Los libros de Harry Potter no me pertenecen, son de J.K Rowling y de quienes sean sus derechos. Escribo esto por puro gusto personal, y para alegrar a otros fans, y no quiero ni busco nada a cambio. Gracias.
Advertencia: Esta historia contiene yaoi, es decir, amor entre hombres, criaturas sobrenaturales, tortura, y escenas de índole sexual. Las fechas de nacimiento de Hugo y Rose han sido variadas para concordar con la historia.
Sumario: Harry Potter, el mejor auror del departamento de desapariciones, es asignado a dos casos dispares, en un momento en que necesita toda su atención en uno de ellos. ¿Cuando ambos casos empiecen a fundirse en uno, será capaz de impedir que sus sentimientos se añadan a la mezcla?
Nota: Hola a todos ^^ En su momento cuando planeé esta historia iba a ser más larga, pero acabé desencantándome y decidí darle un final más rápido. Ahora que estamos a un cap del final, os diré que le estoy planeando una segunda parte. (Si es que no aprendo, he vuelto a entusiasmarme XD) Aunque podrá sostenerse por sí misma, como historia independiente. Así que ya veis "El cuerno del unicornio" tendrá un hijito en algún tiempo. ^^ El expectante padre ya ha decido el nombre que le pondrá y todo: "Noctisa."
P.D: Ya sé que dije que lo publicaría antes, pero al final decidí hacerle algunos arreglos, y la cosa se me ha alargado más de lo creía. Lo siento. ^^ Por otra parte, me han comentado que mi estilo de escritura cambia. Es cierto, según mi estado de ánimo, escribo mejor o peor. Intento mantener una igualdad, pero cuando tengo las semanas deprimidas es simplemente imposible hacer nada bien. XD (Soy más rara que un perro verde, lo sé)
SexyDiva: Hola chicas ^^ ¿Así que estuvisteis enfermas? Espero que ya estéis bien. ^^ Desde aquí os envío enormes abrazos y sanitas de rana. ¡Cuidaros! ;)
Sip, el cap está mucho mejor arreglado, es que cuando entro en mis periodos depresivos nada me sale bien. XD Menos mal que lo pude arreglar. De las dudas planteadas, um… Secreto XD Tendréis que leer los cap para saber. Si después queda alguna duda más, yo estaré encantada de intentar contestarla. ^^ Besazos. (¿Os he dicho ya, que me encantan vuestro reviews? Super originales. ;))
Dr. Patrick O A'Sakura: Hola majísima ^^ Gracias miles por escribirme en las dos versiones del cap. Me alegro muchísimo que el arreglo te gustara, aunque ya sé… corté el lemon ^^u Pero es que… ¿no me pegues, sí? Seré buena, prometo poner un gran lemon en el siguiente cap de tela de araña, para compensar. Besazos y un enorme abrachuchón. XD (Estaré deseando saber qué te parece este cap ^^)
Saku-Aya: Hola Saku-Aya ^^ Realmente me ha sorprendido tu review, me encanta que tengas tantas preguntas, aunque no pienso contestarlas, jujuju XD Tendrás que leer lo que queda de fic, que no es mucho, tristemente. ^^U Pero si después de acabarlo, aún te queda alguna, estaré feliz de contestarla. ^^ Yo también odio a Ron, se me nota ¿verdad? XD Y tu idea de meterle una tarántula en la habitación me parece fantástica. ¡Sufre maldito inútil, pelirrojo! ¿Soy la única que piensa que Molly Wesley debería haber empezado a tomar la píldora después de los gemelos? XD (Te doy la razón, son geniales) Besos guapísima ^^
Himextina: Hola Himextina ^^ No temas, actualizaré tela de araña en cuanto acabe con el siguiente cap del cuerno del unicornio, así lo dejo ya finiquitado. De tus dudas, ya sabes que no puedo contestar ;) Tendrás que leerlo. (Estaré deseando saber de tu opinión de este cap ^^) Besos y un enorme abrazón XD.
Profesora McGonagall: (Sonrojo inmenso de felicidad ^/^) Hola MacGonagall ^^ Tu review me ha animado muchísimo, y me tuvo sonriendo día y medio, fácil. Gracias, de verdad. ^^ tu descripción del capítulo me gusto muchísimo, y siento que captaste todo lo que intenté verter en ese texto. Para mí es todo un enorme placer cuando esto sucede. ^^ Tienes razón en que quizás Mot no obtuvo exactamente lo que quería, pero el resultado le sirve, que es lo único que le importa. XD De todos modos confío pode aclarar tus dudas el siguiente cap. ^^ Besazos miles.
ShirayGaunt: Hola Shiray ^^ Sip, quité la parte del pequeño demonio porque me pareció que así el ambiente era más creíble. Siento que no te gustara tanto como quedó. ^^ Pero tranquila, para lemon ya tenemos tela de araña. ;) Y yo también odio a Ginny, ella y Ron son las ovejas negras de la familia Wesley. (Opinión personal) XD Besos y ojala que te este cap te guste más.
Xonyaa 11: Hola Xonyaa ^^ Gracias y que este año también sea fantástico para ti, que tus objetivos se cumplan, y que sobre todo seas feliz. ^^ Me alegro de que te gustara el lemon, pero ya me conoces, si quieres saber tendrás que leer. Jujuju XD (Malísima que soy) Besos miles, y un enorme abrazo. ^^
Palo-Darksly: Hola Palo ^^ Me alegro que te gustara. Sobre Mot, no, no apareció antes, solo se le nombraba como sospechoso. Besos, estaré deseando saber que te parece el nuevo cap. ^^
Torres de Cristal: Hola cielo ^^ Gracias como siempre por animarme tantísimo. Tus reviews siempre me dejan feliz, pero no olvides que si cometo algún error también necesito saberlo para poder mejorarlo. ^^ Besazos, y a ver que te parece este cap…jujuju soy mala malísima. XD
Dr. Patrick O A'Sakura: Hola Patrick ^^ Lo primero, decirte que tu review fue fan-tas-ti-co. Me dejaste perpleja de todo cuanto habías meditado y me alegró descubrir que habías logrado captar muchos de los secretos. Pero sssss, no digas nada. Jujuju XD También, feliz año y felicidad también para ti, amor sobre todo, y más que nada alegría. ^^ Ya me conoces así que no contestaré a tus dudas, porque son secreto y tendrás que leer el final del fic, para saber. ;) Pero si después aún te queda alguna, pregunta todo lo que quieras, que yo te responderé encantada. ^^ Estoy saltando por saber qué te parece este capítulo, date prisa, o no, pero responde. XD Besos a millares y un enorme abrachuchón. ^^
BlackStarChan: Hola ^^ jujuju ya veo que el malvado de Mot te indigna XD Eso está bien, para eso es el malo. Jujuju XD Pero creo que después de este cap todavía lo odiarás más. ^^U De Ron, sip, tienes razón, lo hago para que reciba una lección, pero también porque me viene perfecto para otra cosa…. Jujuju soy terrible. XD Feliz año, besos, felicidad, amor y sobre todo que nos volvamos a leer muchas veces más. ^^ Besos.
