Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es mía.
Capítulo X
"Jodido"
…
Cuando desperté fue por el trinar de las aves, lo cual parecía algo irreal pues aquí casi nunca salía el sol y por tanto pocas veces se oían los pájaros. Y lo otro de lo que fui consciente, fue de que parecía haber recibido una golpiza merecedora de premio, ya que sentía los huesos como gelatina y la cabeza me iba a estallar, me hallaba segura.
Además, tenía un poco de congestión nasal y la garganta me dolía bastante. Y no debía ser un genio para saber que se trataba de un resfriado sin importancia, pero eso no quitaba el que sintiera que iba a morir de cansancio y demases.
Lo cierto es que no tenía ánimos de levantarme, ni siquiera por el sol que presagiaba unos agradables dieciocho o diecinueve grados, así es que me di el lujo de quedarme en cama hasta la una y media de la tarde.
En cuanto reuní la energía necesaria, me incorporé y cada miembro parecía pesar más de veinte kilos, eso más las puntadas dolorosas que apenas y me permitían tener los ojos abiertos.
— ¿Bella? — Gemí quedito. No quería que me vieran enferma por lo que me apresuré en tomar unas pantis con diseños y unos shorts que corté yo misma.
— ¿Sí? — Aclaré mi garganta y me sorprendió el malestar. Sin embargo, me esforcé por desplazarlo lejos. Por Dios, las peleas me dejaban peor, parecía cualquier cosa quejándome ahora.
— ¿Puedo pasar? — Me tallé los ojos.
— Claro— bostecé y Tanya se materializó dentro de la habitación.
— Tienes una cara de culo terrible— es que me siento terrible, pensé.
— Qué amable— fingí un bostezo— tengo sueño— me encogí de hombros y me levanté.
— El almuerzo está listo— comentó luego de observarme unos segundos con sospecha.
— Oh, lo siento. Me tocaba— até mis cabellos desordenados en una coleta.
— No te preocupes, te relevé. Pero tú lo harás el sábado que viene.
— Vale. ¿Vamos? — Me atajó en la puerta y la observé, esperando no demostrar lo enferma que me sentía.
— ¿Segura estás bien?
— Ajá— asentí y no pareció creerlo, sin embargo lo dejó estar y bajamos a comer.
— ¿Qué tal? —Saludaron casi al mismo tiempo.
— Tengo mucho sueño.
— Se te nota— comentó Ángela poniendo los cubiertos y sentándose luego.
— Eres un amor.
— Soy sincera— encogió los hombros y sonrió.
Nos sentamos y miré el plato, lucía delicioso pero no tenía hambre. Aunque de igual forma me obligué a llevar pequeños bocados a la boca.
— He estado pensando— inició Tanya ganando nuestra atención.
— ¿Qué?
— Que podemos tenderle una trampa en donde su dignidad quede reducida a cenizas.
— Me gusta cómo suena eso— admití con voz baja.
— Me parece mejor que mi idiota idea de teñirle el cabello— suspiró dramática Ángela.
— ¿Y de qué trataría específicamente? — Preguntó Jessica.
— Uhm… ya sabes que si tengo un plan a medio armar, no lo digo hasta afinar todos los detalles— explicó la pelirroja.
— Nos dejas intrigadas— reclamó Vicky.
— Paciencia mis queridas niñas, paciencia.
— Espero valga la pena, al menos.
— Lo valdrá, eso ni lo dudes. — Entonces sonrió enseñando casi todos sus dientes blancos. Joder, hasta a mí se me erizaron los vellos de los brazos y puse toda la fe en el plan de Tanya, que generalmente eran brillantes, por no decir siempre.
El resto del almuerzo ignoré los malestares y procuré sonreír y hablar con el mismo entusiasmo de siempre.
Odiaba estar enferma, pero más odiaba el por qué me había resfriado. Maldito fuese Masen y sus estúpidas órdenes.
Cuando restaban quince minutos para las tres, me puse en marcha a casa de los alfa.
Desde lejos podía escuchar la música y los gritos de algunas chicas que no tardaban en convertirse en carcajadas.
Rodé los ojos y aparqué en donde pude, ya que había demasiados coches. Están a un paso de la casa y van en carros, una reverenda estupidez, pensé bajándome con las llaves en la derecha.
