Capítulo X

Conducir como un loco era bastante suave, no había palabras para describirlo. La pequeña flecha casi llegaba al límite de velocidad, un pequeño fallo y todo sería fatal. Menos mal que no había ningún policía que lo detuviera por exceso de velocidad, no estaba de humor para lidiar con ellos, sólo lo atrasarían más de lo que ya estaba. Necesitaba verla.

Ella.

Sólo ella.

Ella sólo era suya.

Suya por siempre.

Parecía que el carro no avanzaba en el denso carril. Sentía que se moría por dentro. 'Necesito tenerla, verla, sentirla, besarla, tocarla...' Sollozó al pensarlo. Sentía que su frágil corazón se partía por dos. '¿Por qué tuvo que escaparse?' Al momento de recordar su escapada, vino el enojo. ¿Cómo se atreve? Le daba todo el lujo del mundo y se escapa. Tendría que enseñarle cómo comportarse ante él. Llevarla a una casa lejana y en medio del bosque sonaba bastante interesante ahora. Tal vez podría comprar una casa por las montañas cerca de un pueblo pequeño solo para abastecer sus necesidades; así ya no trataría de escapar jamás.

Sonrío con tan sólo imaginarla bajo el umbral de su casa con su hijo en brazos esperándolo después de llegar del duro trabajo, recibiéndolo con un casto beso, cargar a su hijo mientras que Su Morena le removía el saco de sus tensos hombros y luego se dirigía a la cocina para servirle la cena con una buena copa de vino, cenarían con calma como una familia feliz que eran, después llevaría a su hijo a su cuarto para que durmiera mientras que le cantaba una canción de cuna y cuando éste comience a adormecerse darle un beso en su frente y salir de su cuarto.

Y por último encontrarse a su esposa en el dormitorio principal con un ajustado y sexy camisón incitándole con el dedo en medio de la cama arrastrándose hasta llegar a él y jalando de su corbata para que pudiesen unir sus labios en un desesperado beso y dar rienda suelta a sus deseos y amor, sobre todo el amor. Si, esa era la vida que deseaba.

Pero Isabella no era así, sin embargo podía cambiar con e tiempo y darse cuenta del verdadero hombre que era.

De tan sólo pensar en ella, recordaba al maldito hombre que estaba con ella ahora mismo. Apretó aún más los nudillos hasta que estos se hicieron blancos por la presión. Todo estaba tan bien en su relación, pero él la arruinó toda. ¿Qué podría pasar ahora? ¿Dejarlo? Ni de broma. ¿Ignorarlo? Ya lo hacía. ¿Odiarlo? Lo demostraba cada vez que le demostraba su amor. Lo único que sabía es que no podía dejarla ir, ella eran tan especial y diferente a las demás, tan indescriptible. Tan Bella.

El maldito no era nadie para llegar y separarlos. Nadie. Sería tan fácil acabar con él, pero Bella se daría cuenta que su amado lo había hecho y ya no quería más problemas con ella. Aunque si lo eliminaba sin dejar pistas, todo sería perfecto en su relación. Ella, él, su bebé y la hermosa casa en las montañas. No obstante, tenía que borrarlo del país lo más rápido posible.

No le bastaban las marcas en su níveo cuello, marcándola como suya. Necesitaba, o mejor dicho, ansiaba que todos vieran que ella era completamente suya. Así que con el anillo en el bolsillo, en cuanto llegará, le daría el precioso anillo; así nadie podría acercase a ella. Sonrío al imaginarse su cara de asombro al recibir su anillo de compromiso, gritaría y se aventaría a sus brazos para al final, besarle con pasión. Gimió. Ya nada se interpondría en su camino. Nada.

'La necesito.' Le urgía llegar a ese estúpido departamento.

¿Qué haría con aquel maldito cuando llegará? ¿Golpearlo hasta el cansancio? No. ¿Matarlo? No, pero suena muy interesante. Decisiones, decisiones.* Había tantas opciones, pero, ¿y si Su Morena no le perdonaba? El riesgo era grande, un cincuenta-cincuenta, puesto que ella tiene un gran corazón y se lo podría dar a cualquiera, menos mal que ya le pertenecía.

'¿Cómo se atreve a estar cerca de Su Morena?' Le hervía tan solo pensarlo. ÉL no era nadie. Absolutamente nadie.