Vivaelanime: Hola cielo ^^ Me alegra de que leas mi fic, sobre todo si me dices que muy pocos otros te atraen. Confío en poder seguir ofreciéndote buenos textos que leer. Cuídate mucho, se feliz, y que tengas un fantástico año 2012. Besazos. ^^
Murtilla: Hola querida ^^ Uf, cuantas preguntas XD Adoro que te plantees tantas cosas, eres una de mis más fieles lectoras y cada vez que te leo siento que esto va bien. ^^ Por cierto ¿Me has preguntado de donde viene mi nombre, o de donde viene el de Mot? Estoy con la duda, pero te contestaré alas dos. XD Ladtheove es un anagrama de death love, vamos una representación de mi amor por el drama. ^^ Luder Adarho Mot, es Luder que significa bestia, y Mot polilla, Adarho me lo inventé, pensé que le quedaría bien un segundo nombre, y pensé que eso sonaba mejor que ningún otro nombre que encontré. ^^ El resto de tsu preguntas tendrás que leer el fic para saber las respuestas. Jujuju XD Besazos a millares, fantabuloso año nuevo, y un enorme abrachuchonazo. ^^ Se feliz, que lo vales.
Oscurita xuxu: Hola de nuevo querida Oscurita ^^ No puedo contestar a tus preguntas, porque son se-cre-to XD Tendrás que léelo. Pero sip, Auro es como un maniquí. Aunque era necesario que fuera así, que se le va a hacer. ^^ Tu descripción de él, me gustó muchísimo, "con las cuerdas rotas" es algo que no me había planteado y sin embargo tu le captaste un profundidad que yo no pensé. ^^ Me gustó. Ahora solo queda saber qué te parece este cap, estoy ansiosa por saberlo. ^^ Cuídate, feliz y maravilloso año nuevo, un abrazoso bestial y un besito de pato. Gracias miles por seguir aquí después de tanto tiempo. ^^
Comodín: Hola Comodín ^^ Gracias por animarme tanto, me legró muchísimo que te gustara el cap y que te plantearas tantas cosas. Es una satisfacción para mí cuando consigo atrapar a la gente en mis historias, y contigo parece que lo he conseguido. ^^ Solo desearía advertirte que me gusta mucho el drama y tiendo a hacer sufrir mucho a mis personajes, ejem, es que hasta ahora en este fic me he controlado mucho… y a lo mejor me matas en este cap. ^^U Pero prometo que la cosa mejorará. Es que soy malísima XD Besos, abrazos, y un gran año te deseo con todo mi cariño. ^^ Estaré deseando saber qué te parece este cap.
Y ahora, os presento:
El Cuerno del Unicornio
Capítulo 10- Estrella fugaz.
-O, no te preocupes. He encontrado un par de niños que te servirán bien. –Todo dulzura venenosa.
-¿Quiénes?
-Hugo y Rose Wesley.
SOCIÓPATA: El trastorno de personalidad antisocial es una condición psiquiátrica caracterizada por conductas persistentes de manipulación, explotación ,o violación, de los derechos, vida, y físico, de los demás.
Se denomina sociópata al individuo que padece dicha enfermedad mental. Esta terminología guarda estrecha relación con el concepto de psicopatía.
Los Sociópatas son individuos egocéntricos, que no tienen sentido de responsabilidad personal ni moral. Incapaces de sentir empatía. Son impulsivos, manipuladores, y mitómanos. Usualmente son incapaces de sostener relaciones afectivas, y no sienten remordimiento. Un Sociópata suele ser agresivo pasivo, hostil, y en ocasiones tener conductas violentas, son excelentes actores, y siempre dan la impresión de estar en control.
En la mayoría de los casos, son individuos con una inteligencia muy por encima de la media, y una fluencia verbal impresionante.
-Retira las cortinas, Mixy.
El sol, poco más que una claridad incierta detrás de la mañana nublada, se derramó a través de las cortinas entreabiertas. Los rayos, grises y apagados, vertiéndose sobre los muebles de rica madera oscura, y bañando las estanterías repletas de volúmenes mágicos, que un mago común no podría pagar en una vida.
Todo este lujo rodeó a Lucius, cuando cerró la puerta de su despacho.
-Puedes retirarte, Mixy.
La pequeña elfa doméstica se inclinó profusamente.
-Sí, amo Lucius.- Y desapareció con un ligero pop. Dejándolo a solas.
El peso de la soledad se agarró a los hombros del aristócrata, y se arrastró con él mientras buscaba asiento detrás del pesado escritorio. Respirando con él, aún cuando su mirada se clavó en la ventana, tratando de ignorarlo.
"Ya se acaba el otoño."
Era cierto, fuera los árboles ya estaban casi desnudos de hojas, y el frío de la mañana había escarchado parte del cristal. Algo que aún no pasaba en las mañanas, cuando Draco desapareció.
La soledad se le abrazo más fuerte, colándosele bajo la piel con un dolor sordo que parecía estar carcomiéndolo por dentro.
Inútilmente, desvió la vista al interior de la estancia; el lujo elegante lo bañaba todo en opulencia. Riqueza, poder, emanaban de cada rincón exquisitamente cuidado. Una estampa que reflejaba su poder y estatus, un frío trofeo que le recordó todo lo que poseía, y era.
El patriarca de la familia Malfoy.
Dejó que el conocimiento lo envolviera con brazos helados, pero no le reportó ningún consuelo. Hoy no. Hacía ya muchos días, que la soledad, y el remordimiento, habían carcomido el valor que antes había tenido esa noción.
Sus pupilas cansadas pasearon por el lugar, y acabaron por anclarse en aquel… punto. El hueco vacío encima de la chimenea. Aunque había mandado retirar la fotografía, su ausencia parecía llamarlo con más fuerza que la imagen que había habido allí. En su mente, la escena se avivó, recordando el marco de plata labrada, y el rostro levemente sonriente que había contenido; el de un joven Draco el día de su graduación como maestro de pociones. Aquel día, el orgullo y felicidad habían emanado de él como un aura casi palpable.
Aquel día, Lucius se había sentido tan orgulloso, que había encargado fabricar un marco realmente exquisito, para conservar la imagen. Y ahora ni siquiera podía encontrar su ausencia sin sentir dolor.