El sol brillaba en lo alto, dando la sensación de calor, pero yo seguía sintiendo un gran frío, por ello llevaba mi suéter negro.
— ¡Llegó la sirvienta! — Gritó uno de los Alfa y de inmediato oí varias carcajadas. Lo ignoré y acomodé un mechón de cabello tras la oreja, caminando sin inmutarme por las miradas de desdén y otras de burla.
Debía reconocer que a pesar de todo, me hallaba muy incómoda y me sentía fuera de lugar, demasiado fuera de lugar.
Continué andando fijándome en los pasos que daba, pues la cabeza parecía darme un poco de vueltas y sentía que me caería en cualquier momento.
— Swan— Masen me sostenía del brazo y lo retiré con brusquedad. Podría estar muriendo desangrada y encontrarme sin un ápice de fuerza, pero de igual modo hallaría el modo de apartarme de su lado.
Me observó disgustado ante mi reacción.
— ¿Dónde están las cosas? Quiero terminar esto pronto.
— Pues… qué lástima becadita, porque este día y noche la pasarás aquí— sonrió burlón y deseé golpearlo.
— Vale, como digas— le resté importancia— ¿están en la cocina? — Señalé a sus espaldas. El pasillo que llevaba a ella ya comenzaba a llenarse.
— De hecho partirás en el patio. Debes atender a las chicas que se meterán a la piscina y preocuparte de que el asado esté listo antes de las cinco. Una vez termines eso, limpias lo que vayan dejando y te daré nuevas instrucciones— odié el tono de voz que empleó. Lo detesté de veras, y deseé poderme negar y gritarle unas cuantas cosas a la cara. Sin embargo, punto uno, no podía hacerle eso a mis amigas y punto dos, no tenía ánimos.
Así es que me limité a asentir y pasar por su lado, pero me detuvo, haciéndome volver el rostro enfadada hacia él.
— No quiero enterarme de que has molestado a alguien o que has respondido, tú te aguantas callada ¿estamos? — Traté de zafarme pero me sostuvo con fuerza, aunque sin hacerme daño como otras veces— ¿estamos?
— Estamos, joder— y logré liberarme y seguir mi camino.
Consideraba que era una estupidez meterse a la piscina, ya que no hacía tanto calor y apenas ayer se había deshecho el cielo en millones de gotas, pero las Beta eran unas huecas que adoraban lucir sus esbeltos cuerpos y que los babosos las observaran. Eran unas exhibicionistas ridículas y patéticas.
Pero decidí no hacer líos porque no tenía ganas de lidiar con uno, por lo que me dirigí a Rosalie y Alice que se encontraban dentro.
— ¿Quieren algo? — Interrogué mordiéndome la lengua. Parecieron un segundo aturdidas antes de sonreír maliciosamente.
— Vaya, si es la becadita que obedece a Eddie— dijo Alice bebiendo de su refresco. Rodé los ojos fastidiada.
— Yo siempre supe que terminarías sirviéndonos— continuó Rosalie.
— ¿Van a querer algo o no? — Me harté. Solo soporto un poco y ya estoy en el límite.
— Creo que tendremos que hablar con Eddie para que le modifique este carácter tan patético.
— ¿Patético? Pues mira que yo creo que…
— Swan. — Habló tras de mí, haciéndome cerrar la boca y resoplar.
— ¿Qué? — Me medio volteé en su dirección y las huecas se rieron.
— ¿Quieren algo chicas? Swan con gusto las atenderá— le dediqué una mala mirada.
— Ahora que lo dices Ed, se me antoja otro refresco— y me lanzó el vaso medio lleno que derramó su contenido en mi camiseta. Apreté el vaso en la mano.
— Y a mí— ocurrió exactamente lo mismo que con el primero y me mordí el labio con rabia. Esto era degradante, incluso humillante y lo odiaba, pero odiaba más el que no pudiera evitarlo.
— Ya oíste. Dos refrescos— indicó para colmo Masen y temblé un segundo de ira, pero rápidamente esta decayó. Me sentía realmente mal.
Me limité a obedecer y se repitió de forma similar, con cada persona que parecía más que feliz de tratarme de forma desdeñosa y pedirme cosas. Los odiaba más si es que era posible y para lo que sentía hacia Masen, las palabras se quedaban cortas.