Antes de llegar al departamento, tomó una respiración profunda. Inmediatamente la vena de su frente dejó que marcase al igual que el color rojo de su cara por la rabia. Se veía bastante 'normal'. Cerró los ojos y pensó: 'Cálmate. Sólo tienes que convencerla y todo será tan fácil.' Lo difícil era convencer al maldito de que era una buena persona y que la escena que había presenciado, sólo se trataba de estrés y enojo porque había tenido una recaída en su trabajo. Sonaba bastante bien. Bella le creería y con eso bastaba.

Caminó hacia la entrada del edificio, pero como siempre había un portero*, puso su buena cara de actor y le dijo:

-Disculpe, ¿sabe en dónde vive Félix?-preguntó con un tono un poco desesperado. No sabía que cosas pudieran estar haciendo. Y ni quería pensarlo.

El señor de unos cincuenta años dudó en responderle, aunque tenía cara desesperado, jamás lo había visto por el edificio.

-¿Para qué quieres saber eso, muchacho?-contestó desconfiado.

Edward tomó aire manteniendo el control y no saltar directo al anciano. Lo hacía perder el tiempo, tal vez ella, Su Morena, ya no estuviera allí y se encontraba en otro lugar desconocido con él. De tan sólo pensarlo le carcomía el alma.

-Sale con mi hermana y ella me pidió que le diera algo, pero ella está enferma y no puede venir, así que...- terminó con una pequeña sonrisa.

Al señor, inmediatamente, se le esfumaron todas las dudas de aquel joven. Conocía a Félix para saber que ere un buen muchacho y como cualquier otro, tuviera una linda novia. Aunque nunca la había traído.

-De acuerdo, Félix vive en el piso cuatro, puerta A-5.-dijo y luego se acordó de que lo había visto en la tarde.-Me pareció verlo con una joven en brazos, por si quiere saber.

'¡Estaba con él!', pensó con enojo, rabia y coraje. Antes de hacer una escena frente al señor; tomó una profunda respiración y contó hasta diez. Con una voz reprimida le dijo gracias y se dirigió hacia el elevador.

Cada poro de su cuerpo desprendía odio hacia el maldito. No sentía odio hacia su mujer, todo lo contrario, ella tan inocente que había caído en las malvadas redes de él sin saber las consecuencias de sus actos. Edward le perdonaría y se irían de ese horrible lugar.

Con unos pasos grandes y lo más rápido posible caminó hacia los elevadores.

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Bella no sabía que hacer en aquella situación. Todo era tan confuso. No quería decirle a nadie sobre su 'relación' con Edward, tal vez a Charlie, puede que le creyera pero lo más probable es que lo metieran a una cárcel por si comportamiento raro, y aunque no lo quisiera como él a ella, no le deseaba nada malo al ojiverde. Ah, que bondadosa era Bella. Y tonta.

O podrían intenarlo en un psiquiatrico por su obsesión con ella. Porque sí, era una enfermiza obsesión. Y ella al no saber mucho al respecto no sabía que hacer al respecto, por eso se sentía tan confundida. Jamás escuchó a ninguna persona hablar de eso y nunca se le pasó por su cabeza que podría alguien obsesionarse con ella. Era ilógico. Ella no era tan atractiva como Jessica o cualquier otra porrista; era todo lo contrario. ¿Así que por qué alguien como Edward se fiaría en ella? ¿Por qué? No lo sabía y tal vez nunca lo supiera.

En ocasiones ella deseaba acusarlo pero tenía miedo de que él pudiera hacer algún atentado contra su familia, no es como si le importara pero eran los únicos familiares que conservaba. El miedo persista en su ser, al igual que la incertidumbre, dolor, angustia, pánico, etc. Genial, un cóctel de emociones y no de las buenas. ¿Qué más podía pedir?

Su vida era un completo asco. Alguien que dice amarla, unos padres que casi no la tomaban en cuenta, una hermana mejor que ella, y tal vez, un embarazo no deseado. Que mal vida, pero no siempre todo es justo. La vida no es justa. Aparte nadie dijo que sería fácil.

Y luego estaba Félix. Ah, el hermoso chico que la trtrataba como a una princesa. El chico que se estaba interesando en ella. Pero ella aunque quisiera temía hacerle daño, temía que Edward le hiciera daño. Y no quería, no lo quería. Quería una vida libre de él, quería una vida sin ninguna obsesión.