En su pecho, la soledad se retorció dentro del hueco que tenía excavado, hogar permanente en que se había alojado, recordándole de nuevo su culpa.
Porque quizás, si hubiera confiado a Potter el secreto de la familia, la sangre de unicornio de su antepasado, lo único que conectaba todos los secuestros; Draco ya estaría en casa. En su lugar, había contratado un detective privado. Uno que aún no le había traído ningún resultado. Y su hijo todavía seguía perdido, nadie sabía dónde, quizás muriéndose en estos momentos, quizás ya muerto.
Cerró los ojos expulsando las imágenes de su mente. El rostro demasiado pálido de un hombre con su mismo cabello rubio, con sus mismos ojos grises. Inmóvil para siempre.
"Hice lo correcto." Era su responsabilidad proteger los intereses de la familia.
Pero hoy estaba siendo más difícil convencerse de ello. Hoy el dolor era como mordiscos en su carne.
Patéticamente se recordó, de nuevo, que había hecho lo correcto.
Había contactado con buscadores de información, mercenarios, y cazadores, y seleccionado al más capacitado. Al mejor. Todos sus contactos habían coincidido en esto; si alguien podía encontrar a su hijo fuera de la trama de la ley, y mantener la boca cerrada hasta la muerte, era este hombre: Samuel Kaly.
Dar con el escurridizo agente había sido sorprendentemente sencillo, contratarlo, otro asunto completamente distinto. Solo cuando el mercenario estuvo seguro de conocer todos los factores, accedió a aceptar el caso.
Desde entonces había pasado una semana, siete días de espera sin palabra del investigador. Lucius sabía que Klay era un hombre excéntrico, que rara vez contactaba con quien le había empleado sin necesidad. Sin embargo, cada día que pasaba sin saber nada, ahondaba en la herida, y aumentaba la culpabilidad de su silencio.
Lo que al principio había parecido un sencillo caso de secuestro económico, se había transformado en una posibilidad, muy real, de no recuperar a su único hijo con vida. Y quizás, si hubiera controlado su orgullo, y escuchado a Narcisa, ahora podría estar conversando con Draco en torno a una taza de suntuoso café italiano, como tantas otras mañanas que ahora echaba de menos.
La culpa lo mordió por dentro con colmillos afilados de desprecio.
Incapaz de permanecer sentado un instante más, se puso en pié y abrió el armario en el que guardaba las bebidas.
¡Pop!
Uno de sus elfos domésticos apareció en el centro del despacho, inclinándose profusamente.
-Amo Lucius, Samuel Klay acaba de llegar, y dice que quiere hablar con el amo.
Lucius sintió el agujero tenebroso en su pecho apaciguarse. Se irguió en toda su orgullosa altura.
-Hazlo pasar.
-¡Hugo, Rose!- Los gritos aumentaron de volumen, pero nada se movió en el prado alrededor de la casa. Ni una risa infantil, ni un pequeño asomarse de cabecitas pelirrojas.
-¡HUGO, ROSE!
Nada.
Siete frascos de exquisito cristal, captaron la luz del tocador y la reflejaron en una miríada de destellos. Captando su mirada nada más abrir los ojos.
Sonrió.
Despertarse, y encontrar esta imagen como primer recibimiento del día, era sin duda algo a lo que podría acostumbrarse.
Se desperezó lánguidamente, sintiendo las sábanas de seda burdeos, resbalando por su cuerpo esbelto en una caricia deliciosa. Absorbió la sensación, arrullándose en el placer de tanto lujo, y admiró la estampa que ofrecía en el espejo rococó del tocador, complaciéndose en el conocimiento de su propia belleza.
Era una mujer muy hermosa, algunos decían que mortalmente bella. Y no sabían cuan cerca de la verdad sus palabras caían.
Una belleza como esta, exigía una atención constante, un precio inmenso. Pero era uno que ella estaba dispuesta, incluso complacida, de pagar.
Se levantó de la cama, arrastrando tras ella el largo camisón casi traslúcido como velo, y lo llevó con ella para sentarse en la mullida butaca, a admirar las joyas allí expuestas, Siete frascos no más grandes que su dedo índice, del más finamente trabajado vidrio. Pero no era la obra de artesanía, sino lo que contenía dentro, lo que fascinó su mirada por completo. En su interior danzaba una sustancia plateada. Un líquido que parecía moverse perezosamente, como un pez lunar atrapado en el cristal. Brillante, puro.
-Precioso.- Posó un dedo sobre el borde de uno de ellos, en un roce delicado, lleno de posesividad.
El precio de una sola de aquellas pociones, podría mantener a una familia entera durante cinco años. Y cuando las vendiera mañana, a su muy selecta y secreta clientela, su fortuna sería un poco más grande. Pero una de ellas, una, se quedaría aquí, en su tocador, para continuar alimentando su exquisita imagen.
Sonrió.
Su reflejo en el magnífico espejo le devolvió la sonrisa.
-¿Quién no desearía verse así siempre?- Solo la crueldad en sus ojos, y la curva burlona de sus labios jugosos, mancharon la efigie angelical de pesados rizos negros, inmensas pupilas obsidiana, y piel suave, blanca y perfecta. Demasiado perfecta.
-Puede incluirme en la lista de quienes no querrían verse así. Lady Zabini. – Si las palabras pudieran hacerse ácido, estas habrían disuelto a la elegante italiana, hasta no ser más que un charco repugnante sobre su carísima alfombra persa.
Los ojos negros buscaron las pupilas grises en el reflejo del espejo.
-Lucius Malfoy. No esperaba esta visita.- La punta de una varita clavada dolorosamente entre sus hombros, a la altura del corazón, fue toda su respuesta.
- ¿A qué debo este honor?- Fingió total indiferencia, cogiendo el peine para comenzar a cepillar sus brillantes rizos. Buscando una exhibición de feminidad que le diera la ventaja esperada.
Sin embargo, el rostro del aristócrata rubio, se mantuvo pétreo en el cristal. Y Epona Zabini, tuvo que recordar, que este hombre estaba casado con una mujer de una belleza equiparable a la suya.
-¿Dónde está Draco?- el tono frío de un hechicero negro, de un asesino, se le retrepó por la nuca, incomodándola.
"Así que es eso." El cómo este noble había averiguado su secreto, tendría que esperar a más tarde. Ahora necesitaba manejar la situación. Nunca un hombre se le había resistido, y este no sería el primero.
-¿Cómo iba yo a saberlo, Lucius?- Lentamente dejó el cepillo sobre el tocador. Asegurándose de permitir a su camisón deslizarse sobre uno de sus hombros, revelando una franja de cremosa piel blanca. Y levantó la mirada para encontrar el rostro de Lord Malfoy, la máscara del asesino, con la suya.
