Capitulo 10- Los pecados de los padres

Era un día gris, las gruesas nubes cargadas de lluvia ocultaban el sol, pronto un aguacero se dejaría caer sobre Ciudad del Oeste; pero no importaba, él no se movería de su lugar, se quedaría sentado ahí aunque un huracán mismo tratara de levantarlo, no había razón alguna para volver.

Se sentó ahí a esperar la muerte, porque de cualquier forma su tumba ya estaba lista, lo estaba desde hacía unos años, cuando le dijeron que lo mejor era que estuviese muerto y lo lograron. Le mataron todo lo que era, de aquel heredero, un prometedor joven empresario no quedo nada, del hombre que pudo ser amo solo quedaban las trazas de un devoto esclavo, su inteligencia y perspicacia eran ya un lejano recuerdo, si, todo él murió un primero de enero a manos de una tal Eva, una indigente que padecía de esquizofrenia, quien, según informaron los medios, había estudiado en una prestigiada universidad en el sur, tenía una maestría en calculo avanzado y siempre había mostrado una personalidad huraña. Una mujer que estaba en contra del capitalismo y del estilo de vida de la sociedad actual, por ello le había amenazado con cartas que le decían que abandonara su cargo y cerrara su empresa, también se las había mandado a la vicepresidenta de la corporación cápsula, cuando en aquel entonces era la presidenta porque su hermano era sospechoso del asesinato de un general; pero la infame Eva, perdida en el intricado laberinto de su enfermedad mental armó una supuesta conspiración que Rediget y Brief habían tramado para dominar al mundo, por ello no dudo en raptarlos y llevarlos a la "base de sus operaciones secretas" una base militar abandonada en el sur, lugar en que Jean Luke Rediget murió asesinado por la siniestra Eva a pesar de que trató de defenderse, hirió a la del padecimiento mental de muerte; pero al hacerlo provocó también la suya…eso fue lo que dijeron, que él de ahora en adelante estaba muerto, que todo lo que hicieron fue en pro de asegurar la supervivencia de la organización como tal. Le hablaron de un principio que supuestamente se usaba en la misma naturaleza, en concreto, se llevaba a cabo en el cuerpo de los seres vivos: la apoptosis, el suicidio de una célula que, en un futuro, podría llegar a convertirse en un peligro para todo el organismo.

Tantas veces les dieron a entender que ellos ya se salían de lo que representaba los amos del mundo, sus ideas eran buenas; pero en la practica eran un fracaso, habían perdido la dirección, no servían más para nada, tan solo como el recuerdo de lo que alguna vez fue la sociedad más poderosa de los amos del mundo, los caballeros de la luz. Le dijeron a Ballard, su dirigente en el momento de su supresión, que ellos no eran útiles; pero la vanidad la tenía cegada; la apoptosis no funcionaria con ellos, era evidente que nunca se suprimirían a ellos mismos. Sin reparó alguno le dijeron sobre la sutil manera que planearon la supresión; y fue de esa misma forma en que le dijeron que Jean Luke Rediget estaba muerto, que su nombre era Oswald y así debía asumirlo si quería seguir vivo, además era lo menos que podía hacer por los amos del mundo, por la elite y el futuro que tanto le promovió a Bra esos últimos días de diciembre.

Preguntó que tenía él para permitirle sobrevivir; le dijeron que era en consideración a que era el menos ciego de todos, aun podía seguir siendo parte de los amos; pero ya no al mismo nivel que antes, ese nivel jamás volvería a alcanzarlo, estuvo de acuerdo de cualquier forma todo lo ocurrido era su culpa…"Novus Ordum Seclorum" dijo en señal de que entendía y acataba sus ordenes; porque en ese momento realmente llego a creer que había sido bendecido con su perdón, puesto que con sus acciones no lo merecía en absoluto.

Eso fue en aquel entonces y desde ese entonces todo había cambiado, ahora sentado frente al lujoso mausoleo de la familia Rediget, donde un ángel negro y de alas extendidas custodiaba sus restos, esperaba la hora de su muerte, porque él no estaba dispuesto a pagar por algo que no había cometido. La vanidad, el pecado que Eva le señaló esa vez, no era su culpa, así fue educado, fue de esa forma en la que le inculcaron todos los principios y estatutos de los amos del mundo, fue esa la manera en que le instruyeron para comportarse y pensar ¿Qué culpa tenía él? ¿Qué culpa tenían todos?