Recién a eso de las once, cuando la música era tan fuerte que remecía los cristales y mis neuronas ya no daban abasto, pude dejarme resbalar por un mueble y sentarme un segundo.
Me sentía exhausta y con mucho frío y sed, que por más que trataba de eliminar no se iba, tanto así que mis labios se encontraban resecos y mis miembros lánguidos y sin fuerza. Justo así me sentía. Agripada y cansada, esas dos palabras lo describían a la perfección. Y no podía comprender cómo me mantenía de pie, pues los malestares sordos se encontraban en todos lados de mi cuerpo.
Escondí la cara entre mis manos y noté que temblaba ligeramente, aparte de los escalofríos que corrían sin fin por mi espalda.
— ¿Qué haces ahí? ¡Una chica acaba de vomitar y tienes que limpiar! — Una Beta me jaló del brazo y contuve el gemido ante el dolor de mis moretones que se concentraban más que nada en el antebrazo, pues con él protegía.
— ¡Suéltame! ¡Ya voy! — Saltó hacia atrás con mi brusco movimiento y después se marchó tambaleante.
Me levanté con esfuerzo y rogué al cielo por fuerza para sostenerme en pie. A las doce me iba sí o sí, y el bastardo no podría discutirme porque la noche se terminaba a esa hora, lo que le seguía era la madrugada y dijo claramente que trabajaría todo el día y noche.
Salí con esfuerzo al patio y noté que me costaba respirar un poco, pues la congestión se había agudizado y podría jurar que los analgésicos de Jessica se habían desintegrado por completo y que ni una mísera parte de ellos corría por mis venas aliviando mi molestia.
— ¿Dónde… dónde está la chica que vomitó? — Interrogué a un muchacho muy ebrio que simplemente me miró y rió tontamente antes de seguir convulsionando al son de la música, pues eso ni de asomo era bailar.
Rodé los ojos y continué andando y la descubrí al borde la piscina.
Con una mueca de asco me agaché y comencé a limpiar con un trapo, metiendo todo de inmediato en una bolsa.
— Les dije que estaba haciendo lo que mejor sabe, limpiando o sirviéndonos— reconocí la fastidiosa voz de Rosalie a mis espaldas y la ignoré.
— Oh, pero mírala… se ve un poco cansada— la "pena" de Alice era más falsa que Judas.
— Tal vez podamos ayudarla ¿no creen? — Sí, el trío de huecas querrían ayudarme, seguro.
Y entonces sentí que me tomaban por los hombros y me volteé rápidamente, aunque de todos modos fue tarde. Me empujaron entre las tres a la piscina llena de muchachos ebrios que rieron al verme impactar contra el agua.
Me costó nadar a la superficie porque me dolía todo, pero al emerger, me estremecí violentamente.
Las miré con genuino odio, pero me ignoraron marchándose con sus minúsculos bikinis, claro eso después de reírse a antojo.
Aparté el pelo de mis ojos y me apoyé contra el borde para salir. Gracias al cielo lo hice de un fluido movimiento y no me vi patética en el acto.
Sin embargo, me sentí sumamente avergonzada y con nervios al notar que todo el mundo parecía haber hecho un círculo entorno a mí y se reían de buena gana.
No era el hecho de que se burlaran lo que me ponía mal, sino que saber que me encontraba en el centro de la atención.
No me molesté en mirar los rostros de los estúpidos, simplemente caminé con mi ropa empapada hacia la cocina.
Estrujé mi suéter en el lavaplatos, al igual que mi cabello y aparté el agua de mi rostro.
Sentí que el frío me atravesaba de lado a lado con dolorosas puntadas y que me estremecía por ello.
— Joder— di un brinco ante el grito de Masen— estás toda mojada— dirigía su mirada por mi cuerpo y me encogí, viéndolo mal.
— Pues tus malditas amigas tienen la culpa. Yo me largo— hice el amago de irme, pero me detuvo en la puerta.
Desde mi posición podía oler el aroma a alcohol que salía de su boca a cada respiración. Fruncí el ceño, apartándome.
— No, no te vas— me miraba raro, con demasiada intensidad para mi gusto.
— Sí, no puedo quedarme así— señalé mis prendas empapadas.