-¿Crees de veras, que yo cometería la estupidez de tocar a tu hijo?- Se inclinó hacia atrás, revelando la curva perfecta de su escoté, y levantó la mano, sus dedos fueron deslizándose hacia el torso masculino.
-Kebro.- Una voz femenina. Los elegantes dedos de la italiana se partieron como leña seca.
-¡Agh!- Se llevó la mano rota al pecho, refugiándola con la que aún seguía entera.
La mirada de Lucius se desvió a la izquierda con una sonrisa leve, cargada de un sentimiento que hirió a la italiana con unos celos hirvientes, más fuertes que la herida recibida.
Detrás de las cortinas que daban al balcón, apareció una mujer aristocrática de mirada glacial, y belleza magnífica.
-¡Narcisa!
-Ahora querida Epona, deja que te repita la pregunta de mi esposo. ¿Dónde está nuestro hijo?
La mujer italiana se mordió los labios, sintiendo por vez primera la caricia del miedo. Había removido el nido de serpientes de la matriarca Malfoy. Y todo el mundo sabía lo que pasaba si molestabas a una serpiente.
Que mordía.
Algo, un ruido…
-Buenos días Harry.- Aquella voz…
Abrió los ojos de golpe. El sueño olvidado al instante, a favor de recuperar el uso de todos sus sentidos. Miró a la fuente de aquel sonido desagradablemente chirriante. Y encontró al noble sociópata, esperando bajo la luz moribunda de las antorchas casi consumidas. Se había cambiado de ropa, y mantenía la postura reposada, y elegante, de un animal acurrucado en su guarida.
Por dentro, el sentimiento negro de odio que había empezado a incubar el día anterior, aumento hasta quemarle la garganta.
-Mot.- No necesitó pronunciar nada más. El nombre surgió de entre sus labios cargado de tanto desprecio como una miríada de insultos. La sangre le bullía inquieta en las venas, ansiosa por atacar a este monstruo. Sus dedos se flexionaron en un movimiento reflejo. Pero no tenía su varita consigo. Su mirada agresiva hizo que el rubio sonriera.
-Ya veo.- Adarho asintió, observándole. Una sonrisa abriéndose paso en su rostro, como una media luna helada. Creciendo y creciendo, hasta estallar en una ligera risa, burbujeante de crueldad satisfecha. Una burla cruel y enfermiza, de una risa auténtica, que removió el descanso profundo del antiguo slytherin, aún dormido en entre sus brazos. Amenazando despertarlo también a él.
Inmediatamente, Harry lo estrechó un poco más fuerte, sintiéndose aliviado cuando el cuerpo esbelto volvió a relajarse, la respiración profunda, contra su pecho.
"Duerme, Draco, por favor, solo duerme un rato más." Musitó internamente, como un mantra no del todo sagrado, pero lo bastante cerca. Sabía que este iba a ser el último momento de auténtico refugio que el antiguo slytherin tuviera, y quería conservarlo el mayor tiempo posible.
Vigilante, clavó la mirada en el sociópata, estudiándolo. Sabía que lo que vendría a continuación no iba a ser agradable. Y sin embargo, en su cráneo, de algún modo, durante un momento, lo que hubo fue la imagen que tendría Draco acunado contra su pecho, y no las pocas estrategias útiles que podía considerar; El cabello rubio y blanco estaría derramado sobre sus hombros desnudos, del mismo color plata, que las largas pestañas, posadas sobre las sombras malvas, alrededor de sus ojos. Su rostro completamente en paz. Porque cuando Draco descansaba, sus rasgos se suavizaban, y la preocupación le desertaba, dejando solo una imagen serena, que Harry hubiera querido conservar para siempre.
Por eso había pasado parte de la noche, guardado cuidadosamente en su memoria, cada pequeño detalle del momento. Pero ahora no podía permitirse la distracción, así que dobló cuidadosamente el recuerdo, guardándolo en el paño de oro de sus memorias más preciadas, y se centró en el fuego de ira prendido en su pecho.
Mot se iluminó bellamente al ver fiera su mirada, mostrando apenas entre sus labios, dientes aserrados de manchas rojas, igual que un depredador advierte el peligro de la mordedura.
-¿Cómo te encuentras esta mañana?– Sus pasos suaves y calculados, en torno al lecho de paja, mientras les estudiaba. Observando la forma íntima en que sus cuerpos desnudos se abrazaban, y el modo en que sus pieles se tocaban, con extraña, furiosa, intensidad.
Harry afiló la mirada, y atrajo a Draco a su cuerpo, refugiándolo con el suyo, y ocultándolo de la vista. No por que Mot estuviera mirando la propia desnudez de su figura. Que si tenía razón en sus sospechas, ya habría visto antes. Sino porque este hombre no tenía derecho a observarles en un encuentro tan íntimo. Aquella conexión que habían formado entre los dos, aún tierna como hilo de algodón de azúcar, era algo que solo debería permanecer acunado entre ellos. Nunca pensado para estar bajo la mirada sádica, de un monstruo con forma humana.
Mantuvo el rostro fiero. Una advertencia tácita.
Mot le miró a los ojos, un encuentro breve de verde veneno, y ámbar carámelo.
-No puedes entenderlo. – La voz del aristócrata adquirió un deje plano. Su rostro descendió a una seriedad pensativa. Sus pasos se detuvieron frente a él. –No puedes entender los porqués. – Había una furia callada en el modo en que pronunció las palabras. Algo personal que quizás fuera el desencadenante de su locura.- Para que lo entendieras, tendrías que ser cómo yo. – Pareció que suspiraría.
Harry no contestó, y Mot lo tomó como una seña para seguir hablando.
-Pero lo comprenderás.- Y había auténtica ira en el brillo de sus ojos. Ira dirigida al abrazo que aún mantenía entorno a Draco. La furia clavada en este sentimiento que el aristócrata podía ver claramente en la pose protectora de su cuerpo, en el modo en que acunaba a Malfoy, y que él mismo Mot no era capaz de experimentar.
Los celos le abrasaban.
Harry lo vio claro como agua.
-Auro, coge a Malfoy, es la hora.-
Harry se tensó, sintiendo la presencia que había estado dormitando al fondo de su cráneo, de repente retornar a la vigilia. En unos instantes su cuerpo dejaría de ser suyo una vez más. En un segundo de pura reacción, sabiendo que quizás esta sería su última oportunidad de despedirse, presionó los labios sobre los de Draco, aún dormido en sus brazos. Un beso leve, un beso intenso, tan sencillo y puro como aquel primer beso, que habían compartido.
