La Decisión de un Hyūga.
10. Historia del pasado. Hyūga.
"La división de ramas" Segunda parte.
Pensamientos previos al combate.
Disclaimer: Los personajes de esta historia no son de mi propiedad. Son de Masashi Kishimoto.
Los OC que aparecen sí los cree yo (son familiares de personajes existentes).
Este fic esta hecho solo para el entretenimiento de su creadora y quien lo quiera leer.
Es mi primer fic. Espero les guste.
"¡Que gane el mejor!"
Y ante la orden que indicaba el inicio del combate, el sonido del aire cortado limpiamente y las hojas secas y livianas del final del otoño volar y polvo levantarse, lo vio y al mismo tiempo creyó imaginarlo, quiso imaginarlo.
Tras una levantada cortina de polvo, apareció lentamente, comenzándose a vislumbrar, un par de ojos blancos, característicos del clan. El byakugan se desactivó, y el polvo se dispersó. Una alta silueta humana resaltaba entre el monótono entorno. La figura del Hyūga salió de entre los restos de su batalla, había ganado, sí, pero había matado a su hermano. Eso era el porqué de la maldición de los gemelos, nunca se sabía quién era quién, menos en ese momento en el que su parecido se hacía más presente que nunca. Uno estaba muerto corpóreamente, y el otro, el otro había asesinado su propia alma…
Hikibo se despertó horrorizado. Sudaba en toda la cara y sentía los músculos entumecidos. Apoyó la cabeza en los brazos y bajó la vista. Descubrió entonces que estaba sentado y con las sábanas de su cama desordenadas. ¿Qué era lo que había soñado? Entonces recordó el último fragmento y sintió escalofríos. Aquello no había sido un sueño normal, no, eso se transformaba una pesadilla a cada segundo que pasaba. Sintió algo de alivio por haber despertado y no recordar el sueño total en sí, pero también inconformidad al no saber cómo o por qué se desarrolló de ésa manera, al no conocer la razón y sucesos que llevaron a tales consecuencias. No sintió que hubiera mucho más detrás de aquella ilusión en la cual su cerebro le hacía una mala jugada, capaz y eso había sido todo el sueño transcurrido muy lentamente y con las sensaciones y sentimientos realmente demasiado presentes. Sí, tal vez…
Entonces un sonido leve y suave que golpeaba constantemente la ventana desde hacía quién sabe cuánto lo alertó. Provenía de fuera de la ventana.
Llovía.
Con eso logró que se rompiera el hilo de sus cavilaciones y se borrara la idea del sueño que rápida e imperceptiblemente se difuminaría hasta parecer un punto lejano dentro de lo que se denominaba mente.
Se levantó de la amplia y baja cama en donde "descansaba" para acercase a la ventana y abrirla de par en par. Aquel era un día fresco y tranquilo, tal vez mucho, y probablemente lo sería aún más si ése día de noviembre no fuera el señalado para que sus hijos se enfrentaran en duelo por el liderazgo del clan. Tal vez no estarían tan comprometidos en aquel fin que les aseguraba un futuro de presiones y complicaciones si para el perdedor no fuera el castigo que secretamente sólo se había informado al par de "concursantes". Un fin al parecer lo bastante malo como para que en el lapso de dos semanas Hikibo no hubiera visto a los gemelos compartir unos minutos juntos, en ocasiones incluyendo la hora de la comida, claramente destinada a la unión de la familia, como lo hacía ver el padre y líder Hyūga, él mismo.
Líder Hyūga. Más parecía únicamente alguien influyente a los ojos del abdicado dirigente y padre del actual. Realmente, solo, había decidido casi totalmente aquella competencia y obviamente le informaría a él, pero según su padre, sería el mismo día en el que se enfrentaran sus hijos.
En ese momento no sabía cómo sentirse; preocupado por el enfrentamiento, o con la necesidad de estar ya informado del plan. Las dos formas llevaban al inicio del duelo, que era a lo que precisamente no quería dar comienzo.
