verdad, no se preocupen porque tenemos Ruso para rato.
Bueno, pasando a otro tema, ¿qué les pareció éste capítulo? Espero que les haya gustado, por fin Dimitri se está dando cuenta que Rose tiene algo grave.
Cómo dije anteriormente, ya empecé a publicar "Meet Me in the Memory" también, ¿ya leyeron el prólogo? Les aseguro que la historia es bastante buena y los mantendrá al borde de sus asientos. Que tengan un muy buen inicio de semana, cuídense mucho y nos leemos en el siguiente capítulo que lo subiré el próximo Domingo o cuando lleguemos a los 800 reviews.