Las largas pestañas platas temblaron, y Draco abrió los ojos, justo a tiempo para encontrar sus pupilas, un instante antes, de que Auro reclamara el control, y lo encerrara lejos de él. Dejándole solo la capacidad para ver, como en una ventana, y sentir como en otro cuerpo, para que pudiera mirar a Draco, pero nunca extender la mano y tocarle.
-¿Harry?- La voz somnolienta, ligeramente ronca.
-Me temo que no, Malfoy.- Al menos Auro le habló con un suave timbre casi paternal, amable, que Harry agradeció.
El rostro, tan abierto y hermoso, se cerró de golpe, con un golpe casi sonoro. Endureciéndose bajo la máscara del orgulloso Malfoy, al comprender que ya no estaban solos. Pero el momento de abertura había sido suficiente. Mot ya había visto la cercanía, el encuentro de sus miradas, la suavidad en sus rasgos.
-No temas, Malfoy, os dejaré despediros. –Su voz cargada de maliciosa satisfacción.
Draco lo perforó con la mirada, mientras Auro lo agarraba del brazo obligándolo a levantarse, para seguir los pasos del monstruo, a lo más profundo del entramado de cavernas.
Avanzaron a través de largos pasillos pétreos, dejando sus huellas en el lodo del suelo. Esta zona era muy húmeda. El aire tenía la cualidad estanca del moho, y las paredes estaban cubiertas de un musgo verde grueso como papilla.
Cuanto más se adentraban, más difícil era pisar sin resbalarse, la capa de fango haciéndose más profunda, hasta que empezó a llegar a sus tobillos. Cada paso hacia un sonido de succión desagradable. Las estalactitas y estalagmitas también estaban haciéndose progresivamente más grandes, hasta que se convirtieron en enormes columnas de piedra cubierta de la sedosa capa verde. Mientras las antorchas se fueron haciendo cada vez más escasas, hasta que pronto fue necesario que Mot encendiera su varita, para iluminar el camino.
La pequeña procesión siguió el foco luminoso a través de la completa oscuridad, como mariposas nocturnas a la caza de luz.
Harry no podía ver mucho más allá de la figura del monstruo, pero parecía que se dirigían al centro de aquel humedal. A su lado, un poco por detrás, Draco caminaba con muñeca aún atrapada en la mano de Auro, los pasos un poco inciertos, aunque mantenía la cabeza alta. Era evidente que estaba cansado, y que esta caminata no estaba ayudándole. Pero aún así avanzaba sin emitir una queja, evitando mirar a ninguno de los presentes.
Hubiera querido captar la expresión de sus ojos, saber que había allí, pero las pupilas grises se mantenían perdidas ante ellos, y quizás era mejor así. No hubiera podido responder aunque supiera lo que Draco estaba sintiendo.
Repentinamente, ante ellos, no muy lejos, empezó a verse una leve luminiscencia blanquecina. Tras él, la respiración de Draco se agitó, y Auro tuvo que tirar de él para obligarle a continuar adelante. Era obvio que ambos sabían a dónde estaban llegando. Y por su reacción, Harry no pudo evitar la sensación oscura, que empezó a agarrársele a la carne.
O
Desembocaron en una caverna no muy grande de techo alto plagado de musgo, y carámbanos colgantes de piedra, como dedos retorcidos extendidos hacia ellos. Del suelo cubierto por quince centímetros de húmedo barro negro, surgía lo que parecía un asiento de roca tocado con grilletes increíblemente viejos, cubiertos de un óxido azulado.
Mecanismos del mismo metal trepaban por la parte posterior del trono rocoso, entrelazados con tubos de un cristal sucio, para formar una estructura anciana y caótica que parecía a punto de romperse, y que emitía un fantasmal reflejo blanquecino.
El origen de la luz que habían visto.
Óxido, retazos de musgo que habían empezado a crecer sobre el asiento y la maquinaria, la resbalosa capa de liquen que casi ocultaba completamente la piedra... ¿Cuántos años, décadas, quizás siglos, llevaba esto aquí?
Todo el lugar desprendía un hálito pútrido, asfixiante, a dolor y muerte, que se le pegó a la garganta como caramelo muy grueso. Y aunque trató de de ignorar la sensación, está no hizo más que aumentar.
No era la primera que encontraba este perfume, este horrible aroma que quedaba siempre flotando en las zonas donde había habido tanto dolor y sufrimiento, durante tanto tiempo, como para dejar una marca permanente en el aura del lugar. Como si los torturados hubiesen dejado allí toda su agonía, para no llevarla con ellos al otro lado.
"…Draco…"
-Lux.- Las antorchas entorno a las paredes se encendieron con un chisporroteo. -Nox.- La varita de Mot se apagó, dejándolo todo bajo la tenue luz anaranjada, y las sombras inquietas de las llamas.
Harry percibió a Auro moverse, un sentimiento oscuro rozándole apenas. La mera sensación hizo que se le crisparan aún más los nervios.
El instinto le gritaba corriendo por su sangre, acelerando sus latidos, aullando bajo la influencia de la atmósfera estanca. Pero no podía hacer nada. Y su único lazo con el exterior, Auro, permanecía en silencio.
A su lado, Draco estaba quieto como una estatua. Su piel helada entre sus dedos, temblaba apenas.
Mot señalo el extraño mecanismo.
-Auro, prepara a Malfoy.
Harry se escarchó por dentro, comprendiendo que Draco iba a ser sometido a lo que fuera aquel objeto que hedía a agonía, e infecta decadencia.
No podía hacer nada.
Sintió a Auro echar a andar, arrastrando con él al rubio, su muñeca dolorosamente prieta bajo la mano que tiraba de él. Sus propios dedos lastimando la carne del slytherin.
Draco caminó hacia el trono como un hombre que va a la orca. Con los músculos agarrotados de miedo contenido, y los hombros rectos del inocente que no siente la necesidad de arrepentirse de nada. La mirada al frente, los labios cerrados, levemente tembloroso.
Harry observó a través de la ventana que le estaba permitida, queriendo detener aquello, e incapaz de hacerlo. Extendiéndose entre las rejas de la conciencia que lo aprisionaba, con auténtico terror carcomiéndole los órganos. No sabía que esperaba en aquel trono, pero sentía que Draco se le escapaba entre los dedos como arena. Grano a grano, con cada paso que daban.
Dentro de sí los recuerdos de la noche anterior explotaban como chispas en la oscuridad. Besos, caricias, palabras, miradas, que se morían como fotografías viejas, mientras veía al hombre rubio de su memoria, acercarse a eso.
Draco permitió que Auro lo hiciera sentar en el trono sin mirarle una sola vez. Encontrar los ojos vacíos del auror era algo que estaba decidido a evitar. Si iba a morir, quería que lo último en su mente fueron los labios de Harry, su abrazo, y el latido protector de su corazón. No la imagen de su cuerpo poseído, vacío de todo, cerniéndose sobre él mientras aseguraba los grilletes entorno a sus muñecas, tobillos, y cuello.
