Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la fabulosa historia perteneces a Anne Hampson con el mismo nombre.


Capítulo 9

Bella siguió intrigada por no saber qué le había pasado a Tanya. La chica había llegado, con maleta y todo, esperando animadamente que su riña con Edward tuviera arreglo. ¡Qué golpe más duro debió recibir cuando él le presentó a su esposa!

La curiosidad la aguijoneaba tanto, que al fin se decidió a preguntarle a su marido lo que le había pasado a su ex prometida.

_ Ya me lo preguntaste_ le recordó y ella hizo un gesto de impaciencia con las manos. Ambos estaban en el jardín. Bella había estado sola paseándose y deleitándose con las flores cuando su esposo salió para acompañarla.

_ Sí, pero eludiste darme una contestación.

_ No aguantas la curiosidad por más tiempo, ¿verdad?

El extendió un brazo y arrancó una rosa. Miró la flor y Bella sintió que él, por el momento, ya no estaba consciente de la presencia de ella. Distraído se llevó la rosa a la nariz moviéndola de lado a lado. Fascinada, ella lo observaba. ¿Qué clase de hombre era? Seguramente, un enigma con muchas facetas intrigantes en su personalidad

_ Tanya se fue a su casa. ¿Satisfecha?

_ Mi curiosidad creo que es natural_ le dijo a la defensiva.

Lo miraba extrañamente, preguntándose si estaría sujeto a alguna emoción al mencionarse el nombre de la chica con quien estuvo comprometido. El rostro de Edward era una máscara inmutable; parecía tener fija toda su atención en la preciosa creación que tenía en la mano. Algo muy excitante y maravilloso embargó a Bella. Veía en su marido una característica que hallaba muy cautivadora y que le provocaba las ganas de darle un beso. Esos pensamientos le colorearon las mejillas y antes de que tuviese tiempo de volverse para que Edward no se diese cuenta, el rostro de él abandonó la máscara inexpresiva para dirigirle una mirada inquisitiva.

_ ¿Por qué te ruborizas?_ le preguntó mientras le daba vueltas a la rosa cogida por el tallo. Y al notar que ella evitaba mirarlo directamente a los ojos, le ordenó_ ¡Mírame!

Con mucho trabajo Bella obedeció; tenía miedo de que se diera cuenta de lo que sus ojos podrían dejar traslucir. Inconscientemente, levantó una mano para tocarse la mejilla como si con ello pudiera desvanecer el rubor que lo tenía tan intrigado.

_ No sabía que me había ruborizado_ ¡Qué guapo se le veía cuando estaba de buen humor!

_ Otra mentira, pero ahora es inofensiva_ dijo con una suavidad inesperada.

Bella tuvo la impresión de que algo fuera de su control lo prevenía de mostrarle alguna animosidad y lo obligaba a tratarla como igual. Lo que dijo después confirmó esta impresión

_ Mañana voy a ir al centro de Esme para encontrarme con un compañero de negocios. ¿Te gustaría ir conmigo? Tomaremos el almuerzo en el yate... —dejó de hablar y los ojos le brillaban_ ¿O tal vez tus recuerdos son demasiado dolorosos?_ el corazón de Bella actuaba caprichosamente y durante un buen rato no pudo hablar.

_ Me encantaría ir contigo_ murmuró contenta.

Edward la miraba con una expresión muy extraña, luego apartó los ojos. El pulso de Bella se aceleró y el temor la hizo temblar. ¿Iría a cambiar su actitud para con ella? ¿Acaso le diría que no la llevaría a Esme? La ilusión empezó a decaer y pensó que él le había hecho el ofrecimiento y que ahora se arrepentía.

Edward no quería que ella, una criminal, lo acompañara y conociera a uno de sus asociados. Sí, estaba segura de que eso era en lo que estaba pensando. Sin poder controlarse, los ojos se le llenaron de lágrimas. El silencio se hizo opresivo, le hacía daño y deseaba que él volviera a sonreír como lo había hecho unos minutos antes, lo que le había causado tanto placer. Por fin ella lo hizo, aunque al hablar reflejó todas sus dudas.