Unos pasos quebrantaban las ramas tiradas por la voluntad del viento, a lo lejos podía escuchar como le quitaban el seguro a una pistola, posiblemente una 9 milímetros, la prototipo que usaban los ejecutores. Ya conocía todos los procedimientos, en menos de un minuto le hablarían como si fuera un amigo desde hacia años y repentinamente le darían el tiro final, moverían todo y cambiarían los hechos, aunque tratándose de él, era posible que su segunda muerte pasara desapercibida.

-Oswald- cerró los ojos, estaba listo, solo se trataba de seguir el protocolo de supresión y luego todo sería descanso; bien sabía que la palabra traición no existía para los amos del mundo, que todo aquel que la cometiera firmaba su sentencia de muerte.

14 días atrás

Ganong, sentado en un parque público de ciudad Central, daba de comer a los patos como era su costumbre, sus custodios estaban cerca, sin perderlo de vista ni un segundo. Su celular vibró, todo estaba hecho, únicamente era cuestión de confírmalo. Dejo a un lado la bolsa con maíces y calmadamente sacó el celular, tenía un nuevo mensaje, sin abrirlo ya sabía su contenido.

"Templado ha sido silenciada…código 454" con la misma calma que tomó el móvil de su saco, lo devolvió tranquilamente se levantó y llamó a sus agentes era tiempo de irse.

Mientras su lujosa limusina recorría la ciudad con celeridad, puesto que el asunto era de suma importancia, Ganong tomó el celular, aquel con la línea segura; y es que el mensaje contenía justo lo que pensaba y sin embargo había un detalle que no se esperaba

-Hay un código 454, hay que convocar a una reunión urgente, estoy saliendo para allá de inmediato- el código 454, palabras y números educados que designaban alta traición, uno de ellos realizaba acciones para perjudicarlos y estas no eran simples, si no que incluso podían acabar con toda la organización. Aquello era abominable, siglos y siglos de trabajo hechos por generaciones arruinados por un desleal…un abyecto traidor, no se podía resolver de otra forma más que con una supresión total de ese elemento; no tenían tiempo que perder.

12 días antes

-Por eso estamos aquí- dijo Lans de una forma sombría

-¿Cómo es posible que a estas alturas exista un código 454?- pregunto una furiosa anciana- ¿Qué clase de criterios se usan para aceptar a alguien dentro de nuestra organización?

-Es heredero- contestó el más joven- es el difunto Jean Luke Rediget, que en paz descanse

-Fue un error dejarlo con vida, su generación estaba podrida, aun cuando él era el menos ciego de todos, debimos suponer que ese tipo de pensamientos surgirían en su mente

-Pero Lans, él…- le interrumpió Ganong ella le calló al instante

-No hay perdón para un traidor, la tumba vacía en el mausoleo Rediget será ocupada- dictaminó Lans y escuchó un "así sea" general- nadie puede traicionarnos y vivir para contarlo. Oswald morirá y Jean Luke Rediget podrá descansar en paz

11 días antes

Goten le llamó aquella noche preguntándole porque no asistió a su cita, era extraño, no estaba molesto como se lo esperaba, su tono de voz era compresivo, tan solo quería una explicación, saber si esta bien. Bra alegó que aun tenía mucho trabajo y no se percató de ello cuando accedió a su cita. A pesar de todo, Goten aun reconocía cuando Bra mentía, al hacerlo hablaba con más seriedad de la que acostumbraba y en un tono cortante y frió.

-Sabes donde puedes encontrarme, Bra

-Si Goten, lo se- y le colgó, tan solo su voz la confundía aun más, quería que todo fuera como antes, que supiera sin duda alguna que su corazón únicamente le pertenecía a él, hubiese deseado que aquel frustrado juego de celos y venganza nunca se hubiese llevado a cabo, tal vez así no dolería tanto; pero así nunca lo hubiese conocido mejor, nunca hubiera sabido como era en realidad el hombre que trabajó a su lado, nunca se hubiera enamorado.

"Entonces, señora Brief, su venganza fue un éxito" eso fue lo que él dijo y tenía razón, en resumidas cuentas su venganza fue un éxito, Goten regresó a ella arrastrándose, deshecho por los celos; pero no contaba que ella estaría deshecha también, con el corazón devastado, con todo su ser clamando por un hombre al que nunca había considerado y que estaba segura que nunca le perdonaría.