Cerró los ojos, sintiendo la dureza húmeda de la piedra, y la mordedura del metal en su piel desnuda. Y dejó que los recuerdos de la noche anterior lo envolvieran, caldeándolo en el frío helado de la caverna. Utilizándolos como un escudo contra el miedo a la muerte que parecía querer trepársele dentro.
Mot observó, calculandor, la escena. No estaba completamente seguro de que esto fuera a ser suficiente para romper a Potter. Y si fallaba estaría malogrando la última dosis de Malfoy. Una pérdida importante para sus reservas, la última dosis de esencia siempre era la más potente. Pero era un coste que valdría la pena pagar, si con ello, conseguía recolectar la magia, de quien había derrotado a Voldemort.
Ahora solo debía echar a rodar los acontecimientos.
-Auro, espera aquí. Y no dejes salir a Potter en mi ausencia.- Mejor prevenir. Un encuentro antes de lo previsto podría estropearlo todo.
El cuerpo poseído asintió.
Mot marchó a la cueva cercana, donde había guardado las últimas piezas del rompecabezas.
O
Se quedaron solos.
Malfoy tenía los ojos cerrados, atrapado en el trono de piedra, inmóvil, como un sacrificio a algún tipo de deidad pagana.
"Draco." Harry musitó para sus adentros. Observando el perfil de su rostro. La palidez de su cuerpo desnudo contra el gris inflexible de la roca, y el verde resbaloso del musgo. Piel suave contra piedra rugosa. Mirarle, y la ausencia de Mot, no hicieron más que hacerle ser aún más consciente de su dolorosa impotencia.
No podía hacer nada.
Abrasando su interior con llamas de escarcha.
Empezaba a dolerle el corazón.
-Harry.- La voz de Draco tiró de él llamándolo. Lo miró, deseando encontrar sus pupilas grises, pero el rubio continuaba con los ojos cerrados.
-No es culpa tuya.- El tono suave fue hielo añadido a las lenguas heladas.- Ocurra lo que ocurra, solo recuerda que no te culpo por esto.
"¿Draco? ¿De qué estás hablando?" Pero no podía escucharle. Y cada vez dolía más.
Draco tragó saliva, y dejó que sus músculos se relajaran. Ya había dicho lo único que sabía que podía, para despedirse. Decirle a Harry que creía que lo que sentía llameando en su pecho, era amor, para luego morir delante él, habría sido lo mismo que clavarle una estaca.
-¡Tío Harry! ¡Tío Harry!- Los gritos infantiles rompieron el instante, hacienda que finalmente Draco abriera los ojos, golpeado tan fuerte como Harry por la sorpresa.
"¡Hugo, Rose!"
Mot entró en la cueva arrastrando con sigo a dos niños pequeños, flacos, despeinados y manchados de barro. Un niño y una niña más pequeña, que extendieron los bracitos hacia el auror, aún cuando el aristócrata los retuvo en sus manos, obligándolos a ir a una esquina a.
"¡Suéltalos hijo de puta!"- Su ira restalló, haciendo frente al hielo que lo estaba consumiendo.
-Incarcero.- Cuerdas mágicas envolvieron a los niños, atándolos a la estalactita más cercana, una roca grande y resbalosa de liquen, que manchó de verde sus ropitas ya algo rotas. Los pequeños chillaron y gritaron, y llamaron a su tío Harry. No comprendiendo porque no se movía, ni hacía nada por salvarles.
En el interior de la jaula de su propio cuerpo, Harry se retorció y lucho, sin lograr liberarse, auro reteniéndolo con brazos amables de tristeza, pero implacables.
"¡Hugo, Rose!"
La varita de Luder apuntó a los niños. El terror por la vida de sus sobrinos le estrujó el corazón amenazando parárselo.
Mot sonreía dulcemente.
- Adorables. – Musitó mirando a los niños, y dejó que la punta de madera paseara sobre sus pechos jadeantes, y sus mejillas bañadas de lágrimas. Una amenaza velada.
-… ¿Tío Harry?...- Hugo sollozó débilmente, mirándole con enormes ojos azules, tan parecidos a los de su mejor amigo, y Rose gimoteó asustada, porque era demasiado pequeña para entender nada.
A Harry el corazón se le estaba rompiendo. No podía hacer nada, no podía liberarse del agarre de Auro, aunque la presencia estuviera de algún modo tratando de consolarlo.
-¡Déjalos Mot!- La voz de Draco. El slyhterin miraba al otro aristócrata con auténtica furia.- ¡Dijiste que no les harías nada a los niños!
-Lo sé. Pero nuestro trato no incluía a estos dos, Malfoy. –Chascó la lengua como si Draco fuera un niño ignorante, que no ha memorizado lalección. – Además, esto no va contigo. ¿No es así, Harry?
El auror apretó la mandíbula.
Mot rió brevemente, en una risa descosida. Y los señaló a ambos, a los niños, y a Malfoy, como si aquello fuera para él una gran ironía, profundamente divertida. Sus garras y dientes, y brillantes ojos ámbar, captando la luz de las antorchas. La risa se paró tan abruptamente como había nacido, y Adarho volvió a mostrarse calmo y pacífico, con solo una chispa de crueldad adornando sus pupilas.
-Ahora Harry, voy a hacerte una proposición muy sencilla. Puedes salvar a los niños, o a Malfoy. Eliges y ese sale de aquí directo a su casa, ileso y con mis bendiciones. ¿Qué te parece? Auro déjale hablar.
Harry sintió sus labios hormiguear, como si se le hubieran dormido y estuvieran recuperando la sensibilidad, y supo que ahora podría contestar.
-¿Y al que no elija, que le pasará?- Inquirió fríamente, aunque quien le conociera habría leído fácilmente que aquello no era más que una bravata. En el fondo se estaba consumiendo en llamas de escarcha. No podía hacer nada y lo sabía.
Luder curvó apenas los labios, de un modo amable, y muy suave.
-¿Al otro? El que no elijas morirá... A tus manos.
Harry ya había esperado escuchar algo así, pero eso no hizo que el dolor fuera menor. Ni siquiera pudo cerrar los ojos, para recolectar sus pensamientos, y sacar fuerzas.
-Harry.- La voz de Draco…
Draco sabía sin necesidad de que Harry dijera nada, a quien elegiría salvar. Y no podía culparle. Antes de que aparecieran los hijos de Wesley, ya había sabido que moriría hoy. Y salvar en el proceso a un par de niños inocentes, era más de lo que hacía unos minutos, habría podido esperar.