_ Tú... ¿De veras quieres que vaya contigo?_ la pregunta tenía un dejo de súplica y sin querer le había rogado que no cambiara de opinión.

El se volvió hacia ella y acariciaba los pétalos aterciopelados de la rosa; Bella no dejó de parpadear nerviosa y al notarlo, él, frunció la frente. De nuevo el silencio se impuso, por parte de él, a causa de sus pensamientos y por parte de ella, en señal de expectativa.

Tanto dependía del viaje a Esme. Sería el primer paso hacia una amistad, después vendría el afecto, y luego... ¿el amor? No se atrevía a pensar que él pudiese llegar a amarla. Se dijo que era pedir demasiado y sin embargo, estaba desesperada porque se produjera un cambio en sus relaciones,

Por fin su esposo habló y de inmediato ella se dio cuenta de que otra vez él se dejaba llevar por algo incontrolable, ya que su voz era dulce y segura:

_ Claro, Bella. De no ser así no te lo hubiera dicho.

_ Gracias_ murmuró y de inmediato se sintió aliviada, a pesar de que tenía las palmas de las manos húmedas por la ansiedad sufrida.

El volvió a sonreír y antes de que desapareciera su gesto amable, Bella logró darse cuenta de que, después de todo, no se había arrepentido de haberle hecho el ofrecimiento, lo cual la alegró.

_ Puedes pasearte por allí, ir de compras, o hacer lo que quieras mientras hablo de negocios. Después de eso, sugiero que llegues al muelle como a las doce y yo te acompañaré para subir a bordo. Después del almuerzo tengo que hacer algunas compras también, así que estaremos en la ciudad gran parte del día.

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Edward dejó el auto cerca del muelle y fue a encontrarse con el visitante que tenía que llegar en barco desde el Pireo. Bella, por su parte, se paseó por la capital. Se dirigió a una ancha avenida bordeada de árboles en flor. El panorama se enriquecía con bonitas casas de campo rodeadas de bien cuidados jardines. Después de abandonar este conjunto urbano, pasó por un campo abierto y luego se encontró con un gran terreno plantado de plátanos, granados y limoneros.

Bella siguió paseándose, gozando de los rayos solares y de las flores, y sobre todo pensaba ilusionada en su encuentro con Edward al mediodía.

El Castillo de los Caballeros la atraía muchísimo y se dirigió hacia él. Las vetustas paredes brillaban en tonos dorados bajo los rayos del sol y las buganvillas caían de sus paredes. Después de gozar de la sensación tranquila de encontrarse en un pasado lejano, cruzó el puente que daba a la plaza donde, cerca de la mezquita turca, se hallaba el árbol bajo el cual Hipócrates solía dar sus clases.

Por fin llegó la hora de encaminarse hacia el muelle y a las doce en punto Edward estaba allí, en la cubierta del yate. Ella subió a bordo y él le presentó a un griego canoso y de baja estatura que se levantó de su cómodo asiento para saludarla. "¡Qué lugar tan agradable para tratar de negocios!", pensó Bella, mientras le tendía su mano y murmuraba:

_ ¿Cómo está?_ respondiendo al saludo del señor.

_ Tu esposa es encantadora, Edward —dijo Anthony Masen después de haberla valorado con aprecio_ Estoy encantado de haberla conocido.

_ Gracias_ Bella y su marido contestaron al unísono. Ella levantó la vista para ver el efecto que en él había hecho el comentario de Anthony, pero fueran los que fuesen los sentimientos de Edward, se los guardó tras una máscara inexcrutable.

Edward y su invitado tomaban un trago sobre la cubierta del barco, y como no habían terminado, ella los acompañó. Llevaba un vestido de algodón blanco, muy simple, pero muy elegante. Sus brazos y piernas estaban descubiertos y el bronceado dorado de su piel contrastaba con el vestido. Para completar el encantador cuadro de belleza y buen gusto, calzaba unas sandalias blancas que hacían juego con su bolso. Sin pecar de presunción, Bella, sabía que estaba realmente favorecida y se preguntaba si Edward estaría pensando que no tenía la pinta de una criminal.