"Algo así no se hace nunca" pensó en algún momento; pero era tarde ya, no podía regresar el tiempo, tan solo…tan solo quería verlo de nuevo.

7 días antes

Goten iba a visitarla, hablaban por horas de tantas cosas como en los inicios de su relación, él sabía que no sería fácil reconquistarla de nuevo; pero se rehusaba a creer que la razón ello se debiera a ese sujeto, era sencillamente increíble, un hombre así era muy poca cosa para una mujer como Bra Brief; pero a ella no le parecía así; sus pensamientos no eran ocupados por Goten eran ocupados totalmente en él, Samuel Lautrec, en sus palabras, en su rostro, sus caricias, su amor y su odio.

Le volvió a ver un día en el elevador; solo eran ellos subiendo hasta el último piso, en otro tiempo se hubiesen besado desesperadamente como si fuera la última vez que lo harían, sin miedo a nada; pero esa vez él ni siquiera la miro, no mostraba incomodo, su rostro revelaba una formalidad perturbadora, nadie hubiese creído que esos dos alguna vez fueron amantes o que, al menos, alguna vez se conocieron, tan solo dos personas que por determinadas circunstancias se encontraron en un elevador y que eso no trascendería en sus vidas.

El ascensor abrió sus puertas después de dejar escuchar su agudo timbre, él se bajo sin siquiera mirarla y aquello le lastimó en el alma ¿Por qué demonios ese imbécil le hacia sufrir tanto? Lo detestaba ¡lo odiaba tanto!; pero no podía dejar de pensar en él aun cuando lo intentaba, aun cuando quiso pensar solamente en Goten y centrarse únicamente en sus recuerdos; pero Samuel siempre se inmiscuía en ellos, era el eterno invasor de sus pensamientos y no podía hacer nada por ello.

Bra trabajaba sin cesar, se quedaba incluso a deshoras de la noche para olvidar lo que sucedía en su vida o la falta de dirección que ahora tenía.

Mientras tecleaba a en la computadora recordó los e-mails de los que nunca supo su procedencia y de los que no volvió a tener noticias. La estaban vigilando lo sabía bien, pero aquella persona se las había ingeniado para ponerse en contacto con ella sin ser encontrado. Ellos ya lo sabían todo, si le cuestionaban sobre esos e-mail seria tonto negarlos rotundamente, sin embargo no diría nada a menos que así se lo pidieran; al menos la fastidiosa detective Dodge no había regresado haciéndola sospechosa de una de inexplicable muerte que, absurdamente, estaría conectada de alguna manera a la corporación cápsula. Ahora, más que nunca, tenía que estar pendiente de todo movimiento que pudiera ver de los amos de los amos.

3 días antes

-Papá… ¿este es el edificio más alto del mundo?- Samuel la abrazó a un más fuerte, la pequeña Sharon, presintiendo que en ese momento su padre necesitaba su cariño mas que nunca aferró ambos brazos a su cuello.

-Si, lo es- acarició el rostro de su pequeña, no se parecía a su madre, se parecía a él, los ojos, la nariz, la forma de la cara e incluso ciertos gestos que tenían en común, de no ser así tal vez su hija sería feliz. La niña le miro con seriedad, estaba triste, su padre sufría por algo, quizá estaba relacionada a la manera tan esquiva con que su madre la estaba tratando, a esas discusiones que escuchaba al acostarse cuando ellos creían que ya estaba profundamente dormida y que no les escucharía; pero si lo hacia. Cuando escuchaba los gritos e improperios se levantaba de la cama con sumo cuidado, no fueran a descubrirla, tomaba a su perrito de peluche negro y con el pecho blanco y lo estrechaba contra si, se quedaba al pie de la cama confundida sin saber que hacer, escuchando lo que sus padres discutían, los gritos coléricos de su madre y la voz sería de su padre tratando de calmarla, diciéndole que algo de un engaño eran figuraciones suyas, y así seguían por mucho rato, hasta que finalmente alguno de ellos se cansaba del otro y alguno se quedaba hablando solo.