Por eso lo mejor es irse de su apartamento lo más rápido posible e intentar llegar con Jacob. Su dinero era escaso y le daba pensar pedirle al castaño después de haberlos ayudado. No se lo merecia. No se merecía su compañía dañada. Merecía algo mejor que una chica violada y embarazada con alguien persiguiendola todo el día. Algo mejor.

Otros de los motivos por los cuales quería irse, era para no dar explicaciones a su nuevo amigo. No estaba lista para contárselo a nadie.

Después de haber comido el emparedado, por alguna extraña razón, habia caído dormida de inmediato en la barra de su cocina. Suponía que Félix la traslado a su cómoda cama y cayó tendida al sueño. Aunque no hubiese dormido mucho, lo sintió de esa manera. No sabía que hora era, pero podía ver todavía el sol a través de la gran ventana de la recámara.

Tomó sus cosas de la mesa de noche al lado de la cama, y recordó que Félix estaba en la cocina preparando algo para comer, los dos. Que amable era. Si tan sólo lo hubiera conocido antes... pero el hubiera no existe.

Caminó hacía la cocina guiándose por los sonidos de está. Se encontró al castaño con una bandeja con una sopa de pollo con un olor delicioso y humeante, un jugo de naranja recién exprimido, y una linda clavel en un florero de vidrio. La flor ya significaba algo. Algo. Desearía que la atracción de él hacia Bella no existiera, sin embargo es imposible.

-¡Bella!, ¿qué haces levantada? Debes de sentirte fatal, yo estaba a punto de llevarte esto.-dijo mientras observaba la bandeja y luego a ella.

La castaña sólo le sonrió. Esa sonrisa para él significaba mucho, pero Isabella lo desconocía.

-Te agradezco por todo lo que haz hecho por mí, en serio, no sabes lo mucho que me haces sentir con tu ayuda, no sé como te pagaré. No te preocupes, estaré bien. Recuérdalo.-parecía una despedida de novio y no una de 'amigos'.

El corazón de Félix se fue rompiendo poco a poco, a pesar de que no la conocía mucho, le atraía y no sólo por su físico.

Antes de que pudiera decirle algo, escucho cómo su puerta era tocada con cierta insistencia. '¿Quién podría ser?', pensó. ¿Familia? No, todos habían muerto. ¿Amigos? Tampoco, ellos le avisarían antes de irrumpir en su morada. ¿Novia? Ni siquers existía alguna.

Se dirigió hacia su puerta y se maldijó al no haber colocado una mirilla* así sabría quién esta al otro lado dé la puerta. Ya le pagaría a alguien para que la colocara.

Justo cuando iban a volver a tocar, Félix abrió la puerta llevándose una sorpresa al encontrar al desagradable tipo que molestaba a Su Bella aquel día. 'En serio deja de pensar que es tuya; no lo es, ni lo será por este tipo.' Se reprimió así mismo.

El cobrizo y el castaño tuvieron una pelea de miradas.

Bella, a pesar de que no deseaba saber de la vida de su 'amigo', por las obvia razones de mantenerlo lejos, se asomó por la columna que había en la cocina, ya que ésta no tenía puerta, pero al momento de mirar, deseó no haberlo hecho.

Ahí estaba él en el umbral de la puerta. No estaba lista para irse con Edward, pero tampoco quería quedarse con Félix; el plan era ir con Jacob, pero ahora sería imposible. 'Genial, simplemente genial. Ahora Jake me llamará hasta llenar mi buzón y no tengo mi celular. Genial.' Penso. Tenía ganas de darse una palmada en la frente. Como si aquello fuera a resolver su mala suerte.

Edward todavía no la había visto, así que poco a poco se fue haciendo para atrás, sin embargo el destino le jugó una mal pasada al resbalar, trató de sujetarse de la barra pero en lugar de eso, arrastró la bandeja con las cosas y estás se estrellaron contra el suelo, haciendo un ruidoso sonido y salpicando la sopa caliente en su mano y parte de su pierna. Gritó por la sensación. Los dos hombres no tardaron en aparecer.

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Deseaba, mejor dicho, quería golpear al maldito. 'Si llegó a tocar a Isabella, aunque sea un sólo pelo, se las vera conmigo. Ella es mía. Mía. Sólo mía.' Su visión comenzaba a convertirse en roja. 'TIenes que tranquilizarte, tranquilízate. No podrá creerte si no te relajas.' Tomó varias respiraciones antes de hablar, pero se vio interrumpido por el gritó de una chica y varios objetos de vidrio rompíéndose. Supo de inmediato que se trataba de Su Morena.