_ ¿Quieres otro trago, Bella?_ le preguntó Edward con una sonrisa.

Ella se dio cuenta de que él recordaba algunas cosas y eso la hizo ruborizarse. ¿Sería en aquel rincón del yate donde le había arrojado el balde de agua? No podía dejar de imaginarse aquel trance y se sentía tan acalorada que no pudo contestar más que con un movimiento de cabeza. El la sorprendió con un pequeño gesto que provocó un gran revuelo en su corazón. Le dio unas palmaditas sobre la mano que estaba encima de la mesa. No era gran cosa, pero significaba mucho. El había comprendido y estaba apenado de que ella tuviera que recordar tal humillación. Bella se alborozó por este gesto: se imaginaba que tenía algún significado y probablemente Edward ya no pensaba que era tan mala como se había figurado antes. Tal vez, pensó con optimismo creciente, pronto estaría él dispuesto a escuchar de nuevo su historia.

Anthony era un hombre discreto y su charla resultó ser muy interesante. Edward se disculpó para ir a hablar con uno de sus ayudantes, que estaba preparando el almuerzo, y durante un buen rato Bella se quedó sola con Anthony. Él le preguntó si le gustaba la vida en la isla y muy pronto la conversación giró alrededor de lo que era la isla en sí.

Anthony se refirió que en varias ocasiones la ciudad de Ese había sido arrasada por terremotos y cada vez se volvió a reconstruir.

_ Mucho antes de la era cristiana, varios movimientos sísmicos la sacudieron_ continuó después de asegurarse de que ella seguía interesada_ En el año 192 después de Cristo la ciudad fue de nuevo arrasada. En esa ocasión un magnífico programa de reconstrucción se puso en acción y se construyeron varios edificios preciosos; varios templos, un anfiteatro y los baños termales. Seguramente su marido ya le mostró el Odeón, el Agora y otros por el estilo.

_ Sí, ya visité esos lugares.

_ Todo eso fue destruido trescientos cincuenta años después, pero volvió a reconstruirse. No hubo reposo, ya que la ciudad volvió a quedar en ruinas después de otro temblor más, que fue seguido por una tremenda inundación. La ciudad quedó abandonada hasta que en la Edad Media, llegaron los Caballeros y construyeron el castillo con sus murallas. Poco a poco se erigió otra ciudad.

_ Pero hubo otro temblor... después de que los italianos ocuparan la isla.

_ Es cierto, eso fue apenas hace cuarenta años y casi todo lo que habían logrado los italianos fue destruido... y le digo que hicieron maravillas. Con mucha intrepidez empezaron la reconstrucción y se tomaron medidas para que la nueva ciudad pudiera resistir las posibles sacudidas futuras.

_ ¿Será posible?_ preguntó incrédula.

_ Claro que sí. Ya no habrá más catástrofes por aquí.

_ Y es por eso que se pueden ver tantas maravillas... porque la ciudad moderna se construyó lejos de la antigua.

_ Así es..._ Anthony dejó de hablar al aparecer Edward_ Hemos estado conversando de cosas muy interesantes_ dijo con una sonrisa.

_ ¿De veras?_ los ojos oscuros se dirigieron hacia Bella para luego regresar a Edward_ ¿De qué hablabais?

_ De la isla. Bella está muy bien encaminada para convertirse en una fiel ciudadana de Esme.

_ ¿De veras, cariño?_ la pregunta no tenía gran importancia y Bella se limitó a asentir con la cabeza_ El almuerzo está listo_ dijo Edward y todos se dirigieron a la estancia, donde, en aquella otra ocasión, él le había ordenado que se retirara.