Lautrec, apartó el cabello que estorbaba la visión de su pequeña, ¿Cómo pudo ser tan mal padre? Repetía los errores del suyo, el capitán Lautrec, un hombre quien fue infiel varias veces a su esposa, y en una de ellas él lo descubrió con una de sus tantas mujeres. Regresaba de la escuela, tendría 10 u 11 años, y desde hacia días veía a su madre triste y la escuchaba llorar por las noches, y a pesar de que ella le insistía que su padre había llegado muy noche y se había ido muy temprano, Samuel sabía que su padre ni siquiera se había acercado a la casa; mientras caminaba por la calle distinguió el oldsmobile azul marino de su padre estacionado frente a un edificio de departamentos, ahí estaba él, besando a otra mujer, una más joven que su madre. En la noche, su padre le dijo que eso era algo que todos los hombres hacían y un día haría lo mismo; pero él se rehusó a tal posibilidad dijo que nunca le haría eso a la mujer que sería su esposa ni tampoco a sus hijos. "Ya veremos, hijo" fue lo que contesto el capitán Lautrec antes de irse de su habitación.

Y ahí estaba ahora, con su hija en brazos, con la culpa de haber hecho lo mismo que su padre años atrás ¿Cómo encarar a su hija y decirle que falló como esposo y como padre? ¿Cómo podría decirle que prefirió a otra mujer antes que a su madre y que hubo momentos en que ni siquiera ella le intereso? Todo por una mujer quien siempre estuvo jugando con él, solo por eso destruyó todo lo que tenía.

Era difícil verla a los ojos y decirle esa dura noticia, la razón por la que ella le había acompañado al trabajo.

-Sharon- articuló su nombre con dificultad por primera vez en su vida, trató de continuar; pero no pudo hacerlo sin antes tomar aliento, pidiendo valor al mismo Kami Sama por lo que diría- Sharon- la niña le miró de inmediato esperando lo que tenía que decirle- es sobre tu madre…ella…- Abril, la mujer que tomó por esposa pensando que la amaba, tratando de olvidar a esa que realmente amaba; le dejo la noche anterior, sacó sus maletas una hora después de dormir a la niña, le dijo que los papeles del divorcio le serian enviados pronto, que solo quería lo que le correspondía por derecho y que bien podría quedarse con la custodia de la niña, ella no quería educar a la hija de un mentiroso. Intentó detenerla, no por él, lo suyo no tenía remedio, si no por su hija, ella la necesitaba más que a nadie; pero Abril no hizo caso, eran las dos de la mañana cuando se fue de lo que nunca considero un hogar- Sharon, tu madre se ha ido, no volverá…- su voz se quebrantó, lloraba, fue el causante de que su hija creciera sin su madre, su mundo seguramente se vendría abajo tras esa noticia ¿Cómo pudo cometer tal monstruosidad?

-Tú estas aquí- le dijo la niña mientras limpiaba sus lágrimas. Samuel sonrió, tenía que sobrevivir por ella, se juró en ese momento no volver a lastimarla, todo lo que haría sería pensando en ella y como podría afectarle, como era antes, y desde que regresó al Oeste dejo de ser.

Bajaban por el elevador, Sharon estaba dormida y Samuel solo pensaba en el futuro que les deparaba, no sabía como iba a crecer a la niña solo. Le dio un beso en la frente, únicamente estaba seguro que no la abandonaría; comprendía la ira de quien pronto sería su ex mujer; pero no entendía porque ella había decidido abandonar a su hija, no lo entendía ni tampoco lo perdonaba, le daba la impresión de que tan solo era una buena excusa para irse.

En el piso 15, Bra abordó el elevador, y una vez más el silencio reinó. No pudo evitar ver a la niña que dormía en el hombro de Samuel

-Es tu vivo retrato- dijo Bra mientras miraba las carpetas que tenia en las manos- debe de ser Sharon ¿no es así?

-Si, así es

-Tú y tu esposa deben de estar orgullosos de ella- él asintió y no dijo más, ¿para que hablarle del abandono de su esposa? No, ese asunto, solo le concernía, por el momento a su hija y a él- Es hermosa- dijo finalmente Bra mientras las puertas se abrían, él, salió de ahí con calma, tratando de no despertar a su hija, mientras ella le miraba irse, esa sería otra de sus largas noches en el trabajo.