Sin pedir permiso para entrar, hizo a un lado al castaño y tirada en el suelo, encontró a su mujer. Cuánto extrañaba a Bella, aunque sólo hayan pasados unas horas, pero se sentían años.

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Cuando ésta alzó la vista hacia Edward, se sorprendió al verlo tan preocupado por ella. Se preocupaba por ella, pero no se una forma sana. Pero parecía que era la unica, junto con Félix, que se preocupaban por ella.

-Bella, mi vida, ¿estás bien? Ven, déjame ayudarte.-le ofreció la mano, la tomó y de un rápido jalón ya esta arriba.

Los dos jadearon al tocarse; uno por volverla a tener en sus brazos y la otra por el dolor.

Siseó por el escozor en su pierna y mano, la cual esta al rojo vivo. Edward al notarlo, se acercó tomándola por la cintura y con la otra mano abriendo el grifo de agua para colocar la delicada y roja mano de su amada debajo de ésta.

Bella gimió bajo ante el contacto del agua, era reconfortante. Aún no quería decir nada, ella no estaba dispuesta a romper el hielo, era incómodo. Aún no estaba lista para enfrentarlo, ¿qué le podría hacer? Al menos nada porque estaba en el departamento de Félix, era lo único bueno. ¿Pero después? ¿Y si la violaba de nuevo? ¿La amenazaría? ¿Le pegaría llegando a su departamento? La incertidumbre era grande.

La voz del castaño rompió aquel denso silencio sepulcral, preguntando:

-¡Bella!, ¿estás bien? Que tonto soy, te hubiera preparado alguna otra cosa.-dijo en un tono lastimoso. Ignorando completamente al cobrizo.

Isabella suspiró. Sentía una cuenta regresiva hasta que estos dos se pelearan. Necesitaban irse ya, aunque no necesariamente con Edward. Se separó del abrazo de su cintura, sin éxito, obviamente. 'Sólo quiere mostrarle que soy suya. hombres.'

-Ya te dije que no te preocupes tanto por mí, fue mi culpa; soy muy torpe. Al contrario, debo pedir disculpas por tus vasijas y la comida. Te juro que lo limpiaré.-contestó rápidamente totalmente avergonzada y con las mejillas tan rojas, que incluso podía sentir un calor irradiar de ellas.

No estaba dispuesta a hablar con Edward, no todavía.

-Déjalo así, no te molestes. Supongo que ya te irás.-miró con desprecio al ojiverde que tan sólo lo miraba sin ninguna emoción en su bello rostro de Adonis.

No deseaba quedarse, pero tampoco irse. Que complicada era.

-Si, supongo que sí.-susurró.-Gracias, de nuevo.

Quería una reacción por parte de su 'novio', pero nada. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué actuaba tan tranquilo, si por cualquier cosa se exaltaba? ¿Qué pretendía?

Tomó la mano de Edward listos para largarse de ese lugar y afrontar las consecuencias de sus actos al escapar de su raptor. Que ironía. En lugar de escapar, se metía, de nuevo, a la boca del lobo.

Antes de que cerrara la puerta del departamento, una mano la sujetó para retenerla, subió su mirada para encontrarse con unos ojos color miel llenos de tristeza y algo más que no pudo reconocer. Sus ojos eran tan expresivos.

Edward al sentir que se detenían, miró el problema. Bella sintió que se tensaba y apretaba con fuerza su delicada mano. Ya iba a explotar, de eso estaba segura. 'Cómeme tierra, hazlo rápido.'

-¿Te importaría? Ya nos queremos ir.-habló por primera vez a Félix. Que frío había sido. Incluso daba miedo. Al menos a ella le daba miedo. Patético.

-Necesito hablar con ella, en privado.-contestó con el mismo tono frió de él.

-Lo que necesites decirle a mi novia, puedes decirlo enfrente mío. Nosotros no guardamos secretos, ¿verdad, amor?-dijo volteándose hacia ella. Se quedó muda. Ojalá se hubiera golpeado la cabeza y estuviera desmayada. Los dos hombres esperaron por su respuesta, pero nunca llegó. Entonces el chico de ojos miel, jaló a la chica con él, pero recordó que el otro chico mantenía su mano unida a la de ella. Parecían perros peleándose por un hueso.