Aunque el miedo a la muerte quisiera agarrársele al, se forzó a respirar hondo y mirar el rostro impasible de Harry.
-Elígelos a ellos. – Total calma y sinceridad.
El pecho del griffindor sufrió una contracción, que le hubiera hecho doblarse por la mitad, de haberle obedecido su cuerpo. El deseo de poder morir él en su lugar floreció violentamente, pero supo sin preguntar que Mot no aceptaría, porque no era eso lo que buscaba.
Apretó los dientes, negándose a dejar salir ninguna súplica.
-Qué hermoso. - Adarho se acarició el rostro en un gesto de incrédulo placer. Todo se estaba desarrollando como lo había planeado, y el gozo remoloneaba en su vientre como alas de mariposa.
Harry sintió su sangre caminar por sus venas con la perezosa calma de la nata batida, y apenas pudo obligarse a sí mismo a hablar. Todo dolía. Draco… ni siquiera estaba seguro de lo que sentía por él, pero el dolor que sentía al pensar en perderlo era inmenso. Como tratar de arrancarse el hígado. Se estaba abrasando en lenguas de hielo.
-¿A quién eliges?- preguntó Mot, y era evidente que ya sabía la respuesta. En realidad nunca había habido una pregunta. Hugo y Rose solo eran unos niños, los hijos de sus mejores amigos. Y Malfoy un hombre que durante su infancia lo había torturado, a quien hacía años que no veía, y que ahora apenas conocía.
-Elijo a los niños.- Aún así, pronunciar las palabras, hizo que se sintiera invadido por un sufrimiento indescriptible que no fue capaz de comprender.
Draco asintió apenas.
Mot sonrió igual que una piraña, todo dientes y negrura, los ojos inmensamente brillantes.
-Entonces, Malfoy será el que muera. Y tú serás el que lo haga. – Harry no pudo decir nada, aún trataba de comprender de donde venía tanto dolor. - Solo tienes que poner en marcha la maquinaria. Tirar de la palanca. Auro, deja que sea él el que lo haga.
Harry jadeó cuando la presencia se retiró al fondo de su mente, devolviéndole el control. Miró al monstruo, y Luder vio claramente el reflejo asesino en sus pupilas verdes…
-No lo intentes, Potter, no llegarías a tiempo.- Tenía la punta de la varita sobre la garganta de Rose, que no paraba de llorar.
Harry parpadeó y cerró los puños, hasta clavarse las uñas en la carne. Sabiendo sin asomo de duda que si intentaba algo Auro lo frenaría, y aún si lograra zafarse el tiempo suficiente, no conseguiría detener a Mot antes de que Rose pagara por su rebeldía. Vencido, se sumió un poco más en el hielo que le consumía.
-No te preocupes Rose, os sacaré de aquí. Hugo cuida de tu hermana ¿De acuerdo?- Se forzó a hablar con tranquilidad y cariño, transmitiéndoles una paz que no sentía. Y cuando los dos niños asintieron, escuchándole, aunque aún demasiado asustados para responder, sonrió levemente- Ahora quiero que cerréis los ojos, y me prometáis que no vais a mirar hasta que yo os lo diga. No importa que escuchéis. Es muy importante.- Insistió con toda la amabilidad que podía. Hugo y Rose tragaron pero hicieron lo que les pedía.
Harry dejó que su rostro perdiera la sonrisa forzada, y simplemente les dio la espalda. No podía mirarles mientras hacía esto.
Nunca supo cómo llegó a caminar los metros que lo separaban de Malfoy, pero cuando volvió a recuperar la conciencia ya estaba allí, cernido sobre él, y Draco había le miraba con sus pupilas enormes, y el cuerpo un poco tembloroso, quizás por el frío de la caverna, pero Harry no podía convencerse de que esa fuera la única razón. Se llevó una mano al pecho, donde el dolor era mayor. Hincando los dedos en la tela, casi deseando herirse a sí mismo.
-Harry.- Draco musitó. Y la expresión en su rostro lo hizo parecer muy joven, y muy frágil. Demasiado para morir. Esta vez Harry se clavó las uñas a través de la tela, absorbiendo el dolor físico, como una manera de solapar el que le estaba perforando el corazón y helando las venas.
-Draco.- Sintió que su voz sonaba rota, y se dio cuenta de que estaba muy cansado. Su camisa empezaba a sentirse húmeda bajo su palma, estaba sangrando, pero no le importó.
Draco miró la sangre, y luego su rostro emaciado, sus ojos bordeados de sombras oscuras.
-¿Puedo pedirte un favor? – Musitó.
Ya le había pedido dos, un beso, y una noche. Y Harry no pudo evitar clavarse las uñas más profundamente al recordar, y sonreír al escucharle pedir uno más, aunque fuera una sonrisa muy triste y quebrada.
-Lo que quieras.- La intensidad en las palabras hablaba de una promesa irrompible.
Draco escuchó, y sonrió también, una curva de labios pálidos, tan dolida y hermosa, como las últimas chispas de un fuego que se apaga. Esta era la última sonrisa que jamás esbozaría, y se grabó en la mente de Harry a hierro candente.
En este instante el mundo entero había desaparecido salvo ellos.
-Quédate a mi lado, hasta que me vaya.- Susurró. Sintió que se le humedecían las pestañas en la sonrisa. Pero no podía evitarlo. Si iba a morir, hacerlo así, bajo la mano del único hombre que había amado, en sus brazos,… era todo lo que deseaba.
Harry, viendo las primeras lágrimas platas derramarse por las mejillas pálidas. Liberó las uñas de la herida, y envolvió el rostro lloroso entre sus manos, limpiando las gotas con las puntas de sus dedos, dejando en su rastro manchas de su sangre. Rojo sobre blanco.
Acercó sus rostros, hasta rozar sus labios. En un beso casto, dolorosamente dulce. Se miraron, a tan solo unos centímetros del otro, sus alientos mezclándose. Bebiendo en el olor del otro.
-Hasta el final. –musitó.
La palanca era una simple barra de metal oxidado, pero cuando Harry cerró la mano en torno a ella, el aura de muerte se le pegó a la piel como petróleo. Como sostener el cuchillo de una matanza. Devolvió la mirada a Draco, su mano libre se entrelazó con su compañera pálida. Sus dedos juntos, muy prietos. La sangre secándose entre ellos volviendo pegajoso el encuentro. Apoyó la frente sobre la de Draco, ambos mirándose a los ojos, sus labios rozándose. Y empujó.
El mecanismo se puso en marcha con un crujido siseante.
Harry soltó la palanca como si quemara.