5 horas antes

No entendía como no lo habían detenido, de buena fuente supo que el código 454 ya estaba activado y seguramente ese mismo día dieron con quién cometió tan atroz crimen en contra de los amos del mundo, ese no era otro que él, Oswald. Un hombre cansado de ser un cascabel de un preciado gato, quien desde hacia menos un año que comenzó a cuestionar el proceder de los amos de los amos. Su generación no fue más que el producto de una mala decisión tomada mucho antes de que ellos nacieran y sin embargo pagaron por ello en tan cruenta manera. Aun soñaba con Eva ordenando la activación del programa Welcome 2.4, dejando ver del otro lado de las pantallas los cadáveres de los que consideraba sus hermanos, a Ballard decapitada con el rostro molido a golpes. No importaba su pensamiento, no importaba la vanidad, nada de lo que ellos eran fue algo que escogieron. Su pensamiento fue heredaro, cada uno de sus padres les enseño la manera de pensar y la forma de comportarse ante los "inferiores" ellos así fueron hechos por la verdadera generación deficiente.

-Ella esta silenciada- dijo el hombre recuperando su aplomo de antaño- sin duda seré el siguiente ¿Qué esperan para detenerme? Tal vez sea Ganong que esta abogando por mi y quiere impedir lo inevitable; pero no puedo cobijarme bajo su protección para siempre; pero antes de eso me encargare de sembrar la duda en su arma de dos filos- Recordaba cada detalle de la platica que tuvo con Templado un día antes de su silencio

-Se que esta arrepentida, Templado…que su ultimátum fue que diría la verdad si le preguntaban por ella

-Así fue

-Pero usted sabe tan bien como yo que nadie vendrá por esa verdad y que lo más probable es que sea silenciada con usted.

-Lo se- contesto sin preocupación, había aceptado su destino, para ella, era la forma perfecta de enmendar sus culpas.

-Dime…Oswald ¿No es así?... ¿No extrañas a Jean Luke Rediget?

-¿Cómo?

-Es evidente que si; por eso estas aquí, yo recuerdo a Jean Luke derrochaba distinción y carisma por donde quiera que iba, era un hombre sumamente astuto, muy bueno para los negocios, tan parecido a su abuelo

-Es su recuerdo el que me mantiene con vida, yo lo entiendo

-…Ganong fue instruido por el mismo Rediget, dirigente de los caballeros de la luz, fue el padre que Ganong perdió siendo apenas un niño, él ha intercedido por ti sin duda...A pesar de eso, Oswald… ¿Quieres ayudarme?- Detuvo al instante su caminata, la anciana Templado tomó entre sus manos una rosa roja que apenas comenzaba a florecer, esperando con paciencia su respuesta. Aquel hombre despojado de todo, hasta de si mismo, miró fijamente a la anciana, a pesar de sus años aun conservaba su perspicacia

-Yo no merecía esto

-¿Tú, Oswald?...o ¿Tú, Jean Luke?

-Rediget- respondió en un susurró apenas audible, incrédulo que hubiese vuelto a pronunciar su nombre para si mismo, removiendo dentro de sí todo lo que una vez le caracterizada, aquello que conformó su arruinada personalidad y que le exigía resucitar a toda costa.

-Bienvenido de nuevo Jean Luke… ¿Cómo se siente?

-¿Qué?

-Volver de la muerte…si has venido aquí es porque quieres revelar mi verdad sin importar las consecuencias; pero dentro tuyo aun existe ese apreció inmortal a los amos de los amos, por ellos serias Oswald eternamente aunque por dentro los seguirías odiando…si has decidido morir hijo, morirás como Jean Luke Rediget, tu abuelo era un hombre excepcional…desgraciadamente quien debió sucederlo no lo hizo, esa fue la causa de la supresión de tu generación.

-No lo merecíamos…- agregó con rabia- no merecíamos morir así-

-Nuestro objetivo es el mismo; pero las razones totalmente opuestas ¿estas seguro que quieres morir?

-Me mataron y no importa si vuelvo a la vida volverán a matarme, solo Oswald perdurada hasta el fin de mis días- y ella le dio el disco duro de una antigua computadora, solo era cuestión de que él buscara la forma de hacerle llegar a la persona quien verdaderamente le haría un buen uso, tan bueno como para hacer un gran sisma en la longeva organización secreta que dominaba al mundo sin que nadie se percatara de ello, que transformaría su futuro según sus pensamientos sin importarles los afectados, que de cualquier manera únicamente servirían para servicio de la verdadera elite.