-Bella, sabes que te apreció mucho. No tienes porque irte con él, ¿lo sabes? Tienes otras opciones, él-escupió con cierto odio-no es el único. Tenlo siempre en cuenta. Nunca estarás sola, yo nunca te haría daño. Te daría todo. Todo.-terminó Félix; listo, ya estaba dicho. Ahora sólo dependía si rompía o no su corazón. No le importaba declararse enfrente de aquel desagradable tipo que miraba a Bella como si fuera un psicópata. Aparte de que era raro.

La castaña no podía pedir más. No debía darle alas al chico de lo que no pudiesen ser. Esto tenía que terminar de una vez.

-Félix, yo no puedo corresponderte, estoy con Edward.-tomó una gran respiración antes de echarse la soga l cuello.-Yo lo amo.

El corazón del castaño se rompió en mil pedazos, si antes no lo había hecho, ahora era un hecho. Tenía que pelear por ella. Observó a Edward con desdén. Lo odiaba por obligarla a hacer algo que no quería, por obligarla a estar con él, por obligarla a mentir sobre sus sentimientos. Lo odiaba. Éste le devolvía la mirada con una estúpida sonrisa en su rostro.

-¡No me mientas! No te dejes influenciar por él, Bella. No seas ingenua. No lo seas. Yo te ayudaré, pero no te vayas con él. No lo hagas.-poco a poco su voz fue perdiendo su volumen. Su dignidad ya estaba por los suelos.

-Ya no pierdas el tiempo, Félix.-escupió su nombre. Esta fue la gota que derramó el vaso.

Bella solo miró con horror como el castaño se abalanzó contra el cobrizo, ambos cayeron al suelo en un sordo golpe para después empezar los golpes. Entro en shock por unos instantes, no sabía que hacer. Tal vez si se metía entre ellos, podría recibir un golpe, y aunque eso no le importaba con tan solo separarlos, no quería tener un golpe que tardaría en desaparecer.

Despertó de su shock, para encontrar a Edward encima de Félix propinándole unos buenos golpes. Era justo lo que no quería, una lucha entre ellos por ella. Ella no merecía a nadie.

La lucha iba bastante desequilibrada, Edward iba ganando, casi no tenía golpeado el rostro, sólo tenía un hilillo de sangre de las comisuras de sus labios, en cambio Félix, era el más golpeado, con un ojo morado, sangre saliendo de sus labios y casi inconsciente, el cobrizo podría matarlo. Corrió hasta Edward y trató de alejarlo colocando sus brazos por la espalda de Edward y susurrando en su oído:

-Yo te amo a ti, no a él. Déjalo no vale la pena.-la soga ya estaba al limite de asfixia. Ya podría morir horcada.

Después de lamentaría de eso, sólo lo hacía por Félix, el merecía la pena.

Edward salió de su aturdimiento y sin cuidado alguno soltó al castaño para girarse a Su Morena y plantarle un beso lleno de amor puro.

Los labios de él, se amoldaron como un rompecabezas; eran perfectos. Su olor. Su sabor. Su intensidad. Todo de él era perfecto. Y se odiaba por caer cómo una tonta desesperada, el chiste es odiarle no besarle como si fuera el fin del mundo. Sintió escalofríos al sentir las grandes manos tomando su cintura y espalda baja para acercarlo más a él. Un protuberancia en su vientre provocó que se sonrojara. Sus hormonas volaron por su cuerpo y su centro comenzó a humedecerse.

Edward dejó de besarla, la alzó en brazos, ésta soltó un grito de sorpresa y lo más rápido posible salieron de aquel departamento dejando a un casi inconsciente Félix.

Lo único que recordó Isabella fue ver una pequeña lágrima deslizándose por la mejilla ensangrentada de aquel chico que moría por ella antes de que Edward cerrará la puerta.

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Bueno, esto fue fácil. Espero que les guste, fue súper rapido escribirlo entre lapsos de tarea. Me alegro de por fin subir un nuevo capítulo de mi loca historia de amor, ya lo extrañanaba. En serio. Ya saben, cinco reviews y la continuo, me encanta leer sus opiniones. Si tienen alguna duda, no duden (valga la palabra) en preguntarlo. Sin más que decir, me despido.

*mirilla es el ojito, por decirlo así, que tiene la puerta.

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