Bella lo miró y luego desvió la cabeza. Cuando se atrevió a volver a mirarlo, él estaba frunciendo la frente. Anthony dijo algo chistoso y Bella se rió, aflojando la tensión. Ella pensaba que Edward, tal vez por primera vez en su vida, había sentido un poco de vergüenza al recordar el trato que le dio.

Cuando terminaron de comer, Edward y Bella acompañaron a Anthony al embarcadero flotante y se despidieron de él. Se pasearon por la sección comercial y a las cuatro estaban sentados en un cafenion, en la Plaza de la Libertad, tomando el té de la tarde.

Después pasaron a visitar a la madre de Edward, camino a casa. La señora mejoraba a pasos agigantados y se había encariñado tanto con Bella, que parecía imposible que Edward pudiera darle un disgusto dejando que Bella lo abandonase. Las esperanzas de la joven eran más firmes que nunca.

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Al llegar a la casa de campo, una carta esperaba a Bella. Era de su madre adoptiva y le preguntaba cuándo sería conveniente que los visitara. Al referirle el contenido a Edward, Bella no analizó la mirada que le dirigió su marido. Tampoco lo hizo con el tono de su voz.

_ Aparte de unos cuantos días en Atenas, la semana entrante y la siguiente, me quedaré en casa. Por lo menos, esos son mis planes.

Bella recordó que Edward le había aconsejado que no permitiera que su madre adoptiva se quedara por mucho tiempo, porque él sólo podía asumir el papel de un esposo amante por poco tiempo.

_ Le diré que venga dentro de unos quince días o tres semanas.

_ ¿Dices que vendrá con su marido?

_ Así es. El es griego, ya te lo había comentado.

_ ¿Cómo se llama?

_ Aro.

_ ¿Cómo fue que se casó con un griego?

_ Lo conoció en Inglaterra en casa de una amiga_ respondió anhelante, ya que estaba feliz del interés que él mostraba_ Fue viuda muchos años y nos alegró mucho saber que por fin volvería a casarse. Vive muy feliz con Aro.

_ ¿Y le gusta Atenas?

_ ¡A quién no le gustaría vivir en Atenas!_ exclamó tan entusiasmada, que provocó una sonrisa en los labios de Edward.

_ Creo que valdría la pena oír tu historia de nuevo...

_ ¿Otra vez?_ se apresuró a decir casi sin aliento y con brillo en los ojos_ ¿Estás dispuesto a escucharme?

_ Naturalmente, de otra manera ¿Por qué habría de pedirte que la repitieses?_ Bella empezó a temblar. ¡Era demasiado bueno para ser verdad!

_ ¿Y me creerás?

_ ¿No crees que eso depende de que tú me convenzas?

_ Nunca te dije más que la verdad_ contestó desilusionada.

_ No lo recuerdo todo; ni siquiera la mitad. En aquel entonces estuve muy lejos de aceptar explicaciones.

_ Es lógico_ admitió_ Tenías toda la razón para estar enojado conmigo.

_ ¿Enojado?_ dijo, alzando las cejas_ Eso es poco decir. Tienes suerte de estar con vida.

_ No creo que me hubieses dejado ahogar cuando estaba inconsciente en aquel estanque.

_ ¿No?_ obviamente estaba divertido y no le quitaba los ojos de encima_ ¡Qué poco me conoces, querida! En aquel preciso momento pude haberte estrangulado, por no decir que de seguro hubiese dejado que te ahogaras.

Su cambio de expresión, que se operó tan rápido como el rayo, sorprendió tanto a Bella que perdió el aliento. El corazón le latía sin ritmo, cosa que le parecía una ridiculez, puesto que ahora estaba segura... ¿o no? La mirada de Edward reflejaba un salvajismo descontrolado. Parecía que revivía aquellos momentos en que pensó que lo amenazaban por la espalda con una pistola y lo obligaban a seguir por el camino. Lo ocurrido antes de eso ya había sido bastante malo para que una persona como Edward lo soportase. Debió sentirse tan furioso que en lo único que pensaba era en asesinar a su agresor.

