Bien una vez más a tiempo n_n…
Diva: yo aun no me lo creo e.e
Bien este va muy corto. Solo quería representar el "miedo" de Sasori, lo que es algo complejo con alguien tan inexpresivo u.u
Diva: bien esperamos que les guste, el tema ya fue dado y bien reviews:
DeiDeixD: Si lo siento... pero fue muy linda la manera en la que Sasori todo desesperado lo salvo *w*, esperamos que este capi también te guste n_n
Lady Marian of Winterfell: gracias n_n. Tú te la pasaste mucho mejor que nosotras e.e: en cuarentena, enfermas aplastadas en cama u.u, no fue un día muy bonito. Sip :), el que Sasori se preocupe es su mayor muestra de amor n_n. Jejeje esperamos que te guste esta cortita conti, pero muy reveladora… creo n_nU
Diva y Yo: sin anda más que agregar ¡aaaaaaaaaaaaaallll! ¡CAPITULO!
Miedo
Habían pasado muchas cosas, en un espacio de tiempo bastante reducido. O eso pensaba el marionetista de los Akatsukis. Apenas hacia tres años que el artista explosivo se había unido a la organización, y en tan poco tiempo el mundo del pelirrojo había cambiado radicalmente. La percepción del día y la noche habían comenzado a importarle, porque todas las noches compartía lecho con Deidara, todas las mañanas despertaba solo para mirarlo embelesado. Había comenzado a apreciar la desesperante risita del menor. Adoraba sus ojos azules como el cielo, su compleción delgada y elegante, su piel tersa como la de un durazno.
Él, el escorpión rojo de la arena; una vez había tenido todo: una familia, una madre y un padre que lo amaban, había reído como el niño que había sido en ese entonces, había jugado y había amado. Sus padres fueron todo su mundo, y cuando partieron de él, todo se quebró como un fino cristal, todo lo que conocía derrumbado a sus pies. Su abuela Chiyo lo intento lo mejor que pudo, intento criarlo y cerrar esa herida que con cada día trascurrido parecía crecer y crecer más. Después de un tiempo solo había quedado la silueta de Sasori, un fantasma del niño que había sido, para darle paso al terror de la arena que era.
Esa su herida, que se había infectado y gangrenado, esa que había inutilizado ese musculo rojo llamado corazón. Había podrido su carne y manchado su espíritu. Camino como un cascaron vacio de sentimientos por años. Cuándo creía que ya nada podía dañarlo, que ya no le temía siquiera a la muerte, entonces apareció Deidara. El rubio más escandaloso e insufrible que hubiera visto en su vida, con sus patrañas del arte, que el mocoso consideraba un "bum", con sus sonrisas tontas, sus ojos cual jemas celestiales, su cabello dorado como hilado con rayos de sol, su belleza sobrenatural.
Por todo eso y más. Por su extraña preocupación por su autoproclamado Danna. El rubio fue cerrando aquella herida, reparando el tejido muerto y putrefacto, devolviéndole la vida a ese corazón que muchos años atrás había muerto. Haciéndolo danzar a un ritmo excitante y antes desconocido para el mayor. Nunca supieron como paso, solo sabían que estaban juntos, que así lo dictaban sus corazones y así ellos mismos lo deseaban. Fue demasiado tarde cuando Sasori lo descubrió, entonces ya no había vuelta atrás (tal vez desde que sus ojos se cruzaron, habían atravesado esa línea).
Ese escandaloso rubio se había convertido en su todo, su nuevo mundo, uno de matices claros y bien definidos, un mundo sin inhibiciones, uno donde solo existían ellos dos y el demás mundo era una mancha negra en el horizonte, que muy poco les importaba. Fue tarde cuando descubrió su único miedo: perder a Deidara, que todo su mundo volviera a teñirse de negro, que todo se partiera como un trozo de papel enmohecido demasiado viejo. No podía soportar la simple idea de perder a Deidara, de morir por segunda vez, de perder lo único que lo anclaba al mundo de los vivos, de perder al único que lo había hecho sentir vivo.
Llevaba una semana sentándose en la misma silla de madera vieja, quieto e inamovible como una montaña, velando por Deidara, que después de haber caído al lago helado había agarrado una terrible pulmonía, que no parecía querer irse. El rubio estaba consiente a ratos, tenía mucha fiebre y le dolía todo el cuerpo. En momentos como esos Sasori odiaba que ningún Akatsuki fuera un medico ninja. El rubio podría ya haberse recuperado, pero solo con las medicinas genéricas que compraba Kakusu, las cosas iban al paso de una tortuga. Apenas registro movimiento por parte de Deidara, se apresuro a acercarse a él.
Danna…- su voz era un hilito rasposo, que le resultaba algo gracioso al mayor, después de verlo gritar como histérico, tenerlo tan calladito era una nueva experiencia para él marionetista.
¿Te sientes mejor?- preguntó de manera inexpresiva, tocando delicadamente la frente del menor con la mano, comprobando su temperatura.- No tienes fiebre- su minúsculo suspiro de alivio hubiera pasado desapercibido por cualquiera, pero no para Deidara, que miraba fijamente los finos rasgos infantiles del rostro del mayor.
Si… solo me duele un poco la garganta- espetó relajadamente, con los ojos cerrados sintiendo mejor el tacto de la mano del otro. Como le gustan las manos del pelirrojo.
Deidara se alerto por tres segundos, al sentir la falta de la tibieza de la mano ajena sobre su frente. Abrió los ojos solo para encontrarse a un Sasori que lo miraba con unos ojos deslumbrantes, el rubio podía jurar que aquello era amor, que esa mirada ceniza lo miraba con cariño, con ternura, con amor. Entonces sintió como esa mano que había abandonado su frente, se entrelazaba con su propia mano. Miró con curiosa inocencia el rostro solemne del otro, en su estado casi se sentía sedado, así que no era muy bueno para captar cosas de lo más sencillas, menos tan complicadas como la que parecía estar engullendo la máscara indiferente del marionetista.
No te vayas nunca- susurró ese hombre, con voz íntima y cuidada.
El rubio no supo porque sus ojos se nublaron de lágrimas, tampoco supo porque un nudo apareció comprimiéndole la tráquea, o el porqué de esas furiosas ganas de llorar de pura felicidad. Solo sabía que él tampoco quería separarse del marionetista nunca. Lástima que el destino fuera tan cruel.
Nunca. Hasta el final juntos- asintió Deidara, con la voz inexplicablemente rota (según él). Apretó un poco más fuerte la mano de Sasori, sintiendo como el pelirrojo devolvía cariñosamente el gesto.
Continuará.
Jeyyyyyy *w* volví a lo cursi
Diva: pues solo esperamos que no se cansen de nuestras cursilerías nwn
Yeeeeeeeyyy, medio muerta como estoy, terminamos así. Preguntas, quejas, sugerencias un coment n_n
Diva: abrazos de peluches :)
Mil millones de besos de plumas :3 (son suaves y esponjosas n_n)
Diva y Yo: ¡Hasta la próxima! XD