-Ella va a saberlo, le daré las armas que le faltan- sonrió victorioso mientras tomaba el USB de uno de los cajones de su pequeño escritorio- Bra Brief los puede llevar a la dominación total o los puede hundir para siempre

Entró a la oficina de Bra Brief, ella se notaba cansada, desanimada; pero aun así trabajando, tratando de olvidar las penas que desde hacia un tiempo se estacionaron en su vida negándose a abandonarla; mas no estaba dispuesta a continuar sometiéndose a ellas.

-¿Qué sucede Oswald?- preguntó fríamente sin separar la vista de la pantalla de la computadora

-Solo recordaba- dijo con seriedad- cuando te conocí…supe que lo que ellos decían era cierto, que serías un elemento que revolucionaría a la organización- el tono de su voz, la forma elegante en que pronunciaba las palabras; Bra no pudo evitar mirar, era como si el antiguo Jean Luke Rediget hubiese regresado, inclusive llevaba un traje de diseñador, algo que le era prohibido a Oswald por que podría llegar a ser relacionado con el difunto Jean Luke Rediget-Te tengo un regalo, Bra…algo que despejara muchas de tus dudas- Y le dejo el rojo USB tan similar a una gran cápsula aplanada sobre el fino escritorio- sin embargo no esta completo…me entere que había otra pieza de información en otro lugar, que supongo es lo mas importante de todo; pero todo esta ahí y confió que eres lo suficientemente capaz para dar con todas las pistas.

-¿Qué sucede?... ¿Qué es esto?- pregunto intrigada mirando el USB con incredulidad; si algo podía contener ese USB que despejara todas sus dudas, eso sería acerca de los amos de los amos; pero era sencillamente imposible que el hombre quien tenía enfrente, un ciego adepto que nació bajo la sombra de los amos del mundo estuviera actuando en contra de sus designios, era increíble.

-…Adiós- Tomó su mano con gentileza y le dio un tierno beso en ella, como la vez que lo conoció ¿Qué significaba todo eso? …¿Acaso…?

-¿Qué tienes pensado hacer?

-No se preocupe por usted, todo lo que hice después de conseguir esta información esta perfectamente encubierto…Fue un placer conocerla

-Jean Luke- comprendió entonces que esta despedida sería la última, que no volvería verlo nunca- ¿Por qué?

-Porque…nuestros padres, la segunda generación de los caballeros de la luz fueron los del problema que condujo a nuestra supresión; fue Arker quién mal dirigió y hecho por la borda a una generación prometedora, y nos castigaron a los hijos por los pecados de los padres- Sonrió, se dio la media vuelta y salió de ahí.

Unos pasos quebrantaban las ramas tiradas por la voluntad del viento, a lo lejos podía escuchar como le quitaban el seguro a una pistola, posiblemente una 9 milímetros, la prototipo que usaban los ejecutores. Ya conocía todos los procedimientos, en menos de un minuto le hablarían como si fuera un amigo desde hacia años y repentinamente le darían el tiro final, moverían todo y cambiarían los hechos, aunque tratándose de él, era posible que su segunda muerte pasara desapercibida.

-Oswald- una ligera llovizna comenzó a caer-Oswald volvió a llamarle pensando que no le escucharon; pero entonces el ejecutor entendió- Señor Rediget

-Así que a ti mandaron precisamente…te ponen a prueba

-Usted me introdujo en este mundo ¿Por qué, señor?

-Mis razones no te importarían muchacho, porque de cualquier forma no las comprenderías del todo- dijo mientras se levantaba y le miraba a los ojos, tenía miedo…sin duda, el joven no dispararía si así se lo pidieran.

-Si vas a ser parte de esto, te aconsejó que no tengas miramientos de ningún tipo, ningún lazo que te una a nada, debes de ser capaz de todo para llegar al objetivo primordial. La elite no es para débiles de corazón- el joven extendió el arma con el silenciador hacia Jean Luke Rediget; miró fijamente la cicatriz que un día ayudó a reconocerlo como el supuesto amo del mundo que había muerto y cuya tumba estaba justo detrás de él; titubeó ¿era correcta esta acción? ¿Ante Kami Sama era correcta esta acción?

-Dispara- le llamó Rediget- solo le disparas a un traidor- la llovizna se transformó en una torrencial lluvia, las aves volaban apresuradamente a refugiarse bajo los árboles, mientras el agua que caía del cielo lavaba la sangre derramada en el mausoleo negro y cubría el cuerpo de un extinto amo condenado a morir en vida, bajo la protectora mirada del ángel que custodiaba los restos de sus ancestros; había pagado por los pecados de sus padres.