Se quedó allí, contemplando el inicio del amanecer en todo su esplendor. Lentamente, individuales rayos de luz que el Sol proporcionaba iban iluminando el paisaje, y con ello adquirían más color los objetos y seres que eran alcanzados por ella. Prontamente el panorama que le ofrecía su ubicación quedó en gran parte alumbrado por el astro del día que se alzaba tras las montañas de los límites extensos de la aldea. Permaneció un momento en silencio, meditando como era su costumbre. Percibió el andar de aislados pasos cerca de su puerta, indicio del comienzo de actividad en el recinto del clan, por lo cual no lo tomó por sorpresa la intromisión de un individuo en su habitación, o más bien, una.
—Buenos días, Hikibo —pronunció una dulce voz probablemente ajena a los pensamientos del aludido.
—Aina —nombró su esposo.
—Nos llaman al desayuno.
—Voy para allá —dijo levantándose aún a sus espaldas.
Aina salió del cuarto para esperar a su esposo. Un par de minutos después ambos de encontraban ya juntos y en camino al comedor de la familia.
Al entrar a la estancia determinada a la hora de la comida de los integrantes principales del clan, Aina y Hikibo descubrieron con asombro –y la primera también con una muy poco disimulada sonrisa-, la presencia de sus dos únicos hijos sentados frente a frente en el amplio kotatsu donde se encontraban todos reunidos.
Hyūga Hikibo era alto, con piel muy clara y ojos opalinos en un rostro de niño, pero que comprendía a poca edad varios aspectos que la madurez alcanzaba bastante más tarde, o al menos rangos más adelante en la organización shinobi. De Hyūga Hoike se podría decir justamente lo mismo que de su hermano, tan exactamente que aún con la edad de trece años que ambos poseían, le era imposible a cualquier individuo –tanto interno como externo a la familia- el distinguirlos por (y menos atinarle a) siquiera a los nombres de cada uno.
Tan similares se les consideraba como a dos gotas de agua, tal vez no hechas de la misma y exacta fórmula y añadiduras invisibles una de otra, pero con la apariencia tan parecida que prácticamente nadie lograba ver la presente –de alguna forma- contradicción en sus seres. Sus padres no hallaban contraste en habilidades o comportamiento, tal como no lo hacían respecto a la apariencia; y hasta la voz del par se consideraba, tan sólo de oírla, como la doble reproducción de una misma. ¿Entonces qué razón separaba a aquél ser, ahora dividido en un par de individuos?
Directo, tanto para el anciano padre del líder como para él mismo, aunque tal vez con diferentes puntos de vista en lo que refería la palabra: Destino.
Tan simple pero a la vez inexplicable como aquella misma esencia y razón incomprensibles para una simple humana como lo era ella, esposa y madre, pero no incongruente, de eso estaba segura: superación propia. O al menos, el primer paso.
Sin un buen obstáculo, no hay historia. Si todo comienza bien, sólo puede empeorar. Si la vida es monótona, no se le puede llamar aventura. Nada es blanco, nada es negro, nada o es bueno o es malo, no existe totalidad. Nosotros decidimos cómo ver las cosas, pero una idea para darse cuenta de su real procedencia, es observar si gracias a aquello se saca una sonrisa en un niño, y si es así, se puede tener por seguro qué es "bueno"…
Una mueca parecida a una sonrisa torcida que temblaba imperceptiblemente a causa de la emoción se formó lentamente y con perfecta sincronía en los rostros homogéneos de quienes únicamente no compartían nombre. Tal acto semejó el reflejo que ofrecía un espejo, y lo que había por ver aproximación bien podría ser la respuesta de quién era el ser, y quién sólo su ilusión.
…o tal vez no.
Para mí, las líneas de separación son maravillosas: crean respuestas… pero primero quiero que se hagan las preguntas.
Bueno, el próximo capítulo tratará ya de lo esencial de la historia del pasado en la versión Sōke. Reflexión no habrá tanta. Trataré de agregarle emoción al enfrentamiento, pero espero resulte natural.
Agradezco a Sifu Sihaya y Kusubana Yoru por sus comentarios que siempre me alientan a seguir por muy cliché que esto suene. ¡Muchísimas gracias!
Cada semana se revela un poco más, espero nos veamos en el siguiente capítulo.
Shima No Ru.