Agujas oxidadas surgieron del trono, clavándose profundamente en la garganta de Draco, que gimió apenas, soportando el dolor. Harry supo que este era un sufrimiento al que ya estaba acostumbrado. Pero eso no hizo que verlo así doliera menos. Cerró el suspiro que los separaba, besando sus labios suaves con toda le ternura de la que era capaz, queriendo tragarse su dolor y hacerlo suyo, distrayéndolo de todo lo que no fueran ellos.
-Draco.- Suspiró en sus bocas. Algo en su corazón se estaba rompiendo irreparablemente. Las llamas de escarcha cada vez más grandes. Y sin embargo, al besarlo, también se sintió invadido por una calidez increíblemente dulce, y un dolor sobrecogedor. Le dolía la sangre en las venas.
-Harry.- Entreabrió los labios en una invitación a algo más profundo. Sintiendo el primer empuje de la maquinaria, al mismo tiempo que los labios cálidos caían sobre los suyos. La lengua del auror penetró en su boca saboreando con lentos toques delicados. Como si Draco fuera algo precioso que deseara proteger. El sentimiento hizo que el sufrimiento fuera algo lejano. Esto era lo más hermoso que jamás había tenido, y se alegró de haberlo encontrado antes de morir. Aunque hubiera sido tan, tan, tarde.
Suspiró en los labios del otro, y estrechó un poco más fuerte la mano tostada de sol en la suya, diciendo sin palabras que estaba bien.
Harry cerró los ojos. Solo queriendo tener a Draco un minuto más, un segundo más. Deseando desesperadamente quedarse así para siempre. Retener este momento a toda costa.
El sonido de la maquinaria, extraño y crujiente, se convirtió en un murmullo de fondo.
Draco jadeó, apenas, débilmente, cuando sintió el tirón en su interior, la señal de que aquella cosa empezaba a funcionar. Como si algo estuviera robándole el calor, y llevándose sus fuerzas.
-…Harry…- gimoteó apenas, ya antes había estado agotado, pronto ya no podría ni moverse.
-Sssss, estoy aquí. –Acarició su rostro con suaves roces de mariposa. Llamando su atención, capturando su mirada con la suya. Viendo claramente como las pupilas grises empezaban a desenfocarse. - Draco, mírame. –Musitó, suave, insistente. Atrayéndolo a la vigilia. –Por favor, mírame.-
Draco sintió como sus fuerzas empezaban a mermar rápidamente, escapándosele. Parpadeó tratando de enfocar el rostro tan cerca del suyo, pero…
-Harry…- Costaba coger aire. Estaba tan cansado… tenía frío… no podía moverse.
-Estoy aquí.- Besó los pálidos labios, que habían perdido todo rastro de color. Sintiéndolo responder apenas, muriéndose en el beso. Se separaron un poco, mirándose el uno al otro. Sabiendo que el tiempo se les escapaba.
-…Ha…rry…- Apenas podía mantener los ojos abiertos. Hacía tanto frío… pero la suave sonrisa de Harry era tan cálida…
-Estoy aquí.- repitió. Acariciando la mejilla manchada de su sangre, obligándose a sonreír dulcemente, aún cuando apenas podía sostenerse entero. El cabello de Draco estaba perdiendo color, volviéndose de un blanco puro, su piel decayendo al mismo color vacío, solo sus ojos seguían del hermoso gris de la plata bruñida, pero se estaban apagando muy rápido. Harry sabía que Draco se moría.
Beso de nuevo los pálidos labios, muy dulcemente. Dolorosamente dulce.
Y Draco sonrió apenas, sin fuerzas.
-Harry…-apenas podía coger aire. "Me muero." Un instante después supo que ya no tenía más tiempo, y que si iba a decir algo tenía que ser ahora, o llevarse las palabras con él a la tumba. Y de repente, marcharse sin decirle a este hombre lo que sentía ya no pareció tan bueno, tan necesario. Había callado por que morir después de haberle dicho algo así, sabía que dolería al auror moreno más que cualquier otra cosa que hubiera podido hacerle jamás, ni siquiera cuando aún le odiaba, y ponía tanto empeño en hacerle sufrir, habría podido herirle tanto.
Pero ahora, en este último momento, ya no le importó el dolor que iba a causar, porque el deseo de ser correspondido era mayor. Si le quedaba alguna posibilidad… solo deseó saber antes de caer en el olvido, si al menos, una vez, había sido amado.
Empleó las pocas energías que le quedaban en enfocar la mirada, y tomar aire.
-Harry… - El rostro dolorido, de sonrisa rota, se aclaró ante él, y pudo ver el sufrimiento en las profundidades verdes, y en las sombras bajo sus ojos. Pero a pesar de todo siguió adelante, porque tenía que saber. Necesitaba saber. Y se le acababa el tiempo.- Harry… te quiero.- Musitó apenas, casi temeroso. Se dio cuenta de que estaba llorando de nuevo, pero ya había agotado todas sus reservar, y solo estaba aún consciente a pura fuerza de voluntad. Se sentía tan frío y vacío como un fragmento de hielo.
Draco musitó… Y el mundo se inclinó sobre un axis invisible, y amenazó romperse sobre él. Harry jadeó, y la sonrisa murió en sus labios, y el sentimiento en su pecho de repente cobró sentido, y todo encajo violentamente en un solo segundo devastador.
-Draco…- el cabello de Draco, blanco como briznas de nieve, rozaba sus mejillas también blancas, su mano en la suya estaba helada. Y las pupilas grises, acunadas por pestañas blancas, lo miraban al borde del vacío. –Te amo. – una palabra arrancada de su corazón, entre hilachas de sangre y músculo, a golpe de una voz tan suave como aire. A golpe de agonía. Y se sintió morirse él también. ¿De qué servía saber que Draco le amaba, y que él también le amaba, si Draco se estaba muriendo? ¿Si nunca iban a poder explorar juntos el significado?
Entonces Draco sonrío, una sonrisa débil, agotada, la sonrisa más hermosa que jamás había visto. Tan brillante como una estrella, que iluminó su rostro llenándolo de vida una vez más, durante un segundo fugaz. Y Harry tuvo en ese segundo la visión de lo que podría ser su vida; Largas mañanas de fin de semana, enredados en la cama hasta tarde, risas y suspiros entorno a tazas de café caro, y trocitos de fruta, untados en chocolate y nata. Tardes yendo a partidos de quiddich. Compras por las que discutirían hasta acabar en besos. Noches tranquilas ante el fuego, abrazados muy juntos, Draco leyendo con voz suave y profunda un libro para los dos. Cenas, abrazos, noches, besos…
Entonces la sonrisa hermosa de Draco se apagó, y sus párpados cayeron, velando finalmente las pupilas grises, las visiones, el futuro que podían haber tenido. Y la respiración se detuvo, llevándoselo todo con el último aliento de sus labios.
Y Draco… murió.
Continuará