— Y no lo harás— y sin pedirme permiso ni nada, me tomó del codo y me jaló con fuerza escaleras arriba.
Traté de resistirme pero no tenía energías para pararlo, y menos si temblaba como una jodida hoja de papel.
Me llevó hasta su cuarto y cerró tras de él.
— ¿Qué haces? — Pregunté de mal humor, pero pasó de mí y se dirigió a su clóset, donde buscó algo con afán.
Podía notar que ya se encontraba muy bebido por los movimientos poco precisos que realizaba.
— Sí— exclamó sonriente, escondiendo lo encontrado tras su espalda. — Aún queda mucho tiempo como para que te vayas y ya que es tarde…usarás esto— y al mismo tiempo que lo decía me lanzó una bolsa plástica que tenía ropa.
Fruncí el ceño y la saqué.
Se trataba de un traje de sirvienta… pero no uno como cualquier otro, sino que uno erótico. Tenía una minifalda negra con vuelos blancos y una blusa muy pequeña, además de una pechera del mismo color que la falda.
— Estarás de broma— tosí un poco y el dolor fue bastante molesto.
— En cinco minutos te quiero abajo, con eso y es una orden— al decir lo último su mirada se entretuvo en mi cuerpo y su voz adquirió otro timbre. Entonces sacudió la cabeza y salió muy rápido de la habitación.
— ¡No voy a usarlo! — Grité aunque ya había cerrado la puerta.
Me enfurruñé, sentándome en la cama de dos plazas que no tardó mucho en mojarse con las gotas que continuaban escurriendo de mi cabello y ropa.
Si me quedaba con la que traía puesta, mi resfriado empeoraría y tendría que faltar a clases y ahora que el fin de semestre estaba cerca, era lo que menos me convenía.
Observé el traje y luego mis prendas.
Con un suspiro me las quité, quedándome con las pantis de tela delgada con diseños.
Si él pensaba que vería algo de mí, estaba muy equivocado.
Me puse el traje y al parecer era para una chica más alta y voluptuosa, pues me quedaba a mitad de muslo y la blusa bastante holgada.
Me até los cabellos con un lápiz que encontré en el escritorio de Masen y no me molesté en verme en el espejo. Sabía que lucía ridícula.
Relamí mis labios en un intento de hidratarlos y me obligué a levantar la cabeza y mantener los ojos abiertos. Sentía mucho frío y continuaba temblando, en poco más me castañearían los dientes, pero no pensaba demostrárselo a nadie.
Bajé y de inmediato comenzaron a pedirme más cervezas y alcohol, por lo que fui a la cocina a buscar vasos plásticos y bebida.
Los coloqué en una bandeja y comencé a pasearme, descalza, para mi mala suerte por el pasto y dentro de la casa.
En eso estaba cuando me llamaron unos chicos en un sofá.
Todos ellos se encontraban borrachos.
— Hey, dulzura— me miraban de forma repugnante.
— No me llames así. ¿Vas a querer uno o no? — Interrogué al verlos observarme de pies a cabeza pero no hablar.
— ¿Por qué tan enojada, bonita? — Uno intentó tocar mi pierna y me aparté antes.
— No vuelvas a intentar algo así imbécil, no si quieres seguir teniendo esas asquerosas cosas allá abajo— y sin más me marché a otro lugar.
Esto era lo último que me faltaba, unos depravados tratando de tocarme.
— ¡Becada! — Gritaron desde el patio y tomando un profundo respiro para calmar mis estremecimientos me dirigí hacia allá.
Cuando pasé de regreso de haber entregado el resto de vasos, un grupo de muchachos que se mantenían en la entrada me cortaron el camino.
— ¿Qué? — Interrogué.
— No pensé que fueras tan guapa, becadita— el resto soltó risitas ante el comentario de un tal Eric.
— Ni yo que fueras tan estúpido, o bueno, la verdad si lo pensé y lo acabas de confirmar— contuve el impulso de toser y a cambio carraspeé.
— Veo que Edward no te ha enseñado qué otras cosas puedes hacer con tu boca en vez de decir pesadeces— cuando lo dijo, noté un brillo siniestro y asqueroso en sus ojos claros.