_ ¿Te la cuento ahora?_ le preguntó temblorosa_ No tardaré mucho.

Tomó más tiempo del que ella esperaba. De vez en vez hacía una pausa larga para fijarse en el rostro de su esposo, tratando de traspasar la máscara inescrutable y descubrir si él aceptaba su historia o no. El seguía con una expresión que no comunicaba nada y cada vez que Bella proseguía, no lograba atar muy bien los cabos de su narración. Estas interrupciones debilitaron la fuerza de su relato, por lo menos así lo creía ella, y al terminar se sentía bastante decaída.

_ No me crees, ¿Verdad?_ dijo por fin con una vocecita débil.

El parecía estar absorto al tratar de concentrarse y ella no pudo soportar el silencio por más tiempo, por lo que lo interrumpió para decirle que su madre adoptiva corrobaría todo lo dicho.

_ ¿Tu madre adoptiva?_ Edward movía la cabeza lentamente. Tenía la impresión que él todavía no le creía_ Pudo haber estado asociada contigo_ indicó.

_ Sí, eso es posible. Pero cuando la veas, sabrás que no fue así.

_ Lo mejor será que guarde mi juicio hasta que haya visto a tu madre adoptiva_ no pudo dejar de notar la decepción de Bella, su rostro perdió un poco de severidad y le dio gusto a ella_ Si tu relato es cierto, la situación adquiere un cariz diferente_ ella lo miró aturdida. Sus ojos verdes brillaban, pero esta vez de felicidad. Con voz ronca, logró decir:

_ ¿Quieres decir... que nuestro matrimonio podría... podría ser permanente?

De nuevo él se mostró cauteloso. Sin embargo, la expresión y la forma en que ella pronunció estas palabras le interesaron mucho. Ella sostenía su mirada penetrante, notó que tragaba en seco y que un lado de su mandíbula se movía apenas.

_ ¿Te gustaría que fuese permanente?_ le preguntó por fin_ Bella titubeó un momento, un poco temerosa de decirle lo que sentía. Y con la mirada franca, contestó:

_ Sí, me... me gustaría..._ ya no fue capaz de sostener la mirada. Un dedo colocado debajo de su barbilla la forzó a levantar la cabeza y durante un largo silencio él la obligó a mirarlo a los ojos.

_ ¿Te gustaría?_ murmuro y soltándola se dirigió al otro lado del cuarto.

Silencio otra vez. Al darse cuenta de que él no tenía intención de decir nada más, se disculpó dejándolo parado junto a la ventana. Tuvo que pasar cerca de él. Edward ni se movió ni volvió la cabeza. No sabía si él se dio cuenta de que ella había salido.

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Mucho más tarde, cuando salía del cuarto de baño, lo vio parado en una postura similar, aunque ahora era la ventana de su habitación a través de la cual miraba y en vez de la ropa inmaculada que llevaba puesta para encontrarse con Anthony, vestía una bata de color azul oscuro.

El se volvió y, al verla, su boca se suavizó con una sonrisa. Sus ojos tenían una expresión tierna y Bella tenía ante ella al hombre de la rosa entre los dientes... el hombre que le recordaba a un niño, aunque no había nada infantil en su fuerza cuando un segundo más tarde la tenía entre sus brazos. Fue estrujada al desencadenarse la pasión: Sin embargo, una ternura desconocida en el fondo de su ardor, una ternura que nunca antes había percibido Bella, se hizo patente. Con gusto le devolvió sus besos y al levantarla en sus brazos, Bella lanzó un gemido de satisfacción y escondió el rostro en el hombro de Edward.


Agradecimientos: allie cullen Masen, isabelmoon, Marazul, Mamen, Maite, Nicole, Marita, Ángeles MC, BellaCarolina Cullen, Pola Cullen Masen, gelis, SofiMasen87, lunatico0030, dracullen,Andrea17deCullen, Paty Limon, Blankitapa, Ana541, y gracias a todas aquellas lectoras que salen con el seudónimo de invitados.