— Podríamos enseñarle, ya sabes— dijo otro chico y sentí que me tomaban el codo, el que retiré con fuerza. Si tan solo pudiera defenderme como sabía, si tan solo no me sintiera tan jodidamente mal y no tuviera que ocultar mi secreto.
— Déjenme. — Traté de abrirme paso, pues sus cuerpos se acercaban formando un estrecho círculo torno a mí.
— De aquí se ve muy bien… quizá podríamos ir al cuarto de juegos— rió un chico y sentí que las rodillas me fallaban y que en determinado momento no podría parar de temblar. Me sentía confusa y trataba de apaciguar mi sed, abriendo y cerrando los labios.
Perdía el control y mi cabeza daba vueltas. Supongo que no haber comido bien me pasaba factura.
— Swan— oí la voz de Masen y únicamente pensé ahora, no.
Sin embargo, de a poco los chicos se fueron apartando y el aire fue algo más fácil de respirar.
— Te he estado llamando. — Noté que miraba mal al grupito.
— Debe de ser muy entretenido jugar con ella ¿no? — Eric lo codeó y sentí una mano demasiado cálida en mi brazo. No podría asegurar que traté de zafarme, pues como digo comenzaba a perder nociones de realidad.
— Ese no es tu asunto. — Y se apartó conmigo a rastras.
Nos detuvimos poco después, donde la música no golpeaba tanto.
— ¿Podrías comportarte y dejar de coquetearle a cualquiera que se te cruce por delante, maldita sea?— Me dejó con algo de brusquedad y trastabillé.
Enfoqué mis ojos en su rostro que parecía borroso y algo distorsionado.
— ¿Yo? Yo no…
— Y ese jodido traje— me miró de arriba abajo pasándose las manos por el cabello y mascullando algo luego.
— Tú…— me atacó un escalofrío tan grande que me estremecí por completo y dejé que mi peso reposara contra la pared. — Tú fuiste quien me obligó a usarlo— volvía a boquear como un pez, tratando de quitarme la sed.
— ¿Swan? ¿Estás bien? — Oí su voz más cerca y al alzar los ojos me encontré con los suyos preocupados.
— No finjas que te importa— me incorporé y anduve un paso antes que las rodillas cedieran.
— ¿Isabella? —Me sostuvo con fuerza de los brazos y fruncí el ceño por el ligero dolor— Dios, estás hirviendo— su voz sonaba bastante preocupada.
— Estoy bien— espeté con voz temblorosa y lo odié. — Suéltame— forcejeé débilmente, a pesar que era el resultado del recaudo de mis energías.
— Necesitas ir a un hospital.
— No, no… quiero irme a casa.
Sentí que me cargaba y me removí inquieta. Esta humillación no la iba a tolerar.
— Tranquila, joder— repetía, sosteniéndome con más fuerza y terminé por cansarme, y mi cuerpo dejó de responderme.
— Bájame…— fue lo último que dije o que recuerdo al menos antes de perder el conocimiento.
¡Hola! ¿Qué les pareció el cap? Espero les haya gustado, porque de aquí todo comienza a ponerse interesante, en serio
¿Cómo han estado? Ojalá que bien c: quiero darles las gracias por los reviews, los favoritos y alertas, además a las personas que leen silenciosamente. Y también, agradezco las nuevas ideas que leí en un comentario, me parecen bastante interesantes, así que gracias. Y chicas, tranquilas que pronto se sabrá todo, solo pido paciencia ¿sí? En fin, dejo de dar lata y esperando que les haya agradado el cap me despido
Un abrazote enorme y muchas bendiciones!
Pd: Lamento cualquier error ortográfico y/o de gramática
Ahora un pequeño adelanto…
— Eso es muy raro— comentó Tanya pensativa.
— ¿Qué no me haya cobrado?
— Yo que tú andaría con cuidado. — Dijo Vicky.
— ¿Eso quiere decir que ya no podremos vengarnos? — La voz de Ángela transmitía la insatisfacción de su idea.
— ¿Por qué no? Yo solo le debo un favor y a menos que ese sea que no le haga bromas, seguiremos adelante con la venganza— expliqué— entre el bastardo y yo las cosas no han cambiado en lo absoluto. Así que si ya tienes tu plan listo, este es el momento. — Miré a Tanya, en cuyo rostro se extendía una sonrisa malévola.
— Pues que no se diga más…
